Por favor, rebobinar: Las películas de los 80

“I don’t hate people, but I seem to feel better when they’re not around” - Henry Chinaski

En Factotum, Henry Chinaski se pregunta, al menos por un breve lapso de tiempo, acerca de su oficio de escritor (aunque en su caso no lo perciba como un oficio sino como algo que corre y corre, como el agua al dejar una canilla abierta). Chinaski gira sobre el tópico, primero aseverando que la muerte del escritor llega cuando él está con la atención centralizada en el afuera. Cuando lo alaban, cuando lo premian, cuando le dan una palmada en la espalda, cuando lo están incentivando, inconscientemente, a repetir fórmulas. Ahí muere la palabra, muere la comunión del escritor con ella, muere la intención primigenia, el tan necesario bullicio mental. “Cuando mejor escribo es cuando lo hago para mí”. Por eso, el álter ego creado por el autor Charles Bukowski efectivamente escribe para sí mismo, coherente a su visión de lo que debería plasmarse en el papel, eso que empieza primero como si fuera música y que del mismo modo concluye, siendo primordial el ritmo, lo que se gesta en el medio, algo así como la suma de acordes: “Las palabras no son aburridas, las palabras son las cosas que hacen a tu mente silbar. Las lees y te permitís sentir la magia, empezás a vivir sin dolor, con esperanza, no importa lo que te suceda”. Ese “no importa lo que te suceda” (el famoso “nevermind the romance” que enuncia en Factotum) es clave en la obra de Bukowski en general y en la película que nos ocupa hoy: Barfly (1987), donde por primera vez vemos en pantalla a la figura de Chinaski y en la piel de Mickey Rourke (la segunda sería en el 2005 en Factotum, interpretado por Matt Dillon, en una extraña simetría con su co-protagonista de La ley de la calle), en una desconcertante amalgama del Chinaski del papel con toques del Marlon Brando de la pantalla. “Los grandes hombres son quienes más solo se encuentran” escribió una vez Bukowski. El Chinaski de Barfly, el de Rourke, es precisamente ese hombre que está solo no porque la vida lo haya puesto en ese lugar, no porque lo lamente, no porque lo evada, más bien porque lo busca, porque lo quiere, porque en el fondo lo disfruta.

Cuando reconoce estar mejor en el momento en que tiene poca compañía, no nos miente ni se miente. Nació para ser un hombre errante, para escribir, para abrir la puerta de un bar, después otra, después una más, para pelear, limpiarse la sangre, y volver a pelear, abandonando cualquier oportunidad de vida “mejor”, con más dinero, más cómoda. Su comodidad reside en lo que para lo mayoría sería insoportable (Barbet Schroeder filma con suciedad ese microclima confuso y borroso), incluso sin que el destino importe demasiado. “Estaba peleando una pequeña pelea que no conducía a ninguna parte. Pero como un hombre con una cuchara torcida que quiere romper una pared de cemento, yo sabía que una pequeña pelea era siempre mejor que el hecho de rendirse, porque esa pequeña pelea es la que mantiene al corazón vivo”. El propio Bukowski renegó de la actuación de Rourke, justamente viendo en ella una pobre imitación de Brando más que una influencia con potencial demoledor. Pero lo cierto es que Rourke es tan Chinaski como años después sería “The Ram”. Él mismo vivió esas peleas, él mismo tiene ese corazón puesto en batallas que quizás a nadie más les parezcan importantes. Rourke se adueña de esa respuesta a la pregunta de “¿Por qué no dejás la bebida? Cualquiera puede ser borracho”: “No, cualquiera puede ser un no-borracho. Se requiere talento especial para ser borracho. Se requiere resistencia. La resistencia es más importante que la verdad”. La resistencia también puede residir en un cuadernillo roto, en la esencia sucia y desprolija, en lo elástico, en la libertad más sorprendente, en la verdadera concatenación de pensamientos inyectados a una lapicera con poca tinta. Mientras otros hombres pelean otras batallas, en Barfly Chinaski es presentado peleando una y es despedido peleando otra casi idéntica, como si viviera dentro de una rueda que se detiene siempre en el mismo lugar. “La bebida es lo que te hace acordar que estás vivo, el olor que te deja” escribió Bukowski, escribió su álter ego. El mismo que divaga sobre Tolstói, el mismo que en Factotum venera eso que uno tiene y no siempre encuentra atractivo: la soledad. “Estar aislado es un regalo. Es una prueba a tu resistencia, a lo que realmente querés hacer. Y lo hacés, a pesar de que las chances estén en tu contra. Y va a ser mejor de lo que imaginaste. No hay otro sentimiento como ese. Estarás solo con los dioses, y la noche va a incendiarse, y vos vas a ir hacia la vida con una risa perfecta. Esa es la única pelea buena que existe”. 

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► [VIDEO] Barfly, la película completa, que la disfruten:

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► [DE YAPA] Un video tributo al cine de los 80:

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► [GALERÍA] El cine de los 80 en imágenes, gracias al aporte de todos ustedes ;) :


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Continuamos con la nueva sección (que creo les ha gustado) con la misma pregunta y un cambio de década: ¿Cuáles son, para ustedes, las películas más representativas de los 80 o las mejores según sus gustos personales? Hagan sus aportes así más tardo les armo la galería ¡Buen martes, muchachada! ¡Nos reencontramos el jueves!

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