Mejor callar

En su análisis de Elizabethtown, el crítico de cine Nathan Rabin acuñó, hace exactamente una década, el término Manic Pixie Dream Girl para describir, de la manera más sintética posible, al personaje de Claire Colburn interpretado por Kirsten Dunst. Lo que contienen esas cuatros palabras son una idea, un cierto imaginario concebido por el hombre en relación a una mujer que solo se cruza en su camino para despertarlo a la vida, con la dosis justa de efervescencia, sentido del humor, sensibilidad artística e inteligencia. Posteriormente, el término fue aplicado de modo retroactivo y las Manic Pixie Dream Girls se fueron multiplicando, desde Margo en Paper Towns y sus críticas al respecto hasta Me and Earl and the Dying Girl y su apego al desglose del concepto. Cada vez que una chica enérgica aparece en el universo masculino sin demasiadas motivaciones más que la de salvar a ese hombre, el imaginario se expande y los personajes femeninos pierden, por lógica, peso, pluridimensionalidad e incluso atractivo. Al revisar la filmografía de Cameron Crowe que precede a la mencionada Elizabethtown, indudablemente se puede argüir que el término concebido por Rabin estaba destinado a aplicarse a las mujeres de su cine. Desde Dorothy en Jerry Maguire (quien literalmente deja todo por seguir a un hombre) hasta Penny Lane en Almost Famous (ídem), estamos ante jóvenes vivaces que luchan por tener una identidad al tiempo que deben acompañar al objeto de su afecto en función de sus caprichos, desde empezar un nuevo trabajo hasta emprender una gira musical. Sin embargo, y a pesar del cliché, Crowe había logrado que su talento para la escritura se hiciera visible en citas más sensibles que sentimentaloides. “You had me at ‘Hello’” (cortesía de Dorothy) y “You are home” (cortesía de Penny) hablan de una apelación al otro (el “vos” por delante del “yo” nos hace inferir que la otra persona es más importante que uno) pero también de sus insoslayables realidades. Tanto Dorothy como Penny tambalean en la búsqueda de una estabilidad y, cuando la encuentran, el logro resulta genuino. Aloha, la flamante película de Crowe, es por lejos el punto más bajo de su filmografía, en gran medida porque se autoparodia inconscientemente. Tomemos como ejemplo a una charla entre Brian Gilcrest (Bradley Cooper como un contratista cuyo trabajo en Hawaii nunca queda demasiado claro) y Allison Ng (Emma Stone, en una decisión de casting directamente ofensiva, por la que Crowe debió disculparse). En pleno flirteo vergonzoso y sin chispa alguna, ella le pregunta por la historia detrás de los stickers de su computadora y luego agrega, exaltada e infantil, la frase “I don’t want to be another decal on your laptop”. La analogía de la mujer como una figura accesoria e indistinguible de otras no solo resulta torpemente obvia sino una declaración de amor penosamente escrita, verbalizada y dirigida. Ese momento tiene sus réplicas a lo largo de todo el film, uno que trastabilla al usar y abandonar la voz en off a su antojo, al empleo de una constante puesta a prueba de nuestra paciencia para lo inverosímil (Brian se encuentra trece años después con su ex novia Tracy como si en ese lapso de tiempo nada hubiera sucedido en la vida de ella), al enarbolar un mensaje sobre la preservación de la identidad y de los espacios naturales que jamás se profundiza y, sobre todo, al volverse patética en su sobreexplicación. “Why don’t you just have what you want?” le inquiere Tracy (Rachel McAdams) a Brian. “Do you have what you want?” le retruca él, precediendo un intercambio de miradas tortuoso e irrisorio. Lejos de confiar en lo sutil, Crowe traiciona sus propios consejos, aquellos que mencionaba en sus conversaciones con su venerado Billy Wilder, aquellos en los que se exigía ser “más valiente y personal” en su cine. Aloha es la antítesis de sus deseos. Aloha es la prueba viva del peligro de construir algo genérico. Aloha es un film que esclarece un solo interrogante dentro de su caótica narrativa: cuando quedan pocas cosas buenas para decir lo mejor es, como hace el personaje de John Krasinski y el de Cooper sobre el final, callar un rato, conservar la dignidad y confiar un poco en los demás. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Aloha de Cameron Crowe:

Aloha Trailer 1 from We Are Movie Geeks on Vimeo.

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy, a pedido del público, inauguramos nueva sección del blog de Lo peor del año, eligiendo nuestras máximas decepciones cinéfilas del 2015; ¡hagan catarsis a gusto! Nos reencontramos mañana con el post de NO TE MUERAS NUNCA, dedicado a nuestros directores favoritos cuyas filmografías queremos que se extiendan por la mayor parte del tiempo posible; ¡hasta entonces! ¡que tengan un excelente martes!

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► [GALERÍA] 50 PELÍCULAS MALAS Y/O DECEPCIONANTES DEL 2015:

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*ASÍ REACCIONÉ ANTE ALOHA:

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Relaciones famosas

Hoy en Cinescalas escribe: Pía Querejeta

Decir que Almost Famous es la película preferida de alguien no es novedoso. Imaginarse una vida de groupie luego de verla tampoco es muy difícil. Aerosmith y Bon Jovi son dos bandas de las que me hubiera hecho groupie (hasta stalker) de haber tenido la oportunidad. Nadie me preguntó, lo sé. Almost Famous fue también reveladora para mí, incluso más allá de lo que muestra, más allá de cómo su personaje principal persigue su sueño y a su banda preferida. Influyeron otros factores: la tenacidad de William para lograr la entrevista con el cantante principal, el descubrimiento del amor en ese camino y el sinfín de situaciones de puro rock que vive como proyecto de periodista de Rolling Stone. Sin embargo, a lo largo de la película mi atención estuvo puesta en la relación de William y su madre Elaine, interpretada por la talentosa Frances McDormand. Perdón: soy madre, soy hija y no puedo evitarlo. Soy una fanática de las relaciones interpersonales. McDormand interpreta a una querible neurótica, obsesiva y sobreprotectora mamá que vive preocupada por su hijo.

Dicen que cuando los chicos son más grandes también crecen las preocupaciones. Sin duda Cameron Crowe, escritor y director de esta genialidad de película, tuvo esta premisa muy en cuenta a la hora de sentarse con ambos actores para transmitirles lo que ellos debían generan en el público. Esta madre no descansa y sufre el minuto a minuto de la gira de su hijo con Stillwater, necesita saber de él a cada rato, escuchar su voz y tener la certeza de que va a volver. No juzgo a esa madre para nada. Si mi hijo a los dieciséis años viene a mí con un planteo similar, voy a tener que esposarlo, lo lamento. Pero más allá del chiste, la cara de tranquilidad de esa mamá cada vez que suena el teléfono de su casa y del otro lado se escucha un “hey, mom”, resume un poco esa relación, esa necesidad constante de la madre de saber si su hijo está bien y “a salvo” de las drogas y las mujeres. En la escena que comparto con ustedes hoy se vislumbra un poco esto que describo, es interesante cómo se repite esa dinámica de relación a lo largo de toda la película. Para esta nota, quise dejar el reviente y lo cool de Almost Famous, de lo que me parece que ya se habló mucho. Me entrometí en la relación de esa madre y ese hijo porque no pude evitarlo, porque, como dije más arriba, soy hija, soy madre y, por sobre todo, soy metida.

Por Pía Querejeta

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► [ESCENA 1] La secuencia del film de Cameron Crowe que Pía quería compartir con ustedes en su post:

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► [ESCENA 2] Mi momento favorito de la película (“uncool”):

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¡BUEN LUNES, MUCHACHADA! Arrancamos esta nueva semana del blog con cuatro consignas: 1. Explayarse sobre Almost Famous (¿les gustó? ¿no les gustó tanto?) 2. Así como Pía habló de su relación con su hijo, me gustaría saber cómo es el vínculo de los comentaristas de acá que son padres con sus respectivos hijos y a la inversa (¿cómo se llevan con sus padres?) 3. Siempre me encantó ese consejo de Lester Bangs en la película (“the only true currency in this bankrupt world is what you share with someone else when you are uncool”), por lo tanto, quisiera que compartamos cuáles fueron los mejores consejos (personales, profesionales, lo que sea) que recibieron en sus vidas; 4. Por último, Cristian Rueda propone una consigna melómana: ¿a qué grupo o solista seguirían a todos lados?¡eso es todo, muchachada, los leo! ¡nos reencontramos mañana, como siempre! ¡que tengan un excelente comienzo de semana!

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—> La última vez escribieron Jessica Taranto y Ezequiel Saul sobre… CINE Y COMIDA

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Si no fuera esto, sería otra cosa

Hoy en Cinescalas escribe: Sol Iametti

¿Cómo saber si una película es una buena película? Este es, sin dudas, un gran interrogante, uno que me pregunto hace tiempo, probablemente desde que nació mi pasión por el cine, es decir, desde siempre. Elizabethtown es una de mis películas favoritas, así, consentida y mimada, como debe ser. Al principio, cada vez que intentaba buscar una razón para mi apego, sólo se hacían presentes algunos de sus elementos más evidentes: un soundtrack alucinante que da pinceladas precisas de melancolía a cada escena; su director, Cameron Crowe (que en mi opinión es uno de los guionistas contemporáneos más elocuentes); y sus dos protagonistas, Orlando Bloom y Kirsten Dunst (una de mis actrices preferidas). Pero no fue hasta una pérdida personal que experimenté realmente esa tracción arrasadora que el cine provoca en todos nosotros, todos aquellos que estamos estáticos esperando el impacto de esa magia que nos hace reconocer en el otro, que nos conmueve.

A nivel personal, Elizabethtown es una fotografía del duelo increíblemente exacta, emotiva, sincera, que escapa de lo sutil y contempla la vida despojada de cualquier velo endulzante. Así, intercalando suaves notas de humor con música que hace descansar el alma, sin tapujos, rozando lo cursi y regalándonos algunas de las frases más memorables, este fragmento de realidad ficcional de 123 minutos apela a vencer nuestros propios fantasmas, abrazando los recuerdos que nos hacen ser lo que somos hoy. Nos enseña a sentir, dejando atrás los prejuicios, frenando con una bocanada de espontaneidad la mirada ajena, enseñándonos a dejar atrás el drama y confiar en nuestra risa (después de todo, sólo nuestro sentido del humor puede salvarnos de las situaciones más difíciles).

Entre armónicas, acordes y voces folk, Crowe habla de un tiempo actual, y de cómo nuestros caminos se van entrelazando y refiere a esa potencia que todos tenemos para salir adelante, ayudándonos a encontrarla o reencontrarla; y es de esta forma, moldeando personajes únicos, capturando cuadros perfectos, y armando oraciones efectivas, cómo el buen cine se hace presente. Cuando una película tiene la capacidad de reinventarse, de tomar otra forma completamente diferente, adaptándose a distintas épocas de nuestra vida, dándole otro tinte a nuestro entorno y nuestro modo, no de mirar, sino de ver lo que nos rodea, es entonces cuando, en mi opinión, una película se transforma en una buena película.

Y de todo esto se desprende una de las citas más sintéticas y atinadas, una frase que logró posicionarse como mi mantra personal: “If it wasn’t this…it’d be something else.”

Por Sol Iametti

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► [ESCENA] El momento que eligió Sol para ilustrar su amor por la película de Cameron Crowe:

 

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Antes que nada: ¡bienvenidos de vuelta! ¡Se los extrañó! Ahora sí, las dos consignas de Sol para su post: 1. Para ustedes, ¿qué elementos hacen que una película sea una buena película? 2. Si tuvieran que elegir un solo film que refleje con exactitud un momento de sus vidas, ¿cuál sería? ¡Comenten muchachada, nos reencontramos mañana! PD. Gracias por los aportes en el Open Post, fue el tercero más comentado desde que arrancó el blog, precedido por Si querés, llorar, llorá; y, claro, El post del baboseo (recargado) que se mantiene inamovible en el primer puesto :P

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—> La última vez escribió Manuel Giménez sobre… CÓMO FILMAR UN CORTOMETRAJE

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Wild at Heart

[Aclaración: quería agradecerles la paciencia infinita que me tuvieron la semana pasada sin actualizaciones del blog; como les había contado, a veces las situaciones inesperadas nos impiden continuar con la rutina habitual, "happenstance has changed my plans" diría Jeff Tweedy; sepan que se extrañó hacer el blog, pero que ya estamos de vuelta y con una nota de una amiga y colega, con cuyas palabras los dejo en este lunes...]

Hoy en Cinescalas escribe: Casandra Scaroni

La historia de Cameron Crowe es conocida, basta con ver Casi Famosos para saber lo necesario. Cameron usa como alter ego al joven Patrick Fugit para contar la historia de ese adolecente prodigio, rockófilo, que se va de gira con la banda Stillwater para cubrir una nota para la Rolling Stone. En esa gira Cameron (o William en la película) crece y cambia, casi como en cualquier coming of age. Deja su proyecto que tenía de nene aplicado y sus aspiraciones de abogado, y encuentra  el  placer del caos y de la incertidumbre, y también, lo más importante, encuentra una familia (no olvidar nunca a Penny lane y su famoso “you are at home”).

Esta estructura  de cambio de vida, de punto crucial en la vida emocional de los personajes, es casi un sello de garantía de Cameron. Lo tiene Orlando Bloom en Elizabethtown como el diseñador con un fracaso de millones de dólares que interrumpe su plan de suicidarse solo para ir al velatorio del padre, Tom Cruise en Jerry Maguire con su renuncia a los cuatro vientos pidiendo alguien que lo siga y lo tiene Matt Damon en Un zoológico en casa luego de la muerte de su mujer. Todos  ellos conocieron la libertad que el fracaso y que el desarraigo conlleva.

Cameron Crowe es, quizá, un hombre de no muchos recursos narrativos, pero tiene la virtud de creer genuinamente en lo que nos cuenta, o, de al menos hacernos creer en las emociones que de manera simple y certera, sin miedo de caer en la sensiblería, nos muestra. En Un zoológico en casa vemos a Benjamin Bee (Damon) luchar para encarrilar la vida de sus hijos, o más que nada, de su hijo mayor, quien después de la muerte de su mamá no parece poder entablar una conversación con su padre sin que ésta termine con portazos y gritos. Para esto, se le ocurre que necesitan un cambio radical y compra a muy buen precio una casa que se encuentra en un zoológico cerrado al público pero que aún conserva al personal que lo trata de hacer sobrevivir.

Como buen personaje de Crowe (aunque esté salga de eso  llamado vida real), Benjamin es un optimista incurable que ve en el riesgo de la aventura  la única estabilidad posible. Y aunque el tinte de ingenuidad esté ahí para molestar al cínico de turno, el camino idealista e impulsivo que elige Benjamin para encausar su vida no está exento de dolor (solo que ahora viene de la mano de decidir si a un tigre viejo ya le llegó su hora), ni de contrariedades como  que el saldo de una discusión sea una maraña de víboras sueltas por todos lados.  Pero no se trata de evitar el dolor, sino de encontrar un lugar donde no estemos tan solos para enfrentarlo. Cameron parece creer que la recompensa de tomar riesgos y alejarse de lo que se espera de nosotros es encontrar alguien como Scarlett Johanson que nos ayude a juntar víboras en caso de que sea necesario, o a una Penny Lane que te diga que estás en casa.

Por Casandra Scaroni

¿Vieron Un zoológico en casa? ¿Qué les pareció? ¿Cuáles consideran como puntos altos y bajos de la filmografía de Cameron Crowe? ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas solo deben mandar sus notas a milyyorke@gmail.com

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La escena del día: Casi famosos

“I have to go home” – “You are home”

* Escena y consigna propuestas por: Fede y Maru (aprovecho para aclarar que la foto de arriba no le corresponde a dicha escena, sino a la temática del post: los viajes malditos)

Con bastante frecuencia he manifestado en este espacio que, cuando se me presentan distintas situaciones, las enfrento pensando en un solo punto clave: el tiempo. Es el tiempo lo que nos hace ver hechos pasados con otra mirada, es el tiempo el que responde interrogantes, es el tiempo el que reafirma los lazos o los debilita y es el tiempo el que esclarece nuestros deseos. ¿Cuántas veces nos hemos expuesto más en momentos en los cuales medimos las consecuencias con otra vara? Una borrachera. Un viaje. Una situación límite. Un momento de debilidad. Un llamado de atención. Lo que siempre me pregunto es dónde se encuentra el término medio…cuándo es preciso evitar la impulsividad y cuándo es preciso emplearla. Hay quienes lo llaman inteligencia emocional. Supongo que todo se relaciona con hacer lo que uno siente en ese microsegundo en el que se tiene la necesidad de hacerlo. Lo importante quizás sea no pensar a la vulnerabilidad como una cualidad de connotación negativa sino como un elemento más que señala la valentía de actuar, independientemente del resultado. En relación a esto, Casi famosos cuenta con dos escenas de viaje en las que los personajes se muestran sin disfraces, y mediante distintos medios. Uno de ellos, el conciliatorio, tiene a la música como protagonista, como aquello en lo que se busca un resguardo, una complicidad, un derrumbe de barreras. El otro, el que dejo más abajo, tiene mucho que ver con lo que escribí anteriormente. ¿Acaso todos tenemos que llegar a un momento de pánico para no medir las consecuencias, para pensar menos y actuar más? Un viaje, un miedo y ese mismo miedo como base para algo que parece sencillo pero a la vez complejo de resolver: el decir lo que pensamos. Para eso, sin dudas, no hay que buscar el recorrido más largo. Para eso, sin dudas, es preciso encontrar los atajos.

Mirá el viaje en avión de Casi famosos:

¿Qué opinan de Casi famosos? Por otro lado…¿Cuál fue el peor viaje que hicieron en su vida? ¡Comenten!; de yapa, propongan una escena que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias a todos!

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