Room: Las cosas por su nombre

 ”My imagination gave me a dual life: I lived in my body, and at the same time lived a life no one could see” – Andre Dubus

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento 

En su novela Paddy Clarke Ha Ha Ha, el escritor irlandés Roddy Doyle – el mismo detrás de la brutal La mujer que se estrellaba contra las puertas – apela a un recurso narrativo sumamente complejo de llevar a cabo como lo es el stream of consciousness, una suerte de monólogo interior que, además de (re)presentar a un personaje sin filtro alguno, (re)presenta a un personaje en constante ida y vuelta con el mundo que lo rodea. Así, todo aquello que se desprende de una contemplación X no es contado sino más bien escupido, quebrándose así las barreras entre el Ser y su hábitat, impidiendo que las reflexiones se pongan por delante de las primeras impresiones. Asimismo, como para redoblar el desafío, ese personaje que espeta sentencias sin trabas es un niño de diez años, el Paddy Clarke del título, un joven que describe Dublín dependiendo de las mutaciones de su pequeña familia. El “ha ha ha” opera como un gesto sintomático de lo que implica moverse en el mundo con cierta ingenuidad, con esa sensación de eternidad que nos hace atravesar los cambios con la omnipotencia como cualidad básica. Paddy se ríe de todo porque verdaderamente siente que puede controlar su espacio, independientemente de quienes se vayan colando en éste. Paddy se hace preguntas pero su apertura se limita cuando él mismo dictamina las respuestas. Se cree superior porque no hay nada que desmorone su lugar de confort. ¿No recuerdan experimentar algo así siendo niños? ¿El tener la habilidad de inventarse una zona inquebrantable? ¿El guardar todos los sueños “en castillos de cristal”? Ser chico trae aparejado el llamar a las cosas por su nombre. Y no hablo de títulos empíricos. Hablo más bien del nombre que a nosotros nos agrada e identifica. El “ha ha ha” de Paddy también funciona como una alusión onomatopéyica a creer que, en medio de los problemas matrimoniales de sus padres, él puede superar una depresión incipiente. El “ha ha ha” es su manera de aprehender el conflicto. “Sometimes, when you were thinking about something, trying to understand it, it opened up in your head without you expecting it to, like it was a soft spongy light unfolding, and you understood, it made sense forever” nos explica este niño en un pasaje del libro, ubicando al acto de “encontrarle un sentido a las cosas” en un sitio superior. Doyle sortea esa doble complejidad de emplear la espontaneidad del monólogo interior y el vocabulario de un chico de diez años porque realmente lo entiende, entiende cómo le adolece al pequeño el ir corroborando que el crecer está fuera de su dominio. “It was a sign of growing up, when the dark made no more difference to you than the day” es algo así como el equivalente a cambiar de piel y de lenguaje. La noche ya no representa el miedo a la oscuridad sino el hecho práctico de dormir.

Quise abrir el texto sobre Room con la novela de Doyle como referencia porque la película de Lenny Abrahamson – quien venía de dirigir Frank, también un film sobre el “encierro” y sus réplicas psicológicas – está basada en otra obra literaria narrada enteramente desde la perspectiva de un niño. Emma Donoghue – compatriota de Doyle y claramente influenciada por su colega – adaptó su propia novela y lo hizo manteniéndose fiel a ese punto de vista (en su caso, el de Jack, un chico cinco años). Lo que en el papel no termina de resultar tan cautivante (Donoghue está constantemente pisando la fina línea entre la inocencia como algo encantador y la inocencia como algo irritante, trastabillando a la hora de ponerle la voz a Jack), a nivel cinematográfico adquiere otra tesitura. Si pensamos a Room como un exponente de hasta qué punto una madre (Joy, interpretada por Brie Larson con un cierto aire grunge que a veces se sobredimensiona) busca todas las maneras posibles de proteger a su hijo (Jacob Tremblay, el arma secreta de la película) en un contexto asfixiante (esa habitación donde están cautivos), entonces el largometraje conmueve pero sosteniendo un mayor despliegue de inventiva solo en su primera mitad. Abrahamson muestra cómo dos personas intentan sacarle provecho a un espacio tan estrecho y lo hace a través de pequeñas viñetas que revelan (muchas veces fuera de campo) la modalidad de Jack y Joy para abordar la rutina. Así, madre e hijo hacen ejercicio como forma de intentar “estirar” la habitación, leen tanto o más que lo que miran televisión y resguardan las pequeñas provisiones que su captor (“we call him Old Nick”) les lleva a diario. Es así como Room se vuelve más anómala, singular y atractiva cuando se centra en Jack y su propio modo de “estirar” otra cosa: el lenguaje. En relación a ésto, las conversaciones con su madre sobre los objetos de esa habitación están completamente despojadas de pronombres. En consecuencia, como Jack no conoce otro mundo más que ese, cada cosa que lo integra deja, justamente, de cosificarse. Aún derruidos, Lámpara, Planta, Alfombra y Televisor son todos amigos, y cobran vida cuando Jack se comunica con ellos y cuando regresa para decirles adiós. Toda la primera hora de Room – hasta la magistral escena del escape, musicalizada con la efectiva “The Mighty Rio Grande” y con los ojos de Tremblay que se abren a medida que se abre el mundo frente a ellos – es una observación aguda sobre la invención de nuevos códigos, de un nuevo vocabulario, esa fuerte base en la que se desarrolla toda relación madre e hijo, cada una con su propio idioma.

La segunda parte del film, por el contrario, vira hacia el estrés postraumático de Joy, estrés que llega a su pico cuando se ve forzada a dar una entrevista por dinero y es maquillada y convertida en una mujer que dista mucho de su verdadera identidad. En esa secuencia, menos virtuosa pero consecuente con ese enfoque más tradicional del último segmento, Larson abre los ojos como Tremblay lo había hecho momentos atrás, aunque en su caso más horrorizada, reaccionando ante la pregunta de por qué no liberó a su hijo de esa habitación mucho antes. La presión de la periodista empuja a Joy a enfrentarse a los traumas y es aquí dónde Room regresa a Jack y a ese código en común que lo une a su madre para salvarse mutuamente: un mechón de pelo le da tanta fuerza a Joy como un diente de Joy le había dado fuerza a Jack. Tanto en su novela como en su adaptación, Donoghue muestra que el vínculo entre ambos es un reflejo de millones de vínculos más. Así como hay circunstancias en las que una madre le dice a su hijo lo que tiene que hacer (deberes, limpieza, etcétera), hay otras en las que el hijo mira a la madre y la vuelve devota de sus necesidades (abrazos, paseos, etcétera). Por lo tanto, independientemente de su convencionalismo, cuando sobre el final Jack le ruega a Joy volver a Habitación, ella, con pánico ante ese regreso, le concede el pedido. “The world’s always changing brightness, and hotness. And there’s invisible germs floating everywhere. When I was small, I only knew small things. But now I’m five, I know EVERYTHING!” exclama Jack cuando su espacio se ensancha y, en simultáneo, se ensanchan sus palabras, sus frases, sus formas de describir la flamante realidad. Jack cambia, como cambia Alice en Wonderland (el subtexto predominante en Room), como cambia Paddy en Dublín: cuando la noche no es sinónimo de pánico y sonidos indescifrables, cuando la noche pasa a ser el momento más propicio para descansar entre las sábanas. “I wonder if I’ve been changed in the night. Let me think. Was I the same when I got up this morning? I almost think I can remember feeling a little different. But if I’m not the same, the next question is ‘Who in the world am I?’ Ah, that’s the great puzzle!” escribió Lewis Carroll con Alice como vehículo. Rompecabezas. El mismo que tiene armar Jack en Room. Uno que poco tiene que ver con los Legos que recibe de regalo. Uno más amplio e incesante. Ni más ni menos que el mundo. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Room:

Trailer for the 2015 movie Room from Northernstars.ca on Vimeo on Vimeo.

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► [DE YAPA] Anatomía de una escena, por el New York Times:

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► [GALERÍA] Algunas fotos de ustedes con sus madres:

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¡BUEN MIÉRCOLES, MUCHACHADA! Hoy les dejo dos consignas: 1. ¿Qué opinión tienen de Room, la película de Lenny Abrahamson? 2. Por otro lado, ¿qué fue lo mejor que hicieron sus madres por ustedes? Puede ser una acción concreta o un consejo que les haya servido; como siempre, los leo y nos reencontramos mañana con un podcast y una nueva sección; ¡gracias por las fotos y gracias por leer! ¡que tengan un excelente miércoles!

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Trainwreck: Necesito que me tengas paciencia

“I should warn you when I’m not well I can tell
Oh, there’s nothing I can do
to make this easier for you
You’re gonna need to be patient with me”

Muerto de frío en una estación de servicio, Jimmy sostiene en su mano el anillo con el que va a proponerle matrimonio a Christy. Muerto de frío y muerto de nervios. Intenta calmarse autoconvenciéndose de que puede ser un hombre confiable, de que va a resistir la tentación de aspirar esos gramos de cocaína que le quedaron en la guantera del auto y de que cinco vasos de cerveza no van a darle más cintura para manejar esa situación en la que jamás había esperado encontrarse. Christy lo observa de arriba a abajo, se detiene en sus pupilas no solo para ver si están dilatadas sino como manera de meterse dentro de su cabeza. ¿Por qué Jimmy tiembla tanto? ¿Qué hacemos en una tarde tan gris como esta en una estación de servicio? Christy piensa en todas las veces que se separaron por las adicciones de Jimmy y por su imposibilidad para comprometerse y de repente le asaltan las ganas de salir corriendo. Unos días atrás, descubría que estaba embarazada y pensaba que la única alternativa era volver al hogar. Al hogar más concreto. A los brazos de su mamá. Su mamá que está a un colectivo de distancia geográfica y a unos cuantos más de distancia emocional. Ahora quiere llorar pero él no deja de hablar y entonces se distrae. ¿Hacia dónde está yendo con este monólogo? Las piernas de Jimmy empiezan a tambalear cuando observa que Christy está en otra parte. Cuando se arrodilla y saca el anillo, su novia está girando la cabeza y dándose soplos de aire caliente en las manos para combatir la helada. Así no era cómo lo había imaginado en su cabeza. No se suponía que tenía que ser así. Se suponía que tenía que dar saltos literales de alegría. Qué carajo está pasando. Christy mira el anillo pero no reacciona. No puede. Mejor dicho: reacciona en relación a su futuro hijo. Esta vez no solo quiere correr sino que lo hace. Chau, Jimmy. Es muy tarde para esto. Jimmy piensa que es hora de agarrar esa bolsa de esa guantera o de sucumbir al alcohol. Le había prometido a Christy mantenerse sobrio. Sin embargo, su rechazo no le permite pensar con claridad. De repente, la palabra “gracia” se le mete en la cabeza para destronar a otras más oscuras. “Gracia” se dice a sí mismo. “La habilidad para aceptar el cambio”. A los segundos, sabe lo que está pasando y corre hacia su mujer. Esta pequeña escena de la vida conyugal yace – con otras palabras – en la novela Ash Wednesday de Ethan Hawke. Sucio, desprolijo, algo beat y con pretensiones bien resueltas, el relato circunda a esa pareja que, por traumas y debilidades de una de las partes, arranca y frena en un ciclo infinito, y se vuelve fría cuando los viajes en carretera que emprenden esos jóvenes les están demandando otra cosa. Un poco más de optimismo, quizás. El Sol quemándoles la cara, probablemente. Un poco más de paciencia, en definitiva. “Gracia: la habilidad para aceptar el cambio”. Hawke deja esa frase suelta, en otro párrafo, como si quisiera que se la adjudiquemos no tanto a Jimmy sino más bien a nosotros mismos. La frase está ahí, en la página 49, inmóvil, digna de una calcomanía como decía su Jesse de Before Sunset. Una frase, un mantra, un diálogo que nos queda grabado puede incidir en decisiones futuras. Siempre lo decimos: la palabra tiene un poder inconmensurable. “La monogamia no es realista” les dice Gordon Townsend (un excelente Colin Quinn) a sus pequeñas hijas Amy y Kim, en vistas de un inminente divorcio. En este preámbulo, Trainwreck expone la gestación de dos posturas ante un mismo consejo impartido. Kim opta por el libre albedrío y decide por sí misma qué es efectivamente realista (resulta que lo realista, para ella, es formar una familia) y Amy, por el contrario, opta por hacer suya la frase de su padre. Así, repite patrones de conducta, desde el ciclo de un alcohólico incipiente (que la película muestra con una mezcla de humor y respeto por la enfermedad) hasta el disfrute sexual sin consecuencias. Resulta que para ella lo realista es eso. Exactamente eso. Exactamente lo que decía su papá. “La cabeza me gana” me dijo una vez el mío. Resulta que cada vez que me siento débil vuelvo a esa frase. Resulta que tengo la teoría de que voy a parecerme a mi papá. Resulta que no tengo en cuenta un detalle: mis herramientas son otras. “Gracia: la habilidad para aceptar el cambio”.

Con el guión que escribió para la flamante película de Judd Apatow, Amy Schumer se erige como algo más que esa gran comediante de los sketchs de Comedy Central. Si bien en esa plataforma demostró que tiene un ojo agudo para las relaciones (se permite parodiar tanto el uso que hacemos de las redes sociales como peleas mundanas con un fulgurante humor negro) y para las nomenclaturas que reciben las mujeres que no se ajustan a ciertos estándares, en los episodios de Inside Amy Schumer no hay espacio para momentos de humanidad deliberados ya que el contexto es otro y la finalidad es otra. En sus sketchs, Schumer golpea desde un costado menos conmovedor, sin ninguna clase de límite para generar críticas genuinas a situaciones reconocibles, como lo puede ser la superficialidad del hombre en ciertas citas o la superficialidad de la mujer en algunas otras. Trainwreck, sin embargo, la muestra dominando todos los frentes. Por un lado, su acidez se refleja en la manera en la que aborda a Amy como personaje. Schumer no la culpa por ninguna de sus actitudes (muchas de ellas cuestionables, pero todas entendibles) sino que encuadra esos hechos con admirable nivel de detalle. Desde su lucha interna contra la fobia a que la abracen después del sexo hasta su lucha interna por comprender mejor a su sobrino y ser paciente al momento de comunicarse con él, Amy es más que ese trainwreck del título. Por lo tanto, y contrariamente a lo que se podía esperar de Schumer guionista (e incluso de Schumer actriz), el aporte más valioso que le hace al film de Apatow es el de darle tiempo a esa mujer que no sabe manejarse a otra velocidad de amoldarse a la dinámica de una pareja. La entrada en escena de Aaron Conners (el médico de las estrellas del deporte, interpretado por Bill Hader, cada vez más cómodo en situaciones más medidas), un hombre a simple vista menos “fiestero” pero igualmente capaz de generar con ella interacciones veloces e hilarantes, la hacen cuestionar esa frase inamovible (“la monogamia no es realista, Amy” – “la monogamia no es realista, papá”) pero al mismo tiempo la vuelven consciente de que, al enamorarse, puede reírse de esa veta desconocida de sí misma. “Bienvenidos a la pareja más blanca de Estados Unidos” dice en la brillante voz en off, antes del clásico muestreo de situaciones compartidas, como picnics en el parque y paseos por la rivera. Wilco, la banda elegida para un episodio clave de la película de Apatow, abre su disco Sky Blue Sky con la canción “Either Way” y la siguiente frase: “maybe the sun will shine today, the clouds will blow away, maybe I won’t feel so afraid, I will try to understand…either way”. Trainwreck muestra a esa mujer conflictuada por el temor a irse “hacia el otro lado”, a repetir viejas conductas. En síntesis: a parecerse a su papá. Schumer no solo ilustra ese miedo a partir de la relación de Amy con Aaron (a quien deja solo cuando él más la necesita, detonando el conflicto final del film) sino también a partir de la relación con su hermana (Brie Larson), a quien originalmente considera una mujer conservadora que solo busca la postal de familia feliz, pero a quien eventualmente le habla como par, como quien también se vio afectada por una infancia compleja. En lo que es una escena de no más de cinco minutos, Amy se sienta con su sobrino luego de haber perdido todo y le pregunta, visiblemente atemorizada de no poder hablar el mismo idioma, qué es lo que dibujó en el cuaderno que sostiene en sus manos. El niño le muestra un plano de su casa, y una habitación extra, “para que vos y Aaron puedan visitar a mi hermanito cuando quieran”. Los ojos de Schumer se llenan de lágrimas y la escena posterior nos conduce directamente a la clásica declaración de amor que toda comedia romántica despliega con explosiones y brillitos.

“You and I will stay together, yeah. You and I will try to make it better, yeah”. Con esa otra frase, Jeff Tweedy cierra su disco conceptual. Sin embargo, en el medio, incluye “Please Be Patient With Me”, como sabiendo que para llegar a un entendimiento, para que las piezas encajen en su lugar, hay todo un proceso, una batalla con el pasado y las mochilas, que las películas generalmente no muestran. Con Trainwreck, Amy Schumer no solo lo hace sino que logra revitalizar el cine de Apatow, dándole un mayor vuelo a los personajes (vuelo metafórico y, según el final del film, dolorosamente literal) y permitiéndose narrar la génesis de una relación pero también la génesis de todos esos temores que nos asaltan a medida que nos volvemos más grandes y que la espontaneidad para recibir un abrazo post-sexo o para decir “te amo” sale con mayor dificultad. “Let’s do some livin’, after we die”. Ethan Hawke toma esa frase de los Stones (otra vez la importancia de las frases) para abrir Ash Wednesday y resulta que creo saber lo que está presagiando. Para que Jimmy y Christy no padezcan el frío, hay que sacar de raíz el temor a fallar. Hay que ser un poco más pacientes. Así se renace [de esos "miércoles de ceniza"]. En el último plano de Trainwreck, cuando esa mujer que tanto criticó el optimismo finalmente se adhiere a éste, se percibe cómo se debería empezar a vivir después de haber sufrido una pequeña muerte: sonriendo, en el aire, y con la persona que te ama esperándote abajo, fuerte, en calma, con los brazos desplegados, lista para atajarte cuando estés cayendo al suelo. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Trainwreck:

Trainwreck Trailer from Connection III Entertainment on Vimeo.

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► [COMPILADO] 10 sketchs de Inside Amy Schumer:

Comedism - Top 10 Inside Amy Schumer Sketches (Season One) from Ross Danbruen on Vimeo.

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Hoy dejo tres consignas: 1. ¿Vieron Trainwreck? ¿Qué les pareció? Los invito a dejar un ranking de sus películas favoritas y no tan favoritas de Judd Apatow 2. Por otro lado, me gustaría que mencionen personajes “desastrosos/trainwrecks” del cine a los cuales es imposible no tenerles empatía; 3. Por último, ¿qué frase o consejo que les ha quedado grabado les gustaría mencionar en este post? Nos reencontramos mañana con un De menor a mayor de Leonardo DiCaprio; ¡los leo, como siempre! ¡que tengan un excelente día, muchachada!

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Lo mejor del 2014: Las actrices

 ”En las desventuras comunes se reconcilian los ánimos” – Don Quijote de la Mancha

En una decisión estética que ya se convirtió en su marca registrada, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne no apelan a demasiados artilugios en Deux jours, une nuit (Dos días, una noche) sino que se concentran en un hecho tal y como sucede: una mujer, Sandra, permanece tumbada en una cama sin ánimos para levantarse. No hay música ni movimientos de cámara. Todo es seco y austero. A los segundos, se escucha el sonido del teléfono, un sonido que termina siendo más ensordecedor y revelador que un martillazo. Sandra se pone de pie a duras penas, toma el tubo, y escucha la noticia mientras su cuerpo empieza a temblar. La están por despedir de su trabajo. Lo que se nos muestra después es, desde una perspectiva factual, el recorrido que deberá emprender esta mujer por las casas de todos sus compañeros de fábrica con el objetivo de convencerlos de que rechacen un abultado bono para que ella pueda conservar su empleo. Si en el lapso de un fin de semana consigue que la mayoría renuncie a ese beneficio, entonces el despido ya no será una opción y podrá retomar su rutina normalmente. Sin embargo, Deux jours, une nuit es mucho más que la lucha de una mujer (y por extensión, de quienes trabajan con ella) contra las arbitrarias decisiones empresariales; en escasas ocasiones se alude a la situación socioeconómica belga (la película transcurre en Liège) y los empleadores funcionan más bien in absentia. Por lo tanto, el ruido del teléfono es más significativo que las palabras que salen de él. Lo que se le comunica a Sandra es relativo, pero el impacto del sonido está lejos de serlo. A partir de pequeños sucesos (golpear una puerta, solicitar algo complejo, caminar muchas cuadras bajo la luz del sol, subir el volumen de una canción para mejorar el estado anímico, tomar agua para calmar los nervios), los Dardenne conciben una aplastante alegoría sobre la superación personal. La depresión de Sandra es notoria desde ese primer plano cerrado con su cabeza en la almohada, pero se vuelve más estridente a medida que intenta llevar a buen puerto la estrategia (externamente impuesta)  que le garantizará el bienestar familiar. La interpretación de Marion Cotillard es sublime, no sólo porque denota un profundo conocimiento de los rasgos autorales de los Dardenne (por cómo se muestra a cara lavada, por cómo debe representar a una mujer común sin que el espectador se distancie por estar viendo a una actriz conocida) sino también porque expone a través del cuerpo todo el espectro de sensaciones por los que atraviesa una persona que batalla con la depresión: la desesperación que deriva en autodestrucción, la voz que se entrecorta de súbito, la sonrisa que quiere aparecer pero se termina desdibujando. “No existo, no soy nada de nada” dice Sandra mientras vuelve a caer en la cama (los Dardenne eligen la habitación como espacio simbólico de la enfermedad, como el abismo al que se vuelve y se vuelve) y su marido le implora que utilice la (re)acción como antídoto  contra el desánimo. Así, caída tras caída, visita tras visita, respuesta tras respuesta, el resultado de la cruzada de Sandra empieza a perder relevancia y es la pelea contra su condición lo que se impone como fascinante. Con esa notable economía de recursos, los hermanos Dardenne construyen una parábola quijotesca sobre esas desventuras comunes sobre las que escribió Miguel de Cervantes Saavedra, sobre cómo el impulso para poner los pies en el suelo a veces puede provenir de un golpe, de un llamado, de un sonido. “Soy feliz” dice Sandra sobre el final, un final en el que los realizadores ya no apuestan por un plano cerrado sino por uno abierto, con su protagonista bien lejos de esa cama, caminando hacia un destino y con una sonrisa perdurable. ♦   

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►[TRAILER] Algunas imágenes de Deux jours, une nuit:

Two Days, One Night from Light House Cinema on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES FEMENINAS DEL AÑO:

► 1. SCARLETT JOHANSSON en Under the Skin y Her

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2. ADÈLE EXARCHOPOULOS en La vida de Adèle

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► 3. AGATA KULESZA en Ida

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► 4. BRIE LARSON en Short Term 12

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► 5. GUGU MBATHA-RAW en Beyond the Lights y Belle

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► *DE YAPA: Aura Garrido en Stockholm

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES ACTUACIONES FEMENINAS DEL 2014 mencionadas en el post de hoy:

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy proseguimos con el balance de LO MEJOR DEL AÑO eligiendo a las mejores actrices del 2014: ¿cuáles fueron las interpretaciones femeninas que más se destacaron? Los invito a mencionar sus favoritas en los comentarios para armar una nueva galería; nos reencontramos mañana con los mejores actores, ¡los leo, como siempre! PD. Para recordar cuáles fueron sus actrices favoritas del 2013, pueden hacer click acá mismo

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El cine bajo la mirada de…Destin Cretton

“It’s impossible to worry about anything else when there’s blood coming out of you” le dice Grace (Brie Larson) a Jayden (Kaitlyn Denver) en Short Term 12, la segunda película de Destin Cretton tras la sorprendente I Am Not a Hipster. Esa frase, a su modo, está definiendo la historia de la mencionada Grace, una joven supervisora de un centro para niños/adolescentes que tiene su propio pasado pesado y una promesa de futuro que no sabe cómo manejar. Esa frase, a su vez, revela que no es necesario sobreexplicar los traumas, no es necesario sobreexponerlos. En muchas ocasiones, la forma más simple y honesta de verbalizar el tormento es la que verdaderamente importa, la que cobra mayor sentido. Por lo tanto, cuando Marcus (Keith Stanfield), otro de los jóvenes que residen en ese centro, canta “look into my eyes so you know what it’s like to live a normal life not knowing what a normal life’s like”, Short Term 12 (basada en el cortometraje homónimo de Cretton) ahonda en el mismo punto: casi todos debemos sobrellevar los conflictos con las herramientas que nos resulten más naturales. Les dejo mi entrevista con un director que conmueve con una película que, como se percibe en el brillante último plano, está hablando sobre la búsqueda de libertad, sobre el mirar hacia adelante.

Viendo tu primera película, I Am Not a Hipster, noté que tiene algunos elementos que después retomás en Short Term 12, desde la música como instrumento de catarsis hasta la descarga que implica andar en bicicleta

Sí, indudablemente hay muchos elementos que las conectan, aunque yo no estuviera tratando de hacer eso de manera consciente. Creo que lo que sucedió fue que, al haberlas escrito casi en simultáneo, muchos elementos en los que estaba pensando en esa etapa de mi vida se terminaron uniendo. De hecho, después de terminarlas y de verlas fue cuando noté las similitudes, especialmente cómo tanto Brook en I Am Not a Hipster y Marcus en Short Term 12 utilizan las canciones para poder lidiar con cosas sobre las cuales les cuesta hablar. Brook también se relaciona con Grace en cuanto a que son los personajes centrales que ocultan algo, o que no lidiaron con algo por mucho tiempo y que en el transcurso de la historia de algún modo se ven obligados a hablar de eso

Además, Joel P. West hizo la banda sonora de ambas, ¿cómo surgió tu colaboración con él?

Joel es un gran cantautor, tiene una banda que se llame The Tree Ring. Joel es de San Diego, yo era fanático suyo y después nos hicimos amigos. Como no había hecho nada para cine, le pregunté si quería colaborar con un documental que yo estaba filmando llamado Drakmar: A Vassal’s Journey, trabajamos juntos, funcionó bien y después continuamos

En Short Term 12, esa escena en la que Marcus se expresa a través de una canción de rap es brillante, ¿cómo descubriste a Keith Stanfield?

A Keith lo conocí cuando se presentó al casting para el cortometraje de Short Term 12. Después lo extraño fue que hizo un corto más, dejó de actuar, se mudó al desierto a una hora de Los Ángeles y cuatro años después, cuando empezamos con el largometraje, no había manera de encontrarlo. Yo quería que hiciera el casting, pero como había dejado a su manager, perdí todos los contactos. Dos semanas antes de empezar a filmar, cuando yo seguía sin encontrar a nadie que me terminara de convencer como él, respondió a un mail viejo que le había mandado, después se presentó al casting, se emocionó, lloró mucho. El proceso de la escena del rap no fue muy diferente del proceso que llevamos a cabo con el corto, aunque las canciones no tienen mucha relación. Lo que hice fue una suerte de boceto, con todas las temáticas o información que quería revelar sobre Marcus. Keith tomó eso, le cambió las palabras y obviamente lo hizo sonar mucho más real

¿Cuán difícil fue filmar Short Term 12 en solo veinte días?

Pensé que iba a ser mucho más difícil de lo que fue, pero como estábamos en una misma locación jamás me sentí apurado. Además, mi equipo y yo estamos acostumbrados a filmar bastante rápido. Lo complejo fue organizar los tiempos, pero no mucho más. Mi plan era el siguiente: las escenas que no iban a sumarle mucho a la película las tenía que filmar bien rápido así podía dedicarle todo el tiempo restante a las secuencias importantes que sabía que iban a quedar en la versión terminada

¿Cuántos minutos de material eliminado quedaron para el DVD?

Bastante, alrededor de media hora de escenas eliminadas

Muchísimo. ¿Y ya en la época en la que hiciste el cortometraje estabas concibiendo la idea de hacer la transición a un largo?

No, nunca pensé en eso, mi cabeza no podía pensar más allá del hecho de terminar el corto, porque se sentía imposible, de hecho fue un gran alivio el haberlo terminado

¿Por qué se sentía imposible?

Porque todo lo que hago pienso que va a ser imposible (risas). Cuando estoy filmando una película nunca imagino “ahora quiero que vaya a Sundance” o “ahora me gustaría que gane muchos premios”, sino más bien “espero poder terminarla” (risas). Lo que me motivó a que Short Term 12 se convirtiera en un largometraje fue la respuesta positiva que recibió el corto, esa recepción fue realmente algo inesperado. Pensé que estaba contando una historia tan pequeña y, sobre todo, tan específica, que no creía que la gente pudiera relacionarse con ella. Por eso fue una gran sorpresa ver cuánta gente se vinculó con el corto. Ahí me di cuenta de que los temas eran más fuertes y universales de los que creía en un principio

¿Cuánto alteró la transición al largometraje el poner a una mujer protagonista?

Mucho. Siempre supe que el cambio principal, pasar de Denim a Grace, iba a alterarlo todo, ya que todos los personajes se sienten diferentes. Incluso las escenas que eran similares a las del corto dejaron de verse tan parecidas, porque ya no las observabas desde la perspectiva de un personaje sino que pasabas a observarlas desde la mirada de Grace. Al mismo tiempo, lo que hablé con Brett Pawlak, el Director de Fotografía, era que había otras escenas que sí eran idénticas, como si estuviéramos haciendo exactamente lo mismo, pero todo de nuevo. Eso fue raro pero a la vez interesante porque nos dimos cuenta de que en esta segunda vuelta estábamos haciendo un mejor trabajo (risas)

¿Cómo llegaste a Brie Larson?

Brie es fantástica. Llegué a ella así como estamos hablando nosotros ahora, por Skype. Ella estaba filmando The Spectacular Now, así que le mandé el guión y después hablamos por ese medio. Lo que me gusta de Skype es que vos pensás que no te estoy mirando a los ojos, pero en realidad estoy observando todo tu rostro. Por eso fue fácil ver a Brie desde ese lado, de inmediato me la imaginé como Grace, porque es una persona muy introvertida y astuta, y al ser tan introspectiva podés ver cómo funciona su cabeza cuando tiene que hacer determinadas cosas, aunque esté solamente hablando del personaje o pensando sobre él. Pero además de eso, tiene mucha luz y un gran sentido del humor que también eran muy importantes. Como Grace lidia con cosas tan pesadas, no quería que todo se sintiera así, no quería que fuera una historia insoportable de ver

Brie siempre habla del ámbito familiar del rodaje…

Es que fue así, tuvimos mucha suerte con la gente con la que trabajamos. No siempre sucede eso. Hay proyectos en los que la gente llega con mala energía, con peor humor, porque simplemente no quieren estar ahí. Pero en Short Term 12 pasó todo lo contrario. Todo el mundo fue amable, todos apoyaron la película y colaboraron para que surja ese ambiente positivo para la creación

Además de Keith, Kaitlyn Dever es otra de las revelaciones de la película. ¿Siempre pensaste en concebir el personaje de Jayden como vehículo para que Grace reaccione ante sus propios  traumas?

Sí, el personaje de Jayden estaba definido desde el comienzo y el propósito que cumplía era el de sostenerle un espejo a Grace. En realidad, creo que ese es el propósito de cada escena de la película: ser espejo de Grace, mostrarles las cosas con las que ella nunca pudo lidiar, tanto desde un lado positivo como negativo. Por ejemplo, hay una escena en la que ella ve cómo su novio Mason lo conforta a Marcus después de afeitarle la cabeza y sabés que en ese momento ella está pensando “sí, yo puedo hacer esto, puedo ser una buena madre y Mason va a ser un excelente padre”. Pero también hay momentos en los que piensa que no va a poder hacerlo, como cuando Jayden explota y todo se le va de las manos. Jayden es el máximo reflejo de Grace, pero todos los personajes tienen la misma finalidad

Esa escena que mencionás en la que Jayden explota y se encierra en su habitación empieza muy dura, es muy dura, y concluye con un chiste que hace Mason, ¿cómo manejaste ese cambio de climas?

El tono de la película viene de mi propia experiencia trabajando en un lugar similar y de las entrevistas que realicé con gente que también trabajó ahí. Lo que tienen en común quienes trabajan en ámbitos tensos es cómo utilizan el humor como parte fundamental de la supervivencia, o para evitar volverse locos, porque puede ser muy duro. La escena de Jayden es algo que efectivamente sucede, los chicos explotan así todo el tiempo, se tiran sillas, te quieren pegar y muchas situaciones de ese tipo. Tu trabajo es permanecer calmo y tratar de mantener el clima lo más tranquilo posible, para que sus cabezas vayan para otro lado. Hay personas que son muy buenas en eso porque se ríen de sí mismas o hacen chistes para que los chicos se den cuenta de que pueden sacar toda la energía que tienen pero sin irse por las ramas, o sin que todo termine en un desastre. El humor que utiliza Mason en la película proviene de eso: de mi experiencia observando a supervisores que usan muy bien esa técnica

¿Cuánto trabajaste en el centro y cuánto de vos tiene Nate, el personaje de trabajador inexperto que interpreta Rami Malek?

Trabajé alrededor de dos años. Por eso de alguna manera todos los personajes están basados en situaciones que yo viví, aunque en distintos estadios. Sin dudas me sentí como Nate cuando empecé a trabajar. Era bastante ingenuo y si bien tenía buenas intenciones, con el tiempo me di cuenta que esas intenciones no eran tan sanas, eran un poco egoístas porque estaba pensando solamente en mí, en que iba a ser una suerte de salvador de los chicos. Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que no pasaba por ahí el asunto. Creo que lo vi después de terminar mi trabajo ahí. Años después, te diría. No me gustaba la persona que yo era en ese momento; aprendí mucho sobre la humildad, sobre cómo el ser un buen líder no tiene nada que ver con vos, tiene que ver con adquirir confianza para ser humilde, abierto, sincero

Los recurrentes primeros planos de manos son hermosos, ya que no solo muestran lo negativo (los cortes) sino también lo positivo (las manos como instrumentos para crear). ¿Eso estaba en el guión?

Sí, estaba en el guión y fue algo que hablé mucho con Brie. El punto es que Grace tiene tantas cosas en su cabeza, tanta energía, cosas de las que no habla, que una de las maneras que encuentra para expulsar eso es a través de sus dedos. A veces dibujando, a veces rascándose nerviosa o a veces cortándose. Toda esa energía va para ese lado. Además, es algo que personalmente me encuentro haciendo siempre que me pongo nervioso o que pienso demasiado, suelo tocarme los dedos, no sé de dónde viene eso (risas)

En relación a dibujar, la historia que cuenta Jayden a partir de sus dibujos es otro ejemplo de cómo las expresiones artísticas son un medio vital

Sin dudas. El arte era algo muy importante en el lugar donde yo trabajaba porque a los adolescentes no les gustaba hablar de algunas cosas directamente. Eran muy tajantes respecto a eso. Cuando yo era chico tampoco quería hablar de lo que me pasaba, ponerme todo serio o abrir mi corazón. No, para nada. Todo eso tenía que salir de una forma, que podía ser con ira, explotando, o en una hoja, con un dibujo, o también a través de la música. Esas experiencias las tuve cuando trabajaba ahí. Un día un chico me preguntó si quería escuchar un rap y me senté a su lado, y de repente estaba hablando de algo que era muy relevador de todo lo que le había pasado y de lo que estaba pensando. Era muy pesado lo que me quería contar. Lo mismo pasaba cuando revisaba los cuartos, era terrible…

…sí, el hecho de tener que inspeccionar cada minúsculo espacio sin saber en realidad lo que estás buscando

Sí, exacto, además era parte de la rutina, era algo que había que hacer todos los días. Y encontrabas drogas, objetos con los que se cortaban, pero a la vez podías llegar a encontrar eso que no estabas buscando, como dibujos, diarios, donde ves todo aquello que los chicos están pensando. De ahí surge el arte que se ve en la película

¿Siempre quisiste que Short Term 12 concluyera como empieza?

Siempre, sí. Lo que me resultaba interesante era mostrar la idea de cómo el hablar sobre algo es una manera fundamental de organizar los sucesos que viviste, que es una idea similar a la de hacer terapia o a la de escribir, o a la de hacer una película. Esta película, al estar basada en una experiencia personal, para mí fue una manera de organizar todo eso, de encontrarle un sentido a esas vivencias. ¿Es ciento por ciento exacta? No. Definitivamente no. Pasó tanto tiempo que los recuerdos y los detalles pudieron haber cambiado. Cuando ves el comienzo y el final de Short Term 12, podés pensar que no cambió mucho, que en muchas maneras la escena es la misma. Sin embargo, sobre el final Mason está contando otra anécdota y lo diferente es la reacción de Grace, cómo ella está eligiendo escuchar la versión de Mason, que es la visión que él tiene de las cosas, en realidad. Esa visión es muy inspiradora para mí, porque Mason nunca ignora la mierda o lo difícil que es la vida, pero igual elige reírse en el camino. Por eso su versión de la historia de Marcus y la chica puede ser una especulación, él lo ve cinco minutos y se arma una fábula…

…incluso da por sentado que Marcus está teniendo su quinta cita con ella (risas)

(risas) Exacto, no sé de dónde saca eso, no sabemos si es verdad, pero me gustaba cómo elige ver las cosas, el mundo que se arma. En el comienzo Grace lo interrumpe más cuando habla, pero en el final está ahí con él, inmersa en el relato. Luego pasa lo mismo: Sammy sale por la puerta corriendo. Es un ciclo idéntico, pero cambia la perspectiva y la secuencia termina siendo feliz

La escena final es hermosa, cómo decidiste filmarla en cámara lenta, alejándote del lugar, mostrándonos ese ámbito desde otro punto de vista y con los violines de la composición de Joel…

Muchas gracias, ojalá te pudiera decir que la cámara lenta la había considerado desde el principio pero no fue así (risas), fue algo que descubrimos mientras filmábamos. Lo que estaba en el guión era el mostrarlos a ellos corriendo a Sammy, pero el modo era bien distinto, casi imposible de hacer. Entonces se nos ocurrió probar cómo funcionaba eso en cámara lenta, lo vimos y pensamos “wow, sí, queda bien” (risas)

Hace unos meses, en una entrevista con Joe Swanberg, él te nombró como uno de sus cineastas referentes actuales, ¿a quiénes podrías nombrar vos?

A Joe también. Hace unos días estuve con él en Sundance y vi su nueva película, Happy Christmas. Tenés que verla. Lo que me gusta de ese film y también de Drinking Buddies es que circulan por esa misma idea que te comentaba de Mason. Son películas que si bien no te cuentan historias edulcoradas, tampoco son cínicas. Se sienten reales. En mi caso con Short Term 12, hubiese sido fácil decir que el sistema es una mierda y que es una mierda ser un adolescente en Estados Unidos. Si bien en algunos casos esa parte es cierta, el lado positivo también lo es. La gente continua viviendo, se conoce, sigue adelante, se enamora, vive. Esas películas me encantan, aquellas que no tienen miedo de mostrarse esperanzadoras aunque eso no sea visto como cool. Siempre me molestó que no se considere cool tener una visión optimista de la vida, porque hay que tenerla

El final de Drinking Buddies muestra precisamente eso, que la vida sigue, lo mismo el de The Spectacular Now de James Ponsoldt

Me encanta James, lo mismo Ryan Coogler [N. del E.: el director de Fruitvale Station]. Todos esos directores que conocí en estos últimos años. Nos hicimos amigos al promocionar juntos nuestras películas en distintos circuitos. Son directores talentosos que nunca cuentan historias por las razones equivocadas sino porque tienen pasión por ellas y porque quieren aprender cosas en el proceso

Además de los directores, y teniendo en cuenta lo importante que es la música en tus historias como ya discutimos, ¿qué música es fundamental para vos?

La música navideña (risas)

¿En serio? No estaba preparada para esa respuesta (risas)

Es que me encantan los discos especiales de Navidad, incluso el de Mariah Carey (risas). También me gusta Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, toda esa era me parece muy mágica

En I Am Not a Hipster hay muchos momentos musicales que me recordaron a las canciones de Bright Eyes

Sí, totalmente, porque además tanto el personaje de Brook como Conor Oberst interpretan canciones como si se estuvieran quejando por todo, son lamentos en definitiva (risas)

Sí, lamentos largos, que terminan en gritos (risas). ¿Cómo viene tu próxima película?

Bien, recién estoy con el proceso de guión. Es una adaptación de la novela The Glass Castle que me acercó Lionsgate, es mi primer trabajo en serio (risas). Está yendo bien, con suerte podremos llevar el guión a un lugar donde todos queden contentos. ¿Y tus proyectos Milagros? (risas)

(risas) Como te conté, estamos con la película del blog y su financiación con el método que inició Kickstarter

Nosotros lo hicimos para I Am Not a Hipster, fue el mes más estresante de mi vida, fue más estresante que la filmación de la película (risas), porque tuve que hacer un video para explicar el proyecto. Se siente como que todo el mundo te va a ver fracasar (risas)

Eso es exactamente lo que estaba pensando; si no lo lográs, tenés que contarlo (risas)

Exacto. Pero va a salir todo bien. Mi personalidad a veces se pone ansiosa o un poco negativa pero con I Am Not a Hipster empecé a ver las cosas desde otro lugar. Salió bien todo, incluso mejor de lo que esperaba porque se armó una gran comunidad detrás de ella. Cuando le mandás a la gente los adelantos de lo que estás filmando es una buena sensación. Es genial, aunque no sé si pasaría por esos mismos nervios de nuevo (risas). 

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 ► [TRAILER] Les dejo algunas imágenes de Short Term 12:

Short Term 12 - Trailer from Brett Pawlak on Vimeo.

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 ► [CANCIÓN] Keith Stanfield interpreta su gran tema, “So you know what is like”, en una escena de la película:

SHORT TERM 12 "Rap Teaser" from Destin Daniel Cretton on Vimeo.

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 ► [VIAJE AL PASADO] El trailer de I Am Not A Hipster, el primer largometraje de Destin Cretton:

I AM NOT A HIPSTER (the movie) EVERYWHERE ON JANUARY 15 from Destin Daniel Cretton on Vimeo.

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¡Buen martes para todos! Dos consignas para este día: 1. ¿Tuvieron la posibilidad de ver Short Term 12? ¿Qué les pareció la película de Destin Cretton? 2. En otro post, Mili Barcala había sugerido que mencionemos personajes de los cuales nos interesaría ver una precuela, y yo inmediatamente pensé en Grace (Brie Larson), la protagonista de este film; ¿cuáles serían sus elecciones? Como siempre, ¡espero sus aportes! PD. Muchachada, por cuestiones personales nos reencontramos el lunes, ¿me cuidan el rancho? ¡Gracias!

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La última vez vimos el cine bajo la mirada de… MATÍAS ROJO

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Yo culpo al cine

Hoy en Cinescalas escribe: Belén Cotignola

“La chica linda, el chico lindo, amor a primera vista, el primer beso, la ruptura, la reconciliación, la boda costosa, manejar hacia el atardecer… todos saben que es falso, pero lo miran como si fuera la maldita vida real”

La frase superior ilustra el pensamiento que tiene Jon (Joseph Gordon-Levitt) sobre las películas. A medida que habla, vemos imágenes de una comedia romántica mientras Barbara (Scarlett Johansson) eats that shit up. Jon no entiende qué tienen de bueno, no entiende por qué la gente las mira sabiendo que nunca alcanzarán ese ideal que consumen en la pantalla. Jon es de esos que mira una película y comenta “eso nunca pasaría”, “la gente no es así”, “¿de verdad va a hacer eso?” y derivados, cosas que todos hemos escuchado decir a alguien, o incluso las hemos dicho nosotros cuando no logramos entrar en el universo que nos propone la película. Lo que Jon falla en ver es que él tiene el mismo problema, pero con un “producto” diferente: la pornografía. Y es ahí donde se hace la distinción crucial para el punto al que intento llegar: no es adicto al sexo, es adicto a la pornografía. ¿Por qué es tan importante distinguir esto? Simplemente porque a este personaje le pasa lo mismo que a los aficionados al cine que viven a través de las historias en pantalla. Está tan compenetrado en hacer que su experiencia sexual real sea tal cual  la que consume en forma de pornografía, que se olvida de disfrutar el momento, y no termina por cumplir sus expectativas. Incluso Barbara, la princesa white trash híper sensual que es un diez en sus ojos, no  lo convence en el contacto físico, sino que el ideal de lo que una chica de sus características debe ser en la cama termina sobreponiéndose a la verdadera interacción. Sí, chicos: aparentemente, acostarse con Scarlett Johansson no está tan bueno como se imaginan.

Entonces entra en el panorama Esther (Julianne Moore), una mujer de mente abierta, que, aunque se debe oponer a una negación inicial por parte de Jon,  termina por enseñarle a relajarse, a disfrutar del momento, a no ser tan egoísta y a que, cuando hay dos personas involucradas, la satisfacción del otro es tan (o incluso más) importante como la personal. Jon no sólo abre los ojos frente a sus creencias acerca de la sexualidad, sino que,  paralelamente, varios aspectos de él cambian. Ya no cree ciegamente en el cura que lo confiesa, porque claramente, pese a sus avances personales, nunca le prestó demasiada atención y sigue diciéndole un número aleatorio para que rece una cantidad de oraciones durante la semana. Ya no busca dejar tranquila a su madre con una relación seria pero vacía, sino que prioriza su felicidad personal. Lo que es bueno para su madre no es necesariamente bueno para él. No siente más la necesidad de salir con sus amigos en una rutinaria busca de mujeres para una noche, sino que con pasar tiempo con ellos es suficiente para divertirse.

¿Qué es lo interesante de Don Jon? Les voy a compartir una frase que una compañera de trabajo me dijo alguna vez, y que me repite de vez en cuando: “vos querés vivir una película”. Si, definitivamente. Espero que en mi vida aparezca ese momento, ese punto de giro que de un día para el otro de comienzo a una historia que pueda ser digna de ser guionada y grabada, que la gente pueda ver y desear que eso les pase a ellos. No necesariamente una comedia romántica, pero algo emocionante. Con sus momentos de comedia, de tragedia necesaria, con ese imperdible condimento casi sobrenatural que asegura que todo tiene un por qué y que las cosas tienen sus consecuencias, dejan su enseñanza y construyen un final perfecto (no necesariamente feliz pero que haga justicia a la historia). Quiero ser Summer y Tom en (500) Days of Summer, quiero ser Lizzie Bennet en Pride and Prejudice, quiero ser Ruby y Calvin en Ruby Sparks, Alexander Supertramp en Into The Wild, Tiffany y Pat en Silver Linings Playbook la lista es interminable. Si lo pienso, el cine es el principal problema que me impide ser uno de sus personajes. Pero al ver Don Jon, me pregunto: ¿no sería más fácil dejar de querer ser alguien más, y ser yo? ¿Dejar de idealizar historias ajenas y escribir la propia? Creo que la premisa de la que parte Joseph Gordon-Levitt en su debut como director y escritor de un largometraje es justamente esa: dejar de fijarse en lo ajeno, para poder vivir lo propio. Si Jon deja de mirar pornografía no es porque piensa que sea un pecado, ni siquiera porque su novia lo deja después de que rompa su promesa de no volver a hacerlo, sino porque miró a su alrededor, abrió los ojos y se dio cuenta de que podía tener algo profundo, y, más importante, real. Y cuando aprende a relajarse y a no esperar algo de una situación, dejándola fluir, es cuando empieza otra historia, la que seguramente otros mirarán con ojos soñadores diciendo “quiero vivir algo así”. Pero eso se lo guarda, al menos por ahora, porque lo que no se cuenta también tiene su atractivo, ¿o no?

Por Belén Cotignola

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 ► [TRAILER]: Algunas imágenes de Don Jon:

  

'Don Jon' Theatrical Trailer from J.D. Funari on Vimeo.

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¡Bienvenidos de vuelta, se los extrañó mucho! Dos consignas para este lunes, una mía y una de Belén: 1. Yo les pregunto si vieron Don Jon y qué les pareció la ópera prima de Joseph Gordon-Levitt 2. Por otro lado, Belén quiere saber de qué historia de película fantasearon con ser parte; como siempre, espero sus comentarios, ¡que tengan un gran comienzo de semana y nos reencontramos mañana con un concurso!

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—> La última vez escribió Milagros Barcala sobre… LAURENCE ANYWAYS

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[OFF TOPIC] Quería agradecerles a todos los que han estado colaborando para la realización del documental de Cinescalas, y a quienes tienen la intención y han escrito para consultarme al respecto; les cuento que vamos por el 31% de la meta cumplida y todavía tenemos 42 días por delante;acá pueden leer todo el instructivo y acá mismo pueden hacer su colaboración; ¡vamos que llegamos! ;)

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