Mejor callar

En su análisis de Elizabethtown, el crítico de cine Nathan Rabin acuñó, hace exactamente una década, el término Manic Pixie Dream Girl para describir, de la manera más sintética posible, al personaje de Claire Colburn interpretado por Kirsten Dunst. Lo que contienen esas cuatros palabras son una idea, un cierto imaginario concebido por el hombre en relación a una mujer que solo se cruza en su camino para despertarlo a la vida, con la dosis justa de efervescencia, sentido del humor, sensibilidad artística e inteligencia. Posteriormente, el término fue aplicado de modo retroactivo y las Manic Pixie Dream Girls se fueron multiplicando, desde Margo en Paper Towns y sus críticas al respecto hasta Me and Earl and the Dying Girl y su apego al desglose del concepto. Cada vez que una chica enérgica aparece en el universo masculino sin demasiadas motivaciones más que la de salvar a ese hombre, el imaginario se expande y los personajes femeninos pierden, por lógica, peso, pluridimensionalidad e incluso atractivo. Al revisar la filmografía de Cameron Crowe que precede a la mencionada Elizabethtown, indudablemente se puede argüir que el término concebido por Rabin estaba destinado a aplicarse a las mujeres de su cine. Desde Dorothy en Jerry Maguire (quien literalmente deja todo por seguir a un hombre) hasta Penny Lane en Almost Famous (ídem), estamos ante jóvenes vivaces que luchan por tener una identidad al tiempo que deben acompañar al objeto de su afecto en función de sus caprichos, desde empezar un nuevo trabajo hasta emprender una gira musical. Sin embargo, y a pesar del cliché, Crowe había logrado que su talento para la escritura se hiciera visible en citas más sensibles que sentimentaloides. “You had me at ‘Hello’” (cortesía de Dorothy) y “You are home” (cortesía de Penny) hablan de una apelación al otro (el “vos” por delante del “yo” nos hace inferir que la otra persona es más importante que uno) pero también de sus insoslayables realidades. Tanto Dorothy como Penny tambalean en la búsqueda de una estabilidad y, cuando la encuentran, el logro resulta genuino. Aloha, la flamante película de Crowe, es por lejos el punto más bajo de su filmografía, en gran medida porque se autoparodia inconscientemente. Tomemos como ejemplo a una charla entre Brian Gilcrest (Bradley Cooper como un contratista cuyo trabajo en Hawaii nunca queda demasiado claro) y Allison Ng (Emma Stone, en una decisión de casting directamente ofensiva, por la que Crowe debió disculparse). En pleno flirteo vergonzoso y sin chispa alguna, ella le pregunta por la historia detrás de los stickers de su computadora y luego agrega, exaltada e infantil, la frase “I don’t want to be another decal on your laptop”. La analogía de la mujer como una figura accesoria e indistinguible de otras no solo resulta torpemente obvia sino una declaración de amor penosamente escrita, verbalizada y dirigida. Ese momento tiene sus réplicas a lo largo de todo el film, uno que trastabilla al usar y abandonar la voz en off a su antojo, al empleo de una constante puesta a prueba de nuestra paciencia para lo inverosímil (Brian se encuentra trece años después con su ex novia Tracy como si en ese lapso de tiempo nada hubiera sucedido en la vida de ella), al enarbolar un mensaje sobre la preservación de la identidad y de los espacios naturales que jamás se profundiza y, sobre todo, al volverse patética en su sobreexplicación. “Why don’t you just have what you want?” le inquiere Tracy (Rachel McAdams) a Brian. “Do you have what you want?” le retruca él, precediendo un intercambio de miradas tortuoso e irrisorio. Lejos de confiar en lo sutil, Crowe traiciona sus propios consejos, aquellos que mencionaba en sus conversaciones con su venerado Billy Wilder, aquellos en los que se exigía ser “más valiente y personal” en su cine. Aloha es la antítesis de sus deseos. Aloha es la prueba viva del peligro de construir algo genérico. Aloha es un film que esclarece un solo interrogante dentro de su caótica narrativa: cuando quedan pocas cosas buenas para decir lo mejor es, como hace el personaje de John Krasinski y el de Cooper sobre el final, callar un rato, conservar la dignidad y confiar un poco en los demás. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Aloha de Cameron Crowe:

Aloha Trailer 1 from We Are Movie Geeks on Vimeo.

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy, a pedido del público, inauguramos nueva sección del blog de Lo peor del año, eligiendo nuestras máximas decepciones cinéfilas del 2015; ¡hagan catarsis a gusto! Nos reencontramos mañana con el post de NO TE MUERAS NUNCA, dedicado a nuestros directores favoritos cuyas filmografías queremos que se extiendan por la mayor parte del tiempo posible; ¡hasta entonces! ¡que tengan un excelente martes!

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► [GALERÍA] 50 PELÍCULAS MALAS Y/O DECEPCIONANTES DEL 2015:

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*ASÍ REACCIONÉ ANTE ALOHA:

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“Please, end it”

Hay un chiste recurrente en el mockumentary 7 Days in Hell en alusión a lo eterno que se vuelve un partido de tenis entre dos jugadores que no parecen dispuestos a ceder ante las presiones de su adversario. “Please, end it” imploran los comentaristas mientras ellos mismos también se ven forzados a sobrevivir a esos siete días en el infierno deportivo. Algo de eso me sucedió viendo Serena, la nueva película de Susanne Bier con la dupla Jennifer Lawrence - Bradley Cooper, película a la que es imposible no rogarle un final precipitado que acabe con semejante hastío. La historia se desarrolla en la Carolina del Norte de 1920, contexto en el que se cruzan George Pemberton (un distraído Cooper) y Serena (Lawrence), quienes, tras un breve y descorazonado cortejo (la película llega al paroxismo de la sensación de amor a primera vista), deciden casarse y construir un imperio maderero. Sin embargo, como el título homónimo de la novela de Ron Rash lo anuncia, Serena no es una historia sobre gestar un proyecto de a dos sino sobre las ambiciones unilaterales de esa mujer que se mueve en un entorno estrictamente masculino. En cuanto a esto, la elección de Lawrence vuelve a resultar acertada a pesar de su edad. Como ya había demostrado en Silver Linings Playbook, la actriz aborda el personaje de Serena como si lo estuviera sujetando firmemente, como si nos quisiera convencer de que, independientemente de su juventud, hay algo de madurez en sus gestos que vuelven verosímil el hecho de interpretar a una mujer que atraviesa un enorme y conflictivo espectro emocional. Desde lo más literal (el modo en el que se adentra en el salvajismo), Serena acentúa cómo una figura femenina puede no solo despuntar una veta empresarial inusitada para la época sino también desatar un efecto dominó entre los hombres que la rodean con tan solo una mirada. En consecuencia, es George quien se encuentra supeditado a sus pedidos (lógicos primero, irracionales después) y quien descarta opiniones ajenas porque, como él mismo asegura, no piensa a Serena como una esposa que lo acompaña sino como su par en los negocios. El quiebre (de la novela y del film) se produce cuando ella pierde un embarazo riesgoso que le impedirá tener hijos a futuro, lo que ocasiona que su temperamento se redireccione hacia lo extremo.

Por lo tanto, lo que originalmente era una película feminista con una puesta en escena reminiscente al old hollywood – aunque sin lo ampuloso de Australia de Baz Luhrmann -, termina siendo un drama televisivo anclado en la fórmula de mujer que busca venganza. Contrariamente a lo que se pueda inferir, quien menos falla en este desacierto es el guionista Christopher Kyle, quien adapta la novela de Rash alterando ciertos giros con el fin de atomizar el relato, poniendo el foco tanto en la psicosis de Serena y el hachazo que genera en su matrimonio, como en la subtrama ecologista de la tala indiscriminada de árboles, a su vez hermanada con el crecimiento y declive del imperio Pemberton. Su decisión de abarcarlo todo finalmente atenta contra la película, pero no al mismo nivel que la anodina dirección de Bier, quien pretende hacer una película de corte clásico, sobria y contenida, pero yéndose al extremo al no concebir una sola secuencia que se distinga del resto. De este modo, Serena parece una película que se dirigió sola, carente de una voz autoral que sepa determinar cuándo ya tuvimos suficientes planos de bosques al atardecer. Porque si bien los problemas de edición – el film cuenta con tres montajistas – se terminaron haciendo públicos, no precisamos indagar en lo extracinematográfico para advertir que estamos ante una película aletargada que no puede emular a su protagonista y volverse más impulsiva, menos calculada, más pasional y menos desangelada. Para el caso, veamos lo que hizo Paul Thomas Anderson con There Will Be Blood, otro film sobre la ambición que todo lo dinamita que sabe cuándo es momento de ceñirse a lo intimista (las charlas de Daniel Plainview con su hijo) y cuándo de rendirse a lo grandilocuente (la imagen de Plainview mirando su obra en movimiento). Bier condena a su película desde el momento en el que una acción mundana como andar a caballo está registrada con el mismo tono que una muerte inevitable. Por tratarse de una historia comandada por una mujer que atraviesa varios días en el infierno – en el suyo propio y en el que ocasiona en los demás -, el film pone a dormir esa sucesión de tragedias en busca de una austeridad mal entendida. ♦ 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de ZZZerena:

Serena - Official Trailer from Magnolia Pictures & Magnet on Vimeo.

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► [GALERÍA] 50 películas que los durmieron:

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy tenemos una única consigna: mencionar las películas que los aburrieron al extremo y/o aquellas que tuvieron que dejar de ver por lo tediosas que les resultaron; ¡como siempre, los leo! Nos reencontramos mañana con el post de Straight Outta Compton; ¡que tengan un excelente día, muchachada! ¡espero sus aportes para armar una galería!

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¿QUÉ PELÍCULAS MIRARON ASÍ?:

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American Sniper: American Teledrama

Hoy en Cinescalas escribe: Luis Alberto Pescara López

“This ain’t no party, this ain’t no disco,
this ain’t no fooling around,
no time for dancing or lovey dovey,
I ain’t got time for that now”

Talkig Heads – “Life During Wartime”

Desde hace casi medio siglo uno puede elegir al Clint Eastwood que más le guste. Por un lado está el realizador humanista preocupado por entender al otro, ese que se manifiesta en grandes obras como Los imperdonables, Cartas desde Iwo Jima y Gran Torino. Pero también está el otro Eastwood, el californiano conservador que apoyó a Richard Nixon y Ronald Reagan durante sus respectivas presidencias. Todo esto desemboca en el principal problema que presenta American Sniper, y es que nadie puede hablar de ella sin mencionar su costado político. Desde su exitoso estreno, se desató en todo el mundo el debate sobre sus verdaderas intenciones. Incluso los divertidos “Honest Movie Posters” que circulan por la web la retitularon Army Recluty Video, con una leyenda señalando que los republicanos aprueban su mensaje.

Los memoriosos dicen que existió un tiempo en el que se podía hablar de una película bélica sin mencionar su costado ideológico, pero eso hoy parece imposible. Cualquier historia pródiga en banderas estadounidenses que narre las peripecias de un militar en tierras ocupadas es mirada con desconfianza inmediata. Como si fuera poco, American Sniper (aquí estrenada como El francotirador) pertenece al siempre peligroso subgénero de los filmes “basados en hechos reales”. Chris Kyle fue el más letal tirador a distancia en la historia militar de USA, con más de 160 muertes confirmadas durante su servicio. Contar la vida de alguien así plantea interesantes dilemas morales sobre cuál es el concepto de ‘héroe’ y sus implicancias. Dicho de otro modo: ¿Qué es lo que lleva a una persona a perfeccionarse en el arte de matar a otras personas, al punto de ser considerado el mejor? ¿Cuánto pesan las medallas que el gobierno te da por ello?

Sin embargo, Eastwood y su guionista Jason Hall resuelven la situación de un modo bastante didáctico. Un par de flashbacks nos muestran a Kyle como un niño criado en el típico hogar sureño conservador, entre el mundo del rodeo y la misa dominical. La etapa de entrenamiento militar también cae en los lugares comunes de decenas de películas, pero cuidándose de no llegar al nivel deshumanizador de Full Metal Jacket. Afectado por la visión del ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001, el futuro héroe se convence de que el objetivo último de su cruzada en Irak es proteger a los suyos, un razonamiento que probablemente refleja lo que piensa el ciudadano promedio (norte)americano. Todos estos momentos tienen un estilo cercano al biopic made in Hallmark Channel, algo que contrasta con el nervio de las escenas bélicas.

Hay que decir es que el vigor de las secuencias de acción es notable. Uno jamás sospecha que sea un hombre de 84 años el que está detrás de cámara. El viejo Clint sigue siendo el único realizador estadounidense al que se puede calificar como clásico, pero a la vez técnicamente su cine es muy contemporáneo. Sus maestros Sergio Leone y Don Siegel se sentirían muy orgullosos de esta dualidad. La tensión de esas escenas hace suponer que si la película apostara netamente por el relato bélico quizás estaríamos ante un gran entretenimiento. Por ejemplo, durante las distintas misiones el guión plantea una subtrama vinculada a Mustafa, un francotirador sirio con el que el protagonista desarrolla una obsesión personal. Si esa historia ocupara un lugar más central quizás tendríamos una aventura a la manera de El Duelo de Joseph Conrad, dentro de un marco contemporáneo.

Por otro lado las comparaciones con The Hurt Locker son inevitables. La película de Kathryn Bigelow manejaba magistralmente el suspenso y mostraba a su personaje principal como un adicto al trabajo, por lo que el costado dramático se resolvía de una manera más creíble. El punto central no es si la actuación de Jeremy Renner es superior a la de Bradley Cooper (ambos tienen registros similares), si no que los momentos cotidianos del filme de Bigelow, aquellos en los que el protagonista se esfuerza por llevar adelante su vida lejos de la guerra, están menos atados a la estética estándar de un telefilm. De todas maneras, tratándose de dos filmes realizados sobre conflictos recientes, habrá que esperar para saber si envejecen dignamente.

Terminemos en donde empezamos ¿Puede calificarse a American Sniper como un artículo de propaganda? Hay cierta manipulación en la elección de casi no mostrar civiles iraquíes, mientras que los terroristas son retratados en toda su crueldad. Algunos podrán afirmar que así Clint Eastwood apuesta a la incorrección política, reaccionando contra tantos años de cine antibélico. Pero si vamos a hablar del costado provocador de este veterano actor y realizador es mejor quedarse con Dirty Harry, aquel policía poco apegado a las reglas que antes de ultimar al maleante de turno decía: “You’ve gotta ask yourself one question: Do I feel lucky? Well do you, punk?” Esos sí que eran héroes incorrectos.

Por Luis Alberto Pescara López

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► [ESPECIAL] Una mirada al rodaje de American Sniper:

American Sniper - The Making of from Dome.fi on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Para este día, dos consignas: 1. Debatir American Sniper de Clint Eastwood: ¿les gustó o les pareció un retroceso en la filmografía del director? ¿Cuáles son sus films favoritos y menos favoritos de Clint? 2. También aprovechemos este post para hablar sobre cine bélico y para mencionar las películas más destacadas del género; ¡los leo muchachada! ¡Nos reencontramos mañana! ¡que comiencen bien la semana!

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—> La última vez escribió Anabella Corridoni sobre… VER CINE EN ÁFRICA

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Lo mejor del 2014: Los personajes

“I’m bored out of my mind, too sick to even care” es lo primero que canta Eve (Emily Browning) en God Help the Girl. Que canta, no que dice. Aunque da lo mismo. Para ella cantar y hablar son la misma cosa. La música es su lenguaje. Su inconsciencia respecto a su enfermedad – padece anorexia nerviosa y está internada en un instituto psiquiátrico – la expulsa literalmente por la ventana y la lleva a trepar alambres, tomar un colectivo primero y tomar un tren después, todo con el fin de ver a una banda. “My only choice was to find the face behind the voice” concluye una vez que llega al lugar. Pero Eve no alude particularmente al grupo que está tocando enfrente suyo (los vacuos Wobbly-Legged Rat) sino a todos esos rostros de la música en los que se refugia para sentirse menos sola. Stuart Murdoch - frontman de Belle & Sebastian, cuyo proyecto paralelo God Help the Girl, inspiró su homónima ópera prima – no la hace explicitar a Eve cuáles son los referentes musicales que la salvaron pero veladamente los incluye en la historia a partir de las voces en off de un par de locutores radiales que hablan de Nick Drake y Joy Division, y a través de una remera como la de Meat is Murder de los Smiths. Asimismo, para Murdoch la palabra es importante, tanto por la admirable manera que tiene de concebir las rimas pop más perfectas que jamás hayan existido (donde la construcción sintáctica apela a frases verbales originales y raras veces escuchadas, como “musician, please take heed” en lugar de “musician, please pay attention”) como por su necesidad de captar la voz femenina como requisito clave. Desde figuras literarias más clásicas como León Tolstói (Anna Karenina) y Gustave Flaubert (Madame Bovary) hasta el recientemente mencionado John Green (The Fault in Our Stars), pensar y expulsar con éxito el pensamiento femenino implica un entendimiento cabal de esa mentalidad, implica emanciparse de los preconceptos. Murdoch hace precisamente eso con Eve, crea a esta joven pluridimensional y no siempre del todo querible, que puede mostrarse tan egoísta por momentos (persiguiendo la satisfacción del placer personal a expensas de los sentimientos de un tercero) y tan noble por otros (escribir una canción con influencias de David Bowie para que su mejor amiga/fanática del Duque Blanco pueda interpretarla y encontrar su propia voz). La complejidad de Eve, entonces, va más allá de su enfermedad y es algo que provoca una identificación inmediata: no siempre podemos dar a conocer nuestra mejor versión porque la vida atenta contra esa intención segundo a segundo. Esa fluctuación de estados atraviesa todas las maravillosas canciones de God Help the Girl, donde nuevamente la palabra (o la lírica) es el alimento vital que ingiere esa chica que justamente está aprendiendo a alimentarse. Por lo tanto, Eve compone porque busca que la conozcan (en toda esa pluridimensionalidad) y así oscila entre el deseo de recuperarse (“light that comes in from outside, If you could catch it all and pin it to your wall then you would sleep much better”) y la incapacidad para dejar atrás el desasosiego (“I was a case when I grew up, a case of hope, crashing to the ground”).

En ese proceso, la joven conoce a James (Olly Alexander) y a Cassie (Hannah Murray), dos adolescentes que también reniegan de los estereotipos y quienes no tenían canales para expresarse hasta la repentina aparición de Eve. Esa colisión de mundos da como resultado dos hechos inevitables: se forja una amistad y se forma una banda. En este aspecto, God Help the Girl evoca a The Perks of Being a Wallflower en cómo no existen los finales tristes o las despedidas (“I want a story with a happy ending”) cuando lo importante es el hecho de haberse encontrado. “I was crying because I was suddenly very aware of the fact that it was me standing up in that tunnel with the wind over my face; not caring if it was downtown; not even thinking about it; because I was standing in the tunnel; and I was really there; and that was enough to make me feel infinite” escribe Charlie en la novela de Stephen Chbosky. A una conclusión similar llega James en la película de Murdoch, cuando asevera que “just for a moment we were all in the right place and the possibilities were infinite”, mientras Eve se aleja en un tren con el sabor agridulce de quien debe encontrar estructura y orden para sentirse mejor, aunque eso implique el distanciamiento físico de sus amigos. God Help the Girl es, en cierto modo, la fábula de una mujer que descubre su independencia (su último plano es equivalente al de Begin Again de John Carney) gracias a la familia paralela que eligió para su pequeña gran travesía. Tanto ella como James y Cassie se eligen mutuamente, tal como canta Eve en “A Down and Dusky Blonde”. “When I needed someone I chose you because the fledgling soul awakes, and on the balcony she quakes, and she is waiting for the sign, and when the brother does not come, and when the sister’s much to young, she chooses you” vocifera ya no parada frente a un músico sino siendo ella misma la protagonista de la noche, como si “ese rostro detrás de la voz” que anhelaba encontrar al comienzo de la historia fuera su propia esencia. Murdoch aborda el momento de quiebre de una joven enferma con un bienvenido tono afable, sabiendo que la oscuridad puede empañarlo todo pero nunca destruirlo. “I’ll kick this mood off with a change of scene” dice Eve en una de esas viñetas de desesperación – sin dudas, la mejor escena de la película -, donde God Help the Girl parece iluminar, a través de su protagonista, una hermosa verdad oculta: que está en nuestras manos elegir la composición perfecta para enfrentar el presente (“I pick the soundtrack with immaculate care”), ya que esa composición es un símbolo de otra cosa. Eve considera que su vida “depende de una canción” porque hablar de música es hablar de ella misma y hablar de ella misma es asegurar que quien tiene la compulsión de tomar cuidadosamente un vinilo para hacerlo sonar puede hacer lo propio con el control de su destino. 

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►[ESPECIAL] Un informe sobre la música de God Help the Girl:

GOD HELP THE GIRL - "La música" / Making of parte 3 from AVALON on Vimeo.

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*[TOP FIVE] GRANDES PERSONAJES DE ESTE AÑO:

► 1. ADÈLE en La vida de Adèle

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► 2. RAYON en Dallas Buyers Club

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► 3. LLEWYN DAVIS en Inside Llewyn Davis

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► 4. MASON en Boyhood

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 ► 5. ROCKET en Guardians of the Galaxy

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 ► *DE YAPA: FRANK en Frank

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES PERSONAJES DEL 2014 mencionados en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Hoy continuamos con el balance del año con la siguiente consigna: ¿Cuáles son los mejores personajes que dio el cine en este 2014? Dejen sus aportes así armo una galería compilándolos; ¡nos reencontramos el lunes con un balance televisivo! ¡que tengan un excelente miércoles! ¡los leo! PD. El mejor personaje del 2013, según sus votos, había sido Tiffany MaxwellJennifer Lawrence en Silver Linings Playbook

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American Hustle: La quimera del oro

Hoy en Cinescalas escribe: João Rodrigues da Silva

Hay una canción popular en mi casa que es importante explicar antes de decir algo acerca de American Hustle. En los 70, el cantante Raul Seixas lanzó un tema llamado “Ouro de Tolo” o bien “Oro de tonto”, por así decir. El tema en sí es muy bueno, y habla de un hombre que logró todo lo que quería, pero que sin embargo ingresó en una profunda decepción, no entendiendo bien todo lo que le pasó. Muchas veces cuando en la vida encontramos nuestros oros de tontos, y la sensación de “solo eso” o “esperé tanto para eso” es tan visible que casi se entra en el llanto o la decepción. Este año, como casi todos los años, nos llegan películas de puro oro y otras que son literalmente oro de tonto. Una que sin dudas genera ese debate es la nueva película de David O. Russell.

Cuando empezó el boom de la película con las críticas positivas en los Estados Unidos y al mismo tiempo el avance en determinadas premiaciones como el Globo de Oro y las indicaciones al Oscar me dejaran muy feliz. Así como la mayoría de todos acá, quedarán enamorados con la última película del director, y podrán compartir con amigos por qué sienten una identificación tan pura con la película que muchas veces generó que piensen: “¿David hizo eso pensando en mí?”. Para su flamante film, el realizador repite el mismo equipo que fue victorioso en su largometraje anterior, como el caso de Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, pero al mismo tiempo convoca a dos grandes presentes en The Fighter: Amy Adams y Christian Bale. De ahí se inicia el “despertar”, cuando una avalancha de críticas mostraban a espectadores desilusionados con el film. Sé que quizás las expectativas se han convertido en una especie de monstruo en el cine actual. Me acuerdo de casos personales en los cuales tenía una expectativa gigantesca que se convirtió en oros de tontos. Buscando a Nemo, El Laberinto de Fauno, Let the Right One In, entre otros ejemplos. Sin embargo, al mismo tiempo, es bueno tener expectativas porque muchas veces son esos tipos de sentimientos los que hacen que el cine sea más rico. Una cosa es bien segura: cuando tienes un director o un actor en particular que siempre generan una confianza tan grande que sabés que vas estar delante de una buena película o quizás al revés, cuando ves una productora (en mi caso, con Millennium) o con un actor/director malísimo y se ve que pasa lo esperado. En el caso de American Hustle, hay que analizar por partes.

Uno de los mayores errores que he visto cuando se habla de la película es la inferencia casi sin sentido de que Russell quiere ser Martin Scorsese. Por la estética de los años 70 y la trama de estafadores para muchos y (de una manera muy errónea) recuerdan la estética de las películas del director de Goodfellas. Sin duda hay referencias, pero sin intento de hacer una película como las de Scorsese. En realidad, ya en la primera escena, en la relación de sus personajes principales teníamos una invitación que estábamos listos para mirar una película de David O. Russell y no de otro realizador. Viendo con mucho más cuidado, es interesante e imposible no involucrarse con el destino de Sydney (Amy Adams) e Irving (Christian Bale), dos personas que siempre tuvieron dificultades en sus vidas pero que cuando se encuentran por una casualidad, una sonrisa, un cariño de los dos… ambos con sus vulnerabilidades, conforman un vínculo tan verdadero que la única cosa que se desea es la felicidad de ambos. La vida de los dos cambia cuando un agente del FBI, Richie DiMaso (Bradley Cooper), los obliga a hacer una estafa para capturar la atención de un político posiblemente corrupto, Carmine Polito (Jeremy Renner).

Existe un conjunto de puntos claves para entender por qué esta película es una genialidad. La primera es la construcción de los personajes. Russell se preocupa desde el inicio de la película hasta el final que sus principales actores fluyan en sus roles y la prueba son las escenas de Jennifer Lawrence en la película. Hay secuencias en las que uno hasta siente el cambio en el tono de voz, demostrando así sentimientos muy encontrados todo el tiempo. El segundo punto reside en la química entre sus actores. Todos se encuentran de una manera armoniosa y decisiva. Un ejemplo es la secuencia del Studio 54 o la del museo cuando ocurre lo que quizá sea una pregunta eterna para el cine: “Who is the master? The painter or the forger?”. Pero ninguna secuencia va a estar a la altura de la del personaje de Bale y Adams en la tintorería. Todo lo que se ve en esa escena es mágica. Es la prueba de que pocos pueden transmitir esa sensibilidad como David O. Russell. Ya lo vislumbrábamos en Silver Linings Playbook y ahora lo hacemos acá. Pero es imposible no dejar pasar que mismo teniendo su fuerte (es un gran director de actores), Russell también falla en lo que son los peores close-ups que vi en mi vida. Muchos querían una película de estafadores llenas de excesos y trampas. Pero Russell pone una trampa aún mayor: cuenta una historia de un grupo de gente que intenta buscar un lugar en el sol mediante el engaño y que se termina involucrando con una estafa mayor que ellos mismos. Russell dijo que vendió oro, pero para muchos y al final… un oro de tontos. De todos modos, y más allá de si su película es oro o no, estamos frente a un proyecto único. Una joya rara del cine.

Por João Rodrigues da Silva

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 ► [ESCENA]: Amy Adams y Christian Bale en una secuencia de la película de David O. Russell:

  

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 ► [DE YAPA]: Un especial sobre American Hustle:

  

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¡Buen comienzo de semana para todos! Hoy, dos consignas: 1. Los invito a dejar sus impresiones sobre American Hustle, la nueva película de David O. Russell, ¿coinciden con las apreciaciones de Joao o disienten con ellas? 2. Por otro lado, me gustaría saber cuáles fueron las recientes decepciones cinematográficas que padecieron; los leo, muchachada; ¡que tengan un excelente lunes, nos reencontramos mañana!

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—> La última vez escribió Julieta Montero sobre… HER

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[OFF TOPIC] Quería compartir con ustedes el hermoso video que hizo Carolina Torfano para la última etapa de recaudación de la película de Cinescalas; como saben, llegamos a la meta pero todavía restan catorce días para seguir sumando aportes; gracias a Caro y gracias a todos por el apoyo en este importante emprendimiento ;)

Cinescalas - La Película from Carolina Torfano on Vimeo.

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“You are nothing to me until you are everything”

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