Yo no buscaba a nadie y te vi

En Arte y lenguaje del cine, Horacio Quiroga habla del cinematógrafo como “el archivo de la vida” y agrega que “de aquí a cien mil años bastará pasar una cinta de actualidades de hoy para revivir grandes emociones, al ver moverse, reír y hablar a seres reducidos ya  a polvo por el infinito del tiempo”. Siempre me gustó esa observación, sobre todo por lo que ella implica dentro de un libro más sesudo y técnico, donde esa frase se erige como pasional y elocuente respecto del amor que el escritor tenía por el cine. Esa observación, a su vez, me condujo a pensar que si bien en este espacio continuamente estamos demostrando nuestra cinefilia de manera consciente e inconsciente, nunca nos detuvimos a pensar en ese momento de epifanía – quizás no haya uno en particular sino una suma de ellos – que, al igual que Quiroga con esa reflexión sobre el séptimo arte como herramienta para volver perennes instantes efímeros, nos hicieron sentir que como herramienta de expresión el cine es la única que puede colmarnos.

En mi caso, si bien hay circunstancias puntuales que me hicieron abrir tanto los ojos como la mente (pienso en Extraños en un tren y el plano de los anteojos, en John Wayne en Río Bravo y así hasta llegar a la actualidad con las hojas al viento filmadas por Polanski), hay películas que en su totalidad no solo me producen escalofríos por lo que disparan (por ejemplo, la noción de que si no hubiese existido determinada obra, por lógica tampoco hubieran existido muchas otras que fueron influenciadas por aquellas) sino que acudo a las mismas cuando no obtengo con asiduidad en la sala de un cine lo que obtuve entonces con ellas. Un caso es Sunset Boulevard, es Billy Wilder en toda su plenitud, es el ver a Buster Keaton en un cameo inolvidable, es ese final y todo lo que dice, es de nuevo el escalofrío que siento al pensar en Mulholland Dr. y tener en claro que Lynch nunca la hubiese concebido sin el film de Wilder, o quizás sí, pero acaso con otros disparadores. Muchas películas despertaron mi amor por el cine, pero pocas hicieron lo que esta: volverme alerta y, simultáneamente y parafraseando a Quiroga, volverme plenamente consciente de que el cine es para siempre, de que el cine, en definitiva, abre los ojos al infinito.

¿Cuál es la película que despertó su amor por el cine? ¿Hubo solo una o pueden enumerar las más importantes? ¡Comenten, cinescaleros! ¡Los leo!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!