Trainwreck: Necesito que me tengas paciencia

“I should warn you when I’m not well I can tell
Oh, there’s nothing I can do
to make this easier for you
You’re gonna need to be patient with me”

Muerto de frío en una estación de servicio, Jimmy sostiene en su mano el anillo con el que va a proponerle matrimonio a Christy. Muerto de frío y muerto de nervios. Intenta calmarse autoconvenciéndose de que puede ser un hombre confiable, de que va a resistir la tentación de aspirar esos gramos de cocaína que le quedaron en la guantera del auto y de que cinco vasos de cerveza no van a darle más cintura para manejar esa situación en la que jamás había esperado encontrarse. Christy lo observa de arriba a abajo, se detiene en sus pupilas no solo para ver si están dilatadas sino como manera de meterse dentro de su cabeza. ¿Por qué Jimmy tiembla tanto? ¿Qué hacemos en una tarde tan gris como esta en una estación de servicio? Christy piensa en todas las veces que se separaron por las adicciones de Jimmy y por su imposibilidad para comprometerse y de repente le asaltan las ganas de salir corriendo. Unos días atrás, descubría que estaba embarazada y pensaba que la única alternativa era volver al hogar. Al hogar más concreto. A los brazos de su mamá. Su mamá que está a un colectivo de distancia geográfica y a unos cuantos más de distancia emocional. Ahora quiere llorar pero él no deja de hablar y entonces se distrae. ¿Hacia dónde está yendo con este monólogo? Las piernas de Jimmy empiezan a tambalear cuando observa que Christy está en otra parte. Cuando se arrodilla y saca el anillo, su novia está girando la cabeza y dándose soplos de aire caliente en las manos para combatir la helada. Así no era cómo lo había imaginado en su cabeza. No se suponía que tenía que ser así. Se suponía que tenía que dar saltos literales de alegría. Qué carajo está pasando. Christy mira el anillo pero no reacciona. No puede. Mejor dicho: reacciona en relación a su futuro hijo. Esta vez no solo quiere correr sino que lo hace. Chau, Jimmy. Es muy tarde para esto. Jimmy piensa que es hora de agarrar esa bolsa de esa guantera o de sucumbir al alcohol. Le había prometido a Christy mantenerse sobrio. Sin embargo, su rechazo no le permite pensar con claridad. De repente, la palabra “gracia” se le mete en la cabeza para destronar a otras más oscuras. “Gracia” se dice a sí mismo. “La habilidad para aceptar el cambio”. A los segundos, sabe lo que está pasando y corre hacia su mujer. Esta pequeña escena de la vida conyugal yace – con otras palabras – en la novela Ash Wednesday de Ethan Hawke. Sucio, desprolijo, algo beat y con pretensiones bien resueltas, el relato circunda a esa pareja que, por traumas y debilidades de una de las partes, arranca y frena en un ciclo infinito, y se vuelve fría cuando los viajes en carretera que emprenden esos jóvenes les están demandando otra cosa. Un poco más de optimismo, quizás. El Sol quemándoles la cara, probablemente. Un poco más de paciencia, en definitiva. “Gracia: la habilidad para aceptar el cambio”. Hawke deja esa frase suelta, en otro párrafo, como si quisiera que se la adjudiquemos no tanto a Jimmy sino más bien a nosotros mismos. La frase está ahí, en la página 49, inmóvil, digna de una calcomanía como decía su Jesse de Before Sunset. Una frase, un mantra, un diálogo que nos queda grabado puede incidir en decisiones futuras. Siempre lo decimos: la palabra tiene un poder inconmensurable. “La monogamia no es realista” les dice Gordon Townsend (un excelente Colin Quinn) a sus pequeñas hijas Amy y Kim, en vistas de un inminente divorcio. En este preámbulo, Trainwreck expone la gestación de dos posturas ante un mismo consejo impartido. Kim opta por el libre albedrío y decide por sí misma qué es efectivamente realista (resulta que lo realista, para ella, es formar una familia) y Amy, por el contrario, opta por hacer suya la frase de su padre. Así, repite patrones de conducta, desde el ciclo de un alcohólico incipiente (que la película muestra con una mezcla de humor y respeto por la enfermedad) hasta el disfrute sexual sin consecuencias. Resulta que para ella lo realista es eso. Exactamente eso. Exactamente lo que decía su papá. “La cabeza me gana” me dijo una vez el mío. Resulta que cada vez que me siento débil vuelvo a esa frase. Resulta que tengo la teoría de que voy a parecerme a mi papá. Resulta que no tengo en cuenta un detalle: mis herramientas son otras. “Gracia: la habilidad para aceptar el cambio”.

Con el guión que escribió para la flamante película de Judd Apatow, Amy Schumer se erige como algo más que esa gran comediante de los sketchs de Comedy Central. Si bien en esa plataforma demostró que tiene un ojo agudo para las relaciones (se permite parodiar tanto el uso que hacemos de las redes sociales como peleas mundanas con un fulgurante humor negro) y para las nomenclaturas que reciben las mujeres que no se ajustan a ciertos estándares, en los episodios de Inside Amy Schumer no hay espacio para momentos de humanidad deliberados ya que el contexto es otro y la finalidad es otra. En sus sketchs, Schumer golpea desde un costado menos conmovedor, sin ninguna clase de límite para generar críticas genuinas a situaciones reconocibles, como lo puede ser la superficialidad del hombre en ciertas citas o la superficialidad de la mujer en algunas otras. Trainwreck, sin embargo, la muestra dominando todos los frentes. Por un lado, su acidez se refleja en la manera en la que aborda a Amy como personaje. Schumer no la culpa por ninguna de sus actitudes (muchas de ellas cuestionables, pero todas entendibles) sino que encuadra esos hechos con admirable nivel de detalle. Desde su lucha interna contra la fobia a que la abracen después del sexo hasta su lucha interna por comprender mejor a su sobrino y ser paciente al momento de comunicarse con él, Amy es más que ese trainwreck del título. Por lo tanto, y contrariamente a lo que se podía esperar de Schumer guionista (e incluso de Schumer actriz), el aporte más valioso que le hace al film de Apatow es el de darle tiempo a esa mujer que no sabe manejarse a otra velocidad de amoldarse a la dinámica de una pareja. La entrada en escena de Aaron Conners (el médico de las estrellas del deporte, interpretado por Bill Hader, cada vez más cómodo en situaciones más medidas), un hombre a simple vista menos “fiestero” pero igualmente capaz de generar con ella interacciones veloces e hilarantes, la hacen cuestionar esa frase inamovible (“la monogamia no es realista, Amy” – “la monogamia no es realista, papá”) pero al mismo tiempo la vuelven consciente de que, al enamorarse, puede reírse de esa veta desconocida de sí misma. “Bienvenidos a la pareja más blanca de Estados Unidos” dice en la brillante voz en off, antes del clásico muestreo de situaciones compartidas, como picnics en el parque y paseos por la rivera. Wilco, la banda elegida para un episodio clave de la película de Apatow, abre su disco Sky Blue Sky con la canción “Either Way” y la siguiente frase: “maybe the sun will shine today, the clouds will blow away, maybe I won’t feel so afraid, I will try to understand…either way”. Trainwreck muestra a esa mujer conflictuada por el temor a irse “hacia el otro lado”, a repetir viejas conductas. En síntesis: a parecerse a su papá. Schumer no solo ilustra ese miedo a partir de la relación de Amy con Aaron (a quien deja solo cuando él más la necesita, detonando el conflicto final del film) sino también a partir de la relación con su hermana (Brie Larson), a quien originalmente considera una mujer conservadora que solo busca la postal de familia feliz, pero a quien eventualmente le habla como par, como quien también se vio afectada por una infancia compleja. En lo que es una escena de no más de cinco minutos, Amy se sienta con su sobrino luego de haber perdido todo y le pregunta, visiblemente atemorizada de no poder hablar el mismo idioma, qué es lo que dibujó en el cuaderno que sostiene en sus manos. El niño le muestra un plano de su casa, y una habitación extra, “para que vos y Aaron puedan visitar a mi hermanito cuando quieran”. Los ojos de Schumer se llenan de lágrimas y la escena posterior nos conduce directamente a la clásica declaración de amor que toda comedia romántica despliega con explosiones y brillitos.

“You and I will stay together, yeah. You and I will try to make it better, yeah”. Con esa otra frase, Jeff Tweedy cierra su disco conceptual. Sin embargo, en el medio, incluye “Please Be Patient With Me”, como sabiendo que para llegar a un entendimiento, para que las piezas encajen en su lugar, hay todo un proceso, una batalla con el pasado y las mochilas, que las películas generalmente no muestran. Con Trainwreck, Amy Schumer no solo lo hace sino que logra revitalizar el cine de Apatow, dándole un mayor vuelo a los personajes (vuelo metafórico y, según el final del film, dolorosamente literal) y permitiéndose narrar la génesis de una relación pero también la génesis de todos esos temores que nos asaltan a medida que nos volvemos más grandes y que la espontaneidad para recibir un abrazo post-sexo o para decir “te amo” sale con mayor dificultad. “Let’s do some livin’, after we die”. Ethan Hawke toma esa frase de los Stones (otra vez la importancia de las frases) para abrir Ash Wednesday y resulta que creo saber lo que está presagiando. Para que Jimmy y Christy no padezcan el frío, hay que sacar de raíz el temor a fallar. Hay que ser un poco más pacientes. Así se renace [de esos "miércoles de ceniza"]. En el último plano de Trainwreck, cuando esa mujer que tanto criticó el optimismo finalmente se adhiere a éste, se percibe cómo se debería empezar a vivir después de haber sufrido una pequeña muerte: sonriendo, en el aire, y con la persona que te ama esperándote abajo, fuerte, en calma, con los brazos desplegados, lista para atajarte cuando estés cayendo al suelo. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Trainwreck:

Trainwreck Trailer from Connection III Entertainment on Vimeo.

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► [COMPILADO] 10 sketchs de Inside Amy Schumer:

Comedism - Top 10 Inside Amy Schumer Sketches (Season One) from Ross Danbruen on Vimeo.

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Hoy dejo tres consignas: 1. ¿Vieron Trainwreck? ¿Qué les pareció? Los invito a dejar un ranking de sus películas favoritas y no tan favoritas de Judd Apatow 2. Por otro lado, me gustaría que mencionen personajes “desastrosos/trainwrecks” del cine a los cuales es imposible no tenerles empatía; 3. Por último, ¿qué frase o consejo que les ha quedado grabado les gustaría mencionar en este post? Nos reencontramos mañana con un De menor a mayor de Leonardo DiCaprio; ¡los leo, como siempre! ¡que tengan un excelente día, muchachada!

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Inside Out: Hay que vivir en lo inhabitable

Ilustración gentileza de miitoonscomics.tumblr.com

“I’ll just say this: Nobody can guarantee that is going to be okay, but – and I don’t know if this will be comforting to anyone else – the possibility exists that there is a piece of corn on a floor somewhere that will make you just as confused about why you are laughing as you have ever been about why are you depressed. And even if everything still seems like hopeless bullshit, maybe is just pointless bullshit or weird bullshit or maybe not even bullshit. I don’t know. But when you’re concerned that the miserable boring wasteland in front of you might stretch all the way into forever, not knowing feels strangely hope-like” /

“Solo diré esto: nadie te puede garantizar que todo va a estar bien pero – y no sé si esto va a consolar a los demás – existe la posibilidad de que haya un grano de maíz en el piso en algún lugar que te confundirá tanto acerca de por qué te estás riendo como acerca de por qué estás depresivo. Y si todo parece ser una mierda sin salida, quizás sea una mierda sin sentido o una mierda extraña o quizás ni siquiera una mierda. No lo sé. Pero cuando estés preocupado por si el camino miserable y aburrido se extenderá hasta el infinito, pensá que el hecho de no saber se sentirá raramente esperanzador” 

Hyperbole and a Half – Allie Brosh 

En medio de una crisis depresiva, Allie Brosh comenzó a esbozar en su blog ideas preliminares de lo que luego sería su primera publicación, Hyperbole and a Half. Los bocetos no estaban ligados estrictamente a lo literario o discursivo. Brosh ilustraba sus pensamientos con la figura de un álter ego sin forma humana ni aspecto animal, pero con la indefinición como su rasgo predominante. El subtítulo de su libro es bastante revelador respecto al lugar en el que se posiciona Brosh en relación a su experiencia: “unfortunate situations, flawed coping mechanisms, mayhem and other things that happened”. En efecto, las situaciones desafortunadas, las fallas en el mecanismo de autodefensa, el Apocalipsis (microscópico) que circunda con persistencia y todas “esas otras cosas” que sucedieron en la vida de Brosh están presentadas con una cuota de catástrofe perfectamente reconocible (porque, seamos sinceros, lo que nos pasa a nosotros siempre va a ser “lo peor”). Para la autora, ser invitada a un evento social tenía el poder de convertirse en lo más cercano a un desastre en su perfectamente resguardado estado de lamento. ¿Cómo funcionar en lo social cuando hasta una reacción debe ser premeditada? ¿Cómo funcionar en lo social cuando la fluidez en la conducta ajena opera como recordatorio de nuestras imposibilidades para activar del mismo modo? En un divertido y alarmante pasaje (ambas cualidades se hermanan justamente por lo hiperbólico [y medio] del relato), Brosh describe cómo levantarse del sillón era tan complejo que debía ponerse una recompensa para que el acto deje de ser forzoso. En consecuencia, agarraba su bicicleta para ir al videoclub y alquilar una decena de películas y comprar una decena de golosinas con el propósito de volver al sillón pero habiendo adquirido una sensación nueva. Sin embargo, dicha sensación de triunfo le dura poco y el mantra “nothing can do anything to me” explota como un globo. Brosh define estos episodios poniendo como contraejemplo un estado de mantenimiento de la conducta que muchos hospedan dándolo por sentado: la motivación. “Most people can motivate themselves to do things simply by knowing that those things need to be done. But not me. For me, motivation is this horrible, scary game where I try to make myself do something while I actively avoid doing it. If I win, I have to do something I don’t want to do. And if I lose, I’m one step closer to ruining my entire life. And I never know whether I’m going to win or lose until the last second”. Es decir que, si la motivación se esfuma, si el espectro de posibilidades que surge con cada día se anula, si lo atractivo de la incertidumbre está cubierto por el desgano, no queda mucho a lo que aferrarse y el desamparo gana la pulseada. Según Brosh, aquello que la salvó de una depresión menos controlada fue la combinación del miedo y la vergüenza, una dupla totalmente arbitraria, como generalmente funcionamos todos: “They are my source of inspiration, my insurance against becoming entirely unacceptable (…) I’m still hoping that perhaps someday I’ll learn how to use willpower like a real person, but until that very unlikely day, I will confidently battle toward adequacy, wielding my crude skill set of fear and shame”. Lo que hace de su relato uno valiente, devastador pero eventualmente hilarante (Hyperbole and a Half es, ante todo, un gran cómic) es la honestidad con la que se nos expone una situación en la que probablemente muchos nos hemos encontrado y que en la película que nos ocupa – Inside Out – tiene su representación correspondiente: qué sentimiento pulsar de nuestra consola de control. Como bien muestra la reciente producción de Pixar, la consola no descansa. Cada día nos representa una dificultad o un reto respecto a qué elemento tomar para sobrellevar un episodio. Anoche, por ejemplo, tuve una pesadilla. La misma involucraba a dos personas, a dos pérdidas que sufrí recientemente. Me desperté angustiada, luego caí en la ira advirtiendo que no era la solución a nada, y finalmente traté de concentrarme en todo lo que gané este año para contrapesar esas carencias. “I have a subconscious list of rules for how reality should work. I did not develop these rules on purpose, and most of them don’t make sense” escribe Brosh y adhiero a eso. Lo que obtuve no reemplaza lo que perdí, no hay coherencia pura en mi proceder, pero quién me puede decir que mi control de la consola es el equivocado si a mí me ayuda a salir del laberinto del pensamiento. Todos tenemos esa suerte de clika de reglas para lidiar con una realidad que está siempre adelantada a nuestra forma de procesar (“reality doesn’t give a shit about my rules, and this upsets me”), con una realidad que, queramos o no, suele apurarnos, suele exigirnos lo resolutivo.

Mientras sobrellevaba otro día de autocompasión y desprotección, Allie Brosh se detuvo a mirar unos granos de maíz que habían quedado en el suelo de su cocina, sin barrer, formando una imagen grotesca que le dio cierta gracia. La autora cuenta que se empezó a reír ante ese panorama y que ése (sí, ése) fue el primer paso para pulsar la esperanza interior. Lo magistral de ese microrelato es que no alude a la esperanza desde el cliché de lo abstracto, sino que puntualiza en su concreción más aleatoria. Así como a Brosh le hizo reír algo completamente mundano, a otra persona le servirá sentarse debajo de un determinado árbol, ver a su hijo jugar en el parque o mirar una de esas decenas de películas que a Brosh, en cambio, no le funcionaron como antídoto. Que nuestra seguridad no esté garantizada, que no sepamos con certeza qué es lo que va a impulsar en nosotros la necesidad de mejorar, que no haya una sola forma de lidiar con imprevistos es (¿indiscutiblemente?) algo bueno. En la posibilidad, en el “quizás”, en el “puede ser”, en el “por ahí sí” es donde reside el inicio del cambio. Inside Out se mueve en el quizás desde el primer momento en el que su protagonista Riley abre los ojos. La incerteza de cómo se irá construyendo su vida halla su equivalente en ese mundo, en ese archipiélago en el que radican sus emociones. Lo mismo sucede cuando ella crece y, en uno de los momentos más oscuros del film, toma un colectivo para revivir sus días felices en Minnesota. A la película le interesa explorar el qué hubiese pasado si… porque le interesa la fluctuación predominante de las posibilidades. De esta manera, nos obliga a detenernos en uno de los dilemas más difíciles de resolver. ¿Qué hacer ante una situación angustiante? Porque algo hay que hacer. Así como escapar en un colectivo es una de las opciones para Riley (algo que el film muestra con opresión y una sensación de peligro quizás un tanto extrema), el quedarse en su casa y comunicarse con sus padres es otro instrumento más de un amplio espectro. Inside Out no anula mutuamente las alternativas, es consciente de la velocidad con la que el pensamiento pendula de un lado hacia otro y de cómo en pocos minutos el día puede terminar tan distinto según el veredicto que haya dado nuestra mente ante la disyuntiva.

El núcleo argumental del film – la mencionada Riley es forzada a mudarse y dejar atrás su escuela, amigos, rutina en general – es aprehendido por Pixar para ejecutar una de las mejores historias sobre (ni más ni menos que) el control. Es cierto que el cariño y contención familiar que recibe Riley desde su nacimiento es lo que posteriormente hará que su mente se incline hacia el lado de la sinceridad, pero también es cierto que no todos pueden detenerse en esos pequeños gestos de salvación (como vemos en la extraordinaria secuencia del abrazo arriba de un árbol) y que controlar el accionar requiere una voluntad que el volvernos adultos no nos garantiza. Inside Out dialoga con Toy Story 3 – a mi criterio, lo más sobresaliente de Pixar – en la forma en la que expone cómo esos granos de maíz que encontró Allie Brosh en su cocina nos acompañan como escalones de crecimiento. Un juguete nos sirve para entretenernos hasta que después nos resulta demasiado pequeño para esos nuevos huecos que hay que llenar o esas nuevas necesidades que hay que satisfacer. Y así como la metáfora de la alegría aunada con la tristeza (con la voz de una brillante Phyllis Smith) sobrevuela la totalidad de Inside Out, Bing Bong acaso sea el personaje que mejor ilustra esa sucesión de pasos que damos en vistas de madurar (“she’s so big now; she won’t fit in my rocket; how’re we gonna get to the moon?”), en vistas de advertir que lo que fue importante en un momento seguirá siéndolo mientras nos constituya como personas. Yo no recuerdo todos mis juguetes, pero sí sé que el haber pasado muchas tardes en su compañía en algún lado de mi cabeza todavía resuena, en algún lado todavía pulsa mi botón motivacional. “I remember being endlessly entertained by the adventures of my toys, I didn’t understand why it was fun for me, it just was; but as I grew older, it became harder and harder to access that expansive imaginary space that made my toys fun; I remember looking at the them feeling sort of frustrated and confused that things weren’t the same” también escribe Brosh en Hyperbole and a Half. Lo extraordinario de Inside Out es cómo sus personajes – especialmente la alegría y la tristeza – se embarcan en una odisea atravesada por viajes-dentro-de-viajes, por saltos de un espacio a otro (siendo el escenario abstracto el que revela que estamos ante un film dirigido a un público adulto), para terminar de forjarse como un parábola sobre los distintos estadios de la existencia más realista que optimista. Hace unos años y en una entrevista que formaría parte de El grano de la voz, Roland Barthes aseguraba que hay que alojarse en lo inhabitable para que el hecho de vivir sea un poco más soportable, abordable, sondable: “en esto andamos metidos, así anda el mundo y no anda bien”. Las lágrimas que brotan de los ojos de Riley cuando finalmente se permite hacer catarsis ilustran no solo esa aceptación de la tristeza sino también la seguridad de que ese duelo, en ese segundo, y con ese abrazo, va a convertirse, a futuro, en un grano de maíz que la hará reír, en un recuerdo que le permitirá salvarse quién sabe dónde, quién sabe de qué, quién sabe en qué otra etapa de su vida. ◄  

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► [ADELANTO] El trailer de Inside Out de Pete Docter:

Inside Out Movie Trailer from CinepaxCinemas on Vimeo.

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► [ESPECIAL] Las emociones en el cine de Pixar:

Emotions Of Pixar from Lindsay McCutcheon on Vimeo.

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¡BUEN MIÉRCOLES, MUCHACHADA! Para este post, tres consignas: 1. Explayarse sobre Inside Out de Pete Docter 2. Asimismo, los invito a hacer un ranking de mayor a menor de las películas de Pixar 3. Nos ponemos más personales para compartir cuáles son las emociones que sienten que los definen particularmente y cómo describirían su personalidad/carácter; ¡como siempre, los leo! Nos reencontramos el lunes con un post sobre la serie The Jinx, aunque mañana aparezco por acá con una noticia; que tengan todos un excelente fin de semana; ¡hasta entonces!

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Sus películas del año (y un video de regalo) (¡y Feliz 2015!)

Olivia: Sam, say something!

Samantha: Good…luck?

Boyhood

Este año a mi hermano le recomendé varias películas, pero especialmente estas cuatro: Boyhood, The Skeleton Twins, Before I Disappear y Mistaken for Strangers. Luego de verlas, y con un tono similar al que usa Samantha en la cita superior, me respondió: “me parece que me estás queriendo decir algo”. Conscientemente – porque no hubo nada de inconsciente en el acto – estaba necesitando que mire esas historias que, en mayor o menor medida, hablan sobre la hermandad, quizás para repensar un poco nuestra propia relación, o quizás porque todo lo que implique ver a dos hermanos sobreponerse a los conflictos toca una fibra bastante íntima (por eso la foto elegida para este post, aunque mi película del año sea otra). Con respecto a eso de tocar fibras íntimas, me es imposible hacer un repaso de todo lo que pasó en estos doce meses sin que sus propias palabras se entrecrucen con las mías, como ya había sucedido en el epílogo de Démosle un buen final a esta historia y como sucede acá todos los días. Ya saben que en el blog suelo citar mucho, que considero que hay pocas cosas tan valiosas como encontrar en palabras ajenas pensamientos propios. Sin embargo, anoche, cuando sondeaba posibles citas para este texto, no necesité recurrir a ningún libro para refrescar la memoria. Esta vez, las frases las tenía grabadas en mi cabeza. ¿Cómo podía cerrar el año de Cinescalas sin citarlos a ustedes? Y así, apareció la frase de Luján (“reúne personas que encuentran en las otras lo que necesitan en el momento”), después llegó la de Caro (“yo creo que todos los que participan de Cinescalas tenían que llegar ahí”), luego la de Anis (“es un lugar en donde hay amigos, eso es para mí el blog”), también la de Pao (“compartimos un código en común”), la de Mili (“yo lo comparo con un noviazgo”) y la analogía de Lore (“estamos todos sentados en una mesa”), entre muchas otras. Durante gran parte del año soñé con esas frases cuando, en el maratónico proceso de edición, me atormentaba la idea de no poder conectarlas de modo tal que todos los que son parte de este lugar (y no solo quienes brindaron su testimonio para el documental) se sintieran representados por ellas. Me acuerdo que luego de la proyección, en ese lunes 24 de noviembre, José se acercó justamente para decirme que muchas de esas palabras de No estás solo en esto tranquilamente podrían haber salido de su boca. Y ahí, en el momento más impensado quizás, me cayó la ficha, me cayeron las lágrimas, me cayó toda la carga emocional del año encima. Fue un año en el que recurrí más de una vez al título de mi propia película (gracias Ignacio por esas cinco palabras) para no perderme, para no hundirme. Fue un año en el que mi viejo se enfermó unos días antes de salir a filmar y empeoró unos días antes del estreno en Mar del Plata. Fue un año de choque de estados anímicos a veces tan apabullante que ese eje del que hablo siempre que aludo a Cinescalas terminó cumpliendo precisamente esa función. El blog, como en sus inicios en el 2010, volvió a salvarme.

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Recuerdo que una colega del diario, en pleno festival, me habló de la valentía que viene con el documental por añadidura. Inicialmente no identifiqué a qué se refería hasta que ella misma lo explicitó. La valentía de todos por exponerse. Me di cuenta de que si no advertí lo que estaba expresando era porque para nosotros, quienes estamos dentro de esto, exponernos es una consecuencia natural del vínculo que entablamos, independientemente de cómo pueda ser visto desde afuera. Por lo tanto, textos como el de Eternal Sunshine of the Spotless Mind o el de Boyhood implicaron un gasto de energía, sí, pero porque la carga sentimental no murió en mis palabras sino que se expandió con sus aportes. En el primero recordaron a personas que ya no son parte de sus vidas, y para el segundo buscaron fotos de su infancia, hablaron de su infancia, rememoraron su infancia. Y ahora entiendo a esa colega. No es fácil hablar de uno y ahondar en el pretérito, más aún cuando ya somos adultos y el ejercicio nostálgico puede ser doloroso. Pero ustedes lo hicieron. Lo hacen. Espero que lo sigan haciendo. Esa imagen visual que se configuró Lore del blog como una mesa ovalada blanca no podría ser más certera. Acá nos juntamos todas las noches aunque estemos físicamente en distintos puntos (como Ezequiel capturó en el afiche del documental). Algunos se levantan sin saludar y otros se despiden hasta el día siguiente. Hay una charla que nos unifica y otras subcharlas que entablan algunos en un rincón. Hay quienes vuelven después de un largo tiempo y otros que llegan por primera vez. Como sea, hay algo, pasan cosas, ustedes ponen esto en movimiento y, por extensión, hacen lo mismo conmigo. Por ende, y con la misma precisión que Samantha, les deseo suerte para este nuevo año. Porque, como Samantha, me quedo sin palabras ante todo lo que este espacio me trajo. Y volviendo a las citas, Gise dice algo así en el documental: “vos tenés la pasión a un nivel y cuando la empezás a compartir con los demás se te potencia”. El verbo compartir me lleva indefectiblemente a Lester Bangs y a ese llamado telefónico nocturno. Creo que Cinescalas muchas veces es eso para mí: el número al que acudo cuando necesito decir algo. Gracias por siempre levantar el tubo, gracias por hacer que mis palabras no se pierdan. ♦

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MI TOP TEN DE PELÍCULAS DEL AÑO (y tres yapas):

 ► 1. BOYHOOD (Richard Linklater)

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► 2. THE WOLF OF WALL STREET (Martin Scorsese)

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► 3. LA VIDA DE ADÈLE (Abdellatif Kechiche)

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► 4. INSIDE LLEWYN DAVIS (Joel y Ethan Coen)

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► 5. SHORT TERM 12 (Destin Daniel Cretton)

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► 6. TOM À LA FERME (Xavier Dolan)

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► 7. UNDER THE SKIN (Jonathan Glazer)

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► 8. GOD HELP THE GIRL (Stuart Murdoch)

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► 9. VI ÂR BÂST!/WE ARE THE BEST! (Lukas Moodysson)

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► 10. STOCKHOLM (Rodrigo Sorogoyen)

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► *MENCIÓN ESPECIAL DEL AÑO: 22 JUMP STREET (Phil Lord y Christopher Miller)

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► *MEJOR DOCUMENTAL DEL AÑO: MISTAKEN FOR STRANGERS (Tom Berninger)

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► *MEJOR PELÍCULA DE OTRO AÑO QUE DESCUBRÍ ESTE AÑO: WEEKEND (Andrew Haigh)

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► [VIDEO DE REGALO] SUS PELÍCULAS DEL 2014: Como ya es tradición, les dejo el video de fin de año donde aparece gran parte de la comunidad reflejando la diversidad de gustos que hay en este espacio; muchísimas gracias a todos los que enviaron su foto y se tomaron el tiempo para producir(se) y otro gracias enorme a Matias Aimar quien me ayudó con la edición del video con extrema paciencia; este es mi regalo de fin de año para todos ustedes, espero les guste, agranden la pantalla, pónganse los auriculares y just push play:

Cinescalas - Video Fin de año 2014 from lanacion.com on Vimeo.

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► [VIDEO DE YAPA] Como siempre, les dejo el gran repaso que hace David Ehrlich de todo el cine visto en el año; nuevamente hago la salvedad de que uno podrá coincidir o disentir con su ranking, pero el trabajo de edición es increíble y de paso les cuento que todas las canciones que se escuchan en el video sonaron en películas de este 2014; esto es brillante:

THE 25 BEST FILMS OF 2014: A VIDEO COUNTDOWN from david Ehrlich on Vimeo.

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► [IN MEMORIAM] El emotivo homenaje de TCM a todos los artistas que perdimos en este 2014 (a no olvidarlos) :

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¡BUEN DÍA PARA TODOS! Ya saben qué hacer en este post: dejar sus Top Ten de películas del año y todas las yapas que quieran (documentales, decepciones, peores películas, etc.); muchísimas gracias por acompañarme en el que fue, sin dudas, el año más especial de CINESCALAS; yo me voy a tomar todo el mes de enero de vacaciones (volveremos oficialmente el lunes 2 de febrero) pero, como no podía ser de otra manera, les dejaré tres Open Post para que charlemos: uno el domingo 11 por la entrega de los Globos de Oro, otro el jueves 15 por las nominaciones al Oscar y el último a definir; sin más que agregar, les digo que se los extrañará en las próximas semanas y les deseo que tengan un excelente 2015; ¡hasta pronto! ;)

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¡FELIZ 2015, MUCHACHADA!

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