No te mueras nunca

En la cena posterior a la proyección de No estás solo en esto en la UNA surgieron prolongados debates cinéfilos – uno de ellos vinculado al film analizado en el post de ayer, Aloha -, entre los cuales se coló el interrogante que planteo en la consigna de hoy. Fito preguntó cuáles son los directores imprescindibles en la vida de uno, aquellos a los que les deseamos la inmortalidad. Nadie dudó en sus respuestas porque todos, fieles a esa rabiosa cinefilia, tenemos bien presente al realizador que nos inspira, a aquel cuya nueva película esperamos con las expectativas completamente enceguecidas por la admiración. La pregunta de esa cena, a su vez, me recordó a un capítulo de una serie televisiva noventosa llamada Once and Again. Karen, una de las protagonistas, asiste a una sesión de terapia en medio de una crisis depresiva. Su psicólogo le solicita que haga el ejercicio de anotar cuáles son aquellas cosas por las cuales decide levantarse a la mañana, como forma de recordatorio de lo emocionante e impredecible que puede ser encarar una nueva jornada. Luego de mencionar a sus hijos y a sus amigos, Karen escribe que una de las motivaciones que tiene para vencer el desánimo es el estreno asegurado de un film de Woody Allen (“a Woody Allen movie, even if it’s bad” anota en su diario). No recuerdo muchas otras escenas de esa serie pero esa siempre me quedó presente desde la adolescencia y supongo/creo/estoy segura de que la razón detrás de esa memoria arbitraria es porque tanto en mis dieciocho años como en mis treinta y dos me sigue pasando lo mismo que a Karen: las películas son, sin dudas, una razón tan válida como cualquier otra para sentirme viva. Por lo tanto, mi respuesta a la pregunta de Fito es unívoca. Mi respuesta es Richard Linklater. Curiosamente (o no), quisiera volver inmortal a alguien que alude al tópico del tiempo en toda su filmografía, a alguien capaz de hacer eterna una relación, a alguien que quiebra cada vez con mayor fuerza y poder de invención las limitaciones y/o cánones cinematográficos. “You cannot conquer time” dice Jesse en Before Sunrise citando a W. H. Auden pero yo, desde mi humilde posición, quisiera que Linklater pueda hacerlo. ♦ 

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► [COMPILADO] De Slacker a Boyhood: la fotografía en el cine de Richard Linklater:

Press Play VIDEO ESSAY: From Slacker to Boyhood: Cinematography in the films of Richard Linklater from Nelson Carvajal on Vimeo.

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► [AUDIO]  Richard Linklater explica cómo fue que descubrió el cine y su pasión por filmar:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODA LA MUCHACHADA! Hoy la consigna es mencionar a esos directores que nos gustaría que fueran eternos y a aquellos que nos gustaría traer de vuelta; nos reencontramos mañana en los jueves de balance para elegir los mejores personajes del cine del año y para debatir Tangerine de Sean Baker; ¡hasta entonces! ¡los leo! PD. El post de este jueves lo voy a subir durante la mañana, por algunos temitas familiares; ¡gracias por la paciencia!

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Deathmatch: Películas de Richard Linklater

*Deathmatch propuesto por: Te Huel

En una oficina, con voz temblorosa y el teléfono en la mano, le dije: “Hay una frase en Fast Food Nation que me quedó grabada: ‘Soy feliz con lo que estoy haciendo, pero soy aún más feliz con lo que no estoy haciendo’”. Del otro lado, él me respondió: “Esa frase es clave, todos llegamos a una situación en la que no somos felices y en la que nos preguntamos qué es lo que realmente queremos”. ¿Recuerdan cuando en el post del viernes mencioné que mi vida hasta el momento no estuvo dotada de sucesos extraordinarios? Bueno, bajo mi perspectiva, esa conversación telefónica con Richard Linklater en el mes de septiembre de 2008 fue, a su manera, un hecho fuera de lo común. Recuerdo que me fue imposible abordar todos las temáticas que me interesaban porque, ya lo sabemos, estamos lidiando con un director que hizo películas totalmente disímiles, desde Rebeldes y confundidos, pasando por Tape, Escuela de Rock, nuestro querido tríptico Antes del amanecer/atardecer/anochecer, hasta la más reciente (y brillante) Bernie, con muchos otros proyectos en el medio. Sin embargo, él lo dijo: “Estoy interesado en muchísimas cuestiones, así funciona mi cabeza, por eso nunca me limito a un género ni me digo a mí mismo ‘Esto lo hago bien’ o ‘Esto no lo hago bien’”. Linklater es un director libre y, en relación a esto y a pesar de que cueste trazar paralelismos entre todos sus films, hay algo casi irrefutable: cada uno de ellos hablan del uso que hace el individuo de la libertad y de lo efímero que puede ser todo. La libertad de subirse al escenario a cantar con un grupo de chicos o la libertad para darse una segunda oportunidad, también rodeado de chicos, pero ahora en un campo de béisbol. “Me alegra que estés haciendo algo por los demás. Mucha gente, incluido yo mismo, solo se sienta y se queja” le dice Jesse a Celine y acá llegamos no solo a mi elección de hoy (Antes del atardecer, por las razones que ya conocen) sino también al corazón del cine de Linklater. El corazón es el tiempo. El tiempo y cómo todos intentamos no sucumbir a su faz más opresiva. El tiempo y cómo intentamos ponerlo de nuestro lado, en el lugar correcto y para obtener lo más difícil. Sí, eso de lo que habla Ethan Hawke en Fast Food Nation: la felicidad.

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► Una imperdible charla con Richard Linklater:

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Para los ansiosos: entrevista con Linkater, Ethan Hawke y Julie Delpy a propósito de Before Midnight:

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¿Cuál es su película favorita de Richard Linklater? Dejen sus aportes en los comentarios y, de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡gracias a todos! ¡Buen jueves!

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DEATHMATCH WINNER: BEFORE SUNSET

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La última vez enfrentamos a… TODOS LOS PERSONAJES DE WES ANDERSON

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La escena del día: Antes del amanecer / Antes del atardecer

“It’s like our time together is just ours, it’s our own creation; it’s like i’m in your dream and you are in mine”

Cuando una película, una canción, un libro pareciera que está hablando por uno, que está metiéndose en nuestra mente, escudriñando y reflejando a su manera lo que yace ahí dentro, la sensación es extraña. Dan ganas de asentir con la cabeza ante cada frase y se modifican las pulsaciones. Al menos a mí me sucede eso. Es raro, pero es como si me hirviera la sangre y, al mismo tiempo, yo quedara helada. Porque no pasa seguido. La saga de Richard Linklater (sobre cuya tercera parte ya concluida, Before Midnight, recuerdo haberle preguntado al director en una entrevista, cinco años atrás) se ha convertido en un reflejo de mis pensamientos, de mis cuestionamientos, de mis sensaciones, de modo tal que me es imposible escribir sobre ella sin escribir sobre mí misma. De hecho, ahí arriba está Celine, custodiando mis palabras en este espacio. Celine y sus palabras fueron motivo de escritura en este post, luego me condujeron a hacer este otro, e incluso en otro blog desmenucé sus orígenes, sus efectos. Pero acá estoy de nuevo, impulsada por esa primera imagen de Before Midnight que se dio a conocer recientemente. Como dos veces estuve en Paris, evocando el reencuentro entre ella y Jesse, intentando hacer el mismo recorrido, metiéndome literalmente dentro de una escena de película. Pero lo paradójico es que las pequeñas obras concebidas por Linklater/Delpy/Hawke son más reales de lo que una película de amor puede resistir. Sí, claro, uno ve ese eterno plano secuencia y eso es cine, es Truffaut, es un homenaje a la nouvelle vague. Pero ese homenaje no hubiese trascendido si no se nos estuviera hablando sobre (tantos y tan verdaderos) sentimientos universales. Porque acá la identificación, incluso, va más allá de la conexión entre los protagonistas (cada cual tuvo/tiene/tendrá la suya), es una identificación vinculada al tiempo y a los contrastes. La generación de los 20, temeraria y despreocupada, versus la generación de los 30, más consciente de lo perdido e ¿irrecuperable? (“what is lost is lost”).

En Antes del atardecer Jesse le pregunta a Celine por qué no intercambiaron teléfonos nueve años atrás. “Porque éramos jóvenes y estúpidos” responde ella. El tiempo, como en la cita de Auden de la primera parte (“you cannot conquer time”) puede evaporar lazos como puede sostenerlos, volverlos más fuertes. El tiempo es, sabemos, un arma de doble filo. Por algo ella no avanza y por algo él solo avanza cuando sueña, curiosamente, con ella avanzando (en un tren en movimiento). Ambos se quedaron detenidos en el tiempo. Ella lo expresó con la música (un vals), él lo expresó con la escritura (un libro). “Siempre me interesó escribir una novela que transcurriera en el lapso de una canción”, cuenta Jesse. Eso me recordó a Alex Turner y su brillante frase “I poured my aching heart into a pop song”. El sentimiento debe ser canalizado por alguna parte. Las cosas hay que volcarlas, ponerlas en palabras para que todo se vuelva más real. Por eso, el final (momentáneo) de esta saga es preciso. Nina Simone canta “Just in Time”, Celine baila, Jesse la observa y en el medio está la magia. “Siempre pensé que si existiese un Dios, éste no estaría ni en vos ni en mí sino en el espacio entre los dos”, medita Celine en voz alta en la primera película. En la segunda, quizás consciente, quizás no, Linklater y compañía logran que eso cobre vida en una escena de la cual formamos parte, la cual parece seguir ahí, sucediendo. Para mí, al menos, ella continúa bailando y él contemplándola, con el tiempo suspendido, con el tiempo de su lado.

*1. Miren esta escena de Antes del amanecer:

*2. Miren esta escena de Antes del atardecer:

*De yapa: uno de mis bienes más preciados: el guión de ambas películas adquirido en Shakespeare and Co.:

*OTRA YAPA: Algunas canciones que suenan en ambas películas:

Before Sunrise & Sunset by Milagros Amondaray on Grooveshark

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 Los invito a explayarse tranquilos sobre Antes del amanecer y Antes del atardecer; ¿Qué expectativas tienen respecto a Before Midnight?; de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡Gracias a todos! ¡Buen jueves!

(Mañana se me hará imposible postear, así que nos reencontramos el lunes, gracias por la paciencia de siempre)

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