London Day: Babasonicos

“Buscando la madrugada, climatizada…”

Post dedicado a Giselle y su comprensión por el fanatismo

Allá lejos y hace tiempo tenía un fotolog (sí, sí, no digan nada). Recuerdo en una de las entradas poner una foto de Mariano Roger con la letra de “Tóxica”. Un par de años después, el viento me pegaba en la cara en Club Ciudad cuando él la cantaba y yo, bastante lejos, sentía como se me ponía la piel de gallina y cómo me ganaba la curiosidad de querer indagar más en esa canción, en querer indagar más en otras de las mejores canciones de Babasonicos. Qué podía imaginarme yo que, otros años después más, iba a estar en un show de la banda en Brixton tan íntimo que no pude contar más de cien personas. Qué podía imaginarme yo que iba a poder sentarme a hablar con Mariano no solo para pasarle factura (“Podrías cantar ‘Tóxica’ más seguido”) sino para que me cuente un poco acerca de cómo es eso de tocar frente a tan poca gente y nada menos que en el lugar donde mezclaron ese gran disco llamado Mucho.

El show – con setlist idéntico al de Paris que compartieron, entre otros, con Tan Bionica – mostró una de las dos caras de la moneda de Babasonicos, esa de los hits contundentes (“Putita”, “¿Y qué?”, “Microdancing”, “Irresponsables”, “Yegua”, etc.), porque el marco no ameritaba otra cosa que no fuera el festejo. Así fue cómo quedaron a un lado esas baladas de Adrián tan Leonardo Favio, tan Sandro, ese as bajo la manga, esa seducción más sutil y transparente, menos cachonda y más romántica. “Podrían tocar ‘Bien’ alguna vez, Mariano”, le dije, pensando en Pasto. Pero a los minutos, Roger estaba agarrando la guitarra para sucumbir a los estribillos pegadizos de las flamantes “Ideas” y “Deshoras”. Porque eso también es Babasonicos. La hipérbole, los adjetivos desmesurados, la canción que nos lleva lejos, el pegoteo de frases hechas a la medida de la celebración, a la medida del trance.

Mirá la entrevista a Mariano Roger de Babasonicos + imágenes del show de la banda en Brixton (desde ya, disculpas por ciertos problemas de sonido en la nota, el lugar no ayudaba a optimizarlo):

—————> Fotos y video por Fausto Torelli

¿Cuáles son esas canciones que los ponen de buen humor? Sí, esas que cantan en la ducha o que los remiten a una gran fiesta (popular); ¡Comenten!

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Esta noche es para los dos

“When I can’t sleep at night, I replay you in my head”

“Pusiste la mirada por algún lugar, algo fuera de mi alcance; de lejos me hiciste la seña de algo confuso, lo que los dos suponemos. Perdamos algo juntos, por lo menos ya y festejemos el acuerdo. Pasa que sos tan hermosa y yo estoy hechizado y esto no tiene remedio”.

Ningún personaje dice eso en Last Night – esas palabras salieron de la cabeza de Adrián Dárgelos -, pero bien podrían haberlo hecho. La película de la realizadora Massy Tadjedin muestra el transcurso de dos noches de modo paralelo. Los protagonistas de esas historias nocturnas son Joanna (Keira Knightley) y Michael (Sam Worthington), los miembros de un matrimonio plácido pero carente de intensidad. Por un lado, Michael debe pasar una noche fuera de su casa en una reunión de negocios, remando contra la atracción que le genera Laura (Eva Mendes), su compañera de trabajo. Por el otro, Joanna lucha contra la desconfianza que le provoca el evidente deseo de su marido hacia esa mujer voluptuosa y vehemente. Sin embargo, el destino le pone en su camino, de manera literal, a Alex (Guillaume Canet), su ex pareja, un hombre que se muestra como lo contrario a su esposo: espontáneo, cálido pero pasional, la única persona que parece capaz de generarle a esa frágil, encantadora y bella mujer un tormento irresistible.

Tadjadin filma ambas noches con el mismo patrón: las miradas que sugieren todo aquello que las palabras no pueden, el roce de los cuerpos y, sobre todo, la infructuosa tarea de elegir un camino que le huya a ese palpitar constante. Sin embargo, es la noche de Joanna y Alex la que resulta más interesante porque es donde hay mayor profundidad emocional. Así como la otra cara de la moneda es el deseo sexual liso y llano entre Michael y Laura, la primera pareja muestra el costado más sentimental, punto en el que la película se destaca. Cuando Knightley y Canet se miran, se sonríen, toman de sus respectivas copas o van en taxi observándose como sin quererlo, las ganas de penetrarse van más allá de un mero acto sexual. Tadjadin los observa como a dos amantes que no pudieron olvidarse con el correr de los años, que no necesitaron de más de dos segundos para reactivar esa chispa tan infrecuente.

Una vez que los manierismos despreocupados (esos que buscan disfrazar el asombro ante el reencuentro) dan lugar a la verdad, los rostros de Knigthley y Canet evocan eso que sucede cuando algo no se supera. Hay todo un pasado, hay demasiada historia en ese choque, que ni la novia de él ni el marido de ella podrían llegar a reemplazar nunca. El problema llega cuando llega el momento de lucidez y esos amantes se miran con dolor ante la realidad y ante el “what if…”, sin evitar reflexionar sobre cómo el timing a veces lo es todo. Los caminos pautados siguen su curso, pie detrás de pie, como si nada hubiese sucedido. La mente sobre la almohada, por el contrario, dice que es imposible olvidar…que donde hay un “nosotros” construido en el tiempo, hay también una llama que espera el instante para resurgir.

¿Qué películas sobre triángulos amorosos e infidelidades podrían sumar a este post? ¡Comenten!

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