Inside Out: Hay que vivir en lo inhabitable

Ilustración gentileza de miitoonscomics.tumblr.com

“I’ll just say this: Nobody can guarantee that is going to be okay, but – and I don’t know if this will be comforting to anyone else – the possibility exists that there is a piece of corn on a floor somewhere that will make you just as confused about why you are laughing as you have ever been about why are you depressed. And even if everything still seems like hopeless bullshit, maybe is just pointless bullshit or weird bullshit or maybe not even bullshit. I don’t know. But when you’re concerned that the miserable boring wasteland in front of you might stretch all the way into forever, not knowing feels strangely hope-like” /

“Solo diré esto: nadie te puede garantizar que todo va a estar bien pero – y no sé si esto va a consolar a los demás – existe la posibilidad de que haya un grano de maíz en el piso en algún lugar que te confundirá tanto acerca de por qué te estás riendo como acerca de por qué estás depresivo. Y si todo parece ser una mierda sin salida, quizás sea una mierda sin sentido o una mierda extraña o quizás ni siquiera una mierda. No lo sé. Pero cuando estés preocupado por si el camino miserable y aburrido se extenderá hasta el infinito, pensá que el hecho de no saber se sentirá raramente esperanzador” 

Hyperbole and a Half – Allie Brosh 

En medio de una crisis depresiva, Allie Brosh comenzó a esbozar en su blog ideas preliminares de lo que luego sería su primera publicación, Hyperbole and a Half. Los bocetos no estaban ligados estrictamente a lo literario o discursivo. Brosh ilustraba sus pensamientos con la figura de un álter ego sin forma humana ni aspecto animal, pero con la indefinición como su rasgo predominante. El subtítulo de su libro es bastante revelador respecto al lugar en el que se posiciona Brosh en relación a su experiencia: “unfortunate situations, flawed coping mechanisms, mayhem and other things that happened”. En efecto, las situaciones desafortunadas, las fallas en el mecanismo de autodefensa, el Apocalipsis (microscópico) que circunda con persistencia y todas “esas otras cosas” que sucedieron en la vida de Brosh están presentadas con una cuota de catástrofe perfectamente reconocible (porque, seamos sinceros, lo que nos pasa a nosotros siempre va a ser “lo peor”). Para la autora, ser invitada a un evento social tenía el poder de convertirse en lo más cercano a un desastre en su perfectamente resguardado estado de lamento. ¿Cómo funcionar en lo social cuando hasta una reacción debe ser premeditada? ¿Cómo funcionar en lo social cuando la fluidez en la conducta ajena opera como recordatorio de nuestras imposibilidades para activar del mismo modo? En un divertido y alarmante pasaje (ambas cualidades se hermanan justamente por lo hiperbólico [y medio] del relato), Brosh describe cómo levantarse del sillón era tan complejo que debía ponerse una recompensa para que el acto deje de ser forzoso. En consecuencia, agarraba su bicicleta para ir al videoclub y alquilar una decena de películas y comprar una decena de golosinas con el propósito de volver al sillón pero habiendo adquirido una sensación nueva. Sin embargo, dicha sensación de triunfo le dura poco y el mantra “nothing can do anything to me” explota como un globo. Brosh define estos episodios poniendo como contraejemplo un estado de mantenimiento de la conducta que muchos hospedan dándolo por sentado: la motivación. “Most people can motivate themselves to do things simply by knowing that those things need to be done. But not me. For me, motivation is this horrible, scary game where I try to make myself do something while I actively avoid doing it. If I win, I have to do something I don’t want to do. And if I lose, I’m one step closer to ruining my entire life. And I never know whether I’m going to win or lose until the last second”. Es decir que, si la motivación se esfuma, si el espectro de posibilidades que surge con cada día se anula, si lo atractivo de la incertidumbre está cubierto por el desgano, no queda mucho a lo que aferrarse y el desamparo gana la pulseada. Según Brosh, aquello que la salvó de una depresión menos controlada fue la combinación del miedo y la vergüenza, una dupla totalmente arbitraria, como generalmente funcionamos todos: “They are my source of inspiration, my insurance against becoming entirely unacceptable (…) I’m still hoping that perhaps someday I’ll learn how to use willpower like a real person, but until that very unlikely day, I will confidently battle toward adequacy, wielding my crude skill set of fear and shame”. Lo que hace de su relato uno valiente, devastador pero eventualmente hilarante (Hyperbole and a Half es, ante todo, un gran cómic) es la honestidad con la que se nos expone una situación en la que probablemente muchos nos hemos encontrado y que en la película que nos ocupa – Inside Out – tiene su representación correspondiente: qué sentimiento pulsar de nuestra consola de control. Como bien muestra la reciente producción de Pixar, la consola no descansa. Cada día nos representa una dificultad o un reto respecto a qué elemento tomar para sobrellevar un episodio. Anoche, por ejemplo, tuve una pesadilla. La misma involucraba a dos personas, a dos pérdidas que sufrí recientemente. Me desperté angustiada, luego caí en la ira advirtiendo que no era la solución a nada, y finalmente traté de concentrarme en todo lo que gané este año para contrapesar esas carencias. “I have a subconscious list of rules for how reality should work. I did not develop these rules on purpose, and most of them don’t make sense” escribe Brosh y adhiero a eso. Lo que obtuve no reemplaza lo que perdí, no hay coherencia pura en mi proceder, pero quién me puede decir que mi control de la consola es el equivocado si a mí me ayuda a salir del laberinto del pensamiento. Todos tenemos esa suerte de clika de reglas para lidiar con una realidad que está siempre adelantada a nuestra forma de procesar (“reality doesn’t give a shit about my rules, and this upsets me”), con una realidad que, queramos o no, suele apurarnos, suele exigirnos lo resolutivo.

Mientras sobrellevaba otro día de autocompasión y desprotección, Allie Brosh se detuvo a mirar unos granos de maíz que habían quedado en el suelo de su cocina, sin barrer, formando una imagen grotesca que le dio cierta gracia. La autora cuenta que se empezó a reír ante ese panorama y que ése (sí, ése) fue el primer paso para pulsar la esperanza interior. Lo magistral de ese microrelato es que no alude a la esperanza desde el cliché de lo abstracto, sino que puntualiza en su concreción más aleatoria. Así como a Brosh le hizo reír algo completamente mundano, a otra persona le servirá sentarse debajo de un determinado árbol, ver a su hijo jugar en el parque o mirar una de esas decenas de películas que a Brosh, en cambio, no le funcionaron como antídoto. Que nuestra seguridad no esté garantizada, que no sepamos con certeza qué es lo que va a impulsar en nosotros la necesidad de mejorar, que no haya una sola forma de lidiar con imprevistos es (¿indiscutiblemente?) algo bueno. En la posibilidad, en el “quizás”, en el “puede ser”, en el “por ahí sí” es donde reside el inicio del cambio. Inside Out se mueve en el quizás desde el primer momento en el que su protagonista Riley abre los ojos. La incerteza de cómo se irá construyendo su vida halla su equivalente en ese mundo, en ese archipiélago en el que radican sus emociones. Lo mismo sucede cuando ella crece y, en uno de los momentos más oscuros del film, toma un colectivo para revivir sus días felices en Minnesota. A la película le interesa explorar el qué hubiese pasado si… porque le interesa la fluctuación predominante de las posibilidades. De esta manera, nos obliga a detenernos en uno de los dilemas más difíciles de resolver. ¿Qué hacer ante una situación angustiante? Porque algo hay que hacer. Así como escapar en un colectivo es una de las opciones para Riley (algo que el film muestra con opresión y una sensación de peligro quizás un tanto extrema), el quedarse en su casa y comunicarse con sus padres es otro instrumento más de un amplio espectro. Inside Out no anula mutuamente las alternativas, es consciente de la velocidad con la que el pensamiento pendula de un lado hacia otro y de cómo en pocos minutos el día puede terminar tan distinto según el veredicto que haya dado nuestra mente ante la disyuntiva.

El núcleo argumental del film – la mencionada Riley es forzada a mudarse y dejar atrás su escuela, amigos, rutina en general – es aprehendido por Pixar para ejecutar una de las mejores historias sobre (ni más ni menos que) el control. Es cierto que el cariño y contención familiar que recibe Riley desde su nacimiento es lo que posteriormente hará que su mente se incline hacia el lado de la sinceridad, pero también es cierto que no todos pueden detenerse en esos pequeños gestos de salvación (como vemos en la extraordinaria secuencia del abrazo arriba de un árbol) y que controlar el accionar requiere una voluntad que el volvernos adultos no nos garantiza. Inside Out dialoga con Toy Story 3 – a mi criterio, lo más sobresaliente de Pixar – en la forma en la que expone cómo esos granos de maíz que encontró Allie Brosh en su cocina nos acompañan como escalones de crecimiento. Un juguete nos sirve para entretenernos hasta que después nos resulta demasiado pequeño para esos nuevos huecos que hay que llenar o esas nuevas necesidades que hay que satisfacer. Y así como la metáfora de la alegría aunada con la tristeza (con la voz de una brillante Phyllis Smith) sobrevuela la totalidad de Inside Out, Bing Bong acaso sea el personaje que mejor ilustra esa sucesión de pasos que damos en vistas de madurar (“she’s so big now; she won’t fit in my rocket; how’re we gonna get to the moon?”), en vistas de advertir que lo que fue importante en un momento seguirá siéndolo mientras nos constituya como personas. Yo no recuerdo todos mis juguetes, pero sí sé que el haber pasado muchas tardes en su compañía en algún lado de mi cabeza todavía resuena, en algún lado todavía pulsa mi botón motivacional. “I remember being endlessly entertained by the adventures of my toys, I didn’t understand why it was fun for me, it just was; but as I grew older, it became harder and harder to access that expansive imaginary space that made my toys fun; I remember looking at the them feeling sort of frustrated and confused that things weren’t the same” también escribe Brosh en Hyperbole and a Half. Lo extraordinario de Inside Out es cómo sus personajes – especialmente la alegría y la tristeza – se embarcan en una odisea atravesada por viajes-dentro-de-viajes, por saltos de un espacio a otro (siendo el escenario abstracto el que revela que estamos ante un film dirigido a un público adulto), para terminar de forjarse como un parábola sobre los distintos estadios de la existencia más realista que optimista. Hace unos años y en una entrevista que formaría parte de El grano de la voz, Roland Barthes aseguraba que hay que alojarse en lo inhabitable para que el hecho de vivir sea un poco más soportable, abordable, sondable: “en esto andamos metidos, así anda el mundo y no anda bien”. Las lágrimas que brotan de los ojos de Riley cuando finalmente se permite hacer catarsis ilustran no solo esa aceptación de la tristeza sino también la seguridad de que ese duelo, en ese segundo, y con ese abrazo, va a convertirse, a futuro, en un grano de maíz que la hará reír, en un recuerdo que le permitirá salvarse quién sabe dónde, quién sabe de qué, quién sabe en qué otra etapa de su vida. ◄  

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► [ADELANTO] El trailer de Inside Out de Pete Docter:

Inside Out Movie Trailer from CinepaxCinemas on Vimeo.

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► [ESPECIAL] Las emociones en el cine de Pixar:

Emotions Of Pixar from Lindsay McCutcheon on Vimeo.

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¡BUEN MIÉRCOLES, MUCHACHADA! Para este post, tres consignas: 1. Explayarse sobre Inside Out de Pete Docter 2. Asimismo, los invito a hacer un ranking de mayor a menor de las películas de Pixar 3. Nos ponemos más personales para compartir cuáles son las emociones que sienten que los definen particularmente y cómo describirían su personalidad/carácter; ¡como siempre, los leo! Nos reencontramos el lunes con un post sobre la serie The Jinx, aunque mañana aparezco por acá con una noticia; que tengan todos un excelente fin de semana; ¡hasta entonces!

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Dicen por ahí…

La cosa fue así: en este post, Julieta (a.k.a. Gallegamdq) compartió un dato sobre una actriz de El diablo viste a la moda y Roman Polanski. A ese post le sucedió el de Kristen Stewart, donde inevitablemente caímos en la tentación de hablar sobre su escándalo con el director de Blancanieves y el cazador, Rupert Sanders. Para los que no están al tanto: la actriz tuvo un affaire (!) con el realizador (casado con hijos) que las cámaras lograron captar y así se disolvió su relación con Robert Pattinson, dejando devastados a los fanáticos de Crepúsculo (no, en serio). Ese mismo día en el que hablamos sobre Kristen, Claudia, Nicolás y Paola pensaron que sería una buena idea armar un post como el de “¿Sabías que…?” (en el que intercambiamos anécdotas cinéfilas, que no se pueden releer porque sigue habiendo problemas con los comentarios viejos), pero ahora con chimentos, gossip, rumores, como quieran llamarlos. Yo empiezo con mi aporte, que tiene que ver con el divorcio de esos dos grandes de la comedia contemporánea que ven ahí arriba: Amy Poehler y Will Arnett. Luego de nueve años juntos, y supuestamente “en buenos términos”, decidieron concluir su matrimonio, uno de los más queridos a nivel personal (sí, me encariño con romances del cine/series, qué se le va a hacer). Obviamente que los tabloides (!!), al enterarse de esta noticia, intentaron determinar el motivo de la misma, y las especulaciones van desde que él no pudo soportar el crecimiento profesional de ella hasta que tuvo un romance con Christina Applegate que ella no pudo perdonarle. Creer o reventar. El día que Joshua Jackson y Diane Kruger terminen su relación, voy a deprimirme seriamente. Sí, creo que Claudia, Nico y Paola tenían razón, y que al blog le venía bien un post de este estilo, como para descomprimir tanta descarga emocional de las semanas previas. Ahora sí, el resto de los chismes del cine (de ayer y de hoy) los dejo todos en sus manos. A ver qué me cuentan…

*1. Amy Poehler en Parks and Recreation:

*2. Will Arnett en Arrested Development:

*3. Amy y Will en Blades of Glory:

Simple y claro: los invito a contar chismes del cine, esos datos, rumores y anécdotas que nuestra mente acumula aunque no queramos; como siempre, leo sus comentarios, ¡que tengan un excelente día!

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