Whatever people say I am, that’s what I am not

Hoy en Cinescalas escribe: Carolina Torfano

Ver una y otra vez una película, leer una y otra vez un libro, un párrafo, un texto o incluso una frase que te gusta mucho. Escuchar una y otra vez esa canción, o volver a darle play a ese disco que te cambió la vida. “¿Por qué volvés a ver una película que ya viste?”  es una pregunta que me hacen con mucha frecuencia, y yo suelo devolverla preguntando por qué siempre escuchás la misma banda. A veces las personas se olvidan de los distintos efectos que tienen las cosas, o no entienden lo que esa película puede significar para mí, y por qué en realidad no me importa ya saber qué es lo que va a pasar… Cada vez que la vuelvo a ver el factor sorpresa es lo que me va a hacer sentir, lo que me va a hacer pensar esa vez.

Ver una y otra vez esa película de la cual por ahí no te acordás cuándo la viste por primera vez, ni dónde, ni con quién, ni por qué….pero la viste, se presentó de alguna forma y nunca más fue lo mismo. Todo esto me sucedió muchas veces, y es algo que me gusta que me pase: volverme a encontrarme con aquellas cosas. A veces uno las busca porque son una especie de refugio, un escape o porque son un cable a tierra; y otras veces, aparecen solas sin ser buscadas, y parece que lo hacen en el momento preciso, como cuando (y disculpen que haga analogías baratas) te encontrás con una persona que no ves hace mucho tiempo, o como cuando volvés a un lugar que te trae muchos recuerdos y que hacía mucho que no visitabas, o como cuando encontrás esa remera que te encantaba y que la usaste tanto que guarda grandes anécdotas…y por ahí ya se te había desdibujado la cara de esa persona, o ese lugar ya no estaba en tu ruta cotidiana, o ya ni te acordabas que tenías esa remera… pero aparece y va justo para ese momento, te la ponés, y eso te hace sentir bien. Así que, ya sea intencionalmente o no, encontrarme con esas cosas me hace bien. ¿Por qué? Porque puedo volver a recordar y a sentir de nuevo ciertas emociones que creía perdidas, vuelvo a revivir recuerdos, vuelvo a reencontrarme conmigo.

Sí, puede pasar mucho tiempo sin que vuelvas a encontrarte con esas cosas, pero de alguna forma siempre vuelven y con ellas vuelven esos sentimientos, y estos también traen otros nuevos (porque es como cuando se discutía en el post de “¿Existe la mejor película de la historia?”, no es lo mismo ver una película ahora, que hace diez años). Uno cambia, las personas especiales cambian, el mundo también lo hace, no todo es como solía ser, y la cabeza y el corazón ya no eran los de antes. Pero hay cosas que perduran, de eso estoy segura, y dentro de ellas están esas cosas que significan mucho para uno, las cosas en las que uno cree y valora, esos sentimientos y pensamientos que parecían olvidados, pero que cuando volvés a oír esa canción o cuando volvés a ver esa película, los volvés a sentir y sabés que nunca se fueron porque son parte de vos.

En particular, con este texto tenía la intención de hablar de cómo somos y para eso traer al frente aquellas cosas que tuvieron algún efecto en nosotros, que nos cambiaron o que nos identifican, porque forman parte de nosotros mismos. Pero para no hablar de “cosas” y ser más precisa, voy a mencionar una película. Al hablar de ESA película que veo una y otra vez, hoy hago referencia a The Breakfast Club, porque dadas ciertas circunstancias recientes (como haber podido ir reverla en el BAFICI en pantalla grande), me hicieron pensar en estas cosas. Me gusta decir que tengo no-mucha memoria, para no decir poca y tener algo de consuelo; y también saber que nos caracterizamos por tener memoria selectiva. Me atrae esa idea de por qué recordamos deliberadamente o no determinadas cosas y por qué otras tantas no. Siguiendo esta línea, puedo decir que recuerdo que desde chica me gustaba leer, escuchar música y mirar películas, pero eso habla de un recuerdo muy general y que a la mayoría de las personas les pasa, más si desde la niñez se las estimulaba y se las acercaba a ellas. Pero volviendo a mi memoria selectiva, sí recuerdo la época en la cual mi interés por el cine había crecido mucho, y en particular fue durante mis últimos años de secundaria. Sí, esos años donde por lo general sabés poco y nada, estás perdido, estás en una etapa llena del “prueba y error”, y tratás de alguna forma de conocerte y ver qué es lo que querés en la vida. En esa época apareció esta película, y sé que tuvo algo que ver con que mi interés por el cine, con el hecho de que ese gustar se convirtiera en un amar. Desde entonces, el cine y yo empezamos una relación.

¿Qué me pasó con The Breakfast Club? Por primera vez la vi sola en mi casa, una tarde después de volver del colegio. El único segmento del diario que leía de chica era el de Espectáculos, en la parte sobre cine, y la única revista que ojeaba era la del cable. Ese día la agarré para ver si había algo mejor que hacer la tarea… llegué a leer The Breakfast Club de John Hughes y pensé “ese nombre, esa sinopsis me suenan mucho; vamos a ver qué tal”. Creo que en parte estaba predestinado, con ese “vamos a ver qué tal” entró John Hughes en mi vida, y no existe puerta de salida para él. Tuvo un gran efecto en mí; cuando sos más chico sos un poco más propenso a tener miles de dudas y miedos, y eso me pasaba. Estaba muy poco segura de muchas cosas, me sentía perdida buscando un qué se yo, pero sí estaba segura de otras pocas. The Breakfast Club fue como verme a mí misma, fue como sacar una fotografía a la persona que era. No, no comía sándwiches de azúcar y cereal. Tampoco andaba con un cuchillo amenazando ni era la más popular del colegio. No humillé a nadie ni guardaba entre mis cosas una pistola de bengala. Pero sí me sentía mal si fracasaba en algo, sí tenía muchas inseguridades, sí hacía cosas para complacer a otros, sí me sentía una rara o inadaptada muchas veces.

No estaba sola en el mundo: eso me decía la película. A veces uno necesita ayuda para resolver lo que le está pasando, y a veces la persona que menos te imaginás te tira una mano y de alguna forma hace que te animes a decir lo que nunca dijiste, sentir aquello que no te permitías o permitían sentir, pensar en aquello que evitabas por miedo o por ignorancia. Y también para conocerse, y repito, para sentir que no estás solo. Por si ya no se dieron cuenta, escribo mucho. Me cuesta expresar algo de forma acotada, no es lo mío. Para explicar algo o articular una idea (simple o no) no me alcanzan cinco renglones. The Breakfast Club hizo lo que yo no podía hacer conmigo: con una historia tan simple, me dijo tanto. Porque sí, The Breakfast Club trata sobre cinco chicos que por distintos motivos tienen que cumplir un castigo. Todo transcurre en un mismo lugar, y son pocos los personajes. Pero para mí es mucho más: son muchas las miradas, son pocas las palabras que dicen mucho, es una canción que te queda sonando en la cabeza.

“You ought to spend a little more time trying to do something with yourself and a little less time trying to impress people”

En resumidas cuentas, elegí esta película porque en cierta forma me significó una especie de iniciación en el mundo del cine, iniciación que me llevó a convertirme en una cinéfila. Y además porque fue de las primeras que tuvo un gran efecto en mí, una de esas historias que se cuentan en dos horas pero que te marcan para toda la vida, y que te cambian, pero no porque te hacen ser otra persona (bueno, a veces sí cambian algo en vos), sino porque gracias a ellas aprendés a conocerte un poco más. Por más que pase el tiempo y las cosas cambien, de alguna forma The Breakfast Club siempre logra que no deje de lado mi corazón, siempre me recuerda la persona que soy.

 “Tell me your troubles and doubts, giving me everything inside and out”

The Breakfast Club intenta también hacerte dar cuenta que la sociedad impone modos de hacer y de pensar y de ser, y que está llena de etiquetas, pero lo más importante es no quedarse dentro de ellas y mostrar que uno es mucho más en realidad. No importa si te toman por un cerebrito, o por un atleta, o por un caso perdido, o por una princesa, o por un delincuente, o por un ignorante, o por inútil, o por un inadaptado, o por un payaso, o por popular, o por un artista, o por lo que sea. “You see us as you want to see us…in the simplest terms and the most convenient definitions“, para el resto siempre serás algo de esto o aquello, y es inevitable porque creo que todos tenemos preconceptos, creo que es parte de la naturaleza humana adelantarse y catalogar. Tal vez el problema está en que todos fingimos/pretendemos alguna vez y hay quienes se quedan con esas impresiones y etiquetas. Yo siempre seré una nerd, un bocho o una culta “porque de todo puedo tener una opinión”, soy la más graciosa, aplicada y una histérica de la limpieza. Pero yo sé que atrás de esa idea soy más: tengo muchos más rayes, sé que tener una opinión no significa que sepa mucho porque en realidad sé muy poco, tengo mucho miedo a defraudar(me) a otros, sé que intento ser una perfeccionista aunque no me salga, que me molesta no lograr mis metas y eso me da miedo, que soy muy tímida e insegura, me preocupo demasiado por pavadas, soy una debilucha, soy demasiado curiosa y muy fiel a lo que creo, no me gusta para nada lo incorrecto, y por más que a veces me tire abajo, nunca pierdo las esperanzas. Yo sé que soy una soñadora, una autoexigente y competitiva, sé que soy muy buena porque siempre intento ver el lado bueno de las cosas, no puedo y no quiero perder el humor, soy una cinéfila. Pero a pesar de todo ello, siempre seré la nerd autoexigente a la que le gusta mirar películas, aunque prefieran llamarme por mi nombre.

“Does that answer your question?”

Es lógico sentirse bien al ser aceptado, uno no solo tiene que aprender a aceptarse sino que también necesita que otros lo hagan. Es la eterna lucha entre lo que uno intenta ser para ser aceptado, y lo que uno realmente es. Sienta bien que vean más allá de esa idea que se genera alrededor tuyo en base a etiquetas, que descubran tu verdadera esencia – más si lo hacen esos ojos que sentías que te cuestionaban - y descubrir que fuera de esas etiquetas podemos ser muy parecidos. Si uno es fiel a sí mismo, a lo que cree, siente y ama, y aprende a aceptarse y a aceptar a los otros por lo que son, sin pretender y sin dejarse llevar por las etiquetas (aunque cueste), de esa forma es posible ser más justos con los demás. Así, el resto que ve como quiere ver y no va más allá de esos términos simples, que te etiquete nomás. Vos ya ganaste, vos ya sabés quien sos y en alguien ya causaste efecto.

Por Carolina Torfano

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  ► [ESCENA] El final de The Breakfast Club:

 

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Carolina les pregunta: ¿Qué película recuerdan que tuvo un gran efecto en ustedes, que los identifica y que pueden ver una y otra vez? ¿Con cuáles empezó su amor por el cine? ¿Fueron o son definidos a través de “etiquetas”? ¿Ustedes también las aplican a otras personas, o van más allá de ellas? ¿Cómo se definirían? (pueden hacerlo a través de “etiquetas” o explayándose un poco más); ¡esperamos sus comentarios! ¡buen lunes!

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—> La última vez escribió Martín Folco sobre… HOLY MOTORS

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