Oh, no

Agua para elefantes es una película que pretende ser distinta. Para ello, apela a la nostalgia, a ser un exponente más de un cine old-fashioned, como en su momento lo había intentado ser Australia de Baz Lurhmann con el homenaje como uno de sus claros ejes. Por el contrario, en el film de Francis Lawrence no hay homenaje, no hay reflexión sobre cierta clase de cine, sino que se confunde el mirar al pasado con la pacatería. En consecuencia, los momentos de dolor tanto como los de pasión se registran con una frialdad que, en pos de querer ser elegante, provoca distanciamiento (en El velo pintado, por mencionar una obra similar, sí se consigue un equilibrio). Más allá de algunos logros (la relación entre el protagonista y el elefante que deberá proteger, algunas escenas con Christoph Waltz, el retrato del circo como hogar a pesar de sus rasgos itinerantes), Agua para elefantes falla porque se supone que tenemos que creer que Robert Pattinson y Reese Witherspoon se desean en silencio, se enamoran y deciden enfrentarse a una serie de obstáculos. Pero no. No. No nos resultará convincente si él se cierra en su inexpresividad y ella está perdida en un personaje al que no logra encontrale la vuelta. No sé si Agua para elefantes hubiese sido una mejor película si sus protagonistas hubiesen sido otros. Sí puedo decir que cualquier historia de amor que se precie de tal debe, como mínimo, tener una fricción, una cuota de sensibilidad que traspase la pantalla o que nos haga comprar el cuento. Todo eso, aquí, no sucede nunca.

¿Recuerdan otras parejas del cine con cero química para sumar al post? ¡Dejen sus comentarios!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!