Maggie: Cuando ya me empiece a quedar sola

“Con tus piernas vas a caminar
y te comienzan a encerrar
y te quedás con tu rutina.
¿Y qué vas a hacer?
Uno se cansa de correr…” - Sui Generis

Uno de los riesgos que se corren al construir una narración enteramente bajo los preceptos de la parábola es el de rizar tanto el rizo de lo metafórico que la historia no pueda respirar por sí sola. Maggie, la película independiente de Henry Hobson, es un pequeño milagro en ese aspecto. En primera medida, nos encontramos con el género zombie como excusa para el desarrollo de otra cosa (los coletazos de una enfermedad en quien la padece y en quien brinda ayuda). En segundo lugar, los pormenores de ese género (el desgaste paulatino del infectado, el efecto que causa en su entorno) jamás son machacados como evidentes símbolos de algo mucho más reconocible sino que se desarrollan con total naturalidad. Así, estamos ante una obra que confía en el espectador y cuya prioridad es la construcción de climas en escenarios despojados, en ocasiones con solo dos personajes interactuando con una melancolía que no parece disiparse. La Maggie del título (una sorprendente Abigal Breslin) es una joven infectada por un virus que eventualmente la convertirá en una zombie. Ante dicha situación, su padre Wade (un medido Arnold Schwarzenegger) tiene la opción internarla con el resto de los infectados y despedirse prematuramente o bien convivir con ella aún sabiendo que su propia vida correrá peligro en el transcurso de pocas semanas. La decisión de Wade de no soltarle la mano a su hija es lo que marca el tono del resto del film, uno que muestra cómo dos formas de vivir antagónicas (persona enferma, persona sana) terminan confluyendo en un mismo nivel de desesperación. Maggie sufre el deterioro de su cuerpo con la desoladora certeza de que su estado es irreversible y su padre se ve forzado a enfrentar esa misma certeza despidiéndose de ella todos los días. Es decir, con cada síntoma que surge en el cuerpo de Maggie, Wade está lidiando con su muerte. Sin embargo, aunque la película de Hobson expone las contrapuestas emociones que provoca el ver a un ser querido extinguirse, los momentos más logrados son aquellos en los que las heridas en la piel o la pérdida de la visión están en un nivel inferior, dando lugar a pequeños instantes de felicidad. De este modo, la elección de situar la acción en esa granja alejada del mundanal ruido vuelve más efectivo el reencuentro de Maggie con su mejor amiga, la llamada telefónica a su hermano, su primer beso en una noche de distracción, la ofrenda de su padre de un jardín repleto de margaritas, o la charla entre ellos evocando a una madre que ya no está. Entonces, Maggie podrá ser una parábola sobre la enfermedad terminal como golpe que obliga a forzosas despedidas, pero también es una sobre lo que implica ser un paria, alguien que se empieza a quedar solo cuando se reconoce distinto al resto y una sobre las personas que están cerca para convertir el camino hacia lo ineludible no solo en algo menos doloroso sino también en un medio de salvación. ♦ 

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► [TRAILER] Un adelanto de Maggie de Henry Hobson:

MAGGIE Trailer from We Are Movie Geeks on Vimeo.

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► [TOP TEN] Películas que exploran la relación padre-hija:

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► [GALERÍA] 50 Daddy Issues en una misma galería:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Dos consignas para este día: 1. A quienes hayan visto Maggie los invito a dejar su impresión sobre el film de Henry Hobson 2. Me gustaría que armemos una galería con otras películas sobre la relación padre-hijo, así que espero sus aportes; ¡muchas gracias por las palabras en el post de ayer!; sin más que agregar, nos reencontramos el lunes para hablar de Guillermo Francella (y El Clan) y las mejores interpretaciones dramáticas de actores que siempre fueron considerados solamente cómicos; por otro lado, el martes dejaré un Open Post ya que parto hacia Mendoza; ¡nos vemos el lunes, muchachada!

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Agosto: Cuando las botas de una mujer definen su destino

Hoy en Cinescalas escribe: Lucila Bognanni

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Agosto (obra de Trecy Letts/film de John Wells) nos habla, entre otras cosas, sobre un par de botas. Un par de botas podrían haber cambiado el destino de Violet (Meryl Streep) si su madre se las hubiese regalado a los treces años. Ella fantaseaba con llegar a la escuela con esas botas de cowboy y poder impresionar al chico que le gustaba, así podrían tener un tema de conversación. Pero nunca tuvo ese par de botas, se casó con el poeta Beverly Weston, tuvo tres hijas y un drama toda su vida. A Violet le habían diagnosticado cáncer de boca, y a pesar que el dolor era intenso y le quemaba, no se callaba nunca. Su personalidad la hacía ver un poco desalineada, medicada de más, quisquillosa y bastante complicada. Por otro lado, Violet siempre sabía lo que sucedía a su alrededor. Sin embargo, y a pesar de su sufrimiento producto de la enfermedad, Beverly no tuvo mejor idea que abandonar a su mujer. En el medio de la nada donde vivían, ella despertó una mañana y él ya no estaba. La desesperación por encontrarlo (magníficamente interpretada por Streep) fue lo que motivó la reunión de dos de sus hijas: Barbara (Julia Roberts) y Ivy (Julianne Nicholson). En una lograda escena, se las puede ver consolando a su madre hasta la aparición del sheriff con las peores noticias. Las hijas, al igual que la madre, acarrean un presente algo triste. Barbara es engañada por su marido, pero intenta que su matrimonio se mantenga en pie de todas formas, Ivy está enamorada de su primo hermano Charles, lo cual representa un problema para todo el núcleo familiar. Por otro lado, la hermana más chica, Karen (Juliette Lewis), es quien desaparece continuamente y quien continuamente cambia de pareja.

En el funeral de Beverly se reúnen todos. Violet, Barbara con su esposo e hija, Ivy, la tía Mattie Fae y su esposo y, claro, Karen con su nuevo y multimillonario novio. El pequeño Charles llega tarde pero en simultáneo llega a tiempo para la temida cena con el resto de la familia. Todo el drama de esta familia tiene su punto de inflexión (que se anuncia de manera lenta y progresiva) justamente en esa cena. La bendición a la comida trajo al mismo diablo a ella. Violet destapó la olla. Pelea con su hija mayor de la manera más típica. Todos los padres tuvieron una infancia complicada y le transmiten a sus hijos que aún así dieron lo mejor para que estén bien. A su hija menor no la registra y hasta su propia nieta es motivo de burla de todos en la mesa. Su ideología de no comer carne genera risas entre sus familiares, a pesar de que es ella quien deja un claro mensaje para todos. Resulta evidente que la familia Wetson solamente muestra lo infelices que son estas cuatro mujeres y ellas se saben destinadas a que se les pudra el corazón si no hacen algo rápido para estar mejor. Así, Karen es la primera en irse. Ivy, cuando se entera de que su primo en realidad es su hermano, decide amarlo y seguir con él. Barbara tarda un poco más en darse cuenta, porque es difícil abandonar a una madre cuando te lo da todo. No es sencillo mirar atrás. Mientras tanto, un poco de música country alivia el corazón de Violet cuando todos la abandonan. Porque como dijo su hermana, Mattie Fae, “los libros no hacen desaparecer a nadie”, lo cual pone de relieve una de las temáticas de esta historia: lo complejo que es hacerse cargo de la libertad y no rendirse a las ataduras.

Por Lucila Bognanni

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 ► [ESCENA]: “Eat the fish, bitch!”, una secuencia de Agosto con Julianne Nicholson, Julia Roberts y Meryl Streep:

  

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 ► [DE YAPA]: Un especial con el elenco de la película:

  

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¡Buen comienzo de semana para toda la muchachada! Hoy, dos consignas: 1. Quienes hayan visto Agosto, pueden opinar sobre ella en los comentarios, ¿les gustó o no tanto? 2. Por otro lado, me gustaría no solo que mencionen otras películas sobre la familia que consideren interesantes sino que además, quienes quieran, me cuenten cómo es la relación con sus familias y con qué integrante tienen un vínculo más estrecho (en mi caso, con mi hermano); como siempre, los leo; ¡que tengan un excelente lunes!

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—> La última vez escribió João Rodrigues da Silva sobre… AMERICAN HUSTLE

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[OFF TOPIC] Quería contarles que entramos en la última semana de recaudación para la película de Cinescalas; como ya lo he compartido muchas veces, llegamos a la meta pero todavía hay un margen de siete días para seguir colaborando; además, les quería contar que martes y miércoles voy a estar grabando un video más como previa a la película, y para que el equipo de producción se de a conocer antes de ir a visitarlos a muchos de ustedes; por ende, nos reencontramos el jueves; ¡gracias por la paciencia y gracias por haber hecho posible este documental!

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La escena del día: Little Miss Sunshine

“Fuck beauty contests. Life is one fucking beauty contest after another”

Post dedicado a Vero

Más allá de que Pequeña Miss Sunshine tuvo sus menciones en el post de las mejores películas sobre viajes y en el de las mejores películas sobre la familia, necesitaba de cierta autonomía. Acá estamos. La escena elegida, más allá de que fue impulsada por motivos personales, también responde a una razón: como ya saben, me gustan las secuencias en las que la música puede ser disparadora de una determinada situación. En este caso, cuando toda la familia Hoover decide subirse al escenario para bailar junto a Olive, Jonathan Dayton y Valerie Faris, trayendo a su ópera prima las influencias de su trayectoria como realizadores de videoclip, crean una escena que, si la extrapolamos, podría funcionar como un cortometraje. A fin de cuentas, en ella está todo lo que aborda la película, pero sintetizado. ¿Qué vemos cuando vemos bailar a los Hoover? La omnipresencia del abuelo en el recuerdo, la necesidad de tener un gesto de comprensión, el amor como principal impulsor de una acción de compañerismo. De todas maneras, si hay un rasgo que define a esta escena y al film en general es la ausencia de barreras, de nomenclaturas, de rótulos. Porque, aunque continuamente se repitan las palabras “winners” y “losers”, acá el foco está puesto en lo que hay en el medio. Y en el medio están esas personas que no responden a una categoría porque, lisa y llanamente, son personas libres. Porque nada dice libertad como todos ellos bailando juntos. Porque todo es relativo. Por eso, el concepto de familia puede pasar por empujar una camioneta juntos o por dar un consejo justo en el momento indicado. Como sea, Pequeña Miss Sunshine nos incita a serle fieles a nuestra esencia y a olvidarnos, cada vez que podamos y por mucho que nos cueste, de la tajante percepción de los demás.

Mirá la escena del baile de Little Miss Sunshine:

¿Vieron Little Miss Sunshine? ¿Qué les pareció? ¡Comenten!; de yapa, propongan una escena que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias!

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