Hoy en Cinescalas escribe: Daniel Jorge Pantin
Antes que nada, quiero agradecerle a Mili por permitirme esbozar algunas apreciaciones sobre un cine ya pasado pero no por ello carente de excelencia. Quiero aquí referirme a dos o tres películas italianas, pero no desde la óptica cinematográfica – ya que todas ellas constituyen joyas del cine – sino para ver la evolución de una sociedad italiana, que se puede visualizar sin obstáculos al observar el curioso contraste sociológico que muestran estos films. Dos de ellos pertenecen al denominado neorrealismo italiano. Este es un movimiento cultural nacido hacia los fines de la Segunda Guerra Mundial y que tuvo su apogeo en los años posteriores a la misma, es decir, en la llamada posguerra, hasta fines de 1955. Este movimiento surgió a partir de críticos cinematográficos de la época agrupados en torno a la revista Cinema. Entre sus precursores se pueden mencionar a dos inolvidables: Michelangelo Antonioni y Luchino Visconti.
El neorrealismo llevó una impronta dejada por el realismo poético francés. Los mismos Antonioni y Visconti trabajaron como colaboradores del gran Jean Renoir. El cine neorrealista italiano se caracterizó por ser lo que hoy llamamos un cine de denuncia, pero no de protesta. Mostraba con nitidez fotográfica las estampas dolorosas que se vivieron en esos tiempos. El neorrealismo pintó, aunque con una inmejorable paleta de blancos y negros, la depresión social que invadió todos los ámbitos en los años de la posguerra. Ello gracias a fotógrafos de la talla de Carlo Montuori y Aldo Graziati. Es un cine triste, melancólico, que reseña la terrible depresión económica al cabo de una guerra feroz, que dejó a todo un pueblo sumergido en la pobreza y la desesperanza.
Esto surge claramente en el caso de Umberto D, película filmada en 1948 y dirigida por Vittorio De Sica con guión del inefable Cesare Zavattini. La misma cuenta la vida de un hombre mayor que había sido funcionario público y que en la posguerra debía hacer milagros para poder sobrevivir con una magra jubilación. Umberto, interpretado por Carlo Battisti, quien en la vida real no era actor sino un Profesor de Filosofía de setenta años edad, transmite al personaje toda la angustia, la depresión y el desamparo en que lo había abandonado esa sociedad. No obstante su desgracia, son de destacar los principios morales y éticos que posee y que no abandona a pesar de estar “tocando fondo”. Basta ver su forma de vestir que denota su señorío, aunque sus ropas estén ya viejas y gastadas. Su pensamiento honesto le impide caer en alguna acción criticable para paliar sus necesidades más elementales. Es el fiel reflejo de una clase de jubilados que trabajaron fervientemente durante muchos años y que ahora la sociedad resquebrajada los abandona a su suerte. Dicen que Vittorio de Sica se inspiró en el infortunio de su padre, también jubilado, que debió enfrentarse impotente ante esa nefasta situación. Cualquier semejanza con la realidad actual de nuestros jubilados es pura coincidencia. Dentro de esta gama de películas, puede incluirse otra de Vittorio de Sicca, titulada Ladrón de bicicletas (1948) considerada una de las cintas emblemáticas del neorrealismo italiano, donde se muestra el altísimo desempleo que castigaba a los jóvenes de esa misma época.
Pero el tiempo pasa y las situaciones cambian. Italia progresa, abandona las desventuras de aquellos tiempos y se convierte en una sociedad industrial pujante. Para sus ciudadanos llegan las mejoras económicas y renacen los derechos sociales. Aparecen entonces otros hombres, carentes de principios y de moral, lo que les permite aprovecharse de las circunstancias. Y el cine italiano nos pinta con su paleta de colores, un grupo social, marginal, esquivo al trabajo, proclive a los excesos y a las relaciones incestuosas. La cámara de Ettore Scola nos pasea en Feos, malos y sucios (1976) por lo que hoy en nuestro medio llamaríamos “villa miseria”. La misma contrasta con los lugares linderos y progresistas de la nueva Roma, tal como aquí sucede con la villa que crece casi dentro de uno de los barrios más distinguidos de Buenos Aires o, como las favellas que se aprecian en los morros de Río. En una casilla rodeada por otras similares, todas construidas con elementos desechados y, en un montículo en la periferia de Roma, vive un anciano llamado Giacinto Mazzatella (extraordinariamente interpretado por Nino Manfredi). El mismo ha perdido uno de sus ojos y en un juicio ha cobrado un millón de liras, suma de dinero que atesora para que no esté al alcance de sus más íntimos familiares que pujan por sacársela. Giacinto sólo piensa en gastarla “en putas, comida y bebida”, mientras que sus hijos hasta llegan a premeditar matarlo para hacerse del botín.
* Breve documental sobre el neorrealismo italiano:
Un mismo país, una misma ciudad, dos épocas diferentes separadas por escasos años. El sufrimiento estoico de Umberto D, aferrado a sus principios a pesar de la vida miserable que le ha tocado en desgracia y, por otro lado, la vida licenciosa, indecente, libertina, de un grupo que por diferentes circunstancias sociales mantiene un comportamiento casi animal. ¡Qué dos films contrapuestos para un buen cine debate! Saludos para todos.
Por Daniel Jorge Pantin
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—> La última vez escribió Adrián Sanabria sobre… CUANDO TUS BANDAS FAVORITAS SUENAN EN UNA PELÍCULA
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