London Day: Stereophonics

“Wake up and smell the rain”

“A veces el destino te pone algo enfrente por una razón”, dice Javier Weyler, un rato antes de salir a tocar con Stereophonics. Nacido en Argentina pero criado en Venezuela, su recorrido musical no estuvo exento de momentos bisagra, esos que literalmente de un segundo al otro te modifican el camino que creías inalterable. Cuando después habló de Londres como la ciudad que le dio la mayor cantidad de sorpresas, pensé en cuánto sentido tenía que yo, por un hecho ¿casual? haya terminado a su lado hablando en el Shepherd’s Bush Empire, y después viendo a una de mis bandas de los ‘90/’00. Lo que le sucedió a Javier también tiene mucho de impredecible, y eso se nota en su manera de repensar toda una historia signada por una suerte de efecto dominó que generó que, desde hace ocho años, sea pieza clave del grupo de Kelly Jones, el hombre de la voz carrasposa, tan bella e imperfecta. Javier pisó Londres en el 2000 para estudiar Ingeniería de Sonido. Cuatro años después, estaba atrás de la batería acompañando esta canción, esta otra y esta también. ¿Qué pasó en el medio? “En uno de los estudios donde trabajaba vino la banda para hacer demos de You Gotta Go There to Come Back, me hice amigo de todos y después me pidieron que colabore con algo de percusión. Cuando terminaron la gira, volvieron al estudio y terminé tocando la batería para Language. Sex. Violence. Other?”, cuenta Weyler.

La pregunta obligada fue cómo se integró a una banda ya consolidada, ante lo que Javier fue claro: “Fue raro y natural al mismo tiempo. Natural porque ya éramos amigos, nos conocíamos mucho de tanto tiempo que habíamos pasado juntos. Eso ayudó al ambiente de trabajo. Pero también fue raro porque justamente de ser amigos pasamos a tocar, fue bizarro porque de ser asistente de ingeniería estaba de repente componiendo cinco canciones con Kelly”. La presencia de Jones liderando la banda es incuestionable, su reputación previa también es imposible de ignorar, pero es quizás ese aire de superioridad y ese temperamento lo que hacen del cantante de Stereophonics un frontman magnético. “Yo no lo conocía tanto a Kelly, como tampoco a la banda”, se sincera Javier. “Pero cuando llegué a Inglaterra y los vi en el programa de Jools Holland tocando ‘Mr. Writer’, cambió todo”. Así fue cómo volvimos a eso de cómo Londres es el lugar donde todos los días te espera algo distinto, donde los momentos se van dando con esa naturalidad de la que hablaba Javier, donde tu destino finalmente te termina encontrando. “Me vine para acá por una motivación cultural, sentía que debía estar en este lugar, que pertenecía a él. Esta es una ciudad a la que se ama o se odia. Yo tuve la suerte de conocer gente que de otro modo no hubiese conocido, más aún siendo latinoamericano, es como que uno no la termina de creer, eso me sigue pasando incluso después de más de una década”. El factor sorpresa (mejor dicho, el no perderlo) es lo que impulsa a Weyler a seguir valorando cada imprevisto que le da su carrera, como tocar junto a Paul Weller. “Todo lo que me pasó viene siendo increíble, especialmente el conocer a gente a quien admirás”.

Uno creería que teniendo ya un presente musical consolidado, y en una de las ciudades más importantes del mundo, Javier no tendría la necesidad de mirar hacia atrás y rever su pasado con Claroscuro en Venezuela. Pero no es el caso. “Cuando yo vine a Londres nunca pensé que iba a seguir tocando en una banda, pero el destino me puso la misma doctrina enfrente y esta vez todo funciona mejor. Sin embargo, nadie me quita lo que aprendí en Venezuela, porque me ayudó a adaptarme a un grupo, a respetar personalidades, a comprender la intensidad de las giras, a acomodarme a una familia paralela”.  Es esa intensidad de las giras la que necesita, como contrapeso, un espacio para otra cosa, un espacio para que Javier deje de ser sólo “el baterista de Stereophonics” y pase a adquirir autonomía. “Mi proyecto solista [Capitán Melao] surgió en las giras y surgió por esa necesidad de expresarme en español, de darle mi personalidad a un proyecto no como un viaje de ego sino como un ejercicio autodidacta. El español, por ser mi lengua, para mí expresa mucho más que el inglés, al que de todos modos pude llevarlo a una expresión artística. Necesitaba el contraste de un disco tranquilo, también como forma de aprendizaje”, asegura e inmediatamente nombra las dos cosas de las que, ya sea con Kelly Jones delante como con él mismo liderando, siempre aprende algo nuevo: “Tocar y hacer discos. De ambas cosas aprendo y, por subsiguiente, son las dos cosas que más amo”.

————> Fotos de la entrevista y el show: Vera Kramerova

————> Un agradecimiento especial a Mariano Godoy

* BONUS TRACK: tres videos de Stereophonics:

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* 1. “Rainbows and Pots of Gold” en vivo:

* 2. Video oficial de “Dakota”:

* 3. Cover de “Handbags and Gladrags” de Rod Stewart (cantada en vivo con el propio Rod):

¿Cuáles son sus intérpretes masculinos favoritos? Como hicimos en el post de Lisa Hannigan, dejen una canción de ellos, así más tarde les armo una playlist; ¡Espero sus comentarios y buen martes!

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* DE YAPA: La playlist que fueron armando:

Ellos by Milagros Amondaray on Grooveshark

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London Day: Jane Austen

“My characters shall have, after a little trouble, all that they desire”

En las estaciones de subte de Londres, con motivo de las fiestas, una librería tuvo la idea de usar como publicidad una frase de The History Boys de Alan Bennett en uno de sus afiches. La frase es la siguiente: “Cuando estás leyendo, los mejores momentos son aquellos en los que te encontrás con algo – un pensamiento, un sentimiento, una manera de observar las cosas -, que vos creías especial, que eran particularmente importantes para vos. De golpe, eso está ahí, escrito por otra persona, alguien a quien nunca conociste, quizás alguien que murió hace tiempo, y es como si esa persona hubiese estirado su mano y agarrado la tuya”. Releer eso, con un viaje por delante y pensando en las palabras y su facilidad para construir y deshacer todo en segundos, de algún modo me afectó. Porque al poco tiempo, estaba en Bath, uno de esos destinos a los que uno cree que nunca va a llegar, el destino donde los pensamientos, los sentimientos y la manera de observar las cosas no puede tener otra dueña más que Jane Austen.

En la biopic interpretada por Anne Hathaway, hay una escena en la que Jane, desafiada por Thomas Lefroy (el gran amor en la vida de la escritora), demuestra una cierta ingenuidad respecto al poder de la escritura y respecto a la cantidad de alternativas que el hecho de sentarse a plasmar lo abstracto puede llegar a ofrecer. Él, consciente de su inexperiencia, le recomienda leer, ampliar sus horizontes (con todas las distintas connotaciones posibles) y, sobre todo, experimentar. Siempre me gustó esa secuencia porque siempre me gustó imaginarme a Jane como la mujer que fue evolucionando como escritora cuantos más golpes recibía, cuanto más cerca de la vida y su incertidumbre ella estaba dispuesta a posicionarse. Por eso, terminó siendo más que una autora con sensibilidad para traducir la mente de la mujer; su mirada, su forma de plantarse ante ese horizonte, abarcaba tanto la aceptación de una realidad donde a veces los obstáculos eran ineludibles (dinero, acuerdos entre familias, rangos sociales, etc.) como el optimismo para darles, como ella misma decía, un final feliz a individuos que por momentos se perdían entre confusiones, prejuicios y decisiones ajenas.

Muchos de los grandes momentos de sus novelas (y de las adaptaciones) transcurren entre la neblina, con la lluvia, con caminatas en lugares “turísticos” fuera de temporada. Por ende, estuvo bien que en ese día en Bath casi no haya salido el sol. El lugar estaba cubierto por una melancolía hermosa, que cobraba otra magnitud. Caminar entre esas columnas se sintió, realmente, como estar dentro de un cuadro, suspendida en una suerte de atemporalidad. “Ella empezó a razonar consigo misma, y a intentar sentir menos”, escribió Jane sobre Anne en Persuasión. Los que leímos las novelas de Austen sabemos que las relaciones que configura están delineadas por esa puja entre el sentir y el no sentir, entre reprimirse y mostrarse al descubierto. Por eso, aunque Anne, Lizzie y Elinor hayan querido ir en contra de esa pulsación interna, Austen, como buscando reescribir su malogrado destino sentimental, tomó a sus personajes, los liberó de la agonía y los hizo, como bien dice la frase de Bennett, tomarse de las manos.

——–> Les dejo tres escenas de las adaptaciones de las novelas de Jane Austen. Que las disfruten…

* 1. ORGULLO Y PREJUICIO:

* 2. SENSATEZ Y SENTIMIENTOS:

* 3. PERSUASIÓN:

Doble consigna: * 1. ¿Qué relación tienen con las novelas y adaptaciones de Jane Austen? ¿Cuáles son sus escritoras favoritas? * 2. ¿Qué locación de una película les gustaría conocer? ¡Dejen sus comentarios!

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Porque sí

London Day: Lisa Hannigan

“All her love, it sings, it shines…”

Por mucho tiempo, Lisa Hannigan fue solo la chica que cantaba ese “Did I say that I love you, did I say that I want to leave it all behind?” en el archireproducido tema de Damien Rice “The Blower’s Daughter”. Por mucho tiempo, también, Lisa fue pareja de Rice, y esa voz que apoyaba algunas de las mejores composiciones del irlandés, como la feroz “I Remember”. Esa canción resume un poco el vínculo que formaban. Ella representa la parte más luminosa de la letra, ese comienzo dulce, confesional y sereno, mientras que Damien, sobre el final, ingresa a su canción para aportar la brutalidad, la catarsis más explícita. Hasta que llegó el día en el que Lisa se emancipó de Rice (en todo sentido) y grabó, en su Dublin natal, Sea Sew, su primer disco. Y todo lo que podíamos imaginar sobre ella era cierto. Su voz traspasaba el acompañamiento vocal. Su voz merecía llenar todos los temas, sus manos merecían tocar su propia guitarra. Lisa merecía estar adelante del público, ya no a un costado. Pero, por sobre todo, Lisa necesitaba escribir sola y obtener un protagonismo que, sin embargo, ella logra redefinir. Porque Hannigan, por más que tenga todo para estar al frente, parece seguir sintiéndose cómoda en una timidez que, irónicamente, no la perjudica a la hora de interpretar. Esa fue una de las primeras impresiones que tuve cuando la vi cantar en el Shepherd’s Bush Empire. Brilla sola, realmente sola, sencilla, suave, porque su voz hace el resto. Una voz que te lleva desde momentos humorísticos hasta interpretaciones que te dejan absorto, como si alrededor no existiera nada más que vos y ella. Vos/voz, ella y su verdad.

“Siempre supe que dentro mío había una solista”, me dijo antes de salir a tocar y con la figura de Rice como tópico ineludible de esa parte de la conversación, “pero no sabía todo lo que realmente implicaba serlo”. Para poder pintar una imagen de esta mujer irlandesa de 30 años hay que pensar en su crecimiento en Kilcloon, en una infancia en la cual, al contrario de lo que se pueda llegar a creer, no había demasiados instrumentos que forjaran su camino. “En mi casa no había instrumentos, al menos no muchos, por eso mi primer contacto con la música fue en la escuela, después decidí hacer unas grabaciones amateurs, hasta que finalmente me incliné por la guitarra”, cuenta Lisa. Pero antes de esa guitarra, estaba la voz. “Si hubo algo que siempre supe era que tenía que cantar”. Lo que vino en consecuencia fue ese binomio con Rice que se mantuvo por años, pero también la fidelidad de Lisa a esa suerte de tradición irlandesa puesta en marcha por los  trovadores que se juntan para colaborar, para cantar juntos donde sea esas canciones que no resisten otro adjetivo más que el de bellas. En medio de una comida o sentados en la barra de un pub (sí, de esos pubs que se imaginan), hay un disfrute del compartir la música con simpleza, que seguramente muchos recuerden por ciertos momentos de Once. “Realmente me gusta cantar con amigos, me gusta trabajar con otra gente, porque en ningún lugar se aprende tanto. Eso siempre es positivo, nada malo puede resultar de esas uniones”, me explica y le menciono a Mick Flannery, a su hermoso dueto navideño con él y a esa ingenuidad que se percibe a la hora de ponerse lado a lado para interpretar.

De esa ingenuidad  se hace eco Lisa cuando menciona la grabación de Sea Sew en contraposición a la de su segundo disco, el flamante y extraordinario Passenger: “Con el primer álbum todo era nuevo, fue una experiencia de aprendizaje sumamente fuerte. Tuve que estar atenta a aspectos importantes como reservar el estudio, prestarle atención a los arreglos de las canciones, que la banda pudiera unirse. Ahora hace tres años que estamos juntos y todo es más sencillo”, me cuenta y pienso que si hay alguien que puede hacer que el cantar parezca igual de sencillo, ésa es Lisa Hannigan. No hay nada forzado en su interpretación sino una naturalidad, una candidez reminiscente a, por ejemplo, el proyecto solista de Phil Selway. “Al comienzo, cuando recién empezaba a cantar completamente sola, estaba muy nerviosa, pero con la grabación de Passenger en Gales ya me sentía más cómoda, todo lo anterior me preparó para este momento, un momento de mayor fluidez”. Cuando el concierto en Londres terminó, cuando Lisa, ya lista para emprender un tour irlandés, se fue del escenario, no fue difícil imaginar qué iba a hacer luego. Ni producciones de fotos ni glamour ni nada de eso. “A veces, al terminar de cantar, no veo la hora de subir al colectivo y agarrar mis vinilos, de llegar a mi casa y poner Feist”, me cuenta, no sin antes confesarme sus deseos de conocer Argentina. En su caso, no hay lugar para la demagogia. Cuando habla, al igual que cuando canta, hay algo genuino en ella, tan encantador como inolvidable. Safe Travels xx

—–> Fotos del show: Germán Nieva / Fotos de la entrevista: Vera Kramerova

—–> Un agradecimiento especial a Roman Da Costa

* BONUS TRACK: tres videos para conocer a Lisa:

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* 1. LISA Y DAMIEN RICE HACEN “9 CRIMES”:

* 2. LISA INTERPRETA “I DON’T KNOW”:

* 3. LISA CANTA “LITTLE BIRD”:

¿Cuáles son sus cantantes femeninas favoritas? Los invito a dejar un tema de ellas para musicalizar el día, así los recopilo y armo una playlist para que escuchen más tarde; ¡comenten, vamos!

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DE YAPA: La playlist que armaron todos ustedes en el post de hoy; ¡que la disfruten!:

Mujeres al poder! by Milagros Amondaray on Grooveshark

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London Day: Freddie Mercury

“I’m just a musical prostitute, my dear”

Para Silvina, Santiago e Ignacio

Después de una hora de viaje en un colectivo, de tomar otro colectivo, de que ese mismo colectivo se rompiera, de bajarme en una zona desconocida, de que alguien me ayude a llegar…finalmente me paré enfrente de la puerta de Logan Place. Los graffitis de años atrás ya no estaban. Por eso, las palabras de los fanáticos se sucedían todas, una al lado de la otra y en distintos idiomas, en el cordón de la vereda. Un cordón lleno de hojas, húmedo, con la lluvia cayendo incesantemente sobre él. Si a veces quiero recordar por qué vine a Londres, solo tengo que pensar en este tipo de experiencias. Solo tengo que pensar en que, por más que sea una puerta lo que ví objetivamente, detrás de esa puerta, hace mucho tiempo, caminaba Freddie Mercury. Entonces, esa objetividad se va al carajo y una se emociona, parada en soledad, mientras es temprano pero empieza a anochecer, mientras la lluvia acompaña la mágica escena.

A Queen, a Freddie, llegué por mi hermano, quien me hizo comprender lo que realmente significa ser un artista. Porque con Freddie el encanto no pasaba solo por esa voz, por esos bocetos de sus trajes, por esos dibujos, por ese dominio que tenía sobre un escenario donde reinaba exuberante saltando con el micrófono como compañía y donde conmovía al sentarse junto al piano, más despojado, más desnudo. Había mucho más detrás, como una sabiduría sobre lo que implica la fortaleza (“I can fly, my friends” / “aching to be free”). Después, en mi adolescencia, con la música ya como apéndice, entre Radiohead y Nirvana, se colaba la emoción desbordada de Freddie, las tardes en mi cuarto cantando “Somebody to Love”, entendiendo hasta qué punto una canción te puede penetrar y dejarte igual de vulnerable que la persona que la escribió, admirando hasta qué punto la palabra melancolía cobra otro significado cuando esa persona te hace danzar con la voz hablándote sobre ella. Freddie fue un precursor, fue un showman que trascendió ese mote, y en sus recitales nuca hizo nada a medias. Él se entregaba al público con carisma, vitalidad, nunca especulaba con el cariño que recibía y daba todo en consecuencia.

Freddie será siempre para mí sinónimo de libertad. Con su alma pintada como las alas de las mariposas, me habló de los desamores, los desencuentros, pero también de lo imparables que podemos ser cuando dejamos de pensar hacia adelante y nos dedicamos a aprender en el ahora, en éxtasis, haciendo rodar el dado. Freddie sabía que todo consiste en jugársela (incluso desde lo musical, donde se arriesgó de manera permanente), porque luego la vida se nos va con ese último suspiro. Por eso, “forever is our today” es una frase que me resuena cuando pienso en las decisiones, en las movidas que hay que hacer, en los caminos que hay que elegir. Habrá sido solo una puerta verde lo que miré hace unos días, sí. Pero también escuché sus “darling”, sus “dear” y su piano. Y pensé. Pensé en que hay que ser valiente para mirar hacia atrás y cuestionarse. Hay que ser valiente para no temerle al abismo. Hay que ser valiente para mirar a la muerte a los ojos así, con el maquillaje corrido pero la sonrisa intacta. Freddie lo fue.

Brian May, Roger Taylor & John Deacon hacen “No One But You” (Only The Good Die Young):

——–> Un agradecimiento especial a Ica Portela

——–> Accedé a un especial sobre Freddie aquí

* BONUS TRACK: Playlist de Queen:

Freddie Mercury by Milagros Amondaray on Grooveshark

Hoy la consigna es una sola: escribir sobre Freddie Mercury, los temas de Queen que más les han llegado, sus letras, lo que sea…en el vigésimo aniversario de su muerte, pueden explayarse tranquilos y homenajearlo a su manera; ¡Espero sus comentarios!

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