Rescate nostálgico: Las canciones de I’m Not There (y nuestra música favorita del 2015)

Hoy en Cinescalas escribe: Diego Valente

“If they follow you, don’t look back, like Dylan in the movies”

Belle and Sebastian

Caleidoscópicamente, I’m Not There proyecta múltiples visiones de todas aquellas personas que Bob Dylan fue. Por momentos, incluso pareciera que la película pusiese al propio Dylan dentro de un cuarto de espejos y lo enfrentase a sus diferentes reflejos deformados por la crítica, los fans y por sí mismo: el cantautor alucinógeno que se reía de todos en la última mitad de los sesenta, el cantante folk de protesta de la primera, el compositor más cool y estilizado envuelto en problemas de pareja, el aprendiz de poeta simbolista francés (con Arthur Rimbaud como guía), el renegado country fascinado por Billy the Kid, el músico convertido el catolicismo y entregado al gospel, todos entran y salen de la película como fantasmas que atraviesan paredes, demostrando que Bob era todos ellos y ninguno al mismo tiempo. No en vano, “Nunca reveles tu verdadero nombre” es una de las “siete reglas simples para esconderse de la vida” que se mencionan en el filme y es ésa constante fuga hacia adelante, ese impulso camaleónico (un poco como Bowie, aunque el gran David es infinitamente inglés y Dylan representa como ningún otro músico a la Norteamérica profunda) donde I´m Not There hace foco. Es interesante observar que esa zona de confusión e irresolución que Dylan alimentó durante toda su carrera es la misma en la que el film de Todd Haynes (que se graduó en Arte y Semiótica, por lo cual en este film parece que aplicó todo lo que aprendió en la Universidad) se ubica. De hecho, la pregunta que surge es a qué género pertenece este largometraje. ¿Biopic? ¿Falso documental? ¿Ficción? Otra vez, a todos y a ninguno. Por supuesto, también está el mito. Se sabe que Dylan construyó su imagen pública alrededor del misterio y Haynes no hace más que abonar la tierra fértil de la leyenda colocando aquí y allá pistas y guiños para los más acérrimos fans de Bob sin dar demasiadas explicaciones a los legos. Y ése es uno de los grandes logros de esta fascinante película: la manera fragmentada, aleatoria, caprichosa por momentos, pero siempre cohesiva en que se desarrolla una trama que no busca la vana tarea de abarcar la vida de un hombre que vivió varias vidas en una sino en recorrer fragmentos de esa vida imposible de manera no lineal. Los otros dos aciertos son la elección del reparto y de la banda sonora.

Del combinado de estrellas que actúan en la película, desde luego sobresale la impresionante, convincente y andrógina caracterización de Cate Blanchett, pero también hay que prestar atención a la mucho menos publicitada interpretación de Richard Gere, como un forastero melancólico y misterioso que refiere a Billy the Kid y a la fascinación que Bob tiene con él (de hecho, el propio Dylan musicalizó y actuó en el western Pat Garrett & Billy the Kid de 1973). Otras dos actuaciones impecables son las de la conflictiva pareja que forman Heath Ledger y la gran – y no siempre reconocida – Charlotte Gainsbourg, en un papel sobrio y sin fisuras. En cuanto a lo que nos ocupa, el maravilloso soundtrack, el mismo también está rodeado por el halo de misterio y la confusión que trabaja la película. De hecho, la canción que la titula es una gema que Bob jamás grabó oficialmente (una suerte de work in progress continuo) y que circuló durante décadas de forma pirata como parte de sus míticos Basements Tapes junto a The Band. Este tema se editó por primera vez oficialmente con la banda sonora de la película y es la única versión original de Dylan que aparece en el álbum. Y aquí surgen los malos entendidos. El CD incluye una magnífica cantidad de covers, varios de ellos musicalizados por “The Million Dollar Bashers”, un supergrupo creado especialmente para la ocasión con miembros de Sonic Youth, Wilco y, entre otros, Tom Verlaine y John Medeski, pero en la película se usan básicamente las versiones originales de Dylan que, por otra parte, producen algunos momentos memorables. En este sentido, vale la pena chequear esa especie de videoclip incluído en medio del film de la maravillosa y alegre “I Want You” o la irrupción desoladora de esa obra de arte de la melancolía llamada “One More Cup of Coffee (Valley Below)” En cuya letra Dylan podría estar haciendo referencia a sÍ mismo cuando canta aquello de que “tu corazón es como un océano oscuro y misterioso”.

Asimismo, dentro de los covers sin dudas sobresalen la demoledora versión de “Ballad of a Thin Man” (esta sí está incluida en una de las escenas claves del film, cuando Blanchett devenida Dylan descarga toda su furia sobre la figura de un crítico musical) a cargo del líder de Pavement Stephen Malkmus junto a The Million Dollar Bashers y la relectura que hace Sonic Youth del track que titula a la película son dos picos dentro de una lista de interpretaciones de un seleccionado indie que incluye a Calexico, Cat Power y Jeff Tweedy.

Una posible traducción de la bellísima dedicatoria que hizo Jorge Luis Borges a un amor imposible en Historia universal de la infamia es la siguiente: “Te ofrezco ese núcleo de mí mismo que he salvado, de algún modo: ese corazón que no comercia con palabras, que no trafica con sueños, y que no ha sido tocado por el tiempo, por el júbilo, por las adversidades”. Y es ése mismo núcleo el que los álter egos de Dylan en I’m Not There parecen querer conservar intacto a lo largo de la película. Tal vez Por eso, luego de cruces, saltos temporales y cambios de identidades varios, todos ellos confluyen en la escena final que muestra al verdadero Bob Dylan tocando la armónica en una presentación clásica de los años sesenta.

Por Diego Valente

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► [DE REGALO] El enorme soundtrack de I’m Not There:

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*TOP FIVE MUSICAL DEL 2015:

► 1. MI DISCO DEL AÑO: HONEYMOON (Lana Del Rey)

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► 2. MI CANCIÓN DEL AÑO: “Hasta la raíz” (Natalia Lafourcade)

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► 3. MI MOMENTO MUSICAL (dentro de una película) DEL AÑO: “Wonderwall” suena mientras Steve abre la pantalla en Mommy:

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► 4. RECITAL DEL AÑO: BLUR EN PLAZA DE LA MÚSICA

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► 5. SOUNDTRACK DEL AÑO: LOVE & MERCY

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN / AWESOME MIX VOL. 2015] 60 canciones que marcaron el cine de este año + las canciones que los acompañaron a ustedes durante el mismo:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Seguimos de balance en el blog eligiendo, como hicimos en el 2014, los mejores momentos/escenas musicales que nos ha dado el cine en el año; asimismo, están más que invitados a mencionar los discos, canciones, soundtracks y recitales que los marcaron en el 2015; como siempre en estos casos, voy a dejarles una playlist con sus aportes; desde ya que también pueden debatir I’m Not There y el indeleble cine de Todd Haynes; nosotros nos reencontramos mañana con un post sobre Aloha y las películas que más nos decepcionaron en el año; ¡hasta entonces! ¡los leo!

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES: 

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 La última vez escribió Luis Alberto Pescara López sobre… LA INTERTEXTUALIDAD EN EL CINE

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Libros que muerden (y sus novelas favoritas del 2015)

Hoy en Cinescalas escribe: Luis Alberto Pescara López

“Our aspirations, are wrapped up in books
Our inclinations are hidden in looks”
Belle and Sebastian – “Wrapped in Books”

En el filme de culto Performance de 1970 el ojo entrenado puede descubrir dos fotogramas reveladores. En una escena el personaje de Mick Jagger deja caer un libro y la cámara revela que se trata de una antología de Jorge Luis Borges. Más adelante, en el momento más psicodélico de la película, el rostro del autor de Ficciones aparece fugazmente por un instante. La historia – que incluye a una estrella de rock recluida y a un gánster travestido – es bastante borgeana en un punto. Teniendo en cuenta que el fanatismo de Jagger por la obra de “Georgie” es conocido, todo se transforma en un banquete para los amantes de la intertextualidad. Se habla mucho sobre las adaptaciones literarias en el cine, pero pocos rescatan la influencia que los escritores han tenido y tienen sobre la música. De hecho, cuando el music bussines estaba en pañales, los artistas escribían sus primeras canciones bajo la influencia de autores célebres, ya que la lectura era el primer acercamiento que tenían a alguna forma de cultura popular. Lou Reed reconoció cómo la prosa de Raymond Chandler – entre otros escritores de novela negra – ejerció sobre él un peso radical, mientras que Bob Dylan eligió su nombre artístico debido a su admiración por el poeta galés Dylan Thomas (cuyo maravilloso Do Not Go Gentle Into That Good Night es recitado por Michael Caine varias veces en Interestellar). Los ejemplos se multiplican más de lo pensado.

Mick Jagger en Performance

“La mayor parte de mi inspiración viene desde afuera la música, especialmente de la literatura, y particularmente de Oscar Wilde”. La frase le pertenece a Morrissey, un bibliómano confeso al que le gusta sembrar de referencias literarias su obra. En “Cemetery Gates” de The Smiths señala su favoritismo por el autor irlandés por sobre poetas como John Keats y W.B. Yeats. Por otro lado en cierta correspondencia adolescente del cantante que afloró en los últimos años se conocieron sus críticas a William Shakespeare. Quizás por ello el ensayo feminista Una habitación propia de Virginia Woolf – que plantea que William pudo tener una hermana tan talentosa como él pero que sería ninguneada por ser mujer – fue el detonante para “Shakespeare’s Sister”, otro tema de la banda de Manchester. A Emily Brontë le bastó solo una novela para entrar en la inmortalidad. Su Cumbres borrascosas representa como pocos libros el papel que la mujer tenía en la narrativa del siglo XIX: el de alguien que cede ante las presiones sociales, acepta el matrimonio con un hombre que no ama y termina empujada hacia la tragedia. Con los imponentes parajes de Yorkshire como entorno natural, Catherine Earnshaw sufrirá la enfermedad y el retorcido desdén del despechado Heathcliff. La fatalista atmósfera romántica de sus más de 400 páginas fue retomada por Kate Bush en 1978, cuando “Wüthering Heighs” se transformó en un inesperado éxito, una balada épica, a contramano de la música disco y el punk que imperaban en la época, que impulsó su carrera definitivamente.

El poema Do Not Go Gentle Into That Good Night de Dylan Thomas

Se están cumpliendo 150 años de la aparición de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, un texto que a pesar de su exuberante imaginería no tuvo buena suerte en el cine. Walt Disney no quedó satisfecho con la versión animada de los años 50’ (“le faltó corazón” llegó a decir) y la interpretación libre de Tim Burton no cosechó buenos comentarios. Sin embargo su espíritu psicodélico fue recogido con acierto en numerosas canciones. Los californianos de The Jefferson Airplane hicieron de “White Rabbit” un himno de la era hippie, presente en todos los acid tests de aquellos años e infaltable en las bandas sonoras de cualquier película sobre Vietnam. Incluso David Fincher la utilizó sabiamente como leitmotiv en su subvalorada The Game. Aunque este es el ejemplo más clásico, el universo carrolliano aparece en una interminable pléyade de músicos. Desde el “I’m the Walrus” de The Beatles hasta “Canción de Alicia en el país” de Serú Giran (con metáfora política incluida), pasando por las letras de Syd Barrett, tienen su impronta. En tiempos más contemporáneos teen idols como Avril Lavigne y Taylor Swift también se dejaron influenciar por las aventuras subterráneas de Alice.

Kate Bush en el video de Wuthering Heights

Si al Marqués de Sade le debemos el origen de la palabra sadismo, fue Leopold Sacher Masoch quien nos legó el término masoquismo. Cuando este austriaco de ideas libertarias editó La Venus de las pieles en 1870 nunca imaginó que sería un punto de referencia para los amantes de las prácticas BDSM. El libro retrata la relación de sometimiento que se establece entre Severin Von Kusiemski y la bella Wanda, detrás de la cual hay una meditación sobre la tiranía que esconde todo ejercicio de poder, pero también un replanteo del lugar que la mujer ocupa en la sociedad. Lou Reed lo calificó como “the funniest dirty book I’d ever read” y no dudó en tomarlo como eje para el clásico “Venus in Furs”, aquel que suena repetidas veces en Last Days de Gus Van Sant. El grupo neoyorquino captó a la perfección la atmósfera decadente del texto, describiendo una escena amenazante en la que lo peor siempre está por pasar. A diferencia de otros ganadores del Premio Nobel de literatura, las imágenes que la web ofrece de Albert Camus son las de un hombre joven. Fallecido a los 46 años, el francés fue uno de los más destacados exponentes del existencialismo. El protagonista de su novela El extranjero expresa como pocos las angustias del hombre contemporáneo, prisionero de circunstancias que lo alienan y lo empujan a la resignación. La historia de ese personaje que – confundido bajo el terrible sol argelino – termina asesinado a un árabe sin motivación alguna impactó al joven Robert Smith, quien la usó como base para “Killing an Arab”, el primer single editado por The Cure en 1979. Desde entonces la canción ha sido presa de erróneas lecturas referidas a un supuesto contenido racista, por lo que la banda ha debido interpretarla con el estribillo modificado como “Kissing an arab” o “Killing Another”. La corrección política no perdona a nadie.

La letra de White Rabbit de Jefferson Airplane

Pero si hablamos de libros malinterpretados ninguno supera a Lolita de Vladimir Nabokov, al que las miradas moralistas se encargaron de poner en un lugar polémico. Sin embargo, la novela se ríe, con tono satírico y ambigüedad narrativa, de quienes hacen lecturas fáciles, retratando un momento en el que nuevas concepciones de la sexualidad avanzaban mientras la institución matrimonial perdía su autoridad. El libro es directamente referenciado en “Don´t Stand So Close to me” de The Police, que cuenta la ambigua seducción que se produce entre un profesor y su alumna. Más explícita es la cita de Lana Del Rey, quien en el tema “Off To The Races” incluye las famosas líneas “light of my life, fire of my loins, be a good baby do what I want” que abren la historia de Nabokov. A veces un disco entero está dedicado a un autor, como Tales of Mistery and Imagination de The Alan Parsons Project sobre Edgar Alan Poe y Resistance de Muse, sobre George Orwell. En el plano local hay ejemplos conocidos como Polaroid de locura ordinaria de Fito Páez, inspirado por relatos de Charles Bukowski, y el inevitable Artaud de Luis Alberto Spinetta. Incluso el proceso se da de forma inversa y hay varios escritores – Bret Easton Ellis y Nick Hornby entre ellos – que editaron libros con canciones populares como tema central. Los intercambios pueden ser interminables.

La letra de Off to the Races de Lana Del Rey se inspira en Lolita de Vladimir Nabokov

Quizás la admiración que muchos músicos sienten por los escritores se deba a que éstos representaron una temprana forma de alcanzar el estrellato dentro de la cultura. Desde esta perspectiva uno entiende mejor aquella introducción que Todd Haynes incluyó en Velvet Goldmine, en la que un pequeño Oscar Wilde, al preguntársele en el colegio qué era lo que deseaba ser cuando fuera grande, afirmaba: “Yo quiero ser un ídolo pop”. El glam se manifiesta de maneras misteriosas.

Por Luis Alberto Pescara López

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► [GALERÍA]: Sus libros favoritos del 2015:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Comenzamos una nueva semana del blog con el balance de Lo mejor del año; a propósito del post de Luis, me gustaría saber dos cosas: 1. ¿Cuáles fueron los textos que los acompañaron durante el 2015, ya sea cuentos, novelas o ensayos? 2. ¿Qué otras inspiraciones a las mencionadas por el autor de la nota podrían agregar a la lista? Por otro lado, mañana seguimos de balance eligiendo sus series favoritas del año; ¡nos reencontramos en ese post y los leo en este! Que tengan todos un excelente lunes

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES: 

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 La última vez escribió Camila Martinez sobre… LAS SIMILITUDES ENTRE LOST IN TRANSLATION & HER

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Que dure

 - “¿Acaso necesitamos algo más para ser felices?”

- “Que dure”

El amor es un perro verde - Tute

Podemos pensar a Paper Towns desde varios frentes. Por un lado, es la ineludible sucesora de The Fault in Our Stars, la primera película de la factoría Young Adult de John Green que tuvo el éxito garantizado desde que se anunció su (fallida) adaptación. Por el otro, es un film que toma el concepto de Manic Pixie Dream Girl para revertirlo, razón por la cual el personaje de Margo (esa chica destinada a vivir “aventuras épicas”) desaparece a la media hora de iniciada la historia, decisión puesta en función de mostrarla en off, como si fuera más una idea (“muchos hombres piensan que soy un concepto” diría Clementine) que una persona propensa a cometer errores. Sin embargo, lo que separa a la película de Jake Schreier de The Fault in Our Stars es cómo se muestra deliberadamente menos ambiciosa, asegurándose de no citar compulsivamente todas aquellas frases representativas de la novela sino, por el contrario, dejando que los diálogos respiren y suenen mucho más genuinos. Por este mismo motivo, no es casual que Paper Towns haya tenido un impacto menor al de The Fault in Our Stars (una razón es clara: es la obra menos inspirada de Green y a priori la menos atractiva de ver en pantalla), ya que todo en ella se desarrolla en otra escala, con una sobriedad y humanidad que la emparentan mucho al cine de John Hughes y que nos remite a otra adaptación de la dupla de guionistas Scott Neustadter-Michael H. Weber: The Spectacular Now. En consecuencia, que el personaje interpretado por una despareja Cara Delevingne, esa gone girl en cuestión que obsesiona al metódico Quentin (Nat Wolff, correcto como siempre), no sea tan relevante como el grupo de amigos del protagonista, es el gran fuerte de Paper Towns. Lucy (Halston Sage), Marcus (Justin Smith), Angela (Jaz Sinclair) y Ben (Austin Abrams, el mayor encanto del film) emprenden con Quentin un viaje al corazón de ese misterio que es Margo y, en el camino, se redescubren a sí mismos, reconociendo tanto el miedo a dejar atrás la secundaria como los prejuicios que muchas veces les impidieron comprenderse mutuamente. Cuanto más se aleja de Margo y más se acerca a la revaloración de la amistad (el “re” como prefijo de repetición que acá implica aceptar al otro tal cual es), Paper Towns se convierte en una pequeña obra que cuestiona (á la Breakfast Club) esos estereotipos que, paradójicamente, fueron reinstalados por el propio Green. “Mi milagro es este” dice Quentin mientras observa cómo bailan sus amigos en la fiesta de graduación, horas después de decirle adiós a la idea de Margo. Tímidamente busca la aprobación de los cuatro para luego unirse, disfrutando del presente como también, en otro mundo paralelo, lo haría el (más complejo) personaje de Sutter en The Spectacular Now, otro joven que miraba a sus compañeros bailar y que, a partir de la contemplación de esa escena, se volvía un poco más eterno. 

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► [TRAILER] El adelanto de Paper Towns:

paper towns-trailer from Six Second Reviews on Vimeo.

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► [COMPILADO] Tan solo algunos bailes memorables del cine:

Dancing Movie Montage from ClaraDarko on Vimeo.

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► [GALERÍA] 50 imágenes de bailes mencionados por ustedes en el post de hoy; ¡gracias por los aportes!:

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy tenemos una única consigna propuesta por Cristian Rueda que es recordar los bailes más emblemáticos del cine; si encuentran la escena específica, mejor aún, así puedo armar una playlist reuniéndolos; por otro lado, si vieron Paper Towns, también están invitados a compartir sus impresiones sobre el film de Jake Schreier; los espero mañana en un Open Post antes de mi viaje a Córdoba sobre el cual ya me expayaré; ¡que tengan un excelente día! ¡los leo, como siempre!

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Straight Outta Compton: Es solo una cuestión de actitud

“Me gustaba la noche. Las cosas crecen de noche. Mi imaginación está despierta de noche. Todos mis prejuicios sobre las cosas se desvanecen. A veces, uno busca el paraíso en el sitio equivocado. Podría estar bajo tus pies. O en tu propia cama.” - Bob Dylan

Straight Outta Compton comienza como si estuviera evocando a rajatabla una de las frases de Tupac Shakur que eventualmente se convertiría en un manifiesto artístico (o uno que puede aplicarse a cualquier eventualidad por fuera de ese ámbito): “all I’m trying to do is survive and make good out of the dirty, nasty, unbelievable lifestyle that they gave me”. Como siempre, todo parece reducirse a la continua repetición del mantra “excelsior”, de tomar lo negativo e intentar encontrarle una veta creativa. Recientemente, en medio de una relectura de Things the Grandchildren Should Know, la autobiografía del cantante de Eels Mark Oliver Everett, advertí cuántos artistas se aferraron a su pasión primigenia no para despegarse de la realidad sino para experimentarla más vívidamente, como si el secreto de las creaciones que trascienden radicara en eso mismo, en meter los pies en el barro para que la verdad impregne una letra, una melodía, el título de una canción. De hecho, si uno repasa los nombres de los temas compuestos por Everett se topa con “I Need Some Sleep”, “Mistakes of My Youth”, “All The Beautiful Things”, entre muchos otros exponentes de la dicotomía que todos atravesamos cotidianamente. Hay días en los que queremos permanecer entumecidos y hay días en los que estamos capacitados para contemplar la belleza de lo mundano. “Beautiful Freak”. Everett sabe que es necesario hundirse en las arbitrarias contradicciones. “Black Cotton”. El gran Tupac también. A fines de los ochenta, en el barrio Compton de California, Eric “Eazy-E” Wright (interpretado por un sublime Jason Mitchell) escapa de la policía en un intento de vender drogas. En simultáneo, Andre “Dr. Dre” Young (un perfecto Corey Hawkins) yace en el piso de su cuarto con vinilos alrededor y gigantes auriculares en sus oídos. Afuera, su madre le implora que piense en su pequeño hijo, que la reproducción en loop de esos discos no va alterar esa realidad inabordable de la que hablaba Shakur. Días más tarde, O’Shea “Ice Cube” Jackson (O’Shea Jackson Jr., hijo de Cube y revelación de esta biopic) se sube a un colectivo para escribir canciones como Eminem lo haría años más tarde en Detroit: en un papel sucio con la tinta como evidencia de la poesía en los dedos. Gray expone con esa precisa introducción tanto las características de cada uno de esos jóvenes (Eazy-E es el arrebato y el corazón, Dr. Dre es quien absorbe quirúrjicamente la música y Ice Cube es la mente detrás de las mejores letras) como la inevitable génesis del grupo del que también formaría parte DJ Yella. N.W.A. (la sigla corresponde a Niggaz wit Attitudez) surge en un contexto de fuertes pulsiones, donde las drogas, la violencia, las disputas entre pandillas y el abuso de la policía a personas de color eran lo cotidiano. Las mejores secuencias de Straight Outta Compton son aquellas en las que el arte está entremezclado con lo sórdido, como cuando Ice Cube (quien iría a ser dirigido por Gray en su ópera prima Friday) es apuntado por un arma mientras está componiendo con su lapicera o como cuando todo el grupo es detenido solo por el color de su piel, en un descanso de la grabación del que se convertiría en un disco emblemático del rap, el homónimo Straight Outta Compton.

Uno de los aspectos más fascinantes del arte es cómo una determinada creación puede, inconscientemente o no tanto, convertirse en la motivación principal de una obra posterior. Así como “I’m gonna start a revolution from my bed” de Oasis es una frase que probablemente (o al menos eso fantaseo) no existiría si Dylan no hubiese escrito eso de que las mejores ideas residen en la intimidad de uno y su espacio más personal; N.W.A. no hubiese existido sin el gueto como el escenario que les demandaba una respuesta que resuene en otros; Tupac no hubiese escrito “Ghetto Gospel” sin el empuje previo de N.W.A.; Eminem no hubiese existido sin la mano maestra (y el excelente oído) de Dr. Dre; y Dr. Dre no hubiese vuelto a la vida si no hubiese conocido a Marshall Mathers (el “all I know is you came to me when I was at my lowest, you picked me up, breathed new life in me, I owe my life to you” que vocaliza Marshall en la imprescindible “I Need A Doctor” funciona para ambos lados).Cuando se detiene a indagar en lo inevitable de las múltiples conexiones artísticas que trascienden el factor espacio-temporal, Straight Outta Compton late con la misma visceralidad que la dirección de fotografía del enorme Matthew Libattique. El cruce de experiencias entre los integrantes de N.W.A., los momentos exactos en los que concibieron himnos como “Fuck the Police” y “Gangsta Gangsta” (inspirados por la brutalidad de las fuerzas policiales), junto con el mítico recital en Detroit en el que fueron detenidos debido a la explicitud de sus letras, están registrados con un nervio que en la última media hora se disipa. Así como los caminos del trío se bifurcan (Ice Cube entabla una disputa económica con el manager Jerry Heller y se despega para luego pergeñar la violenta “No Vaseline”, Dr. Dre redescubre su talento para descubrir talentos y comienza a trabajar con Suge Knight como figura omnipresente, Eazy E contrae HIV y muere al poco tiempo), esa luz en la oscuridad que era la biopic de Grey, esa urgencia y atemporalidad que nos forzaban a cuestionar una supuesta evolución social, no solo se extingue sino que muta en algo innecesario. Gray trastabilla en la inclusión de escenas con Tupac o Snoop Dog (un irreconocible Keith Stanfield post-Short Term 12) o en la omisión de una contradicción recientemente resaltada por la realizadora Ava DuVernay: “To be a woman who loves hip hop at times is to be in love with your abuser. Because the music was and is that. And yet the culture is ours.”.

Quizás debido a que Straight Outta Compton fue producida por Dre, Cube y la viuda de Eazy-E Tomica Woods, los comprobados actos de violencia y misoginia perpetrados por ellos mismos y por muchos otros referentes del rap, fueron pasados por alto con el fin de mostrar la gestación de la productora de Dre., Aftermath (otro nombre revelador), perdiendo ese brillo de sus primeras dos horas en las que uno, independientemente del contexto, independientemente de no haber habitado en Compton, puede comprender cabalmente. Sí, se puede comprender lo fundamental que fue N.W.A. en cuanto a tomar una posición y hablar sobre la violencia con el arte como única vía posible. Porque seguramente cuando Dre estaba tirado en su cuarto escuchando vinilos y oyendo disparos afuera, de todos modos pensaba que el paraíso estaba bajo sus pies, que había algo en su interior que necesitaba expandirse por fuera de los confines de esa habitación. “Express Yourself”. Otro título entre obvio y radical, cortesía de Ice Cube. “Speak a little truth and people lose their minds” dice su propio hijo en el film, ese hijo que tuvo la posibilidad de ponerse en los pies de su padre y cantar sobre el pedido de la libertad. Straight Outta Compton, antes de su declive final, es una obra poética y romántica sobre la búsqueda de un paraíso que luego se le desplegaría a otros jóvenes raperos incipientes “who post pin-up pictures on their walls all day long, idolize their favorite rappers and know all their songs”. Cantar por quienes tienen un sueño. O por quienes lo creen perdido. De eso se trata. ♪ 

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► [TRAILER] El adelanto de Straight Outta Compton:

Straight Outta Compton - Theatrical Trailer from Gabe Goldstein on Vimeo.

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] 50 canciones de rap mencionadas en el post de hoy; ¡gracias por los aportes!:

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► [GALERÍA] USTEDES & SUS LUGARES DE ORIGEN:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Para este post, tres consignas: 1. Por un lado, quienes hayan visto Straight Outta Compton están más que invitados a explayarse sobre la misma 2. Por el otro, me gustaría que armemos una playlist con sus canciones de rap favoritas 3. Por último, y poniéndonos más personales, la pregunta es ¿en qué barrio crecieron y qué recuerdos tienen del mismo? No se olviden de entrar en este link para armar su foto “Straight Outta Somewhere” para la galería; ¡eso es todo, muchachada! Nos reencontramos mañana para hablar de Woody Allen en la sección de los jueves De menor a mayor; ¡hasta entonces! ¡buen miércoles!

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La música en Nymphomaniac de Lars von Trier

Hoy en Cinescalas escribe: Gastón Aparicio Galeano*

Si hay algo que me gusta es tener la posibilidad de escribir sobre la convergencia entre el cine y la música, sobre qué arte le sirve a qué otro arte dependiendo de cada caso en particular, y sobre quién “acompaña” o quién deviene en una mera utilidad para reforzar un relato casi ajeno. Nymphomaniac, el más reciente film del cineasta danés Lars Von Trier resulta un caso particular e interesante para empezar a hablar sobre la utilización de la música en el cine. El uso de la música, más particularmente la música compuesta previamente a la realización de la película que la utiliza (eso que a veces se llama musicalización), conoció su esplendor con el cine de Stanley Kubrick y de Alfred Hitchcock. El uso de la música de compositores como Beethoven, Strauss, Schubert y muchas otras caras conocidas se volvió insignia del cine de Kubrick, y los famosos violines ejecutando sobreagudos en las escenas de suspenso se volvieron clichés en la industria cinematográfica, por no decir elementos casi obligados en la construcción sonora de los medios audiovisuales. Toda la repercusión que trajo la película de Von Trier fue casi exclusivamente sobre los valores morales (y sexuales) transmitidos por ésta. Fuera de este enfoque, es interesante dejarse guiar por la música, por aquellas pequeñas semillas plantadas a lo largo de la película, donde, en el film más provocador y polémico del realizador danés, éste pareciese haber querido aprovechar los minutos para homenajear a sus predecesores y contemporáneos. En Nymphomaniac es cabal la utilización de diferentes guiños hacia la utilización concreta de música en otros films. Puede ser que estas coincidencias solamente sean lugares comunes, pero como los ejemplos se sucedían uno tras otro, la posibilidad de que fuera una mera coincidencia fue menguando. En arte, un guiño es traducido como un recurso patente de otro artista en una obra propia, en manera de homenaje. Si la cita fuese en manera de burla o de crítica, ya no sería un guiño sino una pantomima o una satirización.

De comienzo en Nymphomaniac nos encontramos con “Führe Mich”, una composición del conjunto alemán Rammstein. Si bien el ejemplo utilizado no es el mismo, podemos hallar una similitud con el film de David Lynch Carretera perdida (Lost Highway). Lynch utiliza los temas “Heirate Mich” (“Cásate conmigo”) y “Rammstein”, de la homónima banda de metal industrial alemán. Suele decirse que los alemanes estuvieron interesados en trabajar con Lynch, pero que éste no se mostró decidido hasta antes de realizar Lost Highway. El desembarco de la banda europea en Hollywood marcó el comienzo del apogeo de su fama a nivel mundial. Como vemos con este primer ejemplo, Lars Von Trier recurre, en una película cuya temática no fue demasiado abordada por el mercado cinematográfico por lo que significó una gran novedad, a composiciones musicales ya usadas en otras películas. La dualidad de novedad versus costumbre es lo que permite definir estas intervenciones como guiños. Tanto Nymphomaniac como Lost Highway son films centrados en la dominación sexual y su correlato con la vida social de los protagonistas. Las letras de Rammstein abordan este costado sexual dominante y trazan un paralelismo directo entre el lenguaje visual y literal.

*La traducción de “Heirate Mich” dice: “Se lo ve hacia la iglesia andando / Desde hace un año él está sólo / El luto tomó en todos sentidos / Duerme cada noche junto a su lápida / Allí cerca de la campana duerme una lápida / Sólo puedo leerla / Y sobre la cerca el gallo rojo / Su tiempo ha sido tu corazón (…) / Cásate conmigo / Te tomo cariñosamente del brazo / Pero tu piel se rasga como papel / Y partes de tí caen / Por segunda vez escapas de mí (…) / Entonces tomo lo que queda / La noche es caliente y desnuda / Como maldición el gallo saluda a la mañana / Le he cortado la cabeza.”

*Y la traducción de “Führe Mich” dice: “Has quedado tallada en mi corazón / Si yo sangro, tú tienes dolores / Tenemos que saberlo / Un solo cuerpo, dos nombres / Nada puede separarnos / Dos núcleos en la semilla / Si tú, lloras, me siento bien / La mano de tu miedo alimenta mi sangre / Guíame / Sosténme / Yo te siento / Yo no te dejo / Estás construida para mi corazón / Dos almas tensan una sola piel / Y cuando digo que todavía estás en mí / Tú mueres, cuando yo lo quiero.”

Ambas letras giran en torno a la dominación sexual y a la dependencia de una relación sentimental. Éste es un punto de contacto entre el significado sintáctico de la canción con el argumento del film de Von Trier. La música en el cine puede utilizarse como recurso de sonorización, y también, cuando la música no es solo instrumental sino que posee texto (y mejor si este texto coincide con algún aspecto del argumento del guión) podemos empezar a hablar de varios niveles de significación en la ambientación de la escena cinematográfica. Con esto me refiero a que tanto lo que se ve como lo que se escucha condicionan la interpretación a un grado mayor. Vale la pena mencionar que en el caso de quienes ven una película en un idioma foráneo que no dominan, este recurso pierde efecto y se vuelve un mero artificio. Bonus: del genial film de Lynch y de su impecable banda sonora podemos mencionar también “I’m Deranged” de David Bowie y “Eye” de los Smashing Pumpkins.

Patricia Arquette y Balthazar Getty en Lost Highway de David Lynch

Un segundo ejemplo en cuanto a Nymphomaniac es la utilización de “Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ”, una composición para órgano a tres voces de J.S. Bach. En este caso, Von Trier hace una interesante combinación entre la textura polifónica con el desarrollo argumental de su film. A cada personaje, Von Trier les asigna una voz y los expone por separado, una vez cada uno en solitario, para luego juntarlos. Este momento es clave, ya que se crea aquí una analogía entre la polifonía musical y el cine. Polifonía significa simplemente muchos sonidos, y se designa para describir texturas musicales en las cuáles interactúan más de una voz con movimientos melódicos independientes. El termino polifonía se utiliza para hablar de texturas contrapuntísticas, lo cual significa punto contra punto, una nota a la cual se le superpone otra. La analogía ocurre cuando se describe a un personaje como una voz melódica y luego se junta con otras, para producir una relación la cual musicalmente se traduce en armonía. El director danés aquí se comporta como un director de coro: primero enseña las partes separadas a su público, para que todos las reconozcan como fragmentos independientes y con carácter propio y luego las junta, pero haciendo hincapié en el hecho de que lo que antes era independiente ahora se vuelve parte de un todo. Esa escena del film podría traducirse entonces en que el mundo es armonía, donde las relaciones singulares en sus mutuas interacciones se vuelven un todo indivisible.

La mencionada composición de Bach fue utilizada anteriormente por Andrei Tarkovsky en su film Solaris, arreglada para órgano electrónico y en la adaptación para piano de Ferruccio Busoni en la última película de Michael Haneke, Amour. Tanto Solaris como Amour son films que bucean en la intimidad de la mente humana, ese lugar donde se desarrollan las relaciones amorosas y la pérdida del ser amado. Puede que Haneke no haya pensado en hacer un guiño a la obra de Tarkovsky, pero el tercero en el embrollo, Von Trier, sí pareciese haberlo pensado. En su libro Esculpir en el tiempo, Tarkovsky expone toda su filosofía sobre el cine y más particularmente sobre su manera de encarar la vida. Tarkovsky sentía, al igual que Ingmar Bergman, un gran respeto y admiración por la obra de J.S. Bach. En Sacrificio podemos escuchar en los créditos iniciales el aria para mezzo soprano (o contratenor) “Erbarme Dich, mein Gott” (Apiádate de mí, mi Dios) de La Pasión según San Mateo. Tarkovsky en su libro decía: “Pero, ¿qué es el arte? ¿Lo bueno o lo malo? ¿Procede de Dios o del Diablo? ¿De la fuerza del hombre o de su debilidad? ¿Es quizá una prenda de la comunidad humana y una imagen de armonía social? ¿Es esa su función? Es algo así como una declaración de amor. Un reconocimiento de la propia dependencia de otros hombres. Es una confesión. Un acto inconsciente, que refleja el verdadero sentido de la vida: el amor y el sacrificio.”

Volviendo a Nymphomaniac y a su controversial temática, podemos reflexionar nuevamente sobre el objetivo del arte. ¿Existe un motivo por el cual el arte existe? ¿Merece la condición humana ser explicada a través del celuloide? El enfoque de Von Trier, si bien se vale todo el tiempo de recursos de sus colegas y antecesores, se convalida en un enfoque diferente. Es como si dijese “aquí donde todos estuvieron, yo no estoy”. A través de la comparación, Nymphomaniac se proclama como diferente, como un producto artístico que va más allá, un lugar donde sus colegas no habían llegado antes. Finalmente, Nymphomaniac es un film que da mucho de qué hablar, más allá de las afinidades estéticas y hasta morales de cada uno. El cine se sirve de la música muchas veces como complemento y como elemento puramente embellecedor, pero otras veces, diríamos las mejores, el cine toma música creada anteriormente y hace uso de ella para reforzar su mensaje estético, para enfatizar su argumento y enriquecer su universo simbólico.

Por Gastón Aparicio Galeano (*Gastón está finalizando la carrera de Dirección Orquestal en la Universidad Nacional de La Plata y es director de la agrupación musical La Compañía Itinerante)

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► [ESPECIAL] Un informe sobre el film de Lars von Trier:

Nymphomaniac Volume I HD 2013 (VO) Featurette from CineTrailer on Vimeo.

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► [RETROSPECTIVA] Una mirada a las protagonistas femeninas del cine del director danés:

The Women of Lars von Trier from Edoardo Cantiello on Vimeo.

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] Como corresponde, les dejo la banda sonora de las dos partes de Nymphomaniac:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Antes que nada quiero agradecerle a Gastón por su enorme nota, es un placer contar con ella en este espacio; por otro lado, les dejo dos consignas para este post: 1. Explayarse no solo sobre Nymphomaniac sino sobre todo el cine de Lars von Trier (¿hasta qué punto les atrae la obra del realizador?) 2. Si tuvieran que elegir solo cinco directores que hacen magistral uso de la música, ¿a quiénes seleccionarían? Los invito a sumar escenas alusivas; como siempre, los leo; que tengan un gran comienzo de semana, nos vemos mañana en “el post del aguante”; ¡buen lunes para toda la muchachada!

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES:

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 La última vez escribió Hernán Schell sobre… Wes Craven

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