“Ahora. Bourne volvió a apoyar la mano sobre el gatillo, dio un empujón a la puerta con el hombro y se abalanzó adentro de la habitación, disparando en círculos mientras rodaba por el piso, balanceando las piernas en sentido inverso a las agujas del reloj. Le dispararon furiosamente mientras Jason alineaba el arma hacia la fuente de los disparos. Un rugido de furia estalló del otro lado de la habitación, desde la oscuridad”. Al analizar un texto (literario, en este caso) siempre hay que estar atento al campo semántico, a las palabras que se repiten y a las razones por las cuales eso sucede. Releyendo la novela de Ludlum El caso Bourne, y concentrándome en el párrafo que les dejo, todo lo que se narra tiene como motor el impulso de seguir hacia adelante. La acción. La oscuridad. Los golpes. El abrirse camino. El no rendirse. Al advertir esto, es evidente cómo Paul Greengrass, en la tercera parte de la saga, tradujo ese ritmo planteado por Ludlum a través de secuencias de incesante pulso. Dicho esto, les cuento que por una idea que surgió en algún que otro divague cinescalero impulsado por Soledad, inauguramos hoy una suerte de combinación de Escena del Día con un Deathmatch, que se planteará quincenalmente. La contrafigura elegida fue James Bond. Las escenas, las que dejo más abajo. ¿Mi elección? Creo que la apertura de este post lo dice todo.
¿Bourne o Bond? Argumenten su elección y opinen sobre las sagas si así lo desean; de yapa, propongan una secuencia y/o versus que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias a todos!
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La percepción es una cosa tan extraña. Sucede con las fotografías y el modo en que nos llegan a todos por un lugar distinto, ya que estamos configurados de manera tal que una cosa nos conmueva pero que a otros, por contraposición y lógica, les resulte indiferente. Stanley Kubrick – él, con sus fotografías para publicaciones varias y sus películas – fue universalmente catalogado como un observador de registro frío, cualidad que se aplicó con connotación peyorativa. En mi opinión, sin embargo, esa frialdad era la única manera de abordar un tema tan complejo, vasto e inaprensible como el del libre albedrío. Sí, Kubrick tenía una versión fatalista, y nunca la ponía al descubierto mediante personajes cálidos que amortiguaran tanto cataclismo. Pero sabía lo que hacía. La esperanza estaba. Incluso en la dualidad de la Humanidad y en las catástrofes proclives a ser ocasionadas por ésta, podía mirar de cara al futuro, aunque más no sea un futuro inmediato y salvaje (el “we have to fuck” que concluye Ojos bien cerrados y todo su cine). Décadas después al estreno de La naranja mecánica, un hombre llamado Jonathan Glazer usaría todo el imaginario de la adaptación de la novela de Burgess para una adaptación diferente: la de traducir una canción en imágenes. La canción era “The Universal”. La banda, Blur. Glazer también sabía lo que hacía. Tomaba para su video esa supuesta visión pesimista y distante de Kubrick para poner a Damon Albarn cantando sobre la llegada de un futuro y la concreción de las posibilidades (“yes, it really, really, really could happen”). Con esa clase de manifiestos, Glazer pasó del videoclip al cine como solo un grupo selecto supo hacerlo (ya lo saben, el grupo de Gondry, Jonzey compañía): manteniendo una línea autoral.
Los ecos de Kubrick en Glazer son notorios (el primer plano de Nicole Kidman en Birth es brillante en ese aspecto), pero más notoria aún es su obsesión por el destino como arma de doble filo. El realizador inglés usa todas las herramientas que tiene a mano para mostrar a individuos que son alcanzados por un pasado, individuos que no pueden huir de un determinado karma. En el video de Radiohead titulado, justamente, “Karma Police”, Thom Yorke canta sobre las consecuencias de meterse con esa policía persistente y justiciera, y Glazer lo evidencia con ese hombre que corre, corre y corre, mientras un auto (muy a lo Christine de Stephen King) lo persigue para derrotarlo, hasta que algo arde con sonoridad. En “Rabbit in your Headlights” de U.N.K.L.E., otro hombre, esta vez caminante, ignora un caos desatado a su alrededor, un poco a la manera de la banda de Oxford en otro gran video de la factoría Glazer, esa mágica obra ralentizada y en blanco y negro llamada “Street Spirit (Fade Out)”. Al director le gusta hacer foco en un individuo, se apega a él, capta sus expresiones como nadie y muestra la irrupción de ese karma con un recurso tan poderoso y ridículo como lo es el de una piedra cayendo en una pileta, en esa gran escena de su ópera prima Sexy Beast.Los videos de Glazer y su cine work in progress son cínicos y desprejuiciados, son obras que hablan sobre los quiebres que se producen en la soledad y en medio de un silencio que aturde. Es allí, en ese silencio, donde un hombre, de la manera que sea y con las armas que tenga disponibles, deberá fijar la mirada y enfrentar, a su modo, un destino inexorable.
TRES VIDEOS DE JONATHAN GLAZER:
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* 1. “KARMA POLICE” (Radiohead):
* 2. “RABBIT IN YOUR HEADLIGHTS” (U.N.K.L.E.):
* 3. “A SONG FOR THE LOVERS” (Richard Ashcroft):
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* BONUS TRACK: Playlist de las canciones que Jonathan Glazer convirtió en videos:
¿Qué realizadores de videoclips que hayan hecho el salto al cine les interesan particularmente? De yapa, los invito a que mencionen sus videos favoritos de la historia de la música; ¡Dejen sus comentarios!
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“Llevo conmigo fotografías sin revelar” es una de mis frases de cabecera y no me cuesta demasiado entender las razones. En esa canción de Mi pequeña muerte – y en esas palabras en particular – hay una suma de elementos nostálgicos con los que cualquiera de nosotros podría identificarse. Está el recuerdo. Está el pasado. Está el recuerdo de ese pasado. Todos, seamos conscientes de eso o no, vamos recopilando imágenes mentales de momentos que ya no vuelven, instantáneas de una época que nos define. El cine, si es parte de esos momentos, entonces también puede llegar a definirnos y a marcar el camino posterior. Como las canciones, hay películas con cuyas escenas nos basta reencontrarnos para ubicar las sensaciones de la primera vez que las vimos. Me pasa con John Hughes, pero sobre todo hay un vínculo especial con Hackers, justamente por ser un film que llegó en mi adolescencia y al mismo tiempo por ser un film que, visto hoy en perspectiva, es adorable porque resulta obsoleto en los detalles. Paradójicamente, lo mágico del asunto es la manera en la que, incluso con eso jugándole en contra, hay escenas que (si las abstraemos de su registro de una época puntual) trascienden ese instante y terminan siendo atemporales. Porque el plano final con Crash Override y Acid Burn en la pileta puedo verlo hoy y considerarlo como un gran punto de partida para el cine libre, desprejuiciado y algo punk que me iba a gustar tiempo después. Un cine en el que, claro, la música nunca podría resultar prescindible.
¿Cuáles fueron las películas que marcaron su adolescencia? ¿Las siguen viendo en la actualidad? ¿Creen que hay films que pueden definirlos? ¡Dejen sus comentarios! ¡Buen martes para todos!
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Parecía imposible. En una época en la que los más sofisticados efectos especiales, los bombardeos de estímulos en imágenes y efectos de sonido, y el abuso del 3D son moneda corriente, que una película como The Artist captara la atención del público parecía algo impensado. Sin embargo, un director francés del que en la vida había escuchado hablar concibió a George Valentin, una estrella del cine mudo de los años 20, que se enfrenta a la caída de su carrera como consecuencia de la llegada del cine sonoro a fines de aquella década; él, junto con Jean Dujardin, quien le da vida en la pantalla a este héroe sin voz, obraron la magia de que lo imposible se volviera no solo posible, sino además aclamado por la crítica, gran favorito en cuanta entrega de premios existe y amado a primera vista por quien les escribe. Un Dujardin que por su magnífica actuación en esta película merecería un post aparte: por la increíble expresividad que tiene, por la versatilidad con la que en un mismo film pasa del drama, a la comedia, a finalmente emocionarte sin necesidad de decir ni una sola palabra.
Mientras se produce la caída de la carrera de George, la de Peppy Miller, a quien Valentin conoce por casualidad – y con quien conecta al instante - va en vertiginosa subida. Peppy se cruza en la vida de George como su fan, y pasa de ser una extra en sus películas a ser la nueva cara de un cine parlante. Un cine que a George le resulta desconocido, innecesario y hasta digno de burla (“If that´s the future, you can have it…” dice – sin que se lo escuche -…) El ocaso de George Valentin por su negativa a adaptarse al cine sonoro y su orgullo, hacen paralelismo con su dificultad para hablar en situaciones reales de su vida, como la crisis que conjuntamente con la de su carrera atraviesa su matrimonio o lo que personalmente le provoca perder todo aquello que hasta entonces era su vida: la actuación; tampoco entonces elige hablar… George se comunica haciendo gracias, como su perrito (para cuándo una categoría en los Oscars para los animales!!???). Para George todo es silencio, gestos, miradas y música. George quisiera hablar, pero no puede. George es un artista…
The Artist te transporta en el tiempo, viéndola uno se descubre como hipnotizado por lo que sale de la pantalla.The Artist exacerba las emociones, hace que nos perdamos en infinidad de detalles muy sutiles que no estamos acostumbrados a mirar, y uno se descubre riendo, asombrándose, llorando…Personalmente, me hechizó como hacía tiempo no me pasaba con una película. Sin dudas su genial banda sonora ayudó a provocar ese efecto: la maravillosa música de Ludovic Bource acompaña cada sentimiento que atraviesan los personajes. La genialidad de Bource logra alegrarnos con una melodía cuando George Valentin está feliz, hacernos reir con otra cuando Peppy contagia chispas, desesperarnos con una más cuando la escena es tensa o enamorarnos cuando George y Peppy se dicen tanto solamente con los ojos…
No les voy a contar sobre las escenas tan perfectas que tiene y sobre lo que ellas expresan e implican: no quiero spoilearles una película que nadie debería perderse de ver en el cine cuando el proximo 16 de febrero se estrene en nuestro país. Lo que sí les voy a decir es que The Artist es un film que te enamora desde lo más básico, sin super adornos y artilugios visuales, sin diálogos elocuentes y llenos de ocurrencias fantásticas dignas de ser citadas. The Artist esmúsica para los oídos y para los ojos, ambas perfectamente entrelazadas. Te provoca esa misma fascinación inexplicable que te sucede con ciertas historias en tu vida. Te enamora con ese blanco y negro en el que podés ver mucho más intensamente cada luz y cada sombra, con la manera en la que todo lo trascendente se dice con un lenguaje que no es verbal. A mí me recordó exactamente eso: cómo era enamorarse (en el cine, pero también fuera de él, en las historias qupe a nosotros mismos a veces nos ocurren así de mágica e inexplicablemente como en las películas…), precisamente, porque en eso, como también en The Artist, Words Are Very Unnecesary…
Por Ana Mancuso
¿Vieron The Artist? ¿Cuál es su relación con el cine mudo? ¿Han visto mucho o es una asignatura pendiente?; ¡Dejen sus comentarios!; si quieren escribir en Cinescalas manden sus notas a milyyorke@gmail.com
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La letra es esta: And if the snow buries my neighbourhood and if my parents are crying, then I’ll dig a tunnel from my window to yours, yeah a tunnel from my window to yours / You climb out the chimney and meet me in the middle, the middle of the town and since there’s no one else around, we let our hair grow long and forget all we used to know, then our skin gets thicker from living out in the snow / You change all the lead sleepin’ in my head, as the day grows dim I hear you sing a golden hymn / Then we tried to name our babies, but we forgot all the names that, the names we used to know but sometimes, we remember our bedrooms and our parent’s bedrooms and the bedrooms of our friends / Then we think of our parents, well whatever happened to them? / You change all the lead sleepin’ in my head to gold, as the day grows dim, I hear you sing a golden hymn, the song I’ve been trying to sing / Purify the colours, purify my mind, purify the colours, purify my mind and spread the ashes of the colours over this heart of mine! /
“Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos”. En el prólogo a su imprescindible libro El cine según Hitchcock, Francois Truffaut cita a Cocteau, quien a su vez aludía al carácter trascendental de la obra de Proust. Pero el emblemático realizador de la Nouvelle Vague no lo hacía para ratificar esa afirmación sobre el autor de En busca del tiempo perdido sino para resumir su percepción sobre Alfred Hitchock. Se sabe que Truffaut y compañía se habían embanderado en una defensa, en un rescate de films norteamericanos de sello Hawks, Ford y, por supuesto, de sello Hitchcock. La cita de Cocteau no podría estar mejor utilizada, pero el francés le suma su propia perspectiva del asunto: “Es un cineasta de pasión exclusiva, una emotividad extrema enmascarada por una maestría técnica poco frecuente”. En Extraños en un tren – que además tiene el aditamento de ser una adaptación de Raymond Chandler de una novela de Patricia Highsmith -, todos esos rasgos a los que alude Truffaut se ponen de manifiesto, se entrelazan y evidencian lo atemporal del cine de Hitchcock y con cuánta fuerza estableció parámetros para realizadores posteriores. Por ejemplo, la economía de recursos que Joe Wright aplica enOrgullo y prejuicio mostrando los zapatos sucios de Lizzie para denotar su clase social es claramente una perspectiva tomada del cine del director de Psicosis, uno de los pocos en poder resumir sin palabras toda una historia, todo un punto de vista, todo un manifiesto (Luis Buñuel sería un caso similar, aunque con un simbolismo mucho más marcado).
Así como en Intriga internacionalese método se percibía en la toma del tren entrando al túnel, en Extraños en un tren lo primero que vemos son dos pares de zapatos en camino hacia un encuentro que, desde ya, solo se produce para que las vidas de ambos partícipes cambien. Con la colaboración de Chandler – quién mejor para adaptar a Highsmith que él en este tipo de historias -, Hitchcock, como bien resaltó Truffaut, conjuga pasión con maestría técnica como pocos pudieron hacerlo. Para eso, se concentra en detalles, en una subjetividad para filmar que nos posiciona en distintas veredas (el partido de tenis mostrado desde la perspectiva de los espectadores, justamente para remarcar ese ida y vuelta entre un protagonista de la contienda y el otro), pero sin que la citada perfección técnica anule esa pasión desatada por dos hombres que establecen un pacto de sangre. Si la obra de Hitchcock continúa viviendo, si podemos detenernos en secuencias como la del asesinato visto a través de unos anteojos, es porque hay una maniático pulso detrás que nos dice que el cine es superior solo cuando nada queda librado al azar y cuando un primer plano, un macguffin o una simpatía enardecida que se despliega del “villano”(no hay uno definido, claro está) nos acerca a una inmortalidad autoral raras veces vista.
Mirá todos los cameos de Hitchcock en sus films:
¿Cuál les parece la mejor película de Alfred Hitchcock? ¿De qué otro realizador quisieran ver post? ¡Comenten! ¡Buen Finde para todos!
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El final de Náufrago es lo más cercano a un manifiesto sobre la libertad que podemos encontrar en una secuencia cinematográfica. Quizás por eso nunca reparo en la publicidad de FedEx, no me detengo demasiado en todo lo que transcurre en esa isla, así como tampoco recuerdo solo aWilson.Los grandes momentos del film de Robert Zemeckis llegan a medida que se acerca el desenlace, donde adquieren importancia sustancial todas esas señales que la historia venía entregando previamente (Noland como un hombre sin tierra; los relojes y las brújulas que no funcionan en ese tiempo que se detiene) y que convergen en ese sendero de caminos que se birfucan. La escena de hoy es un monólogo de Chuck sobre una de las situaciones que más nos cuesta manejar: las situaciones imprevistas. Mientras él sostiene el vaso, mientras habla con su amigo, mientras reconoce nunca haber pensado volver a sentir el frío de un hielo en su mano, y mientras se lamenta por la pérdida de un amor que trasciende cualquier brecha temporo-espacial, su entonación optimista habla de cómo la esperanza se impone por sobre la resignación. Náufrago, con esa manera luminosa de mirar el camino abierto, termina siendo menos un film sobre un hombre rutinario que se desestructura y más uno sobre cómo lidiar con las fluctuaciones, con todo aquello que se nos va de las manos por no poder controlarlo; por eso, cada vez que muestra una ruta, un beso bajo la lluvia o un llanto sobre una balsa, lo hace siempre e inevitablemente hablando de la libertad.
“Who knows what the tide could bring?”:
¿Qué opinan de Náufrago? ¿Qué otros grandes monólogos del cine podrían sumar al post?; de yapa, propongan una secuencia que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias!
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Confieso que muchas veces me gustaría ser testigo del momento en el que los actores deciden su participación en una determinada película. Claro que cuando se trata de actores en cuyo criterio uno confía, si nos encontramos con resultados como el que ilustra el post de hoy, no queda otra opción más que preguntarnos qué pudo haberlos conducido a involucrarse en mediocridades que no están a su altura. El problema con Kate Winsleten Contagion – para el caso, con muchos otros actores de ese elenco multiestelar – no es que su participación sea breve sino, retomando el planteo del comienzo, es el interrogante de cómo pudo haber querido formar parte de una película tan vacua. Lo que hace Steven Soderbergh es mostrar el avance de una epidemia pero sin jamás ahondar en la cantidad de tramas que abre. Las historias – incluida la de Winslet – van desde el planteo más básico (el bloguero inescrupuloso que interpreta Jude Law)hasta el planteo más llamativo pero menos aprovechado (el que incluye aMarion Cotillard),siempre con una suerte de tanteo de las diferentes formas de abordarlos. Por esta razón, Soderbergh entrecruza una escena gore con una escena más unívocamente dramática, presentando personajes con cierto regodeo en su caracter de estrella, a los que luego abandona sin explicación posible. Pero más allá de su peso pluma general, Contagion alcanza el colmo de subestimación al espectador con un final en el que el director quiere lucirse con un truquito “original” que termina por corroborar las limitaciones que veníamos padeciendo. ¿A qué venía todo esto? A que no entiendo qué llevo a Winslet y a muchos(Matt Damon,por citar otro ejemplo) a aceptar ser parte de un film deslucido. ¿Qué lleva a un actor a equivocarse? ¿Qué lleva a un director a hacer lo propio? Las respuestas seguramente nunca lleguen, lo cual no nos deja otra opción más que analizar (y dejar pasar) esos traspiés ocasionales.
¿En qué películas sus actores y/o directores favoritos no tomaron la mejor decisión o, coloquialmente hablando, derraparon y desperdiciaron su talento? ¡Dejen sus comentarios!
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Pocas cosas me gustan tanto como enterarme de datos que, analizándolos objetivamente, pueden parecer intrascendentes. Sin embargo, a nivel personal, terminan resultando importantes, ya sea porque sacian una determinada curiosidad (“mi materia prima es la curiosidad” dijo una vez Liniers y siempre me apropio de su declaración de principios) o bien porque se adhieren a otra gran cantidad de detalles que disfruto conocer cuando algo me interesa en demasía. Por eso, siempre me agrada escuchar a los demás cuando comparten esos datos con alto nivel de precisión y minuciosidad. El cine fomenta ese intercambio, más aún cuando se lo disfruta de manera obsesiva, atribuyéndole valor a detalles como que Jonah Hill estuvo seis meses de caravana con Puff Daddy para prepararse para su papel en Get Him to the Greek o que Brian De Palma colaboró en el guión de los títulos de crédito de Star Wars (de esto me enteré hace poco). Entonces, si la materia prima de ustedes también es la curiosidad, quisiera convertir este post en un microespacio de intercambio de historias que, gracias a nuestra cinefilia, las incorporamos como si en ellas residieran todos los significados, todo lo culturalmente fundamental y relevante. Porque tal vez así sea.
¿Qué datos, anécdotas y/o curiosidades cinéfilas quisieran compartir con el resto en el post de hoy?; ¡dejen sus comentarios y buen martes!
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Soy crítica de cine y redactora de Espectáculos de lanacion.com. También soy Enid Coleslaw, Margot Tenenbaum y Franny Glass. Tengo un amor irracional por Stanley Kubrick y Owen Wilson.