Diario de rodaje: Tercera escala

*UN VIDEO (Con Jessi y Eze):

No estás solo en esto - Filmación: Día III (con Jessi y Eze) from Cinescalas on Vimeo.

*OTRO VIDEO (Con Javi):

No estás solo en esto - Filmación: Día III (con Javi) from Cinescalas on Vimeo.

*MUCHAS FOTOS MÁS:

Diario de rodaje: Segunda escala

*UN VIDEO (Con Mili):

No estás solo en esto - Filmación: Día II (Con Mili) from Cinescalas on Vimeo.

*OTRO VIDEO (Con Anis):

No estás solo en esto - Filmación: Día II (Con Anis) from Cinescalas on Vimeo.

*MUCHAS FOTOS:

¡900 posts! (y un video romántico de regalo) (y una breve despedida) (y a filmar la película) (y otro gracias)

“Todos acababan diciendo que fantaseaba demasiado, que siempre tenía la cabeza en otro sitio. No sé dónde estaría ese sitio” - Patti Smith

Reconozco que ya no se me da tanto ser diplomática. ¿Vieron eso de tener que estar cumpliendo expectativas ajenas o formar parte de un núcleo tan solo porque hay que hacerlo? Cada vez que cito a Fuguet, olvido citar una de las frases más contundentes de Mala onda: “me carga que la gente espere cosas de mí, me enreda, me complica, me obliga a responder”. Hace poco me encontré en una situación en la que me dijeron todo eso que uno no debería escuchar: las conclusiones apresuradas que el entorno puede sacar de vos. Conclusiones signadas por los prejuicios, como casi siempre. En realidad, no sé si no debería escucharlas sino que ya conozco un poco cómo funciona. Todo se reduce al concepto de pertenecer. Si no te integrás en determinadas conversaciones, es que el problema lo tenés vos. Nunca puede ser a la inversa. Nunca puede ser que vos estés eligiendo con quién pasar el tiempo. El preciado tiempo. Se subestima tanto lo efímero que es, tanto al punto de que se lo emplea mirando hacia el costado, mirando al otro, hablando del otro, pensando lo que se quiera del otro. Lo que mejor haga sentir al que está enarbolando sus sentencias. Pero así como ya no me sale tanto ser diplomática cuando del otro lado no hay nada que motive mi respuesta, sí se me da por proteger ese sitio del que habla Patti Smith en su cita. Me gusta que ella no explicite hacia dónde exactamente va su cabeza, porque… ¿cómo se podría enumerar todo aquello que penetra la sensibilidad? Son canciones, películas, viajes, experiencias, palabras leídas, personas que llegan y se van, una casa propia, una casa ajena, una decisión. Es lo abstracto y lo concreto. Es lo que nos define. Son nuestras reacciones ante las acciones. Es decirle a un libro “gracias por hablar por mí” y es sentir cómo una melodía se mete por debajo de tu piel. Todo eso conforma el sitio sobre el que escribe Patti. Yo quiero decir esto: Cinescalas es el sitio donde puedo llevar registro de cada cosa que veo, leo y escucho. Es el sitio donde pertenezco. Pero no pertenezco porque el blog sea de mi autoría. Uno puede escribir y también sentirse solo. Yo no. Nunca me pasó. Ustedes me hacen sentir que formo parte del mejor lugar posible. Del que es genuino. No me interesa nada que no tenga que ver con esa cuota de sinceridad para con uno mismo, para decir “me gusta esto” o “no me interesa esto otro”. Y soy muy afortunada. Porque si tampoco debo estar guardando las apariencias en espacios donde no me siento yo, es porque siempre tengo un lugar al que volver. Qué tema el de los lugares. Pasé años buscando un único espacio que me hiciera bien. Salté de un lado al otro hasta que finalmente me di cuenta que mi espacio físico puede ir variando, pero es el “virtual” el que permanece inalterable. Qué paradoja. Qué cosa tan rara de explicar. Vuelvo a Fuguet porque él lo expresa mejor que yo: “si hay conexión hay lugar, incluso en un no-lugar”. Pensé en eso de “no-lugar”. Cinescalas como página web. Como blog. Como sitio de Internet. Como un no-lugar. Sin embargo, para mí es más lugar que tantos otros lugares “reales”. Justamente por esa conexión. La que yo tengo con ustedes, las que ustedes tienen conmigo y las que ustedes tienen entre ustedes. Ustedes que me escriben y ustedes que hicieron posible que filme una película. Quiero volver sobre esa situación que me hizo ahondar en los prejuicios, en cómo sé con seguridad a qué sitio pertenezco y de qué sitio prefiero excluirme, porque esa situación me dio la tranquilidad para reafirmar lo poco que importa la percepción de los desconocidos. “I do some stupid things, but my heart is in the right place and this I know”. Tantas veces pensé en esa frase en estas últimas semanas y, como siempre, la dejo acá. El lugar donde quiero estar porque se siente correcto. Gracias por darme eso. Una de las pocas certezas de mi vida.

Ahora sí: paso a contar algunos detalles de la película. No estás solo en esto se va a filmar durante todo el mes de abril (con excepción de los últimos días) en un rodaje intenso y ajustado. El documental va a abarcar entrevistas en Capital Federal, Rosario, Córdoba y Tafí Viejo. La última jornada se rodará en San Antonio de Areco (mi testimonio). Debido a que se trata de una película que durará alrededor de 70 minutos, será imposible entrevistarlos a todos los integrantes de la comunidad. Sin embargo, todos estarán presentes en la película según lo tengo estipulado en el guión, y ya recibirán mi mail explicando qué necesito de ustedes para que formen parte del film. Por otro lado, como ya les había contado, los editores y directores de fotografía son Victoria Fernández y Martín Nocquet de Ypnos Producciones. El plan es comenzar con la edición de la película a mediados de mayo hasta que quede como queremos. Asimismo, No estás solo en esto contará con la música instrumental de Thomas Cepeda y Jacob Piontek y con canciones que estoy terminando de definir. Como ustedes hicieron posible este rodaje, durante abril el blog se va a actualizar solo con fotos y/o videos que funcionen como testimonio de lo que estaremos filmando. Por una cuestión de tiempo es que no puedo filmar a la par de escribir y mi energía en abril tiene que estar destinada a la película. El panorama futuro de no encontrarme con ustedes acá las próximas semanas no me agrada, pero estimo que seguirán con los debates en mi ausencia. Lo escribo siempre, pero no quiero dejar de hacerlo: gracias. Gracias por los aportes en Ideame, por los mails ofreciendo ayuda de todo tipo, por las palabras que incrementan el entusiasmo. Gracias por hacer de abril de 2014 uno de los períodos más especiales y desafiantes de mi vida. Cuídenme el rancho. Los leo a la vuelta. 

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VIDEO: SUS ESCENAS ROMÁNTICAS FAVORITAS DEL CINE:

Hace unos meses atrás, en este post, les había pedido que dejen links de las secuencias románticas del cine que podrían ver una y otra vez. La idea era festejar los 900 y hacer una despedida con todos esos momentos en un video. No sé cómo lo hace, pero Mati Aimar se supera con sus compilados. No adelanto nada, solo dejo que el poder de la edición y de sus aportes hagan lo suyo. Sí les digo que este es otro video/regalo de Cinescalas musicalizado con Queen, ya un clásico de los cumpleposts. Que lo disfruten. Yo lo vi mil veces ya. Y ahora lo veré de nuevo…

Los 900 posts de Cinescalas from lanacion.com on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Como siempre en estos cumpleposts, los invito a saludar y a comentar el video; va a ser raro no actualizar el blog normalmente, pero espero que sigan charlando en este post y que me esperen con el aguante de siempre; nuevamente gracias por hacer posible la filmación de la película y por haber traído tantas cosas increíbles a mi vida; ¡nos vemos en pocas semanas nada más! El lunes 5 de mayo estamos oficialmente de regreso; mientras tanto, esperen los posts del rodaje durante abril; ¡hasta pronto! ¡se los va a extrañar! PD. Un gracias extra a todos los que me enviaron notas que no han sido publicadas todavía; sé que me tendrán paciencia para que las publique paulatinamente a mi regreso ;)

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 ► [DE YAPA: LISTA DE REPRODUCCIÓN] Para festejar los 900 posts, reciclamos la playlist UP! que armamos en noviembre de 2013; ¡a darle play nuevamente!

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 ► [OTRA YAPA: GALERÍA] Cómo festejamos espontáneamente el #CinescalasDay en Twitter usando la remera del blog:

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900 POSTS…¡SE LOS QUIERE, MUCHACHADA!

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Podcast Cinescalero Volumen IV: Sobre el BAFICI y los festivales

Seguimos de podcast. En la charla de hoy, con Luján Noguera y Florencia Giles hablamos sobre nuestras experiencias yendo a festivales. El podcast se divide en cuatro partes breves por problemas de conexión, pero el sonido está perfecto. De yapa, agrego que repasamos los puntos fuertes de la nueva edición del BAFICI que comienza el próximo miércoles. Las consignas para este día: ¿les gustan los festivales? ¿Qué buenas películas recuerdan haber visto en ellos? ¿Qué tienen pensado ver en el BAFICI? ¿Ya sacaron entradas?  Los leemos y nos reencontramos el lunes en la última semana del blog antes del rodaje de la película. ¡Buen fin de semana para todos!

Podcast Cinescalero: Volumen IV (Parte I) by Cinescalas on Mixcloud

Podcast Cinescalero: Volumen IV (Parte II) by Cinescalas on Mixcloud

Podcast Cinescalero: Volumen IV (Parte III) by Cinescalas on Mixcloud

Podcast Cinescalero: Volumen IV (Parte IV) by Cinescalas on Mixcloud

El cine bajo la mirada de…Alain Guiraudie

Foto: fillm.com

“El amor puede ser una pesadilla absoluta, pero igual vamos hacia él porque es inevitable, porque nos llama, porque nos gusta” asegura Alain Guiraudie, realizador francés que estuvo en Argentina presentando su última producción, El desconocido del lago, en el marco del festival Les Avant Première. La palabra “pesadilla” sobrevuela todo el film, centrado en las experiencias de un grupo de hombres que disfrutan del sexo libre en un balneario, y donde el amor es un término estrictamente dual: puede representar la compañía, lo platónico y lo idílico; y al mismo tiempo puede representar el más fervoroso deseo de acabar con el otro en todas sus formas. No es casual que El desconocido del lago comience y termine con el cielo en distintos estadios. Los vínculos raras veces permanecen inmaculados. Los anhelos personales se entrecruzan con las ambiciones del otro y así, todo aquello que puede iniciarse como una fantasía bucólica, también puede concluir con el absoluto desconocimiento. El adjetivo “extraño”, entonces, no es tan literal en el film. Por un lado, sí se relaciona con los encuentros ocasionales. Por el otro, está unido a una verdad indiscutible sobre la que ahondamos el martes a propósito de Stockholm: en la búsqueda de afecto el abanico es tan amplio que el destinatario de nuestra urgencia es generalmente ominoso e indescifrable. Por lo tanto, y aunque El desconocido del lago vaya con paso seguro hacia la temática policial, es más una historia de amor (dura, frontal, valiente) sobre el hecho de sucumbir a una persona y los peligros que eso conlleva. Aquí abajo les dejo una breve entrevista que le hice a Guiraudie, quien define al sexo como un acto “solar” que no debería estar asociado a lo subterráneo.

Tu película opera por contrastes; en ese sentido, ¿el lago fue siempre la locación elegida para desarrollar la historia? Dado que es un espacio plácido y reconfortante y a la vez uno mucho más opresivo

¡Creo que ya dijiste todo con tu pregunta! (risas), pero voy a desarrollar un poco más en francés (risas). Creo que el lago es la imagen de la película por excelencia, lo mismo que el bosque, porque se vincula no sólo con el protagonista Michel sino también con el hombre en general. El lago tiene una cualidad atractiva porque es persuasivo, te invita a ingresar, y en simultáneo es un lugar inquietante porque podés desaparecer para siempre dentro de él y no volver nunca más. Por otro lado, creo que si bien me interesa esta imagen o concepción del amor y de la liberación sexual como algo que nos permite emanciparnos de ataduras y prejuicios, esa liberación también es un arma de doble filo. Esa liberación puede llevar a la sociedad, en su afán por gozar, a una cierta alineación. Perdón si me fui un poco por las ramas (risas)

(risas) No, está perfecto, de hecho en relación a la concepción del amor y el sexo, imagino que el objetivo era mostrar las distintas visiones: la de Franck y su devoción por poseer a Michel y la de Henri y su amor más puro por Franck

Sí, aunque en realidad esta película, más que mostrar diversas formas de abordar el sexo, se preocupa esencialmente por el concepto de deseo. Es algo sobre lo que me interrogo continuamente y sobre lo que me parecía fundamental ampliar. Por lo tanto, que el sexo sea mostrado de frente, explícito y sin vueltas, era un aspecto crucial en relación al tópico del deseo y los distintos tabús que lo rodean. Además, como vos mencionás, la película también observa a Henri, quien nos refleja a todos nosotros cuando estamos en un momento de superación de la pérdida. En ese instante, el sexo deja de ser importante, los vínculos pueden ir más allá de él, y no es necesario que cada contacto que establezcamos deba consumarse necesariamente. El deseo no siempre termina en concreción. Las ganas de un amor imposible, o de mantener al amor en ese estado de imposibilidad, también nos atraviesan a todos

Sí, incluso Henri dice “sentirse solo es agotador”, lo cual también convierte a tu película en una obra acerca de la soledad

Sí, indudablemente es una película sobre la soledad. Lo que quise mostrar son los pormenores del arte de estar solos juntos. Por eso la comunidad que está ahí, cerca de ese lago, lo que está haciendo también es dialogar con la soledad, interrogarla, abordarla en ese espacio

Con algunas raras excepciones, el cine por lo general muestra la homosexualidad y el sexo gay en espacios confinados, casi como si fuera vergonzoso. Me gusta que tu película lo haga a cielo abierto, ¿esa fue una postura consciente y contestataria de aquella otra?

Absolutamente. Todo tenía que ver con tres factores. En primer lugar, quería mostrar cosas que no se muestran nunca, o que por lo menos yo nunca había visto. En segundo lugar, quería construir una película sensual que estuviera siempre en armonía con la naturaleza, con el agua, el viento, los árboles, los pájaros. Por último, buscaba ir en contra de esa representación de la homosexualidad a las que vos te referís, donde el sexo está enfocado en mundos infernales, siempre nocturnos, siempre subterráneos. Una película que se me viene a la mente en relación a esto es Cruising de William Friedkin. Mi visión es totalmente opuesta. Para mí el sexo es algo feliz que debe mostrar alegría. El sexo, en realidad, es algo estrictamente solar. Por eso hay que hacerle contrapeso a esa otra visión menos luminosa, y mostrar algo diferente. Asimismo, la idea fue siempre la de ingresar en un microcosmos muy particular con el objetivo de despojarlo de cualquier concepción de gueto, de estar encerrado. Quise ir bastante más allá: tomar a estos hombres como si estuviera en una isla desierta para hablar del hombre desde sus generalidades

Tu película empieza de día y termina de noche, ¿la decisión de mostrar la evolución de los estados del deseo estuvo en el guión desde el comienzo?

Es una buena pregunta. Eso lo pensé durante todo el proceso de escritura y era algo a lo que nos íbamos acomodando a medida que íbamos filmando. La idea principal que siempre se mantuvo era concluir la película con la noche, conservar la noche para el momento final. Entonces, mientras filmábamos, teníamos ese objetivo en vista, el de concebir el film como un universo hedonista y solar en sus inicios, pero que finalizara como una gran pesadilla, en las tinieblas. Entonces, en ese “mientras tanto”, lo que se buscaba era ir lentamente hacia la noche, hacia la oscuridad…

¿Suscribís a la concepción que muchos tenemos de tu película como una obra romántica?

Sí, absolutamente. Se inscribe en una tradición romántica sobre todo por esa idea de creer en el amor hasta el final y cómo ahora las cuestiones morales no pesan nada ante lo fuerte que es el deseo. El amor puede llegar a ser una pesadilla absoluta, pero vamos hacia él igual porque nos gusta

Hace poco leí una frase de Hanif Kureishi que me gustó mucho y que me remitió a tu visión sobre el deseo: “en el amor hoy en día hay un mercado libre; la satisfacción, la expresión de la personalidad y la creatividad son los únicos valores existentes”

Esa frase de Kureishi es muy interesante porque observa al amor como un universo de gran oferta, que es algo sobre lo que me apasiona ahondar. La visión de Kureishi es ultraliberal y está muy ligada a lo que sucede en la actualidad. Esa idea de liberación sexual es la que nos lleva a querer satisfacer las cosas aquí y ahora, el sexo es percibido como algo consumista. Yo me pregunto mucho sobre eso, porque me gusta pensar en términos de deseo y de amor hasta el final, del amor hasta la muerte

El querer algo ya, sin paciencia para esperarlo

Exacto. Todo aquello por lo que se va hasta las últimas consecuencias. 

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 ► [TRAILER] Algunas imágenes de El desconocido del lago:

L'inconnu du lac (Stranger by the Lake) from Polari Magazine on Vimeo.

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 ► [ESCENA] Un momento de la película de Alain Guiraudie:

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¡Buen jueves para todos! Dos consignas para el día de hoy (en el que les damos un descanso a los Deathmatch): 1. Los invito a mencionar los mejores thrillers eróticos del cine; 2. El desconocido del lago es una película con numerosas escenas de sexo explícitas; me gustaría saber cuál es su relación con films que muestran al sexo tan frontalmente: ¿en qué casos les pareció excesivo y en qué casos les pareció que era funcional a la historia? Como siempre, los invito a comentar y los espero mañana en un podcast; ¡que tengan un excelente jueves muchachada!

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La última vez vimos el cine bajo la mirada de… DESTIN CRETTON

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Inside Llewyn Davis: Algún día me van a crecer alas

“Like in Unforgiven where the young kid has just shot a man and he’s feeling incredibly guilty and Clint Eastwood says: ‘we all got it coming, kid’. It’s a great line. Dave never got his due, but Dylan slept on his couch. Like Llewyn, sleeping on couches. And like Llewyn, he never got his due. But he had it coming” - T-Bone Burnett sobre Dave Van Ronk

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Llewyn Davis empieza a cantar, solo con su guitarra, una canción llamada “The Death of Queen Jane” frente a Bud Grossman, un hombre importante de la música, y posiblemente quien le otorgue su primera gran oportunidad. La interpretación pasa de estar acompañada por el sonido de esa guitarra a quedar desnuda, con la voz de Llewyn como único sostén. Cuando concluye, hay un breve momento de silencio. ¿Qué está pensando Bud Grossman? ¿Lo mismo que nosotros? ¿Está pensando en cuanto corazón hubo ahí, en esos cuatro minutos? La devolución es contundente: “I don’t see a lot of money here”. El corte al rostro de Llewyn, que refleja una suerte de mezcla de decepción y resignación, es una de las secuencias más apasionadas de todo el cine de los hermanos Coen. No importa que transcurra en pleno invierno, y a media luz. No importa que parezca estar digitada por el pesimismo y la tristeza. La clave de esa escena es cómo el recorrido previo de Llewyn a lo que parecía ser la tierra prometida no tiene el final esperado. Sin embargo, su negación rotunda a la contraoferta (oficiar de backup singer) es lo que termina de darle a esa escena el optimismo que no deja ni que Llewyn claudique ni que la historia pueda ser estereotipada como la de un mero perdedor. Por primera vez en muchos años, los Coen no se ponen por encima de su personaje principal sino a la par (un poco a la manera de Alexander Payne con Nebraska) y hay una cierta candidez en el retrato de ese artista cachorro. Inside Llewyn Davis está ligeramente inspirada en la vida de Dave Van Ronk, el cantante folk sobre el que alude el gran T-Bone Burnett en la cita superior. Van Ronk, como Llewyn, era parte del circuito pero a la vez permanecía con un pie afuera. Saltaba de colchón en colchón, era amigo de Bob Dylan y Joni Mitchell, frecuentaba la escena musical de comienzos de los sesenta pero nunca trascendió. No es casual que su nombre no haya resonado como el de otros. Van Ronk nunca consiguió estar en el momento adecuado para dejar una impronta, para ser una influencia. Los Coen toman esta figura y rebaten esos datos históricos cambiando la mirada. Es cierto, Van Ronk no fue un músico que haya influenciado en el sentido estricto del término (se habla de Dylan, no se habla de él) o que haya trascendido indeleblemente. Pero… ¿Qué es ser influyente? ¿Qué es trascender? ¿Qué implica afectar, llegar, conmover? La cadena no será extensa como la de Dylan, no hay que rastrear una gran cantidad de pasos, etapas, estadios para terminar de dilucidar a Van Ronk. Las aristas no son múltiples. Sin embargo, la cadena puede resumirse en que sus canciones llegaron a los oídos de Burnett, de ellos a los de los hermanos Coen y de los Coen a la gloriosa voz de Oscar Isaac. La cadena, como vemos, es corta. Incuestionablemente corta. Pero hay una influencia ahí. Hay un personaje llamado Llewyn Davis creado gracias a él y una obra maestra que lo contiene de la que quizás, y siéndole fiel a Van Ronk, no se hable tanto como lo merece.

Inside Llewyn Davis, como su protagonista, parece ser una película condenada al olvido y a la indiferencia, a pesar de estar hablando tanto de la libertad como una cualidad condenatoria (ahí la paradoja), como de la libertad como herramienta que a veces nos somete a movernos en círculos, a no desplegar las alas del todo. Inside Llewyn Davis es, además, tanto una película como un disco. Es esencialmente circular. Empieza como termina. Se la puede escuchar como un disco. Se la puede procesar como un disco. Cada una de las canciones están completas (uno de los aciertos más brillantes de la dupla Coen-Burnett) y su protagonista gira y gira como un vinilo en una vitrola. Sin embargo, y como un disco también, hay una trampa en esa circularidad. La trampa no solo tiene relación con cómo el final carece de lógica (los Coen dejan cabos sueltos adrede, ya que estipular la cronología es intrascendente a los fines mayores: la historia de Llewyn puede reproducirse con variaciones, pero será siempre la misma) sino también con algo indiscutible. Solo podemos escuchar un disco por primera vez en una sola oportunidad. Sí, se trata de una verdad de Perogrullo y los Coen lo saben. La pregunta sería: ¿qué sucede en todas las otras oportunidades en las que ponemos ese mismo disco? ¿Qué cambia? ¿Qué tiene de diferente la experiencia? ¿Puede ese disco, de por sí inalterable, cambiar a medida que cambia el estado anímico de quien lo escucha? ¿Puede el receptor tener impacto sobre el creador? Si escuchamos Inside Llewyn Davis – es decir, si la pensamos como disco y no como un largometraje musical – la respuesta es afirmativa. T-Bone Burnett decide que Oscar Isaac abra el film cantando sobre la muerte (toda la historia está sobrevolada por la ausencia de Mike, ex compañero de Llewys en su odisea musical), sobre un hombre que ruega su ejecución: “hang me, oh hang me, I’ll be dead and gone (…) poor boy, I’ve been all around this world”. La canción que le sucede no es menos reveladora. Llewyn pone un vinilo (If we had wings) que grabó junto a Mike y las voces de ambos se superponen con la imagen de este artista ahora solitario, con zapatos rotos y sin un saco apropiado para el invierno (“not a shirt on my back, not a penny to my name”), que deja escapar a un gato al que persigue hasta subirse al tren. La fotografía de Bruno Delbonnel es extraordinaria y capta la imagen del animal mirando su propio reflejo en la ventanilla, algo que Llewyn está incapacitado de hacer consigo mismo. Así, la frase de “Fare Thee Well” que dice “If I had wings like Nora’s Dove, I’d fly the river to the one I love” define tanto al personaje de Llewyn – quien parece nunca despegar con fuerza – como al trágico destino de Mike, quien usó su libertad, sus alas, para suicidarse arrojándose de un puente. Sobre el final, los Coen lo vuelven a mostrar a Llewyn en ese mismo lugar (el Gaslight) ya no cantando ese “hang me, oh hang me” sino una versión diferente de “Fare Thee Well”, la versión sin la voz de Mike. De este modo, lo que parecía una historia/película/disco circular lo sigue siendo, pero con esas ligeras modificaciones. El melómano acá no es solo el espectador sino el propio Llewyn, quien también absorbe su vida como un disco y lo altera según la fase de duelo en la que se encuentre. Por lo tanto, cuando lo escuchamos cantar “sure as a bird, flying high above” y a pesar de lo que viene luego (la golpiza literal y la golpiza metafórica de que Dylan sea el acto que suceda al suyo), es evidente que si Llewyn no logró su objetivo (vivir de la música) no es porque sus alas no hayan querido llevarlo más lejos sino porque el contexto – aquel que empujó a Mike a su oscuro destino – no estaba preparado para esa clase de soñadores. Llewyn es una figura sintomática de ese momento intermedio de la escena folk que prefigura la decadencia de un modelo y la falta de apertura hacia uno nuevo. Por eso el letal rechazo de Grossman. No porque no haya corazón ahí. Sino porque tenía que aparecer un corazón que palpitara a otro ritmo (léase: el de Dylan) para que la percepción y el oído se acostumbren.

Inside Llewyn Davis es la película más simbólica de los hermanos Coen. Ulysses (¿acaso podía haber tenido otro nombre?), ese gato que acompaña al protagonista, es claramente su propio reflejo (“Tell him Llewyn has the cat” – “Llewyn is the cat?”), esa figura a la que tiene que dejar ir para convertirse en otra cosa, en otra versión de su persona. Si Llewyn no ve su imagen quebrada por el frío, por la desilusión, por la sucesión de infortunios, es porque la película no necesita que la epifanía llegue de ese modo. La epifanía llega cuando Ulysses es abandonado en el asiento trasero de un auto (tampoco podía ser el delantero), o cuando deja de importar si ese gato es siempre el mismo o es reemplazado por otro. En el momento en que Llewyn lo deja ir (como deja ir a Mike, como deja pasar la entrada al pueblo donde está su hijo, como encajona sus discos: todo se vincula con lo que perdemos de manera consciente e inconsciente), emprende ese otro pequeño viaje a lo que cree que es la salvación: tocar ante Grossman. “Play me something from Inside Llewyn Davis” le pide, señalando ese album con una tapa que parece igual a tantas otras tapas. No le está pidiendo que toque algo del disco, sino algo que provenga de sí mismo, algo que lo defina, que lo distinga de todos aquellos que fueron a Gate of Horn a audicionar de la misma manera. Pero Llewyn es el que no se distingue, el que parece estar acorralado por el karma (si buscamos otro simbolismo en función de esto, lo encontramos en Roland Turner, el personaje de John Goodman), el que, como dice su ex novia Jean, es el hermano idiota del Rey Midas porque “everything you touch turns to shit”. Sin embargo, si los Coen eluden el pesimismo, es gracias a cómo Oscar Isaac tiene el alma suficiente como para que Llewyn no se convierta en ese individuo que se pierde en la muchedumbre sino en aquel quien pone de manifiesto en qué consiste el arte. El arte, para él, es sinónimo de vivir. No de existir. La diferencia la marca en una charla con su hermana. Si él no canta, solo existe. Es decir, no está viviendo sino matando el tiempo. La misma aseveración la espeta en la mesa de los Gorfein – una de sus tantas paradas nocturnas -, donde es obligado (cual animal que hace trucos) a tocar la guitarra. “This is bullshit. I do this for a living, you know? I’m a musician” grita antes de subirse a un auto donde va a decidir en qué momento sí es imperativo tocar una canción. “Durante un tiempo aguardó en la escalera, aunque ya no había amor que esperar. Entonces, salió del edificio al vasto espacio, bajo las grúas inclinadas y la escalera. La luz de la única lámpara mortecina, en su círculo herrumbroso, caía sobre las pilas de ladrillos, de madera rota, de polvo; sobre todo lo que en un tiempo habían sido casas donde la modesta y casi desconocida, pero inolvidable gente de pueblo había vivido y amado, y muerto, y perdido siempre” escribió Dylan Thomas en Retrato de un artista cachorro. Inside Llewyn Davis, con esa fotografía tenue, con lo que parece una falta de luz, con las pérdidas como motor para concebir alas y no para cortarlas, es ese disco que cuando termina es necesario volver a reproducir. Concluye con un saludo (“Au Revoir!”), pero como invitándonos a escucharlo nuevamente, como si en esa reproducción cíclica residiera el secreto de la trascendencia. Trascendencia que no está en el afuera, en lo masivo, en lo popular. Está dentro de un hombre (inside Llewyn Davis), dentro de un nombre, dentro de quienes, aún cansados, saben que la oportunidad no está signada por un contrato discográfico millonario sino, justamente, por la aceptación de que puede haber otras oportunidades. Algún día. Aunque la cadena sea corta y a Llewyn lo escuchen cinco personas. Es indistinto. El despegue, por más breve que sea, por más que esté circunscripto a un hijo que le canta “Shoals of Herring” a su conmovido padre en un hospital, sigue teniendo fuerza, ímpetu, corazón. Sigue siendo, ni más ni menos, que el preludio a un vuelo. 

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► [ESCENA] Oscar Isaac canta “Shoals of Herring” en uno de mis momentos favoritos de la película:

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► [PLAYLIST] Como no podía ser de otra manera, les dejo la banda sonora del film para que la escuchen en loop:

Inside Llewyn Davis Soundtrack by cinescalas on Grooveshark

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 ► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] Un homenaje a los subvalorados:

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¡Buen miércoles muchachada! Dos consignas para hoy: 1. ¿Vieron Inside Llewyn Davis? ¿Qué les pareció la nueva película de los hermanos Coen? 2. Sale otra playlist hoy y, en relación al subvalorado Llewyn, quisiera que en este post rescatemos a músicos que no son lo suficientemente apreciados; pueden dejar todos los temas que quieran de ellos así los hacemos sonar en una extensa lista de reproducción; como siempre, gracias por los comentarios, la música, las observaciones; en síntesis: por estar siempre ahí; ¡nos vemos mañana!

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Stockholm: Todo es distinto por la noche

“Intenté definir el amor como una forma de curiosidad; argumenté que el movimiento, la inquietud, la curiosidad y el deseo de novedades eran la raíz misma de la vida” - Intimidad (Hanif Kureishi)

El escritor que cito más arriba – mejor dicho: el protagonista de su novela – se aboca a responder un interrogante: cómo mantener a las personas en la situación adecuada. Para él, el amor no es más que un trabajo sucio en el que alguien va indefectiblemente a lastimar y a ser lastimado. El amor es un riesgo. Bueno, no solo el amor. Desde el momento en que elegimos compartir la cama con otra persona (por una, dos, tres, cuatro noches) que siempre habrá un margen para las consecuencias. Pero poco se habla de ese margen y mucho se habla de la facilidad para hacer y deshacer (“lo habitual es que yo haga y deshaga” dice por ahí una canción). Poco se habla de esa posibilidad de réplicas y mucho de lo sencillo que resulta ejecutar y olvidar. La intimidad, entonces, es un acto netamente instantáneo y efímero, algo que se puede construir en un lapso de tiempo corto y derribar del mismo modo (o con la misma velocidad). El protagonista de Intimidad se retuerce (y nos retuerce) al sondar en esa dicotomía de las relaciones pasionales, aquellas hacia las que uno va porque hay una urgencia de contacto y aquellas a las que uno les rehúye porque no queremos que el otro se convierta en urgencia para nosotros. “Sé que el amor es un trabajo sucio; tienes que mancharte las manos. Si te mantienes a distancia, no sucede nada interesante. Además, debes encontrar la distancia adecuada entre las personas. Si están demasiado cerca, te aplastan; si están demasiado, lejos, te abandonan”. Para él todo puede medirse. Hay una suerte de contradicción en el discurso de “quiero esto y lo quiero ahora” y el “temo quererlo porque no quiero temer”. La intimidad tampoco deja de ser una puerta abierta. Conocemos a alguien (por la noche, casi siempre por la noche) y ese alguien es un enigma, una hoja en blanco. Así, ese interrogante de cómo mantener a las personas en la situación adecuada (como si esto fuera deliberado y no nos excediera involuntariamente) es el equivalente a la pregunta de si deseo o no que esa hoja en blanco se llene. El terreno desconocido fomenta la atracción y, como esas manos que se ensucian, también asusta, distancia, nos alerta. Probablemente sea algo generacional, en la vorágine de usar y tirar, el sexo también se emplea como algo que se conecta para desconectar alguna otra cosa. El placer por el placer mismo. Sí, algo de eso también hay. Pero también hay evasión o necesidad de hacer carne el convencimiento de que si hago tanto durante todo el día, no sé si quiero sumarme otra cosa. La hoja en blanco, el no ensuciarse las manos, no deja de ser un antídoto contra la sucesión de presiones. Pero es algo individual. Yo quiero evadirme. Yo quiero que me complazcan. El otro me sirve para eso. No desvío la mirada. Juego a lo que me interesa.

Stockholm, la película de Rodrigo Sorogoyen presentada en el festival Pantalla Pinamar, es en efecto un retrato generacional sobre quienes no miran al otro. Un joven sin nombre (decisión deliberada que refuerza el atractivo del anonimato nocturno) ve a una chica en una fiesta, le gusta y se propone pasar la noche con ella. La chica (quien tampoco tiene nombre) se rehúsa desde el inicio, sentando así las bases de lo que es la gran temática del film: la persecución. Cuanto más se niega ella, más incentivo encuentra él para seguirla por las calles de Madrid hasta que de a poco la rigidez va mutando en naturalidad discursiva. Stockholm astutamente nos muestra a los desconocidos mediante caminatas con canciones indies modelo. Toda la construcción implica deliberadamente un juego con las expectativas del espectador. ¿Qué es esto que estoy viendo? ¿Una relectura de la saga de Antes del amanecer? ¿Un relato naïf, idealista, sobre los inicios de las relaciones románticas más perdurables? La elección de los azules, de una marcada fluidez en los movimientos, en los paseos, en la interacción entre él y ella, son instrumentales a ese simbolismo al que suscribe Sorogoyen. Cuando conocemos a alguien por la noche (“the nights were mainly made for saying things that you can’t say tomorrow day”) todo resulta impoluto, interesante, llamativo, magnético. Hay misterio pero a la vez hay una certeza: uno quiere explorar lo que no conoce y punto. Mediante una bellísima secuencia orquestada con “La urraca ladrona” de Rossini como guiño a las influencias de Stanley Kubrick, él y ella (en ese tira y afloje que alude al Síndrome de Estocolmo), se reencuentran cerca de la puerta del ascensor y en esa transición que implica el uso de cámara lenta, dejan de perseguirse y van hacia el mismo lugar. Stockholm nos da solo unos segundos de fundido a negro antes de que se produzca lo inevitable. Por la mañana, el encanto se quiebra. Todo es rígido, la puesta en escena cruza Kubrick con Haneke, el departamento no tiene nada fuera de lugar, la interacción es cada vez menos natural y mucho más incómoda. La imagen que devuelven los espejos es asfixiante. El vestido blanco de ella, inocente por la noche, pasa a ser inquietante por la mañana. Él se convierte en un proto-yuppie a quien todo le irrita. El cabello anaranjado de Aura Garrido (una presencia extraordinaria) contrasta con la pulcritud de los rincones de ese lugar que ya no te incita a entrar sino que te empuja a salir.

De esta manera, la frase que dice el personaje de Javier Pereira (notable en su mutación de encantador de serpientes a paradigma de eterno adolescente fóbico) acerca de las pequeñas odiseas (“buscamos el amor donde sea, por más pequeña que sea la posibilidad”) pasa a constituirse en un arma de doble filo. ¿Qué le sucede a esa chica que apenas quiere probar un Gin tonic y rechaza el sexo con un ominoso “no, conmigo no”? ¿Qué le sucede a ese chico que se mira al espejo y se grita mientras intenta erradicar lo que sea invasivo de su espacio de intimidad? No lo sabemos. Ellos no lo saben. Stockholm respeta de principio a fin la exposición más descarnada de la ambigüedad entre la noche y la mañana, entre el conocimiento y el desconocimiento, entre la duda y la certeza. “Debería reflexionar sobre qué es lo que me gusta de la vida y de la gente. De lo contrario, me arriesgo a convertir el futuro en un erial, eliminando toda posibilidad antes de que nada pueda fructificar. Es fácil matarse sin morir. Por desgracia, para alcanzar el futuro uno tiene que vivir el presente” dice Jay en Intimidad. El “por desgracia” es la salvedad más reveladora de su frase. Por desgracia, uno tiene que experimentar para sentir placer, para discernir entre lo que es satisfactorio y lo que es prescindible. Stockholm no tiene reparos en mostrar una terraza como símbolo de fortuna y, al mismo tiempo, una terraza como símbolo de un panorama fulminante. ¿Cuánto hay de verdad en lo que uno dice por la noche y cuánto se sostiene por la mañana? ¿Cuándo nos atrae el anonimato y cuándo pasa a tener consecuencias? ¿Cuánto nos bancamos el todo con la misma facilidad con la que nos bancamos la nada? ¿Somos capaces de tolerar la más mínima expresión de intimidad? O lo que es más perturbador: ¿podemos acaso responder esas preguntas? 

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ENTREVISTA CON JAVIER PEREIRA, PROTAGONISTA DE STOCKHOLM, EN EL MARCO DE PANTALLA PINAMAR:

Javier Pereira, protagonista de Stockholm, en el festival Pantalla Pinamar – Foto: Giovanni Sacchetto

Cuando ganaste el Goya, en tu discurso aludiste al cine independiente español y las luchas por las que atraviesa, ¿cuán importante es para vos esa batalla?

Muy importante. En España el cine está pasando por un momento difícil y entonces yo solo quise recordar que ya de por sí tenemos que pelear muchas batallas afuera con el gobierno, el poco apoyo a la cultura, las subvenciones que cada vez son menores…hay muchas cosas que ganar y conseguir y que no sólo implican que el espectador vea nuestras películas, sino nosotros hacer buenas películas y atraerles también. A estos films pequeños como Stockholm se los critica por meterse con la Academia y el cine grande, por ser de bajo presupuesto, pero el problema no está ahí sino fuera. Hay que unirnos y las películas chicas, medianas y grandes somos iguales porque buscamos lo mismo: que no cierren más salas, que la gente vaya al cine. Por eso lo que hice fue como llamar a una unión para intentar salvar al cine español

En la conferencia de prensa [en Pinamar] hablaste sobre el presupuesto de la película [N. del E.: la misma fue parcialmente financiada por Crowdfunding] y manejabas muy bien todos los datos, ¿cuán inmerso estuviste en su desarrollo, sumado al hecho de que ya habías trabajado con Rodrigo?

Muy inmerso. Rodrigo y yo somos amigos desde hace mucho tiempo. De hecho, tuve la posibilidad de ir a Pinamar a presentar otra película llamada Heroína, y me permitieron llevar acompañante y lo llevé a Rodrigo (risas). Es más que un amigo, es como un hermano para mí. Yo había trabajado con él en 8 citas y ahora intentamos que se hiciera la segunda, por eso estuve desde el principio en el proceso y hasta tuvimos que trabajar mucho más porque no había una productora como en la primera, así que debíamos lanzarnos a la piscina con cuatro o cinco amigos para hacerla

Me resulta increíble que Stockholm se haya filmado en doce días, ¿cuánto margen de ensayo tuvieron?

Sí, yo siempre lo cuento porque la gente se sorprende mucho. Está bueno que la vean y cuestionen si se hizo o no en tan poco tiempo porque hay otras películas que se hacen en dos o tres meses y no tenemos nada que envidiarles y eso es lo bonito. Además, se puede porque la trama lo amerita, el guión cuenta con conversaciones muy largas, solo somos dos actores, no hay muchas locaciones, con otra estructura no se podría haber filmado en tan poco tiempo. En cuanto a los ensayos, tuvimos siete días de mucho trabajo para que quede lo más prolijo posible y para que en el rodaje no se pierda mucho tiempo

Sí, con el aditamento de los planos secuencia, que remiten a la saga de Antes del amanecer, previo al quiebre…

Sí, al comienzo se parece a Antes del amanecer, pero luego ya cambia. Lo que decís de los planos secuencia también tiene que ver con el hecho de que visualmente son muy bellos pero a la vez había que volver a empezar ante cualquier imprevisto que surgiese en las calles de Madrid, no dejan de ser un desafío y requieren concentración para que salgan perfectos

Cazador cazado. Javier Pereira en Stockholm.

¿Cómo fue el rodaje de la escena del ascensor, que divide la película en dos y que es casi una coreografía?

Fue muy lindo filmarla, pero aún mejor ver el resultado, porque nosotros no sabíamos qué música iban a utilizar, más allá de que sí sabíamos cómo Rodrigo quería rodarla. Aun así, eran muchos planos de escaleras, cámara lenta, mucho corte, ella baja primero, yo después, pasan muchas cosas. La experiencia fue interesante pero nunca nos imaginamos que podía quedar tan bien. Cuando la vimos nos gustó mucho, a la gente le gustó mucho, siempre la rescatan y realmente la música con la imagen quedó perfecta. Además, como dices tú, la secuencia parte la película al medio, y creo que es el mejor punto de inflexión posible, porque no se necesita mostrar el sexo para decir algo

En cuanto a la pre-producción, los detalles de vestuario están muy cuidados…

Sí, y como sabíamos que teníamos pocos días para rodar, y que no podíamos fallar porque contábamos con muy poco dinero, pensamos mucho en la ropa para cada uno de los personajes y salimos con Rodrigo a la calle a buscar lo que mejor los representara

Lo mismo sucede con el departamento de tu personaje, que por la mañana resulta totalmente impersonal; intenté encontrar discos y no los vi, hay pocos libros…

Exacto, y las fotos de sus amigos o ex parejas las guarda en un cajón

Claro, es como un enigma. De hecho, lo vemos quebrarse una sola vez, frente a un espejo…

Sí, hay pocos momentos en los que se muestra qué es lo que él está pensando y cómo es el personaje por dentro. Se trata de un joven que está siempre actuando para los demás. Pero también necesitábamos momentos en los que el personaje respirara, para mostrar que en definitiva es humano, que algo le está pasando, que no es tan frío. Si no la gente puede llegar a odiarlo, y la idea es que a veces empatice con él. Lo bonito de la película es que sugiere distintas opiniones y puntos de vista. Depende de quién la vea, el estado en el que la vea y lo que haya experimentado va a sacar una determinada versión de los hechos. Es una película abierta

Lo cual se liga a la temática de cómo todas las personas somos indescifrables

Claro. La película refleja muy bien cómo la juventud occidental se relaciona ahora mismo. Alguien quiere algo y lo quiere hoy, no mañana. Lo mismo pasa con los sentimientos. Se busca que se consuman o satisfagan muy rápidamente y todo el mundo piensa en hacer lo que sea para conseguir un mejor trabajo, un mejor iPhone, lo que fuere, sin pensar en las consecuencias que se pueden padecer al día siguiente. Y eso es lo que hace mi personaje. Quiere algo y no piensa en lo que puede generar en quien tiene enfrente y luego ella decide quedarse, con lo cual habla un poco de “cuidado con lo que deseamos porque tiene consecuencias en el otro”

Cuando leíste el guión, ¿cómo fue tu reacción respecto al giro argumental que se genera en la mitad de la película?

No me lo esperaba tan marcado, pero me encantó, porque para un actor que pueda girar tanto el personaje en el guión es muy bueno, es un reto de noventa minutos en los que Aura y yo tenemos que enganchar al espectador. Era un buen desafío y además tenía ganas de meterme en el personaje porque había mucho para desarrollar allí. Toda la película es un gran giro, hay muchos contrastes. Por la noche los tonos son azules y los planos más en movimiento y acompañando a los personajes; pero al día siguiente todo es blanco y con la cámara quieta y casi fuera de los sitios, con planos abiertos. Las diferencias están siempre muy marcadas. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Stockholm (es un gran trailer):

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► [OTRO ADELANTO] Una breve mirada al film español:

TEASER 2 SUB STOCKHOLM from CABALLO FILMS on Vimeo.

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► [DE YAPA] La banda sonora de la película de Rodrigo Sorogoyen:

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 ► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] 70 canciones “de conquista”:

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¡Buen martes para todos! Cuatro consignas para este día: 1. ¿Cuáles son los giros argumentales o de tono que más los impactaron en una película, y que no necesariamente tienen que ver con los finales? 2. Los invito a mencionar otras películas que transcurran en el lapso de un día; 3. Hoy voy a configurar otra playlist con la siguiente consigna: canciones que usaríamos para conquistar alguien (¿cuáles agregarían en un compilado?); 4. Por último, quienes tengan ganas pueden hablar sobre sus concepciones sobre la intimidad, las relaciones casuales y sus riesgos (y sobre Stockholm, quienes la vieron); ¿muchas preguntas? ¡espero sus respuestas! ¡hasta mañana!

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La película de mi semana: Last Love

“Laying in bed tonight i was thinking, and listening to all the dogs, and the sirens, and the shots, and how a careful man tries to dodge the bullets while a happy man takes a walk, and maybe it is time to live” - Eels

Se empieza a tomar conciencia del concepto de salvación cuando dejamos ir al adolescente que hay en nosotros, o cuando la vida se empieza a volver más real. Mucho antes, en ese estado en el que no sucede nada agravante – aunque quizás sí, solo que estamos más preocupados por la eternidad que por otra cosa -, las experiencias se disfrutan sin que resulte imperativo canalizar la bronca, la tristeza, la impotencia. Existe un momento de quiebre en cada uno, aquel en el que súbitamente nuestro entorno empieza a modificarse. Los amigos (aún los grandes amigos) se dispersan, emprenden otros rumbos. Con la familia se produce lo que es acaso inaceptable: toda la dinámica se altera. Las pérdidas ya no resultan tan lejanas. Empiezan a hacerse tangibles. Lo compartido se minimiza. Es lógico. Los padres crecen. Los padres parecen llevar patentadas en la piel las consecuencias de sus propios vínculos con sus propios padres, sus frustraciones y deseos ¿irrevocables? de haber podido resolver mejor los imprevistos. Siempre suele decirse que cuanto más grande uno es o cuantas más experiencias acumula, más liviano es el peso de esas pérdidas. Me pregunto si es realmente así o a la inversa. Si los problemas se acentúan, se anclan, sin dejarnos otra opción más que la de enfrentar obstáculos. Porque al haber crecido, e independientemente de las cicatrices, uno se vuelve más vulnerable ante los escenarios que se modifican. La nostalgia hace su ingreso. El recuerdo de un instante mejor nos provee de la falsa idea de que en ese pasado está la verdadera felicidad. Pero la felicidad muchas veces se enmascara. La felicidad, cuando se confunde con melancolía, nos empuja a añorar un tiempo que fue hermoso. No porque entonces no sucediera nada grave, sino porque nosotros ni siquiera concebíamos un mundo con carencias. Por ende, la salvación llega cuando uno queda solo, peleando batallas individuales, por más acompañado que esté. Pensémoslo así: es uno quien tiene que levantarse a la mañana aunque no quiera, es uno quien se mira en el espejo del baño y decide con qué actitud salir a la calle y es uno quien verdaderamente sabe lo que le está sucediendo por dentro. Nadie puede pelear esas batallas por nosotros. “Some nights, all these years later, I’ll sit here and think about when I was really young and how great it felt when things were OK and we were all there in the house” escribió Mark Oliver Everett, líder de la banda Eels, en su extraordinaria autobiografía Things The Grandchildren Should Know. Everett pasó por una sucesión de hechos trágicos (todos ellos signados por la muerte) y tuvo que emanciparse de esa concepción de familia ideal, unida, desde muy temprana edad. Lo que tiene de inspirador su discurso es que su visión de encontrarle el lado positivo a la pérdida no es una pose sino una genuina manera de recibir múltiples bofetadas. Así, repite tantas veces la palabra “salvación” como la palabra “música”. Una está irremisiblemente ligada a la otra. Él dice que si no hubiese compuesto canciones, hoy estaría en ese lugar con su familia, allá arriba, pero que fue el escribir sobre eso lo que le dio una voluntad para situarse en la vereda del hombre que, como dice su tema “You Rock My World”, sortea las balas y sigue caminando.

“It’s not where you’re coming from, It’s where you’re going to”

En la reciente edición del festival Pantalla Pinamar tuve la posibilidad de ver la película de Sandra Nettelbeck Last Love, obra que también pone el foco en la presencia de las ausencias. La realizadora alemana le dedica el film a su padre y no hay que indagar mucho para saber por qué. La historia entrecruza el presente de la joven Pauline (Clémence Poésy) con el de Matthew (Michael Caine) y tiene dos grandes aciertos. Por un lado, no se apresura narrativamente. El tiempo que se le otorga a Matthew para explayarse (directa e indirectamente) sobre la pérdida de su esposa es vital, necesario, clave. Por otro lado, Pauline no es para Nettebleck una figura netamente instrumental, la clásica excusa que necesita el protagonista para volver a estar en contacto con la vida. Pauline es, por el contrario, una mujer con la muerte de su padre a cuestas, casi desesperada por hallar en otra persona algo que le devuelva la confianza en el mundo. Si bien parece ser ella la que está en movimiento – da clases de baile, sociabiliza, muestra un genuino interés por ayudar al otro – y él quien está detenido – habla con su mujer en el banco de una plaza, no interactúa con sus hijos, camina sin rumbo -, en realidad es ella quien siempre anda de luto. La película sondea sin presuras en cómo es eso de convivir con una realidad insoslayable: hay personas irremplazables, aunque nos parezca reencontrarlas en un tercero. “Sometimes you meet someone who requires all the love you have to give; and if you lose that someone, you think everything else is gonna stop too, but everything just keeps going. Giradoux said: ‘you can miss a single being, even though you are surrounded by others. Those people are like…extras…they’re an unwelcome distraction’” le dice Matthew a Pauline. Ella se constituye en esa distracción no bienvenida, quien le permite reestablecer contacto con sus hijos, quien lo incita (a partir de su propia carencia) a valorar lo que tiene cerca y a poner en perspectiva aquello que perdió. Pero para Nettlebeck las pérdidas no son tan fáciles de sobrellevar, implican un grado de aceptación tan grande que la fragilidad bien puede colarse en el proceso. “There’s a crack in everything, that’s how the light gets in” le dice Pauline a Matthew y de ese modo Last Love se perfila (hasta su coherente final) como una película sobre eso que escribía Everett de que aunque muchos mueran a nuestro alrededor, para nosotros este es el momento de vivir.  Oliver también asegura que no piensa en términos de elecciones. “I don’t feel like I have choices, I just do it”. Esa postura es la de alguien a quien le tocó lidiar con la pérdida continua. Por ende, el hecho de elegir está fuera de discusión. Su vida es un constante sobreponerse a lo que va llegando. Y no solo a lo malo. Pocos son los que logran asimilar esa oscilación entre las mejores y peores situaciones (“I was one of the lucky people who experiences a wide spectrum of some life’s situations”) y pocos son, también, los que distinguen entre el pensamiento y el corazón (“my heart is in the right place and this I know”). Porque eso que nos salva (música, escritura, amigos, caminar, pintar, lo que sea que haga bien) no se puede medir de otro modo más que con lo visceral por delante. “It’s more important to feel than to think” escribió Everett respecto a la grabación de sus discos. Tanto Things The Grandchildren Should Know como Last Love aluden a las pequeñas batallas solitarias que las personas tienen en sus manos todos los días y lo hacen repudiando el cinismo (“with so many good things happening in my life, how can I be so cynical?”), a los que piensan que no es cool pensar la vida en términos de “luz versus oscuridad”. Everett asegura que cuando peor se pone es cuando tiene que llenar planillas y llega al apartado de “en caso de emergencia llamar a…”. Se acuerda de su familia, de que no hay ningún nombre para anotar y se entristece. Sin embargo, a los minutos sacude el pensamiento y se concentra en escribir sobre la incertidumbre. Sobre cómo no sabemos qué va a sucedernos mañana y sobre cómo eso, en lugar de provocar temor, nos debería conducir a la dirección opuesta. A pensar en los “quizás”. Quizás me pueda pasar esto. Quizás me pueda pasar lo otro. Al menos nosotros, todos los que estamos acá (los que estamos vivos, los que estamos despiertos), tenemos un “quizás” al que aferrarnos. Y eso no es poca cosa. 

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 ► [TRAILER] Les dejo algunas imágenes de Last Love:

MrMorgansLastLove Trailer International AppleProRes from Umbrella Entertainment on Vimeo.

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 ► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] Las canciones que los salvan:

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¡Buen viernes para todos! Cuatro consignas para este día: 1. ¿Cuáles les parecen las mejores películas en lidiar con tópicos como la muerte y las pérdidas? 2. Es momento de que elijamos el mejor papel de la carrera de Michael Caine, ya que nunca le dedicamos un post (mal, lo sé) 3. ¿Cuáles fueron sus películas de la semana? 4. Me gustaría dejarles una nueva playlist este viernes bajo la consigna: las canciones que los salvan de malos momentos; hagan sus aportes así confecciono una lista de reproducción; ¡como siempre, los leo! ¡nos reencontramos el martes, muchachada! ¡que tengan un gran fin de semana!; asimismo, recuerden que la base de datos de Cinescalas se actualiza todas las semanas, ¡así que consulten! :P

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