Entre mates y mails, debatimos el final de Mad Men

Hoy en Cinescalas escriben (mails): Soledad Lamacchia, Ana Mancuso y Florencia Romeo

*Atención: esta nota tiene spoilers sobre el final de Mad Men

Como saben, por una cuestión de tiempos, Cinescalas se está actualizando de lunes a miércoles. Sin embargo, a veces está bueno salirse del cronograma por circunstancias especiales. Una de esas circunstancias es, sin dudas, el final de Mad Men. Soledad Lamacchia, Ana Mancuso y Florencia Romeo gentilmente compartieron conmigo (y por extensión, con ustedes) el intercambio de mails que entablaron luego de ver el episodio final de la serie de Matthew Weiner, “Person to Person”. Así, sin filtro y con la espontaneidad que caracteriza a todo fanático, les dejo dicho intercambio y los invito, por supuesto, a sumarse al debate con ellas:

► ANA:

Mis queridas, abro para que mañana nos explayemos.
Solo les digo antes de irme a dormir, que esta serie ha sido de las mejores cosas que vi en mi vida. Magnánima, ni más ni menos.
¡Besos y mañana la comentamos!

► FLORENCIA:

Me costó un montón digerirlo, necesitaba permanentemente que (Don) volviera a New York. Veía que pasaba el rato y seguía en California. Pero era necesario que descendiera a los infiernos, que volviera a ser Dick, que es como lo llama permanentemente Stephanie, y recién entonces pudiera resurgir.
Las tres llamadas me mataron, especialmente las dos últimas. La primera me urgía desde el capítulo anterior, TENÍA que enterarse lo de Betty. Y Sally es un personaje delicioso. La escena con Bobby, que quemó las tostadas, es de una ternura absoluta, sin drama, sin golpe bajo.
La llamada con Betty, terrible!!! Y qué doloroso que nadie lo tenga en cuenta a Don para quedarse con los chicos. Y tienen razón…

Don: Birdie…
Betty: … I know… 

La charla con Peggy, otra delicia, ¡volvé a casa! El bajón con el que queda después, la parálisis, el pánico, todo reflejado en la cara de Don, la desesperación, la desolación!

La escena en el grupo, con ese desconocido (pero vestido como él, bien oficinista urbano) que pone en palabras su angustia, el abrazo… Qué belleza!

Me encantó la declaración de Stan a Peggy, cómo los dos finalmente admiten algo que era obvio pero que ellos no advertían. Me gustó que Roger encontrara una par, una sátrapa como él.
Bien por Joan! Qué terrible que el dilema que se le presenta todavía les pase a muchas mujeres hoy en día! Y lamenté que Peggy no fuera con ella, pero no pude evitar identificarme con el quilombo de su living comedor, porque es lo que le pasa a Joan en su casa, me pasa a mí, jaja… Me encantó lo que Pete le dice a Peggy.

Y podría seguir diez años más escribiendo, pero como hay mil teorías dando vuelta, adhiero a la más sencilla: en la última escena, la del om, ya está afeitado y peinado, ya dejó a Dick atrás, volvió a ser Don y cuando sonríe es porque encontró el aviso para Coke, con el que termina el capítulo. El aviso es real, es de 1971, lo hizo Bill Bicker, misma inicial en nombre y apellido, nombre monosílabo, apellido de dos sílabas… Y Peggy se lo dice, que muchos volvieron y McCann los recibía con los brazos abiertos. O eso quiero creer :) Porque él se lo dijo una vez a Ted, que ellos son creativos, que ellos se dedican a eso y lo hacen bien.

► ANA:

Tengo que decir que estoy abrumada con esta serie. Es maravillosa, y no va a pasar mucho tiempo antes de que la agarre y la vea de nuevo. Porque siempre me pareció que sus episodios tienen capas. Es como que cada vez podés fijarte en un aspecto que al principio no tiene tu completa atención porque estás siguiendo el argumento. Me parece que es una serie que se va a proyectar en universidades! Que la van a ver estudiantes de publicidad, obvio, pero también de historia, de sociología, de comunicación…

Sobre el capítulo final en sí, me parece que tuvo un cierre perfecto. Porque además, no sé si se dieron cuenta de que cada personaje tuvo su cierre de acuerdo a la esencia de ese personaje. Los creadores resistieron la tentación de arreglar todo en el final, y que todos sean felices a lo cuento de hadas, y en vez de eso eligieron poner a cada personaje en un lugar de paz consigo mismo. Los hicieron reconocerse, entenderse y simplemente ser quienes son y quienes han sido durante toda la serie:

Betty: enferma terminal y todo sigue fumando, sigue dando órdenes y queriéndose mostrar sin fallas. Ese trauma con su madre que nos muestran al principio de la serie la acompaña hasta sus últimos días: ella no quiere que su familia la vea morir como ella vio a su madre. Y ese llamado con Don resume a la perfección su relación: ellos se entienden, dentro de todas sus limitaciones, y no tienen ninguna necesidad de caretearla adelante del otro. Me pareció una gran escena.

Sally: La nena/adolescente que siempre es sabia más allá de sus años. Dos padres completamente chiquilines y narcisistas en cierto modo, la hicieron a ella una mujer casi desde nena. Y es la que se hace cargo de la situación de su madre aceptándola con una gracia increíble: lo consuela a Henry, le enseña a su hermano cómo va a tener que cuidarse un poco solo de ahora en más (no le hace la cena, le dice “vení que te enseño”. Sabia, sabia hasta las uñas!), le comunica la noticia a Don y le dice lo justo y necesario y lo contiene al mismo tiempo que lo frena, está para su madre sin hacerle sentir que la está cuidando o auxiliando, cosa que el orgullo de Betty y su necesidad de que todo siga con “normalidad” no soportaría.

Roger: El mismo quilombo bon vivant de siempre, encontrando, como decís Flor, por fin la horma de su zapato. No necesitando una mujer mucho más joven que él, de inteligencia dudosa y a quien fácilmente contentaba con un collar o un nuevo abrigo, sino madurando hasta el punto de elegir como compañera a una igual. Y a alguien que no espera de él que sea ese hombre serio y estable con quien terminar su vida, sino un compañero de aventuras, en un momento de la vida en el que se supone que las aventuras terminaron.

Joan: termina lidiando con eso mismo que lidió en toda la serie: hombres que no son capaces de ver más allá de su cuerpo despampanante y ver que es una mujer con ambiciones y deseos de trabajar y alimentar su carrera. Todos sus hombres en la serie o la quieren solo por sexo o la quieren metida en su casa solo para ellos (por sexo, por supuesto, pero además para que sea solo de ellos y nadie la quiera ni la vea). Y ella elige, como siempre en la serie, enarbolando su bandera de “las mujeres contamos también”, y diciéndoles con sus acciones a todos “Si a mi estas tetas no me pesan, por qué te tienen que pesar a vos!?”

Peggy: Misma lucha que en toda la serie! Maravilloso!! No sabe cómo meter su vida personal en la totalidad de su existencia! No reacciona ante lo que le pasa con Stan hasta que él le dice lo que es obvio: que se llevan fantásticamente, que son los mejores amigos, y que no habían pasado a mayores porque, precisamente Peggy había aprendido a ver solo a través de su trabajo. Eso es lo que la define, lo que la salvó de la depresión cuando dio a su hijo, lo que su mentor, Don, le dijo que persiga en un momento en que su estado emocional iba a hacer que eso se convirtiera casi en mantra (se acuerdan la escena en el hospital en la primera temporada?). Por eso la desarma tanto el llamado de Don: si él se cae, cómo me quedo yo en pie? Tienen esa dinámica desde el primer momento, son como un equipo. Han estado uno para el otro en momentos de derrumbe. Y por eso también es acertadísimo lo que le dice Stan: “Tenés que dejarlo ir”.

Con respecto a lo laboral, también Peggy va con su esencia: ella quiere reconocimiento, pero más que nada quiere hacer lo que le gusta, no quiere simplemente hacer negocios y triunfar haciendo carrera en lo que sea. Ella se para y dice lo que quiere, pero no tiene problemas teniendo jefes, como si los tiene Joan después de haber experimentado el ser “socia”.

Pete: Termina con un trabajo que le de mucha $$ y su esposa y su hija. Status, o sea, que es lo que persigue también desde el día uno. Y en el camino hace las paces con una Peggy con la que muchas veces rivalizó, y a quien muchas veces menospreció porque Peggy está donde está a fuerza de un talento que Pette nunca tuvo. Lo suyo fue el chupar las medias siempre lo suficiente hasta llenar su agenda de contactos y lograr, finalmente, un lugar gracias a esas relaciones.

Y nuestro amado Don, a quien dejo para el final… qué perfecto final!! Don lo hizo todo, lo tuvo todo… mujeres que lo adoraron hasta lo indecible, éxito profesional, éxito económico hasta el punto de no necesitar trabajar si ese fuera su deseo. Pero todo esto nunca lo hizo feliz, porque no podía conciliar que fue él quien logró eso. Era un otro, era ese Don que le sirvió para sobrevivir al convertirse en alguien más, pero que nunca se fusionó del todo con el que él era antes, y eso lo llenaba de culpa, y siempre quería algo más que no era eso que había conseguido. Quería ser él (el) mismo y no lo lograba. Y ese breakdown que tiene, qué luego se convierte en breakthrough, ese reconocer que no se pudo contar con él familiarmente, ese sentir que no lo elegían (como dice el hombre que lo quiebra, porque por fin alguien pone en palabras lo que él ni siquiera entendía de sí mismo), cuando en realidad lo que le pasaba a él era distinto: lo elegían, pero no terminaba de sentirse conforme porque él no nació Don, él nació Dick. En ese retiro, lo que logra es renacer como Don, finalmente hace las paces con esa transformación. Ya no se ve como un usurpador de identidades y que por ende, todo lo que logró, lo logró a fuerza de falsedades, sino que es una especie de ave fénix, renace de sus cenizas y Don y Dick se convierten en uno. Y eso te lo muestran, sutilmente, tan sutilmente, con ese aviso de Coca Cola al final: Don está de vuelta haciendo lo que mejor sabe hacer: siendo creativo. Traduciendo sus experiencias personales en avisos maravillosos. Tanto la época (los 70´s, tan significativos y que forman el marco par este Don) como su viaje personal decantan en ese aviso de Coca Cola en el que le cantan a la igualdad, y al ser quien uno es.

Amé Mad Men, y la amaré forever!

► FLORENCIA: 

Y este nuevo Don se tiene que dar la oportunidad de ser padre. Quien no fue amado, no puede amar. Él nunca fue hijo, nadie lo crió, se lo fueron pasando como un paquete, se lo fueron sacando de encima. Es abandónico y no puede hacerse cargo de sus hijos, porque nadie se hizo cargo de  él. Ahora tiene la oportunidad de convertirse en padre. Algo amagó cuando al final de la temporada 6 los lleva a los tres chicos a la casa de su infancia. Sería la mejor forma, creo, de exorcizar su historia, su infancia y adolescencia, siendo mejor que aquellos con los que vivió en su infancia. Y de paso, reparar el dolor y la culpa de haberle dado la espalda al hermano menor que también se aferró a él como salvavidas. No nos olvidemos que él carga con dos suicidios en su conciencia. No los  mató, pero fueron dos personas a las que les dio la espalda. Ya no puede ser hermano  mayor, pero sí puede ser el padre de sus hijos como no lo fueron con él.

► ANA:
Es cierto, todo ese pasado que mencionás lo hizo el Don que conocemos, y al que ese desarraigo lo llevó a ni dudar sobre si bajarse del tren y seguir siendo Dick, o no detenerse y cambiar esa identidad tan débil por la de Don… pero eso ya corre a interpretación del espectador. También es cierto que con lo de Betty, forzosamente tendrá que tener un rol más activo en la vida de sus hijos. Pero lo que a mí me gustó es que este final, más allá de las potencialidades que le surjan a Don de acá en más, después de hacer las paces con el mismo, es que te lo muestra como, conflictos más, conflictos menos, es desde el principio: un Madison Avenue Man. Un hombre de la publicidad, que es lo que saca su mejor self, y él así lo acepta.

► SOLEDAD:

Ahora sí. Ya con mate cocido en mano y un poco más despierta sigo un poco la línea de Ana para que me quede ordenado.

En líneas generales. La serie me pareció maravillosa de principio a fin. Hubo algún momento más chato pero cada momento “chato” se justificó más adelante. Eso la hizo para mí genial. El arco de tiempo que recorre es, como charlábamos con Ana el domingo, un protagonista más de la serie y, si bien lejos estoy de ser experta en esto, creo que está excelentemente plasmada.
Para mí la presentación de la serie es un poco un reflejo de lo que fueron todas las temporadas. Ese hombre que entra a su oficina y crece para después envuelto en éxitos profesionales, mujeres y dinero, empezar a caer sin darse cuenta y sin control hasta, por decirlo de alguna manera, “caer sentado” y volver al éxito. No sé si se entiende lo que quiero decir. A mí la presentación de esta serie me hace ruido hace rato.

Los personajes. Coincido con que cerraron muy muy bien y prolijamente la línea de cada uno. Y cerrar es una forma de decir porque en cada uno se abrió una historia que, conociendo a cada personaje como lo conocemos, no sabemos cómo puede terminar. Si, como también comentaron, cada “cierre” fue fiel a la esencia de cada personaje.

-Joan. Como dijo Anis. Siempre fue la que más ambiciones tuvo en cuanto a su vida profesional y en cuanto a salir de ese estereotipo de mujer fatal que carga desde que la conocimos. Hasta último momento intentó crecer profesionalmente y armar una vida familiar y no pudo. Todos los hombres que tuvo, salvo Roger, la hicieron elegir o la minimizaron. Si bien nunca fue uno de mis personajes preferidos esta última temporada estuvo genial.
La escena con Roger, aceptando lo que él le da sin pedirle nada a cambio, creo que fue maravillosa y una muestra de lo que Joan es: una mujer capaz de saber cuándo aceptar, cuándo el orgullo no sirve de nada. Obvio que esto está condimentado por un hombre que le ofrece ayuda sin pedirle absolutamente nada a cambio. Alguien que siempre supo qué era y cuánto valía esa mujer.

-Roger. Encontró su media naranja. Es otro que maduró con la serie. Tal vez por momentos parecía que todo le importaba tres pitos pero creo que nunca fue así. Estos hombres se la pasaron con caretas puestas para vender sus publicidades ocultando la vida que llevaban interiormente y Roger no fue ajeno a eso. Otro cierre perfecto.

-La Flia Draper. Acá no tengo mucho que agregar a lo que dijo Ana porque lo dijo perfecto. Betty, sus hijos, Sally. La llamada de Don me desarmó. A pesar de todo lo que vivieron, sin decirse nada, lo saben. Se conocen. Fue terrible escucharle decir a Betty esa verdad a gritos, decir que sus hijos no necesitan a Don y para él fue terrible escucharlo pero, como ella le pidió, dejó de lado ese ego que le sale por los poros y aceptó que nunca fue ni marido, ni padre ni ejemplo para esa familia.

-Pete. No puedo dejar de decir que en esta última temporada lo ASESINARON con el peinado!. Otro cierre a su medida. El lujo, la mujer, la guita, su hija, el avión privado. Siempre fue el más ambicioso y logró lo que quería. Me gustó mucho la despedida con Peggy, los dos por fin bajando las armas. Crecieron todos tanto!.

-Peggy. Qué pedazo de personaje. Si a alguien vimos crecer (y a los golpes y a fuerza de romperse el alma) fue a Peggy. Desde que entró a trabajar con Don hasta ese último OMG llamado fue una evolución maravillosa. Cada vez que recuerdo su escena con Don en el hospital se me pone la piel de gallina. Todo lo que fue haciendo para posicionarse y lograr reconocimiento fue a fuerza de dejar de lado su vida hasta el punto de convertirse casi en una amargada. Y cuando llegaba a ese punto, ahí estaba Stan para sacudirla y hacerla volver. Ellos dos tenían que terminar así. Él diciendo lo que sentía y ella aceptando que podía seguir dando la vida por el laburo pero que se iba a perder un montón de cosas si seguía ese camino.

Mención aparte para el llamado. Si bien quería que estén frente a frente una vez más, la escena fue perfecta. Él destruido (“me robe un nombre y no hice nada con él”…la-pi-da-rio) y ella pidiéndole que vuelva a casa y él descargando toda esa angustia que hasta quedar literalmente sin poder moverse.

-Don. Qué decir de Don? Podría tipear durante horas. Esta caída libre que fueron estos últimos capítulos hasta llegar a ese abrazo con un desconocido que fue para mí como tocar fondo y pegar un empujón para salir a dar una bocanada de aire. Tener que volver a ser Dick para que salga el Don que hay en él. Para darse cuenta que fue necesitado, fue querido, fue valorado por todos…menos por él. Y darse cuenta de eso (me gusta pensar que el llamado de “volver a casa” de Peggy no un seco “volver a trabajar” tuvo que ver con que le caiga esa ficha) fue un proceso de terrible angustía para él (y mierda que lo fue para nosotros!), un proceso que lo llevó a subirse a un auto para manejar sin rumbo con una bolsa, a dejar el traje y la gomina para terminar con esos jeans (OH POR DIOS ESE LOOK!), despeinado y desprolijo (me imagino que así sería Dick), un proceso que terminó dando a luz lo mejor que hay en él y eso no es ni un hombre de familia, ni un padre, ni un amigo…renació  Don Draper.

Fue realmente genial. Y si bien me dejó triste por la despedida, todo cerró tan bien que no me dejó con esa cosa del pecho tomado por cosas que quedaron sin decir o resolver…

► ANA:

Genial lo que decís de la presentación! No lo había pensado, pero es una muy buena gráfica de la evolución del personaje. Ahora me queda la duda de si a Weiner le habrá parecido así desde un principio, o si nunca se lo planearon y les salió de culo jajaja
Coincido también con que se despidieron allá arriba, con que fue un muy buen final, no apto para análisis básicos (gracias gracias por eso, Weiner!), y que a pesar de que hubiera seguido viendo 7 temporadas más, el cierre fue perfecto. 

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► [ESCENA] Un gran momento de Mad Men:

Mad Men - The Carousel from Josip Kostic on Vimeo.

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► [COMPILADO] Un repaso por algunas sencuencias inolvidables de la serie de Matthew Winer:

Top Five MAD MEN Moments from Press Play Video Blog on Vimeo.

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► [DE YAPA] Un análisis técnico del uso de las cámaras en la serie:

RETRO: The Camera & MAD MEN from Jefferson Robbins on Vimeo.

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¡BUEN JUEVES PARA TODA LA MUCHACHADA! En un post especial del blog, debatimos el final de Mad Men, quienes lo hayan visto están más que invitados a sumarse a la charla; por otro lado, para quienes no la hayan visto, una consigna: ¿cuáles fueron los mejores y peores finales de series que nos dio la televisión? Los leo y me sumo a los comentarios más tarde, que tengan un excelente jueves y fin de semana largo; recuerden que nos reencontramos el martes con post sobre Inherent Vice, ¡hasta entonces!

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 La última vez escribió Eduardo Blake sobre… MAD MAX

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¿Puedo poner el tiempo de mi lado?

Jennifer Egan abre su novela A Visit from the Goon Squad con una reveladora cita de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, aquella mediante la cual el autor alude a cómo para capturar la esencia de un momento no es necesario “ingresar a una casa o jardín donde vivimos en nuestra juventud” ya que la respuesta a la nostalgia está, paradójicamente, en el presente. Es decir, es en nosotros en quienes debemos explorar, dentro de la contemporaneidad, con el fin de rever el pasado. A simple vista, la obra de Egan – con facilidad la mejor novela que leí en los últimos diez años – es una acumulación de trece capítulos/cuentos cortos que no parecen tener demasiada conexión entre sí. De hecho, se ha dudado mucho de su condición de novela precisamente por esa decisión de la autora de saltar de una historia a la otra, como queriendo borrar la coherencia narrativa. Sin embargo, el talento de Egan reside precisamente en cómo cada uno de los capítulos están continuamente dialogando entre sí, y de un modo tan invisible que implica un ejercicio de memoria fascinante y apabullante. Es como si la autora quisiera que capturemos esa esencia a la que hacía referencia Proust con la vuelta de cada página. En el primer capítulo, titulado Found Objects, conocemos a la protagonista de la novela (aunque el concepto de “protagonista” aquí sea algo completamente relativo), Sasha, una joven cleptómana que trabaja como asistente de Bennie, un ex rockero de una banda punk que terminó erigiendo su propia productora discográfica. Egan se concentra en las especificidades de ambos (los objetos “encontrados” de Sasha, los “copos dorados” que consume Bennie) cuando posteriormente los sitúa en una cruzada que marca el leitmotiv de la novela: ambos quieren convencer a un trío musical de hermanas (The Stop/Go Sisters) a que vuelvan a grabar. Por extensión, Bennie quiere aprehender un tiempo que ya no está (cuando su banda, The Flaming Dildos, era su máxima conquista), actitud compartida con la mayoría de los personajes de la novela. Egan no solo escribe desde la perspectiva de un personaje diferente (o de varios) en cada capítulo sino que además se muda de continentes y de épocas, para que el impacto de reencontrar a un personaje perdido en una frase de aparente insignificancia sea aún más extraordinario. Cuando la creíamos Sasha ausente en la historia, alguien la menciona al pasar en otro episodio, reforzando cómo A Visit from the Goon Squad tiene como epicentro las variaciones de un habitual interrogante: “¿por casualidad conocés a…?”/”¿te acordás de…?”.

La novela de Egan es, entonces, un viaje. Un viaje que se resiste a lo lineal, que opera mediante capas (de personajes, tiempos, sensaciones, instrumentos) y en el cual la música es el corazón que la mantiene en movimiento. El duodécimo capítulo de la novela (titulado Rock and Roll Pauses) es un logro tan desconcertante como anómalo: está enteramente narrado a través de cuadros sinópticos hechos en PowerPoint. Hay una razón por la cual Egan optó por este modelo que prefiero reservar para quienes decidan verlo/leerlo, por lo cual solo mencionaré que está diseñado en perfecta sincronía con la voz del personaje que conocemos en ese apartado. Dicho personaje, un niño que está obsesionado por las pausas en las canciones, de algún modo se constituye en la consciencia del lector. Para Egan, pocos se encuentran exentos de querer encapsular un momento placentero, de tomarlo con las manos para volverlo eterno. Una canción podrá repetirse, sí, pero no tendrá el mismo valor de la primera vez que fue escuchada. “The pause makes you think the song will end. And then the song isn’t really over, so you’re relieved. But then the song does actually end, because every song ends, obviously, and THAT. TIME. THE. END. IS. FOR. REAL.” dicen en la novela, generando un efecto devastador que halla su génesis en la necesidad de tener al tiempo como aliado. Pero Egan no se detiene únicamente en reflexiones vastas sobre los ejercicios nostálgicos, así como tampoco se ciñe a los lugares comunes de la música como fuerza motora de los recuerdos. Su mano maestra está en el detalle. En personajes que se cruzan en un recital donde a su vez toca un músico que jamás pensó que su concierto podría ser un boom viral, donde a su vez aparece un joven deseoso de aprender que menciona el nombre de Sasha a otro personaje que a su vez la había conocido tiempo atrás, un tiempo en el que ese músico al que están oyendo no podía salir de su casa por miedo al fracaso. La fluctuación de las experiencias y lo impredecible que es el mundo a descubrir (“If I had a view like this to look down on every day, I would have the energy and inspiration to conquer the world. The trouble is, when you most need such a view, no one gives it to you”) se estrecha con lo aleatorio que puede ser un encuentro y la metamorfosis radical que puede llegar a producir. Me fue imposible no pensar en Boyhood y el reencuentro de Olivia con ese joven al que aconsejó años atrás y que luego pasó a ser manager de un restaurante, y en cómo Egan y Richard Linklater (quien debería adaptar esta novela) comparten la misma sensibilidad para abordar el binomio causa y efecto. La autora una vez expresó que aquello que más nos facilita viajar en el tiempo es la música, y con este grado de perfección lo traslada a su obra: “…the experience of music pouring directly against her eardrums—hers alone—is a shock that makes her eyes well up; the privacy of it, the way it transforms her surroundings into a golden montage…”. Muchas novelas nos sueltan la mano rápidamente, A Visit from the Goon Squad se aferró a mí y aún no consigo (ni deseo) desprenderme de ella. Su impacto es tan trascendental como el que quieren tener todos los personajes de su historia, ellos que desean escapar del “goon squad” (el escuadrón del tiempo) para reírsele en la cara después, cuando les llega el momento del triunfo (“I don’t want to fade away, I want to flame away – I want my death to be an attraction, a spectacle, a mystery. A work of art”). La realidad, claro, es que no todos pueden terminar con una sonrisa y que la contracara de esa trascendencia es lo más difícil y duro de digerir: el total e irrevocable olvido. 

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► [VIDEO] Jennifer Egan habla de su gran novela:

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► [MEGAGALERÍA] 150 personajes del cine (y algunas series) leyendo a su manera (spoiler alert: es genial):

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! En este nuevo post, retomamos la sección CINE & LITERATURA, con dos consignas: 1. ¿Cuál es el mejor libro que leyeron en el último tiempo? ¿Con qué libro están ahora? 2. ¿Qué director les gustaría que adapte su novela favorita? Con sus aportes, me gustaría armar una nueva galería con citas de las novelas mencionadas; ¡gracias por leer! Les cuento que mañana me salgo de agenda para publicar una original nota sobre el final de Mad Men que ha llegado a mi correo, y luego nos vemos el martes 26 post-feriado, con un texto sobre Inherent Vice; ¡hasta entonces, muchachada! PD. Recuerden que todos los jueves a las 12:00hs. me pueden escuchar en el programa Hoy es mejor por RadioYPunto ;)

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Appropriate Behavior: No soy esa clase de chica

“Suelo decir que hay que dejar que las mujeres escriban libros, pero también que por encima de todo sigan siendo fecundadas por otros libros (…) en nuestra vida nunca habrá monotonía porque en cada uno de nosotros hay siempre movimientos, renovación, sorpresas, ni siquiera la introspección ha sido una experiencia tranquila”Anaïs Nin

Hace unos días mi amiga Ana, quien ha sido fuente de ideas para algunos posts, me comentaba que al ver la película Shirley Valentine se le despertó un interrogante. La cito con su permiso: “me surgió la pregunta de cuál es nuestra fantasía hecha película, de qué mujer o tipo de mujer, es hoy nuestra Shirley Valentine, de qué película miramos y decimos ‘mirá qué genia esta mujer, yo debería hacer esto mismo y aplicarle una fuerza a mi vida que la haga correrse del rumbo que parece seguir’”. Su reflexión, como muchas cosas que (re)saltan dentro de lo cotidiano, terminó desembocando en este post, uno que llega luego de haber visto las producciones de la guionista y directora iraní Desiree Akhavan, quien me hizo preguntarme las mismas cosas que Ana. Appropriate Behavior, su ópera prima, es una prolongación mucho más adulta de su excelente serie web The Slope, aquella en la que exploraba todos los clichés que rodean a las distintas orientaciones sexuales, especialmente a la bisexualidad y a todos los que padecemos sus habituales mitos. Akhavan, como una manera de lidiar con el conflicto interno que le generaba hablar de su identidad sexual con sus padres, creó con ayuda de Kickstarter una sucesión de episodios breves en las que canalizaba todos sus pensamientos acerca de esos prejuicios sobre quienes se identifican como bisexuales (“indefinidos”, “promiscuos”, etcétera.), al tiempo que construía una historia de amor mundana en el mejor sentido del término. Su primer largometraje, por esa necesidad que a veces se tiene de poner etiquetas, ha sido comparado (certeramente) con el tono realista de Girls y con momentos de intimidad conmovedores dignos del Woody Allen de Annie Hall. Tironeada por diversas influencias, Desiree sigue un mandato que recientemente le escuché decir a Amy Poehler en relación a Broad City, otra brillante creación sobre la cotidianidad de la juventud en Brooklyn: “lo más difícil es encontrar tu propia voz, una vez que llegaste a esa instancia, tenés un poder que ya nadie puede quitarte”. Akhavan logra nutrirse (o fecundarse, si continuamos citando a Anaïs Nin) de inspiraciones como Lena Dunham (de hecho, formó parte de algunos episodios de la cuarta temporada de la mencionada Girls) y del Noah Baumbach de Frances Ha y aún así hallar su propia voz, una que le permite decir que no es cierta clase de chica al definirse como varias cosas en simultáneo.

“I have a drug problem and a love issue…or a drug issue and a love problem” le confiesa Syd (Ally Sheedy) a su mamá en High Art, la película indie de culto de Lisa Cholodenko. Akhavan se vale de esa misma simpleza para definir el presente (no somos una sola cosa, nuestros conflictos se mezclan, confunden, pueden generar tanto placer como desconsuelo) y en Appropriate Behavior habla del amor como algo cíclico, como un estado que empieza y termina, pero siempre dejándonos en una posición diferente. Por lo tanto, su película abre con el personaje de Shirin (interpretado por la propia directora) viajando en tren con la tristeza de haberse separado de su novia y concluye en otro tren, con una perspectiva antagónica. En el medio, Akhavan expone con perfectos saltos temporales, un alto grado de honestidad y un humor que nunca cae en el sarcasmo, todo lo que significa construir una identidad cuando ninguna pieza parece encajar. Por un lado, el tratamiento que se hace de la bisexualidad puede parecer anecdótico (Appropriate Behavior es una película sobre encontrar una estabilidad a secas) y, por otro lado, es aquello a lo que su directora alude como forma de volver visible el concepto. Su logro, entonces, es enorme: realizar una comedia romántica que reflexiona sobre las costumbres socioculturales, sobre la identidad sexual, sobre el (des)amor, sobre el tumultuoso mundo laboral y sobre lo complejo que es ser uno mismo en medio de tanta ebullición. Akhavan, como Shirin, no es la clase de chica que se comporta como la sociedad le quiere imponer (el irónico título de la película es bien claro en ese sentido) sino siguiendo su propia voz. Por lo tanto, y también como Shirin, es profundamente verdadera en cuanto a sus necesidades, incluso en los períodos en los que parece silenciada por miedo a la incomprensión. Porque ser honesto y verdadero no implica exponerse todo el tiempo, desnudarse ante los demás para demostrar desprejuicio, abrir la boca y dar una opinión tajante independientemente de las consecuencias. Ser honesto y verdadero también implica transitar el recorrido previo a la apertura absoluta, ese de las dudas, ese de la indecisión. Entonces, al quedarme pensando en el interrogante de Ana respecto a Shirley, lo trasladé a mi interrogante respecto a Shirin. No solo me vi en ella (y por extensión, en su creadora) por compartir la misma orientación sexual sino también por esa sensación de no querer pertenecer (mis decisiones laborales tuvieron mucho que ver con esto), de no querer responder a otra voz, ímpetu o deseo que no fuera el que se me presentara en cada momento. “I think there’s a reason I don’t belong, and it’s me too, we are not fit for each other” expresó Akhavan en relación a ciertos espacios en los que no se veía representada. Con ese mismo nivel de verdad, su película se erige como una obra independiente única que no solo valida sino que además celebra la vida en movimiento, la vida sorprendente, y el amor al que se lo experimenta del mismo modo: con vitalidad, espontaneidad y sin resistencia. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Appropriate Behavior:

APPROPRIATE BEHAVIOR, einfach ungezogen - Offizieller Trailer from Queer Cinema TV on Vimeo.

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► [DE YAPA] Un episodio de The Slope, la serie de Desiree Akhavan que inspiró su ópera prima:

Season 2, Episode 1: "Taking Space" from The Slope on Vimeo.

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► [GALERÍA] 50 mujeres creativas que despiertan su admiración; gracias por los aportes mencionados:

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¡BUEN MARTES PARA TODA LA MUCHACHADA! En este nuevo post, tres consignas: 1. Explayarse sobre Appropriate Behavior quienes la hayan visto 2. ¿Qué personajes cinematográficos los ha inspirado y por cuáles sienten admiración? ¿Hay algunos con los que se han sentido muy identificados? 3. Asimismo, me gustaría saber cuáles son las voces femeninas del cine o la televisión que consideran talentosas; con sus aportes armaré una galería; nos reencontramos mañana en un post literario, ¡que tengan un excelente día! PD. No se olviden de que la BASE DE DATOS del blog se actualiza todas las semanas, están invitados a consultarla cuando gusten ;)

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Hit the Road Max

Hoy en Cinescalas escribe: Eduardo Blake

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento de la saga Mad Max, incluida la reciente Fury Road

“Mi nombre es Max”, se escucha en voz de Tom Hardy, y es con esa simple frase que regresa, tras una ausencia de treinta años, uno de esos personajes que han dejado su marca en la historia del cine. Max Rockatansky, el guerrero del camino, ha vuelto. Interpretado en tres ocasiones por Mel Gibson (rol que lo llevó a ser conocido en Estados Unidos), es ahora encarnado por Tom Hardy (Inception, The Dark Knight Rises). Qué mejor ocasión para mirar hacia atrás y repasar esta saga. Para sus comienzos, debemos remontarnos a 1975, cuando un joven doctor de nombre George Miller, inspirado en tragedias cercanas y en sus observaciones trabajando en una sala de emergencias en Sidney, decide retratar un futuro distópico, brutal, donde la violencia vehicular gobierna los destinos de la humanidad.

Mad Max (1979), la primera película de la saga, fue una producción independiente, realizada con recursos escasos y poca financiación, pero con mucha pasión. Como protagonista, Miller elegiría a Gibson, un actor hasta el momento desconocido con algunos papeles menores en televisión y cine. En una frenética persecución se nos introduce a este mundo, un futuro no muy lejano, de policías violentos y criminales aún más violentos, que dirimen sus batallas en la carretera. Todavía subsiste la civilización, pero a través de pequeños detalles, Miller nos muestra un mundo en caída libre. Mientras que las pandillas se vuelven cada vez menos humanas y más animales, la policía se vuelve brutal, casi una pandilla más que habita una pocilga derruida e inmunda, y que pone en peligro a los ciudadanos que debe proteger. Es un mundo habitado por personajes delirantes pero enigmáticos, Miller sabe muy bien cómo retratar el sentido que una mente quebrada impone a la realidad. El cautivante líder de los motociclistas, Toecutter (Hugh Keays-Byrne), ejerce sobre sus hombres un efecto casi mesiánico: parte filósofo, parte demente, parte guerrero del camino, es un enemigo a temer. Su nombre nos remite a cierta brutalidad sin sentido, más nunca explicitada. Miller prefiere dejar a la imaginación de la audiencia muchos pormenores de su mundo.

Al principio de la película un villano menor, The Nightrider (Vince Gil), se define a sí mismo como “una máquina suicida llena de combustible”, y se embarca en un viaje sin destino, tratando de llevarse por delante al mundo entero de ser posible, mientras alterna entre el éxtasis de la velocidad y un profundo quiebre psicológico expresado, sorpresivamente, cuando exclama entre lágrimas que “no queda nada, todo se ha ido”. Es en ese momento que podemos apreciar lo que George Miller quiere mostrarnos. No solamente un futuro devastado o una sociedad corrompida y en decadencia, sino las formas en las que las personas reaccionan ante ello. Parecen quedar solo dos caminos, aferrarse a lo que quedó y luchar, tal vez futilmente, para que vuelva a ser como antes; o abrazarse a la locura, montar un vehículo y salir a terminar con todo.

Max camina un delicado equilibrio entre ambos extremos, y la película es un recorrido por su tragedia. Su familia es el ancla que lo mantiene con cordura, mientras otras fuerzas lo llaman a sumarse a la demencia del mundo, entre ellas su capitán policial que le ofrece un auto especial (el maravilloso V8 Interceptor) para mantenerlo en la batalla. Max mismo es quien le dice que “si pasa más tiempo en esa ruta, seré uno de ellos, un loco terminal”. Él tratará de reconectarse con su humanidad al compartir más cosas con su familia, pero terminará perdiendo ambas y liberando a su ser más puro. Su mujer, su pequeño hijo, su mejor amigo… todos caen uno a uno. En su brutal búsqueda de venganza, Max terminará la película casi en un círculo, convirtiéndose en algo próximo a lo que cazaba al principio, una fuerza casi imparable, un guerrero del camino dispuesto a todo.

La segunda película de la saga, Mad Max 2 – The Road Warrior (1981), presentaría un mundo que ha dejado definitivamente la civilización atrás, para caer en una barbarie en estado puro. Ya no hay casi vestigios de civilización, sino una enorme desolación poblada de pandillas, cada una más demencial que la otra. Si la primera película fue el descenso de Max al infierno, esta será su primer paso para su eventual regreso a la humanidad. Con ciertos detalles que recuerdan a un western, Max se topa, casi accidentalmente, con un conflicto ajeno, entre las cohortes bestiales de Lord Humungus (Kjell Nilsson) y los sobrevivientes liderados por Pappagallo (Michael Preston). El imponente Lord Humungus, una extraña cruza entre Jason de Friday the 13th y un luchador libre sadomasoquista, es un líder que reúne en torno a sí mismo a cascarones vacíos de humanidad, bestias apenas humanas que ríen como hienas frente al sufrimiento propio y ajeno, destacándose entre ellos el perturbado Wez (Vernon Wells).

Muchos de los personajes de esta película son construcciones mínimas, a veces sin tener siquiera nombres, como el Niño Salvaje, el Gyro Captain y la Mujer Guerrera, por ejemplo. Son los roles que cumplen y sus acciones los que definen su ser, y las que nos permiten imaginar su pasado y sus motivaciones. Max es el protagonista de la historia, más no su héroe. Ese rol queda reservado para Pappagallo, reserva de moral y razón en este mundo despiadado, quien está dispuesto a pagar un alto precio por la supervivencia de sus amigos. Es él quien busca hacer renacer la chispa de humanidad en Max, y quien se mantiene firme frente a la locura reinante. Forzado por las circunstancias, Max aceptará ayudarlo en su lucha, y redescubrirá, de a poco, que algo de humanidad queda en él, más no la suficiente como para abandonar el camino y la batalla sin fin. Es en esta película donde George Miller creará una secuencia memorable que se volvería casi su firma característica: una enorme persecución que involucra al menos una decena de vehículos simultáneamente, donde la acción no se detiene. No hay palabras para describirla, sino que debe ser vista, es una secuencia que le aseguró a su director un enorme lugar en la historia del cine. Lo que se ve es tan brutal que no se puede evitar pensar por lo que habrán pasado los extras, dobles y actores para traer este entretenimiento a nuestras pantallas.

Con el estreno de Mad Max: Beyond Thunderdome (1985) concluirá la trilogía original. Con la presencia estelar de Tina Turner como la villana de la entrega, esta Mad Max es más moderada en cuanto a su violencia pero no en su locura. Nuevamente vagando por las tierras desoladas, Max se topará con Bartertown, una antigua mina convertida en una ciudad donde reina el trueque. Gobernada por Aunty Entity (Turner), en Bartertown rige una extraña forma de justicia, que intenta armonizar la ley del más fuerte con un sistema para resolver los conflictos y reducir los daños: el Domo del Trueno, donde la única regla es que “Two Men Enter, One Man Leaves” (“Dos hombres entran, solo uno sale”). Por lo tanto, hay lugar para una pelea a muerte, con presentador incluido para animar el show, y una rueda de la fortuna para que la suerte decida castigos menores. Max se verá involucrado en las luchas entre el personaje de Turner y el dúo Master Blaster (Angelo Rositto & Paul Larsson), en una peculiar alegoría al conflicto entre quienes tienen el poder político y quienes controlan los medios de producción, en este caso los cerdos que producen los desechos que se convertirán en energía para toda la ciudad. Reclutado como asesino, Max descubrirá que todavía posee límites morales, al no poder cumplir con su encargo al revelarse que debe matar a una persona con problemas mentales.

Beyond Thunderdome es en verdad casi dos películas distintas en una, que se unen para el acto final. Tras ser exiliado de Bartertown por su fracaso, comienza una nueva trama, con Max siendo encontrando en el desierto por un grupo de adolescentes y niños, los últimos sobrevivientes de un catastrófico vuelo que quiso escapar de los conflictos apocalípticos, y quienes se han criado entre ellos mismos, sin adultos. Asimismo, con vagos recuerdos de la civilización crearon sus propias tradiciones y leyendas, incluido su propio Mesías salvador, el Capitán Walker, el antiguo piloto del avión con el que confunden a Max. Estos niños perdidos viven en un paraíso, aislados de la violencia del mundo, situación que para algunos de ellos no es suficiente. Buscan algo más, queriendo ir a las ruinas del pasado para construir un nuevo futuro y descubrir su historia y su destino. Max asume rol de padre forzosamente, para evitar que se lastimen, pero la rebeldía adolescente perdura y ellos escapan. Max, pudiendo quedarse y liderar al resto en paz, decide en cambio ir en su rescate, consciente de lo que les espera allá afuera, renaciendo definitivamente su humanidad. Ambas tramas confluyen para concluir en una nueva persecución multitudinaria, donde Max elegirá sacrificarse para asegurar la supervivencia y felicidad del resto, mientras él continúa recorriendo el mundo, recuperando su humanidad poco a poco.

En 2015, Max finalmente vuelve con Fury Road. Para esta ocasión, George Miller refina su fórmula y se concentra en contar su historia a través de una larga secuencia de acción, pero sin caer en una mera acumulación de explosiones sin sentido. Lo que es fascinante de esta entrega es su núcleo emocional, los sentimientos que corren implícitos por debajo de los disparos, las muertes y los sacrificios de los personajes. A través de miradas y simples gestos se prefiguran magistralmente personajes profundos, reconstruyendo la audiencia sus historias, anhelos y sufrimientos. Estructurada como una larga persecución, la acción solo se detiene para dar breves respiros no solo a los personajes sino también a la audiencia, que se recupera de la espectacularidad y demencia que está viendo en pantalla. Fiel a la tradición, Max queda nuevamente atrapado en un conflicto que le es ajeno, en el cual Furiosa (una excelente Charlize Theron) es su principal motor. Atormentado por los fantasmas de aquellos que quiso (y no pudo) salvar a lo largo de los años, inicialmente Max solo quiere seguir sobreviviendo, sin involucrarse con nada ni nadie; sin embargo, poco a poco su humanidad vuelve a despertarse, junto a su sentido del deber y sacrificio por los demás. 

En esta ocasión, Miller construye una imagen de una sociedad salvajemente civilizada, en torno a una religión atroz que mezcla aspectos de la mitología nórdica de la muerte gloriosa con la mecánica de los motores. Gobernada por un señor supremo, Immortan Joe (nuevamente Hugh Keays-Bryne), quien decide sobre la vida de todos y cada uno de sus habitantes. Con solo algunas escenas, Miller es capaz de mostrarnos la decadencia de un mundo donde los seres humanos (y en particular las mujeres) son meros objetos u propiedades. Una sociedad donde las personas son drenadas de sus recursos (sea su sangre, su leche materna, sus úteros o sus cortas vidas en el caso de aquellos con defectos radioactivos), en torno a la gloria del líder. Es contra este mundo que Furiosa se rebela y del que tratará de rescatar a otros. En su camino en la búsqueda de su propia redención, se encontrará con Max y enfrentará su pasado en un viaje que la marcará para siempre. 

Cuando todo es oscuro, es Max quien traerá de vuelta la esperanza, y es él quien, conforme a su leyenda, partirá nuevamente hacia el desierto, en busca de un sentido para existir que todavía lo elude y del que saborea tan solo recuerdos, mientras ayuda a otros a sobrevivir.

Por Eduardo Blake

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► [TRAILER] El adelanto de Mad Max: Fury Road:

Mad Max: Fury Road - HD Trailer from Nueplex Cinemas on Vimeo.

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► [DE YAPA] Un compilado de Mel Gibson en la saga de George Miller:

Mad Max ▲ Mel Gibson from The 80's Dreams on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODA LA MUCHACHADA! En este gran post de Edu, cuatro consignas elaborados por el autor de la nota: 1. En primer lugar, ¿vieron la trilogía de Mad Max? ¿Qué opinan de ella? 2. Asimismo, ¿pudieron ver ya la cuarta entrega, Mad Max: Fury Road? ¿Les gustó? 3. ¿Qué otras películas similares conocen? ¿Alguna favorita? 4. Por último, ¿qué se pondrían para disfrazarse al estilo Mad Max? Bonus Point si hay foto; ¡eso es todo lo que Edu quiere saber! ¡los leemos en los comentarios! Los espero mañana en el post sobre Appropriate Behavior; ¡que tengan un excelente comienzo de semana! 

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*ESTA SEMANA:

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES:

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 La última vez escribió Lorena Yscara sobre… DAREDEVIL

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En menos de un mes: NO ESTÁS SOLO EN ESTO en Córdoba

Si han seguido el proceso de recaudación, el proceso de filmación y el proceso de proyecciónde No estás solo en esto sabrán que, teniendo en cuenta sus condiciones de rodaje y presupuesto, es un documental muy independiente que no puede (por el momento) ser estrenado de manera comercial. Creo que es universal la sensación de querer compartir algo que uno hace con la mayor cantidad de gente posible. Sin embargo, que el documental haya sido financiado en este lugar sin empuje corporativo y que haya sido – en todos sus aspectos – una obra comunitaria me lleva a pensar que mostrarlo en contextos más íntimos es parte de su condición y de su encanto. No cambiaría este Diario de proyección por nada. El ritual de mostrar la película, hablar con la gente que acude a verla y salir a tomar algo con ellos luego es una de las recompensas que me ha dado todo el intenso desarrollo. ¿Próxima parada? Córdoba Capital. En el marco del Museo Emilio Caraffa, el sábado 30 de mayo a las 18:00hs., estaré presentando el documental, con entrada libre y gratuita. Quiero agradecerles especialmente a María José Cisneros de la Escuela de Cine La Lumière por contactarme y gestionar la proyección y a Javier Correa Cáceres por mover los hilos desde allá también. Como siempre, el gracias lo hago extensivo a todos los que colaboraron con el documental y a todos los que forman parte del blog, ya que de lo contrario ni un libro ni una película hubiesen sido posible sin la comunidad como receptora de lo que hago. Nos reencontramos el lunes, muchachada. Hasta entonces.