Prosa militante

Primer párrafo de la noticia en el New York Times:

BUENOS AIRES, Argentina (AP) — Former President Nestor Kirchner, who steered Argentina out of crisis and political instability with a leftist populism that thrilled the poor and exasperated the wealthy, died suddenly of a heart attack Wednesday with his wife, President Cristina Fernandez, by his side.

Con Cristina a su lado, con los pobres encantados y los ricos exasperados. Un epitafio que le resultaría satisfactorio.

¿Seré ultra K?

Casi todos los kirchneristas que evalúan la presidencia de Néstor dicen que fue “el mejor presidente de los últimos cincuenta años” o “el mejor desde Perón”, que vendría a ser más o menos lo mismo. Disiento. Yo no sé si fue mejor que cada uno de los otros –aunque admitamos que la competencia es pobre– pero mejor que Perón, ¡seguro! Mejor economía, más libertad de expresión por afano (mucha contra muy poca), mejor institucionalidad (uno cambió la constitución para reelegirse y tuvo una Corte adicta; el otro no se presentó a la reelección cuando podía hacerlo y eligió una Corte razonable), mejores relaciones exteriores (el amigo malvado de Néstor era Chávez; los de Perón, nazis).

Afana Néstor.

Cortemos con la religiosidad popular, muchachi, somos el único país del mundo que tiene un partido cuyo apodo refiere a un personaje que actuó políticamente hace sesenta años y murió hace cuarenta. De los 40 millones de censados hoy, 30 millones no lo conocieron. Sufi.

Ánimo, Presidenta

Dios. Parece un sino de nuestras cuatro épocas peronistas: se murieron un presidente, un hijo del presidente, una mujer del presidente, un marido de la presidenta.

Pobre Cristina — nuestras humildes condolencias.

Ojalá que tenga el ánimo para que el ciclo kirchnerista termine con el balance generalmente positivo que –en el neto de causas y azares de todos colores– tiene de momento. No va a ser tan fácil si con el cuerpo todavía entre nosotros las aves ya empiezan a girar en círculo.

Control de capitales: Néstor lo hizo

Una moda que siempre vuelve: hay que poner controles de capitales para evitar la apreciación excesiva de nuestras monedas. No puedo encontrar un cuadrito que publicó ayer Bloguín –acompañando esta nota– con los rendimientos de los bonos latinoamericanos. El de Perú era algo así como 2%. Eso quiere decir financiamiento barato; y financiamiento al 2% quiere decir, para toda persona con sangre en las venas, endeudamiento. El boom de gasto que te genera la tasa de 2% te pone en un tipo de cambio real por lo menos dudoso. Los controles de capitales sólo habrán conseguido algún resultado si logran elevar la tasa de interés interna por encima de lo que el mundo quiere prestarte; si no lo logran, no han tenido sentido.

Néstor hace control de capitales verbal: le paga la deuda a los bonistas, pero diciéndoles que los odia. Por lo tanto la tasa en dólares no es 2%, es 7% u 8%. Me pregunto qué tan malo es esto. Me pregunto si no tiene cierta lógica que nuestros países eviten tasas de interés menores al 5%. Desde luego, hay costos: con tasas mayores la inversión es más baja y eventualmente el crecimiento puede ser menor. Pero si el bono peruano que rinde 2% es en realidad una burbuja, entonces vas a tener un nivel de gasto y de tipo de cambio real poco realistas, esto es: salarios en dólares que hacen inviables empresas que en condiciones normales deberían serlo; y endeudamiento en moneda dura más allá de lo que en realidad podrás pagar cuando tu tipo de cambio sea de equilibrio. Si al final el endeudamiento te produce una crisis, es posible que termines creciendo menos.

Y creo que un bono peruano al 2%, con todo respeto por el hiperinflador Alan García, tiene que ser una burbuja.

No digo que el riesgo de 600 esté bien; pero sí digo que ponerle un piso en 5% o algo así a nuestra tasa de interés, con un poco de dirty talk, puede tener su lógica. Exactamente la misma que el control de capitales que ahora elogia el FMI.

Y un día llegó el Doctor…

Para Don Mariano Grondona:

Ajustándose al principio que excluye las reelecciones indefinidas, nuestra reforma constitucional de 1994 limitó a dos períodos consecutivos el plazo presidencial. Si Néstor Kirchner insiste ahora en su candidatura presidencial para 2011, estará violando aquel principio porque, al digitar a Cristina en 2007, lo que obtuvo, en realidad, fue su propia reelección a través de ella, a la que en 2011 seguiría, si la consiguiera, una tercera presidencia consecutiva. En Colombia, la Suprema Corte le impidió al presidente Uribe un designio similar. ¿Se atreverá nuestra Corte Suprema a repetir la hazaña? La única barrera para la ambición interminable de los Kirchner que quedaría disponible, si la Corte callara, sería la voluntad popular.

Imaginaos este escenario: Don Francisco, colombiano, candidato a Presidente en violación obvia de una cláusula de la Constitución, y el pobre Néstor, impecablemente habilitado por nuestra Carta Magna, proscripto. Qué bajo andan volando nuestros sueños republicanos.

Soy yeta

Haberlo sabido, Néstor. El 28 de junio te tocó votar en la misma mesa que a Don Lucas, el Jettatore. Así te fue. Aquí, la prueba documental: