Una moda que siempre vuelve: hay que poner controles de capitales para evitar la apreciación excesiva de nuestras monedas. No puedo encontrar un cuadrito que publicó ayer Bloguín –acompañando esta nota– con los rendimientos de los bonos latinoamericanos. El de Perú era algo así como 2%. Eso quiere decir financiamiento barato; y financiamiento al 2% quiere decir, para toda persona con sangre en las venas, endeudamiento. El boom de gasto que te genera la tasa de 2% te pone en un tipo de cambio real por lo menos dudoso. Los controles de capitales sólo habrán conseguido algún resultado si logran elevar la tasa de interés interna por encima de lo que el mundo quiere prestarte; si no lo logran, no han tenido sentido.
Néstor hace control de capitales verbal: le paga la deuda a los bonistas, pero diciéndoles que los odia. Por lo tanto la tasa en dólares no es 2%, es 7% u 8%. Me pregunto qué tan malo es esto. Me pregunto si no tiene cierta lógica que nuestros países eviten tasas de interés menores al 5%. Desde luego, hay costos: con tasas mayores la inversión es más baja y eventualmente el crecimiento puede ser menor. Pero si el bono peruano que rinde 2% es en realidad una burbuja, entonces vas a tener un nivel de gasto y de tipo de cambio real poco realistas, esto es: salarios en dólares que hacen inviables empresas que en condiciones normales deberían serlo; y endeudamiento en moneda dura más allá de lo que en realidad podrás pagar cuando tu tipo de cambio sea de equilibrio. Si al final el endeudamiento te produce una crisis, es posible que termines creciendo menos.
Y creo que un bono peruano al 2%, con todo respeto por el hiperinflador Alan García, tiene que ser una burbuja.
No digo que el riesgo de 600 esté bien; pero sí digo que ponerle un piso en 5% o algo así a nuestra tasa de interés, con un poco de dirty talk, puede tener su lógica. Exactamente la misma que el control de capitales que ahora elogia el FMI.