¿Nos salvarán los chinos?

¿Qué es el “swap con China“? ¿Otro cuento chino?

Entiendo que es un intercambio de monedas: nosotros les damos un crédito en espejitos de colores (bah, papelitos) y ellos nos dan un crédito en yuanes. Pasando en limpio: ellos nos dan un crédito en yuanes. Los yuanes no necesariamente son convertibles con dólares; es decir, el Banco Central no puede libremente cambiar a su vez esos yuanes por dólares, pero sí puede usar esos yuanes para comprar, por ejemplo, importaciones chinas.

El dinero es fungible, de modo que, si estoy entendiendo, el acceso a esas importaciones “libera dólares” para otros usos: deuda u otras importaciones.  Es decir: con pesos estamos comprando dólares. Quién te ha visto y quién te ve.

Y atentos a las siguientes cifras:

Año 2013. Importaciones desde China: 11.341 millones de dólares.

Año 2014: “swap de reservas” con China: 11.000 millones de dólares.

El plazo del acuerdo es de tres años, y no queda claro qué tan rápido se podrá acceder a esos yuanes salvadores. Sabemos que “el primer desembolso, que se acordará este mes, será por el equivalente a mil millones de dólares“. Es una buena noticia para la economía: seca como está de dólares, un chaparrón de maná en el desierto no viene nada mal.

Dos comentarios de historiador económico:

(1) Esto se parece a los años 30. Países con monedas inconvertibles firmando acuerdos bilaterales. Ante la escasez de divisas, tus compras de importaciones van a aquel que te da con qué comprarle. En los 30 tus contrapartes también andaban estrechos, entonces a cambio te pedían que les compraras más a ellos. En este caso, China tiene otros objetivos. Aunque quizás le dicen a Randazzo que compre más vagones, o cosas por el estilo.

(2) Otro recuerdo aciago: el gran refuerzo para las reservas en los meses finales de Alfonsín también vino de Oriente, cuando el edificio de la embajada argentina en Tokyo se vendió a un valor que, a precios de hoy, serían 2.000 millones de dólares. Justo antes de que se pinchara la burbuja japonesa — uno de los mejores negocios de la historia de nuestra patria ladrillera tenía que ser inmobiliario.

Los japoneses manejan el mate yellow

Mientran empiezan a desperezarse las cacerolas, yo pienso en cómo nos estamos durmiendo. Fíjense esto:

Mateeecha. Esa bebida amarilla que ves ahí es mate. Sí: Coca Cola Company lanzó hace unos meses en Japón una bebida basada en yerba mate, para que los japoneses puedan adquirir el “Latin Biorythm”. Me dice un amigo que lee el idioma que las ventas en el primer bimestre, durante el verano nipón, fueron de 40 millones de unidades. Suponete un conservador 150 millones de unidades al año, a 2 dólares, son 300 millones de dólares. Nada mal. Y eso por no hablar de lo que sería luego una penetración en el mercado chino. Si aprietan el link verán que el Matecha se presenta como un complemento ideal para la carne. Es, más o menos, la dieta que describía Max Weber de los entrerrianos del siglo XIX si suponemos que por “té” se refería a mate.

Pensar que en los años 1850 Paraguay llegó a exportar mate a los soldados de la guerra de Crimea. O eso contaba mi profesor de historia de tercer año, aunque no lo pude chequear en la Web.

Mientras la Coca Cola company vende yerba no argentina (me dicen que brasileña) con valor agregado mostrando chicas lindas comiendo carne, nosotros pretendemos vender esto:

 En fin.

Nuestro libro es un papelón, ¿o no?

Cuando escribimos Macroeconomía Argentina junto a Miguel Braun, se nos ocurrió poner como ejemplo de un impacto que genera una depreciación de la moneda del país un tsunami. El de 2004. Y ahora viene un tsunami a Japón y ¿qué pasa? En lugar de depreciarse, el yen se aprecia. Chan. ¿Cuál era la lógica detrás de la idea de que una catástrofe natural deprecia tu moneda? ¿Y qué estaba mal o no es aplicable al caso japonés?

Respuesta nerd: esencialmente, qué pase con el tipo de cambio real en el corto plazo depende de qué pase con la demanda. Si la demanda general de la economía sube, el país se hace más caro, y el Banco Central elige si será vía precios o vía una apreciación nominal. El principio es sencillo, y es más fácil pensarlo con tipo de cambio fijo: boom de demanda es más expansión de la demanda de trabajo, más salarios y niveles de precios más altos en los productos que no tienen precio internacional. El país se hizo más caro. El Banco Central podría contrapesar este efecto inflacionario dejando que la mayor demanda por dinero –resultante del mayor nivel de transacciones– aprecie en términos nominales la moneda.

Un tsunami tiene dos tipos de efectos sobre la demanda. En primer lugar: mucha gente afectada acaba siendo más pobre. Perdió su casa, se le arruinaron cosas, quizás no puede trabajar. Esto tira la demanda para abajo. Pero un segundo efecto sobre la demanda tiene que ver con la reconstrucción: en un país al que acaba de destruírsele infraestructura posiblemente va a aumentar la inversión pública durante un tiempo. Y si sos tan eficiente como los japoneses, eso va a pasar bastante rápido. Fíjense lo que hicieron:

japon

No creáis en toda esa historia de “entran los fondos para la reconstrucción”. En el mercado cambiario la expectativa es todo. La expectativa de una política fiscal expansiva que contrarreste con creces la caída de la demanda privada implicará inflación si no pasa nada con el precio del yen. Si todo el mundo sabe que Japón no querrá tener inflación, todo el mundo sabe que Japón necesita una yen más apreciado para evitar un salto inflacionario. Pero las noticias acerca del precio futuro del yen impactan hoy: es negocio comprar yenes. El yen sube.

EX-POST, aún más nerd: se me ocurrió una manera de explicar por qué está mal razonar nuestro mercado de cambios como resultado de la oferta y demanda de corriente de dólares: la idea típica de “entran los dólares de la soja, baja el dólar”. Aquí va, para el que tenga ganas. Los dólares son un stock, no son un flujo. Esto es: los dólares que se compran y venden hoy siguen estando en el mercado; y no todos los dólares que están en el mercado (los 150 mil millones que tenemos los argentinos) se compran y venden hoy. Es como las casas: el stock de casas, la “oferta” de casas, no son las que se están comprando y vendiendo hoy. Son todas las casas que hay. Imagínense que hay 10 millones de casas, pero que cada mes se negocian 10 mil. Si uno pudiera analizar el mercado de casas como un resultado de los flujos de oferta y demanda, la inmigración de 10 mil japoneses que buscan casas aquí huyendo del tsunami debería tener un efecto monstruoso en el mercado de casas: de un “mercado” de 10 mil, la demanda sube otros 10 mil. Pero sabemos que no es así. Sabemos que la oferta de casas no es la cantidad de transacciones de casas en un determinado período: es todo el stock de casas existentes.

En otras palabras: está muy mal analizar el precio de un stock como el resultado de la voluntad de transacciones en un determinado período. Error grave, que cometen el 90% de nuestros economistas. No: el precio del dólar, el tipo de cambio, es en realidad el precio de nuestra moneda, dicho al revés. Nuestro peso vale hoy 24 centavos de dólar. Si de repente queremos tener más pesos (más demanda) subirá su precio, a 25, 26 o 27 centavos; si de repente el Banco Central imprime más, bajará el precio de nuestra moneda, a 22 o 20 centavos de dólar (dólar de 5 pesos). Todas las variaciones en el tipo de cambio resultan de cambios en la oferta o en la demanda de nuestra moneda. ¿Pero no es cierto que si sube la soja se aprecia nuestra moneda? Claro que sí: si sube la soja, y creemos que el Banco Central no aumentará la oferta de pesos, el precio esperado para el futuro del dólar será más bajo, porque el mayor nivel de riqueza y de actividad implicará más demanda de dinero a futuro, y un precio menor del dólar (salvo que creamos que el Banco Central va a evitar esa baja). Pero si creemos que el dólar valdrá menos en el futuro –en realidad: que el peso valdrá más, medido en dólares– querremos más pesos hoy: sube la demanda de dinero, baja el tipo de cambio. Antes de que entre ningún dólar por la soja.

Lo sé, es complicado: pero es complicado porque es complicado.