Peso argentino, en unión y libertad

Con viento a favor, podría llegar a funcionar el, llamémoslo así, plan económico.

Si el INDEC dijera la verdadera inflación con el nuevo IPCNacional; si, como premio por decir la verdad, el gobierno del desendeudamiento lograra la epopeya de volver al FMI para conseguir unos dólares frescos; si el yuyo ­-el otro ídolo verde del que depende la suerte del gobierno- desplegara su magia antes de que las reservas entren en la zona roja; si el gobierno nacional, popular y peronista lograra negociar con los sindicatos el famoso recorte del 13% a los asalariados, con una combinación de devaluación y contención salarial; si fueran exitosas las “políticas monetarias activas” que buscaba la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, ahora encarnadas en una suba de tasas para contener el blue y por lo tanto limitar la brecha cambiaria que alienta la salida de reservas; con todos esos condicionales, podríamos evitar una crisis mayúscula y  seguir en esa miseria que es la macroeconomía argentina de los últimos años.

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