Las alarmas del doctor Thomas Piketty

 

La paz kicillofeana (ese otoño que ya concluye de estabilidad y atraso cambiarios, inflación de treintipico y recesión) me dio el respiro que necesitaba para encarar la lectura de mi Piketty. Su libro, El Capital — En el Siglo XXI, es el fenómeno de mayor multiplicación mediática e internética desde las selfies de los Oscars.

Un personaje este Thomas Piketty (con acento francés, en la última sílaba). El Capital… está salpicado de información autobiográfica, que con neutralidad podría resumirse aproximadamente así: “Soy francés, estudié un poco en Estados Unidos, era brillante y podría haberme quedado a enseñar ahí pero no me interesaba ese país en el que los economistas se dedican a detalles matemáticos y justifican enormes brechas de ingresos para legitimar sus altos salarios –cosa especialmente cierta entre profesores inmigrantes– así que me volví a París, a la París de la escuela de los Annales, de los Febvre y los Braudel, científicos sociales que admiro mucho más que a cualquier norteamericano. Y no me moví de París desde entonces, porque ahí soy feliz a pesar de que los departamentos cuestan mucha plata, por culpa de los capitalistas cada vez más ricos…”

Los capitalistas son cada vez más ricos. Ahí una de las virtudes de Piketty para el mercado editorial. Un académico respetado está explicando con rigor que el capitalismo conduce fatalmente, por un par de “leyes fundamentales”, a una concentración de la riqueza y el ingreso cada vez mayor en manos de los capitalistas. El homenaje obvio a Marx en el título no es una casualidad.

El libro de Piketty completa un conjunto de obras de los últimos años con que los economistas retornan, con éxito editorial, a las tres grandes preguntas de la economía, dejando a un lado por un rato las curiosidades algo ñoñas de la freakonomía. La obra de Piketty intenta responder la gran pregunta de la distribución de la riqueza, como el libro de hace un par de años “Por qué fracasan las naciones” de Acemoglu y Robinson formulaba una hipótesis buena o mala sobre las causas del crecimiento económico; y el blog de Krugman (una monumental obra transmitida en vivo) es el símbolo de la vuelta de la profesión a la pregunta sobre el pleno empleo.

El Capital… es economía de la que le gusta a la gente, esto es, escrita en inglés (próximamente en castellano), no en complejas ecuaciones matemáticas. Tiene incluso referencias a Jane Austen y Balzac (bastante largas y aburridas) para ejemplificar a las aristocracias decimonómicas británica y francesa e incluso (de pie, señores) a la película Titanic para ejemplificar el caso norteamericano. Anteúltima virtud: Piketty hace un culto de los datos, con un trabajo empírico monumental que abarca siglos y regiones.

Finalmente: Piketty tiene una explicación para el fenómeno que observa de aumento de la desigualdad en países ricos, y esa explicación comparte los rasgos de las ideas más influyentes en la historia de la economía, como las de Smith, Ricardo, Malthus o Keynes (con algunas de las cuales compara la suya): es simple, no es obvia y es relevante.

El fenómeno a explicar es la creciente concentración del ingreso en el mundo desarrollado especialmente a partir de los años 70, como prolegómeno de lo que puede ser la tendencia de distribución del ingreso a lo largo de este siglo. La explicación: la riqueza (en esencia, el capital físico de una economía) crece según el rendimiento del capital (“r”). Si “r” es mayor que “g” (la tasa a la que crece la economía), el capital será cada vez más importante como proporción de la economía. Y si el capital es cada vez más importante en relación al producto, el ingreso de los capitalistas (que es, precisamente, el rendimiento “r” que se obtiene del stock de capital) será una porción cada vez mayor de esa torta que es el ingreso total. En palabras de Piketty: “La Fuerza Fundamental de la Divergencia: r > g”.

¿No se entendió? Yo tampoco. Un problema con la tesis de Piketty es que, como la de Malthus, parece estar mal. El rendimiento al capital no es el aumento del stock de capital. Como sabe usted, lector, si vive de rentas, su capital del año que viene sólo será mayor que el de este año en la medida en que ahorre una parte de la renta de ese capital; y su capital crecerá más que el PBI sólo si la fracción ahorrada del rendimiento del capital –es decir, una vez restada la parte consumida-  es mayor al crecimiento económico. Por ejemplo: si su único ingreso anual consiste en un rendimiento anual (“r”) de 4% sobre un capital de 1.000.000 de dólares (40.000 dólares) y consume 30.000 dólares anuales, el año que viene tendrá 1.010.000 dólares, un 1% más. Si “g”, la tasa de crecimiento, es 2%, se cumple que “r>g”, pero usted de todos modos será un capitalista en decadencia, en comparación con el tamaño de la economía.

Podría argumentarse: “pero el capital crece más de lo que crece el capital de los originalmente capitalistas: también puede ahorrarse el ingreso del trabajo, que también se suma al capital de la economía”. La “fuerza fundamental de la divergencia” perdería ahí parte su potencia regresiva (los trabajadores se están convirtiendo en capitalistas) pero de todos modos tampoco en esa interpretación es cierto que r>g implica un mayor predominio del capital. De un año a otro, se suma al stock de capital la proporción s.Y, donde Y es el ingreso y s la tasa de ahorro (neta de depreciación) de la economía. Es decir que el capital crece a una tasa igual a s.Y/K si es el stock de capital. Si ese factor s.Y/K es mayor que g el capital estará aumentando más que el producto; y, suponiendo r constante (algo que Piketty considera una razonable aproximación) los ingresos de los capitalistas (iguales a r.K), estarían creciendo más que el producto. La desigualdad, pasando factores de un lado a otro, puede escribirse como s/g > k donde k=K/Y es el cociente capital/producto.

Nótese que aquí la tasa de retorno r no juega ningún papel. La economía se hace más capital intensiva si y sólo si la relación entre su tasa de ahorro y su tasa de crecimiento es más alta que la relación entre su capital y su producto. Esta, if any, sería la “ley fundamental de la divergencia”. El problema es que nunca se puede cumplir eternamente: si el ratio s/g es más alto que k, entonces va a crecer. Con lo cual al año siguiente va a ser más alto, y será más difícil que s/g lo supere. En algún punto se llegará a un “ratio de equilibrio” entre el capital y el producto y (si la tasa de interés es constante) a una distribución del ingreso entre trabajo y capital más o menos constante. La evolución de k durante el siglo XX (caída en los años terribles 1914-1950, recuperación desde entonces) puede entenderse como el resultado de una destrucción de capital en las guerras. La vuelta al predominio del capital con el correr de las décadas de posguerra era una consecuencia natural para cualquier valor más o menos habitual de g. Nada de qué preocuparse.

Los datos de Piketty muestran que en los últimos 200 años la participación del capital en el ingreso francés giró, con idas y venidas, alrededor de 30%, a pesar de que casi todo el tiempo se cumplió la “ley fundamental de r>g”. Es decir: como su idea es errada, pronostica un fenómeno inexistente. Su tesis de predominio del capital debería superar, adicionalmente, el escollo de que cuando el capital abunda tiende a bajar su rendimiento; del mismo modo que cuando se vuelve escaso, como ocurre tras las guerras, su rentabilidad tiende a subir.

Claro que en los últimos treinta años la distribución del ingreso en el mundo desarrollado empeoró, pero (como Piketty mismo argumenta) tuvo mucho más que ver el aumento de las desigualdades entre trabajadores. Aquí el aporte de su libro es sólido empíricamente, pero ya no hay una teoría original que tenga gracia. Ese fenómeno, muy reconocido hace tiempo, tenía ya sus hipótesis explicativas, algunas de ellas compartidas y en parte elaboradas por Piketty (como el ascenso de los “supermanagers”, particularmente incentivados a aumentarse ellos mismos sus remuneraciones cuando las bajas impositivas les permitían quedarse con el 60% y no con el 10% o el 5% de aquellas épocas en la que los Beatles cantaban “I’m the taxman, one for you, nineteen for me”); otras relativizadas por Piketty (el impacto desigual del cambio tecnológico, o digitial divide entre trabajadores capacitados y no capacitados para usar las nuevas tecnologías) y otras que sencillamente ignora: una predicción elemental de la economía tradicional es que en un mundo globalizado los salarios de los países ricos y los de los países pobres tienden a converger a un punto intermedio. Si India entra al mercado internacional, su abundancia de trabajadores no calificados le permite producir más barato particularmente los productos que usan intensivamente ese recurso (hace años o siglos, la industria textil; hoy, el montaje de electrónicos); las insutrias trabajo-intensivas del mundo desarrollado sufren esa caída y demandan menos empleo no calificado, lo cual contribuye a la desigualdad salarial en el Norte rico.

En el centro del cuadro sombrío aunque equívoco que pinta Piketty están las sociedades maduras de bajo crecimiento. Francia y los otros alpinos son las economías relevantes con menos crecimiento desde la caída del muro. Piketty dedica apenas un par de pinceladas marginales a “ellos”, los emergentes, sosteniendo al pasar que para 2050 todo el mundo salvo África subsahariana y Asia del Sur tendrá un nivel de ingreso similar al de los países más ricos. Si eso forma parte de una distopía, el capitalismo goza de una salud razonable.

  • NatalioRuiz

    Esta
    entrada se tendría que haber llamado flores robadas en los jardines de Debraj
    Ray. Que fácil que es arbitrar en argentina viejo!

  • Monsieur

    Buen post.
    Estimado Natalio, no me parece que la entrada busque originalidad. Desde Keynes que sabemos que las ideas de los economistas contemporáneos no son más que ideas desempolvadas de algún clásico.

  • Néstor González Loza

    Pamplinas.
    El problema es la doctrina social, que ha sabido insertarse ya en todos los gobiernos del mundo.
    El populismo no marcha hacia la sinergia, sino a la autodestrucción. La actitud sinérgica del personal de las empresas es la gallina de los huevos de oro que tenemos que recuperar.
    ¿No es hora de revisar la doctrina social?

    Doctrina social es el conjunto subyacente de preceptos que ha servido de base a toda la legislación tributaria y laboral del planeta.
    La doctrina social hizo que 1/3 de la ganancia empresaria quede en el Estado y no en el personal. Eso es lo que hay que revertir. Y la sinergia volverá!.
    ¿No será hora de ver que el enemigo no son los molinos de viento que nos han puesto delante?

    Si tuviésemos que describir los puntos equivocados de la doctrina social diríamos que

    1. Exige que previamente a que un sistema económico social funcione, “mejore” el ser humano, cosa que inmoviliza profundamente, porque habría que esperar décadas, si es que fuera posible “mejorar” a todos las personas que intervienen en la economía.
    2. Mientras tanto, impulsa la “solidaridad obligatoria por ley” Los emprendedores y asalariados más esforzados, son obligados a ser solidarios con los emprendedores y asalariados menos esforzados. Produce abatimiento y haraganería.
    3. Además instala la falsa convicción de que la economía suma cero, es decir que lo que se dé a uno, se le debe quitar a otro. No es cierto. La economía es el arte de hacer que todos y cada uno de los integrantes de la sociedad produzca más que lo que consuma.
    4. Y especialmente aconseja cubrir “todas” las necesidades de los asalariados. Traducido esto significa que se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga. Es lo peor que ostenta la actual doctrina social.

    Pero además la doctrina social es amada arteramente por los dirigentes de todas las ideologías, para sojuzgar a sus adversarios:

    La izquierda la ama porque es un freno para la derecha.

    La derecha la ama porque es un freno para la izquierda.

    Los de la tercera postura, que es la que gobierna actualmente en todos los países del mundo, la aman porque es un freno para la derecha y para la izquierda.
    Los creyentes de muchas religiones la aman porque creen que es sabiduría revelada, porque se lo han dicho sus pastores.
    Y los no creyentes la aman porque creen que completa la teoría evolucionista.
    Entonces, los pocos que nos atrevemos a acusar a esta especie de dogma artificial, recibimos rechazo desde varios flancos.

    Se imaginan cuando decimos que por el contrario, la solución a los problemas del mundo pasa por recuperar los naturales incentivos humanos a la acción, que serían como una especie de “negocio individual” de sembrar y cosechar, de que cada uno cobre por lo que haga y no sólo por lo que necesita para estar disponible al día siguiente para ir a trabajar.
    Muchos aún creen que el bien individual es contrario al bien común!
    No señores! El bien común no es otra cosa que la suma de los bienes individuales.

    ¿Habrá que esperar hasta que se advierta que no es necesario “mejorar” al ser humano para que un sistema económico-social funcione?

    ¿Habrá que esperar hasta que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (principal exponente de la doctrina social), extinga a nuestra especie por pretender la “solidaridad obligatoria por ley”?

    La solidaridad obligada por ley no funciona. Es un principio copiado de las dictaduras, pues hace que corporaciones fuertes hagan sustentable esa injusticia de castigar a los esforzados a favor de los indolentes.

    Esta doctrina está tan profundamente asimilada, no sólo en Latino-américa, sino en todo el mundo, que podría ser la principal causa de esta crisis global.
    Y aunque todavía nadie lo acepta, la degradación social y sus plagas consecuentes, parece un proceso irreversible. Al menos mientras no se modifiquen las relaciones laborales de manera de poder recuperar los naturales incentivos a la acción de los asalariados.

    Es momento de la Cuarta Postura
    Hay que tratar de buscar caminos más naturales.
    Si una persona sola en el medio del campo puede generar excedentes como para alimentar a su familia y progresar, cuánto más podrían hacer muchas personas si el sistema respetara esos naturales incentivos a la acción.
    Los asalariados nunca lograron cobrar por lo que hicieron sino sólo por lo que necesitaron, y eso ha extirpado su incentivo humano.
    Los ha transformado en cuasi animales, en cuasi esclavos, en personas en letargo que ni sospechan que su trabajo sea la columna vertebral de la marcha económica de la sociedad.
    Los aumentos salariales por productividad podrían ser pagados por el Estado, con el dinero que tributó cada empresa como impuesto al beneficio empresario.

    Será la manera más justa de remunerar al asalariado, será la verdadera justicia social.
    Así cada uno podrá administrar los excedentes que genere y se sentirá parte de la sociedad, lo cual lo librará de depresión y adicciones.
    Cuando al asalariado se le pague por lo que haga y no sólo por lo que necesite, las injusticias que padece nuestra sociedad que todos conocemos y que solemos esconder bajo la alfombra, van a desaparecer súbitamente.
    Toda la economía florecerá y entonces los servidores públicos también lograrán homólogo nivel de remuneración.

    El ser humano está diseñado para actuar por incentivos.
    Todas las doctrinas sociales hasta el presente soslayaron esa ley universal, lo cual fue letal para la sociedad.

  • emilio gaviria

    Desde el 1/6/14 Disqus estaba bloqueado y no permitía mi acceso. Nuevo intento con este artículo harto complejo, del que casi nada entiendo en sus fórmulas y desarrollo, parecido al Capital, (cuando se lo pedí a mis amigos cubanos, con sensatez y proselitismo me regalaron el Manifiesto). Pero sí vivo de cerca la desigualdad entre los ingresos y su distribución, mientras avanza el número de pobres se reduce el de los privados y/o corporaciones ricas, ¿será lo mismo que concentrar toda la riqueza en manos del estado o los “trabajadores”?, mientras se esperan las convergencias, derrames, junto con las ansias consumistas…¿Ya hay millonarios en China y todavía campesinos trabajando como hace mas de 3500 años, distopía?. Propongo un enfoque más global que la globalización, con algo así como la psicosocioeconomía, donde aparezcan la mayor cantidad de componentes de la vida de actores y víctimas de los sistemas imperantes. Me excuso por mis barbarismos económicos (no los ahorro) pero hay libertad de expresión, todavía.

  • Preguntón

    ” Si eso forma parte de una distopía, el capitalismo goza de una salud razonable.”

    Lo que me genera cierta curiosidad (y sospecha) es por qué tantos (o ciertos) economistas se ponen a la defensiva cuando se toca el tema de la distribución del ingreso. ¿Por qué se ponen tan incómodos (e incluso agresivos? ¿No debería ser una mera cuestión de resource allocation?

    • Rembrandt

      Lo que pasa es que la existencia de pobreza en los países capitalistas ricos, la desigualdad en aumento, etc., ponen en entredicho la legitimidad del poder político y económico mundial. Los economistas han inventado las teorías más absurdas para justificar la desigualdad, y ya ni ellos mismos se las creen: por ejemplo, que las diferencias abismales en las fortunas personales del mundo desarrollado se deben apenas a que en el capitalismo gana más quien produce más, es decir que un abogado, un actor o un médico exitosos pueden ser cientos de millones de veces más productivos que otro igual o más inteligente que ellos. Cosas tan estúpidas que requieren un doctorado en economía para ser creídas.

      • lllach

        Chicos no seamos conspirativos. Justamente porque me parece importante la distribución del ingreso es que me parece importante que tengamos claro sus causas. r>g no es una de ellas.

  • nmayer

    En una entrevista de Alicia González a Piketty http://economia.elpais.com/autor/aliciagonzalez/a/

    ………………………………………..

    Pregunta [González]: ¿Por qué cree que su libro ha
    recibido tanta atención?

    Respuesta [Piketty]: La desigualdad siempre ha sido un
    tema de debate [1] pero durante mucho tiempo se abordó desde una perspectiva
    ideológica[2]. La novedad de este libro es que aporta datos y evidencia
    histórica sobre la evolución de la distribución de la renta y de la riqueza.
    Hemos recabado información en casi 30 países, fruto de un trabajo colectivo. El
    principal objetivo del libro es ofrecer una interpretación coherente de esa
    evidencia histórica e intentar establecer lecciones para el futuro.[3]

    [1] La “aversión
    de desigualdad” es una característica de la naturaleza humana y no una idea caída
    del cielo.

    [2] Piketty
    también denota un sesgo ideológico, al recostarse en [1] y [2]

    [3]
    Historicismo marxista, como bien anota Llach.
    El futuro no responde a leyes, es incognocible e impredescible.

    Como
    decía
    Eduardo Levy Yeyati sobre el libro en LN: “La moda lúgubre. Me parece que el
    futuro es impredecible. Pero el apocalipsis vende bien, y finalmente nadie
    recuerda los fatalismos fallidos. Algunas de esas predicciones suenan a ciencia
    ficción vintage, como el mundo de Blade Runner, cibernético y niponizado.”

  • nmayer

    En una entrevista de Alicia González a Piketty http://economia.elpais.com/autor/aliciagonzalez/a/

    Pregunta [González]: ¿Por qué cree que su libro ha
    recibido tanta atención?

    Respuesta [Piketty]: La desigualdad siempre ha sido un
    tema de debate [1] pero durante mucho tiempo se abordó desde una perspectiva
    ideológica[2]. La novedad de este libro es que aporta datos y evidencia
    histórica sobre la evolución de la distribución de la renta y de la riqueza.
    Hemos recabado información en casi 30 países, fruto de un trabajo colectivo. El
    principal objetivo del libro es ofrecer una interpretación coherente de esa
    evidencia histórica e intentar establecer lecciones para el futuro.[3]

    [1] La “aversión de desigualdad” es una característica de la naturaleza humana y no una idea caída del cielo.
    [2] Piketty también denota un sesgo ideológico, al recostarse en [1] y [3]
    [3] Historicismo marxista, como bien anota Llach. El futuro no responde a leyes, es incognocible e impredescible.

    Como decía Eduardo Levy Yeyati sobre el libro en LN: “La moda lúgubre. Me parece que el futuro es impredecible. Pero el apocalipsis vende bien, y finalmente nadie recuerda los fatalismos fallidos. Algunas de esas predicciones suenan a ciencia ficción vintage, como el mundo de Blade Runner, cibernético y niponizado.”

  • ignacio

    Hay algo que no me queda del todo claro. En el ejemplo de un rendimiento de 40.000 y un consumo de 30.000, según el cual el aumento de capital es del 1% si el total era de 1 millón con una economía que crece al 2%, qué pasa si en vez de gastar 30 se gastan 10? Digamos, los números propuestos como ejemplo pueden describir un caso particular que puede no corresponderse con el promedio de una economía donde el capital ya está bastante concentrado. Aún volviendo al ejemplo de que el capital rinde 4% y los gastos son 30.000, solo basta con que alguien tenga 2 millones para que gane 80, consuma 30 (gasto-consumo no va a ser lineal) y ahorre 50 (2.5%) para que su capital crezca por encima del 2% de la economía. Tal vez estoy entendiendo mal el ejemplo.

    • ignacio

      Cuando dije “gasto-consumo no va a ser lineal” quise decir “ingreso-consumo”.

  • Rembrandt

    En otras palabras, los datos empíricos de Piketty son correctos aunque su teoría para explicarlos le pareca equivocada al autor de este blog: en los últimos treinta años la distribución del ingreso en el mundo desarrollado empeoró, desde los años 70 no aumentan los salarios reales en Estados Unidos (un pequeño porcentaje de los más ricos se lleva la diferencia), etc. En 300 años de existencia, el capitalismo no eliminó la pobreza mundial, y en los países que lo han adoptado aumentó la desigualdad en los países desarrollados. Esta desigualdad y pobreza omnipresentes prueban que está correcto el autor del blog al terminar esta entrada con “el capitalismo goza de una salud razonable”.

  • exelopresti

    Dice Lucas: “En palabras de Piketty: ‘La Fuerza Fundamental de la Divergencia: r > g’. ¿No se entendió? Yo tampoco. Un problema con la tesis de Piketty es que, como la de Malthus, parece estar mal.”

    Bueno, yo no entendí los dos párrafos que siguen a esa cita ¿parecen estar mal?

    Pero vamos al final del artículo:

    “Piketty dedica apenas un par de pinceladas marginales a “ellos”, los emergentes, sosteniendo al pasar que para 2050 todo el mundo salvo África subsahariana y Asia del Sur tendrá un nivel de ingreso similar al de los países más ricos. Si eso forma parte de una distopía, el capitalismo goza de una salud razonable.”

    ¿Qué significa que ‘el capitalismo goza de una salud razonable’? ¿alguien está sosteniendo (como hacía Marx) que el capitalismo se aproximaba a una crisis terminal o algo así?
    Si entendí bien lo que discute Pikertty (y no sólo él parece) es la concentración de la riqueza (no tanto el nivel de ingreso). Si tiene razón, el capitalismo todavía puede gozar de excelente salud, pero la que puede estar en serios problemas es la democracia, porque hay una tensión importante entre desigualdad económica y democracia. Normalmente ese es el problemita que se les escapa a los economistas.

  • Julio Argentino

    “El problema es que nunca se puede cumplir eternamente”
    Lucas, no leí a Piketty (y no creo que vaya a aguantar leer su 577 páginas), pero en la reconstrucción de su argumento que hace Solow (http://www.newrepublic.com/article/117429/capital-twenty-first-century-thomas-piketty-reviewed) no dice esto que vos le adjudicás.
    Dice que la ratio capital/ingreso va a seguir creciendo un toque más hasta estabilizarse en su valor de equilibrio s/g (r no importa acá, como observás), y que r se va a mantener más o menos constante.
    De ahí no se sigue, como notás, una consecuencia desigualitaria. El punto desigualitario (que Solow enfatiza recién en el párrafo que empieza “But now we can turn our attention to…”) es que la tasa de acumulación de capital de los ricos no es s(1+r)-1 (asumimos que no trabajan), como insinúa tu post. Porque ellos reciben la tasa de la economía sobre su capital, reciben r, pero no ahorran s (la tasa nacional de ahorro), ahorran mucho más, porque son, precisamente, ricos (y no hay taaanto para consumir). Es cierto que ahorrar más que el s=0.10 nacional es una cosa, y ahorrar con tasa cercana a 1 es otra. Solow-Piketty asumen lo segundo sin demasiadas razones. Pero ahí tiene que estar la crítica, en mostrar que s’(1+r)-1<g (donde s' es la tasa de ahorro de los ricos). Tu crítica diverge por un camino que Piketty (al menos en la versión de Solow), no toma. Entiendo que en un libro de 577 páginas un francés pueda afirmas varias cosas contradictorias entre sí, pero estaría bueno abordar el argumento en su mejor versión (i.e. Solow) y no quedarse en obviedades.

    • lllach

      muy buen comentario, gracias (aunque innecesaria la chicana de “obviedades”). Algo de eso hay y leeré a Solow, pero antes:

      Si s* fuera el ahorro de los originalmente capitalistas, entonces la fórmula sería s*.r>g. Y s* es obviamente muy lejano a 1, explico por qué. La participación del capital en el ingreso es circa 30% según él. La tasa de ahorro circa 10%. En ese caso el ahorro de los originalmente capitalistas sería 33%. Por lo tanto aunque los capitalistas fueran los únicos que ahorran, la fórmula en ese caso sería 33%.r>g.

      Más en general, si “a” fuera la fracción del ahorro total explicada por los capitalistas (cuyo máximo es 1), “s” la tasa nacional de ahorro y “k” el ratio capital-outupt entonces

      s* = (a.s)/r.k, donde r.k es la fracción del ingreso de los capitalistas.

      Entonces la condición s*.r>g pasa a ser (a.s)/k > g. Desapareció la “r”. La forma más intuitiva de ponerlo:

      (a.s)/g > k

      El ratio entre el ahorro total de los capitalistas expresado y la tasa de crecimiento tiene que ser mayor al capital-output ratio. Interesante: antes de que k llegue a su nivel de equilibrio, se estanca la participación de los capitalistas.

    • lllach

      muy buen comentario, gracias (aunque innecesaria la chicana de
      “obviedades”). Algo de eso hay y leeré a Solow, pero antes:

      Si s* fuera el ahorro de losoriginalmente capitalistas, entonces la fórmula sería s*.r>g. Y s* es obviamente muy lejano a 1, explico por qué. La participación del capital en el ingreso es circa 30% según él. La tasa de ahorro circa 10%. En ese caso el ahorro de los originalmente capitalistas sería 33%. Por lo tanto aunque los capitalistas fueran los únicos que ahorran, la fórmula en ese caso sería 33%.r>g. Es decir, es s*.r>g con s*<s/r.k, porque r.k es la participación de los capitalistas en el ingreso. Entonces me sigue resultando incomprensible "The basic force of divergence r<k".

      • Julio Argentino

        Sí, es como decís (y perdón por la “chicana”, no la pensé como tal, un blog leído por tantos legos ha de tener algunas obviedades).

        Ahora, parecería que Piketty ya sabe y analiza esto (http://ruggedegalitarianism.wordpress.com/2014/06/04/why-is-r-g-so-significant-for-piketty/)

        Su claim entonces ya no sería “r>g implica desigualdad”, sino más bien un mix de: a) r>>g (o sea, diferencia grande, tipo r/g circa 4); y b) no hay dicotomía marxista “capitalistas vs. trabajadores que no ahorran”, hay varios niveles de capitalistas, y as a whole su share of income no aumenta (salvo mientras K/Y crece hasta s/g), pero el que sí aumenta es el del top 1% que tiene una tasa de ahorro del 51% (pero apenas un 35% de share del capital; y si con 0.51 no le alcanza para s’r>g, buscará el top 0,1%).

  • Atilio

    La moda también invade a los economistas, sobre todo cuando escriben sobre temas polémicos, como la desigualdad en el sistema capitalista actual. Me recuerda a Kicillof, admirado por La Campora. En el caso de
    Thomas Piketty, podría, muy bien, ser elogiado por CFK. Después de todo, recibió elogios de Krugman y Stiglitz, y de varios neokeynesianos. En realidad, sin tener que embarrarse mucho en formulismo económico, la tesis de
    Piketty no es nueva, sólo confirmaría lo anticipado por Marx, quien estableció como una ley fundamental del sistema, que:
    “El capital tiende inevitablemente a la concentración”. Ello es obvio e inevitable, ya que el capital está intimamente ligado con el poder, y a mayor capital, mayor poder y a mayor poder, mayor capital. Por lo tanto, la pretensión de Piketty de una mejor distribución de la riqueza mediante la implementación de mayores impuestos a los grandes capitales, resulta ser tan ilusoria como la igualdad pregonada por Marx con el sistema socialista. Quizás la mayor contribución de Marx a la economía, fue comprender que los sistemas económicos sociales de producción están intimamente relacionados con el desarrollo del conocimiento y la tecnología. El capitalismo no es mas que una creación natural de ese desarrollo. Si la concentración del capital lleva implícita la semilla de su propia destrucción, sólo el tiempo y el desarrollo del conocimiento y la tecnología impondrán la necesidad de un sistema diferente de producción. Hoy nadie puede saber si ello ocurrirá. Tal vez la clave esté en China, después de todo, un sistema “Colectivista-capitalista”,
    no es mal visto por quienes hoy concentran la mayor riqueza y poder.

  • La Barra de Adam Smith

    Lucas: No leí el libro, pero me gustaría saber si el autor incluye el factor tierra dentro del capital. Gracias siempre te leo pero es la primera vez que escribo.

  • marianog

    En síntesis,

    1) El rendimiento del capital por definición no puede ser siempre a la tasa de crecimiento de la economía.
    2) El rendimiento del capital no queda sólo en los multimillonarios sino también en los asalariados que poseen un capital moderado.
    3) Evidencia Empírica: En Francia en los últimos 200 años la distribución del ingreso mejoró notablemente, sin embargo la participación del capital en el ingreso siempre rondó el 30%.
    No hay sistema que genere mejor distribución del ingreso que el sistema capitalista de libre mercado (sino comparemos con la Antigüedad o la Edad Media)

  • pepito

    Si les gusta verificar la famosa frase “los hechos son sagrados, las opiniones son libres” lean el demoledor comentario del economista Xavier Sala-i-Martín en su blog:http://salaimartin.com/randomthoughts/item/720-piketty-y-capital-en-el-siglo-xxi.html a partir de los mismos gráficos y estadísticas empleadas por Piketty y colaboradores en su libro. Verán que a partir de los mismos datos, las deducciones pueden ser totalmente contradictorias y que Piketty está haciendo interpretaciones ideológicas a partir del empleo de una parte de lo verificable históricamente y descartando otra parte sustancial amén de que el ingreso de los emergentes también tiene gran influencia en los resultados de los últimos años. La elección de bienes para establecer qué es la riqueza también es totalmente discutible y cada vez más hacia el siempre impredecible futuro.

  • carlos

    Son discusiones muy teóricas, en todas las épocas los ricos tienden a juntarse o acumularse en diversas regiones del planeta mientras que los pobres se hacen socialistas o comunistas y la “distribución de los panes” o el “maná” solo relatos bíblicos.