Quimeras canallas (7): Dos hinchas en la boutique de Cordiviola

 

Seguimos con las andanzas, de momento impecables, de Santiago Llach y su troupe por las canchas del Nacional B en busca del ascenso de Rosario Central.

Me aplastó ver al Gigante, de grande me volvió a pasar lo mismo

+ Tercera excursión de la temporada al Gigante de Arroyito. Esta vez, sólo los más firmes junto a la seguidilla de triunfos de Central, mi hijo León y yo, nos trepamos al VW Gol en Florida, PBA, el sábado temprano, después de dejar a la niña hermosa en su clase de tenis. Desde siempre nuestra condición de centralistas fue anómala: vivimos a 300 kilómetros del club de nuestros amores, no tenemos parientes en Rosario; hay que decir, casi, que conocemos apenas la capital nacional de la soja. Pero cincuenta años largos de la familia girando en el sistema solar canalla atestiguan nuestra fe.

+ El partido con Banfield, para Central, venía nublado por las estadísticas: si ganaba, no sólo confirmaba su condición flamante de puntero, sino que igualaba el récord histórico de victorias seguidas de un equipo del club, logrado por el que en 1985 ganó el último torneo de Primera B antes de que pasara a ser Nacional B. Las estadísticas anunciaban tormenta.

+ Decidimos acampar esa noche en Rosario. Lo hicimos en el coqueto Lungomare Trieste, un hostel de la calle Catamarca. La abundancia de venecitas en el baño y otros detalles boutique no impedían que la dueña, Mónica, fuera una canalla ferviente.

+ Minutos antes de salir para el Gigante, recibí un mail de Pancho Finn, que había leído mis crónicas anteriores, y entusiasmado por una de ellas había ido al partido contra Huracán. Los Finn, como los Llach, son cuatro hermanos, todos de Central como su padre y el nuestro. Los tres varones iban al mismo colegio que nosotros, perfectamente intercalados en las promociones con los Llach: el San Juan el Precursor tuvo un canalla asegurado en sus promociones 1988-1999. En los años 80 y 90 formábamos un grupo con un par de canallas porteños más (Andrés Barsky, Alfredo Peirce), cuyo punto de reunión era la popular visitante de los estadios de Buenos Aires donde jugaba Central.

+El mail de Pancho, entusiasta y nostálgico, me agarró sentimentalmente desprevenido, me puso nervioso: mi mente no se animó a pensarlo, lo único que quería era que Central ganara.

+ Con la ansiedad del fana, llegamos al Gigante de Arroyito bien temprano, antes de que abriera la venta de entradas. Contra la resistencia de León, pedí plateas en el sector que da a Cordiviola, el sector que una vez adentro del estadio mi hijo llamaría “la platea de la oligarquía”.

+ El fútbol, digamosló, es el capítulo masoca de la industria del entretenimiento. A la cancha no se va sólo a disfrutar de un espectáculo deportivo: se va a sufrir, a convertir la vida en un drama. No otra cosa puede pensarse de un lugar donde un tipo grande, con la articulación temporomandibular hecha un fuego, que sostiene la mano de su pequeña hija, es capaz de gritarle “Tragaleche hijo de puta” a un jugador rival sin motivos evidentes, ni bien empieza el partido. La platea es el diván del comerciante colesteroloso. Pero nadie está exento (del colesterol, por empezar, como puede apreciarse en la foto). A eso vamos todos. A vivir un espectáculo de sangre.

+ Fue el mejor partido de Central en lo que va de la racha, coincide una mayoría.

+ Tenemos dos zagueros en plena Edad de Hierro.

+ Tenemos seis jugadores que tocan la pelota. Siete, en realidad, si contamos al lateral Rafael Delgado –hay motivos para ello–.

+ Lo de Nery Domínguez es un lujo que no puede durar, Encina es un ocho del viejo estilo, Medina tiene cosas de los Chelos Delgado, no lamentablemente la pegada tres dedos de Chelo Delgado I.

+ Tenemos un mastodonte allá arriba.

+ Y tenemos (nos ponemos de pie) al Comandante Jesús Méndez.

+ Un día antes de zarpar para Rosario, fui a tomar un café con una chica de la que me enamoré en una época pésima. Ahora se casó y vive a doce mil kilómetros de distancia. Nuestro romance fue de lo más breve: era para mí realmente la chica más linda del mundo, pero eso es todo lo que hubo y lo que habrá entre nosotros: nos encontramos en el momento menos indicado. En el fútbol, como en la vida, el timing es todo: lo contrario que con la chica pasó con esa pelota que venía en el aire pateada por Santillo, el atildado arquero de Banfield, directo hacia Broggi, que en apariencia la iba a recibir solo por la izquierda. Tres segundos y treinta metros antes, sin embargo, Yisus Méndez había decidido que no sería así. No quiero imaginarme lo que debió sentir Broggi cuando se dio cuenta de que Méndez, el centrocampista del timing perfecto, venía como un bólido hacia él. Méndez es hermoso: marca como una hiena y juega como un Bambi.

+ Por lesión de Medina, entró el paraguayo Bareiro. Central tiene siete toquetones y ningún ponedor.

+ Hubo alguna zozobra al principio, pero el equipo se plantó bien. Como en todos los triunfos de esta seguidilla, parecía que el gol no llegaba nunca, pero llegó, una vez más, en el Volante Izquierdo Time, esos últimos veinte minutos en que la aparición de Gambetita Carrizo desequilibra a las defensas cansadas.

+ Hacia el final entró Becker, que es como si entrara yo, pero al revés: otro nivel. Es Carl Lewis con pelota, el pibe.

+ Sé que es sólo una racha, sé que nada dura para siempre, pero estos once triunfos récord quedan para siempre en la memoria emotiva de mi hijo de doce años. León tiene la misma edad que tenía yo cuando la racha del equipo de Don Pedro Marchetta, donde tallaban Palma, Chaparro y Wolheim y asomaba el Tiburón Serrizuela. Estuvimos on site en siete de los once partidos de la racha, y el lunes lo haremos en el Estadio Antes Conocido Como Fernando Miele, para ver al equipo contra Nueva Chicago. Dejame gozar, dejame soñar.

El partido: http://www.youtube.com/watch?v=Hi3NI3_1yC8

  • http://www.facebook.com/hbisutti1 Humberto Bisutti

    Gracias Canaya !!!! muy lindo relato y dios quiera que no se corte esta racha maravillosa.

  • anonimo

    son buenísimas las crónicas. me dan ganas de ir a la cancha y todo