Quimeras canallas (15): Central es una sensación

 

Mientras con un hemisferio cerebral trabajamos y con otro sufrimos con Ferro-Central (están ahora en el entretiempo) posteamos la crónica 15 de Santiago Llach de este sueño que parece estar ahí nomás de convertirse en realidad: el ascenso de Central.

Viernes 27-4-2013

Rosario Central 2 – Crucero del Norte 1

Barrio de San Nicolás, CABA

Hinchando por un sueño

+ Un rato antes de que empezara el partido, mi madre (que siendo la única mujer en mi familia canalla de origen resultó, por supuesto, la protagonista central) pasó a buscar a mis hijos por mi casa. No llegaron a caminar una cuadra por la trepidante Avenida Corrientes, que unos caballeros de bien sustrajeron de la cartera de mi mamá el ipod de mi hija Benita, único bien familiar de la marca Apple. Vivimos una semana con sensación familiar de inseguridad a pleno: unos días después, un pibito con quien más tarde entablé una conversación vía sms amenazó a mi hijo León y le robó el celular mientras este cruzaba Nueve de Julio a la altura del Obelisco.

+  Mi memoria tiene una precariedad espeluznante. Del partido, que se jugó hace una semana, no me acuerdo nada, poco. Sí que el Sapito Encina se perdió en su Paseo de un Caballero por la Campiña Inglesa (así llamamos a su modo de ejecutar penales), que las camisetas naranjas y amarillas de los jugadores de la empresa de ómnibus rival producían remolinos protestones todo el tiempo, y que –sobre todo, y por favor pongámonos de pie– en la última jugada del partido, Jesús Méndez no tomó carrera para hacer un tiro libre que fue el gol con que Central dio vuelta el partido y empezó, finalmente, después de tres años, a respirar, a sentir que no está lejos la vuelta a Kansas.

 + Estamos en ese tramo del camino en que los caballos empiezan a trotar porque huelen la cercanía de los pagos. Hay ansiedad y cansancio.

 + Mi estado civil, padre divorciado, tiene un nombre feo pero designa una realidad que garpa bastante, un buen mix de libertad y compromiso emocional. Ayer y hoy fuimos con León y Benita al hotel donde para Central; para la próxima crónica hay fotelli de mis dos hijos con el Señor Jesús. Con esa sensación de optimismo ansioso encaramos, León y yo, camuflados, en minutos, el viaje al cercano barrio de Caballito: disfrazados de hinchas del Verdolaga (no se permite la entrada de canallas), alentaremos a Central con el alma, si no con los gestos.

Crónicas anteriores, aquí.