La ciencia maldita

No hay un festival consumista

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Es todo al revés de lo que pensamos: lo bueno es lo malo, lo malo bueno. Es muy largo el malentendido:

Pensamiento corriente: “Menem era la derecha. Todo para las empresas, salarios bajos. Eso era malo para la distribución del ingreso y además esa cosa de ajustar sobre el pueblo terminó en crisis. Después vino Kirchner. Empezó a aumentar el consumo, en parte por la mejor distribución del ingreso. Hubo, y hay, un boom de consumo. Es peligroso ese consumismo: se consume más pero se invierte menos”.

La única verdad, la realidad: “Con Menem el consumo era mayor como % del PBI. Es que la distribución del ingreso entre trabajadores y empresarios/rentistas/terratenientes era mejor. Pero había un problema con ese nivel de salarios: representaban un problema para las empresas, que eran por lo tanto menos competitivas. Esa falta de competitividad acabó en la crisis. Después vino El Modelo de la devaluación. Se recortaron de un gran tijeretazo los salarios reales. En comparación con la productividad, los salarios fueron siempre mucho más bajos que en los 90s. Esto fue bueno para la macroeconomía: las empresas fueron más competitivas, la economía creció y por lo tanto pudieron recuperarse los salarios reales, aunque siempre con una distribución del ingreso peor. Además, como los asalariados consumen más que los no asalariados, el aumento en el pedazo de la torta para los ricos representó un aumento en la tasa de ahorro. La propoción de consumo bajó. Y ese mayor ahorro permitió que la tasa de inversión fuera más alta, lo que también favoreció el crecimiento”.

Van dos gráficos, uno de nuestra cosecha sobre distribución del ingreso, originalmente publicado aquí:

y otro que acaba de publicar Luciano Cohan en Economista Serial Crónico:

 


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Publicado el 22.08.11 en La ilusión y el desencanto.
10 Comentarios de los lectores
  1. Josebeltra

    El festival consumista se tendría que dar en el exterior (pese crisis internacional), no?
    Con el aumento de la plusvalía la cesta de productos sería menos accesible al consumidor y de la mano de una inflación cresciente se potencializa este efecto. Resultado: el consumo interno es intercambiado por consumo externo, importando en aumento de inversión por el aumento de la parte retirada del trabajador nacional y realizada en su venta al extranjero, pero sin los efectos multiplicadores.
    Es verdad.

  2. Mariano

    Está bien, Lucas.
    Pero las cosas son más complejas que eso.

    Porque en el tramo de los “asalariados” hay muchos subgrupos. Los gerentes de bancos, los cuadros medios de las privatizadas, etc., los fuera de convenio en general (marketing, publicidad, profesionales de la comunicación, contadores, abogados), forman parte del rubro asalariados. Culturalmente (no sólo económicamente) clase media.
    En los 90 participaban del boom de consumo, con rol estelar.
    Sumaban mucho a los profesionales de las mismas áreas que trabajan autónomamente.

    En estos años post-devaluación perdieron. A tal punto que es común ver cómo en muchas empresas, los muchachos del taller, convencionados, cobran más (sustancialmente más, a veces) que el personal administrativo, de oficinas de marketing o comunicación.

    Por eso, los gráficos no convencerían mucho al trabajador del sector secundario (gremio del plástico, ponele) que hoy va a la fábrica en auto. Los que trabajan en los rubros que el boom del consumo noventista había cambiado producción nacional por importada.
    Tampoco convencería a los asalariados de clase media baja (y del sector informal, a veces, o del gremio de maestranza, ponele) que conocieron Mar del Plata hace apenas unos años.

    Igual que en los 90, conviene más hacer un análisis fino, para ver quiénes se benefician y quiénes no. Ganadores y perdedores hay siempre.

    Saludos

  3. Hector M.

    Si bien comparto la línea de razonamiento de Lucas, en una onda más técnica y aburrida hay algunos puntos metodológicos que podrían modificar los resultados (no sé exactamente en cuanto ni de qué modo, pero algunas hipótesis se pueden tirar).
    Estos puntos técnicos aburridos se refieren a la forma en que se miden y deflactan el PBI y los salarios. Tema no menor en un país donde las estadísticas están severamente contaminadas y dibujadas.
    Como se sabe, la inflación oficial está dibujada. Por tal motivo, el gráfico de Lucas obtiene el salario real deflactando los salarios nominales con una medida más realista de la inflación. No indica claramente cuál es la inflación que consideró, pero uno puede suponer que hasta 2006 usó la del INDEC (indice de precios al consumidor del GBA), y desde 2007 una estimación alternativa (IPC de las provincias, y/o encuestas de precios de la UBA/G.Bevacqua, o de privados). Saber exactamente cuál usó es importante, porque esas estimaciones difieren entre sí, cada año, en algunos puntos porcentuales (con cifras recientes que difieren entre sí, entre 24% y 30%) lo cual puede influir en la curva del salario real de manera significativa.
    Por otro lado, el PBI está contaminado por la medición de la inflación. Para el cálculo del PBI real, las partes del PBI que vienen en precios corrientes (como los sectores de comercio, servicios y otros) son deflactados con índices de precios que en parte corresponden al IPC. Lo mismo ocurre con el consumo nominal, deflactado por el IPC. Salvo que uno se tome el trabajo de deflactar cada componente con una inflación más realista, lo cual nadie o casi nadie hace, el PBI real parece crecer más de lo que realmente crece.
    Lo opuesto pasa con el PBI nominal: las partes del PBI cuyos datos primarios se obtienen en términos físicos (como el agro, la minería, buena parte de la industria, etc.) son “inflactados” con índices de precios para obtener las cantidades nominales. Si no se corrigen separadamente las “inflactaciones” de esos componentes, el PBI nominal resulta subestimado.
    Una de las consecuencias de tener el PBI nominal subestimado es que se “infla” el porcentaje del gasto público sobre PBI: si bien bajo el kirchnerato ha subido muchísimo el gasto público, su porcentaje del PBI (alrededor de 42%) estaría sobreestimado, debido a la subestimación del PBI nominal. Lo mismo pasa con deuda/PBI y otros ratios nominales.
    Los ratios de Lucas (PBI por trabajador sobre salario y PBI por trabajador) pueden ser alterados según que se calculen cifras nominales o deflactadas para calcularlos. Evidentemente el salario real debe ser el salario nominal deflactado por IPC, pero no está claro cómo se calcularon las otras series.
    Esto afecta ambos gráficos, el de Lucas y el de Luciano.

    La caída del porcentaje de consumo privado sobre PBI (segundo gráfico) está ciertamente afectado por el factor IPC, pero además responde a una realidad: el aumento desmesurado del consumo público como porcentaje del PBI ha quitado peso al consumo privado. Esto significa que la caída del % de consumo privado sobre PBI ha de ser MAYOR que la caída del % del consumo total (público y privado) que se expresa en el gráfico.

    Implicaciones: Si el PBI nominal está subestimado, y el real sobreestimado, y el ratio PBI por trabajador sobre salario se calcula con PBI y salarios NOMINALES, ese ratio estaría subestimado en los últimos años. Por lo tanto, el aumento de la “tasa de plusvalía” de Lucas (en realidad 1+p donde p es la tasa marxiana de plusvalía) habría sido todavía mayor. Lo mismo ocurriría si el salario utilizado en ese ratio es el salario real (deflactado con inflación verdadera en los últimos años) y el PBI es el PBI real (tomado de los datos del PBI sobre crecimiento real del PBI, sin corregir sus deflactores implícitos). En otras palabras, el gráfico de Lucas sería todavía más alarmante, con aún mayor discrepancia entre la “plusvalía” y el salario. En términos marxianos, los años del kirchnerato implican, de cualquier modo, un aumento en la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. Los trabajadores han estado más explotados, en términos marxianos, bajo los Kirchner que bajo Menem. Esta conclusión cualitativa no se altera con la corrección de índices, pero ésta última indica que el aumento del grado de explotación habría sido aún mayor.
    En cuanto al consumo/PBI, y dado que el % del consumo público ha aumentado, se desprende que, por ese solo factor, el bajón del consumo privado habría sido aún mayor que lo indicado en el gráfico de Luciano. En cuanto al influjo de los índices de precios en este caso, el efecto INDEK sobre las cuentas nacionales opera tanto en el PBI como en el consumo privado (no así en el consumo público nominal, que es un dato de gasto público presumiblemente no dibujado). El efecto INDEK para la subestimación del PBI y del consumo público es de diferente magnitud en ambas variables, siendo posiblemente mayor en el consumo que en el PBI total, por lo cual el cociente consumo privado/PBI habría caído un poco menos debido a ese factor. En otras palabras, el cociente consumo/PBI contiene tres fuentes de error combinadas:
    1. Incluye consumo público, que ha aumentado más que el consumo privado. El cociente consumo privado/PBI ha caído más que lo indicado en el gráfico.
    2. El PBI y el consumo privado están afectados en diferente grado por la distorsión del IPC del INDEK. Dado que la subestimación de los valores nominales de esas variables es mayor en el consumo que en el PBI, este factor opera en sentido contrario al anterior: el cociente consumo privado/PBI resultaría subestimado, y habría caído menos de lo indicado.
    El balance de ambos efectos es difícil de determinar sin hacer los cálculos detallados. Me inclino a pensar que la caída en el % del consumo sobre PBI es tan grande, que la distorsión de índices de precios no puede revertirla.
    Como conclusión, ambos gráficos muestran una situación un poco menos dramática debido a la manipulación estadística del INDEK. En el primer gráfico habría en realidad un mayor aumento del grado de explotación de los trabajadores, y en el segundo una mayor caída del consumo privado que del consumo total, respecto al PBI.

  4. gandhiano

    Así que el loco consumo interno no es cierto, las dificultades económicas de los empresarios no son ciertas, seguramente los resultados electorales tampoco son reales….

  5. Hector M.

    Si bien comparto la línea de razonamiento de Lucas, en una onda más técnica y aburrida hay algunos puntos metodológicos que podrían modificar los resultados (no sé exactamente en cuanto ni de qué modo, pero algunas hipótesis se pueden tirar).
    Estos puntos técnicos aburridos se refieren a la forma en que se miden y deflactan el PBI y los salarios. Tema no menor en un país donde las estadísticas están severamente contaminadas y dibujadas.
    Como se sabe, la inflación oficial está dibujada. Por tal motivo, el gráfico de Lucas obtiene el salario real deflactando los salarios nominales con una medida más realista de la inflación. No indica claramente cuál es la inflación que consideró, pero uno puede suponer que hasta 2006 usó la del INDEC (indice de precios al consumidor del GBA), y desde 2007 una estimación alternativa (IPC de las provincias, y/o encuestas de precios de la UBA/G.Bevacqua, o de privados). Saber exactamente cuál usó es importante, porque esas estimaciones difieren entre sí, cada año, en algunos puntos porcentuales (con cifras recientes que difieren entre sí, entre 24% y 30%) lo cual puede influir en la curva del salario real de manera significativa.
    Por otro lado, el PBI está contaminado por la medición de la inflación. Para el cálculo del PBI real, las partes del PBI que vienen en precios corrientes (como los sectores de comercio, servicios y otros) son deflactados con índices de precios que en parte corresponden al IPC. Lo mismo ocurre con el consumo nominal, deflactado por el IPC. Salvo que uno se tome el trabajo de deflactar cada componente con una inflación más realista, lo cual nadie o casi nadie hace, el PBI real parece crecer más de lo que realmente crece.
    Lo opuesto pasa con el PBI nominal: las partes del PBI cuyos datos primarios se obtienen en términos físicos (como el agro, la minería, buena parte de la industria, etc.) son “inflactados” con índices de precios para obtener las cantidades nominales. Si no se corrigen separadamente las “inflactaciones” de esos componentes, el PBI nominal resulta subestimado.
    Una de las consecuencias de tener el PBI nominal subestimado es que se “infla” el porcentaje del gasto público sobre PBI: si bien bajo el kirchnerato ha subido muchísimo el gasto público, su porcentaje del PBI (alrededor de 42%) estaría sobreestimado, debido a la subestimación del PBI nominal. Lo mismo pasa con deuda/PBI y otros ratios nominales.

    (continúa por separado)

  6. gc

    ¿El primer gráico considera la “tasa de socialización” de la plusvalía vía impuestos?

  7. Gabriel

    Pero como asi?, Menem de era de derecha ?. Imposible!.

    Que haciamos entonces cantando “combatienedo al capital” con los companieros alla por los 90s por Lomas de Zamora cuando el “Doctor” Dudalde nos llevaba en el 60 hasta el acto de campania ?.

  8. Alcides Acevedo

    Ja Ja… cierto, aunque la revaluación (en términos reales) del peso argentino ha impactado en una mejora en la cnatidad y calidad del consumo… sobre todo de bienes importados.
    Como yo lo veo estmos al borde de un fuerte ajuste ¿qué características tendrá? Chi lo sa…

  9. Hector M.

    (continúo mi largo y aburrido comentario anterior)

    La consecuencia de tener el PBI nominal subestimado es que el ratio PBI por trabajador/salario resulta subestimado desde 2007. La “tasa de plusvalía” creció en los últimos años más de lo que aparece en el gráfico.

    Entre paréntesis, la tasa de plusvalía de Marx equivale a (PBI-salario)/salario. El ratio PBI/salario equivale a 1+la tasa de plusvalía marxiana.
    La pregunta por la “socialización de la plusvalía” a través del gasto público no está considerada. Pero es un arma de doble filo: buena parte del aumento en el porcentaje de gasto público en los últimos años ha ido a subsidios que benefician principalmente a los sectores de altos ingresos, como p.ej. los del agua, el gas y la electricidad, y constituyen por lo tanto una transferencia hacia los ricos. Lo mismo ocurre con los sobreprecios sistemáticos en obras públicas, que por supuesto benefician al capitalista amigo, que está lejos de ser pobre. Y por otro lado los ricos pagan pocos impuestos directos (evaden ganancias y no declaran bienes personales) mientras todos, pobres y ricos, pagan el IVA, el cual pesa sobre todo sobre el ingreso de los que no ahorran (es decir los pobres), pues el IVA se paga sobre el consumo.
    El segundo gráfico muestra la caída del porcentaje de consumo (público+privado) sobre PBI. Ahí también influyen los índices de precios. Pero además, en los últimos años ha aumentado el gasto público como porcentaje del PBI. Por ello, el ratio consumo privado/PBI ha caído más aún que el ratio consumo total/PBI. La era kirchnerista ha rebajado fuertemente la parte del PBI que consumen los privados. La diferencia ha ido a mayor gasto público, y a fuga de capitales (lo que se consume no es el PBI sino el ingreso nacional, el cual equivale al PBI +/- transferencias netas con el exterior, las cuales han sido negativas, sobre todo en los últimos años, por la gigantesca fuga hacia el exterior (ingresos que se convierten en dólares y abandonan el sistema sin consumirse ni invertirse en el país).

    Conclusión provisional: los dos gráficos son buenos, y la situación real es todavía peor de lo que sugieren esos gráficos: la “tasa de plusvalía” ha aumentado más (es decir, en términos de Marx, ha aumentado el grado de explotación de los trabajadores), y el porcentaje del ingreso que es consumido por el sector privado ha disminuido aún más. En ambos aspectos, la situación de los últimos años es decididamente peor que en la infame década del noventa.

  10. Pingback: Algunas particularidades sobre la post-devaluación

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