La omisión de Axel Kicillof

 

Axel Kicillof nos dio, hace unos días, una prolongada clase de economía en el Congreso de la Nación. Una de las referencias favoritas de Kicillof es Marcelo Diamand, a quien nuevamente citó. El texto clave es este de 1972 (pdf): “La estructura productiva desequilibrada argentina y el tipo de cambio”. Voy a argumentar en lo que sigue que Kicillof sólo leyó hasta lo que viene antes de la palabra “y”.

¿Qué decía Diamand? Partía de cosas muy conocidas y compartidas por buena parte de los economistas de entonces, que resumo brutalmente: la industrialización sustitutiva no generaba dólares pero sí los insumía, porque compraba insumos y máquinas al exterior. El agro proveía esos dólares. Cada vez que la industria empezaba a crecer (la fase “go” del “stop and go”) los dólares se acababan, porque las exportaciones no crecían tan rápido. Venía una crisis de balanza de pagos y una devaluación.

La devaluación no estimulaba la producción industrial, que estaba totalmente protegida y cuyos precios, por lo tanto, no dependían del dólar. El “equilibrio externo” se restablecía simplemente porque se habían hecho más caros los alimentos que exportábamos: los trabajadores perdían, porque el pan y la carne se hacían más caros. La caída del salario real era, además, recesiva: la demanda caía, “sobraba” más trigo para exportar y, sobre todo, la recesión industrial implicaba menos actividad e insumos. El equilibrio externo se corregía pero el costo era ese “stop” de la economía.

¿Cuál era el aporte de Diamand? Uno, el que machaca Kicillof, es bastante obvio y en realidad es una aplicación a la Argentina de las teorías más elementales del comercio internacional. Por su abundancia y calidad de tierras, la diferencia de productividad entre el agro y la industria es enorme en la Argentina. El próspero agro permite pagar salarios altos, pero con esos salarios nuestra industria, no demasiado productiva, no es competitiva y por lo tanto no puede exportar. Es decir: hasta acá Diamand formula –de manera que considero, me animo a confesar, bastante tosca– una combinación elemental de David Ricardo (el país se especializa en su sector de mayor productividad) con Heckscher Ohlin (la productividad de cada sector depende, en parte, de la abundancia de los insumos apropiados, y la Argentina tiene mucha tierra). Hasta allí, la idea de la “estructura productiva desequilibrada” y sus consecuencias sobre el patrón de comercio exterior del país.

Lo único realmente novedoso de Diamand es la solución que propone a ese dilema. La solución no es, insiste, cerrar la economía todo lo que sea necesario como para que el sector menos productivo pueda competir fronteras adentro. No: eso es lo que había hecho la Argentina en las tres décadas anteriores a 1972 y había llevado a los problemas de escasez de dólares que Diamand quería resolver.

Algunos paliativos que se habían propuesto son rescatados por Diamand, que los considera favorables aunque insuficientes: (i) mejorar los precios del sector agropecuario, compensando la transferencia de ingresos al agro con impuestos a la tierra o (ii) establecer un límite al “costo de sustitución”, no ayudando a todos los sectores industriales sino a los que, dentro del sector industrial, son más productivos. Pero su gran propuesta, lo que realmente es original de Diamand, tiene que ver con el tipo de cambio, de allí su mención en el título del artículo. Aparece en la página 18, bajo el título “El enfoque cambiario apropiado para la estructura productiva desequilibrada”. Sospechamos que Kicillof abandonó allí la lectura.

Diamand argumenta que cada sector tiene que tener un tipo de cambio diferente; pero la clave es que ese tipo de cambio diferente sea tanto para sustituir importaciones como para exportar. Los métodos pueden variar: puede ser una combinación de retenciones con tipo de cambio único; o tipo de cambio “exportador” e “importador” por separado; o una compensación fiscal a los sectores industriales que exportan.

Lo decisivo es que no haya un sesgo “mercadointernista” (como ocurre cuando hay simplemente un arancel) sino que cada sector sea competitivo tanto aquí como en el exterior gracias a la ventaja cambiaria sectorial. Al estimular por igual la exportación que la producción hacia el mercado interno, el esquema de tipos de cambios múltiples no sería la devoradora de dólares que sí era la industrialización sustitutiva.

Ahora bien: ¿cómo se compara lo que pide Diamand con lo que está pasando ahora en la economía argentina? Sí, hay retenciones, y el sector del agro tiene por lo tanto una desventaja cambiaria –llamémosla así– respecto al industrial. Pero dentro del sector industrial, ¿qué está pasando con los incentivos a exportar versus los incentivos a producir para el mercado interno? Los aumentos de costos y salarios en dólares son compensados con más y más trabas a las importaciones; pero no son compensados por mayores ventajas para exportar.

De a poco, entonces, vamos retrocediendo de una situación como la que Diamand deseaba en 1972 (una competitividad “espejo”, igual para exportar que para competir con lo importado) a otra diferente: una “industrialización sustitutiva” pura y dura como la de los años 40, con sus dificultades para conseguir los dólares. Los problemas están a la vista y, como entonces, se fantasea con soluciones que no llegan: Perón fantaseaba con ahorrar dólares aumentando la producción petrolera gracias a dinero externo (el recordado contrato con “la California”); Kicillof y Galuccio tienen sueños parecidos y  logros más o menos comparables.

  • http://www.facebook.com/alcides.acevedo.3 Alcides Acevedo

    Ahá… seguimos con Diamand.
    En realidad lo sofisticado de la explicación que hace Diamand es conciliar el tema de “enfermedad holandesa” y las crónicas crisis de balanza de pagos en Argentina, hay que tener mucha imaginación.

    Claramente Kicilof no cree las tonterías que dice, es un pobre improvisado que aplica las más elementales soluciones de corto plazo a los problemas que se le presentan a la economía argentina (los mismos desde hace 80 años), ya sabemos como termina todo esto. 

  • http://twitter.com/aramisdelpietro Lautaro Veliz

    Lucas, me quedó una duda respecto de tu posición: estarías de acuerdo con un esquema de TC múltiples o con otro con incentivos impositivos a la industria con mano de obra intensiva? o ambos?

  • adalberto miloc

    Hablar de economía, no es tan complicado, basta con haber estudiado algunos años con mayor o menor intensidad. Ejecutar políticas económicas (“el modelo”), es otro cantar; fundamentalmente es experiencia con equipo homogéneo mas olfato. El respaldo político es importante, pero no suficiente.

  • MAGAM

     

    Muy buen punto, varias economías regionales están crujiendo.
    Y efectivamente se complican las exportaciones por “costos” internos y
    lamentablemente el mercado interno les queda muy chico. Así que podríamos dar
    una lista de actividades, no solo los cítricos, y en general no son actividades
    como los de la pampa húmeda, emplean mucha más mano de obra.

  • Ecres70

    Lucas,

     

    Veamos con atención lo que decís:
     ”Es decir: hasta acá Diamand
    formula –de manera que considero, me animo a confesar, bastante tosca– una
    combinación elemental de David Ricardo (el país se especializa en su sector de
    mayor productividad) con Heckscher Ohlin (la productividad de cada sector
    depende, en parte, de la abundancia de los insumos apropiados, y la Argentina
    tiene mucha tierra). Hasta allí, la idea de la “estructura productiva
    desequilibrada” y sus consecuencias sobre el patrón de comercio exterior del
    país.”

    ¿Diamand formula de forma ‘tosca’
    una combinación ‘elemental’ entre Ricardo y Heckscher Ohlin? La arrogancia del
    medio pelo argentino a veces llama a risa… ¿La teoría de Heckscher-Olhin
    (H-O) consiste en que “la productividad de cada sector depende, en parte,
    de la abundancia de los insumos apropiados, y la Argentina tiene mucha tierra?”
    Convengamos que no te estás aventurando en la teoría marxista, en Kalecki o
    Sraffa, ni en cuestiones sofisticadas de la heterodoxia. ¡Estás hablando de
    H-O! Jugás de local y te hacés los goles en contra…

    Por lo menos la versión
    convencional de H-O, aquella que se puede encontrar en cualquier manual, asume
    que todos los países tienen acceso a la misma tecnología y que los recursos son
    homogéneos (todos los países, además,  tienen la misma estructura de demanda). Así,
    combinando los factores en iguales proporciones, todos los países tendrían la
    misma productividad medida en función de cada factor.

    Los precios relativos entre los
    diferentes países van a diferir porque cada país dispone de una dotación
    factorial distinta. Pongamos que tenemos 2 países (A y B), 2 factores (L y K) y
    2 productos (tejido y acero). Asumamos que el tejido es trabajo intensivo y
    consecuentemente que el acero es capital intensivo. Si el país A tiene una
    dotación relativa de trabajo mayor que B (L/K en A> L/K en B), entonces,
    para una misma estructura de demanda, el tejido será más barato en A que en B y
    viceversa el acero. Aquí la productividad no tiene nada que hacer.

    Por otro lado, si introducimos
    algún criterio de productividad, a la Ricardo, la clave no es que “la
    Agentina tiene mucha tierra”. En Siberia y en el desierto del Sahara
    hay mucha más tierra que en la Argentina y la productividad agrícola es
    bajísima. La clave es que la Argentina dispone de tierra de altísima calidad,
    no de mucha cantidad… En otras palabras, aquí no estamos frente a un recurso homogéneo.
    Consecuentemente, el modelo H-O no se aplica para el caso.

    En fin, sorprende la arrogancia
    medio pelo, Axel habría leído solamente hasta la letra ‘y’ del artículo y
    Diamand combinaría de forma tosca y elemental “las teorías más elementales del
    comercio internacional”. Lo gracioso y tristemente argentino del caso, es que
    toda esta petulancia coincide con un palmario desconocimiento de dichas teorías
    elementales.

    Saludos

    • http://www.patriachacarera.blogspot.com/ Mariano T.

      Es exactamente al revés el tema de la tierra. Dentro de lo que se denomina tierra agrícola, la argentina no tiene una calidad especial, en promedio.
      Lo que si es uno de los pocos países del mundo que tiene alta dotación de tierra (en cantidad) relativa a su población. (junto con EEUU, Canadá, Australia, Brasil, Francia, Kazakstan y pará de contar). Eso implica que esas tierras sobrantes o tienen un mercado de exportación, o hay que dejarlas abandonadas.

  • Tatote

    La verdad que el tema es bastante caotico. Son muchas variable y muchos sectores que se ven afectados, desencadenando nuevas reacciones que a su vez impactan nuevamente sobre otras variables. La economía propone estrategias para enfrentar un escenario complejo. Hasta que la ciencia no nos posibilite predecir las reacciones que un cambio en alguna de las variables economicas pueda producir, deberemos seguir con prueba y error.
    Es como el efecto mariposa, “el aleteo de una mariposa en Londres puede desatar una tormenta en Hong Kong”

  • Chupateestamandarina

    1) Te doy un consejo Lucas. Trata de ser menos pedante cuando escribís un articulo. Decir que Axel no leyó algo completo, para colmo un modelo básico bastante medio ridículo y habla mal de vos. Lo único que no se le puede discutir a Axel es que no haya estudiado! Es una rata de biblioteca! 
    2) Estoy de acuerdo que el argumento de que estamos en un ISI, etc es bastante irreal. El modelo de Diamand no me parece tan básico y creo que va un poco más allá que las teorías del comercio internacional neoclásicas. Tiene algunos rasgos heterodoxos, combina la teoría de la renta diferencial con políticas impositivas, cambiarías. 
    3) El argumento K se refuta de un modo mucho más simple. Si la estructura productiva esta cambiando, estamos en el medio de un ISI, etc. Por favor, muestren evidencias de que sectores se están industrializando. Que estamos sustituyendo… No lo veo.
    4) El tema es simple, el concepto de EPD es solo un nombre mediático para justificar el cepo. Lo usan para decir algo que suene bien y venda. Es más marketing que otra cosa. Lo triste es que muchos cuasi-intelectuales compran este argumento, sin tener idea que es una EPD. En definitiva, discutir contra un argumento tan pedorro ya es bastante pedorro. Salió el sol, voy a hacer algo productivo…

    Un saludo.

  • Fernando Caballer Pérez

    Chupateestamandarina, nos es lo mas elegante, antes de tildar de pedante a alguien, arrancar con la frase “te voy a dar un consejo”, de onda eh, Saludos