Crisis mundial, oportunidad argentina

 

Si al mundo le va mal, a nosotros también. Lo sabemos de memoria, y lo comprobamos en 2009, el único año recesivo desde 2003. Se oye decir al gobierno que la crisis internacional -la recesión o al menos el estancamiento que asoma en el mundo desarrollado- encontraría a la Argentina bien preparada. Hay algo de cierto: por sus frecuentes sismos institucionales, la economía argentina depende menos del sistema financiero que casi cualquier otro país. Sí habría, claro, un impacto comercial, porque la ralentización de la economía mundial llevaría a una caída en el precio de la soja, cosa que ya está ocurriendo.

Pero hay un punto adicional en el que la Argentina está mejor que otros países para enfrentar la crisis internacional. Para nuestra economía, una crisis como la de 2009 traería, junto a varias de sus plagas, al menos un consuelo: podríamos devaluar sin que eso involucrara un aumento de la inflación. Incluso, como ocurrió en 2009, es concebible una situación de crisis en la que el peso se depreciara y al mismo tiempo bajara la inflación.

Por supuesto, en el balance total nos conviene que no haya crisis, que la economía siga creciendo y que los problemas se corrijan de manera más amable. Pero, si viene la crisis, no estaría mal aprovecharla para enfrentar de manera definitiva lo que es en este momento el principal problema de mediano plazo de la economía argentina, el combo de inflación por el ascensor y dólar por la escalera.

La crisis de 2009 permitió devaluar en un contexto de inflación en descenso. El paso de $3 a $4 en el dólar abrió espacio para dos añitos de inflación de veintipico sin que el país se encareciera de manera insostenible. Sin crisis internacional, el choque de trenes entre inflación alta y dólar quelonio ocurriría en algún momento de 2012. El dólar de cuatro y monedas no aguanta otra ronda de aumentos salariales de 25%.

Un recrudecimiento de la crisis mundial podría ser una oportunidad para bajar la inflación de un modo más permanente que en 2009, cuando el aumento de precios fue menor a 20% pero solamente por un año. En primer lugar, podría aprovecharse una desaceleración económica no sólo para devaluar sin impacto en la inflación, como en la última crisis, sino para modificar la naturaleza de nuestro régimen cambiario. Una política permanente contra la inflación requiere un tipo de cambio flexible, o al menos mucho más flexible que el que tenemos. Con nuestro actual sistema monetario, todos sabemos que en algún momento el dólar va a subir, y eso empuja las expectativas de inflación. Con un dólar que puede subir o bajar, ese componente de expectativas inflacionarias desaparece, lo cual ayuda a reducir la inflación.

En segundo lugar, en un contexto de desaceleración económica parece más posible un Acuerdo Social, que es el nombre de fantasía que se le da a una contención acordada entre gobierno, empresas y sindicatos de la tasa de aumentos de salarios nominales (Los empresarios pueden comprometerse también a moderar sus precios, pero sabemos que es mucho más difícil controlar precios que controlar salarios). Insisto con que la moderación salarial es en términos nominales, pero no necesariamente en términos de poder de compra. Si se lograran paritarias de 15% en lugar de 25%, la inflación de costos sería más baja –y habría menos necesidad de licuar esos incrementos de costos con devaluaciones ulteriores–, lo que repercutiría en una tasa de inflación menor y quizás la misma evolución del poder de compra.

El mayor desafío que presenta una estabilización de la inflación en medio de una crisis viene por el lado fiscal. ¿Será posible confiar que el gobierno no emitirá en exceso como para financiar un déficit público ensanchado por la caída de la recaudación? Creo que sí. La propia devaluación es una manera de recuperar fiscalmente lo que el gobierno pierde por, por ejemplo, la caída en el precio de la soja. Además, el peso del factor fiscal en la inflación argentina ha sido mínimo: la Argentina entró en un régimen de alta inflación en épocas de superávit fiscal (2007). No entiendo por qué no podría estabilizar en un contexto no demasiado lejano al equilibrio presupuestario.

¿”Toda crisis es una oportunidad”? No lo sé, pero esta definitivamente lo es.

  • Hector M.

    La experiencia post 2009 muestra que la depreciación real ocurrida en 2009 tuvo corta vida: una vez superado el periodo recesivo, las fuerzas que tienden a llevar el peso a un valor real relativamente alto volvieron a hacerse presentes, no a través de una apreciación nominal con baja inflación como en Brasil, sino a través de un aumento muy fuerte de la inflación acompañado de un dólar casi quieto (si hubiesen emitido más con el objetivo de comprar dólares y causar una mayor devaluación nominal, la inflación hubiese sido aun mayor de lo que fue). La única forma de ser competitivo es aumentar la productividad, así como la única forma de tener el peso adecuado es haciendo dieta y ejercicio, no comprándose ropa más grande.

  • Charrua

    Hector, creo que “En primer lugar, podría aprovecharse una desaceleración económica no sólo para devaluar sin impacto en la inflación, como en la última crisis, sino para modificar la naturaleza de nuestro régimen cambiario. Una política permanente contra la inflación requiere un tipo de cambio flexible, o al menos mucho más flexible que el que tenemos.” implica que Lucas no vería mal una apreciación nominal con baja inflación y que prefiere una lucha anti-inflacionaria efectiva a un ilusorio mantenimiento del peso subvaluado.

  • BARUCH

    “…podríamos devaluar sin que eso involucrara un aumento de la inflación”.

    ¿Con este uso de la capacidad instalada? ¿obligados a pagar la “cohesión social” y el “apoyo empresario” a este precio?.

    Con todo respeto muchacho, larga lo que estas fumando porque te esta haciendo daño…

  • Hector M.

    Charrua,
    Lucas ha manifestado en todo momento una concepcion que se basa en tener un tipo de cambio alto como mecanismo adecuado para ganar competitividad, aunque si lo corren en seguida admite que se debe aumentar la productividad. Un ejemplo de esa concepción son sus recientes posts sobre Grecia, en cuyo caso aconseja salirse del euro y devaluar. A mi juicio ese comportamiento sería irresponsable de parte de Grecia, y también sería irresponsable que la UE lo admita o tolere. Reestructurar su economía, e incluso reestructurar su deuda, sí, pero salirse del euro sería un desastre para Grecia y para Europa (en mi humilde opinión) incluso en el corto plazo. Mucho más en el largo. Lo mismo pasa con el presente post: aprovechar el efecto anti-inflacionario de la recesión para devaluar en ese momento es pan para hoy y hambre para mañana, particularmente en una economía con la segunda inflación más alta del mundo y sin capacidad ociosa (sobre todo en aspectos clave como la energía).

  • gonzalo arca

    brillante la comparacion de “choque de trenes” . Ocurrira en 2012 salvo que salgan a endeudarse afuera o que consigan alguna caja adicional. De todas maneras, no evita el choque, solo lo retrasa y de ninguna forma dura 4 anios mas.

    Lo que debas hacer, hazlo rapido, el 25 de Octubre.

  • Charrua

    Hector, “tipo de cambio flexible” implica flexibilidad a la baja tanto como a la suba. Si las cosas van mal, cae, si las cosas van bien, sube. Lo hace Brasil, lo hacemos nosotros, lo hace Chile, lo hace USA. Es distinto de intentar mantener eternamente un tipo de cambio subvaluado (cosa imposible, además).
    Sobre Grecia, que querés que te diga; la alternativa “Grecia aumenta su productividad hasta alcanzar la alemana” no es realista. Podés elegir entre la deflación nominal a la letona o la deflación real (llamada devaluación) y las dos tienen argumentos a su favor, pero no hay una opción en la que los precios internos griegos no ajusten a la baja MUY fuertemente.

    • Hector M.

      Charrua,
      1. Lo hace Brasil, y mucbos paises, pero no lo hace la Argentina. Por el contrario, la Argentina viene manipulando el tipo de cambio (sin mucha lógica, y sin mucho resultado efectivo) desde hace tiempo. Primero generando un “dólar recontra alto”, y luego manteniendo el dólar casi fijo, primero en tres pesos y luego alrededor de cuatro pesos, por larguísimo tiempo pese a la elevada inflación, resistiendo las fuerzas del mercado con masivas intervenciones del BCRA, primero comprando dólares (para evitar que baje) y luego vendiendo dólares (para evitar que suba).
      2. La alternativa no es que Grecia aumente su productividad hasta alcanzar la de Alemania. Basta con que reduzca su déficit fiscal, y facilite la competencia para que (forzados por las circunstancias) los empresarios y trabajadores de Grecia aumenten su productividad hasta donde pueden, y la apliquen a la producción de aquellos bienes y servicios en los que tengan una ventaja comparativa (es decir, en aquello en lo que son menos peores, aunque no sean mejores en nada).

  • Bullspreadblog

    En 2009 el dolar pasó de $3.45 a $3.85 aproximadamente. La devaluacion fue menor a la inflación todos estos años.