Tesoro equivocado
Seiscientos años más tarde, el imperio que supo tener la flota más grande del mundo, pero que en lugar de explotar a los africanos –como hicieron los europeos– buscaba jirafas para llevarle el emperador, vuelve a la carga. En vez de convertir sus reservas en dólares a otra moneda, deciden convertirlas en algo más tangible: inversiones de empresas chinas en el exterior. Tienen con qué: 2.000.000.000.000 (dos billones, o two trillion) de dólares, más propina. Podrían comprar la producción anual de Argentina –de todo: tu trabajo, el mío, el de tu marido, los negocios de Cristóbal López y de la familia Macri– siete veces.
Qué imperio promisorio, el chino. ¿Hay algún otro caso en la historia de un despliegue imperial que contara, de partida, con asentamientos humanos sustantivos en todas sus colonias?