Porteñismos eran los de antes

Algunos párrafos de la furibunda y porteñísima “Muerte de Buenos Aires” de Eduardo Gutiérrez, un panfleto anti-Avellanedista, anti-Roquista y autonomista alrededor del 80. Va la escena de la llegada de los diputados del Interior. Gutiérrez trata de mostrar que Avellaneda buscaba una excusa para trasladar el Congreso desde Buenos Aires a un sitio más seguro (que acabará siendo “el pueblo de Belgrano”). Para ello envía unos inflitrados abucheadores, dice Gutiérrez, a generar –diríamos hoy– “sensación de inseguridad”:

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La vergüenza de nuestra primera ciudad

Leo en Clarín que “Hallan nuevas ruinas del primer asentamiento europeo en el país“. ¿Alguien fue alguna vez a Puerto Gaboto, donde estuvo el Fuerte Sancti Spiritu? Yo sí: me agradaba imaginarme la escena de los primeros europeos llegando a este país. Irían a los tumbos los barquitos pintados, entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensaba encontrarme con algún monumento digno, un museo, algo. Pero no: era un caserío con muchos más perros que sus 2500 habitantes, olvidado por nuestras volubles autoridades. Y un horrible y descuidado recordatorio, que un fotógrafo califica en Google Maps como “dantesco”. Entiendo que pueda decirse: ¡aquí no hay nada que celebrar, vinieron los europeos a conquistarnos! Sí, cierto: vinieron las violentas naciones de las que descendemos, mucho más cercanas a nosotros en linaje que las que vivían aquí por entonces (cosa que se ha comprobado estadísticamente con un promedio genético de la población argentina) y mucho más todavía por cultura: hablamos y pensamos en el idioma de ellos.

Pero no es necesario meterse en esa discusión para revitalizar Puerto Gaboto y reconciliarnos con nuestros orígenes. Sancti Spiritu fue fundado en 1527 pero incendiado dos años después por los querandíes, nos cuenta Wikipedia; y, refundado en 1536, fue destruido por los timbúes en 1539 (curiosamente, un 3 de febrero, fecha icónica de las luchas entre civiizaciones y barbaries). De modo que podríamos ponerle el nombre que las autoridades de ocasión considerasen más apropiado. Imagino con agrado a los señores O’Donnell y Pigna, por ejemplo,  delcarando inaugurado el “Monumento a la Defensa Americana” en Puerto Gaboto.

Evita dando cátedra en USA

Gran gestión de Agustín Américo Merlo:

El unitarísimo Instituto Revisionista Manuel Dorrego

Es muy gracioso el decreto de creación del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, que puede leerse en PDF aquí. Creo que lo único adecuado de dicha institución es que la presida Pacho O’Donnell, quien ha probado sus credenciales revisionistas siendo muy revisionista con su propia persona, habiendo ocupado cargos públicos bajo los mandatos de Alfonsín, Menem y Kirchner. Pero de los muchos dislates del decreto me gustaría concentrarme en el siguiente:

De 33, sólo hay un cupo para 5 del interior. (Y el cupo femenino sorprende, también, por lo bajo). Recordemos que se trata de un instituto que busca rehabilitar a las figuras federales del Interior como Bustos, Quiroga, Varela, el Chacho Peñaloza, Ramírez y López. Uno podría pensar: ¿para qué poner los cupos? Si son tan federales, seguramente nombrarán en la Asamblea a muchos miembros del Interior del país. Veamos a los 33 (número que no se entiende si es para que no haya empates, o para homeanjear a nuestros hermanos chilenos –”Estamos bien los 33″– o uruguayos) y su lugar de origen o residencia:

Fijaos que la cuota del “Interior” está cubierta, pero de manera un poco tramposa. Sacando dos representantes de Misiones, todos los demás son de –o residen en–  las provincias ricas de la Pampa Húmeda: Entre Ríos 2, Santa Fe 2 y todos los demás (si estoy contando bien) de la provincia o ciudad de Buenos Aires.

Che, no es muy federal esto. Pilas acá, Pacho. ¡No hay un sólo representante del antiguo interior! Ni una persona de esos pueblos del Interior argentino arrasados por las políticas librecambistas de Mayo, de Rivadavia y de casi todos los que siguieron. ¿Nada quedó, Pacho? Meté un riojano, un catamarqueño, alguien de Salta, de Jujuy, un cuyano, o aunque más no fuera un cordobés! Te lo ruego, que si no los héroes federales que quiere rehabilitar tu Instituto siguen revolcándose en su tumba.

“No se vaya, que hay fideos”

“No se vaya, que hay fideos”. ¿Quién no recuerda ahora, en la República Argentina, aquel antiguo modismo con que se quería explicar en la campaña la esplendidez de una comida, en que hasta fideos había? La harina venía de Francia, de Alemania, de California, ¡hasta de Australia!… Vino la colonización; empezó a brotar el trigo, y el pan dio comienzo a la gran conquista de la pampa, treinta años antes de que Alsina o Roca soñaran con ella. [...] La producción aumentó, y el consumo creció sobre toda medida anteriormente pensada. ¡Es que ya todos los hombres empezaban a comer pan, siquiera una vez cada semana: los domingos!

Carrasco, Gabriel, Intereses nacionales de la República Argentina (1895)

La cita está tomada de el sexto volumen de una de las mejores obras colectivas de los últimos años, Historia del Capitalismo Agrario Pampeano, que puede comprarse a $96 en una librería o a US$ 4 en PDF, aquí. Lo que Carrasco –que fue, además de otras cosas, director del Censo de 1895– no sabía es que no había visto nada. Cuando él escribía –y según los datos del censo que él dirigió– en la Argentina había 3,7 millones de hectáreas sembradas de cereales y lino. Veinte años más tarde habría 13,5 millones.

¿Quién ganó la Vuelta de Obligado?

Leo en la historia de las estaciones del Métro parisino, versión en inglés:

Argentine. Argentina was very generous in helping France, whose farming and distribution systems has been severely crippled by the war. Large shipments of grain and beef arrived from Argentina to feed the population struggling to get their fields and lifestock back in offer. In appreciation of that generosity, the French government changed the name of rue Obligado to “rue Argentine” in 1948. It was a fitting tribute since rue Obligado had celebrated a French-English victory in Argentina in 1845 [resaltado nuestro]. Now the street evoked friendship between the two countries, not military dominance. The Métro station takes its name from the street.

Che, pero Cristina dijo que habíamos ganado. ¿Firmamos un empate retroactivo?

Del búfalo americano a las retenciones: una hipótesis

España del bisonte, que moriría, por el hierro o el rifle, en las praderas del ocaso, en Montana

El otro día pasaban uno de los Simpson en el que no sé por qué estaban en el Midwest en el siglo XIX, y Lisa se lamentaba de la extinción del búfalo americano o bisonte. Dice Wikipedia que era el más numeroso de los grandes mamíferos en algún momento del siglo XIX: entre 60 y 100 millones. Para 1880, la especie estaba casi extinguida.

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Fácil adivinar por qué quedaban solamente esos puntitos magenta oscuro en el mapa:

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(Sí, son calaveras de bisonte).

¿A qué viene todo esto? Estamos tratando de pensar por qué la Argentina tuvo una distribución de propiedad bastante más desigual que Estados Unidos. La explicación tradicional es puramente institucional o política: Jefferson quería construir una democracia igualitaria, en cambio Ro-Ro (que no son Romario y Ronaldo sino Rosas y Roca) quisieron –y pudieron– quedársela toda, ellos y sus amigos.

Me pregunto si una explicación distinta no puede tener que ver con la diferencia entre la vaca y el bisonte. En las praderas americanas reinaba el búfalo; en las pampas argentina, la vaca. En ambos casos había sido un auténtico aluvión zoológico, sin frenos malthusianos –mucho más reciente el de la vaca, que cruzó el Atlántico, que el del búfalo, que cruzó por Bering–. Con una gran diferencia: la vaca era domesticable, el búfalo no. Era posible privatizar la Tierra de la Vaca (la pampa), pero no tenía sentido privatizar la Tierra del Búfalo. Por lo tanto la provincia de Buenos Aires tiene tierra privatizada antes que el Midwest americano: ya casi toda tiene dueño para los años 1840s, salvo la franja que va desde General Villegas a Tornquist, que tendrá que esperar a Roca para su civilización genocidio ocupación. La privatización por la ganadería tiene que ser con gran propiedad: aunque se la repartas a mil soldados, en seguida la van a vender porque la ganadería necesita escala. Con agricultura puede haber gran propiedad o pequeña; con ganadería, sólo grande. Se necesitan muchas vacas por cada par de brazos para que sea redituable; y la gran propiedad permite diversificar riesgos de pasturas, tener lagunas, etcétera.

El sueño de una democracia farmer pasa a ser posible recién con el ferrocarril, porque sólo entonces puede tener sentido económico transportar cereales a larga distancia. Pero en las pampas argentinas el ferrocarril va a llegar a una tierra ganadera ya privatizada, mientras que en Estados Unidos llega a una tierra todavía estatal, recién liberada del indio y del búfalo. Sarmiento quería una democracia campesina, pero era tarde: la tierra será arrendada mucho más que vendida a los inmigrantes. Por la misma época, Lincoln está promulgando su Homestead Act. En Estados Unidos habrá un Partido Populista a fines del siglo XIX, que a nosotros nos resulta irreconocible: es populismo *a favor* de los campesinos, que son muchos pero no son muy ricos. En la Argentina el populismo va a ser contra el campo, donde son menos y más ricos. Parte de nuestra tragedia.

Problemas de la hipótesis: (1) timing. Según el mapita de arriba, en el Midwest el bisonte está desapareciendo ya en los 1830s; (2) ¿y si reemplazamos “Indios” por bisontes no es mejor? De las 26 guerras con los indios al oeste del Mississippi, 22 concluyen después de 1850, la mayoría en los 1860s.

La decisión de Bartolomé Mitre

Esta semana se cumplen 150 años de existencia de una constitución aprobada por todas las provincias del país. “La integridad de la Nación Argentina no se discute entre Argentinos: ¡se hace!”, dijo Benjamín Victorica el 23 de septiembre de 1860, y se aprobaban a libro cerrado las reformas que Buenos Aires demandaba para reintegrarse a la Confederación.

Ninguna de esas reformas era demasiado revolucionaria, lo que se comprende siendo que Buenos Aires acababa de ser derrotada en las armas en la batalla de Cepeda (octubre de 1859). Lo que nunca entendimos del todo es por qué después de la batalla de Pavón (septiembre de 1861), el líder bonaerense don Bartolomé Mitre se conformó con una constitución que otorgaba a las provincias del Interior (“muchas de las cuales son provincias sólo en nombre”, diría cuarenta años después un diario mitrista) una mayoría abrumadora, mucho mayor a su peso poblacional, para la elección del presidente; y el dominio absoluto de una de las Cámaras del Congreso.  Esa decisión sesquicentenaria tuvo enormes consecuencias, que proyectan sus sombras y sus luces hasta el día de hoy.

¿Por qué, Bartolomé? Algún día ampliaremos.