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“Boligarchs” para referirse a los capitalistas amigos de Chávez –como hace el Economist– está bien, pero cuánto mejor es la traducción al argentino! Los boligarcas.

Ineptos imputables

En general, en este blog tratamos de no ser resultadistas, y por eso podemos defender a Maradona después de Paraguay o tratar de rescatar algún aspecto positivo de uno de los gobiernos más ineptos de que tengamos memoria (empatado con la mayoría de los anteriores, claro).

Pero con esto de los Pomar la policía provincial se pasó. Que se vayan todos.

La familia había pagado el peaje en la 7, así que quedaban dos caminos alternativos:

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¿Qué tiene de malo la ley de medios? (III)

Un largo par de párrafos bastante obvios sobre los puntos de la ley de Medios que nos faltaban analizar, después de las entregas de anteayer y ayer.

5. Clarín en Bolsa. Como señalamos hace un tiempo –y nos gustaría creer que Pagni nos leyó– la acción del Grupo Clarín en la Bolsa de Comercio empezó un fabuloso rally a partir de la exclusión de las telefónicas del negocio del cable. Increíblemente, el artículo que permitía la entrada de las telefónicas a la distribución de TV fue dejado de lado para atraer el voto de la izquierda. ¡Ah, nuestras izquierdas! Sus opciones políticas son predecibles: tienen un ranking de villanos, y siempre eligen aquello que dañe al villano mayor. No importa demasiado qué ocurra con el bienestar del pueblo; o, mejor dicho, se presupone que cuanto más malvado el villano castigado, mejor acabará siendo para el pueblo. Telecom es un villano mayor que el Grupo Clarín, como Clarín era un villano mayor que Grondona. Las telefónicas entran en la categoría de Villano Máximo porque son (i) “grandes multinacionales” (aunque ya no tanto), (ii) están en el sector más villano de la economía (los servicios, que no son “productivos”) y (iii) son “privatizadas”. Casi insuperable. ¡Fuera las telefónicas! El cable –un negocio mucho mayor que la tele de aire o los diarios– queda para Clarín y para quien el gobierno decida que pueda ser su competencia.

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¿Qué tiene de malo la ley de medios? (II)

Seguimos con el pequeño análisis sobre la ley de medios que iniciamos ayer. Al final opinaré sobre seis temas: dos ayer, dos ahora, dos mañana — vamos de a poco.

3. Proteccionismo. El Capítulo V de la ley votada por diputados se llama “Contenidos de la programación“. Tiemblo, pero se trata sobre todo de un voluntarioso proteccionismo: fomentar la producción local de contenidos audiovisuales. La ley votada por diputados incluye varias disposiciones para favorecer (i) las producciones nacionales y, dentro de estas, (ii) las producciones “independientes”.  Por ejemplo: las radios tienen que tener un 30% de música nacional, “repartida proporcionalmente a lo largo de la programación”, y la mitad de ese porcentaje debe corresponder a “música producida en forma independiente”. La TV abierta también tiene porcentajes de producción local, y dentro de estos una cuota de independientes. Debe, asimismo, poner en pantalla una cierta cantidad de estrenos nacionales (¡no, please!). ¿Sorprende que los actores estén a favor? Si pusieran un apartado obligando al pueblo a leer La Ciencia Maldita yo también que me hago kirchnerista, o hago que me hago.

Vale la pena notar que el proteccionismo es mercosuriano: las señales de cable tienen que tener “un mínimo de canales originados en países del Mercosur…”. A los fines de la comunicación intra-Mercosur estaría bueno, antes que nada, mandar liberar el puente con Uruguay, y en todo caso después vemos si ponemos en la grilla Charrúa TV.

VEREDICTO: es triste el destino que tendrán estas disposiciones. Si llegan a ser cumplidas –cosa que me permito dudar– ocurrirá que todos estos contenidos forzosos se pondrán en los peores horarios, o mientras pasan en otro canal un partido del Mundial. Además, lo más probable que una teta de la Coca Sarli sea más redituable que el folklore yamana que estaría más en el espíritu fervientemente moralista de la ley, y sin embargo nada hay en este rubro que ponga en ventaja a este último. Para folklore yamana hay que apelar a las disposiciones en favor de los PP.OO.

4. Hablemos todos. Hasta ayer, antes de leer a Pagni hoy (tema que desarrollaré mañana en el punto 5), me parecía lo único verdaderamente lamentable de la ley. Me refiero al sistema propuesto para adjudicación de licencias y, sobre todo, los obstáculos para la venta o “alquiler” de licencias. En su caudalosa confianza en la naturaleza humana, la ley de medios postula que no deben tener licencias quienes más estén dispuestos a pagar por ellas sino –ya que para *todos* no hay lugar– quien tenga algo mejor para decir. Mejor desde el punto de vista de la “Autoridad de Aplicación”, claro está. Esto incluye el famoso tercio para las ONGs,

“El treinta y tres por ciento (33%) de las localizaciones radioeléctricas planificadas, en todas las bandas de radiodifusión sonora y de televisión terrestres, en todas las áreas de cobertura para personas de existencia ideal sin fines de lucro”

pero, sobre todo, pensemos que todas las licencias de radio y televisión son decididas por el Estado. Se dirá que ahora también es así; pero la diferencia es que ahora las licencias pueden transferirse, mientras que con la nueva ley está terminantemente prohibido.

El tema de la tranferencia de licencias es crucial, porque daría una rendija para ingresar a los medios audiovisuales a quien quisiera hacerlo pero no fuera elegido en los “concursos públicos abiertos y permanentes” (art. 32), cuyos criterios para la elección de licenciatarios son diez, incluyendo por ejemplo “el desarrollo de determinados contenidos de interés social” (art. 34, inciso (g)). Es decir: si el gobierno no quiere darme una licencia, no me la da, lo cual no es novedad. Lo que sí es novedad es que ”las autorizaciones y licencias de servicios de comunicación audiovisual son intransferibles” (art. 41) y que la “delegación de explotación” (que incluye ceder espacios a terceros en forma parcial o total, celebrar contratos de exclusividad con organizaciones productoras de contenidos, etc.) será considerada falta grave” (art. 44).

Tengo claro que la opción es entre dos situaciones lamentables: que el Estado elija o que el mercado elija. En este país, si elige el Estado elige el gobierno (¿Algún contraejemplo?). Si elige el mercado, las licencias irán a quienes más estén dispuestos a pagar por ellas, que normalmente serán quienes más piensen recaudar con ellas, que normalmente serán quienes logren captar una mayor audiencia. En ningún caso tendremos la mejor comunicación audiovisual posible, esto es, la que considera más apropiada usted, amig@. Pero entre las dos situaciones lamentables, ninguna de las cuales lleva a mi programación de televisión ni de radio favoritas, me quedo con el mercado.

¿Cómo poner el argumento de manera democrática? A ver este intento, aun concediendo que los medios terminaran en poder de Big Money, y no sencillamente –como creo yo que ocurre, al menos en cierta medida– de los Tinelli, los Suar y los Pergolini (esto es, los que tienen talento empresario para producir contenidos exitosos). Por más inequitativa que sea la distribución de la riqueza, sigue estando mucho, muchísimo más repartida que el poder político. El matrimonio Kirchner ha tenido, por decir una cifra, el 70% del poder político de este país. La persona más rica de la Argentina no creo que llegue al 3% de la riqueza nacional: los argentinos tenemos 150.000 palos de riqueza puramente financiera; ¿alguien tiene 5 mil palos guardados?. Si decide el Estado (es decir, en tanto persista nuestro subdesarrollo institucional, el poder político mayoritario) decide uno solo; si decide el mercado, el poder sobre los medios está mucho más disperso.

VEREDICTO: Esto sí me parece grave, siempre y cuando tengamos la idea de cumplir la ley. ¿Podemos hablar de libertad de expresión cuando, por ejemplo, un grupo formado por el 80% de la población que quisiera tener una radio no podría hacerlo si el gobierno no lo deseara? Felizmente, esta ley aparece en el crepúsculo del poder kirchnerista. Pero vendrán nuevos gobiernos y, a derecha o izquierda, no me puedo imaginar uno que, pudiendo optar por darle la licencia a un amigo, decidiera dársela a un adversario. Hoy es igual, pero con la pequeña gran diferencia de que el amigo puede vendérsela al adversario.

Mañana concluimos con los puntos 5 (“Clarín en Bolsa”) y 6 (Autoridad de Aplicación).

¿Qué tiene de malo la ley de medios? (I)

Pensamiento colateral: ¿Habrá inventado Cristina lo de “Hablemos Todos”? Es interesante: una ley de comunicación definida por cuánto se habla, no necesariamente por cuánto se escucha.

Me opongo a la oposición, que no quiere discutir la ley, y la discuto. Desde una importante ignorancia sobre la industria, claro está. Hay cuatro o cinco aspectos de la ley votada por diputados sobre los que tengo alguna reacción (no podemos discutir los 21). Va primero una descripción, luego la opinión y finalmente un veredicto sobre cada uno de esos aspectos. Todo basado en la sanción en Diputados. Vamos hoy con dos puntos y mañana la seguimos.

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Medios de ley

Me encontré por allí con una cita al Economist de hace apenas tres años, en ocasión del Eliaschev Affair (aquí el link, porque en el Economist es pago).

The national media are less dependent on public advertising, but have received other favours. The government has been particularly kind to the Clarín Group, Argentina’s largest media conglomerate. After the devaluation of the peso in 2002, the group—like many other Argentine companies—defaulted on its dollar debts. When its creditors threatened to take it over, Congress passed a law capping any foreigners’ stake in “cultural goods” at 30%. The government has also extended for ten years the group’s cable-television licences. Perhaps not surprisingly, Clarín, Argentina’s biggest-selling daily has tended to back the government.

Y se olvidaron de listar la aprobación kirchnerista al único aspecto monopólico del “monopolio”, la fusión Cablevision-Multicanal.

La comedia humana

Estuvimos presenciando ayer una muy linda exposición del historiador Andrés Bisso, “Mucha conferencia, poco fútbol, nada de carnaval. Los socialistas bonaerenses frente al ocio, 1932-1943″. Considerando las cosas que contaba –las invectivas socialistas contra las actividades ociosas no relacionadas al trabajo político– no sorprendía que la clase trabajadora se entregara, a la llegada del Pocho, a manos del más indolente y epicúreo peronismo.

Una de las anécdotas más divertidas provenía de un diario socialista de Luján. Luego de la proyección de una película en la que, para demostrar su poder, los gatos se rebelaban contra los humanos y se marchaban del pueblo, dejándolo a merced de los ratones, un dirigente del distrito se quejaba porque los militantes se limitaban a disfrutar el film, pero no llegaban a conmoverse tanto como para hacer con los capitalistas lo mismo que los gatos con los humanos: una huelga general semipermanente para mejorar su condición.

Ah, las religiones. Está en la esencia de casi todas ellas la rebelión contra nuestra humilde condición humana, que todo lo que busca es un poco de alimento para el cuerpo y un poco de calor para el alma. Pero el utopismo es tenaz. Miren la lección que destila uno de los muchachos del kirchernismo blogueril a raíz de la ley de medios:

…no creo que luego de aprobarse la Ley y que empiece a desmontarse el monopolio la gente cambie mucho sus costumbres, sus rutinas de prender la tele y ver a Tinelli o a TN, ni su idea de como funciona la política o quienes son buenos y malos. Las prácticas sociales toman su tiempo en cambiar y esta ley mostrará sus frutos cuando las organizaciones sociales aprendan como potenciar sus acciones con medios comunitarios, cuando empiece a haber producciones de calidad desde lo local y cuando se ponga en evidencia que vale la pena hacer zapping. Y nada de eso sucederá, creo yo, hasta que comience a popularizarse el TDT.

Recomiendo, Primo Louis, que si en diez años el pueblo se sigue empeñando en no sintonizar alguna versión vernácula de Europa-Europa dejes de esperarlo.

Money, money, must be funny

OK, creo que la pifiamos: las tapas de Bloguín siguen siendo anti-gobierno.

Por otro lado, la pegamos: adivinen cuál fue, de las 25 acciones del Merval 25, la que más subió el día después del freno a las telefónicas para competir en el cable. Sí, GCLA.

Ay, el economicismo de los economistas.

Delpo, tapa de Clarín por 10 días

Cristina entregó lo principal que pedía Clarín: las telefónicas no entran en el negocio del cable. Más allá de quién maneje las telefónicas, como principio me parece bastante ridículo impedir a un proveedor de bajo costo competir con el cable. Si el ingreso de las telefónicas amenazaba con crear un monopolio, pues bien, se regula (ejemplo: ¿no puede obligarse a las telefónicas a transportar la señal televisiva de quienquiera que quisiera proveerla?). Más allá de si Telecom es o no de los amigos de Kirchner, sería insólito que si tecnológicamente me puede llegar señal de TV por el cable del teléfono Clarín no me deje.

Conceptualmente –y, de nuevo, salvando las cruciales consideraciones del contexto específico– las partes de la ley a las que se oponía Clarín eran las partes buenas (aunque exageradas: ¿por qué una empresa no puede tener un canal de cable y un diario?). El problema son las que quedan. El problema es la garantía de no sé qué porcentaje del dial para ONGs, empresas públicas y pueblos originarios, todo en última instancia decidido por un cuerpo colegiado que, como mínimo, tendrá el 50,0001% de dominio por parte del Poder Ejecutivo. En este país de las candidaturas testimoniales, no dudo que el Negro D’Elía pasa por pueblo originario y La Bancaria por ONG.

Creo que este asunto de Telecom lo disfrazaron para el Nuevo PI (Solanas, et al.) como una manera de evitar la competencia de las grandes telefónicas con las cooperativas telefónicas de los pueblos del interior. El P.I. compra todos los buzones: con la segmentación, vota la 125; con los “organismos de control en la ANSES” vota la estatización de las AFJP. Con este cuento de las cooperativas votará la ley de medios. Bueno, por algo no se llama P.I. sino “Bloque SI“.

Así que se viene Delpo por unos días en tapa de Clarín. ¿O soy demasiado suspicaz? Por el momento hago un search de la palabra lapsus en el gran diario argentino y no aparece el legendario lapsus de la Presidenta, que le dijo presidente a su marido. Busco “furcio” y tampoco — aparecen unas palabras de Gallego.

Así que quizás tiene razón el Doctor Duhalde, ¡quizás se vienen los Pactos de la Moncloa!