Cambiemos, Martino

Otra horrible presentación de la Selección. Recordemos que el último partido había sido con México, también horrible, en el que sólo las genialidades de Agüero y Messi nos salvaron de una derrota.

El público tiende a agarrárselas con cada jugador: que Roncaglia, que Mas, que Pastore. (Cierto es que Roncaglia comete en el segundo gol ecuatoriano el error más común del fútbol: no mirar al jugador que va a convertir el gol, lo mismo que hizo Demichelis en el Maracaná:

Cierro paréntesis).

Después de haber jugado toda la eliminatoria con un rarísimo 4-2-1-3, con Messi prácticamente de 8, Martino decidió seguir experimentando. Cuando Argentina salía con la pelota, se paraba 5-2-3. En la cancha se veía perfecto: Mascherano entre los dos centrales (que miraban) y bien abiertos, contra las líneas, Roncaglia y Mas. Luego dos mediocampistas flotantes, simétricos (Biglia del centro a la derecha, Pastore del centro a la izquierda) y allá lejísimos, después de cruzar media pampa húmeda, un 9 y dos wings.

Espantoso.

Es llamativo lo que pasa con los técnicos de la selección. Mientras que en el fútbol local un 99% de las formaciones son lógicas, habituales y comprensibles, en la selección nacional no hay ningún técnico desde Bilardo para acá, con la única excepción de Passarella, que no haya experimentado con formaciones ridículas o asimétricas. Repaso rápido:

+ Balbo de “lateral volante” en Italia 90.

+ 4-2-4 de Basile en EE.UU, con Simeone y Redondo solos en el mediocampo y luego Maradona, Balbo, Batista, Caniggia.

+ Bielsa. (No hace falta más explicación).

+ El 4-3-1-2 asimétrico de Pekerman en el mundial de Alemania, con doblecinco (Mascherano-Cambiasso), un volante por derecha (Maxi) y el césped a la izquierda, sólo a veces recorrido por las subidas de Sorín, jugando de 3 y 11 al mismo tiempo.

+ El 4-3-1-2 asimétrico de Diego en el debut en Sudáfrica, igual que Pekerman pero con el agujero a la derecha. Doblecinco Mascherano-Verón, Di María por izquierda, Galgo Gutiérrez de 4 y 8 al mismo tiempo.

+ Batista. (No hace falta explicación).

+ Debut mundialista ridículo de Sabella 5-3-2 con Basanta en la defensa, luego reemplazado por otro igualmente ridículo 4-3-3 asimétrico: doblecinco Mascharano-Gago, Di María por izquierda, el césped a la derecha, imposible de cubrir por Zabaleta, que jugaba de 4 y 8 al mismo tiempo. Los cuatro goles que recibió Argentina en el mundial fueron cuando usó este 4-3-3, y los cuatro fueron por la derecha de la defensa argentina.

Viene Paraguay de visitante, luego Brasil y Colombia. Tata, decile a tus pibes: 4-4-2; o, si querés, 4-2-3-1; o, si querés, 4-3-1-2. Pero que termine ahí. Que a cada jugador uno le pueda preguntar “¿De qué juegas?” y te pueda contestar con una sola palabra: “enganche”, “ocho”, “cuatro”. Eso no pasó el jueves.

Roncaglia tenía que contestar: “juego de 4, pero si lo veo bajar a Mascherano a buscar la pelota me tengo que poner contra la línea de cal a la altura del mediocampo y si viene el contraataque tengo que correr a lo loco con pocas chances de agarrar al delantero rival”.

Biglia tenía que contestar: “floto un poco a la derecha de Masche, pero cuando él baja a agarrarla trato de ubicarme más cerca a lo que sería un número cinco, y si luego el técnico hace el extraño cambio de Lavezzi por Pastore soy algo más parecido un doblecinco”.

Queda poco tiempo, pero todavía la decisión está en tus manos. Y lo que está en juego es muy importante. Cambiemos, Tata.

Más rugby en el fútbol

El de camerún fue a la pelota

Qué tema el del foul en el fútbol. Existe la noción “el foul es parte del fútbol”, es decir: es un recurso posible, incluso más que la mano. Nadie dice “la mano es parte del fútbol”. Es más: una mano abierta claramente deliberada es casi siempre sancionada con tarjeta amarilla, mientras que un foul igualmente deliberado no necesariamente lo es.

Estoy en contra de todo esto.

El foul debe ser tan ilegal en el fútbol como sería por ejemplo el foul en tenis: cruzar la red y empujar un poco al rival. De hecho, así es en el rugby. Miren lo que dicen las reglas de rugby sobre “foul play”:

Es “cobarde” hacer foul en rugby. “Puede resultar en daño serio a vos mismo o a otros jugadores”.

Por supuesto, está toda la cuestión de la “intención”. Muchas veces el objetivo de un jugador es parar al otro con una falta. Otras veces, el foul es uno de los resultados posibles, pero no el único: “Me tiro a barrer, capaz si me mueve la pelota es foul, pero si no me la mueve no”. Muy pocas veces, aunque puede ocurrir, el foul es tan casual como la mano casual: en cualquier lado que esté tu mano, siempre te puede pegar; mientras que rara vez cualquier movimiento de tu cuerpo puede dar lugar a un foul.

A veces es peor: no sólo el foul es uno de los resultados posibles de la acción; también la lesión al rival es posible o probable. Lo que hizo Tévez. Se dice “pero no tuvo intención de lesionar”. No: tuvo intención de ir a 250km/h en la ruta. Un resultado posible era que dañara a alguien. Como el camerunés a Maradona, puede argumentar: “pero estaba la pelota por ahí, yo quise ir a la pelota”. OK, pero era bastante probable que dañaras al otro:

Creo que el fútbol sería un deporte mucho mejor si cualquier foul intencional o semi-intencional fuera mucho más penado. Mínimo tarjeta amarilla para *cualquier foul intencional*, incluyendo (aunque a veces pueda ser difícil definir) aquellos en los que el foul era un resultado probable de la acción. Mínimo tarjeta roja para *cualquier foul capaz de producir lesión*. ¿Es así ahora? No. Un agarrón no es amarilla. Por eso a veces es negocio hacerla. Una “planchita” sin que se lesione el rival no necesariamente es roja. Debería serlo.

¿Empeoraría el fútbol? Al contrario. En Europa se pega muchísimo menos que acá y el fútbol es mejor. Sí, claro, también son mejores los jugadores. Pero podemos imaginarnos fácilmente que si a Messi lo marcaran como ayer marcó Tévez, el fútbol sería un deporte mucho más triste.

¿Cómo destruir el Torneo de 30?

Incluso con la gran campaña de Central, no estoy contento con el Torneo de 30 equipos. Es imposible seguirlo, ver 15 partidos por fin de semana, conocer los jugadores. Sería muy raro que algo muy bueno fuera usado exclusivamente en la Argentina. Como dice el amigo Hernán Iglesias Illia: “metas de inflación y torneo de 20 a dos ruedas”.

Además, para lo que es la paridad tradicional de un fútbol que ha perdido calidad, como el argentino, es un torneo desparejo. Por ejemplo, los peores equipos del Nacional B tienen más de 1 de promedio; en el Torneo de 30 hay 5 equipos que tienen menos puntos que partidos jugados. Algo puede deberse a que en la A se jugaron menos fechas (y los promedios tienden a estabilizarse con el tiempo) pero no creo que todo. En los 12 primeros puestos de la Primera División no hay ninguno de los equipos provenientes del Nacional B en el gran jubileo de 2014.

No sé si somos conscientes de que la Argentina va a batir el record de “torneos consecutivos con diferente organización que el anterior”. El torneo de la segunda mitad de 2014 fue a una rueda y sin descensos (primera vez). Luego vienen otros 5 torneos hasta el 2018, cada uno diferente al anterior:

CÓMO SERÁ LA PAULATINA DESINTEGRACIÓN (O DESCENSOS):

-TEMPORADA 2015:
* Habrá 2 ascensos y 2 descensos que se definirán por promedios (los de las temporadas 2012/2013, 2013/2014, 2014 –último semestre- y 2015).
* Seguirán siendo 30 equipos

-TEMPORADA 2016 (PRIMER SEMESTRE):
* Habrá 3 descensos y 1 ascenso
* Quedarán 28 equipos

-TEMPORADA 2016/2017:
* Habrá 4 descensos y 2 ascensos
* Quedarán 26 equipos

-TEMPORADA 2017/2018:
* Habrá 4 descensos y 2 ascensos
* Quedarán 24 equipos

-TEMPORADA 2018/2019:
* Habrá 4 descensos y 2 ascensos
* Quedarán 22 equipos

Este esquema despierta varias preguntas: (1) a medida que descienden más equipos que los que ascienden, ¿también descienden más de los que ascienden del Nacional B al Torneo Federal (ahora se llama así el “Torneo Argentino”), o se va haciendo más gordito el Nacional B? (2) El torneo de un semestre de 2016 tendrá que ser por zonas; ¿cómo serán los torneos de un año post-mediados de 2016: ¿a una rueda, como el actual? ¿Cuando haya sólo 24 equipos también?

Todas las soluciones posibles son malas, pero propongo la que me parece menos mala: crear una “Premier A” por encima de la actual Primera División. La actual Primera División pasaría a llamarse “Nacional A”. El esquema sería el siguiente. Entre el actual Nacional B (22 equipos) y el actual Torneo de 30 hay 52 equipos. Si en la suma hubiese 54, alcanzaría para tres categorías de 18 equipos. Pero seamos más generosos: la Primera B Metro también tiene 22 equipos. Entonces podríamos armar las tres principales categorías del fútbol de este modo:

20 equipos en la Premier A: los que ocupen los 20 mejores puestos en el “Torneo de 30″ de incios de 2016.

20 equipos en el Nacional A: los 10 últimos puestos del Torneo de 30 del otoño 2016 y los 10 mejores del Nacional B. Por algunos años, habría varios ascensos y descensos (digamos, 4/5) entre el Nacional y la Premier, para que el darwinismo haga su efecto. Pero convenimos de antemano que a los que no “asciendan” a la Premier A no vale cantarles “sos de la B”. Este torneo sería mucho más atractivo que el actual Nacional B. Y se podría agregar la siguiente píldora dorada para que los equipos flojos del Interior que hoy están en el Torneo de 30 acepten la propuesta: en caso de descender del Nacional A, no volverían al Torneo Federal sino al Nacional B, alejando la posibilidad de retornar al laberíntico mundo de los torneos del Interior. Además, sería más fácil llegar a la Premier que lo que es ahora volver al Torneo de 30, con el esquema actual: no es lo mismo 2 lugares de ascenso entre 22 equipos (probabilidad: 0,9%) que 4 lugares de 20 (probabilidad: 20%).

20 equipos en el (nuevo) Nacional B: los 12 que no asciendan al Nacional A, menos 4 que desciendan a la B Metro o el Torneo Federal, más 4 ascensos del Torneo Federal y 8 ascensos de la B Metro (me parece que la “B metro” fue algo castigada con las reformas anteriores, pero no estoy seguro).

Luego habría que ajustar las categorías inferiores metropolitanas. Quizá podrían llamarse, de manera simétrica a los torneos federales, “Torneo Metropolitano A” la actual “B metro”, “Torneo Metropolitano B” la actual “Primera C” y “Torneo Metropolitano C” la actual “Primera D”. Incluso podría pensarse en consolidar estos torneos en dos categorías, “Metropolitano A” y “Metropolitano B”. Considerando que tienen que viajar mucho menos, tolerarían hasta 24 equipos cada una.

El esquema final sería bastante claro. Tres torneos auténticamente nacionales (Premier, Nacional A y Nacional B) alimentados por dos vías, totalmente simétricas: los Federales y los Metropolitanos.

Entiendo que habría perdedores, todos estaríamos en riesgo. Pero creo que en este rubro soy más partidario del shock que del gradualismo. Estamos destruyendo el fútbol argentino.

Volvamos los visitantes (II)

(Ver tiro libre de Palma y festejo entremezclado en 1:55)

¿Tienen que volver los visitantes?

No, en el sentido que habitualmente se le da a esas palabras. “Sin visitantes” en realidad no quiere decir sin visitantes. Quiere decir: “sin un operativo especial para separar visitantes y locales, operativo que obviamente genera la sensación de que El Otro es tu enemigo, y que por lo tanto permite que vayan los muy violentos, total la policía cuida que no se agredan, aunque no siempre le sale del todo”.

El fútbol argentino no va a dejar de ser violento hasta que no se puedan sentar en el asiento de al lado un hincha de Central y uno de Ñuls, uno de River y uno de Boca. Por supuesto que hay que castigar a los violentos, pero es imposible la no violencia sin cambio cultural. Si El Otro es enemigo, no hay aparato represivo que aguante. ¿Utópico? ¡No! Hace no mucho tiempo en la cancha de Ñuls había una platea en la que se mezclaban hinchas de Central e hinchas de Ñuls.

Tenemos que tener estadios como los de Europa. Los espectadores de fútbol tienen que ser tratados como especatadores: poder comprar su entrada en Ticketek o similar y buscarla sin tener que ir al estadio. (Veo colas hace dos días en cancha de River de gente que va a buscar su entrada: ¿para qué?). Todo el mundo tiene que pagar una entrada, socios (a precio más bajo) y no socios, todo por Internet. Todos tienen que estar sentados: por cinco años, debe frenarse el partido si hay gente parada, como hoy se suspende cuando hay gente colgada en el alambrado. Molesta; puede amedrentar. La demografía en las gradas no tiene que ser diferente a la demografía entre la gente que mira por TV: más niños, más viejos, más mujeres.

Por supuesto, todo esto es mucho más utópico si los dueños de la pelota no tienen ganas de cambiar las cosas. ¿Lo podemos cambiar los hinchas? Quizás. Mi humilde propuesta de acción es que un grupo de hinchas visitantes empecemos a ir de visitante. Camiseta de nuestro club, gorrito del local. Movida mediática: hinchas por la paz. ¿Alguien se prende?

Volvamos los visitantes (I)

Susurro de gol

Decidí el viernes pasado concurrir a Chicago-Central. Raro y bello horario: viernes azul de otroño, 3pm. Hermosas condiciones para remontar esas calles que ahondan el poniente hacia el antiguo barrio “Nueva Chicago”. Algún visionario había bautizado así a ese paraje al que llegaba el ganado de las pampas a partir de 1899, queriendo imitar al Chicago original, el embudo de transporte de la producción agropecuaria en la otra gran pradera fértil del continente. Algún otro, después, decidió que ese nombre era imperialista y lo convirtió en el más brutal “Mataderos”.

El primer tropiezo fue en General Paz, en obra; un desvío hacia territorio bonaersense, pasando por la cancha de Almagro, alargó el viaje más de lo que lo acortó. Pude estacionar el auto en las inmediaciones de la estadio República de Mataderos recién a las 2.45pm. Una buena: no había trapitos; claro, no había demasiados interesados. Una mala: aunque sólo estaba permitido el público local, una serie de vallas policiales taponaban el camino más corto a la cancha. Estaba a 4 cuadras pero debía caminar 9. Apuré el paso.

El primer cordón policial estaba antes de cualquier boletería. “Entradas y credencial en mano”, gritaban los policías.

– Pero no tengo entradas, oficial, ¿dónde saco?

– Ah, no, había que sacar en el Polideportivo, pero creo que se iban a las 15 y ya son casi las 15.

– ¿Dónde es el polideportivo?

– Para allá, unas seis cuadras.

Me arremangué. En el otoño el aire es más seco en Buenos Aires. Retiene menos la temperatura: a la mañana puede estar fresco, pero a las 3 puede hacer, casi, calor. Troté en estilo de corredor descalzo, acariciando el suelo con la parte más ancha del pie. Me perdí. Llegué al mercado de Mataderos, donde se hace la feria los fines de semana. Pregunté. Un poco más allá estaba el Polideportivo, sólo reconocible por los colores verde y negro. Entré por una puertita a una edificación modesta. Había algo parecido a una boletería, pero vacía. Un señor limpiaba una oficina contigua y le pregunté por la venta de entradas: “No, flaco, era hasta las 14, se fueron hace rato”.

Ya eran las 15.05, ya estaría desparramando su magia de pases por la grama Gustavo Colman, el jugador más preciso del fútbol argentino.

Corrí de vuelta, ya transpirado, hasta el cordón policial. Les expliqué que venía desde el Chaco para ver el partido, que nadie me había avisado que las entradas se sacaban en el Polideportivo hasta las 14. “Si querés pasá, pero en el otro cordón policial no te van a dejar pasar”.

Tuvieron razón. En el segundo cordón policial había un operativo mixto de policías y (creo) guardias de seguridad privada, con chalecos amarillo fosforescente. Empecé a contarle la misma historia al primero: “Vengo del Chaco, quiero comprar una entrada, ¿no hay manera de comprar una entrada?”.

– “¿Pero vos sos hincha de Chicago?”, me preguntó, aludiendo a la única disposición legal de este mundo que involucra mecanismos interiores del cerebro del Homo Sapiens.

– No, soy neutral.

Sonrió: “Entonces no entrás”. Busqué al jefe: joven, canchero, tenía como barba una franja de un centímetro que hacía todo el recorrido en U de oreja a oreja. Le expliqué de nuevo: “Vengo del Chaco a ver fútbol, sólo quiero comprar una platea, pagar lo que cueste, ¿no puedo? Corrí quince cuadras hasta el Polideportivo y no había”. Me miró risueño. “Le pido que no me mire así, estoy bastante caliente, me vine hasta acá”, dije con el mejor modo. Seguí chamuyándolo por varios minutos, como perrito faldero: insistente, sin malas maneras. “Dale, dejame pasar hasta el estadio a ver si alguien de Chicago me vende una entrada”.

Finalmente accedió. Sólo faltaba una última valla, quizá la más difícil: la entrada al estadio propiamente dicha. Había solamente dos puertas. Consideré las alterativas mientras oía varios “Uuuuuhhhh” desde la cancha (Chicago nos había pateado varios corners en esos primeros minutos, me enteré después). Me pareció más posible la más lejana, como más desierta. Misma historia: “vengo del Chaco, quiero pagar una entrada….”. Me miraban con cara rarísima: aparentemente era infrecuente que una persona quisiera ver un partido de fútbol. “No, pibe, por acá no pasás. Si querés andá a la otra puerta y preguntale al inspector”.

El inspector era un señor viejito, una persona que parecía consciente de no pertenecer a esta época. Estaba recostado sobre una de las barandas que ordenan la entrada de espectadores, casi queriendo dormir una siesta ahí apoyado. Le repetí mi historia. Se compadeció un poco. “Qué va a hacer, yo hace 33 años que trabajo acá, no puedo arriesgarme a dejarte pasar”. Le dije: “Don, en otra época era más fácil entrar a una cancha. Sólo quiero pagar una platea y ver el partido”. Me miró un rato. “Yo no puedo venderte una entrada”. Insistí. Me miró otro rato. Al fin:

– Rubén, dejalo pasar a este.

Unos policías que me habían visto en el cordón anterior lo celebraron. Me dijeron “Nosotros le habíamos dicho al jefe que te dejara pasar” (se referían al señor de la barba de un centímetro). Corrí hasta las gradas. Subí varios escalones porque me gusta ver el fútbol desde cierta altura. Era una cabecera bastante tranquila, la barra estaba en una lateral; la platea “Paulino Niembro”, a mi izquierda. Un tipo de mi edad con aspecto de asesor del Frepaso tenía un libro de filosofía política y mascullaba en silencio su frustración: Chicago es un equipo de jugadores muy malos.

Al poco tiempo de llegar, el Colmandante empezó a manejar el equipo. El césped se ve muy verde a las tres de la tarde de un día azul de otoño. Un rato después, Marco Ruben hizo el primer gol, allá en el arco de enfrente. No lo grité, claro: estoy acostumbrado a ir de incógnito, a que ante un gol de Central (tampoco son tantos) uno sólo puede saltar y con los brazos abiertos insultar al aire, como si fuera de bronca.

(contiunará)

La Hipótesis Messi

Juegue, niño, juegue

El Barcelona de Guardiola fue, probablemente, el mejor equipo de todos los tiempos. Claro que le puede surgir una competencia: el Barcelona de Luis Enrique. Hace unos años escribimos:

Guardiola y Messi: siempre creí que la revolución del Barça dependió mucho de esa combinación. El juego de Guardiola tiene mucho más sentido con Messi, y la productividad de Messi gana mucho con el juego del Barça. Messi le da a Guardiola la seguridad de que el Juego de la Paciencia tiene una luz al final de ese túnel hermoso, que es el momento en que Messi arriesga la pelota. Y Messi con el juego del Barça sabe que puede elegir qué pelota arriesgar; le llegan doscientas por partido, pero sabe que no tiene que arriesgar todas, sino elegir las las diez o veinte mejores.

El fútbol es un problema científico inescrutable, casi como la economía u otras ciencias sociales. Hay muchas variables, todas se mueven, es prácticamente imposible testear una hipótesis porque es prácticamente imposible diseñar un “experimento controlado” (digo prácticamente porque en algunas ramas –no en la macro– la economía diseña algo parecido a experimentos). ¿Era Guardiola la causa principal del glorioso Barcelona? ¿Era Messi? ¿Eran Xavi e Iniesta? ¿Era el juego asociado que también practicó Del Bosque?

En el párrafo que autocité dije “Messi y Guardiola”. Hoy quizás matizaría y diría solamente “Messi y El Juego de la Paciencia”. Tengo dudas sobre quién inventó eso de no arriesgar la pelota nunca jamás. No creo, como dicen algunos, “lo inventaron los holandeses en los 70s”. Miren la final del 74, nada que ver con paciencia. Todos centros al área.

Quizás un antecedente mucho más cercano en el tiempo es la Argentina de Pekerman/Riquelme en 2006, aunque no pudo o no quiso hacerlo contra rivales como México o Alemania. Ciertamente, España jugó El Juego de la Paciencia en el mundial 2010. ¿Lo jugó también en la Euro 2008, antes de que Guardiola lo aplicara en el Barça? No lo recuerdo. La España de Del Bosque era tan fundamentalista como el Barça con la tenencia. Por supuesto, la diferencia entre España y Barcelona era enorme: Messi. España ganó sus tres torneos (2008, 2010, 2012) dependiendo de penales; en la Copa 2010 perdió con Suiza y pudo quedar afuera con Paraguay. Fue el campeón con menos goles en la historia de los mundiales (8). Pero su juego de la paciencia le alcanzó para dominar a Alemania y Holanda.

Lo cierto es que últimamente tenemos algo parecido a un experimento controlado. Con algún matiz, el Barça de Luis Enrique sigue jugando a la tenencia. Guardiola no está más, pero no importa. La Hipótesis Guardiola es popperianamente rechazada, aunque no el objeto que inventó o contribuyó a inventar: el Juego de la Paciencia. El rechazo a la Hipótesis XavIniesta (recuerdo que había gente que decía “Messi juega así por Xavi e Iniesta”) es por el ridículo: el técnico Luis Enrique tiene como regla no escrita: “Que jamás jueguen juntos Xavi e Iniesta”. Es como si en cada partido el técnico quisiera demostrar lo innecesaria que es esa combinación para que el Barcelona juegue bien. Lo logra con creces.

La Hipótesis Messi, por sí sola, tampoco explica todo. El otro equipo de Messi (la selección) no juegó ni remotamente tan bien como el Barça. No jugó nunca El Juego de la Paciencia, por falta de pericia o por decisión. Más aún: la Argentina de Sabella decidió jugar los dos partidos más importantes de los últimos 25 años (y una parte del partido con Bélgica) cediéndole la pelota al rival. Es posible que con la cantidad de jugadores lesionados fuera difícil intentar la tenencia contra Alemania. Pero también es cierto que aun si hubiera tenido a su disposición a esos jugadores, Sabella no es un amante de la tenencia.

Modifico entonces levemente mi hipóesis de hace dos o tres años. Para que un equipo sea el mejor de la historia tiene que tener estos dos condimentos: tenencia infinita (con 10 jugadores buenos para practicarla) y un chico que se llama Lionel Messi.

Futbol Para Todos Los Días

Fútbol de dioses

Discurrimos largamente con el colega Dr Pangloss sobre los motivos últimos del ridículo Torneo de 30 Equipos. Que, además, acaba de acentuar su ridiculez. Ahora habrá, aparentemente: un año (2015) con 30 equipos, torneo anual, con dos descensos y dos ascensos; un semestre con 30 equipos, con tres descensos y un ascenso, en el otoño 2016; de allí en más, por varios años un torneo anual de 30 equipos y calendario europeo con cuatro descensos y dos ascensos. El número de equipos irá bajando gradualmente: 28 en la 2015-16, 26 en la 2014-2015… esa es la situación hasta ahora, pero quizás se arrepienten.

¿Era, realmente, una idea de Grondona? ¿No habrá sido una idea de los financiadores de la AFA, es decir, el gobierno nacional? En las últimas decisiones, el gobierno parece haber influido y mucho. ¿No será que el gobierno en realidad es, fue y será el principal promotor del Torneo de 30? Hay dos beneficios claros para el gobierno.

En primer lugar, más publicidad “gratis” de alto impacto. ¿Cómo se reparten 15 partidos en un fin de semana? Un formato posible: arrancar el jueves a la noche, como vermucito, con un equipo mediano, un Vélez o Estudiantes; viernes temprano, tipo 19, un partido flojo, un Rafaela-Temperley, para pocos. Mucho niño enfermito de fútbol con el cerebro listo para una sesión de lavado. Después, a las 21hs, un plato más fuerte.

Ya estás cansado de ver fútbol y todavía faltan 12 partidos. Que podrían ser, por ejemplo: 5 el sábado, en los horarios de 15, 17, 19 y 21, con alguno simultáneo; y lo mismo el domingo. Todavía quedará lugar para más fútbol (y propaganda) como postre del día lunes. (Que a veces te da sorpresas agradables, como el 4-2 de Arsenal a Ñuls). Cinco días consecutivos taladrando con mensajes de todo tipo; prepárense, por ejemplo, para ver muchos Trenes de Randazzo.

Otro beneficio: espacio publicitario para gobernadores e intendentes de regiones con equipos que ascienden, o bien del Nacional a la Primera o bien del Torneo Argentino al Nacional. Por ejemplo: con la tabla de hoy se sumarían a la primera división las provincias de Jujuy (672 mil habitantes), Tucumán (1,4 millones), San Juan (681 mil), Misiones (1,1 millones). Además, las ciudades de Santa Fe (368 mil), Mar del Plata (593 mil) y Junín (82 mil).

En otras palabras, el Futbol Para Todos (Los Días) y Todas (Las Provincias) gana tiempo de pantalla y probablemente penetración geográfica. ¿Pierden los hinchas de River o Boca? El torneo es un poco más aburrido, pero nos acostumbramos a todo. La gente ve con el mismo entusiasmo el River de Sánchez, Mora y Teo que el de Orteguita, Gallardo y Crespo. Ve tantos minutos al Boca de la mejor defensa de la historia (Ibarra, Bermúdez, Samuel, Arruabarrena) como al más discreto de la actualidad.

Yo puedo imaginarme a mí mismo, tanquilamente, mirando una pantalla con un videograph de “Magnetto tiene empresas sin declarar en la IGJ”, unos jugadores celestes contra unos amarillos, todos revoleándola de un lado a otro, y un cartelito con el resultado: TEM 0 CRU 0.

El torneo más ridículo del planeta

Oh, ahora la idea es volver a un torneo de 20 equipos, y para ello tendremos luego de este torneo de 20, un año (2015) de 30 equipos, y después volvemos a los 20. Increíble.

Volver a los 20 es imperioso; cualquier cosa, incluso este mamarracho de jugar 2015 y sólo 2015 con 30 equipos y después volver a 20, es mejor que seguir con 30 para siempre. El problema a resolver no es fácil: hay “derechos adquiridos” porque los del Nacional B invirtieron dinero por la posibilidad mayor de ascender. Pero tampoco puede ponerse en tanto riesgo de perder la categoría a los de la A (un tercio de probabilidad de descenso) simplemente por el capricho de un señor senil que ya no está con nosotros.

Se me ocurre que una posibilidad es definir los diez descensos de 2015 de un modo que realmente premiara a los que tengan buena campaña en este Nacional B y la mantuvieran en 2015 en Primera; pero que los que entraran en la A gracias al capricho de Grondona tuvieran que hacer mayores méritos para mantenerse en Primera.

Por ejemplo: podría incluirse en el promedio de 2015, que definiría los descensos a finales de ese año, a los partidos jugados por los 30 equipos en las dos categorías, A y B, pero con una corrección que dé más peso a los puntos obtenidos en la A. Por ejemplo: los puntos obtenidos en la B durante 2014 podrían tomarse a un 70% para definir el promedio de 2015. De modo que un equipo al que le va muy bien en el Nacional de este año y asciende merecidamente, con 2 puntos de promedio, se le compute el 2do semestre de 2014 como habiendo tenido en la A un promedio de 1,4 puntos (70% de 2). Pero que uno ascendido simplemente por salir 5to de 11 en su zona del Nacional B, con un promedio de 1,5 supongamos, inicie en 2015 el Torneo de Locos con un promedio de 1,05.

De ese modo todos entrarían con posibilidades de mantenrse en la A, pero para los que ascendieron por la ventana sería algo más difícil: Colón ahora, por ejemplo, tiene 11 puntos en 7 partidos en el Nacional B, y eso le alcanza para ascender. Sería justo que pagara ese privilegio teniendo que sumar mayores méritos que otros para mantenerse en Primera.

Messi: “cuando gane el mundial hablamos”

Me llegan estas conmovidas palabras de don Federico Safdie, tan messiánico como el autor de esta página. Cut and paste:

Los Messiánicos de la primera hora siempre tuvimos una extraña necesidad de defender al mejor jugador del mundo ante los, si se quiere llamar asi, ‘Anti-Messi’, tal vez por las desmedidas e injustas críticas recibidas que nos hacían quererlo aún más. Que en el Barcelona juega con los mejores, que en la selección no juega como en el Barcelona, que es mas español que argentino y otras frases hechas que él solito fue haciendo pedazos sábado a sábado, temporada a temporada, récord a récord. Al no tener más argumentos para discutirlo (hasta se le criticó que no canta el himno!) siempre se cae en el mismo lugar común: Maradona es mejor que Messi.

Es el dedo en la llaga que utilizan los Anti-Messi como motivo de desprestigio a Lio, cosa que por lo menos a mi me irrita demasiado. Durante mucho tiempo discutía esta premisa, no por estar seguro de opinar lo contrario, si no que por ese extraño sentimiento de que el humilde y callado Leo necesitaba que alguien lo defienda. Cuando te critican algo que querés, lo defendés como si lo quisieras el doble, más todavía si encima te parece excesiva e injusta la crítica. Muchas veces sin darme cuenta, con tal de bancarlo ante esa raza que estuvo a punto de extinguirse el domingo pasado, terminaba hasta desmereciendo en algún punto a Diego. Entraba en ese juego que te imponen ellos; el de tener que elegir. Y elegía al más indefenso, al contemporáneo.

Después del mundial, el cual estaba convencido que ganábamos y lo deseaba sobre todo por Lio, escuché muchas cosas. Entre otras, volvio a resonar esa frase que se estaban guardando por si Argentina tropezaba: Maradona es mejor que Messi. Al principio me mordí la lengua y recordé lo que me dijo un amigo que también lo sigue desde que era la segunda guitarra de Ronaldinho, “yo ya no les contesto más”. Pero es más fuerte que yo y nuevamente me vi tratando de hacerle ver lo obvio a alguien que no quiere ni puede verlo, el pedazo de mundial que hizo el enano. Pero te lo llevan a ese terreno, el de la permanente comparación con Maradona y cuando me di cuenta, en mi afán de defender a la Pulga, nuevamente estaba criticando o desmereciendo a Diego.

Lo que me terminó de llamar la atención luego de esta copa del mundo, es esta comparación entre, para mi, los dos jugadores más espectaculares de la historia del futbol. Antes de entrar en el análisis del estereotipo de esta discusión, cabe aclarar que el término “mejor” es muy subjetivo en cuanto a dos jugadores de fútbol se refiere, y que yo no me creo capaz de dar un veredicto si es que lo hay, ya que vi más del 90% de los partidos que jugó Messi y no vi ni un solo partido completo de Maradona. Tampoco es el objetivo. Lo que más me llama la atención sobre esta discusión es cómo se les da más o menos valor a ciertos argumentos o estadísticas dependiendo si juegan en contra o a favor. Imaginemos una situación de las que se repiten tanto, podria ser en un bar, en una oficina o en una cena familiar.

Están pasando jugadas de Messi en la tele y su fanático se vuelve loco con esos compilados que te dejan con la boca abierta, “mirá, en dos finales de champions la metió y fue figura, goles de todos los colores contra todos”. El Maradoniano, como si no estuviera al tanto de que le convirtió a los mejores equipos del mundo o que es el máximo anotador de los clásicos contra el Real Madrid dice: “Lo que pasa es que juega contra equipos de cuarta todos los sábados, y los defensores no lo marcan, vos sabes cómo le pegaban a Diego? Jugó un mundial con el tobillo así (haciendo gestos de una pelota con las manos)”. El Messista pide que no se mida el nivel futbolístico según cuánto le pegan, pero opina que a la Pulga también le cometen faltas constantemente y él siempre intenta seguir jugando. “Ahora el fútbol es mucho mas parejo y competitivo, se destaca en una época donde es mucho mas difícil hacerlo, con la globalización, los nuevos métodos de entrenamiento, la hiper profesionalización; hoy el arquero de la selección de Costa Rica juega en el futbol español”. El defensor de Maradona rezonga “qué parejo ni parejo si hace 10 años que solo salen campeón Real Madrid o Barcelona y le hacen de a 5 a todos los demás”.

En la tele se ven los goles contra el Santos de Neymar en la final del mundial de clubes, uno de los partidos más brillantes del ciclo Pep, una clase de fútbol. No se puede resistir y lanza un grito de orgasmo, señalándole al otro la tv como si no haría falta hablar, a lo que el Maradoniano repite una frase tan hecha como errónea: “Mirá, juega en el mejor equipo del mundo y tal vez de la historia, con todos monstruos, me ponés a mí y también la rompo, sacale a Xavi e Iniesta a ver qué hace. El Diego lo sacó campeón al Napoli él sólo”. El Messista escuchó tantas veces esto que ya tiene la respuesta armada: “Primero, si el Barcelona es uno de los mejores equipos de la historia es gracias a él. Messi no depende del Barcelona ni de Xavi o Iniesta, en todo caso es al revés. Segundo, en el Napoli no jugaba sólo y ganó un par de títulos, Messi ganó tres champions! Y todo lo que jugó, encima siempre como goleador y figura”. “Un par de títulos? Con el Na-po-li hermano! Además Messi no ganó todo lo que jugó” escucha el Messista y ya sabe lo que se viene.

Sabía que en algún momento iba a llegar. Y llegó. El Maradoniano cuestiona siempre, y más por estas horas, que Messi no ganó un mundial. Como si fuese un certificado al estilo ISO 9001. Y ahí se abren varios debates. El Messista, convencido que el balón de oro fue un premio doloroso pero merecido, chicanea que con ese criterio Garré es mejor que Cruyff y responde que Leo llevó a la selección a la final él sólo, haciendo un gran campeonato y que por 10 cm de diferencia hoy estaríamos festejando. A su vez retruca que la diferencia fue que en el Azteca Valdano y Burruchaga la metieron mientras que en el Maracaná Higuain y Palacio no. Que Messi no contó con la compañía que Diego tuvo, que además de sus 5 goles, Valdano marcó 4 y Burru 2, mientras que salvo los 4 de Lio, nadie hizo más de uno, con Di Maria lesionado, Pipa errático y Kun en muy bajo nivel. No sólo eso, si no que los cambios tácticos y de nombres en virtud de solidificar el equipo, sacrificaron en gran medida las posibilidades de Messi, que jugó a 50 mts del arco y con muy pocas opciones de pase o distracción.

El Maradoniano dice que prácticamente no jugó contra nadie y el Messista sin mencionar el rival de cuartos y la importancia de dicho partido, le recuerda octavos contra un Uruguay que se había comido 6 con Dinamarca, semis contra Belgica y final contra una Alemania mucho inferior a la actual, que pasó por penales con Mexico y le había ganado raspando con un gol de tiro libre sobre la hora a Marruecos. El defensor del Die omite el 7-1 a Brasil pero le recuerda que para el caso, esta Alemania pudo haber sido eliminada por Argelia y recién le pudo ganar en el alargue. Además, no se le escapa y aclara que “todo lo que quieras con los demás rivales o los goles de sus compañeros pero cuando había que aparecer apareció y él sólo le ganó a Inglaterra y le hizo el mejor gol de los mundiales, y Messi?”. “Dejate de joder, sabes que era imposible que haga uno así, con once tipos que entraban a la cancha para evitar que él juegue como única tarea”. Y también agrega: “Si Messi hubiese aparecido antes que Maradona dirían que es mejor, le juega en contra la comparación. Con Diego no son parciales porque fue el mayor responsable de la máxima alegría que tuvimos, y porque es el Diego”.

Después de un largo rato más de discusión, en donde se debate entre otras cosas por la diferencia de personalidad y de imagen como ícono representativo nacional, termina como cada una de estas discusiones: “Me da pena que no lo puedas disfrutar, a vos que te gustan los números solo mirá las estadísticas y te vas a dar cuenta que es de otro planeta, se lo vamos a contar a nuestros nietos”. La respuesta en forma de chicana no se hizo esperar, otra que también había escuchado en reiteradas ocasiones; “Cuando gane un mundial hablamos”. Messi ya ganó el suyo.

Desagravio a Lionel Messi

¡Perdón Lionel! Fuiste calificado con un 4 por este diario en la final del mundo. Quería mostrarte cómo jugaste la final, y decirte que para mí tuviste una gran final. Nadie que no sea un enano con el número 10 en la albiceleste y apellido empezado en M jugó tan bien al fútbol. Y no sé si alguien jugó alguna vez una final del mundo tan buena. Quizás Zidane en el 98.

Sí, ya sé, si en vez de rematar con un ángulo de 43°54’28” esa que tuviste contra Neuer lo hacías a 43°54’24′ éramos campeones del mundo y por esos cuatro segundos de diferencia te ponían un 9 o 10 en éste y otros medios. Lo lamento yo, lo lamentamos todos, lo lamentás vos más que nadie. Pero es así: la vida te dio mucho pero te retaceó ese soplido de suerte en el instante supremo.

No te preocupes. Te queremos igual. Más que nunca.

Allí estaremos en Rusia. Ganando o perdiendo, todavía tenés mucha belleza para dar.