El que copia y no convida tiene un sapo en la barriga

Nos parece bien, Steve nuestro que estás en los cielos, que te hayas copiado los diseños de Braun:

Lo que nos molesta es que tu empresa no deje que las demás se copien. Que otra empresa tenga que pagar más de 1000 millones de dólares por “inspirarse” en los productos Apple, esa empresa tuya que vende a precio monopólico (te provee sus cables, su hardware, su software, su música) y compra a precios bajos a proveedores esclavistas. Recordemos la pésima fama que le quedó a Microsoft por su juicio antimonopólico, cuando todo lo que había hecho era poner el Explorer en el Windows! (“The issue central to the case was whether Microsoft was allowed to bundle its flagship Internet Explorer (IE) web browser software with its Microsoft Windows operating system.”). Al lado de eso, Steve Jobs era un Robber Baron con todas las letras.

Sí, estoy en contra de las patentes en cuestiones de diseño. No, no estoy en contra de todo tipo de patentes en todo momento y en todo lugar. Sólo digo que tienden a exagerarse los beneficios de los monopolios del inventor. Y doy un ejemplo: ¿fueron decisivas las patentes para el mayor evento de la historia económica mundial, esto es, la Revolución Industrial? Acá una lista de cómo les fue a esos grandes inventores de la industria textil  -la industria líder de la Revolución Industrial– con sus patenes (del excelente libro de Gregory Clark A Farewell To Alms):

No leas este libro

O sí, leélo que algo aprendés aunque sus hipótesis sean muy arrojadas. Bloguín sacó una entrevista a Daron Acemoglu, uno de sus autores junto a James Robinson. El libro, “Why Nations Fail?” es la formulación más ambiciosa con que me haya cruzado sobre el carácter decisivo de las “instituciones” (ie., todo el entramado legal que influye sobre la decisiones económicas) sobre el desempeño económico.

La tesis de Acemoglu-Robinson, en dos palabras. Las “instituciones extractivas” son aquellas en las que una élite se beneficia de explotar a los demás, o de que los demás exploten recursos naturales. No genera incentivos generales para la inversión y la innovación. Abarca desde la cultura natufiense en Medio Oriente (quizás la primera en caer del mundo feliz cazador-recolector al de la agricultura, es decir, el amanecer del Neolítico) hasta la Unión Soviética, pasando por la Argentina próspera del medio siglo alrededor de 1900. Justamente sobre ese punto le preguntan a Acemoglu:

- Emplean como ejemplo de economía extractiva a la Argentina de los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, ¿cómo pudo llegar a ser una de las primeras economías del mundo con un modelo que ustedes definen como limitado?
- Catar y los Emiratos Árabes Unidos están hoy entre los países más ricos y son autoritarios, desiguales y ampliamente extractivos. Son ricos gracias a dos factores. El primero fue crear un sistema lo suficientemente estable como para que los económicamente poderosos tuvieran incentivos para seguir creciendo. El segundo factor es el petróleo. La explotación de los recursos naturales es la más sencilla porque se puede hacer sin instituciones inclusivas y repartidas por toda la sociedad.

Las “insituciones extractivas” pueden generar un cierto desarrollo, pero no uno que se sostenga en el tiempo. Sólo las “instituciones inclusivas”, unas que garantizan a todos las posibilidad de propserar, inducen a un crecimiento sostenido. Esta es una tesis para todo: desde por qué la Revolución Industrial empezó en Inglaterra hasta por qué en el siglo XX algunos países se hicieron ricos, otros no tanto y otros (ey, nosotros!) decayeron en términos relativos.

No quiero meterme a discutir todos los problemas que genera una tesis tan simplista. Acá Jared Diamond (cuyo libro es mucho, muchísimo, mejor) les da bastante duro. Doy solamente un ejemplo del riesgo de que un politólogo y un economista se pongan a hablar de historia sin haberla leído mucho: el caso veneciano.

Para Acemoglu-Robinson, Venecia es un caso de éxito en los siglos XI-XIII, y luego un fracaso. OK, puede ser. Explicación: instituciones. Al principio había acceso relativamente equitativo a los puestos clave de decisión política, pero a partir de fines del siglo XIII hay un movimiento para restringir el acceso a familias nobles; en 1315 se oficializa la nobilización del Gran Concilio, cerrando las posibilidades políticas a los nuevos ricos. Acemoglu-Robinson dan los siguientes datos como prueba de la decadencia veneciana:

En 1050, Venecia… tenía una población de 45.000 personas. Este numero creció más de 50%, hasta 70.000, en 1200. Para 1330, la población había crecido nuevamente un 50%, hasta 110.000. Venecia tenía entonces el tamaño de París, y probablemente era tres veces Londres… Pero las instituciones políticas y económicas se volvieron más y más extractivas, y Venecia experimentó una decadencia económica. Para 1500 la población había caído a 100.000 habitantes…

Impresionante.

Pero, momento: ¿no hubo en el medio una cosa llamada Peste Negra? Uh, sí. Y miren lo que pasó con la población de toda Europa:

Ouch. La población de Europa, según la estimación más conservadora de caída, bajó de 80 millones en 1300 a 55 millones en 1500. ¿Pero entonces a Venecia no le fue tan mal hasta el 1500? ¿Pero entonces las “instituciones extractivas” del 1315 no tuvieron efecto sino hasta después del 1500, es decir, como 185 años más tarde? ¿Pero entonces todo esto es una rama de la literatura fantástica?

El puritanismo económico

Me doy cuenta de que en muchas discusiones de políticas públicas existe una reacción que podríamos llamar “puritana” : la idea de que todo lo bueno tiene que costar. La versión de los economistas es la famosa frase de Friedman: “there’s no such thing as a free lunch” (“no exista tal cosa como un almuerzo gratis”).

¡Qué frase célebre más tonta! Creo casi exactamente lo contrario: la vida está llena de posibilidades de que mejoremos todos sin costos. El fútbol gratis es un caso. El keynesianismo en la recesión es otro: sí, puede existir alguna situación en la que el gasto, el lujo y el derroche sean además benéficos para la sociedad.

Es más: si los economistas clásicos (muchos de los cuales tienen intuiciones puritanas) militan en las filas del libre comercio, es en gran parte es porque creen que el comercio es un almuerzo gratis. Puede ser mejor para todos y para cada uno que China se especialice en vendernos medias y nosotros en venderle soja: podemos estar *todos* mejor.

Pero no, la intuición de que una política pública -sobre todo, una que implica mayor intervención estatal- puede mejorar a todos “tiene que estar mal”. Lo bueno tiene que costar. Lo bueno no puede ser del todo bueno. Hay que sufrir un poco en esta vida, si no, no vale. Algo así.

Keynes prefería a Villa Gesell que a Marx

No me pareció mal hablar de Kicillof como “el marxista”. No tengamos miedo de discutir, no estemos más alerta de lo que debemos.

Explico por qué no me parece agresivo. En mi opinión, un adjetivo de carga negativa para el emisor es discriminatoria o injusta si (1) la caracterización sobre el destinatario es falsa (por ejemplo, decirle “nazi” a un conservador o “genocida” a un maoísta que no participó de ningún genocidio) o (2) alude a atributos que no tienen que ver con las opiniones libres e informadas del destinatario. Por ejemplo “el judío Kicillof…” podría ser agresivo si para el emisor “judío” es una característica negativa, o si podemos creer que puede serlo; algo parecido a decir “la gorda Giménez” si en opinión del emisor “gorda” es un atributo negativo (o si creemos que puede serlo). Si me dicen “el liberal Llach” de manera peyorativa no me enojo, porque soy aproximadamente liberal, y porque lo peyorativo está dedicado únicamente a las personas que deciden pensar de esa manera, que precisamente porque creen en esas ideasno tienen por qué ofenderse.

Larga introducción para una perla conocida. El marxista sostuvo ayer por televisión que comulgaba con las ideas de –entre otros– Marx, Keynes y los clásicos. Más aún: sostuvo que Keynes es, en buena medida, un marxista. (¿O es casualidad que este artículo sobre Keynes arranque con una cita a Marx?). Es un combo un poco complicado. Leemos en la Teoría General de John Maynard Keynes:

I believe that the future will learn more from the spirit of Gesell than from that of Marx.

Es un poco difícil creer que Keynes admirara mucho a Marx o creyera en partes significativas de Marx, si colocaba por delante de él a Silvio Gesell. Aún para Keynes, Gesell, padre del fundador de Villa Gesell, era un pensador marginal, aunque con una idea brillante: la idea de emitir dinero cuyo valor nominal cayera con el tiempo, para estimular a la gente a desprenderse de él (gastar) en momentos de depresión económica.

Es una buena noticia que el debate de ideas económicas florezca en la superficie del debate público. Es una pena que lo haga con tantos malentendidos.

 

Cuevana: todo lo bueno es correcto

Me cuentan que irritó mucho a varios abogados que la revista Brando dedicara su tapa a innovadores argentinos entre los que se encontraba el maravilloso sitio Cuevana.

Charlemos de Cuevana.

¿Por dónde empezar? Cuevana, las cuevas. Cuando vivíamos en las cuevas, si alguien cantaba una melodía, y el de al lado la copiaba, el que la había inventado se ponía contento. Nada más humano que crear, nada más humano que sentirse orgulloso de una creación. Las paredes de las cuevas tenían manos pintadas, o mamuts. El que las había pintado las mostraba. No cobraba entrada. Hace poco se descubrió el atelier del primer artista de la humanidad, en las entrañas de Sudáfrica. Qué maravilla.

Después vinieron los bardos, los juglares, los rapsodas. Iban dejando su música y su poesía por los pueblos. La gente los repetía, lloraba o reía con ellos. Después vinieron Bach, Mozart, Beethoven. Componían su música, y luego se tocaba. Qué héroes.

¿Y los libros? Los copiaban los copistas. Después llegó Gutenberg, imprimió muchas biblias. Cualquiera podía tomar el pedazo que quisiera y copiarlo. Era costoso, claro, pero nada lo impedía.

¿Y las ideas? Jesús de Nazareth predicó el amor, Galileo descubrió que la Tierra no era inmóvil, Newton la gravedad, Einstein la relatividad, Gandhi la resistencia pacífica. Lindas ideas. Que yo sepa, no cobraron un mango por todo eso.

Lo que quiero decir es: no me parece que haya ninguna intuición moral capaz de justificar los “derechos” de autor. No quiero decir que no tengan que existir esos derechos; luego vamos a ese punto. Pero la noción ética de que una idea no puede ser copiada es rarísima. Es artificial. Es una novedad de los últimos doscientos años. No hay, quiero decir, una justificación iusnaturalista de los derechos de autor, como si puede haberlo –en algún sentido probablemente anticuado de la palabra iusnaturalismo, que asocia ese término a nociones intuitivas de lo que es justo–  del derecho a la vida, o incluso a la propiedad material. ¿A alguien puede parecerle inmoral que yo me ponga a cantar una canción que hizo otro? ¿Inmoral? No. Puede ser ilegal. Pero discutamos si tiene que ser ilegal.

¿Tienen algún sentido los derechos de autor? Tienen sentido no por una justificación ética; tienen sentido si sus beneficios superan a sus costos. ¿Cuál sería, por ejemplo, la cuenta de costos y beneficios de legalizar definitivamente sitios de Internet que reproducen música? Los beneficios son clarísimos: 7 mil millones de personas pueden acceder gratis a música. ¿Los costos? Quizás nos perdemos alguna música, que deja de crearse por falta de incentivos económicos. ¿Cómo da el costo-beneficio, en términos netos? Creo que da muy a favor. Incluso: da positivo no sólo para la enorme mayoría de los no-músicos, sino incluso también para muchos músicos. Y para los músicos, como explica Mick Jagger, es una vuelta a la normalidad:

it is a massive change and it does alter the fact that people don’t make as much money out of records. But I have a take on that – people only made money out of records for a very, very small time. When The Rolling Stones started out, we didn’t make any money out of records because record companies wouldn’t pay you! They didn’t pay anyone! Then, there was a small period from 1970 to 1997, where people did get paid, and they got paid very handsomely and everyone made money. But now that period has gone. So if you look at the history of recorded music from 1900 to now, there was a 25 year period where artists did very well, but the rest of the time they didn’t.

¿Ha empeorado la música desde que se acabó la posibilidad de venderla masivamente? No lo sé; creo que venía empeorando desde antes, pero eso debe ser porque estoy viejo.

¿Y las películas? Si Cuevana y sus salieris siguen en pie, ¿morirá el cine? No lo creo. En primer lugar: la gente sigue yendo al cine. Mucho. En China la facturación se multiplicó por diez en la década, por dar un ejemplo extremo. En segundo lugar: si efectivamente el cine perdiera espectadores, ¿quién se perjudicaría? Los grandes perjudicados serían quienes ahora se llevan un pedazo muy grande de la torta; y esos no son solamente los estudios sino también los grandes actores. El cine de pochoclo, que seguramente es el que más factura, gasta mucho en sus estrellas. Si cada película pasara a recaudar menos, no dejarían de hacerse películas, incluso películas buenas. Los grandes directores y los grandes actores ganarían menos. Pero no creo que eso tuviera mucho efecto en sus incentivos a trabajar. Los salarios básicos, en cambio, no dependen de la demanda sino del costo de oportunidad: por el bolo en Hollywood te van a seguir pagando lo mismo que si sirvieras café en Beverly Hills.

¿Sufrirá el cine arte/indpendiente/no masivo? Lo dudo. Ese cine rara vez llegaba al video –que es lo que Cuevana copia– o lo hacía en una proporción bastante irrelevante económicamente. Sigue siendo cierto, como era antes de la Era Cuevana, que una película como “El Estudiante” logrará recaudar lo que junte en algunas semanas de exposición en salas.

A cambio de esos pequeños costos sociales (un poquito menos de dinero para los Tom Hanks de este mundo; alguna película independiente cuyo director se tenía fe para juntar grandes royalties en el video y eso le cambia la ecuación), 7 mil millones de personas pueden ver todo el cine de la historia. Gratis. No sé a Vd., pero a mí la cuenta de costo-beneficio me da claramente positiva: Cuevana es bueno. Y si es bueno no puede estar mal.

El 100% de la población es de clase media

Al menos, lo es según su propia evaluación. Un trabajo de Guillermo Cruces, Ricardo Pérez Tuglia y Martín Tetaz, recién comentado en nada menos que el New York Times, muestra que cuando se le pregunta a la gente a qué clase pertenece, la enorme mayoría dice algo parecido a “clase media”. Específicamente: los que están en el primer decil de la distribución del ingreso (es decir, el 10% más pobre de la población) creen que están aproximadamente en el cuarto decil; y los que están en el décimo (el 10% más rico) creen que están en el sexto. Eso es, en cristiano, lo que dice este gráfico:

clase media cruces

¿Por qué será? La explicación más natural es que uno se compara con los que tiene alrededor. Y si uno se relaciona con gente “aproximadamente” de su nivel social, se relacionará con alguna gente más rica y alguna gente más pobre. Uno estará, aproximadamente, en la mitad de la distribución del ingreso entre las personas que uno conoce.

Todo eso me hace acordar a mi abuelo materno, que era muy rico. Un día empezó a listar lo que para él era la clasificación más útil de las clases sociales, de arriba hacia abajo. Ya había listado como seis o siete y todavía iba por “clase media alta”. Ahí se dio cuenta de que su operación no tenía sentido — uno tiende a mirar con lupa lo que lo rodea, y a amontonar todo lo demás en un brumoso “resto”.

Keynes vs. Hayek, segundo round

Se me pierden algunas frases en ese idioma, pero está bueno. Me gustan mucho los nombres en las robes de los entrenadores.

Nuestro libro es un papelón, ¿o no?

Cuando escribimos Macroeconomía Argentina junto a Miguel Braun, se nos ocurrió poner como ejemplo de un impacto que genera una depreciación de la moneda del país un tsunami. El de 2004. Y ahora viene un tsunami a Japón y ¿qué pasa? En lugar de depreciarse, el yen se aprecia. Chan. ¿Cuál era la lógica detrás de la idea de que una catástrofe natural deprecia tu moneda? ¿Y qué estaba mal o no es aplicable al caso japonés?

Respuesta nerd: esencialmente, qué pase con el tipo de cambio real en el corto plazo depende de qué pase con la demanda. Si la demanda general de la economía sube, el país se hace más caro, y el Banco Central elige si será vía precios o vía una apreciación nominal. El principio es sencillo, y es más fácil pensarlo con tipo de cambio fijo: boom de demanda es más expansión de la demanda de trabajo, más salarios y niveles de precios más altos en los productos que no tienen precio internacional. El país se hizo más caro. El Banco Central podría contrapesar este efecto inflacionario dejando que la mayor demanda por dinero –resultante del mayor nivel de transacciones– aprecie en términos nominales la moneda.

Un tsunami tiene dos tipos de efectos sobre la demanda. En primer lugar: mucha gente afectada acaba siendo más pobre. Perdió su casa, se le arruinaron cosas, quizás no puede trabajar. Esto tira la demanda para abajo. Pero un segundo efecto sobre la demanda tiene que ver con la reconstrucción: en un país al que acaba de destruírsele infraestructura posiblemente va a aumentar la inversión pública durante un tiempo. Y si sos tan eficiente como los japoneses, eso va a pasar bastante rápido. Fíjense lo que hicieron:

japon

No creáis en toda esa historia de “entran los fondos para la reconstrucción”. En el mercado cambiario la expectativa es todo. La expectativa de una política fiscal expansiva que contrarreste con creces la caída de la demanda privada implicará inflación si no pasa nada con el precio del yen. Si todo el mundo sabe que Japón no querrá tener inflación, todo el mundo sabe que Japón necesita una yen más apreciado para evitar un salto inflacionario. Pero las noticias acerca del precio futuro del yen impactan hoy: es negocio comprar yenes. El yen sube.

EX-POST, aún más nerd: se me ocurrió una manera de explicar por qué está mal razonar nuestro mercado de cambios como resultado de la oferta y demanda de corriente de dólares: la idea típica de “entran los dólares de la soja, baja el dólar”. Aquí va, para el que tenga ganas. Los dólares son un stock, no son un flujo. Esto es: los dólares que se compran y venden hoy siguen estando en el mercado; y no todos los dólares que están en el mercado (los 150 mil millones que tenemos los argentinos) se compran y venden hoy. Es como las casas: el stock de casas, la “oferta” de casas, no son las que se están comprando y vendiendo hoy. Son todas las casas que hay. Imagínense que hay 10 millones de casas, pero que cada mes se negocian 10 mil. Si uno pudiera analizar el mercado de casas como un resultado de los flujos de oferta y demanda, la inmigración de 10 mil japoneses que buscan casas aquí huyendo del tsunami debería tener un efecto monstruoso en el mercado de casas: de un “mercado” de 10 mil, la demanda sube otros 10 mil. Pero sabemos que no es así. Sabemos que la oferta de casas no es la cantidad de transacciones de casas en un determinado período: es todo el stock de casas existentes.

En otras palabras: está muy mal analizar el precio de un stock como el resultado de la voluntad de transacciones en un determinado período. Error grave, que cometen el 90% de nuestros economistas. No: el precio del dólar, el tipo de cambio, es en realidad el precio de nuestra moneda, dicho al revés. Nuestro peso vale hoy 24 centavos de dólar. Si de repente queremos tener más pesos (más demanda) subirá su precio, a 25, 26 o 27 centavos; si de repente el Banco Central imprime más, bajará el precio de nuestra moneda, a 22 o 20 centavos de dólar (dólar de 5 pesos). Todas las variaciones en el tipo de cambio resultan de cambios en la oferta o en la demanda de nuestra moneda. ¿Pero no es cierto que si sube la soja se aprecia nuestra moneda? Claro que sí: si sube la soja, y creemos que el Banco Central no aumentará la oferta de pesos, el precio esperado para el futuro del dólar será más bajo, porque el mayor nivel de riqueza y de actividad implicará más demanda de dinero a futuro, y un precio menor del dólar (salvo que creamos que el Banco Central va a evitar esa baja). Pero si creemos que el dólar valdrá menos en el futuro –en realidad: que el peso valdrá más, medido en dólares– querremos más pesos hoy: sube la demanda de dinero, baja el tipo de cambio. Antes de que entre ningún dólar por la soja.

Lo sé, es complicado: pero es complicado porque es complicado.

Moreno es venezolano, no colombiano

No me refiero a Giovanni Moreno, sino a su tocayo Guillermo. Este es un cartel que podría poner en el Mercado Central o en aquel camión que iba por el GBA vendiendo merluza. Fue visto en la estatal “Mercado del Bicentenario” en Venezuela:

precios venezuela

“Parecemos Cuba”

Me acabo de dar cuenta de que mi post anterior –socialización de ganancias– versa sobre el tema “Parecemos Cuba” y el anterior a ese sugiere que Cuba no se parece a Cuba, porque echan 500 mil empleados públicos.

Cuba’s on my mind.

Mi pregunta –y va sólo como pregunta– es una vieja idea que me dio vueltas cada vez que fui a Cuba y con la que en algún momento fantaseó nuestro Carlos Pellegrini: ¿cómo sería una economía que llevara al extremo la socialización de las ganancias, a saber: hay libertad para formar empresas, no existe el salario y todos los beneficios se reparten entre todos los trabajadores de la empresa? Primero pensémoslo sin capital, o suponiendo que todos empiezan con el mismo capital y –supuesto clave– el mismo capital humano. Desde luego, con el correr del tiempo aparecen la desigualdad y sus problemas. Pero dejemos eso para un episodio 2.

¿Es viable? Mi intuición es que es mucho mejor que la situación actual de Cuba (“todo es de todos”, es decir, nada es de nadie) pero que hay algún problema con la creación de empleo. Si no me equivoco, cada empresa va a contratar trabajadores hasta que la productividad media sea máxima, ya que allí es máximo el beneficio por trabajador-accionista (que es todo lo que recibe cada trabajador; llamémoslo bonus). ¿Qué pasa si a ese nivel de bonus hay gente que quiere trabajar pero las empresas no quieren contratarlos? En la economía capitalista, cuando ocurre eso teóricamente bajan los salarios hasta eliminar el desempleo. Con un optimismo similar podría decirse que habría incentivos para que se armen empresas idénticas a las existentes pero cobrando precios menores y bonus menores. En otras palabras: el ajuste ante el desempleo es una caída en el bonus.

Obviamente todo se complica cuando se incorporan distintas habilidades: si es obligación pagar a todos el mismo bonus, muchos quedan desempleados, o algo por el estilo. Tiene que aparecer entonces una compensación por productividad diferencial. Llamémosla salarios. Vale pagar salarios, pero los beneficios hay que repartirlos de manera igual entre todos los trabajadores. ¿Podría funcionar? Creo que se llama cooperativismo.