El 100% de la población es de clase media

Al menos, lo es según su propia evaluación. Un trabajo de Guillermo Cruces, Ricardo Pérez Tuglia y Martín Tetaz, recién comentado en nada menos que el New York Times, muestra que cuando se le pregunta a la gente a qué clase pertenece, la enorme mayoría dice algo parecido a “clase media”. Específicamente: los que están en el primer decil de la distribución del ingreso (es decir, el 10% más pobre de la población) creen que están aproximadamente en el cuarto decil; y los que están en el décimo (el 10% más rico) creen que están en el sexto. Eso es, en cristiano, lo que dice este gráfico:

clase media cruces

¿Por qué será? La explicación más natural es que uno se compara con los que tiene alrededor. Y si uno se relaciona con gente “aproximadamente” de su nivel social, se relacionará con alguna gente más rica y alguna gente más pobre. Uno estará, aproximadamente, en la mitad de la distribución del ingreso entre las personas que uno conoce.

Todo eso me hace acordar a mi abuelo materno, que era muy rico. Un día empezó a listar lo que para él era la clasificación más útil de las clases sociales, de arriba hacia abajo. Ya había listado como seis o siete y todavía iba por “clase media alta”. Ahí se dio cuenta de que su operación no tenía sentido — uno tiende a mirar con lupa lo que lo rodea, y a amontonar todo lo demás en un brumoso “resto”.

Keynes vs. Hayek, segundo round

Se me pierden algunas frases en ese idioma, pero está bueno. Me gustan mucho los nombres en las robes de los entrenadores.

Nuestro libro es un papelón, ¿o no?

Cuando escribimos Macroeconomía Argentina junto a Miguel Braun, se nos ocurrió poner como ejemplo de un impacto que genera una depreciación de la moneda del país un tsunami. El de 2004. Y ahora viene un tsunami a Japón y ¿qué pasa? En lugar de depreciarse, el yen se aprecia. Chan. ¿Cuál era la lógica detrás de la idea de que una catástrofe natural deprecia tu moneda? ¿Y qué estaba mal o no es aplicable al caso japonés?

Respuesta nerd: esencialmente, qué pase con el tipo de cambio real en el corto plazo depende de qué pase con la demanda. Si la demanda general de la economía sube, el país se hace más caro, y el Banco Central elige si será vía precios o vía una apreciación nominal. El principio es sencillo, y es más fácil pensarlo con tipo de cambio fijo: boom de demanda es más expansión de la demanda de trabajo, más salarios y niveles de precios más altos en los productos que no tienen precio internacional. El país se hizo más caro. El Banco Central podría contrapesar este efecto inflacionario dejando que la mayor demanda por dinero –resultante del mayor nivel de transacciones– aprecie en términos nominales la moneda.

Un tsunami tiene dos tipos de efectos sobre la demanda. En primer lugar: mucha gente afectada acaba siendo más pobre. Perdió su casa, se le arruinaron cosas, quizás no puede trabajar. Esto tira la demanda para abajo. Pero un segundo efecto sobre la demanda tiene que ver con la reconstrucción: en un país al que acaba de destruírsele infraestructura posiblemente va a aumentar la inversión pública durante un tiempo. Y si sos tan eficiente como los japoneses, eso va a pasar bastante rápido. Fíjense lo que hicieron:

japon

No creáis en toda esa historia de “entran los fondos para la reconstrucción”. En el mercado cambiario la expectativa es todo. La expectativa de una política fiscal expansiva que contrarreste con creces la caída de la demanda privada implicará inflación si no pasa nada con el precio del yen. Si todo el mundo sabe que Japón no querrá tener inflación, todo el mundo sabe que Japón necesita una yen más apreciado para evitar un salto inflacionario. Pero las noticias acerca del precio futuro del yen impactan hoy: es negocio comprar yenes. El yen sube.

EX-POST, aún más nerd: se me ocurrió una manera de explicar por qué está mal razonar nuestro mercado de cambios como resultado de la oferta y demanda de corriente de dólares: la idea típica de “entran los dólares de la soja, baja el dólar”. Aquí va, para el que tenga ganas. Los dólares son un stock, no son un flujo. Esto es: los dólares que se compran y venden hoy siguen estando en el mercado; y no todos los dólares que están en el mercado (los 150 mil millones que tenemos los argentinos) se compran y venden hoy. Es como las casas: el stock de casas, la “oferta” de casas, no son las que se están comprando y vendiendo hoy. Son todas las casas que hay. Imagínense que hay 10 millones de casas, pero que cada mes se negocian 10 mil. Si uno pudiera analizar el mercado de casas como un resultado de los flujos de oferta y demanda, la inmigración de 10 mil japoneses que buscan casas aquí huyendo del tsunami debería tener un efecto monstruoso en el mercado de casas: de un “mercado” de 10 mil, la demanda sube otros 10 mil. Pero sabemos que no es así. Sabemos que la oferta de casas no es la cantidad de transacciones de casas en un determinado período: es todo el stock de casas existentes.

En otras palabras: está muy mal analizar el precio de un stock como el resultado de la voluntad de transacciones en un determinado período. Error grave, que cometen el 90% de nuestros economistas. No: el precio del dólar, el tipo de cambio, es en realidad el precio de nuestra moneda, dicho al revés. Nuestro peso vale hoy 24 centavos de dólar. Si de repente queremos tener más pesos (más demanda) subirá su precio, a 25, 26 o 27 centavos; si de repente el Banco Central imprime más, bajará el precio de nuestra moneda, a 22 o 20 centavos de dólar (dólar de 5 pesos). Todas las variaciones en el tipo de cambio resultan de cambios en la oferta o en la demanda de nuestra moneda. ¿Pero no es cierto que si sube la soja se aprecia nuestra moneda? Claro que sí: si sube la soja, y creemos que el Banco Central no aumentará la oferta de pesos, el precio esperado para el futuro del dólar será más bajo, porque el mayor nivel de riqueza y de actividad implicará más demanda de dinero a futuro, y un precio menor del dólar (salvo que creamos que el Banco Central va a evitar esa baja). Pero si creemos que el dólar valdrá menos en el futuro –en realidad: que el peso valdrá más, medido en dólares– querremos más pesos hoy: sube la demanda de dinero, baja el tipo de cambio. Antes de que entre ningún dólar por la soja.

Lo sé, es complicado: pero es complicado porque es complicado.

Moreno es venezolano, no colombiano

No me refiero a Giovanni Moreno, sino a su tocayo Guillermo. Este es un cartel que podría poner en el Mercado Central o en aquel camión que iba por el GBA vendiendo merluza. Fue visto en la estatal “Mercado del Bicentenario” en Venezuela:

precios venezuela

“Parecemos Cuba”

Me acabo de dar cuenta de que mi post anterior –socialización de ganancias– versa sobre el tema “Parecemos Cuba” y el anterior a ese sugiere que Cuba no se parece a Cuba, porque echan 500 mil empleados públicos.

Cuba’s on my mind.

Mi pregunta –y va sólo como pregunta– es una vieja idea que me dio vueltas cada vez que fui a Cuba y con la que en algún momento fantaseó nuestro Carlos Pellegrini: ¿cómo sería una economía que llevara al extremo la socialización de las ganancias, a saber: hay libertad para formar empresas, no existe el salario y todos los beneficios se reparten entre todos los trabajadores de la empresa? Primero pensémoslo sin capital, o suponiendo que todos empiezan con el mismo capital y –supuesto clave– el mismo capital humano. Desde luego, con el correr del tiempo aparecen la desigualdad y sus problemas. Pero dejemos eso para un episodio 2.

¿Es viable? Mi intuición es que es mucho mejor que la situación actual de Cuba (“todo es de todos”, es decir, nada es de nadie) pero que hay algún problema con la creación de empleo. Si no me equivoco, cada empresa va a contratar trabajadores hasta que la productividad media sea máxima, ya que allí es máximo el beneficio por trabajador-accionista (que es todo lo que recibe cada trabajador; llamémoslo bonus). ¿Qué pasa si a ese nivel de bonus hay gente que quiere trabajar pero las empresas no quieren contratarlos? En la economía capitalista, cuando ocurre eso teóricamente bajan los salarios hasta eliminar el desempleo. Con un optimismo similar podría decirse que habría incentivos para que se armen empresas idénticas a las existentes pero cobrando precios menores y bonus menores. En otras palabras: el ajuste ante el desempleo es una caída en el bonus.

Obviamente todo se complica cuando se incorporan distintas habilidades: si es obligación pagar a todos el mismo bonus, muchos quedan desempleados, o algo por el estilo. Tiene que aparecer entonces una compensación por productividad diferencial. Llamémosla salarios. Vale pagar salarios, pero los beneficios hay que repartirlos de manera igual entre todos los trabajadores. ¿Podría funcionar? Creo que se llama cooperativismo.

La venganza de los nerds

Me ridiculizan los comentaristas por sostener que si se reparten las ganancias a los tabajadores y los empresarios consiguen una devaluación compensatoria nadie está mejor que antes y nadie está peor que antes, salvo que ahora una parte del salario es flexible. Va una elaboración nerd:

(1) Bien no transable, mercado en competencia perfecta o similar (peluquero, kiosquero, lavadero de auto, madama, parkin lot). Empresario competitivo = “beneficios normales”. “Normales” comparados con algo: quedarte en tu casa, ser empleado, etcétera. Cuando bajan las ganancias, si la tasa de beneficio anterior era la de “equilibrio”, la de ahora no lo es más. Ergo: con mercados competitivos se ajustan los precios hacia arriba hasta que el beneficio sea “normal”, es decir, igual que antes en términos reales.

(2) Bien transable, sos tomador de precios en el mercado internacional (juguetes, textiles, etcétera): cuando los empresarios se quejan de la rentabilidad no necesariamente están perdiendo, están ganando menos. En este sentido, que te aumenten la repartija a asalariados tiene un efecto muy parecido (no idéntico, pero muy parecido) a que te suban los salarios. La queja va a ser la misma, la devaluación va a ser la misma.

(3) Bien no transable, empresa monopólica u oligopólica (Fibertel, ir a la cancha, etcétera). La demanda depende de los precios nominales del resto de la economía. Los salarios-con-beneficios y los precios del resto de la economía han aumentado –ver (1) y (2)– por lo tanto el viejo precio no puede ser de equilibro. Imaginate que todo lo anterior aumentó 3%. ¿Sería de equilibrio un mismo precio nominal que antes? Evidentemente no: a ese precio anterior hay más demanda que antes, porque (i) los trabajadores de (1) y (2) tienen más plata (y, en términos nominales, los empresarios también) y (ii) ir a la cancha se abarató en comparación con ir al kiosco o comprarte un juguete. Como subió la demanda, el precio de este sector también va a subir. ¿Un precio 3% superior es un equilibrio? Sí: todos los precios relativos son iguales que antes, por lo tanto si la configuración de precios anterior te daba un equilibrio, la nueva, con todo inflado 3%, también lo es.

En otras palabras, mantengo lo dicho en el post: si la repartija de beneficios a los trabajadores está acompañada por una devaluación proporcional, lo único que cambia es que los trabajadores tienen ahora un componente flexible en su salario. ¿Pueden haber subido todos los precios sin que haya emisión monetaria? Claro que hay emisión: devaluar a partir de un equilibrio monetario es decir “voy a emitir lo necesario para que el nuevo tipo de cambio sea de equilibrio”. Va a subir la demanda de dinero por el aumento de precios y sí, al final del camino tenés más dinero circulando.

EX-POST: el razonamiento anterior está bastante bien, pero hay algún problemita. Mañana termino de pensarlo.

Los ladrillos son un stock market

Pequeño diálogo, quizás más ilustrativo que mi larguísimo post transochado, para explicar por qué el mercado inmobiliario tiene que analizarse como un stock –oferta inelástica igual a la cantidad existente, demanda dependiente de flujos futuros– y no como un flujo. (Los economistas que leen esta página pensarán “qué obviedad” y seguirán analizando el mercado de cambios, que es lo mismo, como un mercado de flujos, y reptitiendo cosas como: “entran dólares, baja el tipo de cambio”):

Matías dijo:

Si te ofrecen un peso por tu departamento, ¿lo vendés? ¿Y si te ofrecen tres millones de dólares? Entonces la oferta no es perfectamente inelástica. Si bien es un stock, los oferentes pueden decidir si lo ponen a la venta o no; no necesariamente se ofrece todo el stock.

Lucas dijo:

A un peso demando mi departamento; a tres millones de dólares no lo demando. La diferencia no es sólo semántica: analizarlo como un flujo cuyo equilibrio es la cantidad de transacciones lleva a conclusiones equivocadas. Imaginate que cada mes hay mil transacciones de compraventa. E imaginate que de repente vienen mil inmigrantes que quieren comprar. Con el análisis de flujos, “se duplicó la demanda”, con lo cual debería haber un gran aumento en los precios. Sin embargo, los precios casi no se van a mover. Mil es mucho al lado de mil pero no es nada al lado del millón de propiedades que hay. Por eso el análisis tiene que ser de stock.

 

¿Conviene vender tu depto?

Es la pregunta que le hago a todos los que decían que era obvio que se acababa la convertibilidad: ¿vendiste tu departamento?

Esto a raíz de un informativo post de los Economistas Seriales sobre el mercado inmobiliario en Buenos Aires. El gráfico que despierta mi pregunta está acá:

metrocuadrado

La respuesta probablemente es: sí, conviene. La pregunta es qué hacés con el dinero. La respuesta es que no sabés muy bien, que cualquier inversión de bajísimo riesgo hoy te da muy poca rentabilidad; en realidad, si el riesgo es cero, la rentabilidad es cero. La pregunta entonces es: ¿te conviene vender tu departamento?

Quiero decir: estos precios tienen algo que ver con la baja tasa de interés mundial, como sugiere el post. Y, como surge del análisis que sigue, de la apreciación cambiaria.

Seguir leyendo

Contenidos culturales 1

Libros importados: creo arancel, creo.

Importaciones realizadas por gente que tiene plata para viajar al extranjero: 0% hasta 300 dólares.

Notebooks para niños: gratis, regaladas por el Estado.

Niño se quiere comprar un lector de libros electrónicos a US$ 139, lo que le permitiría acceder instantáneamente a una porción grande y creciente de la cultura universal, pero no puede viajar al exterior porque no le alcanza el dinero: creo que 50% de arancel, y seguramente me quedo corto.

Cómo ahorrarte el 21%

Pagando cash, claro, pero podés perder el 100%. En este caso era para abonar una reforma en una casa, actividad que debe ser negra en un 97%. Ejemplo: ARBA detectó 21,4 millones de metros cuadrados sin declarar. Me estoy volviendo un simpatizante de las salideras. El gobierno debería fomentarlas –sin mucha violencia, claro– para acabar con la evasión impositiva.