Rebelión en la FAUNEN

Compleja situación de UNEN. Ah, ¿pueden sacar la tontería de “FA”? ¿Por qué “Frente Amplio”? ¿Nuestro modelo es el Uruguay? ¿Para que suene como Fauna con tonada germánica? Ah, no, claro, es para señalar que habrá una política frentista, aliándose con los que sea necesario para.. Ah, no, tampoco.

UNEN tiene, entre otros, el siguiente problema: “El macrismo y la UCR avanzan con acuerdos electorales en 11 provincias“. ¿Cómo hacer para contener a esas tropas provinciales, que quieren ganar, y mantener UNEN, si para una parte de UNEN el macrismo es mala palabra? Creo que las opciones son las siguientes, suponiendo que algún tipo de acuerdo provincial termina existiendo:

1) Ruptura: no hay acuerdo para que Macri sea parte de UNEN ni nada por el estilo, de modo que, si hay una PASO de UNEN, no incluye a Macri. Macri es candidato a presidente. Algunos de UNEN se resisten a la resistencia interna a Macri y se van con Macri, incluyendo los candidatos provinciales. Se rompe UNEN. Sus restos tienen una PASO propia, pero la fuerza queda debilitada porque muchos candidatos radicales de las provincias no juegan para UNEN.

2) Acuerdos provinciales sin acuerdo nacional. Entiendo que legalmente los candidatos a puestos provinciales sí pueden ir colgados de más de una boleta presidencial. En este esquema, hay una PASO de UNEN tal como estaba planteada y Macri juega por su lado, cada espacio con sus propios candidatos a legisladores nacionales. Pero para la elección general el ganador de UNEN y Macri llevan los mismos candidatos en los distritos con acuerdo PRO-UNEN.

3) Macri en la PASO de UNEN, es decir: Unión Democrática. Esta es, creo, la hipótesis más favorable a Macri. Macri, con o sin un compañero de fórmula de raíz UNENISTA, compitiendo en la PASO de UNEN. Aunque los actuales UNEN presentaran una sola candidatura (y suena difícil) todo parece indicar, hoy, que Macri ganaría esa PASO, que podría ser la PASO con más votos. Para la elección general no necesariamente retendría todos los votos del PROUNEN, pero seguramente muchos.

Considero que la opción más probable es la número (2), que es la que más se parece al statu quo, siendo que el statu quo ya incluye las negociaciones entre PRO y radicalismo en muchas provincias. Lo creo porque: la (3) parece intolerable para algunos sectores de UNEN y la (1) implica que en algún momento uno de los creadores de UNEN tiene que decidir: “O aceptamos a Macri o se rompe UNEN”. Lilita podría hacerlo; me cuesta más pensar que lo haría Sanz.

Una característica de la opción (2) es que se trata de la menos favorable para Macri: UNEN tiene una PASO relativamente entretenida, y por lo tanto con varios votos, y por lo tanto le quita a Macri votos anti-peronistas que le servirían mucho para llegar al ballotage.

Esas son mis sensaciones hoy sobre el affaire UNEN. Pero pueden cambiar. Todo es muy fluido. Yo soy muy fluido. Como si fuera de UNEN.

UNEN y el dilema de la Gran Coalición

Grosse Frau, Grosse Koalitzion

La encuesta de Poliarquía puede ser leída de dos maneras por el gorilaje espacio no peronista. Una de ellas es que, con 16%, Macri es el único candidato no peronista competitivo; otra es que el “conglomerado de centro izquierda progresista radical-socialista-solanista-you-name-it” suma probablemente más que los 25% de Massa (la versión online le da 9% a Binner, 8% a Cobos, 6% a Carrió, para un total de 23%; pero hay un “Otros” de 15%, y seguramente allí están Alfonsín, Sanz o Solanas, que aparecen con algunos votos en una eventual primaria).

En todo caso: está instalado el debate sobre si el –llamémoslo así– UNEN debería o no juntarse con Macri. Concretamente: si debería haber una primaria con Macri como uno de los contendientes. El motivo es bastante sencillo: tratar de ganar una elección.

Ya que formo parte del gorilaje espacio no peronista, quería dejar constancia de que estoy de acuerdo con lo que parece ser la posición actual de varios líderes de UNEN, incluido Binner: esperar que se aclare el panorma, sin descartar por completo, de momento, esa posibilidad. Uno de mis argumentos para no oponerme a una eventual primaria PRO-UNEN es: pasa en las mejores familias.

Por ejemplo: la Gran Coalición de Alemania, que ya tuvo lugar tres veces durante la presidencia de Merkel y que es aproximadamente lo de acá pero con otro nombre. Demócrata-cristianos y social-demócratas. El macrismo y el UNENismo son más o menos eso, respectivamente (Claro que los unos tendrán un ala estrictamente conservadora y los otros un ala socialista-auténtica, pero eso también pasa en las mejores familias). Es cierto que en Alemania hay un sistema parlamentario, pero no estoy seguro de que nuestro presidencialismo sea un obstáculo insuperable.

Seguramente la pata izquierda (no muy izquierda, okey) de esa coalición, el UNEN, tendrá algún conflicto con su dedo meñique izquierdo, que impugnaría la posibilidad de una coalición con Macri. También eso pasa en Alemania: el Partido de la Izquierda quedó afuera de la coalición. Esa (auto)exclusión se llama (porque está todo inventado) cordon sanitaire.

A la tercera Grosse Koalitzion con Merkel como canciller, iniciada hace unos meses, se la apodó cariñosamente GroKo. Groko fue votada “palabra alemana del año” en 2013.

¿Y si volvemos a 2011?

En 2011 el gobierno estaba ante un dilema: devaluar o poner control de cambios. Decidió poner control de cambios. Ahora decidió devaluar. Una manera de leer mi propuesta de unificación cambiaria es: che, el gobierno se arrepintió. Se dio cuenta de que en el balance de costos y beneficios era mejor devaluar que el control de cambios.

Si fuera así, lo correcto no es sólo devaluar. Es devaluar y unificar. Y, creo, es perfectamente posible.

Sin comentarios

Conversando con Cavallo

Domingo Cavallo está en temas importantes. Atacado por la nueva estrella de la economía argentina, Miguel “Tudo” Bein. Hablando de Lucas Llach. Cavallo dice amablemente, en respuesta a mi columna en el suplemento de Economía de este diario, que es imposible para un gobierno como éste unificar el tipo de cambio. Celebro el debate, y celebro en particular el debate entre blogueros.

El argumento central de Cavallo es que una liberación cambiaria generaría mucha inflación. Los motivos principales son: (1) sería imposible que el dólar fluctúe inicialmente en $9,60, como yo propuse (por decir un número simbólico, el del dólar “ahorro”) y seguramente se ubicaría en niveles más altos; (2) esa sobre-devaluación, sumada a la que ya hubo, aceleraría la inflación; además, obligaría a ajustar tarifas porque el aumento de los costos dolarizados de las empresas de servicios públicos sería ya totalmente insostenible con subsidios; y los sindicatos pedirían más aumentos de salarios para compensar esos impactos. Más nafta para la inflación.

Antes de contestar esos argumentos (los supuestos problemas de mi propuesta) me gustaría resaltar sus beneficios: ¡Unificación cambiaria! ¡Podés pasar plata de tu cuenta en pesos a tu caja de ahorro en dólares ida y vuelta sin problemas! ¡Las empresas pueden traer dólares de afuera, y llevárselos cuando quieran! ¡Se puede invertir en la Bolsa, en bonos, en fábricas, y te dan por el dólar lo que verdaderamente vale!

Respondo ahora a los comentarios de Cavallo:

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Peso argentino, en unión y libertad

Con viento a favor, podría llegar a funcionar el, llamémoslo así, plan económico.

Si el INDEC dijera la verdadera inflación con el nuevo IPCNacional; si, como premio por decir la verdad, el gobierno del desendeudamiento lograra la epopeya de volver al FMI para conseguir unos dólares frescos; si el yuyo ­-el otro ídolo verde del que depende la suerte del gobierno- desplegara su magia antes de que las reservas entren en la zona roja; si el gobierno nacional, popular y peronista lograra negociar con los sindicatos el famoso recorte del 13% a los asalariados, con una combinación de devaluación y contención salarial; si fueran exitosas las “políticas monetarias activas” que buscaba la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, ahora encarnadas en una suba de tasas para contener el blue y por lo tanto limitar la brecha cambiaria que alienta la salida de reservas; con todos esos condicionales, podríamos evitar una crisis mayúscula y  seguir en esa miseria que es la macroeconomía argentina de los últimos años.

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Fantaseando con el 2015

Lo que sigue no es un pronóstico. Es un ejercicio. La consigna es: “Imagine qué decisiones tomarían los involucrados en la carrera presidencial de 2015 si las condiciones políticas / económicas / sociales / etcétera no fueran muy diferentes a las de hoy”. Seguramente la realidad nos desmienta rotundamente, como ha persistido en hacerlo en repetidas oportunidades. Pero lo hacemos porque nos divierte.

Vamos espacio político por espacio político, empezando por lo que parece más previsible y terminando por lo más difícil de prever. El que quiere las conclusiones sin leer se las anticipo. La política argentina tiene cuatro cuadrantes: el hemisferio peronista y el no peronista, y dentro de cada hemisferio un sector más a la izquierda y uno más a la derecha. La hipótesis: cada uno de esos cuadrantes tendrá un candidato. Una candidatura con cierto apoyo del gobierno en el espacio peronista “del modelo” (curiosamente, ese candidato no será muy de izquierda); un peronista más “de gestión”, ie., de derecha; y en el hemisferio gorila una candidatura más cerca de la socialdemocracia o el liberalismo distributivo (UNEN) y otra más conservadora (Macri).

Pero vamos por PASOs:

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¿Perdió votos el kirchnerismo?

Respecto a 2011, claro que sí. Respecto a 2009, la cosa no es tan obvia. Tomemos el caso de la provincia de Buenos Aires. Néstor había sacado el 32,2% según los resultados que recordamos y están en web; mientras que el número para Insaurralde del domingo fue 29,6%. Sin embargo, esos porcentajes están computados sobre totales diferentes; en el primer caso sobre votos positivos (es decir, dejando afuera blancos y nulos) y en el segundo caso sobre votos válidos (es decir, positivos y blancos), porque es el porcentaje sobre votos válidos lo que define los umbrales de paso de las PASO.

Si se toma para las PASO 2013 el resultado sobre votos positivos, Insaurralde no tuvo 29,6% sino 31,1% – peor que Néstor, sí, pero no tanto peor y por encima de la barrera psicológica de 30. (Claro que en 2009 la economía estaba peor que ahora, etc., y por lo tanto se trata de un muy mal resultado, pero eso ya sería meternos en los determinantes del voto, sobre los que volveremos al final de esta breve nota).

Nos llega a la bandeja de entrada un hermoso dossier del compañero Javier Zelaznik con datos reveladores sobre las PASO de este año comparadas con la elección de 2009. Entre mucha otra valiosa información, resalto un par de cuadros. En primer lugar, la performance de los distintos partidos políticos versus 2009:

Primer dato: el FPV no perdió votos, incluso ganó algunos. Segundo dato: hubo una redistribución del voto opositor, aunque cuidado aquí con un decisivo caveat: De Narváez en 2009 está bajo el rótulo “PRO y aliados” mientras que Massa en 2013 está bajo “PJ disidente”. La gama infinita de esa entidad vaporosa llamada peronismo complica cualquier análisis electoral. Si en cambio ponemos a De Narváez como PJ disidente, la evolución queda así:

Es una eleccion bastante similar a la de 2009, con alguna ganancia del PJ disidente y PRO y pérdidas leves de la UCR y la izqiuerda.

Vamos al cuadro que creo más revelador:

El principal cambio en el voto al Frente Para la Victoria, en comparación con 2009, fue que se hizo más débil allí donde es más fuerte, y algo más fuerte allí donde es más débil. Aquí “metropolitana” abarca los 5 distritos más importantes (CABA, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) y “periféricas” los otros 19. La gran pérdida de votos ocurrió en las provincias periféricas, esos sorprendentes resultados riojanos, jujeños, sanjuaninos.

Lo cual nos lleva, ahora sí, a confirmar una presunción preelectoral que tenía mi colega Dr Pangloss: dentro de un panorama generalizado de deterioro económico, del verdadero fin del Modelo de Acumulación de Matriz Diversificada e Integración Social (MAMDIS) el atraso cambiario le pegó con saña particular a las economías regionales de cultivos industriales, mucho más sensibles a la competitividad que las zonas sojeras o las ciudades de servicios; y el cepo cambiario trabó el motor de las provincias mineras. Todo eso tiene que tener un costo en nivel de actividad, gasto y bonanza, y eso termina pagándose en las urnas. No alcanza para decir “es la economía, estúpido”, porque la economía no es tan crítica como en 2009. Pero sí se puede decir, quizás: “no fue sólo Jorge Lanata, estúpido“.

Las PASO las ganó el Papa

 

Ooooso

La observación no me pertenece a mí sino a mi colega el sabio Dr Pangloss. Fíjense los triunfadores. En Capital, el discurso de la paz, diálogo y concordia de una de las mejores amigas del Papa y un rabino ecuménico. En segundo lugar, la otra gran exponente del catolicismo en la política, Lilita Carrió. Todos ellos portadores de ostentosos símbolos religiosos.

¿Y Massa? En sus declaraciones de la noche electoral, una de sus primeras frases fue “como dice el Papa Francisco”. Y fíjense la escena en Tigre del día del humo blanco:

El 13 de marzo de 2013 cambió la historia política de Sergio Tomás. En el Vaticano se decidió el nombre del Papa número 266 de la historia. La sorpresa invadió a todos en la Argentina y desató el júbilo. Massa se encontraba en su oficina, en una jornada más de trabajo. Tenía agendada la visita a la Municipalidad de Tigre de un grupo de jóvenes de la localidad de Rafaela, de la provincia de Santa Fe. En el hall de entrada de la Municipalidad aguardaba también el gerente de noticias de radio Mitre, Jorge Porta. Massa recibió allí a los jóvenes y conversaba animadamente con ellos e incluyó en la charla al periodista radial. Sin embargo, la atención enseguida se dirigió hacia un aparato de televisión, ya que ese momento había aparecido el tan anhelado “humo blanco”. Todos quedaron pendientes de la transmisión televisiva y la noticia los sorprendió: el nuevo papa era argentino.

El “Habemus papam” surgió de la temblorosa voz del cardenal protodiácono francés, Jean Louis Tauran, y el nombre de Bergoglio fue consagrado ante una Plaza de San Pedro pletórica de alegría. Esa misma emoción brotó en la oficina del Intendente de Tigre. Sergio Tomás sintió que el cuerpo se le desarmaba y comenzó a lagrimearsin poder contenerse. Ante la mirada de los jóvenes rafaelinos, sintió que algo había cambiado, como si ésa fuera una señal que le indicaba que era tiempo de asumir responsabilidades.

“Tomar decisiones”, se dijo Massa, en voz baja, sin reparar en que estaba rodeado aún de visitantes. Se sobrepuso a la emoción que lo embargaba y observó a los concejales santafesinos, junto a sus militantes.

“ Esto es una señal, chicos. Y hay que saber interpretarla”, razonó con la vista todavía empañada.Sintió que era una bendición, que su cuerpo recibió de lleno.

“Me pegó fuerte, fue una trompada al medio del mentón ”, dijo al llegar a su casa a su mujer Malena. La elección de Bergoglio cambió la ecuación de muchos. Incluso la de la Presidenta de la Nación. Massa comprendió entonces que era tiempo de definiciones.

¿Cuánto pesa el aparato de los intendentes? (II)

Ya hablamos sobre esto hace un tiempo, con la hipótesis: el aparato de los intendentes no es para nada decisivo en las elecciones nacionales. Veamos que nos aportan los datos de ayer.

El FPV sacó menos votos que en 2011 en todos los municipios del Gran Buenos Aires. La mayor pérdida de votos fue en Tigre, donde robó Massa. La menor pérdida de votos fue en Lomas de Zamora, donde el intendente Insaurralde era primer candidato a diputado. No llamamos a esto “el peso del aparato”. Bien puede ser que la gente vote a “Sergio” o “Martín” en sus pagos chicos porque son populares, no necesariamente por el “aparato”. Lo mismo puede ser cierto de Almirante Brown, donde “Darío” era el número 2 de la lista. Veamos el cuadrito general de cómo evolucionó el voto del Frente Para la Victoria en 2013 versus 2011. Cada columna indica el *ratio de porcentajes* del FPV entre 2013 y 2011. Por ejemplo: para Tigre el ratio es 27,7: en 2011 el FPV sacó 15,8% y en 2013 Cristina había sacado el 57%. 15,8%/57%=0,277.

¿Por qué elegí 2011 y no 2009 para la comparación? Porque en 2009 la presencia de la candidatura de Sabatella en los partidos del Oeste distorsionaba el cómputo. Lo que muestra el cuadro es que, en promedio de los partidos (línea roja) el kirchnerismo sacó poco más de la mitad de los votos que sacó en 2011: un 54,3% de los que obtuvo en aquella oportunidad.

Primera observación gruesa: sacando los casos muy especiales de Tigre y Lomas, en los demás partidos los votos obtenidos por el FPV fluctuaron entre un 38% de los obtenidos en 2011 (San Fernando) y un 66% (Berazategui). Para un partido promedio en el que Cristina hubiera sacado 55% en 2011, en la hipótesis “los aparatos explican todas las variaciones entre partidos” el intendente sería capaz de llevar el voto FPV de un 20% (el 38% de 55%) a un 37% (el 67% de 55%). Bastante, aunque menos que los 25 puntos que perdió el voto FPV en promedio simple de los partidos, de 55% en 2011 a 30% en 2013.

Pero vamos al punto central: ¿explica el color del intendente la variación del voto FPV? Tenemos un grave “problema de identificación”: en el cuadro, los partidos marcados con color naranja son los que limitan con Tigre. Y en todos esos partidos los intendentes jugaron para Massa. Efectivamente, en esos partidos la pérdida de votos del FPV, favoreciendo a Massa, fue importante. ¿Es porque Massa es más conocido allí o es porque los intendentes jugaron a favor? Difícil saber sin mayor información.

El peso de la geografía se nota también al otro lado del Riachuelo. En efecto, donde menos perdió votos el FPV fue en el conurbano sur. En los 7 partidos del conurbano sur (sacando los pagos de “Darío” y “Martín”) la pérdida de votos FPV fue menor a la pérdida promedio.

Es interesante, por eso mismo, el caso del Wild West. En todos esos partidos de menor influencia gravitacional de los cabezas de lista, el FPV retuvo entre 40% y 60% de los votos de 2011. ¿Fue clave en esos distritos la influencia del aparato de los intendentes? No parece: con intendentes K, el FPV retuvo 60% (como en Ituzaingó, donde de todos modos Descalzo –intendente desde 1995– perdió), 50% (como en Tres de Febrero, donde hubo rosca física entre Curtistas  y Massistas) o 40% (como en Moreno, donde Mariano West “pierde una elección después de 18 años” incluso en el Concejo Deliberante). Sí, en Hurlingham, con el intendente a favor (que “denunció destrozos en la Municipalidad”, les dije que este es el Wild West), a Massa le fue bien y el FPV también pudo retener sólo el 40%, como en Moreno.

Conclusión: esto no es ciencia, no todas las variables son constantes. Pero daría la impresión de que cuando hay un huracán que sopla en todos lados, los indendentes pueden sumarse y volar con ese viento; o pueden tratar de quedarse en su lugar y pararlo con las manos. Mucho no lo logran. Y, peor que eso: se lastiman bastante.

La extraña jugada de Daniel Scioli

Qué apropiada es la caricatura de Scioli que hacen en el programa de Lanata. El hombre la paciencia infinita. La década dudada. Pero en un momento clave tomó una decisión: se acomodó hacia las presidenciales del 2015 como el único candidato con aspiraciones de triunfo y al mismo potable para buena parte del kirchnerismo (en particular, para su jefa).

Es una apuesta que, como todas, puede salir bien o mal. Quizás el resultado más favorable para Scioli en provincia sea un triunfo de Massa pero no descollante. Ni un aluvión massista que coloque al Jefe de Gabinete Legitimador de la Manipulación de Estadísticas Sergio Massa como front-runner; ni un triunfo kirchnerista que permita soñar con una reforma constitucional. En ese escenario de mediocridad, de algo parecido a un empate, al kirchnerismo le quedarían como opciones para 2015 mandar al muere a un candidato del riñón (Alicia, Abal) o apoyar a Scioli. Otros gobernadores no dan ni la fidelidad ni las chances de ganar.

No son claras las ventajas para el kirchnerismo de apoyar a Scioli en la presidencial (sabemos desde Maquiavelo que lo primero que tiene que hacer el príncipe es asesinar a su antecesor) pero algunas hay. Por ejemplo: cambiar apoyo presidencial por una buena participación de diputados fieles –si existe tal cosa– que de alguna manera condicionen su mandato. Respecto a pactos judiciales oscuros, me cuesta más creer que se pueden firmar esas cosas.

En todo caso: a mí me sorprendió verlo cerrar filas. Veremos cómo le sale.