La diferencia de 10, castigo a las minorías

Como miembro del frente Cambiemos, me encuentro frecuentemente en conversaciones públicas o privadas en las que trato de convencer del “voto útil”, esto es: el 25 de octubre todo el que prefiera Macri a Scioli tiene que votar a Macri aunque Macri no sea su preferencia número 1. Si no lo hace, contribuye al triunfo de Scioli, que es -por hipótesis- menos preferible para ese votante que Macri. Por supuesto, esta lógica no se aplica al votante al que le resultan indiferentes las dos principales alternativas.

Esta antipática lógica del “voto útil” surge de esa rarísima regla electoral de la diferencia de 10 puntos. Es una pena que exista esa regla porque desnaturaliza un poco la elección. No lo digo porque la regla sea poco exigente. La regla podría ser incluso menos exigente (por ejemplo: “cualquiera que gane pasando el 40% es presidente”) pero no tener esa condición adicional de la diferencia de 10%, que obliga a algunos ciudadanos a debatirse entre la ética de la convicción (“voto al que más me gusta”) y la ética de la responsabilidad (“voto al que más me gusta entre los que tienen chances”).

Ese voto útil (si existe) tiene consecuencias: con las boletas pegadas para diferentes cargos, el voto presidencial puede arrastar hacia abajo. Resultado: sufre la representación de las minorías.

Por supuesto, no es la única instancia de voto útil. El voto útil también puede existir sin estas reglas. Por ejemplo: si hay una elección pareja entre dos que tienen cuarentipico, un simpatizante de un partido minoritario puede verse tentado a votar “útil” a uno de los dos contendientes principales. Pero la regla de “diferencia de 10″ añade una instancia más en la que asoma el antipático (pero, ojalá, numeroso) “voto útil”.

Unidades básicas satisfechas

Retorno luego de mi participación electoral con un comentario sobre las elecciones. Como otras veces, reporto la asociación bastante clara entre nivel socioeconómico y voto al kichnerismo, fenómeno que observamos por primera vez en 2007. Como regla general, el kirchnerismo ha obtenido más votos en lugares con mayor porcentaje de necesidades básicas insatisfechas.

En este caso, se me ocurrió poner en la misma muestra partidos del conurbano bonaerense (en su definición más estrecha son 24) y provincias (otros 24, si se incluyen como tales la CABA y a la propia provincia de Buenos Aires). Estrictamente debería haber puesto los 24 partidos, 22 provincias, CABA de “interior Buenos Aires”, pero este último dato implicaba hacer unos cálculos para los que me faltaban energías.

Muchos de los casos fuera de la franja de correlación, marcados con rojo, son atribuibles a candidatos participantes de la elección que dominaban un distrito: CABA, Tigre, Córdoba y San Luis.

Por supuesto, no hay en el gráfico una interpretación sobre la causalidad. Una visión más simpática al gobierno dirá: el modelo es efectivamente redistributivo y es natural que obtenga más votos allí donde hay más votantes pobres. Una visión más crítica podría apuntar, por ejemplo, a que en zonas pobres puede haber más incidencia del clientelismo, o menor acceso a información, o desdén a otros aspectos negativos de la política kirchnerista (ejemplo: escaso espíritu republicano) que ocupan un lugar marginal en la consideración de personas con otras urgencias.

En todo caso, una nueva constatación de efectivamente el núcleo duro de los votos kirchneristas están entre los sectores más pobres; y que la oposición es más exitosa en franjas medias y altas.

La Ciencia Maldita al poder

Como quizás hayan advertido, estoy en una actividad política incompatible con escribir de manera independiente para un medio de comunicación libre como éste. De modo que tomé una licencia del blog, en principio por 4 años y medio, pero que podría acortarse en el caso improbable de que la empresa no sea completamente exitosa.

Si llego a revivir lacienciamaldita.blogspot.com durante este tiempo, avisaré por este medio.

Hasta la vista.

Reportando las PASO

Me gustan las PASO. Soy pasista. Ninguna de las críticas que se les hacen me parecen convincentes.

¿Se está interviniendo en la vida de los partidos? Sí, un poco sí. Para que no sea una élite informada la que elija el menú. ¿Está mal que sea obligatoria? Cuando seamos una democracia madura, OK, que sea voluntario. Pero por el momento, si pasáramos a lo voluntario votarían en mayor proporción los más ricos y más informados: es lo que ocurre en otros lados. ¿Está mal que uno pueda votar en un partido del que no es afiiliado? No veo el problema. Es más: en este mundo voluble, me parece genial que la “afiliación” la decidas un domingo, y dure exactamente lo que dura tu estadía en el cuarto oscuro. ¿Son discriminatorios los umbrales? Hermano, si no podés llegar al 1,5% en una PASO, no veo cómo vas a sacar algún cargo relevante en la general. Tendrías que mejorar mucho. Quizás para legisladores, en distritos tipo Provincia de Buenos Aires donde no se necesita un % alto para llegar a un legislador, podría haber un umbral bajo.

Lo que sí me molesta es cómo se reportan los resultados de la PASO. Exhibit 1:

Larreta no sacó 47,5%. Entiendo: “Larreta gana la elección de una agrupación que, tomada en conjunto, obtuvo el 47,5%”. Pero el mensaje me parece confuso. Acá en el diario ponen este gráfico:

No entiendo bien qué es la parte gris de la columna de ECO y FPV. ¿Lo que les faltó para llegar a los votos del PRO?

Lo de TV Pública parece más razonable:

Pero deja afuera los votos por candidato. No hay que ser Sherlock Holmes para pensar que el motivo por el cual preferían dar los totales por agrupación es que la diferencia ECO-FPV era menor que la diferencia Lousteau-Recalde.

¿Cómo reportaría yo los resultados de las PASO? Y bueno, soy economista. Algo así pero más prolijo:

EX-POST: me avisan que trabajé “en vano”. Acá la cobertura de Cronista:

Para qué sirven las PASO

La presunta intención orginial de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias era democratizar las elecciones internas de los partidos. A diferencia de internas como Menem-Cafiero 88 o Chacho-Bordón 95, con las PASO se supone que la elección es más limpia, depende menos de la capacidad de movilización (porque el voto es obligatorio) y la fiscalización es más prolija.

En la práctica, en las presidenciales de 2011 las PASO no sirvieron de casi nada. Parecieron una Encuesta Simultánea y Obligatoria. Ningún partido presentó más de un candidato presidencial. Su efecto principal fue producir un momentum psicológico que agregó algunos votos en la primera vuelta a quienes tenían en la PASO una performance mejor a la esperada (Binner, Cristina) y quitó votos a quienes tenían una mala PASO (Alfonsín, Duhalde).

Pero las PASO están empezando a entenderse mejor.

Seguir leyendo

Mauricio y el peronismo

 

 Our friends are all aboard

Viene fuerte el Submarino Amarillo: Macri ya está primero en algunas encuestas. ¿Puede ganar? Es muy curioso el caso de Macri. Ahora nos olvidamos, pero hace diez años se decía que no podía ganar en la Capital, porque era el electorado más “progre” del país. Luego pasamos al extremo opuesto: “es un fenómeno porteño”. Nunca comulgué con ese pesimismo sobre sus posibilidades electorales fuera de la Capital. El voto en Villa Lugano, por ejemplo, está muy correlacionado con el voto en GBA, y a Macri le iba bien allí incluso antes de ser Jefe de Gobierno.

Las encuestas no son como los mercados: los números no reflejan eventos futuros. Los próximos mojones son, probablemente, a favor del líder del PRO. Convención radical en tres semanas que podría llevar a todo o casi todo el radicalismo a una Unión Cívica para el Progreso (UC-PRO). Entre el 12 y el 26 de abril, PASO en Salta, Santa Fe, Mendoza y CABA, tres de ellas con buenas perspectivas para PRO y aliados.

Más allá de las mil consecuencias y escenarios que podría traer un triunfo presidencial de Macri, con apoyo de toda o casi toda la UCR, quería plantear la siguiente pregunta, para la que no tengo una respuesta: ¿cómo sería el mapa de partidos políticos argentinos durante una presidencia macrista?

Dato 1: la billetera pesa mucho. Si hoy ya hay algún peronista (Reutemann) incorporado “al cambio”, me imagino a muchos otros peronistas haciéndose macristas, o como mínimo no haciendo oposición.

Dato 2: en términos relativos al tablero político de la Argentina, y con todas las dificultades que hay para estas cosas, PRO está a la derecha del mainstream nacional tanto en lo económico (¡me alegro!) como en lo que los yanquis llaman “social issues” (aborto, matrimonio gay, subsidio a escuelas religiosas). Macri, su persona, parece liberal en comparación al mainstream de su partido, pero en los votos sobre estos temas sus diputados han estado más a la derecha que, por ejemplo, el kirchnerismo.

Dato 3: si Macri gana, el PJ es derrotado. Si Cristina no está muy involucrada en la campaña, ella podría ser uno de los líderes de la oposición. Esto depende de muchos factores (judiciales, entre otros) pero de momento Cristina mantiene una fuerza política muy relevante, que amainaría pero no desaparecería una vez que pierda la billetera.

En esas condiciones, ¿no podría ocurrir (la hipótesis es arrojada) que un gobierno de Macri fuera algo parecido a un gobierno de una Democracia Cristiana europea? ¿”Desde dónde” -frase que odio- se le haría oposición? ¿No podría la Argentina llegar a un esquema “normal” de un partido del centro tirando a la derecha y otro más a la izquierda, formado por la izquierda peronista y, quizás, la no-extrema izquierda no-peronista?

Es sólo una pregunta. Y, quizás, una expresión de deseos. El bipartidismo tradicional argentino siempre fue una ridiculez en la que competían dos “catch-all” parties, no muy ubicables a izquierda o derecha. Ya sé, cayó el Muro, terminaron las ideologías. Pero en casi todas las democracias maduras del planeta, y probablemente en todas las bipartidistas, uno puede señalar un centro político y un partido a cada lado de ese centro.

Unión Cívica ¿Radical?

Bandera de los cívicos

Oh, MauriLila en la misma PASO. Por algo la política (y la “sección” política de este blog) se llama El Arte de lo Posible.

El esquema que nos parecía claro hace un tiempo (cuatro candidaturas: FPV, FR, PRO, UNEN) dejó de ser claro. El actor que pasa a definir el escenario, el que tiene que hacer la próxima movida, es el radicalismo. (Aunque queda también otra incógnita: ¿estamos seguros de que a la presidenta no le conviene tener candidato propio por fuera del armado de Scioli, para restarle votos, ayudar a Macri presidente y de ese modo preservar poder en el peronismo?).

Volviendo al radicalismo, aparecen cuatro opciones, aunque no necesariamente todas viables:

1. Statu quo: una PASO de UNEN

En principio fuimos simpáticos a este idea, porque una coalición de gobierno con Macri seguía siendo posible con PASO separada. La confluencia post-PASO se daría automáticamente si en la PASO la agrupación UNEN no juntara votos sustantivos. Los electores irían a parar a otro lado en la primera vuelta. No había un problema para los gobernadores, si se les permitía apoyar a más de un candidato presidencial, pero sí en las listas de diputados. Con un mal desempeño en la PASO y el voto fugándose en primera vuelta, le quedarían a UNEN pocos votos en primera vuelta y por lo tanto pocos diputados. Con el deterioro de UNEN (en parte una profecía autocumplida) esta alternativa es cada vez más difícil para la “estructura territorial” del radicalismo.

2. Gran PASO opositora

La Gran PASO Opositora (GPO) que dice procurar Sanz. Una PASO catch-all que incluyera una fórmula radical, Macri, Lilita y -esto es lo decisivo- Massa. En esta nota de Infobae recorren cada una de las “situaciones provinciales” que darían sentido a la GPO. Algunos radicales (en La Rioja, Jujuy, Fromosa) ya “firmaron” con Massa. Acordar con otros y no con él sería alienarlos.

Pero esta posibilidad tiene algunas debilidades obvias. En primer lugar, es una PASO que no tiene identidad salvo el “antikirchnerismo”, que de todos modos queda un poco raro estando Massa adentro y, supongamos, Scioli en frente. ¿Tanta diferencia hay entre ambos? Además, hay otro problema, agravado el fin de semana, para meterse en este camino: Lilita lo vetaría. Macri podría aceptarlo de todos modos y no darle importancia a Lilita, pero no queda claro que a Macri le resultara. Más allá de los principios (que no le impidieron aliarse con peronistas, entre ellos el propio Massa, en el pasado) hay una cuestión de convenciencia. 

A favor de la GPO, desde el punto de vista de Macri: en caso de ganarla, estaría casi directamente en el ballotage, sin riesgos (por ejemplo) de que el candidato FPV llegue a 40% y le gane por 10% o más. Sin embargo, creo que pesa más el motivo en contra: en una GPO Macri tendría que competir con Massa sin tener a su favor el aporte de votos de quienes tienen (por ejemplo) a Sanz/Carrió/otro radical como candidato #1 y Macri como candidato #2. Incluso en la alternativa 1 mencionada arriba (el viejo esquema de PASO separadas FR, UNEN, PRO) Macri tiene una ventaja sobre Massa para la primera vuelta: los que votaran a UNEN en las PASO pero se desencantaran con el resultado irían en una proporción mayor a Macri que a Massa en la primera vuelta. Eso no pasa en una GPO.

Por lo tanto: esta alternativa parece difícil. ¿La estará buscando realmente Sanz, o será parte de una estrategia para satisfacer a algunos miembros de su partido, sabiendo que no funcionará?

3. Kirchnerismo prolijo

Una tercera opción sería que, dada la negativa de Macri a la GPO, el radicalismo buscara una coalición con Massa solamente. Sería una combinación parecida a la de Lavagna-Morales en 2007. Parece una opción muy forzada. Si la UCR se ve a sí misma como un partido, digamos, republicano y social-demócrata o social-liberal, estaría perdiendo no uno sino sus dos “rasgos identitarios”. Massa no es menos de derecha que Macri, y es más forzado para el Frente Renovador (un conglomerado de ex-kirchneristas) que para el PRO presentarse como realmente renovador.

4. Unión Cívica

La cuarta alternativa es que la UCR, o parte de ella, compita en la PASO que acaban de armar MauriLila. Quizás, incluso, combinándose con Lilita en una fórmula. Evidentemente es lo que quieren MauriLila: no parece casualidad, por ejemplo, que todavía no le hayan puesto un nombre a la agrupación.

Esta alternativa es tanto o más atractiva que la de Kirchnerismo Prolijo desde el punto de vista de las “efectividades conducentes” (votos), pero la supera con claridad en la capacidad para construir un discurso. El 13 de abril de 2015 (un mes después de la Convención radical en la que se decidirá estas cosas) se cumplen 125 años de la fundación de la Unión Cívica, una coalición anterior al radicalismo y menos definida por lo que podríamos llamar “ideología” (había católicos como Pedro Goyena, liberales como el fundador de este medio, socialistas como Juan B.Justo, “progresistas” como Lisandro de la Torre) que por cuestionar la corrupción, la emisión descontrolada, el clientelismo con obras públicas y las prácticas poco republicanas del régimen de Juárez Celman.

El problema obvio de esta alternativa es que todos o casi todos los miembros no radicales de UNEN se oponen (es decir: sería la ruptura de UNEN) y una parte del radicalismo (Cobos) también, aunque algo de eso puede cambiar de aquí a marzo. Esa oposición implica, posiblemente pero no con seguridad, que subsistiría un “UNEN intransigente” con candidatura propia (supongamos Binner-Cobos). Obviamente al candidato a presidente radical dentro de la Unión Cívica (Sanz, suponemos) le convendría intentar una fórmula con Carrió, pero difícilmente sería competitivo si subsistiera esa otra fórmula “UNEN intransigente” con un candidato de cierto peso. Como están las cosas hoy, parecería una manera de fortalecer las chances presidenciales de Macri. Pero, de nuevo, todo puede cambiar.

En este blog somos notablemente malos para periodismo político de anticipación. Todo lo anterior será destruido por los acontecimientos en los próximos dieciocho segundos.

Que Lilita juegue de referí

Cada semana aparece una entrevista de Lucrecia Bullrich acá en La Platea de Doctrina con un candidato de UNEN. Cada vez (Lousteau, Pino, Lilita) el candidato habla sobre las debilidades de UNEN. No se entiende si lo hacen a propósito o sin querer.

Lila insiste hoy con la PASO conjunta de UNEN y PRO. Creo que es un error. Creo que Lilita está ignorando el efecto crucial que tiene el resultado en las PASO para el voto en primera vuelta. Las PASO conjuntas de UNEN y Macri son imposibles o casi imposibles sin romper UNEN; es decir, son imposibles o casi imposibles. Las PASO separadas, en cambio, permiten a UNEN preservar su identidad -si existe tal cosa- y elegir a un candidato presidencial. Será bastante obvio, después de las PASO, si ese candidato es o no competitivo. Si en las PASO Macri le ganara a la suma de UNEN, naturalmente el electorado no-peronista iría hacia Macri para colocarlo en segunda vuelta. Si, al contrario, UNEN le ganara a Macri en conjunto (cosa que hoy parece menos probable) el candidato ganador de UNEN podría aunar a quienes, tras 24 años peronistas sobre los anteriores 26, quisieran un cambio.

¿Y si fuera parejo, si Macri y UNEN sacaran, por ejemplo, 23% cada uno en la PASO? Para eso quizás podría servir Lilita si retirara su candidatura presidencial. Tiene la credibilidad para decirnos a los no-peronistas, con los resultados de la PASO en la mano, a quién tenemos que votar para derrotar al narcoestado (sic).

Las PASO son más que un paso

Las PASO sirven, claro, para elegir candidatos. Pero también sirven como una encuesta creíble, que los ciudadanos toman en cuenta a la hora de votar en la primera vuelta. Un resultado bueno, o mejor que lo esperado, en la PASO, da un empujón (Binner 2011, CFK 2011, Massa 2013). Un tropezón (como el de Alfonsín en 2011) puede ser caída.

Las dos PASO con potencialidad de ser competitivas se enfrentan a dilemas asociados a ese segundo rol de las internas abiertas, menos obvio que la mera elección de candidatos. Por un lado, leemos que “el PJ presiona para unificar la candidatura detrás de Scioli”. Tiene sentido. Con una PASO “oficialista” de varios candidatos, Scioli podría aparecer -teniendo en cuenta las encuestas de hoy- como el tercero más votado, después de Massa y Macri. Eso podría generar un feo efecto psicológico: ¿se sumarían en la primera vuelta los que votaron a otros candidatos de esa misma PASO, los kirchneristas más netos votantes -digamos- de Randazzo o Uribarri? El hecho de que no quede claro es en sí mismo un riesgo para la candidatura de Scioli.

Más conflictivo todavía es el caso de UNEN. Suponiendo que UNEN llegara con su conformación actual a las PASO, cada miembro de UNEN debería intentar no solamente ganar su interna, sino lograr que la agrupación sume una cantidad de votos que permita después un “relato” inspirador para la segunda vuelta. Si UNEN como un todo sumara claramente menos votos que Macri, mucho votante fugaría hacia PRO en primera vuelta para intentar que el no-peronismo esté en el ballotage. Si, en cambio, a pesar de una dispersión entre -digamos- Sanz, Cobos y Binner (las candidaturas de Carrió y Solanas me parecen algo menos probables) UNEN lograra sumar un caudal comparable al de Macri, podrían construir una historia para la primera vuelta: “fuimos la más importante fuerza no peronista”. Se trata de un caso diferente al de Scioli. En Scioli la duda es es sobre la potencialidad de un candidato, y la PASO puede debilitarla. En UNEN la duda es sobre la potencialidad de una agrupación, y la PASO puede fortalecerla.

Creo que los miembros más UNENistas de UNEN deberían usar exactamente este argumento para apaciguar las ansias PRO-acuerdistas de Carrió. La regla no escrita ni verbalizada de UNEN podría ser: si Macri le gana por una diferencia importante (¿5%? ¿8%?) a todo UNEN sumado, el candidato presidencial debería hacer una campaña de baja intensidad, quizá centrada en retener votos a legisladores, para permitir a Macri un lugar en el ballotage. Todos los otros caminos parecen más conflictivos.

Hablando de BRICs y NACAr

Un pequeño aviso de Copyright. Este sitio inventó hace 9 años el concepto humorístico de “NACAr”: Noruega-Australia-Canadá-Argentina, que incluso tiene su entrada en Wikipedia. La inclusión de Argentina era, por supuesto, aspiracional. Una opinión sobre cuál debería ser el faro del país: no países con escasos derechos humanos y/o altos índices de pobreza, como Brasil, Rusia, India o China (los BRIC); sino países que viven bien exportando recursos naturales (como Noruega, Australia y Canadá).

Bueno: resulta que ahora que el sciolismo se apropió del concepto. Enhorabuena:

La semana pasada, un grupo que trabaja con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, hizo llegar un documento que llamó la atención. “Sería bueno parecerse a Alemania, pero suena un poco utópico”, señalaron sus autores, en obvia alusión a la famosa frase de Cristina cuando llamaba a imitar al país de Angela Merkel. En otro párrafo, también parecen reprocharle a la Presidenta: “Se ha dicho que la Argentina debería acercarse a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Pero tienen otra característica muy marcada y pocas veces enfatizada. Son países con estructuras socioeconómicas fragmentadas y una distribución del ingreso muy inequitativa. Sin embargo, hay otros países a los que llaman NAC (Noruega, Australia y Canadá), que tienen una performance macroeconómica e industrial no tan deslumbrante como los BRICS, pero ocupan los primeros puestos en el índice de desarrollo humano. Para una economía que debe desarrollar tres monumentales fuentes de renta con el shale, la minería y el campo, el sendero adoptado por los NAC parece el más apropiado”.