Se arruinó mi casamiento

La historia de mi vida: querer hacerme el vivo hasta que la realidad me dice: “No pasarás”. ¿Recuerdan el casamiento que con tantas ilusiones estuve organizando? ¿O era mi cumpleaños? Quería que me hicieran regalos en dólares, y nadie me hizo, salvo yo mismo. Pero como me los hice yo mismo, me descubrieron. A mi agencia de regalos no le gustó, así que no lo intenten:

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Me devuelven el dinero, sí, pero a la Argentina. En pesos. Pucha. Yo que me quería comprar unos CEDINES.

¿Nacimos para correr?

Vueltos de vacaciones, salimos a correr, un poco para ponernos en forma para la temporada futbolística, un poco para ver cómo anda ese castigado tendón de Aquiles.

Mal. Tras doscientos metros, ya duele. Los médicos le llaman tendinosis, yo le llamo envejecimiento.

Recordé entonces uno de los libros que nos acompaño este verano, Born To Run de Christopher McDougall. El autor busca en unos cañones remotos del desierto mexicano a una tribu misteriosamente capaz de correr largas distancias más rápido que nadie, los Tarahumara. En el proceso de descubrir el secreto de los Tarahuamara, y de participar casi sin quererlo en la organización de un desafío entre la mítica tribu y los ultramaratonistas más famosos de Estados Unidos (desafío que se sigue repitiendo; los interesados pueden presentarse en la estación de ómnibus de Mazatlán el 25 de febrero), el libro de McDougall viene –como todo buen non-fiction– con una teoría.

La gran ventaja evolutiva del ser humano, según le explican a McDougall, es su capacidad para correr largas distancias. En el lenguaje de Darwin-For-Dummies: ¿para qué nos bajamos de los árboles y nos volvimos bípedos? ¿Qué ventaja pudo tener sacrificar dos extremidades, que nuestros predadores y nuestras presas sí usaban (y usan) para corrernos o para escaparse de nosotros? El ser humano compensó por esa menor velocidad con una mayor resistencia, en parte como resultado de una capacidad bastante única: la poder respirar a un ritmo independiente del ritmo al que se corre, que en todos los cuadrúpedos están en sincronía.

Las presas de los primeros humanoides podían ser víctimas de la “caza por persistencia”: sí, el venado corría más rápido, pero tenía menos aguante. Sólo había que perseguirlo hasta que se cansara. (Nota mía: no me convence; mi intuición es que las manos libres eran útiles por otro motivo, y muy anterior al diseño de herramientas: la maravillosa arma ofensiva-defensiva consistente en el lanzamiento de piedras).

Un corolario de esa esencia corredora del ser humano es que nuestro cuerpo está perfectamente diseñado para ello, por la implacable e inconsciente selección natural: el que no corría, moría; el que tenía una deformidad genética que azarosamente lo llevaba a correr mejor, sobrevivía, se reproducía y transmitía esa deformidad (repentinamente llamada “virtud”) a la generación siguiente.

Esa sucesión dio lugar, según McDougall, a un diseño perfecto de nuestras extremidades, incluido nuestro pie, para correr. El uso de superzapatillas de correr ignoró todas esas ventajas evolutivas, y a cambio de permitirnos pasos más saltarines y veloces, nos arruinó los pies: desde los años 70, cuando se popularizaron las zapatillas para correr, aumentó mucho la incidencia de lesiones. En particular, las lesiones del talón. Corriendo descalzo, instintivamente el pie se apoya más adelante y en los costados, y los pasos son más cortos. Corriendo con Nike YouNameIt, se dan golpes fuertes con el talón, en la ilusión de que ese par de centímetros de colchón de agua protege a tu talón de todo. Y el talón quizás es innecesario: la pierna ortopédica de Pistorius no lo tiene.

Solución: correr descalzo. Problemas: las superficies duras fabricadas por el ser humano; las plantas del pie blandas, no curtidas por años de andar en patas sino malcriadas por esos guantes para pie que llamamos calzado.

Deprimido tras esos doscientos metros en zapatillas, decidí probar. Las escondí en un arbusto del Rosedal. Pasos cortos, apoyo adelante y al costado. No hacía falta repetírmelo: el cuerpo lo pedía solo. Volví a imaginar a los Tarahumara en el desierto en su carrera eterna y misteriosa. De Aquiles ya me había olvidado.

Preocupa el caso de un servidor

Aquí un resumen un poco más ecuánime del mismo incidente.

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Fibertel, compadre, la cosa está que arde

De repente me volví pro-gobierno en el asunto Fibertel. No, ya sé, el gobierno no tiene razón. Simplemente que las tácticas de marketing de Fibertel me parecen autoritarias, casi diría totalitarias. Paso a contar: decidí darme de baja, para lo cual hay que mandar un raro mail y luego hacer nuevamente el pedido por Internet. En un momento del pedido, luego de algunos clicks, aparece esta página:

 

Decidí no poner mis datos, porque en la nueva casa hay Telecentro. Al día siguiente recibí este mail:

 

El link lleva a lo de “Una mudanza no es motivo para dejarnos”. Para empeorar un poco más las cosas, se trata de una versión rara de esa misma página, que en la solapa se llama “Warning: it is not safe bla bla bla time zone bla bla”. Con lo cual si pongo los datos, me los rechaza. Pruébelo usted mismo clickeando aquí. Una oferta imposible de rechazar, e incluso de aceptar.

Convoco por favor al Secretario de Comercio Don Guillermo Moreno a poner un poco de orden en estas prácticas ineficientes y monopólicas. Gracias.

Ya no te temo, Echegaray

Nobleza obliga:

 

Igual, estaría bueno que pudieran controlar lo que sale de los dominios afip.gov.ar y afip.gob.ar. Porque si no podemos controlar a pequeños hackers, ¿qué nos queda del control de lavadores de dinero y grandes evasores?

Te temo, Echegaray

¿Alguien me explica cómo la AFIP envía este mail a la dirección de La Ciencia Maldita, lacienciamaldita@gmail.com? ¿Es a su autor? ¿Es un spam?

¿Sorprende que Gmail le haya ganado a Hotmail?

Estos muñecos están rayados. No entré por un tiempo y me bloquearon la cuenta. Ahora les agarra esta paranoia por la seguridad informática que me hace imposible entrar. Me preguntaron por qué me odiaba una maestra de 4to. grado, contesté que era por dibujar mapas (evidentemente, una pregunta secreta que en algún momento me obligaron a elaborar) y no, no les resulta suficiente.

Desafortunadamente, no hemos podido verificar que eres el dueño de la cuenta Windows Live utilizando la información que nos has brindado en relación a la cuenta lllach@hotmail.com. El pedido actual de restablecimiento 20380536 ha sido cerrado.

La cuenta Windows Live lllach@hotmail.com ha sido bloqueada debido a cierta actividad dudosa. Esto evitará cualquier uso futuro de la cuenta hasta que el dueño de la misma realice el proceso de recuperación de cuenta satisfactoriamente.

Te recomendamos reconsiderar la información ingresada originalmente, así como cualquier información adicional al crear un nuevo pedido de restablecimiento de cuenta de Windows Live.

A fin de mantener el compromiso de Microsoft de proteger la privacidad en línea, Windows Live ID se toma muy en serio la seguridad de cuenta. Pasar el proceso de recuperación de cuenta de Windows Live puede ser difícil ya que nuestro personal de soporte sigue pasos estrictos antes de autorizar el restablecimiento de contraseña.

​Aquí puedes encontrar algunas recomendaciones a fin de que puedas brindar información adecuada cuando crees un pedido de restablecimiento de cuenta:

  • Responde a todas las preguntas que puedas.
  • Responde a las preguntas utilizando la información que utilizaste al crear tu cuenta o la que hayas ingresado en la última actualización de tu cuenta.
  • Para preguntas con múltiples respuestas, como asuntos de correos electrónicos y contactos, brinda la mayor cantidad de respuestas que puedas.
  • Si posees dificultades para recordar asuntos de mensajes de correo, intenta conseguir información de tus amigos, familiares o contactos de trabajo para verificarla.
  • Realiza el pedido de restablecimiento de cuenta de Windows Live desde la computadora que frecuentemente utilizas para los servicios de Windows Live.

Comentario sobre los comentarios

Están en modo “moderación”, es decir, debo aprobarlos en mi casilla de spam. Me olvido de hacerlo. Pronto volveremos a la normalidad.

Comentario sobre los comentarios

Estaba deprimido por la falta de repercusión de mi esforzado ensayo fotográfico en defensa de las bicisendas. Más tarde me di cuenta de que los comentarios están en modo “pre-moderados”: tengo que aceptarlos para que aparezcan. Censura previa, bah. Intentaremos volver al modo “libertad”.