Confirmado: Dios existe

Out of Africa

El libro del Éxodo (más específicamente el Beshalach de la Torá) cuenta una historia: un pueblo elegido que está en África sale de allí rumbo al desierto de la penínusla arábiga hasta llegar a una fértil “Tierra Prometida”, todo gracias a que Dios les abre el Mar Rojo. Poco creíble, ¿no?.

Ahora bien, ¿qué tal si Dios dictó esa metáfora a un profeta para explicar lo que, sabemos con cierto rigor científico, fue el único intento exitoso de salida de África de la humanidad, hasta entonces confinada en ese continente? Sí: según la evidencia más aceptada, basada en el analisis del ADN mitocondrial, todos los humanos no africanos descendemos de un grupito, unas centenas de personas, que tras millones de años en los que nuestros ancestros homínidos vivieron en África, hacia el año -90.000 salieron de allí gracias a un paso que se abrió en el Mar Rojo. Poco después, esos primeros humanos no africanos encontraron una zona muy fértil. Miren si no, entre los minutos 44:18 y 47:00. Pero si siguen, o la ven toda, más divertido todavía.

(Este es un fabuloso documental, The Incredible Human Journey, que estamos viendo los integrantes del Club de Lectura de la Historia Universal 200milen40.blogspot.com; leeremos 400 libros de historia en orden cronológico, a lo largo de 40 años).

OK, hasta acá la gracia. Obviamente hay otras explicaciones posibles de la coincidencia entre el relato bíblico y la evidencia disponible. En primer lugar: puede ser casualidad. En segundo lugar: la idea de un cruce milagroso del Mar Rojo, parece, fue tomada por los autores del Éxodo de mitos babilónicos. Bien podría haber ocurrido que ese épico cruce quedara en la tradición oral y de alguna manera se colara, más tarde, en los textos sagrados.

Inquietante, de todos modos.

 

¿Qué es la paleo-alimentación?

Estoy recibiendo via twitter consultas sobre la paleoalimentación que practico. Se puede buscar material en Wikipedia, pero siempre suma una mirada personal. Así que agrego la categoría “All Things Paleo” a la variedad de temas sobre los que, de manera inconstante y errática, opinamos en este blog.

Primero la teoría (perdón), después la práctica. La teoría: nuestra especie y sus ancestros están por acá hace millones de años. En el 99% de esos millones de años, no existía la agricultura. Nuestro cuerpo (como el cuerpo de todas las especies) se fue adaptando a la comida que estaba al alcance; en nuestro caso, carne, pescado, frutas, verduras. Eran alimentos que conseguías de manera más o menos abundante en una recorrida, cosa que no ocurría si, por ejemplo, ibas a buscar trigo salvaje u otras semillas pequeñas — la cosecha de una recorrida era ínfima. Incluso antes de practicar la caza comíamos muchos animales y vegetales: por millones de años nuestros ancestros (el “homínido grácil” y el Australopithecus Afarensis, por ejemplo) vivían no de la caza sino de la carroña. Sí:

...entonces te imaginás la escena. Grupos de gentecita al calor de África, bajo algún árbol no muy reparador, cerca de un curso de agua pero no para tomarla, sino viendo cómo los antílopes dan sus últimos tragos y entonces, zas, el león, la batalla, la sangre y ahí quedaron los restos. Y el jefe de nuestra banda de 130 (porque un número mayor que eso para convivencia es un horror, estoy de acuerdo, me vuelvo fóbico) diciendo: “En marcha, ya se fue el león”, y ahí salimos, en ese estilo barefoot runner que adoramos, pasitos cortos, apurados bajo el sol que quema, cada uno con su piedra puntiaguda en la mano a sacar la carne que quedó y –atención– comiendo mucho del caracú. Qué belleza.

Por millones de años de “selección natural”, los cuerpos que “sobrevivieron” fueron aquellos que mejor funcionaban con ese combo de alimentos. Hace muy poco (8 o 10.000 años) se inventó la agricultura y se domesticaron animales. Podíamos sobrevivir con cereales y leche, pero es una alimentación bastante diferente a la que nuestro cuerpo está preparado para recibir. Y en 8.000 años no cambia tanto, tanto, el genoma de una especie: son apenas 250 generaciones. Por dar un ejemplo: la población no africana proviene de una emigración desde África hace unos 60.000 años. De modo que genéticamente tenemos una distancia mayor con la población de ascendencia completamente africana (que tuvo su propia, independiente evolución en los últimos 60.000 años) que con nuestros más recientes ancestros cazadores recolectores.

Miramos con horror a nuestras vaquitas alimentadas con maíz lleno de antibióticos (porque no es su alimento original, a saber: pasto) y nos hicimos lo mismo, a nuestra propia especie, hace 250 generaciones. Hay bastante evidencia de que las harinas, aceites de cereal, azúcares traen problemas de salud — están claramente asociadas con obesidad y, en conexión a ella, la diabetes:

Ni hablar de los celíacos a los que directamente hace mal buena parte de la agricultura cerealera. No están enfermos, no: son unos héroes que se resistieron a la adopción de la agricultura. Llamar enfermedad a la celiaquía es como llamar enfermo a alguien que no digiere el acero si todo el resto se pone a digerir acero. Para finalizar con la teoría: se compararon los esqueletos indígenas en cementerios de Ohio antes y después de la llegada del maíz, y el resultado es terrible: menores estaturas (indicando peor alimentación) y un promedio de siete caries en lugar de media tras la adopción de la agricultura.

¿Qué comer entonces? Lo del paleolítico: carnes de todo tipo, frutas y verduras. La verdad que a mí siempre fue lo que más me gustó. Más que qué comer lo importante es qué *no* comer: esencialmente, harinas. Por supuesto que hoy las frutas y verduras se hacen con “agricultura”, pero existían antes de la agricultura, eso es lo importante. Y por supuesto que no comés exactamente lo que comían en África hace un millón de años, pero comidas más parecidas a la del 99% de nuestros ancestros, que nos dieron los genes que tenemos. Un cacho de mamut es más parecido a un cacho de vaca que a un pedazo de pan.

Más a lo práctico aún: almuerzo y cena, fácil. Asado, alguna carne/pescado con ensalada o con verduras cocidas. O puede ser papa también u otros tubérculos. O, por ejemplo, puchero, acaso el primer plato combinado del mundo. También existen las paleomilangas, que intenté rebozando nalga con papa rallada. No fue indigno el resultado:

Más complejo es desayuno o té o “snacks” intermedios. Banana. Miel. Otras frutas. Para snacks es bueno y barato mejillones (vienen pelados y ya cocidos). También frutas secas. Que anote Susana, que parece que dejó las pizzas y las pastas.

Respecto al peso, por si a alguien le importa la fuerza con la que su planeta lo atrae: en un mes y medio bajé un 10% (¿para qué dar los números absolutos?). Pero lo más importante no es el peso, sino la salud.

Por supuesto, acá no estamos endiosando la época paleolítica en general. Estamos a favor de la medicina moderna. Estamos a favor del control de la natalidad (cuya ausencia es justamente el mayor factor explicativo de la baja expectativa de vida en tiempos paleolíticos y neolíticos: no hay alimentos que aguanten el crecimiento de la población que surge de sexo a lo pavote sin protección; Malthus estaría bastante cerca de tener razón si no existiera la píldora). Estamos a favor de las tecnologías.

Decimos una cosa más pequeña y más humilde: alimentémonos con lo que corresponde a nuestra especie.