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Inconfesable y escatológico

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Este es el inodoro millonarioEvacuar puede ser un paraíso, pero también un infierno y, sobre todo, una obra de arte. Sino miren esto. Ocurrió hace unos meses y, para mí, fue la gran noticia del año, aunque no la vi en ningún lugar publicada. La historia es así: “Un servicio policial fue contratado en la ciudad uruguaya de Durazno (183 kilómetros al norte de Montevideo), para custodiar un inodoro francés de 1887 en funcionamiento, valuado en 800.000 dólares por el museo del Louvre, informó el gobierno departamental”.

Creo que en la historia, la relación del hombre, con este accesorio tan caro a la intimidad ha sido más que buena. Fijense que incluso nadie pensó en suplantar al inodoro por “nuevas tecnologías”, sino que todo lo contrario, el agujero de losa, sigue siendo la mejor opción. Creo, también, que no se ha escrito mucho sobre el hecho de hacerse encima. Pocas cosas son tan inconfesables, aunque, al mismo tiempo, tan masivas. Un retorcijón le puede pasar a cualquiera y, cuando llega, el mundo es una porquería con todas las letras.

Podría aventurar que muchas de las medidas, por ejemplo, de un Presidente, furcios en discursos y hasta conflictos bélicos, tienen que ver con ese instante de zozobra, transpiración fría y desesperación. “Señor, tiene que firmar esta resolución”, me imagino diciéndole un Ministro al Presidente. Y él: “Uhhhh, ¿cuántas páginas tiene?”. “Ciento veinte, Señor”, le dicen. “Bueno, dame que la firmo ya mismo porque me…” y no termina la frase. Mete el gancho y sale disparado al lujoso, blanco y prístino inodoro del despacho presidencial. “Ahhhhh, qué se vayan todos a la m…”, concluye el Señor y nunca tuvo tanta razón.

Hay gente que puede evacuar en cualquier baño. Otros no. Aguantan hasta llegar a “su” baño. Esto puede acarrear fases de increscento sufrimiento imposibles. La peregrinación hasta alcanzar el picaporte, abrir la puerta, darse la vuelta, desabrocharse el pantalón, bajarse la rompa interior -ventajas de no usar- y dejarse caer en la boca del lobo podría asemejarse a un vía crucis interno.
En cambio, los que sufren menos, los que se ubican en una escala menor de la evolución humana, según un amigo, apoyan el traste en cualquier lado. Siempre me sorprendió esa gente: van cierran la puerta del habitáculo que hace de baño en un restaurante repleto, por decir algo, y evacuan sin problemas, ni remordimientos. ¿El papel? A quién le importa. Ellos siempre encuentran algo y puede ser, según me confesó uno de ellos, hasta las prendas íntimas del momento.

Pero volvamos al principio. La noticia del hallazgo del inodoro en Uruguay sigue de este modo: “Se trata de un inodoro francés de porcelana blanca, de 1887, pintado a mano por dentro y por fuera con una técnica de oriente en tinta de calamar azul. Conserva su sello original y hay solo tres en el mundo. La nueva “joya” uruguaya se encuentra en uso cotidiano por funcionarios municipales, en una antigua casa que perteneció al médico y filántropo italo-uruguayo Emilio Penza a fines del siglo XIX, quien equipó y decoró la misma con una marcada influencia de la cultura francesa”.

Un noticia curiosa para leer mientras… ya saben

*Pido perdón por los eufemismos

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Publicado el 28.12.09 en Delirios, Placeres simples, Viñetas.

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