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¿Al Everest? Hablen con Leo…

Comentá (16)

Imagen0262Leo encara voraz el bife para turistas que acaban de servirle y dice:  “Voy al Everest en marzo…” Ajá, qué bien, respondo. Y seguimos comiendo. Al rato caigo:  ¿Everest?. “Sí”, me dice sin levantar la mirada.  Ajá, repito… al Everest… ¿y para qué?

Leonardo McLean (hijo) es un tipo normal de 49 años. Normal en el sentido estricto de la palabra: trabaja todos los días, tiene una familia, juega al golf  y come como todo el mundo (el bife podría salir de testigo en este sentido, aunque ya es demasiado tarde). Nada sale de lo convencional al primer vistazo. Hay, de todos modos, en esa “normalidad”, algo distinto.

Leo siente que los desafíos planteados al ras de la tierra son demasiado desabridos, supongo. O mejor dicho: que en la vida uno puede abrir puertas hacia dimensiones paralelas de las cuales a muchos les resulta difícil regresar. El encontró su portal interno para ir y venir de ambos mundos.

Debo aclarar que no se trata de un andinista profesional de esos que suelen salir en las revistas de aventura. Tampoco un hombre que vivió toda su vida cerca de la montaña y que, por mandato genético, dedicó su tiempo a subirlas. Leo no tiene ninguna de estas características y, sin embargo, hizo cumbre en las montañas más altas de seis continentes. Ahora, en marzo, va por la más grande, la más peligrosa, el Everest.  De conseguirlo, sería el segundo argentino en pisar la terraza más elevada de cada continente -Siete Cumbres-.

Leo en el Macizo Vinson (Antártida)Lo sobresaliente o ridículo; lo meritorio o estúpido de su historia es que simplemente hace algo que le gusta. Asumo que una persona con un afecto propio por más insignificante que parezca siempre resulta más interesante que otra independientemente de su posición económica, cultural o social. Alguien que colecciona objetos, realiza una actividad creativa, deportiva o se apasiona por un hobby, por el que no recibe ningún rédito material a cambio, me parece un poco superior al resto.

Más aún, cuando tipos como Leo, que podrían disfrutar cómodamente de una vida  sin sobresaltos deciden sacudir el comfort. ¿Por qué, entonces, elije los sobresaltos, cuando, todo el mundo, en realidad, busca evitarlos? “Lo hago para encontrarme conmigo mismo, con mi propia naturaleza”, me dijo una vez al regresar de una de sus hazañas. Pero para mí esa respuesta no fue suficiente y sonó a grabación berreta. Insistí otra vez con la misma pregunta: no me respondió. Interpreté que hay algo que no puede explicarse o que si se explica se caga echa a perder.

Leo McLean atrapó a la montaña o la montaña a él por casualidad. Un día en un cruce a Chile en auto divisó el Aconcagua. “Voy a subirlo” recuerda que pensó en ese momento (creo que fue en 2004). Al año siguiente estaba parado en la cumbre y nunca más paró. Tenía 44 años. Después ascendió al Elbrus, al Kilimanjaro, al Macizo Vinzon (volvió con un dedo congelado), al Monte Mckinley y a la Pirámide del Carstenz (de ahí regresó con un esguinze incurable en un pie).

Sus hijos (tres) y su mujer (una) parecerían entender este riesgoso berretín de su “viejo”.  Y eso también me llama la atención: porque, todos sabemos, que no sólo se trata de subir una montaña o cruzar el mar en balsa, sino también de transmitir esa necesidad muy íntima, incompatible, a las personas que queremos y nos acompañan. Creo que eso puede resultar más difícil que subir todas las montañas del mundo. Leo lo hizo.

Después de contarme el riguroso entrenamiento al que se somete a diario, miró su plato pelado y parece leerme los pensamientos. “Es que al Everest tenés que llegar gordito, con muchas calorías para bajar en el camino al campamento base”, dice.  Bueno, quién soy yo para contradecirlo. El tipo se va dos meses y medio al culo del mundo y tiene todo el derecho de engullir como un condenado, estimo.

Imagen0237Terminamos de almorzar y caminamos unas cuadras por lo que podría denominarse la city porteña como buenos personajes porteños que somos. El con su camisa de oficinista, zapatos y una mochilita al hombro. Nadie parece percatarse que este hombre tiene una pequeña idea en su cabeza: subir caminando al techo del mundo (“y después bajar”, aclara).


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16 Comentarios de los lectores
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  2. juAn. C

    El encontró su portal interno para ir y venir de ambos mundos.

    ¿Alli radica la clave?
    No lo sabemos, pero las historias de los anonimos atrapados en las ciudades cuentan aveces, algunos “Everest”…en sus relatos desencajados.

  3. Franco Varise

    Puede ser: las próximas historias irán hacia esos portales, lo prometo…

  4. Ema Pil

    Un hombre que sigue su sueño. Y lo alcanza. No es algo menor!
    Hermoso relato. Bella historia.
    Brillante, querido!

    Salud!
    Ema P/

  5. Gabriel Chico

    Javier, mira a lo que se dedica Leo ahora.

  6. Fernando

    muy bueno

  7. Gustavo F. Diaz

    Que tanto Everest.

    Desafio a cualquiera a cruzar el microcentro en hora pico.

    A ver quien se la banca con pleno piquete de por medio.

    Saludos.-

  8. alejandro guerrico

    Buena suerte Leo, de un compañero del Esquiu!!

  9. FERNANDO

    BUENO CABALLERO SI NO LLEGASTE EN EL PRIMER INTENTO Y LA VIDA TE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD NO LA DESPERDICIES Y DESDE YA SUERTE AMIGO DEL SUR DEL CONTINENTE Y ESPERAMOS TU HISTORIA EN LA RED

  10. ricardo

    Leo mi historia es parecida a la tuya ya que desde el 2005 que conoci los Andes en una cabalgata a donde se accidento el avión de los uruguayos en el 72. y desde ese momento no pare de hacer montañas. tambien con el sueño de las 7 cumbres. ya con Aconcagua y Kilimanjaro, otras tantas en Bolivia Ecuador. y en Abril aol base del everest ya que no me da el cuero economicamente para encara la cumbnre. Quisiera comunicarme con vos. y tener la oportunidad de comnpartir una charla. Si es posible enviame tu correo asi coordinamos. un abrazo

  11. TierraEstates

    Muy bueno!!

  12. Roberto

    Hola Leonardo,te felicito por tus hazañas.
    En 1956 hice el servicio militar con Leonardo McLean, increíblemente tan buen tipo, nunca lo ví como portador de apellido ,¿será tu padre, por tu edad es muy probable?
    Si tenés tiempo algun día comentame algo de tu padre.
    Un abrazo ,que Dios te bendiga en el próximo intento.
    Bob

  13. Gaston

    Leo: Soy de Berrotarán y todos los jueves nos juntamos a comer en la casa de Miguel, la tematica de la cena es tu viaje y desde acá todos hacemos fuerzas para que llegues y vuelvas bien.
    saludos y fuerzas.
    Gaston

  14. catalina

    me encanta la gente que va detrás de sus sueños, en búsqueda continua…
    cata

  15. Nico Olaciregui

    Grande Leo!!! Que buena cumbre!!!! Un abrazo desde Salta de toda la flia!

  16. ignacio martin

    leo soy ignacio hijo de enrique martin me enorgullece que un pariente mio suba las 7 montanas mas altas del mundo segui adelante!!

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