Hotel Gondolín, la pensión donde viven más de cien personas trans

No hay travesti que no conozca el Hotel Gondolín, una especie de conventillo porteño, ahora autogestionado por las más de cien chicas que allí viven, que es un histórico lugar de recepción de quienes llegan del interior sin dónde vivir en Buenos Aires. Si uno transita a pie por la calle Aráoz a la altura del barrio de Villa Crespo, es imposible no ver este lugar de paredes azules en cuya vereda casi siempre hay alguna de las chicas sentadas en sillas plásticas que sacan como se acostumbraba antes (o como aún sobrevive en el interior del país).

Patricio Binaghi, productor, publicista y gestor cultural, recién llegado de España, donde vivió 14 año, se topó una tarde con este peculiar lugar que desde afuera le llamó la atención. Desde entonces no se detuvo hasta averiguar qué era el Hotel Gondolín, cuál era su historia, sus protagonistas. Su intención, les dijo a las chicas cuando se animó a tocar el timbre en el lugar, era retratar, homenajear ese espacio único en el mundo.

Con el sí de las chicas, convocó a la fotógrafa Estefanía d’Esperies para que hiciera el registro fotográfico documental. Las fotos son el alma de este libro, Hotel Gondolín, que editó Patricio con su sello Paripé Books. Estefanía hace 12 años que se dedica a la fotografía y este es el trabajo más documental de su carrera. El prólogo de este libro foto-testimonial es de la activista trans Marlene Wayar.

En esta charla con Boquitas pintadas los autores cuentan la experiencia y el aprendizaje que se llevan. “La actitud de las travestis, en general, es luchar y seguir para adelante, dándole la espalda a cualquier muestra de tristeza (como dice la canción de Fangoria)”, dice Patricio. “Las notamos con muchas ganas de vivir, de querer cambiar su situación, de mostrarle al mundo que ya se sienten incluídas en las leyes y que tienen el afán de hacerse respetar”, agrega su compañera.

- ¿Cómo surgió tu interés por esa casa?

- Patricio: La realidad es que estaba por el barrio y vi la vereda, la casa y el movimiento que generaban las chicas y me fascinó. En la vereda había varias chicas trans y travestis que entraban y salían, tomaban mate, charlaban, etc. Eso me llamó la atención. Consulté a una amiga que vive a la vuelta y me contó un poco la historia. Automáticamente supe que era un lugar especial y único en el mundo y me pareció interesante conocer cómo funcionaba, cómo vivían, la magia del lugar,etc.

- ¿Cómo fue el día en que te animaste a tocar esa puerta?

- Patricio: Soy una persona muy lanzada y fue simplemente ir a tocar el timbre. Me presenté y fui de a poco ganando su confianza, conociendo sus historias, fue escucharlas y manifestarles mi propia historia y qué era lo que queríamos lograr. Las intenciones siempre fueron sinceras y transparentes, a su vez se quería obtener un material desde el amor y el respeto. No queríamos hacer un libro en donde se busque el amarillismo, eso nunca me interesó. Lo único que me interesó es poder mostrar su historia, poder mostrar lo travesti y lo transexual desde otro lado, su lado humano. Estas chicas se levantan como todos a la mañana y tienen su vida, su lucha diaria, sus amistades, su familia, sus rituales, etc.

- ¿Cómo fue la presentación ya con la fotógrafa que te acompañaría en este proyecto?

- Patricio: Fuimos con Estefanía y les dijimos que éramos una fotógrafa y un editor independiente y que queríamos hacerle un homenaje al lugar y a ellas. Les dijimos lo que buscábamos y la forma de trabajar que teníamos. No queríamos lograr un realismo a lo Nan Goldin, instalándonos ahí a convivir con ellas 24 horas, y tampoco queríamos estar ahí como paparazzis. Queríamos lograr estar invisibles en determinados momentos y situaciones y estar visibles en otros y poder retratarlas a ellas y a su vida cotidiana. Y que las fotos que se publicarían tenían que estar aprobadas por ellas.

- ¿Qué sentís que expresan estas fotos, que quizá ni en palabras puede lograrse?

- Estefanía: Creo que el trabajo logrado es el que se fue definiendo a lo largo de varios meses, documentado la vida cotidiana de las chicas en el hotel, su rutina, sus modos. Creo que el libro refleja varios estados emocionales que fueron transcurriendo a lo largo de los meses, distintos estados, distintas chicas que iban abriéndose a ser retratadas, a ser observadas desde otro punto de vista.

- ¿Cómo fue ese trabajo diario? ¿Se instalaron ahí varias horas por día?

- Patricio: Fuimos al hotel todas las semanas durante ocho meses. El tiempo que nos quedábamos podía variar de acuerdo al feeling que sentíamos ese día y a la accesibilidad de ellas. Podíamos estar una tarde entera o media hora.

- ¿Cómo surge la idea de incluir a Marlene Wayar?

- Patricio: Una amigo lo sugirió y la empezamos a perseguir. Cuando le contamos la historia y las intenciones del libro, se emocionó y nos regaló un texto espectacular. Creo que el texto es algo histórico para lo que es el movimiento travesti en la Argentina. Le dimos total libertad para que escribiera lo que quisiera. Creo que en su texto se puede apreciar la intensidad, el desgarro, la actitud y la pelea de un colectivo que sigue luchando porque la sociedad lo reconozca y lo respete.

- ¿Cómo se organizan ahí adentro las chicas para convivir?

- Patricio: Es una especie de cooperativa donde los gastos se comparten y las tareas domésticas también. Están las que limpian, las que cocinan, las que organizan, etc. Marisita y Zoe, que son las más veteranas, ponen un poco el orden, y son las más respetadas por las chicas que viven allí.

- Cuando las ves, ley de identidad de género mediante, aún en la prostitución como modo de trabajo: ¿Qué sentís?

- Patricio: Ella luchan todos los días por salir adelante, hay algunas que están haciendo el secretariado, otras están terminando el bachillerato. Algunas trabajan de peluqueras, en tiendas y en donde la sociedad se lo permite. Por suerte están saliendo leyes que apoyan cupos para que tengan empleos públicos. Que la ley exista es importante, fue el primer paso que el Estado las reconozca y les de la identidad y el respeto que se merecen. Creo que los cambios culturales llevan un poco más de tiempo, pero de a poco vamos a empezar a verlos reflejados en la sociedad. Creo que hay una revolución trans y travesti a nivel mundial.

- ¿Qué manifiestan ellas con este destino a las que los condenó, de algún modo, su familia y toda la sociedad?

- Patricio y Estefanía: La actitud de las travestis, en general, es luchar y seguir para adelante, dándole la espalda a cualquier muestra de tristeza (como dice la canción de Fangoria). Las notamos con muchas ganas de vivir, de querer cambiar su situación, de mostrarle al mundo que ya no son excluidas por muchas leyes y también con afán de hacerse respetar.

- ¿Qué aprendieron luego de esta experiencia?

- Patricio y Estefanía: Esta experiencia ha sido para ambos muy enriquecedora. Ha sido un trabajo en equipo muy interesante, como así también extenuante. Haber logrado hacer este libro con mucho esfuerzo y poder editarlo de manera independiente nos llena de orgullo. No deja de ser una publicación pequeña y de sólo 500 ejemplares.

 

Dónde conseguir el libro: El libro Hotel Gondolín se presentó el jueves 1 de octubre en la librería Poema 20, Esmeralda 869. Puede conseguirse en esa librería y, próximamente, en la librería del MALBA. También se consigue en las liberarías La Fábrica y Tipos Infames en Madrid. Otra forma de conseguirlo es a través de la tienda online.

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Documental trans: “Un travesti es un ciudadano clandestino”

“Un travesti es algo innominado, con frecuencia alguien segregado, ausente de la sociedad, no reconocido, negado, negado por los padres, por la política, por la economía, por los empleadores, por la familia. Amado irresponsablemente por no ser ni hombre ni mujer, un travesti siempre es amado irresponsablemente. Caminan solos, generalmente de noche. La noche es menos dura con lo clandestino. Un travesti es, ante los ojos de cualquiera, un ciudadano clandestino”, dice Camila Sosa Villada, la actriz travesti que se hizo conocida a nivel nacional al protagonizar la película Mía y la miniserie televisiva La viuda de Rafael.

El texto, que le pertenece, forma parte de Carnes Tolendas una obra que protagoniza en el teatro La Cochera, en Córdoba, su provincia natal. En esa pieza teatral, inspirada en una reflexión de Marguerite Duras, Camila intenta mostrar cómo una persona travesti se ve a sí misma. “Uso el masculino de modo irónico y para hacerme entender mejor. Es el modo en que mucha gente se expresa respecto de nosotras y pienso que así te escuchan mejor”, aclara a Boquitas pintadas.

Trailer del documental

De fragmentos de esa obra y de entrevistas a la actriz surgió el documental “Camila, desde el alma” (Reflexiones de una travesti), dirigida por Norma Fernández, que se estrena este jueves 16 de mayo. “Filmada en forma testimonial, incluye el aporte de fragmentos de esta obra de teatro en la que los conflictos y las búsquedas son recreados desde textos y personajes de Federico García Lorca. La soledad, los amores clandestinos, la discriminación social y la afirmación de una identidad son los grandes temas”, anticipa el comunicado de promoción de la nueva película.

En diálogo con este blog, Camila cuenta, con su marcada tonada cordobesa, que cuando empezó a entrevistarse con la cineasta nunca pensó que esas conversaciones formarían parte de un documental. Ninguna de las dos lo sabía. Pero la empatía fue tal que decidieron trabajar juntas para que la vida de Camila estuviera en la pantalla grande de los cines de todo el país. Habla y uno cree acercarse más al significado de una de sus frases predilectas: “Se es lo que se quiere ser, o no se es nada”.

Camila, en plena acción en el teatro

“Se hicieron muchas cosas para visibilizar lo que somos, pero aún falta, hay que darle tiempo a la sociedad”, dice. “Estamos camino a un lugar más plural, lo siento así”. Enseguida reconoce privilegiada, sabe que su situación no es la misma que la de muchas compañeras travestis. Cita al poeta Roberto Juarroz: “Todo está al término de una larga paciencia. Tan larga que parece a veces exceder a la vida”. Luego se refiere a su historia de vida.

Camila cuenta que a los 16 años era tan fuerte su necesidad de expresar su identidad sexual que, pese a vivir en Mina Clavero, un pequeño pueblo de las sierras de Córdoba, empezó a vestirse con ropas de mujer. “Primero lo hacía de noche, en casas de amigos para que no me vieran en mi casa”, dice. Ya en Córdoba capital, donde fue a estudiar Comunicación social y Teatro, se liberó por completo. “Siempre supe que no era mi problema, sino el de la sociedad que no podía entender”.

Sufrió mucho. Se recuerda una adolescente muy triste. Ahora cree que todo lo bueno que le pasa es un poco la contracara de aquello. “Todo está al término de una larga paciencia. Tan larga que parece a veces exceder a la vida”, vuelve a decir. “A veces las cosas llegan tarde: no debemos permitir más que un adolescente pase las tristezas que yo y tantos pasamos”.

Cuando a Camila se le pregunta qué espera del futuro, responde: “Amor, a la fuerza ya la tengo”.

Camila, en el teatro

 

Sobre el documental

Con producción de Jorge Rocca y Graciela Mazza este documental fue presentado en la edición 2010 del BAFICI en su sección Personajes y en la competencia sobre Derechos Humanos. Obtuvo el Premio al Mejor Documental en el festival Internacional DIVERSA y fue seleccionado para diversos festivales y muestras nacionales e internacionales, con excelente acogida de público y crítica.

Sinopsis: una actriz usa un acento español para interpretar al personaje madre en García Lorca La casa de Bernarda Alba. De repente, las líneas y los movimientos de la actriz se transforman en las de un hombre cordobés que está demandando a su hijo para quitarse el maquillaje. Después de todo, una madre española principios del siglo 20 y un año de edad y padre argentino 50 tienen mucho en común. Camila es una actriz, ella vive en Córdoba y lleva a cabo en una pieza etapa unipersonal donde integra diferentes obras de teatro de García Lorca, dándoles un significado que expresa nuevas sensaciones.

 

“Camila, desde el alma” se estrena en el Cine Monumental el jueves 16 de mayo a las 20.30

 

La funcionaria trans que iba al cementerio a travestirse

Eliana Alcaraz recibe a Boquitas pintadas en la oficina de Diversidad Sexual e Identidad de Género en la Municipalidad de Río Cuarto, en Córdoba. Se la nota cómoda en su espacio, firme en sus convicciones y dispuesta a dar pelea. No siempre fue así. Esta persona trans de 44 años cuenta que pasó por momentos incómodos cuando ingresó al Municipio para formar parte de la Dirección de Derechos Humanos, de la que depende el área que ella creó. Hace cuatro años de esto y aún sigue aprendiendo a abrirse un lugar.

Este espacio que conduce Eliana está pensado para que las personas trans y homosexuales de la ciudad tengan un lugar de contención social, de asesoramiento legal, de recepción de denuncias por discriminación o abuso policial. Unas 150 consultas semanales atienden Eliana y sus dos colaboradores. La persecución policial, que termina con chicas trans detenidas bajo el aval de figuras como merodeo, es una de las quejas más frecuentes.

“Cuando entré a la Municipalidad yo bajaba la cabeza porque muchos del personal de acá eran clientes míos. Iba a reuniones con funcionarios y me daba vergüenza encontrarlos de frente. Ahora no, aprendí a ver que estoy a la altura de ellos”, dice Eliana. Habla convencida. Sigue: “Fue un momento de necesidad de mi vida que tuve que trabajar en la calle y ellos me dieron un plato de comida porque me utilizaban. Ahora, ver el cambio mío, verme en el Municipio, que me invitan de todos lados a dar charlas sobre VIH y discriminación, mostrar que me gané el respeto me hace caminar con la frente alta”.

La funcionaria Eliana Alcaraz junto al intendente Juan Jure

La funcionaria Eliana Alcaraz junto al intendente de Río Cuarto Juan Jure

Como sabe -porque lo vivió en carne propia- que la falta de trabajo es la gran deuda con las chicas trans, su área se articula con la secretaría de Empleo local. Desde allí se destinan becas de capacitación para que cursen talleres de peluquería o gastronomía; también allí se dictan seminarios que las ayudan a pensar en temas como discriminación, VIH, identidad de género. “Tenemos compañeras que entraron a trabajar en peluquerías y en restaurantes y, otras, que abrieron sus propios locales”, cuenta la funcionaria. Sheila, una de ellas, es la primera que logró ingresar en la Universidad Nacional de Río Cuarto y estudia la carrera de Enfermería.

Son unas 50 las chicas trans visibilizadas desde el Municipio; algunas de ellas trabajan en la prostitución desde los 13 ó 14 años. La intención es realizar una encuesta para relevar la población trans y homosexual en situación de calle, conocer sus necesidades y trabajar en políticas públicas focalizadas. El HIV y la falta de vivienda están, también, entre los principales dramas.

Eliana es comprensiva y paciente. Sabe que los cambios no se dan de un día para el otro. “Hay que ir explicando a la sociedad y no sólo a las chicas. Sin escraches, golpeando puertas”, dice. Y ejemplifica: “Ahora, con la reciente ley de identidad de género, asesoramos para que tengan su nuevo DNI, pero sólo seis iniciamos el trámite porque no hay conciencia, hay dudas sobre lo que es la ley en sí, lo que representa un documento. Muchas no quieren hacerlo porque dicen que sus familias no quieren y piensan más en eso que en sí mismas”.

Eliana junto a su marido en el Palacio Municipal el día de su unión civil

Eliana junto a su marido en el Palacio Municipal el día de su unión civil

Ella es una de las que tramitó la rectificación de la partida de nacimiento. En pocos días, se acercará al registro civil para que en el DNI deje de figurar su Ariel, de nacimiento, por su verdadero nombre, el que la representa. También fue la única que, antes de que existiera la ley de matrimonio igualitario, se unió civilmente con su pareja de hace 24 años. La ceremonia se realizó en el Palacio Municipal. “Cuando tenga mi nuevo DNI me voy a casar con todas las pompas”, promete. Muestra el álbum de fotos de su enlace.

Su historia

Aunque ahora se la ve superada en muchos aspectos, Eliana no tuvo una vida fácil. No esconde su historia, al contrario, cree que contarla puede ayudar a otras jovencitas a no repetir algunos errores.

Ella nació en Moldes, un pueblo cercano a Río Cuarto; a los 6 años se mudó con sus padres a Mackenna, a pocos kilómetros de allí. Para entonces, ya sentía que su identidad de género no era de varón. “Yo siempre digo que estaba en un envase prestado”. Cuenta que a los cinco años era el dolor de cabeza de su mamá. “Iba al Jardín y era la maestrita ciruela; las pinturitas y los tacos eran míos, que nadie los tocara porque ardía Troya”. Aun recuerda que cuando su madre le ponía pantalones ella los rasgaba para convertirlos en pollera.

Entonces, relata una anécdota que le encanta. “Las primeras veces que me vestía de mujer me iba al cementerio a la noche y me disfrazaba. Suena cómico pero es real. Porque delante de mi mamá no me vestía de mujer, ni delante de mi papá. Entonces le robaba ropa a mis hermanas y me disfrazaba. Me acuerdo que, pobre Difunta Correa, que me perdone, pero en aquel tiempo iban las chicas a hacerle promesas y le ponían las trenzas; yo se las robaba, me las ponía y salía con unos rodetes hermosos. Salía de ahí, me iba por el pueblo o a la ruta a hacer dedo o me tomaba directamente el tren para irme a Buenos Aires.

- ¿Que sensación tenías?

- Yo me sentía única, no me importaba nada. Pasaba el pueblo de punta a punta y era yo. Por ahí a mi mamá le decían: ‘Andaba su hijo vestido de mujer’. Ella escuchaba, no decía nada pero ya sabía todo; no le oculté nunca nada, siempre fue mi amiga. Ahora vive conmigo y mi pareja. La tengo hace años a cargo mío

Eliana a los 15 años se fue del pueblo. “Me fui de casa por respeto a ellos. Volví ya realizada, con pechos, todo. Me fui a Buenos Aires”, dice. “¿Por qué me fui? En Mackenna pasaba el tren, entonces nos colábamos con una amiga que ya falleció y nos íbamos. Allá dormíamos en los vagones de Constitución o en Retiro. Comíamos lo que nos daba la gente. Hasta que empecé a prostituirme, a los 16 años”.

Eliana, en un encuentro militante, posa al lado de su madre

Eliana, en un encuentro militante, posa al lado de su madre

El teléfono de la oficina de la Municipalidad cada tanto la devuelve al presente. A veces, alguien llega por una consulta. Su compañero se ocupa. Ella no se intimida, no deja de relatar su vida. “Como era menor de edad me agarraba la policía, me llevaba a mi casa, me entregaba a mis padres; ellos firmaban la restitución y a la noche yo me disparaba de vuelta. Cuando el policía llegaba a Buenos Aires yo ya estaba presa de nuevo en la comisaría del menor. Hasta que mi mamá se cansó y pidió que me dejaran ahí. Un año estuve encerrada, hasta los 18”.

Cuando salió se operó. “Me puse los pechos en Neuquén. Fue en una noche de alcohol. Eramos seis y había cinco bidones de aceite de avión. Cola, cadera se iban poniendo. Quedaban tres litros y dijeron, ¿qué hacemos? Se los ponemos a la marica nueva. Me pusieron los pechos”.

Ella dice que se las controla cada tanto y que ahora está ahorrando dinero para sacárselas porque le aparecieron unos glóbulos. Calcula que con 14 mil pesos se las puede sacar y aplicarse prótesis con un profesional. “La ley de identidad nos ampara para la reparación reconstructiva y también para la reasignación de sexo, que es una operación que también tengo pendiente hace años”, dice.

Parece no molestarle que el camino recorrido sea el más largo. Aun tiene ganas de andar.

Eliana con Cristina Kirchner

Una foto que Eliana guarda como un tesoro: la recibió Cristina Kirchner en Buenos Aires

 

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“Reivindico mi derecho a ser un monstruo”

Foto: Susy Facebook

“Reivindico mi derecho a ser un monstruo, que otros sean lo normal”, le encanta decir a la poeta trans Susy Shock. Cuando le piden definiciones sobre su identidad, responde: “Soy arte, digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser… travesti outlet bizarría del ángel o el cometa que viene a despabilarte el rato que estemos, el rato que nos toque en suerte transitar”.

Martín Dutelli, lector de Boquitas pintadas, abre la puerta para que conozcamos a esta artista que rompe los moldes, que se anima a reivindicarse “anormal” y lo celebra. Dutelli repasa algunos extractos de su obra y, desde una mirada personal, cuenta porqué la considera una artista relevante para nuestro tiempo. “¿Quién quiere ser normal? Eso se lo dejo a otros”, dispara Dutelli, en complicidad con su artista preferida.

 

TRANS….AS

por Martín Dutelli

 

Ya quedó atrás el tiempo en el que las chicas trans sólo podían dedicarse a la prostitución. Las vimos en las películas de Almodóvar cuando Bibi Andersen hizo su aparición en la pantalla grande. Pronto, la Argentina tendría su primera figura travesti sobre las tablas, la inolvidable Cris Miró. Su paso por la pantalla fue escaso; murió y al tiempo se hizo lugar Flor de la V, diva para muchxs.

Y ahora muchas de estas mujeres se abren camino valientemente. Tienen oficios como peluqueras, cartoneras, actrices, tejedoras, costureras (en cooperativas), cantantes, representantes en call centers. No es que antes no fueran capaces, sino que la sociedad no les daba el espacio necesario para que pudieran desenvolverse de modos multifacéticos. Ellas mismas fueron mostrando sus capacidades. Muchas son madres. Ellas sienten, piensan y actúan como mujeres. Y eso son. Mujeres trans.

Hay una mujer trans que me llegó al corazón con su talento. Ella se llama Susy Shock: tiene una mirada filosa y un paladar de palabras exquisito. Se la puede oír con su voz de sirena cantando bagualas y recitando poemas y relatos propios, profundos, llenos de significado. Muestra una visión nueva y eterna sobre la vida de estas mujeres, sobre la vida de este mundo, que, por suerte, día a día vamos conociendo desde su diversidad. Así se nos empieza a ir el prejuicio de pensarlas equivocadas, cuando ellas son lo que son.

Su show folklórico es delicioso y aguerrido. Maravilloso. Fusión entre la tierra adentro, ese interior argentino, por momentos expulsor de lo “diferente” y, por momentos, rico. Susy no podía salir de otro lugar más que de la pachamama, que la parió para sorprender, para deslumbrar y amar.

Foto: Facebook

Este es un poema de Susy:

Oración a la Divina Trans

Señora de lo Trans

sucia de pelo a rabo

y tan bendita…

concédeme la voluntad

de alumbrarme y alumbrar

dame fuerzas para batallar

con mi espada brillosa de ideas

con mi lumpen mariposa de amar

y la humildad de saberme diamante

de mi propio crear…

Amén

Susy Shock

 

Este es su mandamiento nuevo. Acá ya no hay religión ni política que valga. Acá una mujer trans se juega el pellejo.

Ella cierra su show cantando: “Y si yo puedo abrir un camino, voy a hacerlo, voy a hacerlo”, de la canción Karmático, de Celeste Carballo, una pionera, como dijo Susy. Ella abre camino con sus palabras y lo hace con altura y cultura. Ahora, el colectivo está repleto, y cada vez vamos a ser más.

“Reivindico mi derecho a ser un monstruo, que otros sean los normal”, dice Susy. ¿Quién quiere ser normal?….se lo dejo a otros.

 

Bonus Track: Una entrevista con Susy Shock

 

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Yohana: “Yo fundé una pastoral de travestis en la villa”

Foto: Guadalupe Aizaga

Yohana Lencina tiene 45 años y acaba de estrenar su nuevo DNI en la mesa de entrada del diario, donde viene a contar su historia de vida desde que empezó a sentirse incómoda en su cuerpo de varón, cuando aún iba al colegio primario y se llamaba Luis, hasta hoy, cuando por fin consiguió ser legalmente ella.

Recién retiró su documento y está feliz. Cuida como oro el sobre del Registro Nacional de las Personas. Lo saca de la cartera para mostrarlo, le encanta la idea de fotografiarse con su DNI, su cédula y su nueva partida de nacimiento, papeles que nunca soñó que iba a tener. “Es como nacer de nuevo”, dice. “A partir de ahora empieza el trabajo de cambiar las facturas de impuestos y servicios de mi casa. No me quejo, es un tramiterío tedioso que esperé toda la vida poder hacer”.

Yohana parece una de esas personas que no se cansan nunca, que siempre están activas. Ella cuenta que en su lucha de años fue fundamental su fe en Dios: la religión católica le permitió no claudicar en su vida. Aunque también conoció las dificultades puertas adentro de la iglesia, sobre todo cuando empezó a vestirse con ropas de mujer. En alguna oportunidad, algún sacerdote le pidió que se retirara de la misa, también recuerda los tres años que le hicieron “repetir” la preparación a la Comunión. “Me decían que no podía tomarla porque tenía que hacer sí o sí el retiro espiritual y no sabían si mandarme con varones o mujeres”, relata.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Ella menciona al, por entonces, obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, y está agradecida porque le permitió tomar la Comunión y Confirmarse, también. “A los veintipico me dieron ganas de tomar la Confirmación; entonces me acerco al padre Jorge, de la villa La Cava, donde yo vivía. El me dijo que lo tenía que autorizar el obispo y hablamos con Casaretto. Nos recibió a los dos. Me dijo que como ya había estudiado y me veía tan decidida no tenía que hacer el curso, pero quise hacerlo igual y fui un año con todos los jóvenes”, relata Yohana. En diciembre de 1998 se confirmó. No se olvida más de esa fecha.

Muestra una foto de ella entonces: su pelo negro hasta la cintura peinado con una trenza cocida, sus palazos, sus tacos altos.

La historia recién empezaba. Luego de ese paso, junto al sacerdote de La Cava, el barrio donde ella vivió desde los 4 a los 28 años, Yohana organizó una pastoral de travestis.  “El padre nos mostró que nosotras también somos hijas de Dios, necesitamos de él, de  rezar, de pedir perdón. En los encuentros el padre nos daba charlas, conversábamos sobre esos temas, sobre nuestros derechos. Muchas se engancharon y pudieron tomar la Comunión y luego confirmarse”, cuenta, quien después armó con otras compañeras de militancia la asociación Liga y Unión de la Comunidad Homosexual Argentina (LUCHA) para seguir trabajando por la integración real de las personas trans.

Sabe que falta mucho, pero se aferra a un refrán como si fuera la biblia misma. “La fe mueve montañas”, dice. Ella es pura fe.

 

Les dejo la carta que Yohana escribió para que el Estado la reconozca con su verdadera identidad. Es la síntesis de su vida, según ella misma. Su infancia, su condena familiar, la violencia escolar, las detenciones de la policía, su miedo al servicio militar, sus trabajos, su militancia….

 

Foto: Guadalupe Aizaga

Carta de Yohana al Estado

 

Mi nombre es Yohana Lencina , DNI 18284912, nací en La Plata el 15 de julio del año 1967. Mi madre es Aurora Lencina; después de 34 años conocí a mi padre,  cuyo nombre es Juan Carlos Luna. Soy la mayor de dos hermanos: Fernando y Guillermo Castro.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Mi historia difícil comienza desde mi niñez, más precisamente a los 5 años; en esa etapa empezaba en San Isidro la escuela primaria y ya encontraba atracción por aquellos que eran mis compañeritos. Mi forma de relacionarme tanto con mis compañeros como con mis maestras era diferente a la que ellos esperaban o estaban acostumbrados; entonces, a raíz de eso, mi madre no estaba conforme con la escuela y recurre al cambio de institución. Como nada cambiaba, así pasé por tres escuelas más.

En este momento, mi corazón recuerda que, cuando cursaba 5º grado, mi maestra “Julia” me quiere llamar la atención entonces pide una reunión personal con mi madre. Grabada está en mi memoria lo que la docente le dijo a mi madre. Entre otras palabras, recuerdo algo que parecía un versito: “Su hijo se comporta como un  mariposón, me canso de llamarle la a atención”. Sin querer, y sin saberlo, a los 10 años era discriminado por aquella que nos hablaba de respeto.

Toda esta situación, inconcientemente me llevó a ocultar lo que realmente sentía, por miedo a la reacción de la gente que quería. Tanta fue la presión que sentía que recurrí a analizarme con un profesional durante 3 años.  Me sentía invadida, lloraba todo el tiempo. Sentía que me pedían que fuera alguien que no era, no podía inventar lo que ellos pedían. Pero aún así,  hasta 6º grado, con gran esfuerzo, oculté mi condición. Pero era inevitable que no se dieran cuenta. Mi madre era la que no podía ver en mí lo que yo realmente era. “No hay ciego  peor que el que no quiere ver”.

Mi primaria culminó con la expulsión por mi comportamiento que, para aquella sociedad, era “una vergüenza”. Como era casi fin de año me incorporaron nuevamente y así pude terminar mi primaria en 1981 en la escuela Nº 11, en San Isidro.

La adolescencia

Ya a los 15 años mi madre fue asimilando de a poco lo que mi cuerpo y mi corazón necesitaban.

El segundo camino, el más difícil, fue empezar el secundario. Debo confesar que en ese período viví lo más humillante, ya que la discriminación no fue indirecta sino directa hacia mi persona. Lo más normal, por ejemplo, era que ir al baño fuera un suplicio. Tuvieron que juntarse los profesores cuando dije que no quería ir al baño de hombres, ya que mis compañeros se burlaban cada vez que iba. Recuerdo que pedía permiso para salir en horario de clases. Un profesor una vez me lo negó, yo le expliqué a qué se debía y él me dijo “y vos qué sos?”, “yo soy una mujer”, le dije, “yo veo a un hombre”, me contestó. Resolvieron, finalmente, autorizarme ir al bañe durante el horario de clases.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Decidí pasarme al horario nocturno a ver si me sentía mejor. Un día en que me agredieron a la salida tirándome piedras, decidí abandonar los estudios.

Ya a los 16 años, a escondidas de mi madre, con la excusa de ir a cumpleaños me reunía con  Karina. Con ella compartíamos alegres tardes con vestidos, pinturas y perfumes. ¡Todavía las recuerdo! En esas pocas horas era feliz.

A los 17 me recuerdo enamorada y tuve mi primer novio; su nombre era Jorge y con él estuve 5 años. Con este amor aprendí a ser una mujer feliz, contenida; mis primeros besos se los dí a él.

El miedo al servicio militar

Este amor fue superado por lo amargo del año 1985 en el que el servicio militar era obligatorio y quedaba al azar  por sorteo si formabas parte de ellos o no.  Me encontré una tarde en mi casa mirando por el noticiero el famoso sorteo. Los números rodaban y mi corazón latía suplicando no formar parte del servicio.

Pero mis suplicas fueron en vano: debía presentarme al día siguiente en San Martín, en donde me hicieron la revisación médica. Pensé que, por mi condición sexual, no iba a tener que hacerlo. Pero pensé mal: salí apto A (a todo servicio).

Mi desesperación fue invadida por la impotencia. Me imaginaba dentro del campo de batalla y, si antes dije que mi secundaria fue un calvario, no dudé ni dudo de  que el servicio iba a ser muchísimo peor. Me imaginé ultrajada, burlada y no estaba en condiciones de soportarlo. Hice todos los trámites para no hacer el servicio militar, necesité caminar mucho, llenarme de paciencia, pero lo conseguí.

Me di cuenta de que si pude con eso podía  luchar por mi condición. La sociedad tenía que aceptarme tal cual era. Las tardes de vestidos, pinturas y perfumes ya  no eran a escondidas. Salía a los corsos como vedette.

A partir de los 18 años comenzó a hostigarme la policía, por el sólo hecho de verme en la calle me detenía. Recuerdo el día en que me detuvieron por 1 semana al volver de la carnicería con medio kilo de carne. Debo haber sido detenida más de 30 veces, todas con una duración de, por lo menos, una semana. Recién cuando se derogó el Código Contravencional se acabaron estos problemas.

Ganarse la vida

Trabajé en un restaurante como  ayudanta de cocina durante muchos años. A los 23  me quedé sin trabajo ahí y, al tiempo, me ofrecieron trabajar como puntera política en la villa donde vivía; lo acepté y empezó así mi experiencia en la ayuda social.

Foto: Guadalupe Aizaga

Allí me encontraba muy cómoda trabajando, ayudando a gente de mi misma condición o no en San Isidro; pero también ahí tuve el desagrado de ser víctima de discriminación y burla de la propia directora al enterarse de mi condición, a tal punto que me echó del establecimiento.

Gracias a la ayuda de muchas personas y a mi lucha armé una asociación llamada “LUCHA” (Liga, Unión, Comunidad Homosexual Argentina) donde se daba apoyo a las compañeras discriminadas por la sociedad.

Necesito que mi DNI refleje mi identidad. Retomé hace 2 años el secundario y quiero que en el título figure mi nombre. Esporádicamente viajo al exterior y resulta agobiante que en las Oficinas de Migraciones tenga que dar explicaciones sobre algo que resulta de mi intimidad, de hecho, suspendí mis viajes.

No tengo tarjetas de crédito, ni de débito, no utilizo cuentas bancarias, ni pido préstamos. Evito toda situación de trámites, ya que cada uno de estos resulta humillante. Nunca escrituré mi casa por falta de la documentación acorde a mi identidad.

Estoy cansada de no poder hacer las cosas como quisiera. Esto resulta limitante para mis proyectos y para mi vida en general. Por todo esto requiero de forma urgente un Documente Nacional de Identidad donde figure yo.

Yohana Lencina

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Naty Menstrual: “Escribo para tapar un vacío”

Foto: Martina Matzkin

Dice ella que Naty Menstrual fue su segundo nacimiento, el momento en que empezó a ser ella. Esta escritora poco convencional habla con libertad de su identidad sexual, como de todos los temas. “Soy los mil ojos que me ven, uno está definido por la mirada de los otros”, dispara, fresca, luego de reconocer que desde niño se sintió “mariquita” y que, luego, vestirse de mujer fue más que un juego.

Esta artista, cuyo nombre está inspirado en la genial actriz y cantante española Nati Mistral, se asume travesti sin conflictos e insiste en la mirada de los otros y en la relatividad de los puntos de vista: “Para algunos puedo ser una diosa, diva, zarpada, genial escritora y para otros un puto asqueroso que escribe porquerías”. Sonríe y su boca anaranjada de rouge es el centro de su cara.

La escritora de Continuadísimo (Editorial Eterna Cadencia) propone una entrevista distendida. “¿Empezamos con un poema?”, sugiere, ya instalada en un vistoso sillón de LA NACION. “Ser o no ser, se llama, como Hamlet”, dice. Se cerciora de que estamos grabando y empieza: “Yo quisiera ser Gatúbela y arañarle la espalda a Batman entre sus sábanas…”

 

 

Charlamos con ella más de una hora. Fue un tiempo relajado, de literatura como la entiende Naty… “La vida es literatura”, dirá en un momento de la charla. Hablamos de su vida, de su relación con su familia –tiene un hermano sacerdote-, de su pulsión por escribir, de los personajes de sus cuentos, de la marginalidad, de la soledad, del amor….

-¿Quién es Naty Menstrual?

-Fue algo como un nuevo nacimiento. No reniego para nada, no tengo problema de doble personalidad, pero es un poco un juego. Disfruto de salir de esa rigidez social del sexo. Puedo ser una cosa y la otra, soy una caja de Pandora.

-¿Cuál es tu identidad sexual?

- Se las dejo a los demás. Lo que ve la gente  es lo que soy. Porque uno es lo que los mil ojos que te ven. Porque por más de que vos estés súper definida, está la mirada de los otros. Yo para algunos puedo ser una diosa, diva, zarpada, genial escritora y para otros un puto asqueroso que escribe porquerías.

-¿Cómo fuiste descubriendo tu sexualidad?

-Lo más interesante fue el redescubrimiento. La gente necesita algo para saber qué sos: sapo, rana, león, gato, puta, marica. Ahora se está revolucionando todo porque aparecen cosas y la gente no sabe cómo definirlas. Mi mamá, por ejemplo, me dice: ¿Qué es?. ¿Cómo qué es?, le pregunto. Sí, ¿qué es? chica, chico, travesti. Tenés que dejar de preguntarte qué es, le digo. Hay otras versiones de las que estamos acostumbrados y educados, entonces, a veces, no existe la respuesta. Me parece bien el final de la película XXY. El mundo quería saber qué era ella, entonces la chica contesta: “Quiero ser lo que soy”.

-¿Cómo es tu vínculo con la literatura?

-Literatura es una palabra muy particular. La literatura para mí pueden ser dichos populares, grafitis, puteadas. La literatura es eso. Yo escribía desde chica. No le ponía el nombre de literatura. ¿Qué es literatura? La vida es literatura, antes que nada.

De chica escribía. Gané un premio en el Rotary Club de Moreno (se ríe). Escribía todo el tiempo. Sobre esto va a tratar mi próxima novela: es la historia de un niño que lo van formando, mal formando, educando y él crece como puede. Es la soledad en el colegio, en los vestuarios, en la vida porque te gustan los chicos y no lo podés decir. Hay mucha soledad.

-¿Es un poco tu historia?

-Ningún escritor puede escribir algo que no sea un poco autobiográfico, porque lo que surge es en función de la vida que vas viviendo. El hombre no puede escribir sobre algo que no conoce, por más que sea un maestro de la ciencia ficción. Tuve un profesor de guión que valoré mucho. Decía: “El hombre tiene situaciones que lo marcaron a fuego en su vida y de ahí no puede salir. Puede reversionar, ponerle otra pincelada, no mucho más. La madre, el afecto, la búsqueda del amor…

-¿Por qué escribís?

-Escribo siempre con algo de pulsión, fue siempre como tapar un vacío, como acompañamiento en la vida, para fantasear con eso que no se daba en la vida, con lo que se me dificultaba…

Siempre hice colage y recortaba de la Anteojito, me encantaban las hadas. ¡Esas mariconadas me encantaban! Agarraba las flores en el jardín de mi abuela…eso no era un jardín, era…era magia. (Entonces, se pone a recitar “El jardín de mi abuela”).

 

Foto: Martina Matzkin

Después de su recitado, intentamos un juego de palabras. Tomo su libro de cuentos Continuadísimo y arrojo, como al aire, palabras recurrentes en sus relatos para que Naty diga lo primero que le venga en ganas.

 

La madre: Para mí la madre es esencialmente importante, es de donde salís. La madre es la presencia más importante. También el resto de la familia, el padre, los hermanos. Yo tengo un hermano mellizo cura franciscano conventual, ahora nos estamos reencontrando, estoy disfrutando de eso. (Luego empieza a recitar su poema “La madre”…no lo recuerda todo, aclara…)

Soy tu madre, la madre, vuestra madre, la que nombran cuando dicen la puta que te parió. Esa soy, la puta, tu madre…Soy la que te tuvo enredado en sus jugos hasta que te parió, a la que te aferraste como tu única tabla de salvación.

Soledad: Sobre la soledad? Puede ser muy grave. Hay gente a la que la puede volver loca, matar, puede ser terrible pero me parece que, llegada la madurez, el problema radica cuando no hay nada más que eso. Porque es parte de la vida. Hay momentos en que te toca estar sola, o querés estar sola. Y hay que tenerle respeto a eso, tampoco regodearse ni cerrar la vida ahí. Debe ser un tema psicológicamente fuerte el que se siente solo en el mundo, porque en el mundo hay muchas cosas.

Violencia. A la violencia física la pude haber vivido pero nunca tuve la vida como la de mis personajes. No es autobiográfico todo lo que escribo, no pude haber vivido todo eso, es el morbo de la gente si piensa eso.

El bicho. En realidad, el bicho empezó como algo propio de la comunidad gay. Es terrible el bicho, es como un karma. Mata más gente el cigarrillo, sin embargo el bicho es el bicho y el cigarrillo, una monada. Somos ridículos. La gente se muere de hambre, de soledad. El bicho tocó la parte animal del ser humano, el impuso sexual, eso es lo que nos cagó.

Marginalidad. Es relativa. A mí me puede parecer más marginal un hijo de puta lleno de dinero, perverso y corrupto. Eso es marginal para mí. Gente que tiene la posibilidad desgraciadamente de manejar ciertas vidas. Porque siempre lo marginal es la puta, el croto, el villero, el paquero, pero en realidad, al fin y al cabo, es más marginal un facho.

Prostitución. Desde mí, puede ser un intercambio

“Ahora queremos adoptar un hijo”

Foto: Ariela Bernater

Angela y Carlos se casaron no bien se aprobó la ley de matrimonio igualitario: fue la primera travesti en dar el sí. El viernes pasado cumplieron su aniversario de bodas. Sin embargo, esta historia de amor tiene casi treinta años.

Angela cuenta que la vida en pareja sigue igual entre ellos, aunque esa libreta que comparten es mucho más que un papel. “Es la protección legal, de salud y la certeza de que si falta uno de los dos el otro no queda en la calle”, dice ella en las vísperas de la celebración del primer año de casados. No habrá fiesta, más bien ellos invitan a sus amigos a tomar unos mates con torta.

“Tenemos un proyecto en común que crece y nos fortalece”, dice Angela, enamorada como el primer día, cuando Carlos se acercó a su peluquería. Y confiesa un secreto. “Ahora queremos adoptar un hijo”. No quiere contar mucho más, pero dice que ya empezaron a hablar con dirigentes sociales del barrio para que los ayuden a iniciar los trámites. “No entendemos mucho del tema de papeles, pero sabemos que tener un niño sería una alegría para nosotros, una forma de estar acompañados, se ser una familia más grande”, dice Angela. Desborda de amor esta mujer de cuerpo generoso y hospitalidad infinita. “Tenemos mucho amor para dar”, concluye como si aun quedara alguna duda.

A modo de celebración, les comparto el video que armamos con Angela y Carlos el día previo al casamiento. Aquí cuentan la historia de amor desde el principio…

 

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Lohana Berkins, la travesti que quiere ser Presidenta

Foto: Guadalupe Aizaga

Se empieza a discutir la ley de identidad de género en el Congreso y Lohana Berkins está feliz. Muestra uno de los chalecos que hicieron en la cooperativa, se lo coloca en el pecho y sonríe francamente, no sólo para la foto. Esta militante sabe que es el primer paso hacia la ciudadanía plena de sus compañeras travestis. “Vamos a empezar a ser tratadas como iguales, personas que podemos desarrollar nuestra vida cotidiana como profesionales, artistas, políticas siendo quienes somos, en vez de quedar sujetas a la burla, al menosprecio como hasta ahora”, reflexiona.

Conversamos en su oficina de la cooperativa textil Nadia Echazú que funciona desde hace 4 años en Avellaneda y que es salida laboral para 60 personas excluidas no sólo del mercado laboral, sino de sus hogares, de la escuela, de la vida del país. Tiene una convicción y una fuerza que emociona. “Me tengo tanta fe que quiero ser Presidenta de la Nación”, dice cuando hablamos sobre la necesidad de seguir abriendo espacios de ciudadanía. “No sólo sería lograr la presidencia, sino que cuando se me tenga que imputar algo, se me evalúe por mi capacidad de gestión y no por mi condición de travesti”.

Estas son sólo algunas de las reflexiones de Lohana. Los convido a la entrevista completa con una persona que nos ayuda a pensar un país, de verdad, más inclusivo.

- ¿Cuál es la realidad de las travestis hoy?

- Puedo dar cuenta de las situaciones que debemos atravesar las travestis y transexuales en la Argentina y en todo América latina. El travestismo acá se asume entre los 8 y los 13 años y produce una expulsión del hogar del niño o niña travesti. Las travestis femeninas somos rápidamente expulsadas, quizá por el viejo proverbio de que echar a la manzana podrida no permitiría que se pudra todo el cajón. Las familias están en esa situación de tensión y nos echan de nuestros hogares. El relato que yo encarno, matices más matices menos, no es ajena a ninguna travesti del país: las situaciones de violencia, marginación, el encarcelamiento, la muerte, las condiciones de la transformación del cuerpo en absoluta ilegalidad son situaciones comunes a todas nosotras.

- ¿Cómo definiría la identidad travesti?

- Para mí el travestismo es lo mejor que me pasó en la vida, mi manera de estar y de ser en el mundo, es mi manera de relacionarme. Para mí el travestismo viene justamente a romper con esa cuestión sexo/género de creer que porque alguien tiene una vagina automáticamente es mujer o quien tiene un pene automáticamente es varón. El travestismo rompe con eso y es la prueba más maravillosa que rompe con esto de la dualidad varón/mujer. Nosotros somos personas que podemos tener una genitalidad pero podemos también construirnos en otra identidad sexual.

- Ni femenino ni masculino…

- Ninguno de los dos. Yo me construyo en el universo de lo femenino, pero no soy mujer, tengo diferencias marcadas con las mujeres. Pero tampoco, por tener genitalidad que pertenecería a los varones, soy varón. Lo que el travestismo ocupa es un lugar propio.

- ¿Entonces, no necesariamente deberían operarse para parecerse a una mujer?

- Primero: no se puede generar un estándar de travesti porque yo no podría decir que soy modelo de las travestis, ni nadie se puede arrogar esa presuntuosidad. Segundo, son derechos personalísimos y cada uno vive el travestismo como lo quiere vivir y si alguien cree que una cuestión cosmética es lo que completa esa identidad está todo bien. También somos muchas las que no: la verdad es que a mí no me gusta pintarme, pero hay chicas que están pintadas como portones. Pero ni ellas son más travestis ni yo menos. Lo que nosotras remarcamos es que no sea una obligación, un mandato patriarcal; que sea porque lo siente, no porque crea que si no se opera o no se pinta no está legitimada su identidad.

 

UN DNI QUE LAS REPRESENTE

- ¿Cuál es la importancia de la ley de identidad de género?

- Es fundamental porque por primera vez se nos va a reconocer como ciudadanos y ciudadanas de este país, nos va a poner en una situación de igualdad con todo el resto. Primero, reconociendo la igualdad, es decir, que nosotras podamos desarrollar nuestra vida cotidiana como profesionales, artistas, políticas siendo quienes somos y no quedar sujetas a la burla, al menosprecio de otros. Nosotras vamos a poder  tener un documento que va a ser el punto de partida a la construcción de ciudadanía travesti-transexual. Entonces, nosotras vamos a poder, con el documento, decir ‘esto es lo que nosotras somos’ y poder gestionar nuestras vidas en todos los sentidos como ciudadanas, que nadie sienta que nos pueden negar un derecho porque el documento no corresponde con tu identidad de género, con tu apariencia. Esto es lo que la gente no logra dimensionar.

Lo que muchos no ven es que nuestras vidas son cotidianamente controladas, con hechos. Por ejemplo, para ir a la escuela un niño/niña, adolescente o adulto anotarse en una escuela y cursar termina siendo como una gran epopeya, como grandes cruzadas. Y en el siglo XXI con la tecnologización, el avance que hay en todo sentido realmente es una cuestión retrógrada que no tiene razón de ser. Ir a un hospital, es otro ejemplo de cómo nos cuesta todo. La salud, la educación son derechos garantizados en nuestra constitución y a nosotras no se nos garantiza ese acceso.

- ¿Cuál diría que es la realidad travesti? ¿Por ejemplo, cuál es el promedio de vida?

- El promedio de vida es bastante triste: cuando la media nacional está mucho más alta (supera los 70 años) la edad de mortandad de las travestis no supera los 30 años y las causas de muerte son absolutamente evitables. Los tres causales son VIH/sida, la muerte indiscriminada y violenta por cualquier razón (la discriminación muchas veces toma la forma de violencia física) y el uso discreción de las cirugías, realizadas en situaciones irregulares.

- ¿Cuáles son los problemas laborales que las afectan?

- La sociedad genera un pánico general sobre nuestra sexualidad y nuestras identidades: en el imaginario colectivo somos agresivas, ladronas, sidosas, escandalosas, exhibicionistas. Toda una batería de cuestiones negativas que están sobre nosotras. Entonces, ¿qué pasa con nosotras? La sociedad, perversamente, ha generado un rol de que las personas travas sólo pueden prostituirse. No se piensa en nosotras en términos de políticas públicas, si no en términos de zonas rojas, sin que nosotras seamos las que las pidamos. Nunca ví una manifestación de travestis pidiendo una zona roja, por ej; sí seguimos yendo a reclamar políticas públicas. Entonces, se ha generado esa historia: que nosotras sólo servimos para la prostitución y no nos ven como fuerzas productoras de trabajo, no nos ven con capacidades para hacer cualquier cosa.

- ¿Qué pasa cuando una compañera va a pedir trabajo?

- No se lo dan. Simple y sencillamente lo que empieza a operar ahí son los prejuicios sobre la persona. No importa lo calificada o no que esté para ese trabajo.

- ¿La desocupación es del 100 por ciento?

- Del 100 por ciento. Y eso es llamativo porque si lo medimos en términos de pobreza, no todos los pobres no tienen acceso a un empleo. O si lo pones en términos de comunidades, tampoco hay comunidades enteras excluidas del mercado laboral. En cambio, nosotras si somos mil, las mil estamos desocupadas.

- ¿Cuál es la alternativa? ¿Cómo juega ahí la prostitución?

- Para mí la prostitución es una imposición de los estados, de la sociedad. Nosotras no la asumimos como un trabajo, somos abolicionistas. Por eso creamos esta cooperativa y le exigimos al Estado políticas públicas porque nosotras no queremos zonas rojas, no queremos ser consideradas carne de alto consumo, no tiene nada que ver con nosotras. Nosotras somos mucho más que eso y no aceptamos ni aceptaremos nunca la prostitución como un trabajo. Entonces desde ahí es que empezamos a formar cooperativas, a capacitarnos, a tomar cursos para ingresar al mundo laboral.

LA COOPERATIVA DE TRAVESTIS

- ¿Cómo surge esta cooperativa?

- La cooperativa Nadia Echazú se formó en respuesta a eso que charlábamos. Empezamos a pensar en el autoempleo porque la realidad es que no nos da trabajo. Entonces, somos 60 compañeras que trabajamos en esta cooperativa textil: nos hemos capacitado con la ayuda de distintos ministerios de la nación y hoy todas dejamos la prostitución. Es textil porque la ropa tiene mucho que ver con nosotras. En principio habíamos pensado en algunos cursos de 6 meses, pero hace ya 4 años que estamos y no se fue ninguna. Para reforzar lo que decía, nadie volvió a la calle pese a ganar mucho menos de lo que sacaría ahí. Esto claramente muestra que acá se busca otra cosa, es todo un aprendizaje.

- ¿Qué producen?

- Hacemos sábanas que vendemos a particulares y, también, guardapolvos para el Ministerio de Desarrollo Social, que se los entregan a niños. Por mes hacemos un promedio de 5.000 sábanas y la misma cantidad de guardapolvos. Además, este mes, por ejemplo, hicimos un extra de 20.000 pañuelos y banderines. También hacemos remeras cuando nos piden.

- ¿Qué repercusión tuvo esta cooperativa en la comunidad?

- Es de resaltar eso porque fue tan positiva que se han formado otras cooperativas. Ya somos cuatro. Las compañeras empezaron a pensar que se puede acceder a un empleo, que nosotras podemos capacitarnos, empezar a perder el miedo y buscar dentro de nosotras mismas las potencialidades que tenemos. Hay textiles y también de catering.

- ¿Contratarían a alguien que no sea travesti?

- No, porque perdería el objetivo del proyecto. El objetico es crear una cooperativa para travestis, la población más vulnerable es esa, las beneficiarias tienen que ser ellas.

- La situación ideal sería que no se necesiten lugares de trabajo para hombres, para mujeres, para travestis, ¿no?

- Eso me produce confusión, porque a mí me parece que es bueno estar entre pares, uno elige con quien estar. Acá somos todas travas, nos conocemos, hablamos, tenemos códigos en común, la pasamos súper bomba. Lo que sí creo es que tenemos que poder integrar otros espacios, que este no sea nuestro único mundo. Pero yo salgo de acá y ando por mil lugares: con mi familia, mis amigos, amigas, transito otros espacios. No es que estamos en un ghetto. Pero para determinadas cosas estar con gente a la que no hay que explicarles determinadas cosas, está bueno, relaja. También nos une mucho la ideología y la forma de pensar.

POLITICA Y TRAVESTISMO

- ¿Se imagina el día en que haya una diputada travesti, por ejemplo? ¿Cuán lejos está?

- Yo quiero ser Presidenta de la Nación. ¡Mi autoestima ha crecido tanto! No sólo sería lograr la presidencia sino que cuando se me tenga que imputar algo, se me evalúe por mi capacidad de gestión y no por mi condición de travesti. Esos cimientos en esta sociedad todavía están muy arraigados. Hemos avanzado mucho, pero no lo suficiente.

Primero tiene que salir la ley de identidad de género. Pero luego hay otras cosas: por ejemplo, por qué los diputados no tienen secretarias travestis? Yo soy asesora de la Diputada Diana Maffía, de la legislatura de la Ciudad, y veo que en ese mundo no hay otras travestis. Entonces, cuando nosotras seamos maestras, meseras, enfermeras, compañeras afectivas de alguien, diputadas, actrices ahí vamos a decir que habremos cambiado como sociedad.

Por eso, cuando la ley de identidad de género a mí me conceda el documento no va a ser sólo un beneficio para mí sino para toda la sociedad. Niños, niñas, adultos, jóvenes van a sentir que se puede dialogar con otra sexualidad, que hay otras maneras de ser en el mundo y que nadie las debe violentar. Cualquiera va a poder vivir su sexualidad, su vida, sus libertades, su forma de ser en el mundo.

- Un hermoso perfil de Lohana Berkins, en Las 12 (Suplemento Página 12)

“En la dictadura me torturaron porque tenía tetas”

Foto: SentidoG

Foto: SentidoG

Cuando el nombre de Jorge Julio López vuelve a aparecer en los medios a partir de la declaración de un testigo reservado que dijo saber dónde está enterrado este desaparecido de la democracia, ella se anima a hablar.  Valeria Ramírez es una mujer transexual que se sumó como un nuevo testigo en una causa por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.

Luego de dar su testimonio, habla por teléfono con Boquitas pintadas: rememora los años 76 y 77, cuando la detuvieron por ser travesti. “Nos detenían por la identidad nuestra, porque yo era Valeria y tenía tetas”, dice. “Eso era para ellos como tener una camiseta del Che Guevara”.

En el audio que comparto más abajo narra los detalles de las detenciones y habla de las violaciones a las que la sometían a ella y a otras compañeras que trabajaban en la calle. Dos veces la secuestraron y detuvieron clandestinamente en el “Pozo de Banfield”.

V.Ramirez

Dice que ahora se anima a contar su vivencia en la Justicia porque cree que es un tiempo diferente: “Nunca estuve decidida a declarar, hasta me costaba verme como una víctima. Ahora me siento apoyada, creo que se toman en cuenta los derechos humanos de todos”.

Bonus Track

Iván Ferreyra es un escritor militante por la causa López. Hace unos meses presentó Zepol, Variaciones en torno a la desaparición de Jorge Julio López. Es una obra colectiva: Ferreyra convocó a un grupo de cuarenta escritores y artistas para que se expresaran sobre este tema. ¡Excelente libro!

Un discurso irreverente

Boquitas pintadas es un espacio atravesado por la literatura, a esta altura aparecieron varios guiños a lectores. La idea es compartir ficciones (ya recibí muchos relatos de ustedes que problematizan la diversidad sexual y voy a ir publicando); además, me interesa comentar algunos libros que considero valiosos para pensar el tema. La Virgen Cabeza, de la editorial Eterna Cadencia, es uno de ellos.  Me lo prestó una amiga, luego me lo compré para releerlo, desde entonces, lo regalé varias veces, como si quisiera multiplicarlo para siempre.

El historiador y escritor Mario Rufer envió a Boquitas pintadas su comentario de esta obra de  Gabriela Cabezón Cámara. Van a entender por qué este libro complejo, intenso enamora.

La Virgen Cabeza : sobre el lenguaje tripal

por Mario Rufer

Entre los buenos libros, los hay solemnes y políticamente audaces. Hay libros con descripciones cautas y narraciones prolijas. Hay otros que hacen un uso metafórico del lenguaje y aquellos que parecen ubicar las palabras exactamente en lo que nombran. Pero hay libros tripales, como La Virgen Cabeza.  En esta categoría tan poco precisa, diría que se ubican esos textos que uno no puede definir cómo, ni por qué artilugio del discurso, saben arrancar una carcajada limpia en un ómnibus o un llanto franco y sin barreras en una tarde de lectura de playa. No sabría decir si eso constituye a la buena literatura (ni me importa demasiado), pero sí es un motivo de sobra para leer esta novela. Cuando el pasaje de un libro logra pasar sin filtro al sistema cerrado de las afecciones del lector y antes de atravesar por el nodo de la significación racional, decía Bergson, ese libro pertenece a un buen escritor.

¿Qué cuenta La Virgen Cabeza? He leído varias reseñas y ninguna tuvo que ver con mi lectura (primer indicio de que se trata de un buen libro). ¿Es la historia de una travesti y sus desvaríos sexuales y místicos? En parte, sólo en parte. ¿Es la historia de una periodista heterosexual, combativa, que se enamora de una travesti y de la vida en una villa? Un poco de eso hay. Sin embargo, creo que La Virgen Cabeza es un libro que hace honor a lo que Chimamanda Achidie advertía como “el peligro de una sola historia”. La primera novela de Gabriela Cabezón Cámara narra desde ese lugar en el que nada puede definirse ni clasificarse ni encasillarse como “la historia de…” Es más bien una trama sobre la necesidad de des-identificación: la vida en la villa es mucho más que un sistema de vínculos patrimoniales; la sexualidad de una travesti es mucho más que un sistema de elecciones fundadas en la carencia y la inversión, y también más que una marca indeleble a quien horada la norma; la religión en nuestros tiempos al menos para una franja cada vez más amplia de la población, es muchísimo más que ideología restrictiva.

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Todo eso “está” en el libro, y sin embargo no es una historia de la villa ni de la sexualidad casual de una travesti con una periodista ni de una forma más de culto popular. Es, en todo caso, una de las tantas maneras en que esas estampas podrían vincularse. Es una muestra de que “travesti” o “mujer heterosexual” son denominaciones que nunca alcanzan a nombrar esas posiciones de sujeto que somos en un momento determinado. Es una posibilidad narrativa para demostrar que (a veces) la sexualidad y lo político están emparentados por una forma subversiva del desacuerdo, la irreverencia y la irrupción (y por ende, siempre son históricos, electivos).

Para este lector el libro no es, como por ahí se dijo, una “historia cotidiana de la marginalidad argentina”. En todo caso, es una modulación narrativa de esa marginalidad desde otro lugar de enunciación: ese donde el margen es el único centro conocido. Donde el mundo empieza y termina en una mezcla de sobrevivencia, delito, muerte, solidaridad, espiritualidady amor. Y donde cada una de esas palabras es redefinida según el tiempo –un tiempo corto de tempestades crónicas donde todo desaparece sin previo aviso— lo permita. En la voz de sus personajes, es una novela donde el estado no admite otra definición que la de una forma unilateral de represión, un enemigo común. Allí, existe la posibilidad de que futuro, seguridad, proyección y derecho sean, para un porcentaje nada desdeñable de gente, algo parecido a la estructura ausente, a eso que se repite como una fé sin probación alguna o como un invento ajeno diseñado para otros. O con suerte, como significantes para negociar a diario, porque en esos casos el día es la mesura experiencial del tiempo.

Pero lo que logra magistralmente La virgen cabeza es dislocar la lectura burguesa de “esa vida de fatalidades”. La injusticia descrita con ferocidad sucede en el medio de vidas intensas, anónimamente felices, calladamente subversivas de cualquier orden impuesto. Si me preguntaran qué hace diferente a este texto de ficción, diría que logra revelar que eso que llamamos “lo político” empieza, muchas veces, en el escenario de esas vidas ordinarias por donde no pasa la historia y sobre las que pareciera que nada vale la pena formular.

La Virgen Cabeza, una novela tripal. Un discurso poético y político sobre la irreverencia.

La invitación a conocer esta historia está hecha. Les dejo un video en el que la autora lee el primer capítulo. ¡Que lo disfruten!