Claudia Pía Baudracco: se presentó un documental sobre la activista trans

El 27 de marzo, en el Salón Raúl Alfonsín de la Legislatura porteña, se presentó Si te viera tu madre… Huellas de una leona, el documental de Andrés Rubiño sobre la activista por la igualdad y el acceso a todos los derechos para las persona trans (travestis, transexuales, transgéneros) Claudia Pía Braudacco (La Carlota, 1970 – Buenos Aires, 2012).
El periodista Daniel Gigena estuvo allí y lo cuenta para Boquitas pintadas.
“Victimizadas de modo gravísimo”, según sentenció la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la población de personas trans en la Argentina es una de las más desfavorecidas: registra una alta tasa de mortalidad, se halla marginada del mercado laboral y padece condiciones de vida y de salud nefastas. 
En junio de 1993, junto con María Belén Correa, Claudia Pía fundó la Asociación de Travestis de Argentina que, años después, en 2001, cambió su nombre a ATTA (Asociación Travestis, Transexuales de Argentina) y luego, con el agregado en la sigla de las personas transgéneros, se denominó ATTTA. Desde esa agrupación, Claudia luchó por la derogación de los Códigos de Faltas y Contravencionales, que criminalizaban la homosexualidad y el travestismo en varias provincias argentinas; hoy, esos artículos han sido eliminados por completo gracias a una lucha colectiva de la que ella constituye un emblema. 
Víctima de la represión y el hostigamiento policial, encarcelada por una causa por drogas orquestada por Gendarmería Nacional (de la que fue absuelta luego de cuatro años), pionera del activismo trans, Claudia contribuyó a fortalecer la demanda por la ley de identidad de género cuando, en 2010, exigió un DNI acorde con su nombre y sin que ello implicara el sometimiento a pericias físicas y psiquiátricas consideradas denigrantes.
Todos recuerdan, y en el documental de Rubiño ése es uno de los momentos más emotivos, su intervención en el debate en Comisiones en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional. Su causa personal, sin embargo, quedó pendiente de resolución en un juzgado federal y Claudia murió, el 18 de marzo de 2012, a los cuarenta y dos años, sin obtener el DNI con su propio nombre. Por ese motivo, la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura porteña, presidida por la diputada María Rachid, la Mesa Nacional por la Igualdad, ATTTA y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) lograron que en 2012 la fecha de la muerte de Claudia se instituyera como “Día de la Promoción de los Derechos de las Personas Trans”.

Documentar y homenajear una lucha
El documental de Rubiño, que contó con el apoyo de la historiadora María Marta Aversa, quien actualmente trabaja en una biografía de Claudia Pía Baudracco, y la colaboración de la amiga y militante trans Patricia Rasmussen, reconstruye la vida de la reconocida activista. En Si te viera tu madre… Huellas de una leona, ambas siguen los rastros de Claudia por el interior del país (de San Juan a Córdoba, de Chubut a Jujuy, de Santiago del Estero a Salta), adonde Claudia viajaba para organizar a las comunidades trans en temas de identidad de género, salud, compromiso social y protección ante los abusos de poder por parte de la policía y de las agencias judiciales.
La figura de esa “leona” que fue Claudia es abordada mediante testimonios directos de sus familiares, de sus amigas, de sus compañeras y compañeros de militancia como Patricia, Claudia Castro o María Belén Correa. “Era una militante que te estimulaba”, comenta entre lágrimas Claudia Castro, vicepresidenta de la FALGBT, y recuerda el efecto persuasivo de la intervención de Claudia cuando se discutía la ley de identidad de género en el Congreso Nacional o cuando se discutían consignas para las marchas del orgullo porteñas.
“Compañera en la calle, en el calabozo, en su casa”, la define Aversa. Claudia Pía terminó el secundario en la cárcel e incluso allí organizó a sus compañeras detenidas para exigir mejores condiciones de vida. Representante de una generación de travestis perseguidas por la policía y discriminadas por el Estado argentino, Claudia Pía declaró: “Hoy digo que con tanta represión, con tanta tortura, igualmente volvería a nacer trans porque así soy feliz”. Si te viera tu madre… Huellas de una leona registra, a partir de la figura irremplazable de Claudia Pía Baudracco, el nacimiento de una época de igualdad jurídica impensable pocos años atrás en la Argentina. Hoy, cuando diversas asociaciones luchan para que esa igualdad jurídica se transforme en una igualdad real, su gesta de militante debe ser recordada con respeto, gratitud y reconocimiento.

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

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Sin comentarios

La historia de amor de “El Cachafaz” y “La Raulito”

 

 

Por Alejandro Viedma,

para Boquitas pintadas

 

En principio, aclaro que no soy crítico de espectáculos; lo que viene a continuación es una especie de reseña/opinión personal acerca de Cachafaz, la obra de teatro que, junto a varios amigos de Boquitas pintadas, vimos el sábado pasado en el Teatro del Sur .

En el hall del teatro ya se empieza a respirar buena energía. Un buen clima domina el espacio de la boletería, mientras Tatiana Santana –la directora- va y viene organizando los últimos detalles. Nunca pierde su sonrisa y su dulzura jovial.

Ya en la sala, uno entra en otra dimensión. Cachafaz es un viaje a una parte del mundo de Copi, con sus textos muy cargados de palabras de otra época (y no tanto), con rimas milongueras, con una musicalidad que contiene discursos en donde conviven irónica y poéticamente –entre muchos temas humanos y psicológico-sociales- las cuestiones de género desiguales, la genitalidad explícita, el falocentrismo, la discriminación por el color de piel, la pobreza y el hambre.

“Cachafaz” (personificado por Emilio Bardi) convive con su amor (Claudio Pazos) en un conventillo de Uruguay. “La Raulito” es la persona a quien “Cachafaz” destina su amor. Un amor dentro de los límites de las diferencias de género, pero no de sexo. Relación de dos varones, mientras lo que se subraye todo el tiempo es que él –“Cachafaz”- sea el macho y ella –“La Raulito”- sea “la mujer con bigotes”.

Es que en la obra se distingue a “las” vecinas de “los” vecinos, a los animales de las “animalas”, a las mujeres con vagina y a las mujeres sin vagina de los machos con pija grande, a los hombres con culo de los hombres con pija… Por tal motivo “Cachafaz” llega a posicionarse como líder de los hombres del conventillo, aparte de que lo hace matando a milicos para que todos puedan comer porque, como dice una frase utilizada como subtítulo de esta obra, “aquí el infierno es el hambre”.

En ese vecindario hay valores particulares, propios, lejos de la moral dominante de una sociedad fuertemente normativa y también hipócrita.

Parte del elenco de Cachafaz; foto: prensa

En la obra deambulan temas nada light y vidas intensas; en un pasaje “La Raulito” hace referencia a su tío, quien le selló su documento con el cambio de identidad. Hay -o me vienen- también reminiscencias de El beso de la mujer araña (de Manuel Puig) y de Romeo y Julieta (la tragedia de William Shakespeare), aunque bien podría ser “el” Romeo y “la” Romeo.

Es Cachafaz, además, un musical. Con músicos en vivo y actores corografiados que cantan también en vivo.

Obra sin baches, sin errores, es compacta e impacta por la calidad actoral y el compromiso corporal de sus dos protagonistas principales y por un elenco que sostiene prolijamente; todos los artistas portan un vestuario acorde, nada hace ruido, la iluminación es muy cuidada también.

Será por todo esto, que el público que llena la platea cómoda del recinto aplaude COPIosamente al final, e incluso muchas personas lo hacen de pie.

La invitación ya está hecha. Si asistís, vas a disfrutar de un momento artístico excelente, ideal para compartirlo con amigos o con un amor.

Cachafaz y La Raulito; foto: prensa

 

Bonus track

 

Copi y Evita

 

Meterse en el mundo de Copi es sorprenderse. Como me apunta un erudito amigo, Copi –escritor preferido de César Aira-, además de dibujar cómics y escribir relatos controvertidos, era un actor transformista, “una especie de Gasalla radicado en París”. Tanto es así que en 1970 estrenó allí en la capital francesa una obra sobre Evita en la que la figura de la abanderada de los humildes era una travesti. Pero esto quedará para otro post.

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Algunos apuntes más sobre quién fue Copi, por Alberto Leonelli, lic. En Actuación.

Copi (Raúl Damonte Botana, 1939-1987) fue un escritor, historietista y dramaturgo argentino. En 1962, se radicó en París donde al poco tiempo comenzó a actuar con el grupo Pánico, creado por Alejandro Jodorowsky, Fernando Arrabal y Roland Topor y al que más tarde se sumó Jorge Lavelli, quien a partir de 1966 dirigiría sus obras.

Fue parte del grupo Tse, una asociación de artistas franco-argentinos quienes en1969 curaron/intervinieron la biografía de Eva Perón. Sus obras teatrales introducían en escena la incomunicación de los personajes, inspirándose en Samuel Beckett.

Copi fue un activista en el movimiento de liberación GLBT y murió de complicaciones de VIH-Sida mientras ensayaba Una visita inoportuna, una obra en la que el protagonista muere de esa misma enfermedad en un hospital.

La dramaturgia de Copi es prolífica y la mayoría de sus obras (escritas en francés) sigue aún sin estrenarse en nuestro país. Sólo una breve referencia a Cachafaz, “tragedia bárbara” en dos actos y en verso, escrita hace treinta años pero que ni siquiera el paso del tiempo ha logrado apaciguar el carácter revulsivo de esta pieza. Cachafaz y La Raulito, amantes, vivirán una aventura increíble junto a sus vecinos en un mítico conventillo. La música de tango y de milonga se articulan en esta obra que versa sobre minorías raciales y sexuales, identidades mutantes, viajes transgenéricos, articulación entre lo sexual y lo político, economías alternativas y canibalismo.

 

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¿Qué es ser una mujer?

Paula Díaz Martina, Vida Morant y Checha Kadener posan para Boquitas pintadas

¿Quién es mujer? ¿Vos, yo? ¿Quién puede arrogarse a responderlo? ¿Con qué autoridad? ¿Siguiendo qué parámetros?

La obra Vacías, que se estrena este fin de semana, pone en cuestión el misterio de lo femenino. Se trata de tres actrices que llevan a escena tres feminidades muy distintas, no sólo desde lo físico sino también desde sus historias de vida.

Ana María (protagonizada por Vida Morant) es pintora, tiene un marido que la ama pero a ella no le alcanza y quiere abandonarlo todo para volver a casa de su madre; parece enojada con Lucía por una historia de amor frustrada entre ambas.

Virginia (Checha Kadener), una mujer excedida de peso que revela una dejadez total en su vida y, a la vez, una entrega absoluta a su madre enferma; es inocente, pura y desconoce lo que es enamorarse porque vive en su encierro.

Lucía (Paula Díaz Martina) es una chica trans; está dolida de amor porque el hombre que es su pareja la esconde por vergüenza al qué dirán.

Pese a sus diferencias, o justamente por esto mismo, encuentran puntos de cercanía que tienen que ver más con los interrogantes que las abruman que con las certezas.

En el ensayo general de esta obra escrita y dirigida por Vida Morant, Boquitas pintadas conversó con estas tres actrices que hace casi dos años investigan sobre la feminidad y ahora logran traer a escena en esta historia de amistad.

Las tres actrices, en sus roles de Lucía, Ana María y Virginia, luego del ensayo

- ¿Cómo surge la obra?

- Vida Morant: Empezamos con un proceso de investigación sobre las feminidades. No sabíamos que nos iba a abrazar para el estreno esto de la ley de matrimonio igualitario y menos la ley de identidad de género. Ya había cosas que nos hacían ruido y aún hoy, con estas leyes aprobadas, siguen haciéndolo, porque hay algunas definiciones culturalmente establecidas que nos dañan.

- ¿Por ejemplo?

- Vida Morant: Se llama ‘Vacías’ porque el concepto de mujer que pensamos está vacío de contenido fijo. Hay lugares desde donde salen voces que pretenden llenar ese concepto de mujer con un significado concreto: mujer, dos puntos, es la que hace determinadas cosas o es de determinada forma.

Creemos que no hay una única forma de ser mujer, porque no la define ni la corporalidad, ni la elección de objeto sexual sino que la define la historia, con las pinceladas que cada una le va dando. Acá en la obra elegimos tres feminidades muy distintas, desde el físico y las historias también, pero hay puntos en común que tienen que ver con los interrogantes más que con las certezas.

- Checha Kadener: Mi personaje, Virginia, es la más pura de las tres, no maneja máscaras ni nada. Es como es y como se la ve. Espera y quiere ser querida; es lo único que le importa. El tema de la gordura en su caso es una característica más de la dejadez de su vida, que está relegada por ocuparse de su madre.

-Vida Morant: Es justamente el personaje de Virginia el que se apropia de la sensualidad en la obra. Mientras que en el modelo de belleza que impera hoy se señala un tipo de belleza distinto de este, para nosotros la sensualidad tiene que ver con esto, nosotras hablamos de lo sensual a través de un cuerpo que lo es más allá de que no reúna los cánones.

- ¿Cómo juega la figura de la madre?

- Checha Kadener: Tiene que ver con la opresión de sentir que hay un mandato de alguien que te dice lo qué tenés que hacer, que te esclaviza de alguna manera. Virginia  necesita salir de eso y llega a este lugar, la casa de Ana María, donde se siente acompañada y un poco más libre.

- ¿Qué me pueden contar de las parejas de estas mujeres?

- Paula Díaz Martina: El tema de las parejas está dado desde distintos lugares. Estas tres mujeres se conocen cuando mi personaje, Lucía, respondía a una corporalidad masculina; esto es un trabajo personal nuestro y Ana María estaba enamorada de él cuando, para la gente, era un hombre. Por eso le dice en un momento: ‘Te juro que nunca me enamoré de Guillermo [su marido] y está como enojada con Lucía por ser trans’.

Cada una trabaja algo del amor: en el caso de Virginia es el desconocimiento total del amor, el encierro, la inocencia. En el caso de Ana María tener un marido que la ama, la adora y no le alcanza. Y, en mi caso, el no ser reconocida por el hombre que la tiene al lado, que la esconde, que siempre la tiene como de segunda.

- ¿Qué concepción de arte intentan mostrar?

- Vida Morant: Hay una segunda línea narrativa que tiene que ver con una crítica al arte, a la teatralidad. Yo encontré una analogía ahí mientras iba escribiendo la obra. Pensaba: estamos intentando contar que no hay una sola forma de ser mujer; tampoco hay una sola forma de apropiarse de la teatralidad. Sin embargo, hay como un discurso sobre cómo se hace teatro, si se cuenta así o asá. Digo, hay tantas maneras para construir el  hecho teatral. Eso se refleja acá.

- En la obra Ana María pinta para ‘poder verse’, como ella dice…

- Vida Morant: Ese es un poco el discurso de las tres. Están buscándose.

- Hay un personaje trans, ¿por qué no hacerlo vos?

- Vida Morant: Me parece interesante romper con eso. Nunca acepté un papel de trans, ni transgénero, ni travesti porque no me seduce hacer de mí misma. No quiere decir que no lo pueda hacer, quizá alguna vez lo haga. Nuestra compañía [Escénika] se toma la responsabilidad de ser comunicadora social y, de alguna manera, esto también es reeducar la mirada porque, para un espectador, lo más obvio es que una actriz  transexual haga ese papel. Nosotras mostramos otra cosa. Lo que se ve no siempre es lo que una ve.

Foto: Gentileza Escénika

 

Un apunte final

No soy crítica de teatro, sólo puedo recomendar “Vacías” desde mi más estricta subjetividad. La obra me encantó: me emocionó, me reí, lloré, fui niña otra vez, me reencontré con varias de las mujeres que me habitan. Ojalá vayan a verla. Luego conversamos por acá o por Facebook si quieren.

Teatro del Sur: Venezuela 2255

Sábado 2 de junio, 20 horas (estará tres meses en cartel)

 

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¿Existen cuerpxs equivocadxs?

Foto: Ary Kaplan Nakamura

¿Es posible que haya cuerpos equivocados? Situados por fuera de las posturas heteronormativas, fuera del binarismo hombre – mujer, los autores del libro Cuerpxs equivocadxs, el médico Adrián Helien y la periodista Alba Piotto, invitan a una mirada aguda y sensible a la vez acerca del universo transexual.

Parten de la base que no existen las “esencias” de la masculinidad o feminidad, sino prácticas que determinan unas y otras. En este sentido, y tal como citan en el libro, los géneros femenino y masculino no son naturales o biológicos sino una construcción social; el paso siguiente sobre el que avanzan es preguntarse si la identidad es un concepto cerrado y fijo o, más bien, el ejercicio de una búsqueda a partir de nuestras propias transformaciones.

Los invito a este diálogo entre los autores y Boquitas pintadas.

Foto: Ary Kaplan Nakamura

- ¿Cómo surge el libro?

Helien: – Surge de una experiencia de trabajo en la atención de las personas transexuales en un hospital público: concretamente, el Hospital Durand de Buenos Aires. La conexión con Alba se dio a partir de una nota que ella intentaba hacer para un medio gráfico masivo sobre este servicio, nota que finalmente nunca salió. De esa nota frustrada surge la investigación posterior de tres años de trabajo juntos, que resultan finalmente “Cuerpxs equivocadxs”.

Piotto: – El libro tiene la pretenciosa virtud de estar entre un material de divulgación científica y un ensayo sobre el ser, la identidad, el “quién soy” a partir del concepto “trans”. Diríamos, que esto es, precisamente, el pulso que lleva adelante la escritura. Su nombre es definición, provocación y pregunta al mismo tiempo. Las personas transexuales son aquellas que se autoperciben estar “en un cuerpo equivocado”, durante toda su vida, desde su más temprana infancia. En el relato de la construcción de su identidad de género dirán, casi sin excepciones, aunque las hay, que recuerdan haberlo sentido desde que tenían alrededor de los 6, 8 años, aunque existen casos en que esa percepción -la de pertenecer al género opuesto- empieza mucho antes. De modo que, el título recoge la esencia misma de la transexualidad como definición; y, a su vez, es una provocación que pretende disparar una pregunta incómoda: ¿Es posible que haya cuerpos equivocados?

Por supuesto, que esta pregunta la hacemos ex profeso. Situados por fuera de las posturas heteronormativas, fuera del binarismo que determina según el sexo biológico, para poder entrar en una mirada más enriquecedora en la mirada se asume en que no existen las “esencias” de la masculinidad o feminidad  sino prácticas que determinan unas y otras.

- ¿Por qué estudiar el universo trans?

Helien: – La transexualidad es uno de los temas más confusos fuera y dentro del ambiente científico. Desde ese contexto intentamos dar una mirada que aclare de qué se trata tomando distintos aspectos. Para eso tenemos que adentrarnos en el tema de la diversidad sexual, tomando como referencia las personas que no entran en el binario de género, varón – mujer.

A partir del trabajo del hospital, iniciado en 2005, me doy cuenta que no existía ningún tipo de atención para personas trans. Aun sin hacer difusión, concurrían al hospital Durand cientos de personas trans desde todas las provincias y países vecinos. Era un tema negado por el sistema de salud, tanto público como privado.

Piotto: – Si bien la transexualidad es una minoría dentro de la diversidad, es la menos visible y, por lo tanto, sobre la cual se ejercen varias violencias. La primera de todas: negarles su identidad (aclaración: la entrevista fue realizada unos días antes de que se aprobara la ley de identidad de género). Son NN sociales, personas que luchan durante toda su vida por “ser”, en una sociedad que estigmatiza y segrega, desde la escuela misma, como primer espacio de socialización; personas que no tienen acceso a una cobertura de salud que los acompañe en sus deseos y transformaciones (salvo excepciones, como el hospital Durand), y por supuesto, difícilmente se les abran las puertas del mercado laboral, a pesar que muchos tienen títulos universitarios o son profesionales. La ley de identidad de género viene a poner en pie de igualdad a todas las personas sea cual fuere su identidad asumida.

Foto: Javier Fuentes & Nicolás Fernández fuentes2fernandez — con Martín Tincho Peretti Scioli

- ¿Qué metodología de investigación siguieron?

Piotto: -Realmente se llegó a una sinergia entre la parte científica aportada por Adrián y una investigación periodística (archivo, lectura, referencias de otros países) y aportes desde las ciencias sociales. Nos planteamos qué queríamos comunicar y cómo queríamos hacerlo y, a partir de allí, fuimos elaborando, repensando, resignificando conceptos, volver a leer autores y los que actualmente están elaborando material sobre transgéneros. Y qué dice la ciencia sobre el tema, qué hipótesis o teorías son las que aproximan una respuesta a esto que, por ahora, la medicina y la psiquiatría lo siguen planteando como un trastorno de la identidad: esto es, una patología. Ahora, en cuanto patología, ¿debe curarse? Con Adrián asumimos la postura que recomiendan las instancias más importantes a nivel mundial respecto de personas trans: no patologizarlas por asumir una identidad de género diferente a su sexo biológico.

- ¿Cuáles son las conclusiones centrales a las que llegaron?

Piotto: -En lo personal, luego de tres años de trabajar en este libro, tengo la alegría de que muchas cosas que hemos planteado tuvieron su correlato en ciertos momentos importantes a nivel social. Por ejemplo, mencionamos que debería plantearse como “violencia de género”, aquella que es ejercida hacia las personas trans porque era una violencia hacia su identidad de género; y esto ya forma parte de un agravante, dentro de las contempladas en el femicidio que el Congreso sancionó hace unas semanas. Y por otro lado, es muy importante el capítulo destinado a la construcción del relato: cómo las personas trans van integrando en un todo sus vidas, para integrarse y resignificar los hechos vividos.

Y lo hicimos a partir del testimonio de Alma, una persona que realmente hizo a lo largo de su vida un esfuerzo sobrehumano por superar, integrar y resignificar instantes muy potentes de su historia. Desde anotarse en una escuelita de fútbol cuando era chicx para “aprender a ser varón”; casi obligarse a tener novia para no ser el escarnio de su pueblo, el rarito, el puto; tener hijos con parejas heterosexuales para legitimar ante la sociedad el varón que no sentía ser. Y tener instantes de absoluta libertad cuando podía vestirse con ropas femeninas… Y todo sin saber qué era lo que le pasaba. Ahora, es Alma, aunque para sus hijos (ella misma lo dice) siempre será “pá”. Pero puede interactuar con ellos de esta forma, siendo Alma. Y todo ese esfuerzo por ser, día a día, segundo a segundo, no es gratuito. Si uno pudiera arrimarse aunque sea un poquito a esa búsqueda no sé si saldríamos indemnes.

 

Entrevista en video a los autores en Ñ digital

- ¿Qué aporta el libro?

Helien: – Es una invitación a suspender las certidumbres, a hacernos preguntas y a cuestionar algunos dogmas como el binario de sexo. Queremos dar una mirada abarcativa sobre la transexualidad, lo que nos lleva a la comprensión de la diversidad y luego el viaje más profundo: a una mirada sobre la identidad. Esa pregunta que sólo cada persona puede contestar: ¿Quién soy?

El aporte está dado sobre una investigación seria sobre qué sabe la ciencia, qué antecedentes históricos existen. Tratamos de dar una imagen alternativa a la que dan los medios masivos con un aporte desde la vida real de las personas, la propia narrativa trans contada por personas trans. Sus historias de vida, narraciones, poemas.

Creo que aporta tanto al lector ávido de conocimento, como al docente que necesita un enfoque actualizadoy también al profesional que busca una respuesta a su accionar diario dentro de la salud de las personas y la diversidad sexual.

- ¿Cómo resultó hacer el libro y verlo terminado?

Hellien: El libro superó nuestras espectativas y tiene vida propia. Estamos atravesadxs y no somos lxs mimxs. Lo que no quiere decir que no nos sigamos haciendo preguntas. Muy por el contrario aspiramos a seguir haciéndonos interrogantes y que el lector también se los haga, pero por sobre todas las cosas que pueda abrir la mirada a la diversidad sexual, como un enfoque enriquecedor para todxs, aportando a la construcción de una sociedad más integrada sin distinción de identidad alguna.

- ¿Cuáles son las principales materias pendientes para con las personas trans?

Piotto: – Las deudas están en la sociedad misma. En la desinformación y la falta de una educación sexual y de la diversidad en las escuelas. Y también en los agentes de salud, que son los primeros a quienes los padres de un chiquitx trans recurren cuando ven que su hijx está expresando algo para lo cual no está preparado. De todas maneras, nuestra sociedad ha dado pasos muy importantes.

 

¿Qué te parece esta mirada?

 

Bonus track

Los convido con este video que complementa la nota porque ayuda a pensar en la cuestión de la narrativa de las infancias trans. Los lic. Alejandro Viedma y Graciela Balestra, de la ONG Puerta Abierta, hablan sobre “Tammy”, una niña que hoy tiene 11 años y nació biológicamente como varón, vive en los Estados Unidos y fue adoptada por dos madres lesbianas. (El video es de América24, de octubre de 2011, previo a la aprobación de la ley de identidad de género)

 

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Yohana: “Yo fundé una pastoral de travestis en la villa”

Foto: Guadalupe Aizaga

Yohana Lencina tiene 45 años y acaba de estrenar su nuevo DNI en la mesa de entrada del diario, donde viene a contar su historia de vida desde que empezó a sentirse incómoda en su cuerpo de varón, cuando aún iba al colegio primario y se llamaba Luis, hasta hoy, cuando por fin consiguió ser legalmente ella.

Recién retiró su documento y está feliz. Cuida como oro el sobre del Registro Nacional de las Personas. Lo saca de la cartera para mostrarlo, le encanta la idea de fotografiarse con su DNI, su cédula y su nueva partida de nacimiento, papeles que nunca soñó que iba a tener. “Es como nacer de nuevo”, dice. “A partir de ahora empieza el trabajo de cambiar las facturas de impuestos y servicios de mi casa. No me quejo, es un tramiterío tedioso que esperé toda la vida poder hacer”.

Yohana parece una de esas personas que no se cansan nunca, que siempre están activas. Ella cuenta que en su lucha de años fue fundamental su fe en Dios: la religión católica le permitió no claudicar en su vida. Aunque también conoció las dificultades puertas adentro de la iglesia, sobre todo cuando empezó a vestirse con ropas de mujer. En alguna oportunidad, algún sacerdote le pidió que se retirara de la misa, también recuerda los tres años que le hicieron “repetir” la preparación a la Comunión. “Me decían que no podía tomarla porque tenía que hacer sí o sí el retiro espiritual y no sabían si mandarme con varones o mujeres”, relata.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Ella menciona al, por entonces, obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, y está agradecida porque le permitió tomar la Comunión y Confirmarse, también. “A los veintipico me dieron ganas de tomar la Confirmación; entonces me acerco al padre Jorge, de la villa La Cava, donde yo vivía. El me dijo que lo tenía que autorizar el obispo y hablamos con Casaretto. Nos recibió a los dos. Me dijo que como ya había estudiado y me veía tan decidida no tenía que hacer el curso, pero quise hacerlo igual y fui un año con todos los jóvenes”, relata Yohana. En diciembre de 1998 se confirmó. No se olvida más de esa fecha.

Muestra una foto de ella entonces: su pelo negro hasta la cintura peinado con una trenza cocida, sus palazos, sus tacos altos.

La historia recién empezaba. Luego de ese paso, junto al sacerdote de La Cava, el barrio donde ella vivió desde los 4 a los 28 años, Yohana organizó una pastoral de travestis.  “El padre nos mostró que nosotras también somos hijas de Dios, necesitamos de él, de  rezar, de pedir perdón. En los encuentros el padre nos daba charlas, conversábamos sobre esos temas, sobre nuestros derechos. Muchas se engancharon y pudieron tomar la Comunión y luego confirmarse”, cuenta, quien después armó con otras compañeras de militancia la asociación Liga y Unión de la Comunidad Homosexual Argentina (LUCHA) para seguir trabajando por la integración real de las personas trans.

Sabe que falta mucho, pero se aferra a un refrán como si fuera la biblia misma. “La fe mueve montañas”, dice. Ella es pura fe.

 

Les dejo la carta que Yohana escribió para que el Estado la reconozca con su verdadera identidad. Es la síntesis de su vida, según ella misma. Su infancia, su condena familiar, la violencia escolar, las detenciones de la policía, su miedo al servicio militar, sus trabajos, su militancia….

 

Foto: Guadalupe Aizaga

Carta de Yohana al Estado

 

Mi nombre es Yohana Lencina , DNI 18284912, nací en La Plata el 15 de julio del año 1967. Mi madre es Aurora Lencina; después de 34 años conocí a mi padre,  cuyo nombre es Juan Carlos Luna. Soy la mayor de dos hermanos: Fernando y Guillermo Castro.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Mi historia difícil comienza desde mi niñez, más precisamente a los 5 años; en esa etapa empezaba en San Isidro la escuela primaria y ya encontraba atracción por aquellos que eran mis compañeritos. Mi forma de relacionarme tanto con mis compañeros como con mis maestras era diferente a la que ellos esperaban o estaban acostumbrados; entonces, a raíz de eso, mi madre no estaba conforme con la escuela y recurre al cambio de institución. Como nada cambiaba, así pasé por tres escuelas más.

En este momento, mi corazón recuerda que, cuando cursaba 5º grado, mi maestra “Julia” me quiere llamar la atención entonces pide una reunión personal con mi madre. Grabada está en mi memoria lo que la docente le dijo a mi madre. Entre otras palabras, recuerdo algo que parecía un versito: “Su hijo se comporta como un  mariposón, me canso de llamarle la a atención”. Sin querer, y sin saberlo, a los 10 años era discriminado por aquella que nos hablaba de respeto.

Toda esta situación, inconcientemente me llevó a ocultar lo que realmente sentía, por miedo a la reacción de la gente que quería. Tanta fue la presión que sentía que recurrí a analizarme con un profesional durante 3 años.  Me sentía invadida, lloraba todo el tiempo. Sentía que me pedían que fuera alguien que no era, no podía inventar lo que ellos pedían. Pero aún así,  hasta 6º grado, con gran esfuerzo, oculté mi condición. Pero era inevitable que no se dieran cuenta. Mi madre era la que no podía ver en mí lo que yo realmente era. “No hay ciego  peor que el que no quiere ver”.

Mi primaria culminó con la expulsión por mi comportamiento que, para aquella sociedad, era “una vergüenza”. Como era casi fin de año me incorporaron nuevamente y así pude terminar mi primaria en 1981 en la escuela Nº 11, en San Isidro.

La adolescencia

Ya a los 15 años mi madre fue asimilando de a poco lo que mi cuerpo y mi corazón necesitaban.

El segundo camino, el más difícil, fue empezar el secundario. Debo confesar que en ese período viví lo más humillante, ya que la discriminación no fue indirecta sino directa hacia mi persona. Lo más normal, por ejemplo, era que ir al baño fuera un suplicio. Tuvieron que juntarse los profesores cuando dije que no quería ir al baño de hombres, ya que mis compañeros se burlaban cada vez que iba. Recuerdo que pedía permiso para salir en horario de clases. Un profesor una vez me lo negó, yo le expliqué a qué se debía y él me dijo “y vos qué sos?”, “yo soy una mujer”, le dije, “yo veo a un hombre”, me contestó. Resolvieron, finalmente, autorizarme ir al bañe durante el horario de clases.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Decidí pasarme al horario nocturno a ver si me sentía mejor. Un día en que me agredieron a la salida tirándome piedras, decidí abandonar los estudios.

Ya a los 16 años, a escondidas de mi madre, con la excusa de ir a cumpleaños me reunía con  Karina. Con ella compartíamos alegres tardes con vestidos, pinturas y perfumes. ¡Todavía las recuerdo! En esas pocas horas era feliz.

A los 17 me recuerdo enamorada y tuve mi primer novio; su nombre era Jorge y con él estuve 5 años. Con este amor aprendí a ser una mujer feliz, contenida; mis primeros besos se los dí a él.

El miedo al servicio militar

Este amor fue superado por lo amargo del año 1985 en el que el servicio militar era obligatorio y quedaba al azar  por sorteo si formabas parte de ellos o no.  Me encontré una tarde en mi casa mirando por el noticiero el famoso sorteo. Los números rodaban y mi corazón latía suplicando no formar parte del servicio.

Pero mis suplicas fueron en vano: debía presentarme al día siguiente en San Martín, en donde me hicieron la revisación médica. Pensé que, por mi condición sexual, no iba a tener que hacerlo. Pero pensé mal: salí apto A (a todo servicio).

Mi desesperación fue invadida por la impotencia. Me imaginaba dentro del campo de batalla y, si antes dije que mi secundaria fue un calvario, no dudé ni dudo de  que el servicio iba a ser muchísimo peor. Me imaginé ultrajada, burlada y no estaba en condiciones de soportarlo. Hice todos los trámites para no hacer el servicio militar, necesité caminar mucho, llenarme de paciencia, pero lo conseguí.

Me di cuenta de que si pude con eso podía  luchar por mi condición. La sociedad tenía que aceptarme tal cual era. Las tardes de vestidos, pinturas y perfumes ya  no eran a escondidas. Salía a los corsos como vedette.

A partir de los 18 años comenzó a hostigarme la policía, por el sólo hecho de verme en la calle me detenía. Recuerdo el día en que me detuvieron por 1 semana al volver de la carnicería con medio kilo de carne. Debo haber sido detenida más de 30 veces, todas con una duración de, por lo menos, una semana. Recién cuando se derogó el Código Contravencional se acabaron estos problemas.

Ganarse la vida

Trabajé en un restaurante como  ayudanta de cocina durante muchos años. A los 23  me quedé sin trabajo ahí y, al tiempo, me ofrecieron trabajar como puntera política en la villa donde vivía; lo acepté y empezó así mi experiencia en la ayuda social.

Foto: Guadalupe Aizaga

Allí me encontraba muy cómoda trabajando, ayudando a gente de mi misma condición o no en San Isidro; pero también ahí tuve el desagrado de ser víctima de discriminación y burla de la propia directora al enterarse de mi condición, a tal punto que me echó del establecimiento.

Gracias a la ayuda de muchas personas y a mi lucha armé una asociación llamada “LUCHA” (Liga, Unión, Comunidad Homosexual Argentina) donde se daba apoyo a las compañeras discriminadas por la sociedad.

Necesito que mi DNI refleje mi identidad. Retomé hace 2 años el secundario y quiero que en el título figure mi nombre. Esporádicamente viajo al exterior y resulta agobiante que en las Oficinas de Migraciones tenga que dar explicaciones sobre algo que resulta de mi intimidad, de hecho, suspendí mis viajes.

No tengo tarjetas de crédito, ni de débito, no utilizo cuentas bancarias, ni pido préstamos. Evito toda situación de trámites, ya que cada uno de estos resulta humillante. Nunca escrituré mi casa por falta de la documentación acorde a mi identidad.

Estoy cansada de no poder hacer las cosas como quisiera. Esto resulta limitante para mis proyectos y para mi vida en general. Por todo esto requiero de forma urgente un Documente Nacional de Identidad donde figure yo.

Yohana Lencina

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Nace el primer bachillerato para travestis

Foto: Facebook

Este año, el ciclo lectivo tendrá una oportunidad inclusiva: las personas transexuales y travestis, con grandes dificultades para acceder a la educación pública por la discriminación que padecen en los colegios, encontrarán un espacio integrador en el bachillerato Popular Mocha Celis.

Lejos de ser la solución para que las personas trans se sientan verdaderamente parte del sistema educativo, este bachillerato será, al menos, una oportunidad para que todos y todas puedan terminar sus estudios. Lo ideal sería, como decimos siempre en el blog, que no necesitemos espacios específicos en función de la identidad o la orientación de cada quien.

Pero, en el mientras tanto, representantes de la comunidad de lesbianas, gays, travesti, transgénero, transexual, intersexual y bisexual en la Argentina (LGTTB), diseñaron este espacio que pretende saldar un vacío al brindar educación con un perfil inclusivo, con una fuerte perspectiva de género.

Agustín Fuchs, uno de los creadores, aclara que si bien el bachillerato está dirigido a personas trans, no excluye a otros alumnos. “Los bachilleratos populares surgen como respuesta a un sistema educativo que garantiza el derecho a la educación de todos y todas, pero no el acceso”, señala. “Vienen a cubrir la falta de educación de los sectores marginados, desde una lógica ideológica de la enseñanza popular de Paulo Freire, donde el conocimiento no se impone, no se imparte, sino que se construye comunitariamente”.

Un apunte más antes del reportaje: este bachillerato, así como otros 4 populares, aun reclama el reconocimiento oficial. Por este motivo, este jueves 1 a las 14 habrá una movilización desde Plaza de Mayo al Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires para pedir este aval.

Hecha esta presentación, los convido a una entrevista realizada para Boquitas pintadas por Gustavo Pecoraro, director editorial de El Vahído; el colega entrevistó a Agustín Fuchs, Ezequiel Bassa, Pao Lin, Nicolle Cagy y Francisco Quiñones, parte del equipo docente y administrativo del bachillerato.

Pao Lin, Agustín Fuchs y Francisco Quiñones; Foto: Fernando Villagra

-Gustavo Pecoraro: ¿Cuál es la esencia de un Bachillerato Popular?
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Francisco Quiñones: Un bachillerato popular viene a ocupar un lugar que la educación pública no ofrece. Va en paralelo a esa educación. Defendemos la educación pública y creemos que ese es el camino, pero este proyecto es una propuesta alternativa en el sentido de que hay cosas que la educación pública no tiene en cuenta y, mientras ese debate se da, nosotros queremos tener en cuenta, por ejemplo, que hay gente que no siempre puede cumplir con una asistencia del 75% a las clases; también, que no todos tenemos que tener los mismos conocimientos, porque la educación no debe ser una fábrica que expulsa a gente toda igual y uniforme.
Pensamos que a la construcción de la educación la pueda llegar a hacer el propio alumno o la propia alumna con un compromiso muy claro y teniendo en cuenta todas esas otras realidades que casualmente expulsan a la gente del sistema educativo.

-Pecoraro: ¿Hay que cumplir con cierta asistencia?
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Agustín Fuchs: Hay reglas, pero en definitiva son reglas no tan estrictas como en la escuela normal; como el funcionamiento del bachillerato es horizontal eso incluye, también, a los y las estudiantes en la toma de decisiones. No queremos dejar libre a nadie automáticamente sin conversarlo, ver cuáles son sus problemas, de qué manera se puede recuperar eso.

-Pecoraro: ¿El Estado apoya al Bachillerato Popular Mocha Celis?
-Fuchs: Esto también es una construcción colectiva en tanto y en cuanto el Estado tiene que reconocer los títulos de las personas que van a asistir al Mocha Celis y otra serie de discusiones que se dan en el marco de diez años o más de existencia de los bachilleratos populares. Nosotros tomamos esta modalidad para acercar y abrir un abanico de posibilidades que las personas trans no tienen y que sabemos que en su mayoría están en situación de prostitución. Las personas trans han transitado por espacios educativos en los que tienen que invisibilizar o tratar de ocultar su sexualidad o su identidad pasando por andróginos o darks. En la escuela pública no existe ningún debate, por ejemplo, en el tema del uso de los baños, la gimnasia separada, etc. Todo se enseña desde una óptica hétero normativa y binaria.

Francisco Quiñones; Foto: Fernando Villagra

-Pecoraro: ¿Los títulos serán oficiales?
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Quiñones: Hay un diálogo y creemos que el gobierno nacional y el Ministerio de Educación de la ciudad no van a poner inconvenientes en reconocernos los títulos. Para reforzar este pedido, este jueves se realizará una movilización desde Plaza de Mayo al Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Las clases empiezan ahora en marzo.

-Pecoraro: ¿Cómo impartirán educación sexual?
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Pao Lin: Tiene mucho que ver con el cuidado: aprender a cuidar el propio cuerpo, tanto a la hora de tener relaciones sexuales como al entablar relaciones afectivas, a la hora de salir a la calle a expresar su género, lidiar con el sistema que tiene un funcionamiento diferencial por sexos. Vivimos en un sistema binario donde es importante para las personas saber si están ante un varón o una mujer para, a partir de ese momento, saber cómo establecer el trato.

No se trata de la misma manera a una mujer que a un varón y toda persona que sale de esa norma entra en una espacie de agujero negro donde las personas no saben cómo tratarla y, a veces, la misma persona no sabe cómo pararse frente a esta sociedad; entonces, la educación sexual no es solamente hablar de cuidado de enfermedades, sino que es, también, resolver conflictividades que tienen que ver con la vida social y que son sexo y género. Hay que hacer, más que nada, un trabajo de deconstrucción de estereotipos.

-Quiñones: Hay un desafío más grande, también, para todos los que participamos del bachillerato: tenemos que poder construir juntos porque esto va mucho más allá de un simple acto donde alguien imparte ciertos conocimientos. Acá es como otra la lógica, es saber qué es lo que nosotros queremos y cómo lo vamos a ir encarando y quizás mi seguridad, mis certezas se diluyen en la discusión colectiva.

-Pecoraro: ¿Cómo va a estar planteada la formación del equipo docente?
-Fuchs: Hemos abierto el juego a cualquiera que quisiera sumarse a participar y principalmente tuvimos respuesta de activistas LGTB de distintos lados, pero más o menos con cierta afinidad política, por lo general, referenciados con un sector del activismo trans que se identifica con la lucha por la despatologización y la no discriminación.
Ahí encontramos diversidad de oficios, de profesiones que fue conformando un cuerpo docente: hay gente que se dedica a la comunicación, al lenguaje, la biología, ciencias exactas, sociales, etc.

-Pecoraro: ¿Cuántas materias serán?
-Fuchs: Son diez materias, que divididas en cuatro áreas (división arbitraria que armamos para poder armar los programas): ciencias naturales, comunicación y lenguaje, ciencias sociales y técnicas (como computación, tecnología, oficios).
Pudimos consolidar este trabajo porque se acercaron varias personas trans, tanto mujeres trans, como travestis, como varones trans.
Creemos que si bien el ser trans no garantiza que manejes cuestiones de género es importante que dentro del cuerpo docente haya personas trans para no reproducir este modelo donde heterosexuales, gays y lesbianas les enseñamos a las travestis cómo tienen que ser.

-Pecoraro: ¿Cuáles son los requisitos para anotarse?

-Fuchs: Como es una escuela secundaria tenemos que partir del requisito de tener primario completo, que eso en parte es un obstáculo porque sabemos que en nuestra población no es algo tan común la primaria completa. A partir de allí hay una serie de equivalencias, que eso también viene dado del Ministerio de Educación donde si completaste hasta tal año entrás en tal año del Bachillerato Popular.
El bachillerato prevé completarse en tres años, como todos los bachillerato de adultos, así que en principio se manejaría así, quienes hayan cursado hasta 3er. año, entran en primero; quienes hayan cursado hasta 4to entran en 2, y a quienes les falte 5to entran en tercero.

Nicole Cagy; Foto: Fernando Villagra

-Pecoraro: Nicole, sos una de las docentes trans, ¿Qué materias vas a dar?
-
Nicole Cagy: Soy Locutora Nacional, aparte estudio comunicación social en la Universidad de La Plata o sea que todo mi campo es la comunicación. La materia troncal sería Lengua y Literatura también desde el encuadre basado en Paulo Freire  o sea en un feedback, es un ida y vuelta educativo.
Hay muchas cuestiones didácticas y otra dentro de la educación popular. A mí me gusta mucho Derridá que habla de la deconstrucción de las estructuras que se han establecido y que sólo han permitido un arquetipo de cosas que nos encasillan en esto o aquello. Yo estoy feliz porque es un gran logro personal haber empezado con una escuela popular para travestis, transgénero, transexuales, bisexuales, gays, lesbianas.

-Pecoraro: Entonces ¿Cuál es la clave que justifica le existencia, la formación del Bachillerato Popular Mucha Celis?
-Fuchs: Para justificar este proyecto nos basamos en unas estadísticas del libro “La Gesta del Nombre Propio”, que retrata la situación de las travestis en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y nos encontramos con datos bastante alarmantes: que las personas trans en la Argentina tienen un promedio de vida de 35 años, que más del 70% no terminó el secundario, que un 80% está en situación de prostitución.
En ese libro y ante la pregunta de: “¿Si pudieras dejar la prostitución, lo harías?”, más de un 90% contestó que sí.
Con este bachillerato pretendemos no sólo entregar un título habilitante, sino dar una formación que permita, a lo mejor, desarrollarse en lo individual o armar cooperativas de trabajo que puedan permitirles salir de la calle.

-Pecoraro: ¿Cómo piensan enfrentar el bagaje cultural y discursivo que traigan las alumnas y alumnos?
-Quiñones: Justamente, el bagaje cultural que traemos cada una y también las certezas que traemos cada uno se de-construyen y vuelven a construirse, ahí es donde está la riqueza. Seguramente, cada uno vuelva a su casa pensando en: “No era tan cierto lo que yo prensaba”, o “Qué bueno lo que dijo el otro”.

-Pecoraro: ¿El Mocha Celis es un espacio, además, de contención?
-Quiñones: Este espacio funciona como contención, no en los términos paternalistas sino en el complejo entramado que implica no haber terminado la secundaria. Porque esto a veces te deja afuera de la salud, la vivienda, el trabajo y todo lo que eso implica en la integridad de una persona.
-Fuchs: Es un espacio que dará las herramientas para que cada uno pueda acceder, por sus propios medios, a la educación, al trabajo, a la salud, a la vivienda.

 

Datos útiles: Si querés saber más del bachillerato

- Escribí al e-mail:  bp.mochacelis@gmail.com

- Contactalos por Facebook

- Este es el teléfono: 11 63532927

-Dirección: Mutual Sentimiento, Avenida Federico Lacroze 4181 5º piso; Ciudad de Buenos Aires

 

¿Qué te parece la iniciativa?

 

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“Disfruto de tener un pene y un par de tetas”

Diana Sacayán está eufórica. El día que recibe a Boquitas pintadas en su oficina de Inadi donde trabaja como asesora, los legisladores acababan de darle media sanción al proyecto de ley de identidad de género. Ella se define como travesti, descendiente de diaguitas, habitante de Laferrere, militante por los derechos de todos.

“Somos más complejos que lo que señala nuestra identidad sexual, nos atraviesan otras cuestiones”, dice. Y señala que poder explicar esto es el mayor desafío que el colectivo trans enfrenta a una sociedad que no las comprende. Reconoce que no es sencilla la reflexión que propone, porque exige romper con categorías históricas que las excluyen, pero considera que es una lucha impostergable por más ciudadanía e igualdad.

 

Diana cuenta de los avances que reconoce en este tiempo. “Hace muy poco, el Estado nos encarcelaba por ser travestis y ahora se aprueba una ley para incluirnos”, contrasta, y se detiene a relatar los cinco años que estuvo encarcelada en distintos momentos de su vida sólo por vestirse con ropas de mujer, habla de la expulsión de su hogar a los 15 años, de la condena a prostituirse, de sus marcas físicas y psíquicas por trabajar en la calle.

Cuando hablamos del momento en que se asumió travesti, lo primero que aclara es: “No me siento en un cuerpo equivocado. Este es el mejor cuerpo que me pudo haber tocado: disfruto de tener un pene y un par de tetas. No tengo ningún problema con mi cuerpo, los que lo tienen son otros, aquellos quienes desean nuestros cuerpos. ¡Mirá que hipocresía!”.

Foto: Gentileza Diana Sacayán

- ¿Cómo viviste la media sanción del proyecto de ley de identidad de género?

- Me siento sumamente orgullosa de nuestro movimiento, porque logró que se discuta este proyecto que representa los intereses y necesidades de nuestro colectivo. Avanzamos mucho: el Estado que hace muy poco encarcelaba a personas travestis hoy da este medio dictamen.

- ¿Fuiste víctima de ese Estado represivo?

- Sí, yo fui víctima de los códigos contravencionales, fui presa por pelear por esos códigos. Sufrí persecución, encarcelamiento. Si me pongo a contar los días que estuve detenida sumaría más de 5 años. Simplemente por ser travesti. Esta va a ser una ley bisagra para poder acceder a nuestros derechos, pero necesitamos también que el Estado reconozca que ha incurrido en violación de derechos humanos de personas travestis y transexuales.

- ¿Cómo eran tus detenciones?

-No son tiempos muy lejanos, hace muy poco. Nosotras éramos detenidas con los códigos contravencionales que eran usados, incluso en democracia, para  encarcelarnos porque un artículo decía que toda aquella persona que lleve una vestimenta no acorde a su sexo será detenida y sancionada con días de arresto que podían variar de 30 a 90 días, más una multa que era del 20% del haber mensual de la persona que te había hecho el acta para que quedes detenida.

- Contame de tu vida: ¿Cómo fue asumirte travesti?

- El proceso no fue desarrollado en un contexto de amor, fue un proceso atravesado por la violencia. El primer gesto de manifestación de mi identidad fue repudiado por mi familia. Me tuve que ir de mi casa y con otras compañeras travestis de mayor edad tuve que salir a ejercer la prostitución para sostenerme a los 15 años como un adulto. Las travestis no vivimos la infancia ni la adolescencia como lo viven otros niños, no está ese tiempo tranquilo de transitar la secundaria. Siempre tenés que pensar cómo sustentar tu propia vida.

- ¿Te pudiste reconciliar con tu familia?

- Sí, con mi madre. Ella me pudo acompañar en los últimos años. Conseguí su apoyo con el tiempo y nos reconciliamos.

- ¿La ley ayudará a que sea más fácil el apoyo en las familias de otras chicas?

-No va a producir transformaciones culturales inmediatamente, pero viene a cubrir un vacío legal. Nosotras no éramos considerados sujetos de derecho. Cuando se apruebe sí, pero es un  trabajo de hormiga que tenemos que seguir realizando. Hay algunos cambios, muchas chicas trans ya tienen el acompañamiento de sus padres.

Foto: Gentileza Diana Sacayán

- ¿Como cambió tu situación?

- No hace muchos años que trabajo fuera de la prostitución, pero me llevó 8 años desde que decidí salir hasta que pude concretar ese deseo. La prostitución ha dejado marcas imborrables en mi cuerpo y en mi memoria psíquica y es fuerte poder salir de ese contexto de exclusión y violencia, poder analizarla y poder cambiarla.

Cuando ingresé a militar en el movimiento de diversidad sexual en Laferrere, en el partido de La Matanza, donde la realidad es otra, ahí pude darme cuenta de lo importante que era cambiar mi realidad para poder cambiar la realidad de otras compañeras.

Y desde la militancia fui convocada de la dirección de Cultura del Gobierno de Buenos Aires y trabajé 3 años en la coordinación del programa de inclusión de travestis y transexuales. Después estuve 6 meses sin trabajo, en una situación desesperante, era el miedo de tener que volver a la prostitución. Tenés que vivirlo para saber! Cuando asumió la intervención del Inadi me llamaron para esta nueva gestión, porque entienden que nos necesitaban para gestionar, para dar ideas.

- ¿Cómo se sale a buscar un trabajo?

- Yo soy atrevida, dada con la gente, no tengo vergüenza y voy al frente, pero es una situación complicada salir a buscar un trabajo siendo trans. Es una situación hostil porque desde el que te atiende hasta el gerente te suelen mirar para burlarse, a muchas compañeras les ha pasado. Esperamos que la sociedad tome conciencia y que quienes deben emplearnos se fijen en nuestras capacidades, no en la cáscara. Tenemos mucho para aportar pero hasta ahora no nos dieron la oportunidad para hacerlo.

Foto: Gentileza Diana Sacayán

- Algunas voces críticas al proyecto de ley de identidad piden que exista un análisis psicológico para asegurarse de que realmente el cambio de sexo sea a conciencia, ¿qué respondés a eso?

- Hablo por el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género y como persona que sufrió la criminalización. Nuestro planteo es que no vamos a permitir que ningún especialista nos diga quienes nosotras sentimos ser. Es una aberración. ¿Quién puede negar que nosotras somos quienes somos? Si existimos. ¿Por qué para demostrar eso tenemos que pasar por un proceso de psiquiatrización o de medicalización? Yo creo que eso no puede ocurrir porque hay experiencias en otros países donde está sucediendo y no es bueno. A las personas heterosexuales nadie las observa con psiquiatras excepto que tengan alguna patología que así lo indique, pero no para decirle: ‘usted es o no heterosexual’.

- ¿Conocés casos de personas que se hayan operado y no se sientan bien?

- No, habrá algún caso pero no lo conozco. La persona que vive el travestismo, la transexualidad lo vive porque lo siente, porque hay signos, es un deseo, una necesidad, una construcción de años. Tomar una situación de arrepentimiento no me parece. Conozco muchísimas personas y esto no pasa. La ley no tiene que establecer más que el reconocimiento de la identidad travesti, transexual y transgénero y el acceso a la salud pública.

- ¿Cuándo te empezaste a sentir en un cuerpo equivocado?

-Lo primero para aclarar es que yo no me siento en un cuerpo equivocado. Este es el mejor cuerpo que me pudo haber tocado: disfruto de tener un pene y un par de tetas. No tengo ningún problema con mi cuerpo, los que lo tienen son otros, aquellos quienes desean nuestros cuerpos. ¡Mirá qué hipocresía, ¿no?!, porque los mismos que consumen sexo con travestis, esos mismos señores nos señalan con el dedo y dicen que no hay que otorgarnos derechos. Como sociedad deberíamos empezar a hacer una autocrítica de ese maltrato.

 

¿Qué opinás de la ley de identidad de género?

MIA, una película que desafía nuestras certezas

MIA es la historia de Ale, una travesti que trabaja de cartonera para subsistir y vive en una villa miseria habitada sólo por gays y trans. Ale encuentra en la calle el diario íntimo de una joven mujer que ha muerto y así conoce a Julia (su hija) y a Manuel (su marido). Pero lo que Ale no imagina, es que ese encuentro cambiará las vidas de los tres para siempre.

 

-trailer de esta película genial que está en cartel y que invito a ver-

 

Escribe Javier Van de Couter, director de esta película ganadora del Mejor Guión Inédito en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana (Cuba)

“MIA es una historia de amor. Un melodrama que nos muestra un mundo que conocemos poco y parece lejano pero es, curiosamente, muy cercano a todos. Filmar MIA fue un gran placer, trabajé con actores increíbles y con un equipo de trabajo maravilloso. Pero fue además un gran aprendizaje para todos los que trabajamos en ella. Durante el rodaje conocimos las historias de vida de las chicas trans, y gracias a esa experiencia entendimos que, más allá de una película, estábamos frente a un acontecimiento social, importante y único”.

“MIA es la manifestación de ese encuentro que ahora compartimos con el público, ya que en cada reacción, en cada gesto, en cada sonrisa que genere la película estaremos viendo la sociedad que somos, lo libres que somos, o todo lo contrario. Que el público conozca la historia de Ale es nuestra manera de hacer visible un tema que requiere atención y buena comunicación. En este sentido, el arte es un motivo para tratar de ser menos ignorantes”.

“Las personas trans, sólo por ser travestis, transexuales o transgénero se encuentran con muchas dificultades para conseguir trabajo lejos de la prostitución, y fue aleccionador y hermoso ver a todas las chicas que participaron en MIA sonreír durante las jornadas de un trabajo digno, desplegando talento y sabiduría”.

“Este año se trata la ley de identidad de género, justo el mismo año en que el público puede ver una película que, entre otras cosas, habla de la libertad de ser quien uno quiere ser, de los sueños, del dolor y de la bronca que genera la discriminación”.

“Quizás la lección más valiosa que nos dejó MIA, y como les sucede a los personajes de esta historia, fue poder aceptar la vida con todo su horror repetitivo y sus sorpresivos momentos de felicidad, más allá del bien y del mal, del antes y del después, de hombre, mujer, trans, hétero, bi, homo, puto, puta, lesbiana, gay… Porque fuimos descubriendo que quizá el único modo en el que podíamos ser libres era convertirnos en nada, salvo… en nosotros mismos”.

MIA es la ópera prima de Javier Van de Couter, actor, guionista y director. Protagonizada por Rodrigo de la Serna y la actriz cordobesa Camila Sosa Villada en su debut cinematográfico y la pequeña Maite Lanata, reconocida por su gran labor en El Elegido. Con la participación especial de Naty Menstrual.

 

¿Viste la película? ¿Compartís tu crítica?

Las personas trans, sin derecho a la salud

Se les niega el derecho a la salud. Como consecuencia, la mayoría de las personas trans (travestis, transexuales y transgénero), se automedica y la mitad se somete a intervenciones corporales fuera del ámbito médico, es decir, recibe implante de siliconas industriales, aceites, vaselina, etc. informalmente y con complicaciones en la mayoría de los casos.

Con este informe de situación en su poder, el médico psiquiatra y sexólogo Adrián Helien, coordinador de Grupo de Atención a Personas Transexuales en el Hospital Durand decidió organizar las primeras jornadas de diversidad sexual para el 5 de noviembre próximo. La intención es que los profesionales de la salud tomen en cuenta esta realidad y empiecen a incluir a estos pacientes históricamente ignorados por el sistema de salud en la Argentina.

En una entrevista con Boquitas pintadas, Helien, uno de los especialistas con más experiencia en tema (el Hospital Durand es el único lugar en el país con atención integral a personas trans), adelanta una de las presentaciones de las jornadas, la referida al abordaje integral de la salud de las personas transexuales; detalla las cifras de la exclusión que afectan a este sector de la población; habla de la necesidad de un plan integral por medio de una ley nacional, entre otras cuestiones.

-¿Cuál es la situación de las personas trans desde el punto de vista de la salud?

-Es compleja porque no hay una ley de identidad de género que de cuenta de la situación legal y que incluya dentro del sistema de salud a las personas transexuales. En todo el país hay un solo lugar público que las atiende en forma integral, que es el Grupo de Atención a Personas Transexuales del Hospital Durand. También se hacen cirugías en el Hospital Gutiérrez de La Plata. Es muy poca oferta para la demanda de salud trans de todo el territorio.

-¿Qué consecuencias trae esta falta?

-Muchas personas al no tener acceso al sistema “oficial” de salud buscan solución a su problemática por fuera (en Internet, con otras personas trans, etc.). Esto tiene sus costos. El 60 % de las personas que concurrieron al Hospital Durand se había auto medicado con hormonas y el 45 % se había sometido a intervenciones corporales fuera del ámbito médico con complicaciones en la mayoría de los casos y riesgos para su salud, todas estas, situaciones evitables si hubiese existido una atención médica adecuada.

-¿Cómo es el sistema legal? ¿Se permiten operaciones de cambio de sexo?

-Existen leyes que prohíben las reasignaciones quirúrgicas. Explícitamente la ley 17732 de ejercicio de la medicina en su artículo 19 prohíbe las cirugías genitales en la Argentina. Con lo cual, sólo se accede a una cirugía así vía judicial, previo diagnóstico de transexualidad, según el Manual de Psiquiatría DSM IV. Así, un tema vinculado a la salud y a los derechos humanos queda sometido a un juicio, con todo lo que implica (proceso judicial, tiempos de espera, pericias judiciales, exámenes médicos, etc.). Lo más lamentable es que mientras tanto la persona transexual no tiene documento que la represente y esto le trae enormes consecuencias en su salud y en su vida cotidiana.

-¿Cuál es el promedio de vida de una persona trans en la Argentina?

-No hay estadísticas en la Argentina. Pero según mi experiencia la calidad de vida se encuentra seriamente comprometida al no poder, desde el vamos, vivir con reconocimiento de su verdadera identidad, al tener dificultades en la integración social, problemas en su vida íntima y poco o nulo acceso dentro del sistema de salud. En la Argentina faltan estudios e investigación que nos ayuden a los profesionales a tener más evidencias para dar mejor atención.

-¿Como debería ser un abordaje integral de la salud de personas transexuales?

-Corresponde que, una vez confirmada la situación de transexualidad, un equipo interdisciplinario especializado acompañe el proceso de reasignación genérica. El equipo primero aclara dudas, informa y trata de evitar posibles complicaciones psicofísicas. Existe un derecho inalienable de las personas a decidir sobre su cuerpo y su identidad, pero con la máxima responsabilidad, es decir, luego de recibir toda la información y asumiendo las consecuencias de sus actos. Luego, si corresponde, cambiamos el cuerpo a lo que la persona siente y considera su sexo verdadero.

Hay que aclarar que, según las concepciones más actuales, la persona transexual  lo es antes y aun sin operarse los genitales, ya que no todos llegan a hacerlo. También hay que remarcar que es un tema de salud en forma integral, no sólo de hormonas y cirugía.

-Existe un proyecto de ley en la Argentina que propone garantizar el acceso a la salud a personas travestis y transexuales y que el Estado garantice las operaciones de cambio de sexo y los procesos hormonales: ¿Cómo lo ve?

-Es necesario. Hoy las personas trans no tienen un reconocimiento formal dentro del sistema jurídico médico legal. Hay que solucionarlo y, luego, garantizar el acceso igualitario al sistema de salud como a cualquier persona y con derechos plenos.

-Se avanza en la ley de identidad de género en el Congreso: ¿cree que sería una oportunidad para debatir sobre la salud de quienes quieren adecuar su cuerpo a su verdadera identidad?

-De eso se trata. La persona transexual lucha por su derecho a la identidad y a la vez por su derecho a la salud. Ambos factores son convergentes y tienen que ser atendidos a la vez. Lo que sucede es que el tema de la identidad es poco entendido y conocido, por eso es objeto de controversias. Pero la salida es atender a las personas y sus necesidades reales, eliminando prejuicios, discriminación, con un enfoque más científico y más humano.

El proyecto de ley de atención sanitaria

El secretario de Diversidad Sexual del Partido Socialista de la Ciudad de Buenos Aires, Facundo García, uno de los impulsores de este proyecto de ley de atención sanitaria integral conversa con Boquitas pintadas y se explaya en los alcances, las motivaciones de esta iniciativa. La autoría del proyecto es la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Tras. En términos formales, fue presentado por Roy Cortina (Partido Socialista), Juliana Di Tullio (PJ-FPV), Maria Luisa Storani (UCR) y Laura Alonso (PRO), entre otros diputados, lo cual muestra el amplio consenso que existe entre los principales bloques del Congreso.

-¿En qué consiste este proyecto?

-La ley de atención sanitaria integral apunta a procurar el acceso a la salud a travestis y transexuales y, en particular, para que el Estado garantice las operaciones de cambio de sexo y los procesos hormonales. Implica un cambio en el paradigma de salud porque hoy las personas trans para el discurso de la medicina son personas enfermas, padecen una patología. Lo que logramos con esta Ley es el respeto y reconocimiento a la construcción de la identidad de género en los ámbitos de salud como un derecho. Es un concepto de salud más integral.

-¿Qué los motivó a enfocarse en la salud de las personas trans?

-En nuestro país, hablar de la población travesti y trans es hablar de las ciudadanas con menos derechos de nuestra comunidad. Son miles de personas en estas condiciones. El promedio de vida en la Argentina no supera los 35 años y, por otro lado, por la falta de respeto a este derecho que es la identidad (el 90% debe recurrir al trabajo sexual para poder sobrevivir, acceder a su manutención). Por otro lado, hay otro montón de derechos vulnerados: a la educación, a la salud, a la vivienda digna a los cuales esta población no accede. Por eso estamos trabajando tan fuertemente en estas dos iniciativas que ponen un piso para empezar a construir ciudadanía.

¿Creés que es una ley necesaria?


Una transexual pelea por su lugar en la UBA

Jorgelina empezó abogacía en el Penal de Devoto. Allí cursó dos años, hasta que cumplió su pena y salió en libertad. “Caí presa por mi condición de transexual”, dice.  No guarda rencor. Más bien, quiso convertir la injusticia que –dice- cometieron con ella, en militancia. “Empecé a estudiar Derecho porque me di cuenta de que había caído presa porque ya era sospechosa al ser portadora de esta identidad. Por eso pensé que estaba bueno estudiar, recibirme y pelear por estas minorías”, cuenta, en lo que define el derecho ligado a la acción.

Ya libre, eligió la Universidad de Buenos Aires (UBA) para completar su carrera. Allí, encontró nuevas razones para militar, puertas adentro de la Facultad de Derecho. Hoy integra la lista Nuevo Derecho, una de las que lucha por el Centro de Estudiantes de esa facultad. Las elecciones fueron toda esta semana.

En la entrevista con Boquitas pintadas habla de su lucha para que le reconocieran la regularidad, primero; de la discriminación cotidiana de parte de profesores y alumnos; de la pelea para que la mencionaran en las listas con el nombre que la identifica y no el que figura en su documento.

“En un momento me sentí muy sola luchando”, reconoce después de repasar sus cruzadas a diario en una institución que ella suponía mucho más abierta. Esto fue hasta que se acercó la agrupación “Nuevo Derecho”, del que forma parte.

El encuentro con Jorgelina

Se enciende la cámara y ella empieza: mi nombre es Jorgelina Abelardo, soy militante de ATTA [Asociación de Travestis, Transgéneros y Transexuales] . Comencé mi carrera de Abogacía dentro del centro universitario de Devoto por haber sido víctima de la violencia judicial: estuve detenida dos años y ocho meses y salí absuelta. Quedó claro que los jueces tomaron mi condición de trans para declararme culpable. Esto fue en 2002, más exactamente el 3 de septiembre de 2002. Era el día de mi cumpleaños y caí detenida.

-Uno pensaría que esto ocurre en tiempos de dictadura…

Nosotras somos las  olvidadas de la democracia. Si bien es verdad que hay cambios y se han tomado en cuenta un montón de cosas, aún peleamos por la identidad de género. También por la posibilidad de cursar en la universidad. Por ejemplo, en la universidad de Buenos Aires hoy soy la única trans declarada, aunque hay varias tapadas.

-¿Me contás cómo sigue tu historia después de la cárcel?

Cuando salí me tomé un tiempo antes de retomar la carrera. Necesitaba pensar cómo seguía todo. Me decidí a seguir porque en los dos años que había cursado me estaba yendo muy bien, fue una sorpresa para mí. Nunca había pensado en mi vida estudiar Abogacía. Una de las materias que me convocó fue Filosofía del Derecho. Me di cuenta a partir de ahí de los baches jurídicos que hay en función de la diversidad. Comprendí que me había pasado esto: por ser portadora de una identidad era sospechosa. Me dije: ‘Está bueno estudiar, recibirme y pelear por estas minorías. Porque, aunque parece que todos estamos de acuerdo en este respeto por la diversidad, no es tan así, no se respeta”.

Jorgelina fue recibida por la decana de la facultad, Mónica Pinto

-¿Cómo fue retomar la carrera?

Cuando volví a pelear la regularidad empezaron los conflictos. No me querían aceptar y ahí fue el primer acercamiento con Nuevo Derecho. Peleo la reapertura, me dan la regularidad, sigo la carrera. Yo sabía que no iba a ser lo mismo: todos me respetaban como Jorgelina allá en Devoto. Esta universidad era distinta, con algunos profesores a los que les molestaba mi presencia, con los compañeros también fue difícil. No fue todo tan simple ni tan bueno: los estudiantes de derecho no son tan liberados. Cuando había que estudiar en grupo, por ejemplo, no era tan fácil. Por eso me parece que Nuevo Derecho pautó otras cosas. Ellos se acercaron a mí. Nadie antes había reparado en mi lucha por estos derechos.

-¿Qué es Nuevo Derecho?

Es una agrupación que hace 5 años trabaja en la Facultad y logró cosas muy importantes. Básicamente, defiende a los estudiantes. Conmigo se dieron cuenta de que era un estudiante, me ayudaron a no figurar con mi nombre registral sino que se me registrara con mi apellido y mis iniciales. Ellos me acompañaron, el presidente de Nuevo Derecho, Facundo García es un gran apoyo en esto. Antes de ellos me había sentido muy sola ahí adentro.

-¿Y ahora sos miembro de este partido?

Sí, estoy en la lista. Esto es inédito en la universidad. Para mí es una alegría muy grande. Yo entro a Nuevo Derecho para convocar a personas trans a que se animen a estudiar, para que lo que se fue consiguiendo se mantenga.

-¿Por qué vas a luchar si estás en el Centro de Estudiantes?

Por la diversidad, por el reconocimiento. Porque hay gente oculta. Hay compañeras que van a entrar en la universidad y no se dan a conocer. Tiene que haber apertura, apoyo concreto a la ley de identidad de género. Me parece que la universidad no puede estar lejos de esto porque todo hace a ganar más derechos, igualdad. Somos personas y tenemos que hacernos visibles.

-¿Qué le dirías a alguien trans que no se anima a estudiar?

Hay una nueva generación de chicas trans que está empezando a comprender esta apertura. La única manera de defenderse y no ser discriminado es saber que uno tiene derecho. Yo quiero actuar el derecho. Invito a todos y todas a sumarse, a estudiar, a hacer valer los derechos como ciudadanos

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