“Los gays tenemos fama de ser hiperconsumidores”

La historia de la obra es así: Lucas es un muchacho gay de treinta y pico que vive con su madre y trabaja en un local de perfumes y cosmética importada. Está rodeado de situaciones clásicas de la vida cotidiana, situaciones que él viste y transforma en un show para poder transitarlas más livianamente. Espera, sueña y busca… Busca a su amigo, busca en el trabajo, busca en los boliches, busca en el colectivo, busca en el Facebook, busca. Sueña con encontrar eso a lo que el cine le dedica cientos de películas, eso que se vende en las cajas de bombones, eso que se busca siempre en ese lugar donde sabemos que jamás lo vamos a encontrar.

Julio César Noguera es actor, autor y director de “Lucas – Todos Buscamos Lo Mismo”, una obra de teatro que se reestrena el próximo jueves. Habla con Boquitas pintadas sobre la historia de ficción y, también, sobre su inspiración, sus motivaciones, sobre el amor y la soledad. También se refiere a lo gay y el consumo. “Los gays tenemos fama de ser hiper consumidores. Es ahí donde el sistema miente. En el mundo de hoy todos consumen, pero a nosotros nos pusieron al amor en una góndola y compramos según lo que nos alcance. De ahí que en Lucas busco justamente mostrar eso, que estandarizarse no te une ni te hace pertenecer, más bien te aísla”.

- ¿De qué trata la obra y que lo inspiró?

- La obra trata, en general, de cómo la gente sigue patrones de pertenencia que los aíslan y los van dejando solos y de cómo se defiende a rajatablas la teoría de que está bien ese patrón, de que todo está bien y listo.

Lucas es igual a cualquier persona, le suceden cosas clásicas por las que todos pasamos, desde tomar un colectivo hasta que no le funcione el celular; incluso la forma de justificar la forma en la que vive es igual a la de muchas personas. Todos en algún momento intentamos justificar algo que sabemos que no podemos defender, pero lo hacemos igual. Lucas no es la excepción en eso, al punto de quedar enredado en sus propias historias. Él tiene dentro de su vida una búsqueda que es universal, que muchos niegan y que muchos la juegan de superados, pero Lucas los expone y con su vida demuestra que todos a la larga buscamos lo mismo.

Se podría decir que Lucas trata sobre la vida, sobre nosotros y sobre cómo en estas sociedades quedamos atrapados solos en un cuarto dialogando con nosotros mismos, justificando y negando mucho de lo que nos pasa por tratar de ser parte del mundo.

Cuando escribí Lucas quería contar muchas historias a la vez, pero sobre todo, hablar de la vulnerabilidad de las personas ante situaciones clásicas. No intenté dar lecciones de vida ni de formas de vivir; quería mostrar que todos somos iguales, no importa qué condición social tengas, que altura, que color de piel, que sexualidad. Somos iguales en los lugares más humanos, más sensibles… A todos nos duelen las mismas cosas. Pero también quería contar cómo, a la hora de elegir, elegimos pertenecer a cualquier costo. Despersonalizados y casi como un producto en masa, nos transformamos en lo que el sistema de vida actual quiere que seamos. Si no tengo amor, no importa. Tengo celular traído de afuera, o tengo un jean que acá no se vende que me compré cuando viajé… Pero la naturaleza de lo que somos y queremos ser sigue ahí, y nos va a pasar factura en cualquier momento. Quedamos presos de la mirada del otro, y necesitamos que el otro nos vea increíblemente bien, aunque sea por fuera.

- ¿Por qué eligió contarlo en clave de comedia? ¿Qué le permite decir el humor?

- La comedia es un género que conozco y transito desde hace años. Tuve buenos maestros de teatro como Miguel Pittier o María José Gabin, con los que aprendí muchísimo y pude desarrollar mi artística. Con otras obras mías, siempre conseguí transmitir lo que quería decir. Me gusta muchísimo hacer reír y que a la vez la gente se haga preguntas o se movilice. El humor inteligente y bien resuelto en escena puede decir muchísimo y vivimos en un mundo donde, justamente, la gente no quiere escuchar pálidas. Y si las escucha hace lo que haría Lucas: da vuelta la cabeza y las evita.

La comedia para mí es un desafío, porque es fácil caer en lo gracioso por lo gracioso por sí mismo. Por eso intento trabajar al máximo cada escena, cada monologo, cada situación en la obra. El humor es un lenguaje riquísimo, creo que desde chico lo hago, reírme o buscar todo el tiempo lo que me haga reír. Desde una película, una reunión de amigos, un tropezón en la calle… Hasta cuando me separé hace muchos años le dije a mi ex – “Creo que esto es hasta acá, Carlos Alberto” – imitando el acento centroamericano de las novelas. Y junté mis cosas, entre esas cosas doce platos y me fui. Hasta el día de hoy, lo de los doce platos es un chiste privado entre mis amigos. Creo que elijo siempre el humor, desde antes de ser actor o bailarín, porque fue lo que me salvo a mí de muchas cosas. Quizás alguien más pueda zafar de sus cosas si lo contagio.

- ¿Qué tiene de particular la búsqueda del amor para alguien gay?

- No sé si tiene algo particular, creo que la búsqueda se tiñe demasiado de los mandatos externos y ahí se vuelve particular. Hay tantas historias y búsquedas como personas, pero observo mucho y veo cientos de chicos que tienen a su lado al tipo que los haría feliz por siempre, tal cual cuenta Disney, pero… Y ahí viene el pero, lo dejan de lado, lo evitan y hasta inclusive, lo anulan. El mundo gay tiene mucho de libertad, pero también mucho de condicionamiento. No para todos, obvio, pero sí para muchos que lo padecen y eligen transitarlo.

El amor es universal, eso todos lo sabemos, pero también es universal el miedo que da estar enamorado, más cuando te enamoras de alguien que no cumple con tu fantasía de hombre ideal. Yo las veces que me enamoré no tuve condicionamientos, ni tampoco me privé de nada. Amo sentir, pero vivimos en un mundo material cantaban por ahí y los gays tenemos fama de ser hiper-consumidores. Es ahí donde el sistema miente. En el mundo de hoy todos consumen, pero a nosotros nos pusieron al amor en una góndola y compramos según lo que nos alcance. De ahí que en Lucas busco justamente mostrar eso, que estandarizarse no te une ni te hace pertenecer, más bien te aísla.

- ¿Creés que se vive una soledad más profunda en alguien gay? ¿Esto sucede sólo para quienes no pueden salir del clóset o es algo más general?

- No creo que el ser gay haga que uno sienta una soledad más profunda, eso lo elegimos como seres humanos y no como gays. Lo que sí creo es que ser gay, a pesar de tanto avance en la sociedad, sigue siendo algo que todavía no está aceptado en un 100%, incluso por los mismos gays. Y esa aceptación casi a medias te deja un poco solo, pero solo de vos, de lo que sos en un 100% en realidad.

Las personas que se aceptan, sea lo que sea que acepten de sí mismas, te das cuenta de que siempre están un poco mejor que las que no; menos violentas, con más sonrisas en la cara… Escucho cientos de veces a chicos decir que van a la marcha gay y que no les importa poner en un perfil su foto de cara, pero mariconeas un poco en un bar o en la calle y te hacen callar o te dicen: “¿Es necesario?”. Esas cosas me hacen ruido.

Yo nací Julio César: hombre, morocho, gay, laburador, etc… Mi libertad de elegir es mía y la soledad es algo que se elige. Amo mi soledad, pero tengo un entorno increíble del cual también disfruto muchísimo. No miro la vida desde una ventana, sino que salgo y la vivo.

Lo más curioso es que para venderte algún producto o inclusive las publicidades de boliches gays son de cientos de chicos gays lindos bailando como si fueran los más felices del mundo. Los que no pueden salir del clóset viven la misma soledad que los que no estamos o nunca estuvimos adentro. Elegir ser quien sos es hacerse cargo y saber que podes perder un montón de cosas que te van a dejar más solo. A nadie le gusta la soledad dolorosa; no la elegida para estar con uno, sino la otra, la más dolorosa. Sabés que cuando elegís mostrarte como sos, hasta podes perder la relación con tus viejos, con amigos, con los afectos… Pero nada es más sano y liberador que hacerlo. Y en ese momento es donde de verdad la vida que elegís aparece y no se va más.

La soledad es general, un mundo que te aísla en una computadora, que te hace vivir la vida de otros o te pone de novio con alguien que no sabes quién es, casi holográficamente… Es raro. El mundo vive en soledad creo, más allá de ser gay o no.

- ¿Por qué creés que el protagonista de la obra se crea ese mundo de fantasía?

- Lucas, al igual que el mundo en general, prefiere no ver las cosas; esa ilógica versión del cerebro de que si no la veo, no existe. A Lucas le vendieron esas fantasías y las compró, y desde ahí las transita. Se las puso encima, se las tatuó. A ese chico que lo va a hacer feliz lo ve como un Príncipe de Disney, pero no sólo por lo bello (que por supuesto para muchos gays eso pesa más que su prontuario policial), sino por cómo lo va a conocer y por cómo se va a ir a vivir a un castillo con él. El mundo de fantasía en el que vive lo aleja de lo que sea que esté pasando, lo protege. Pinta de otro color lo que le sucede y por sobre todo, creo que es una reacción natural para que no le duela esa realidad.

Formas de hacerlo le sobran: a los gays nos venden divas pop a las que hay que venerar aunque ya estén devenidas a menos, películas, playas, abdominales y la loca idea de que merecemos el amor también porque somos gays. Yo creo que merecemos el amor porque somos personas, porque somos hombres que a diferencia de otros, nos acostamos con hombres. El amor lo merece todo el mundo, es algo que sucede cuando estamos en libertad, cuando el formato de vida tiene que ver con nuestra esencia y no con lo que un sistema te vende para poder pertenecer. Si no perteneces a tu vida, aceptándote y en libertad, menos vas a pertenecer a la vida de otros.

Lucas crea un mundo de fantasía donde busca que todo lo que le pase le duela menos, lo menos posible. Pero a veces esa fantasía puede lastimarte más que la misma realidad. Es una película que, por más que no quieras, en algún momento termina.

- ¿Cómo fue la temporada pasada de Lucas y qué puede esperar el público de esta segunda temporada?

- La temporada anterior fue muy buena, una previa de lo que es Lucas este año. Sabíamos que no podíamos hacer muchas funciones por obligaciones que tenía tanto yo como parte del elenco. Hacia fin del año pasado tuve intención de reponerla, pero me fui a Mar del Plata la temporada de verano con la obra Pato a la Naranja que producía Aldo Funes como parte del equipo de Javier Peloni y como coreógrafo para hacer la puesta coreográfica de la obra. Entonces, venía buscando la oportunidad de re estrenar durante el 2014.

Este año Lucas vuelve igual de divertido, pero muy arriba, muy a full. Sin dudas la incorporación de Bruno Lazzaro como coreógrafo le dio a la obra un nuevo giro. Lucas explota más que nunca, contando con la complicidad de Vicky Pinus y Jeanette Feal que ya lo conocen del año pasado y lo ayudan a convertir la habitación donde transcurre todo en esa realidad paralela y descabellada en la que vive. Como verás, nosotros hablamos de Lucas como si fuese una persona más, incluso pasa en los ensayos que decimos “¿y qué es lo que tiene que hacer Lucas ahora?”.

Este año la obra está más armada, más completa, más cuidada, tanto en el escenario como afuera de él. Contamos con una productora ejecutiva que nos resuelve todo y con un agente de prensa que no para ni un minuto de poner luz a la obra para que todos la conozcan. Sin dudas este año Lucas será una fiesta, pero de esas que duran tanto que uno no sabe ni a qué hora empezó ni a qué hora termina.

 

Maléfica Producciones presenta la 2° temporada de “Lucas – Todos Buscamos lo Mismo”, una obra de Julio César Noguera. Estreno jueves 9 de octubre a las 22,15 en La Clac Bar Restaurante Teatral por 8 únicas semanas

 

 

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La vigencia de Fresa y chocolate, a 20 años de su estreno

Ya son veinte años de amor. En 1994 se estrenó la conmovedora película Fresa y chocolate, sin saber que se convertiría en uno de los mayores clásicos del cine gay.  Este film retrata como pocos la batalla que la disidencia sexual e intelectual perdió (y, en menor medida, sigue perdiendo) contra la homofobia.

Esta es una entrevista exclusiva al escritor y guionista cubano Senel Paz, que le realizó en su reciente visita a la Argentina la periodista Martina Cáceres para Boquitas pintadas.

Senel Paz es autor del cuento El bosque, el lobo y el hombre nuevo, que fue  adaptada para el film Fresa y chocolate (1994). Esta obra (dirigida por Leonardo Gavriloff) se presentó en su versión teatral en la Argentina y, por este motivo, visitó el país. Fue uno más aplaudiendo y emocionándose en el Auditorio Losada donde se presentó el pasado 17 de agosto.

 

Senel Paz, escritor y guionista

Este es el diálogo de Martina Cáceres con Paz:

Todavía me acuerdo de esa escena con la que el film arrancaba: el personaje de Diego sentándose a tomar un helado en la mesa de David para sacarle charla, ponerlo incómodo delante de lxs mirones y de paso, seducirlo. Diego es muy marica y David muy militante, es decir: muy machista. Y la historia no es exactamente la de un romance, ya que el sexo entre los dos no termina por consumarse, pero la amistad, que para la Cuba de entonces parecía un imposible por tratarse de enemigos políticos, sí.

Basada en el cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz,  Fresa y chocolate se ha multiplicado en estas dos décadas en una serie de versiones teatrales que tuvieron como escenarios Lugano, París, Caracas, y actualmente también Buenos Aires. Esta última, la local, de puesta austera y dinámica, se pudo ver hasta hace dos meses atrás en una sala de Palermo. Dirigida por Leonardo Gavriloff, esta pieza conservó sus guiños de época (los ’70),  pero también su espíritu contemporáneo a la hora de ponerle palabras a la problemática gay en un mundo – no un país-  que, más allá de los sistemas políticos, sigue entrampado en la normatividad.

- ¿Qué significó el estreno de Fresa y chocolate para Cuba?

- Creo que el público disfrutó y se sintió orgulloso de un libro y una película que lo ayudaron a librar una primera batalla contra algunos fantasmas. La gravedad de la homofobia y los prejuicios contra la diversidad de género en Cuba no respondía a que nuestro país fuera el más violento de todos o a una ideología más intolerante y bárbara que otras. Al contrario, a pesar de ser también una sociedad machista, creo que la relación desprejuiciada del cubano con la sexualidad y la religión atenuaban la violencia en comparación con otras sociedades y favorecía la permisividad, sin negar por supuesto casos extremos y horrorosos que no porque nuestra prensa los ignore dejan de existir.

- ¿Y a qué respondía esa homofobia?

- La gravedad y lo inadmisible de la homofobia en Cuba en aquella época es que era institucional más que social e invadía zonas del pensamiento y los derechos del individuo más allá de los sexuales y se contraponía a los ideales libertarios y humanistas proclamados por el socialismo, provocando confusión, desencanto y doble moral. El modelo del hombre nuevo imponía como obligatorio y único el modelo heterosexual, ateo y marxista. Y punto. Se renunciaba así a la diversidad y complejidad humanas y se provocaron no pocos sufrimientos y absurdos. En la época a que se refiere la película (años 70) y en las que se exhibe (años 90), el Estado iba por detrás de la sociedad porque ésta ya estaba preparada y ansiosa por librarse de su carga homofóbica y de intolerancia religiosa. De hecho, la descargó en cuanto tuvo la primera oportunidad ayudando de paso al Estado y al Partido a hacer lo mismo y por eso hoy el homosexual y el creyente pueden incluso ser militantes comunistas. No quiere decir que se resolvieran todos los problemas sino los más apremiantes, pero se pudo pasar al nivel de complejidad siguiente, como en los juegos. De la situación de los años 90 al jolgorio popular en la celebración del día contra la homofobia y el orgullo gay media un abismo, y otro hasta la normalidad plena.

- Aún falta para eso, porque estos cambios no se traducen en leyes inclusivas para la comunidad LGTB…

- En este momento, creo que el Estado de nuevo se está quedando rezagado  de la sociedad en éstos y otros temas del individuo y la familia porque es reticente a abordarlos jurídicamente y a reconocer y regular mediante ley las nuevas realidades y aspiraciones de la gente. En este punto, el Estado pone más atención a sí mismo que a la sociedad y su prioridad es lo económico. Pero, por suerte, las luchas en este y otros campos no solo son más entusiastas y masivas sino también más inteligentes y comprometidas con la esencia originaria del proyecto revolucionario. Por su vocación libertaria y humanista, su sentido solidario y festivo de la vida, el pueblo cubano estaría alegremente a la vanguardia en todas estas luchas.

- ¿En Cuba, como en la mayoría de las sociedades, todavía sigue siendo necesario combatir el arquetipo del homosexual ridículo o payasesco, del que el personaje de Diego se queja en la película?

- La representación ridícula o payasesca, cuando el propósito es denigrar o desconocer los valores humanos del homosexual, hay que rechazarla y combatirla porque es ofensiva y responde a estereotipos y prejuicios. Ahora, no reconocer a las personas afeminadas y afectadas como parte de la familia gay y avergonzarse de ellas es también un prejuicio. A todos, constantemente, nos asaltan los prejuicios y debemos estar alertas. El personaje de Diego, reprimido y rechazado, es a su vez portador de prejuicios cuando piensa que su condición intelectual y de persona culta e inteligente lo eleva por encima de los demás de su clase y lo hace excluible del rechazo general. A la hora de ser representados, nos acogemos a los códigos dominantes: queremos ser el negro guapo y deportista o músico, el homosexual intelectual y sin plumas, el latinoamericano descendiente de europeos, la mujer sensual que hace voltear a los hombres. ¿Y el negro de pelo tieso o pasa y nariz chata; el maricón feo, amanerado, marginal, sin cultura, viejo; nuestra versión violenta y depredadora? También somos esos y esas, no solo la versión estilizada y primorosa.

El homosexual evidente, y más si es pobre, ha sido el que peor lo ha pasado, sobre el que ha recaído la mayor dosis de rechazo y violencia porque no tiene la posibilidad de cubrir su amaneramiento con Armani o Versace o estudios universitarios. Pienso que el papel de payaso o enfermo, así como el humor y los  recursos linguísticos, han sido armas de defensa del homosexual, una especie de tinta de calamar que les ha permitido pasar inadvertidos, hacerle fintas al agresor y soltar sus dardos en el momento conveniente. Mi personaje utiliza esos recursos a conveniencia, y en otros momentos los abandona. Es probable que el homosexual, en los últimos tiempos, sea más rechazado por su condición inteligente y su inconformidad y activismo social que por la propia orientación sexual, aunque sean los prejuicios sobre esta lo que respalda la represión.

Senel Paz, escritor y guionista cubano, visitó la Argentina

- Hoy en día, ¿se pueden conseguir en Cuba libros de John Donne, Konstantino Kavafis, Truman Capote y todos los autores homosexuales que se nombran en el guión?

- La dificultad para editar libros de autores extranjeros en este momento no creo esté para nada relacionada con la orientación sexual de los autores y ni siquiera el contenido de los textos en esa línea, sino en la dificultad económica para adquirir derechos y en la precariedad de nuestra industria editorial. Apenas se importan libros y solo existen dos casas editoriales dedicadas a literatura extranjera. En contraste, Cuba sigue teniendo un importante nivel de lectura aunque también entre nosotros vaya a la baja. Los autores cubanos citados en la película y en mi relato sí han sido muy editados y promocionados con excepción de los que radican o han muerto en el extranjero, algunos de los cuales han dejado escritas trabas a la edición de sus obras en Cuba por motivaciones políticas.

- En la isla, ¿se produce y difunde literatura LGBT?

- La literatura conocida como LGTB (tipo de clasificación que no me gusta para la literatura, por parcelas temáticas), producida por autoras y autores cubanos, o la de tema homoerótico, y los estudios correspondientes, tienen buena difusión, del mismo modo que el tema está muy presente en el teatro, el cine, la televisión, las artes plásticas y hasta la música.  Incluso creo que ha habido momentos de saturación, a veces con retorno a la banalidad y el facilismo. El tema no es tan sencillo como parece, plantea importantes dificultades de lenguaje. Yo no he vuelto a abordar el asunto después de Fresa y chocolate. No me muevo por temas, sino por personajes, de modo que alguna vez puede sorprenderme un retorno de Diego u otro personaje cualquiera.

 

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Las lágrimas, una obra sobre la identidad arrancada: la artística, la social y la sexual

En la obra el público asiste al rodaje de una telenovela, intitulada Las Lágrimas, de rotundo éxito de público en la televisión. Su protagonista, la bella Libertad (Urtizberea), y la productora, Victoria (Mockert), tienen un noviazgo en zona de derrumbe. Su excéntrica autora y directora es una señora que se mueve en silla de ruedas, la alcohólica y egomaníaca Edith (Pelicori).

La llegada casi por azar de un nuevo asistente de dirección, Marcelo (Urbaneja), traerá información a los personajes, información sobre el pasado de ellos y del dueño del canal, Leopoldo Acevedo (Aste). Travestismo, una novela en verso, éxtasis mezclado con vino, música electrónica, doblecasseteras, besos que no se dan, virginidad, un caballo que viaja por el tiempo, vómitos, un embarazo y una última cena: una metáfora barroca sobre un país barroco.

Así se presenta la obra de teatro Las lágrimas, dirigida por Mariano Tenconi. Este artista escribió, para Boquitas pintadas, su presentación de la obra.

El amor entre Libertad y Victoria

Por Mariano Tenconi

Las Lágrimas trata el tema de la identidad desde todas las resonancias que nos fueron dadas encontrar. La identidad arrancada, por el genocidio que sucedió en la Argentina en los años 70, pero también las otras identidades: la artística, la social, la sexual.

Un relato atraviesa la obra, y es un relato sobre la militancia en aquellos años pero es, a su vez, una historia de amor. Y como Romeo y Julieta, Titanic u Ocho Cuarenta, del potro Rodrigo, es una historia de amor prohibido (y socialmente prohibido).

Una mujer, una señora de su casa, vive un romance apasionado con su empleada doméstica. Ella, su empleada, la convence de hacer política, de poner el cuerpo. “Ella lo hacía porque la política era su causa. Yo lo hacía porque ella era mi causa”, dice Edith, interpretada por la genial Ingrid Pelicori. “El amor es mi revolución” es una frase que formó parte de mis dos primeras obras.

En Montevideo es mi futuro eterno un profesor de historia argentino se iba a participar del Movimiento Revolucionario Tupamaros y se enamoraba de una periodista. En Lima Japón bonsai un campesino peruano se enamoraba de su secuestrada, la hija del embajador de Japón. Creo en la fuerza revolucionaria del amor y creo también, profundamente, en el vínculo entre lo íntimo y lo político. Por eso una de las metáforas de la Argentina, de la relación de Argentina con su pasado, de la relación de Argentina con su futuro, aparece plasmada en la obra como el romance de dos mujeres: una empleada doméstica y la dueña de casa; un romance atravesado por la Revolución Armada y el cautiverio genocida,

Otro amor de mujeres es central en el relato de Las Lágrimas. El amor entre Libertad (Violeta Urtizberea) y Victoria (Iride Mockert). Las actrices están extraordinarias, no sucumbiré a la tentación de hablar de ellas. Es la relación entre la protagonista de la telenovela y la productora, un amor en crisis que -justamente- confronta dos modos de leer/escribir el amor: el de Libertad, un amor romántico, apasionado, militante (“yo te amo como en el siglo XIX”) y el de Libertad, un amor posmoderno, virtual. Se confronta, también, la importancia de la identidad en el amor. “Si no sé quien soy no puedo amar”, dice Libertad.

Una cosa muy importante, además, para cerrar. Quizás todo esto suene demasiado grave. Amor, política, futuro. Pero Las Lágrimas es, antes que nada, una comedia. Es un enorme ejercicio de libertad. Ojalá puedan verla y notar, antes que nada, lo profundo y conmovedor que puede ser el humor.

 

Elenco: Ingrid Pelicori, Violeta Urtizberea, Iride Mockert, Martin Urbaneja, Fabio Aste. Música original: Ian Shifres; Diseño de escenografía: Oria Puppo; Diseño de luces: Matías Sendón; Diseño de vestuario: Oria Puppo, Micaela Sleigh; Coreografía: Carolina Borca; Realización de escenografía: Valeria Abuin; Video: Santiago Brunati; Fotografía: Soledad Allami; Diseño gráfico: Gabriel Jofré; Asistencia de dirección: Tomas Vio; Producción general, prensa y comunicación: Angela Carolina Castro

 

La obra va los viernes y sábados a las 22:45 en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543)

Mandatos sociales, aborto, homosexualidad…en una obra de teatro

“Resurge” es un espectáculo que fusiona la danza y el teatro para hablar sobre temas como la violencia de género, la homosexualidad, los mandatos sociales, la alienación de la ciudad, el amor.

En este diálogo con Boquitas pintadas, el director de la obra, Adrián Stratta, cuenta el recorrido de esta propuesta que va todos los domingos en el Abasto.

El elenco de Resurge, a pleno

-¿Cómo surgió esta propuesta? Qué le interesa contar?

- “Resurge” es una obra que nace de la necesidad de expresar situaciones que requerían ser transformadas para salir adelante. Con la obra quiero contar precisamente eso, que todos podemos resurgir de situaciones que nos afecten negativamente, aceptándolas y transformándolas en algo positivo, en un impulso a algo nuevo.

- ¿De qué diría que trata la obra? ¿Qué temas toca y con qué mirada?

- La obra trata de diferentes temas, algunos mas sociales y otros mas existencialistas. Son temas que creo necesario seguir hablando y llevarlos a debate. Algunos de los temas que abordamos son el abuso sexual, el aborto, la homosexualidad, la imposición cultural, los mandatos familiares y sociales, el caos, el ser y el deber ser de cada persona, etc. Los tratamos con el respeto que se merecen, ya que son temas que creemos sensibles, y con el objetivo de generar un espacio de reflexión sin politizar ni tomar partidos.

- ¿Qué concepto del amor se maneja?

- El concepto de amor que se maneja es el del amor como una energía transformadora y sanadora. El amor universal, no solo el de parejas, sino el amor por uno mismo, por los demás, por lo que uno hace, y sobre todo el amor como camino hacia el bienestar.

- ¿Qué le aporta tocar el tema de la homosexualidad?

- Tocar el tema de la homosexualidad nos aporta la posibilidad de hablar un tema que sigue siendo tabú. Si bien hoy esta mas naturalizado, siguen existiendo casos de discriminación y poca aceptación por lo que creemos necesario exponerlo. De todos modos, abordamos este tema con la misma importancia y respeto que el resto, ya que no creemos que algunos sean mas importantes que otros.

- ¿Qué le suma el hecho de combinar la danza y el teatro en esta representación?

- Nos suma posibilidades expresivas. Algunos temas son abordados desde un cuadro de danza y otros desde una performance de teatro. Fusionar ambas disciplinas nos permitió tener mas recursos para lograr el impacto que queríamos en cada tema. Es un gran trabajo en el que se logra teatralizar la danza y utilizar la expresión del cuerpo, sus movimientos en la poética de los textos teatrales.

 

“Resurge” va los domingos a las 19 en el espacio cultural Pata de Ganso, en el Pasaje Zelaya 3122 (Abasto)

 

“Cuando dije que era homosexual me mandaron al psiquiatra”

Flores sobre el orín, una obra de Alejandro Modarelli, a quien entrevistamos en Boquitas pintadas, es una pieza que condensa lo que ocurre en una sociedad en una época que es pasado y que al mismo tiempo retorna para no olvidarla.

Como la definió Modarelli, el autor de la obra, Flores sobre el orín son capullos que nacen sobre la roña de un baño público de estación ferroviaria”. En esa conversación este escritor habló de cómo surgió esta obra que es “el Eros porteño de las minorías sexuales y los disidentes sexuales, bajo las botas militares, que confunde en su peregrinar entre urinarios y carnavales secretos, lágrimas y placer”.

Ahora, Alejandro Viedma comparte con los lectores de este blog su comentario crítico sobre la obra.

“Nosotros no podemos enamorarnos (mucho)”

Por Alejandro Viedma 

Sábado de un julio porteño que finaliza con mucho frío. Son las 23.15 hs y el hall del teatro Payró se va llenando. Quince minutos después ese público bajará las escaleras para cubrir cada una de las sillas de la sala.

Arriba del escenario los actores personifican a (lo que hoy se denomina) chicas trans que interactúan con la platea, dando la bienvenida a lo que será casi una hora y media de función.

En el aire empiezan a deambular polos opuestos sin –en apariencia y al comienzo- acuerdos, esas posiciones marcadamente extremistas que hacen que los binomios socioculturalmente compartidos existan para subrayar y ampliar las distancias entre esas dos caras de la misma moneda: moralidad/inmoralidad; homosexual/heterosexual; lo bueno/lo malo; limpieza/mugre; edictos/ilegalidad; flor/excremento; goce/prohibición; despacho/tetera; etc., etc. También se deslizan muchos prejuicios a través de frases hechas y se contextúa todo en un momento histórico y político en el cual no existía el concepto de gay y sí el de homosexual, desde la patología, en los manuales de psiquiatría (“Cuando dije que era homosexual me mandaron al psiquiatra”, declara uno de los protagonistas) y desde lo que era sancionado por los edictos policiales.

El cartel de promoción de la obra

En la escenografía se erige bien visible y con eficaz efecto un baño público, o lo que muchas veces es nombrado como tetera. La obra gira en torno a ese espacio en donde se tienen necesidades básicas: físicas, sexuales, monetarias, de comunicación en general y en particular se multiplican las corporales y simbólicas, ya que allí se tiene sexo y se habla, se socializa, se muestra y se esconde. Como complemento, una pantalla difunde algunos videos para viajar hasta aquel período de nuestra Nación.

Un policía convive con su mujer embarazada con la cual hace mucho no tiene relaciones sexuales. Dicha señora marca muy bien una postura típica de gran parte de la Argentina de fines de los 70s, ese país del mundial y de Videla, el “no te metás”, en donde convenía hacerse el tonto, mirar hacia otro lado, sabiendo no sabiéndolo para no reconocer y sí negar ciertas cuestiones y situaciones, convirtiéndose en un chivo expiatorio de lo que se gelificó en cierta complicidad.

El hombre que encarna la ley es quien más se sale de ella casi todo el tiempo, incluso sus instintos desbordan lo que luego ya no puede controlar, ese deseo que tanto le costaba aceptar en los otros y en él. Así, lo que incipientemente se pintaba como un mundo de blanco o negro rápidamente quien trabaja para “moralidad” termina siendo el más “inmoral” para los códigos que definían la moralina de antaño.

Además, se muestra cómo ayudaba la “chapa”, de hecho, ser parte de la fuerza policial significaba más de un privilegio/”derecho” o le daba una mano también al que caía detenido al ser “hijo de” o “sobrino de” ya que un apellido (de un militar, por ej.) podía salvar o le brindaba un sostén para la supervivencia del que se quedaba aquí, muchos siendo artistas o peluqueros, del que no se exiliaba o lo exiliaban.

Este personaje y otros que también hacen de policías se manejan dentro de la doble vida, con violencia, con mentiras, con hipocresía y con pasión, con esa calentura velada por un billete o por prendas femeninas, a modo de desmentir la pulsión homosexual, ¿o para que algo actúe como dique de contención de un inminente e incontenible gran amor?

La muerte ronda en las horas posteriores al único beso, ese acercamiento amoroso dado entre el poli pasado a disponibilidad y Lissette, la reina de las teteras y ahora ya una persona travestida para prostituirse. Acto amoroso sentenciado con la frase sobre la cual ambos concuerdan: “Nosotros NO nos podemos enamorar”.

Es para destacar las referencias importantes que circulan sobre las tablas, como por ejemplo, los nombres de Héctor Anabitarte, Michel Foucault, Néstor Perlongher, Raffaella Carrá. Esta última traía alegría, en la vida y en la obra, entre tanto sufrimiento y también códigos compartidos, algo que estaba en el aire, pues sin ser muy explícito lo que ella cantaba, se entendía como guiño gregario.

Considero que uno de los mensajes de la obra es rememorar el lugar al que estaban destinados los homosexuales varones del siglo pasado y era -en el mejor de los casos y aguantando todo tipo de abusos tales como golpes, insultos, robos, detenciones, violaciones- que sólo podían tener sexo en la clandestinidad, en los márgenes, en la ilegalidad lejos de la posibilidad del amor. Tal vez por eso sobresale la genitalidad y lo fálico que se conjugan con la adrenalina y el morbo carnal justamente en el espacio prohibido y más exponencialmente riesgoso, más fértil para las vejaciones. Y subrayo varones homo porque de ese grupo determinado habla la obra, la cual no hace referencia alguna a las lesbianas de antaño, lo cual se relaciona con el tema redundante dentro del mundo lésbico, su histórica invisibilización.

Otro punto es la deconstrucción de los mitos y la estandarización de roles fijos, porque por ejemplo el que se presenta como “loca”, “marica” o “pasiva” (términos utilizados para menospreciar) termina penetrando al macho. Entonces, me resultó interesante que lo que en un inicio se encuentra enmarcado dentro de polaridades bien marcadas, valga la redundancia, después, literalmente, se da vuelta.

Para finalizar, me parece bueno que se muestre y no se olvide lo que transcurrieron los homosexuales de esas décadas como un ejercicio de reflexión y memoria para valorar cómo se llegó hasta hoy, rescatando de aquel pasado vidas y discursos de resistencia, en un ámbito en donde eran parte de lo que había que limpiar, excusándose en procedimientos autoritarios.

Tal vez me hubiese gustado que ahondaran un poco más en temas tan serios, problemáticos (el exilio, la muerte de un padre, entre otros) y por momentos un tanto banalizados, sin iluminar los efectos traumáticos, o tal vez, por justamente ser tan dolorosos, fueron tamizados por humoradas con risas medidas de los espectadores como respuesta.

Por otro lado, es remarcable que los que llevan adelante este emprendimiento artístico hayan armado una cooperativa y que los actores personifiquen más de un rol, algo que tiene más que ver con nuestra actualidad: la diversidad, la versatilidad y el formar parte de algo comunitario.

Flores sobre el orín, de Alejandro Modarelli, puede verse todos los sábados a las 23,30 en el teatro Payró 

 

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“La idea es politizar la homosexualidad”, propone Alejandro Modarelli

Flores sobre el orín, “capullos que nacen sobre la roña de un baño público de estación ferroviaria”, dice a Boquitas pintadas el escritor Alejandro Modarelli, autor de esta obra de teatro que se estrena el próximo 17 de mayo. Habla de cómo surgió esta obra que es “el Eros porteño de las minorías sexuales y los disidentes sexuales, bajo las botas militares, que confunde en su peregrinar entre urinarios y carnavales secretos, lágrimas y placer”. Y reflexiona: “La idea que compartimos era repolitizar la homosexualidad, devolverle ese aura de revuelta secreta que la hacía en un momento tan poderosa, mucho antes de que se volviera objeto tolerado, nicho de mercado, y artículo modernísimo dentro del Código Civil”.

En esta conversación con Modarelli, también autor de Fiestas, baños y exilios y de Rosa Prepucio, él habla de esta resistencia a un orden dado, del momento en que emergió a la luz pública la aparición del SIDA, las consecuentes razias y encarcelamientos, el contramundial que se vivió en los mingitorios mientras la Junta Militar celebraba el último gol contra Holanda y Argentina, entre otras cuestiones.

Alejandro Modarelli, autor de Flores sobre el orín

- ¿Cómo surgió la obra?

- Jesús Gómez, un director de teatro venezolano que vive en Buenos Aires desde hace más de diez años, se interesó en buscar una opción a las obras de teatro con temática gay en cartelera, que son varias, y en general funcionan en registro Queer as folk. Algunas hechas con mejor suerte y con más inteligencia que otras. Pero la mayoría con esa misma impronta de pequeño drama burgués, donde los vínculos tienen un aire clonado de pista de discoteca, o se refuerzan miméticamente en la rutina del gimnasio. El mari-clon. Es decir, quería salirse de lo que consideraba un clisé estético de los nuevos tiempos, y del auge costumbrista de la promoción de la identidad gay. Pero también alejarse de otros autores posmodernos que reniegan de las clasificaciones, en el deseo de que la identidad se diluya -mariposeando siempre- en el flujo indiferenciado del deseo.

Como en la obra Cock, donde el protagonista reclama para sí la posibilidad de desear y enamorarse también de una chica. Pero ya ahí ingresamos en cuestiones teóricas, y sería complicado explayarme en esta entrevista. Lo post-gay tampoco era nuestro tema, ni nos interesaba. En una palabra, la idea que compartimos era repolitizar la homosexualidad, devolverle ese aura de revuelta secreta que la hacía en un momento tan poderosa, mucho antes de que se volviera objeto tolerado, nicho de mercado, y artículo modernísimo dentro del Código Civil.

- ¿Por qué se llama Flores sobre el orín?

- A primera vista, cualquiera podría asociar el término flores a la mariconería colibrí. Flores, maricuelas, mariposones. Orín, ya sabemos, lo que el cuerpo elimina. Pero cuando pienso en estas flores lo hago un poco al modo de Jean Genet, lo hago de modo de tornarlas  inseparables de la palabra orín. Flores sobre el orín, como vida de locas que se gesta sobre el detritus, capullos que nacen sobre la roña de un baño público de estación ferroviaria, un ciclo de/regenerativo. Gestación, gestión para el goce y resistencia contra el orden militar, porque se trata de un contexto histórico donde los encuentros sexuales, o las fiestas travestidas de los homosexuales, estaban todavía inscriptos en el código de contravenciones. Lo estuvieron hasta mucho después de la dictadura. Es decir, para el poder represivo éramos contraventores dionisíacos, con aroma a deshecho. Pero con la particularidad  de que hasta 1983, hasta que cae la dictadura,  podíamos terminar presos en la cárcel de Devoto.

- ¿Qué me podés comentar del contexto en el que se desarrolla la historia, la época de la dictadura militar?

- Te conté que la idea era repolitizar la homosexualidad en tanto resistencia a un orden dado, y una posibilidad era ponerla a jugar de nuevo en la escena del antiguo orden represivo, del que fue después saliendo (relativamente, de acuerdo a la ubicación geográfica) a través de la visibilidad, la obtención de los derechos civiles, la entrada triunfal a la ciudad democrática. Paradoja esta, porque si hay algo que hizo emerger a la luz pública la cultura gay fue la aparición del SIDA en los ochenta. Una vez desmoronado el misterio, a fuerza de tanta exhibición, y por lo tanto desactivada la presunta amenaza, la pregunta era como devolverle el interés, la pasión, a la cuestión gay. Jesús Gómez me propuso pensar una obra en la que se recuperase la memoria de las luchas políticas y la experiencia comunitaria de la clandestinidad, y que restituyera de alguna manera la importancia disruptiva que tuvo, si no sigue teniendo (tema de debate) la homosexualidad.

Alejandro Modarelli, autor de Flores sobre el orín

Yo ya había trabajado estas cuestiones en otros libros en torno de los cambios históricos en la sociabilidad gay. Así que pensé que sería interesante retrotraer el texto a la época de la dictadura argentina, en ese momento en que en América Latina seguía en funciones el modelo jerárquico marica-chongo, al estilo del Beso de la Mujer Araña, pero donde al mismo tiempo el gay norteamericano igualitarista (vos me cogés, yo te cojo), onda Village People, iba tratando de hacerse un lugar, un poco a los empujones, en unos países latinos con sexualidades más bien populares. Nacía entonces la disco mayoritariamente heterosexual, recordemos New York City, pero al cabo sobrevivía el sexo clandestino de los gays en los baños públicos. Y las consecuentes razias y encarcelamientos. En Flores…hay una historia que es central, la de un policía de la Brigada de Moralidad, Albano, que entabla una relación afectiva y comercial con la regenta de los baños públicos, la Lisette. Ese relato es de un amor infame, un vínculo de varones fuera de la ley, por cuanto Albano, casado con una típica mujer de clase media baja, embarazada,  fue expulsado de la fuerza por haber violado a un joven.

- Una frase de las que promociona la obra me resulta sugestiva: ¿Coincidís en que en la obra se palpa la resistencia del deseo bajo el terror? ¿Cómo se resiste?

- Se resiste afirmando el Eros sobre el orden de la muerte. Burlando su autoridad. De ahí que organizar una orgía secreta en la comisaría de la Casa Rosada, debajo del despacho de Videla fue, además de un hecho verídico, un acto de guerrilla urbana. Como lo fue también aprovecharse de la euforia mundialista para salir de caza de chongo ebrios de patrioterismo y con mucha cerveza en el torrente sanguíneo. Hay testimonios de que se armó un contramundial en los mingitorios mientras la Junta Miliitar celebraba el último gol contra Holanda y Argentina ganaba el campeonato. En la obra hay mucho cuerpo disponible para la parranda subversiva. Cuerpos que levantan la temperatura del público, respetables voyeristas. Una forma también, hay que decirlo, de retribuir con pan caliente el gesto amable de pagar la entrada y sentarse en la sala.

- ¿Te podés explayar en la frase: “La resistencia no es únicamente una negación: es proceso de creación: crear y recrear, transformar la situación, participar activamente en el proceso, eso es resistir”?

- Es una frase que los entrevistadores de Michel Foucault, en la revista Advocate, utilizan al comienzo de su artículo. No la pronuncia el filósofo, pero la inspira. Así como inspira la obra Flores sobre el orín. Resistir no es necesariamente desde las armas, y ni siquiera desde la militancia organizada, justo en una época donde el Frente de Liberación Homosexual (FLH) se había autodisuelto, después del golpe de Estado.  Uno de los personajes es nada menos que Héctor Anabitarte, uno de los fundadores del FLH, exsindicalista y excuadro del Partido Comunista, que interviene con sus monólogos desde un plano distinto, porque está exiliado en España. Y menciona a su antiguo compañero de activismo, Hugo,  “que no deja de yirar en los baños” aún bajo la vigilancia de las patrullas, y consigue robar así un orgasmo a la ciudad marchita. Hugo, entonces, transforma por un instante la catástrofe en una acción de arte callejero, nada menos que un pincelazo seminal en la cara de cemento de los verdugos.

Alejandro Modarelli, autor de Flores sobre el orín

- ¿Qué sentís con el hecho de verla representada? ¿Es completar un proceso?

- Flores sobre el Orín es un trabajo gozoso colectivo, con los clásicos coitos interruptus que producen la tensión y los enojos transitorios. El mismo texto se fue consumando a medida que avanzaban los ensayos. Los nervios son un combustible riesgoso en el teatro, una especie de navaja que hiere aquello que el aplauso, de acontecer, sin embargo puede cicatrizar. Es mi debut como dramaturgo, supongo además que es una audacia también para muchos que dentro del elenco están formándose como actores, aunque hay algunos de ellos con una trayectoria en la escena bastante sólida. La coreógrafa y entrenadora Marcela Robbio es una profesional experimentada, y ni que decir el musicalizador Marcelo Katz.  En fin, por otra parte creo que es el emprendimiento teatral  más complejo de Jesús Gómez, pero él ya tendrá la oportunidad de corregirme si me equivoco.

- ¿Algún proyecto en el que estés trabajando?

- En este año espero publicar un segundo libro con el sello de la editorial Mansalva. Una compilación de crónicas, la mayoría publicadas en el suplemento SOY de Página 12. Y quién sabe no me anime a preñarme de nuevo con la dramaturgia. Otro hijo anómalo concebido en el burdel teatral; ya adelantaré el tema cuando esté cerca de nacer. Será, eso sí, bajo el signo de la abyección, porque solo así podré sentirlo parte de mi infame familia literaria.

 

Están invitados: desde este sábado 17 y todos los sábados a las 23 en el Teatro Payró, San Martín 766

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Las mujeres que inspiraron a Puig: cuando el amor y la amistad se confunden

La obra se llama Impalpable y es una pieza inspirada en relatos y entrevistas de Manuel Puig. La obra trata sobre tres mujeres que, en un pueblo perdido de la Argentina en los años 50 y, tal como le ocurría al mismísimo Puig en su General Villegas, se refugian en la ficción, en el cine, para poder huir de la realidad.

Malena Schnitzer es Estela, una de estas mujeres. Ella trabaja en la pastelería de un pueblo y su amiga de toda la vida se va a probar suerte como actriz a la Capital. Estela se queda esperando allí, en el pueblo, a que su amiga la rescate. “Es interesante el vínculo entre ellas, cuando la amistad y el amor están un poco confundidos. Aunque claro que en esa época tal vez ni se permitían ellas mismas pensar en la posibilidad de un vínculo diferente”, comenta Malena en esta entrevista con Boquitas pintadas (un blog inspirado, lo digo una vez más para los que recién se suman, en la vida y la obra de Puig).

En la obra, así como ocurría entre los personajes del escritor, mucho es lo que fluye por debajo de lo que se dice; es pura riqueza aquello de lo que no se puede hablar.

Malena y Elisa, en escena. Foto: gentileza de Natalia Rubinstein

“Yo rechacé totalmente la realidad que me tocó vivir/Las comedias, los musicales: esto para mí pasó a ser la realidad/Lo otro, el pueblo, era como un western al que yo había entrado por error,/una película de la que no me podía salir./Solamente me sentía cómodo en el refugio de la penumbra del cine.” (Manuel Puig)

 

- ¿Qué se siente como actriz al encarnar a una de las mujeres que inspiraron a Puig?

- Las mujeres de Puig son complejas, llenas de capas, como collages. Y eso las vuelve muy teatrales porque rara vez ponen en evidencia lo que realmente sienten o piensan, y al mismo tiempo, sin quererlo, no pueden evitar que se les note, disimulan mal. ¡Está buenísima esa complejidad a la hora de actuar! Porque permite trabajar con muchos matices, muchas energías.

Por otra parte, pensar que las mujeres que inventamos podrían habitar el universo poético de Puig, que podrían compartir un té con alguno de sus personajes, es abrir una especie de diálogo entre ficciones, pero que implica también un cierto grado de verdad, para que el público crea en ellos.  Ese doble juego no fue tarea fácil. Armar la obra, crear estos personajes, nos tomó un proceso de dos años, e incluso hoy siguen creciendo y construyéndose, función a función.

Creo que lo más interesante ahí es esa construcción colectiva. Es decir, no sólo encarnar a este personaje sino haber creado el material y, con Sergio Calvo e Ignacio De Santis desde la dirección, con Elisa Bressán y Paula Manzone, Nicolás Bari y Matías Niebur en el escenario, dialogar con Manuel Puig a través de una nueva ficción.

- ¿Qué creés vos que expone y critica Puig de las mujeres de entonces?

- Creo que lo que más aparece en sus mujeres es la mirada del otro como parámetro. Cómo hacen o dejan de hacer frente a esa mirada. Y cómo sus deseos quedan siempre por debajo, en ebullición, intentado salir a flote pero tapados por el deber ser y las buenas costumbres. En sociedad se muestran sin imperfecciones, como madres, hijas, esposas, amigas ideales, con reglas muy rígidas y formas esperables de comportarse. Pero en la intimidad, por suerte, les pasan otro tipo de cosas, y se vuelven más oscuras, más incorrectas. Son mujeres que anhelan más libertad pero les cuesta arriesgarse, por temor a ser juzgadas y quedar desplazadas. Más allá del género, me parece que lo que Puig denuncia allí es una sociedad dividida entre fuertes y débiles, donde no hay mucho lugar para estos últimos.

- ¿Cómo influye el hecho de que transcurra en un pueblo?

- En los límites de un pueblo donde todos se conocen, los cambios más chiquitos quedan expuestos, esa mirada de la que hablábamos se vuelve más cercana. Los ojos del otro están a dos pasos y hay que tener mucho coraje para correrse de las estructuras. En las ciudades, en cambio, tenemos el manto de piedad que nos da el anonimato.

Puig cuenta en una de sus entrevistas que para él su vida en General Villegas era como un western en el que había entrado por error, una película de la que no podía salir. Y que por eso necesitaba refugiarse en la penumbra del cine, para crear una realidad diferente.

Paula Manzone, en la piel de una de las mujeres que inspiraron a Puig. Foto: gentileza de Natalia Rubinstein

Esta forma de ver el mundo fue una premisa para construir la obra. Lo que le pasaba a Manuel Puig es un poco lo que les pasa a Blanca, Liliana y Estela, las mujeres de Impalpable. La ficción es un escape para tolerar la realidad que les toca vivir en el pueblo. Las historias de las grandes pantallas les dan libertad, al menos hasta que puedan encontrarse con su propia verdad.

- ¿Sobrevuela en la obra el tema del amor entre personas del mismo sexo? ¿Cómo se lo aborda?

- En la obra está muy presente el amor entre dos amigas que tienen una relación muy cercana y deben separarse. Una de las dos decide ir a la Capital para triunfar como actriz, y la otra se queda ahí, en el pueblo, esperando que su amiga vuelva, o que la rescate.  Este vínculo entre los personajes de Blanca y Estela está en un borde, en un límite finito. Es un amor muy intenso, profundo, que las deja pendientes a la una de la otra; pero a la vez, son personajes que ni siquiera se permitirían pensar en otra forma más que la amistad para relacionarse.

Entonces trabajamos desde un lugar muy solapado el amor entre ellas, sobre todo porque el  universo puigiano nos propone algo menos explícito, que tal vez sea más difícil de elaborar pero tiene más teatralidad y resulta más interesante para llevar a escena.  La obra habla, también, de lo indefinido de las relaciones, no sólo en su forma sino también en el proceso, de esos momentos en donde cambian los deseos y entonces algo empieza a quebrarse, de a poco. También de cómo empiezan a construirse relaciones nuevas. Son vínculos que no entran en un esquema, cuesta definir. Lo “impalpable” también  se desprende un poco de eso.

 

La obra se reestrenó el miércoles 23 de abril pasado; va a las 21 en El extranjero Teatro, Valentín Gómez 3378. Apúrebse a verla que está sólo hasta el 28 de este mes

 

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Quiero contarles algo: “Soy heterosexual”

Una de las hermanas de Marcelo, protagonista de la historia, a lo largo de toda la obra quiere contarles algo a sus hermanos, hasta que  finalmente se atreve: “Soy heterosexual”, les dice. Desde entonces, ella decide vivir plenamente su vida, liberarse del peso y romper con la farsa.

Emilio Berasain, coautor y director de TASCAQ (“Trastorno de Amar Sin Conocer a Quién”), una obra que se estrenó hace pocos días, conversó con Boquitas pintadas sobre los motivos por los que escribió esta pieza de amor a la que no le falta el humor.

En esta obra, el problema de una de las hermanas es reconocerse heterosexual

- ¿Qué te motivó a escribir TASCAQ?

- TASCAQ es un proyecto de amigos, todos profesionales dedicados al teatro, pero amigos en fin… o desde un principio. Nos inspiramos en las canciones de Jey Mammon, disparadores de las ridículas situaciones que se presentan en la obra para contar una historia con humor absurdo, pero con contenido. La dramaturgia es colectiva y hay alguna que otra vivencia personal por ahí andando. En el proceso nos divertimos mucho, esa fue la premisa. Contar a partir del humor.

- ¿De qué dirías que trata?

- Es una comedia -con gran parte de musical- que habla sobre el amor.  O sobre el no amor. O mejor dicho sobre ese amor que no está pero uno desea fervorosamente que aparezca. Habla de individuos –en este caso hermanos- que sufren por amor, y que se ayudarán para salir de ese estado que los tiene “trastornados”.

- ¿Podrías describirme a los personajes?

- Marcelo, Marcela, Sandra Celeste son los tres hermanos de esta historia.

Marcelo vive haciendo las compras en Coto (perdón por el chivo), compra arvejas, arvejas… y arvejas. Algo en él no anda bien, además de comprar solamente arvejas, y es que sufre de una extraña enfermedad: ama sin saber a quién.

Marcela es su hermana, la menor. Toma fuerzas con un paquete de Oreo (¡las marcas nos invaden!) y sale a la vida en busca de su amor, un viejo amor, que hace tiempo no ve pero siente cercano.

Sandra Celeste es la mayor, la correcta, la segura. Aunque oculta un gran secreto: tiene una colección de revistas El Gráfico que atesora desde su infancia, una novia -Roberta- y una gran paciencia hacia sus dos hermanos.

Los tres hermanos, en plena acción

- ¿Me hablás del juego Sandra Celeste?

- ¿Sace? Jajajajajaja. Toda semejanza con la realidad es mera coincidencia, con buena onda además. Los que vean la obra lo entenderán.

“Cuando estés desorientado, piensa en Valeria Lynch,

cuando el mundo caiga al suelo, piensa en Valeria Lynch,

si una lágrima te rompe el corazón y la voz,

piensa en Valeria Lynch, piensa en Valeria Lynch

ella va contigo donde quieras hasta el fin.”

 

- ¿Cómo ingresa Valeria Lynch en esta historia?

- Varios somos fanáticos de Valeria en la vida real, tarareamos sus canciones en la ducha (y en el escenario). Jey un día descolgó con un tema de ella que nos cayó como anillo al dedo para la más pequeña de la familia de esta historia. Somos sus fanáticos. Ella no nos conoce ni nos sigue en el twitter (@obratascaq –aprovecho el momento-) pero creo que una vez sí nos retuiteó. Yo de eso no entiendo mucho, dicen que es bueno. Lynch, sin saberlo seguramente, brilla en nuestro espectáculo cada noche y recibe uno de los tantos aplausos que nos regalan los espectadores.

- ¿Sos crítico con la frase “media naranja”? ¿Por qué?

- No soy crítico con buscar “nuestro complemento”. Yo tengo mi “media naranja” y está bueno. El tema es cuando la mano viene agria, pero sí creo que vale la pena, a veces, ir a fondo para “sacarle jugo”.

 

TASCAQ se estrenó el sábado 15 de marzo; va a las 23.30 en El Método Kairós Teatro 

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Un chat de hace diez años para revivir el final de una historia de amor lésbico

Maquimaiú (la dedicatoria) cuenta el final de una historia de amor entre dos mujeres: Maqui y Maia. Y lo cuenta sobre las tablas en una obra que se estrena este domingo. La obra pone en escena, con esa mezcla de humor y ternura que otorga revisar el pasado, los desencuentros y malos entendidos que se juegan a veces en el amor, en este caso, en la voz de dos mujeres.

En una obra inspirada en sus propios mails con su primer gran amor, Maia Muravchik, autora, directora y actriz, conversó con Boquitas pintadas sobre esta pieza que, desde las conversaciones virtuales con alguien que amó, reflexiona sobre los cambios en las relaciones en tiempos de hiperconexión. ¿Nos comunicamos más? ¿Cuánto hay de verdadero en ese intercambio virtual?

“De tanto escribirse horas y horas con una persona, uno termina escribiendo cualquier cosa. Pero, en algún momento del cansancio salta la verdad”, opina Maia.

Maia y Maqui, en escena

- ¿De qué trata la obra?

- MAQUIMAIU (La dedicatoria) cuenta la historia del final de una historia de amor. Algo tan absurdo como la dedicatoria de un disco hace que todo vuele por los aires. Habla de dos personas que se quisieron un montón pero que no pudieron escucharse por diversas razones: el orgullo, el miedo, la inexperiencia, el ego.

- ¿Por qué te interesó retomar una historia de amor desde el chat, un medio que en apariencia parecería sin mucha sustancia?

- Un domingo angustiada me puse a revisar viejos mails y chats que había tenido con quien fue mi primer amor, hace casi diez años. Las conversaciones virtuales y correos electrónicos habían formado parte fundamental de nuestra relación. En este chat en particular encontré un gran potencial  por lo absurdo, pero también porque había algo intenso y verdadero en esas incoherentes líneas. Había algo  bello y algo triste. Y el inevitable final. Entendí cómo en cierto momento ya empezábamos a decir cualquier cosa, como ocurre a menudo con los chats.

Me hizo reflexionar sobre los cambios que existen en las relaciones a partir de la irrupción de las nuevas tecnologías para la comunicación. Muchas veces, como en este caso, la hipercomunicación lleva a no comunicarse, a no escucharse. Y creo que eso fue en definitiva, lo que pasó.

Entonces armé como si fuera un guión. Lo leí una vez más y me puse a llorar. Lo llamé a Dennis Smith [director de la obra] quien aparte de ser mi entrañable amigo, es un artista talentosísimo, y le mandé el texto. Me llamó y me dijo “Amiga, estás re loca, no puedo parar de reírme”. Empezó a supervisar y proponer cambios para que la conversación pueda ser llevada a escena. Y llamamos a dos talentosísimas actrices para que se embarquen en esta locura virtual: Maqui Figueroa y Johanna Zambón.

El final de una historia de amor entre mujeres

- ¿Qué riqueza encontraste en ese medio?

- Justamente la riqueza radica en que, de tanto escribirse horas y horas con una persona, uno termina escribiendo cualquier cosa. Pero, en algún momento del cansancio salta la verdad.

El desafío fue hacer una obra con esto: generar ese chat en un espacio escénico, sin recurrir a lo obvio.

- ¿Te parecen importantes los pequeños detalles para abordar desde allí una historia amorosa? ¿Por qué?

- En su momento me volvió loca no estar en los agradecimientos del disco. Y tenía que ver lo cruda que había sido toda nuestra historia de amor, porque había sido realmente muy cruda. Yo pedía estar en los agradecimientos del disco porque necesitaba eso, una legitimación. Vivir oculta me parecía terrible. Hoy día lo puedo entender y agradezco no estar en la dedicatoria. Pero justamente lo que se ve en MAQUIMAIU es que lo de los agradecimientos es un disparador para conocer la intimidad de esa pareja, las locuras y los desencuentros.

- ¿Creés que tienen algo de particular las relaciones amorosas entre mujeres, a diferencia de otras de distinto sexo?

- No creo. La obra tampoco aborda ese lugar. Realmente en la obra no importa si son mujeres, hombres o mujer y hombre. Son dos mujeres, en verdad tres, pero no es lo más relevante de la historia. Lo que importa es lo que no fue y por qué no fue y ni eso queda demasiado claro.

Lo bueno de lo que está pasando hace un tiempo es que nos estamos empezando a dar cuenta de que la gente se encuentra o no se encuentra. Ya no importa si sos chico o chica y si el otro es chico o chica. Si te va bien, te encontrás. Si no te va tan bien, como en mi caso, adoptás dos gatas.

- ¿Qué te pasó a vos cuando terminaste de escribir esta obra? ¿Qué sentimientos te surgieron?

- Empecé a darme cuenta de que estoy loca y me empecé a preocupar. Es muy raro actuar de uno hace diez años. Al principio del proceso me defendía a mí misma, después llegué a odiarme un poco y finalmente aprendí a perdonarme. Hice lo que pude en mi primera relación. Y da cierta ternura haber sido tan inocente.

Creo que, al fin de cuentas, aprendí la lección.

 

MAQUIMAIU (la dedicatoria): Funciones: Desde el 23 de marzo, domingos a las 21. ElKafka Espacio Teatral –Lambaré 866

 

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Vida Morant: “A veces las personas trans causamos una risa burlona”

El Cuerpo, el género, el transgénero, el deseo: ¿Quién es capaz de agregar un punto final a la palabra feminidad?, se pregunta Vida Morant, la autora de Vacías, el misterio de lo femenino. En la segunda temporada de esta obra que reflexiona sobre la irrevocable soberanía de la identidad, la directora de Vacías le dice a Boquitas pintadas: “Este año incorporamos un recurso muy fuerte que es el del espejo, ese es el corazón de la obra. Tomamos espejos, miramos a la cara al público, que está iluminado. La obra viene a contar esto: que la duda existencial acerca de qué ser, cómo apropiarse del deseo propio, cómo vivirlo sin vergüenza ni culpa, sentimientos que persiguen tanto a las femineidades, le ocurre a cualquiera”.

Eso siente uno: apropiarse de verdad del deseo propio es un desafío para todos y todas.

Vida Morant (Ana María, en la obra) comparte escenario con Checha Kadener (como Virginia) y Paula Díaz Martina (como Lucía, que tiene el desafío de ponerse en la piel de una identidad trans). Actrices que se entienden con sólo mirarse.

- Lucía es un personaje ahora más central este año, y se la ve más seria, ¿puede ser?

- Su personaje tiene esta coraza que es muy propia de las identidades trans, que han tenido que sostenerse por fuera firmes, fuertes, austeras en lo afectivo para defenderse. La otra opción, también muy presente en las identidades trans, podría ser todo lo contrario: un personaje absolutamente extrovertido, con el humor a flor de piel que a todo le pone humor y entonces parece que no termina comprometiéndose emocionalmente con nada. Ambas cosas son esto: una reticencia al compromiso emocional, porque son tan frágiles…Desde ahí intentamos construirlo con María Paula, sobre todo en esta versión de la obra.

- ¿Por qué transformaron la puesta?

- Sentí esa necesidad…En realidad la obra sigue hablando de la femineidad, del género y cuando digo género estoy pensando en lo transgénero. Lo que siempre quise evitar el año pasado es hacer una obra pedagógica, que viniera a enseñar, a desplegar conceptos, algo educativo tipo Paka-Paka (se ríe). Con esa intención me abstuve de desplegar un poco más.

Este año no hacemos una obra explicativa, pero sí clarificamos más algunas cosas. Y lo trans para mi este año es el eje de la obra. El personaje creció muchísimo. El año pasado al eje lo sostenía más el personaje de Ana María, que estaba más presente en la trama. Que se iba, no se iba, la excusa por la que estaban ahí y la excusa por la cual se iba. Y me pareció que eso no nos podía pasar a nosotras que somos una compañía de trabajo particular, que nos proponemos ser responsables como comunicadoras sociales y estamos abordando una temática que es muy compleja y muy sensible…en algo que para nosotras tampoco tiene respuestas: nosotros no venimos a contar cómo se hace para ser mujer o qué es la femineidad.

- El año pasado usaban más la palabra mujer, ahora está más lo femenino…

- Sí, porque empezamos a despegar la femineidad de la palabra, del concepto de mujer y, al mismo tiempo, necesitamos ampliar la palabra mujer. Si abordamos lo trans y pensamos en lo trans esa palabrita es un gran paraguas que nos incluye a muchas expresiones de género. Pero hay cierta reticencia todavía por la connotación histórica que tiene la palabra mujer, que está empezando a cambiar.

La mujer está empezando a ocupar otros espacios su voz empieza a tener otro poder. Pero por otro lado existe la ley de cupo para la mujer. Si estuviera tan instaurado no habría necesidad de una ley que habilite cierto número de mujeres en un parlamento político. No es lo mismo que años atrás pero aún falta.

La decisión de ampliar la temática trans al reflexionar en la obra sobre la femineidad para mi es inherente a la temática misma. Es un desafío también porque desde el feminismo muchas veces lo trans fue excluido. Tengo una frase fortísima que está presente en la idiosincrasia de la obra y es que no todo feminismo es feminista. ¿Con eso qué quiero decir? Que todavía, para una concepción del feminismo, está ligado a la apoteótica vagina, al ser mujer desde lo biológico.

La obra viene a contar que el sentirse mujer o expresarse mujer es un patrimonio de la femineidad y que la femineidad es un recorrido único irrepetible de cada persona. Es un recorrido en la construcción identitaria.

- ¿Qué devolución te hizo la actriz que encarna a Lucía?

- Ella me quiere matar desde el primer momento, desde que le enchufé el personaje el año pasado [se ríe]. Me quiere matar porque para ella fue un gran desafío: tuvimos que hacer un trabajo de mesa en cuanto a contarle cuestiones de lo trans, de la femineidad en sí misma, desde lo psicológico -porque hacemos un recorrido que tiene mucha influencia desde lo psicológico. Pero ella está agradecida porque pudo comprender cuestiones de la vida que no alcanzaba a ver porque no formaban parte de su interactuar cotidiano, inclusive siendo muy amiga mía. Porque yo tampoco soy representativa de todas las identidades de género. Empezar a desplegar esto, a compartir información fue un enriquecimiento de todas.

- ¿En qué está presente lo psicoanalítico?

- El psicoanálisis es uno de los primeros que vino a dar cuenta de que la sexualidad y la construcción identitaria del género no está ligada a la genitalidad. Es decir, no necesariamente. Y que también la construcción identitaria es algo que se hace desde el lenguaje y el lenguaje, las burlas, las vueltas que le hacemos al lenguaje en la obra, también está impregnada de esta cuestión del psicoanálisis.

- Freud habla del misterio de lo femenino…

- Claro, el psicoanálisis es el primero que intenta responder ante la pregunta de qué es una mujer y dice que no hay respuesta en relación a eso, que es un interrogante que se sostiene y nosotras venimos a completar eso en la obra diciendo que el interrogante se sostiene pero que la única respuesta es que no hay una única respuesta al modo que espera la ciencia. Sí tiene una respuesta en la apropiación irrevocable del deseo de cada persona.

- ¿Por qué pusieron a jugar el humor de modo tan fuerte?

- No todas las funciones resultan iguales. Hay momentos en los que la gente se ríe y nosotras no nos proponemos ahí hacer reír, no estamos proponiendo construir un hecho cómico ahí sino que la gente tiene esa reacción porque a veces le resulta intolerable o demasiado fuerte.

El momento en que más se aprecia eso es el de ronda rondita. Hay funciones donde no se mueve una mosca y otros en que es muy intenso pero la gente responde con risa. A veces, para el actor difícil eso. Nosotras nos sostenemos con lo que nos está pasando en ese momento, que no es gracioso. A lo mejor puede causar gracia al otro, como le puedo causar gracia yo a una persona en el subte. Nosotras causamos risa. A veces es una risa de burla.

- ¿Qué significan los espejos que aparecen en la obra?

- Este año incorporamos ese recurso del espejo, que es muy fuerte. Eso este año sentimos que es el corazón de la obra. Tomamos unos espejos, miramos a la cara al público, lo iluminamos, la gente es parte de eso. La obra viene a contar esto: que la duda existencial acerca de qué ser, cómo apropiarse del deseo propio, cómo vivirlo sin vergüenza ni culpa, sentimientos que persiguen tanto a las femineidades, le ocurre a cualquiera”.

Podés ver Vacías los sábados a las 22,45 en el teatro La Ranchería (México 1152)

 

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