¿Cuándo la burla se vuelve un problema?

En el Día Internacional de Lucha Contra la Homofobia y la Transfobia, que se conmemora el 17 de mayo, Julián Benavides, un lector de Boquitas pintadas, manda un texto alusivo al hito de 1990, año en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió retirar la homosexualidad de la lista de enfermedades. Julián tiene 24 años, es colombiano y vía mail dice: “Me siento muy contento de poder volver a aportar mis escritos a Boquitas y a la vez me siento afortunado de que me puedan dar este espacio”. Desde aquí respondemos: Muchas gracias a vos, Julián, y a todos los que nos envían sus historias para compartir.

Palabras sobre la homofobia

Por Julián Benavides

Foto de Alejandro Viedma

¿Cuándo la burla se vuelve un problema? Se cumplen 25 años desde que la Organización Mundial de la Salud decidió sacar de su lista de enfermedades mentales a la homosexualidad. Ya son 25 años en los que millones de gays han marchado, han discutido, se han organizado y desorganizado, han  construido historias, discursos, han entregado el alma y en los casos más duros la vida.

Nos han dicho putos, maricones, gays, pervertidos, enfermos, travestis, mujercitas, aputazados, raros, culos rotos y otro sinfín de títulos; nos han castrado, mutilado, agredido, relegado, retado, desaparecido, golpeado, marginado, encarcelado, amedrentado y, en los casos más graves, ¡nos han matado!.

Han pasado tantos años y aún seguimos discutiendo sobre lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo no aceptable, lo moral y lo inmoral, lo normal y lo anormal. Es gracioso que nosotros propongamos un mundo de colores mientras el mundo sigue viendo en blanco y negro, mientras ellos que están allá lejos (o acá cerca, acechándonos) nos señalan como creando dos polos, dos mundos, dos formas, como si la realidad se pudiera partir en dos. Nosotros los raros, hablando de amor, los otros, los “cuerdos” hablando de rechazo.

Un día, mientras comía entre un grupo de personas, fui llamado puto y mi progenitora fue señalada de haberme convertido en tal y la burla continuó porque luego, cuando yo hablé de dolor, me dijeron que debería saber de dolores, haciendo una alusión al momento del coito anal, como si la homosexualidad terminara en la cama, como si todo lo homosexual se pudiera resumir en el culo o como si nuestra forma de hacer el amor fuera excremental, como lo pudo señalar un prolífico creador de palabras absurdas que tiene por título el de procurador de los colombianos. 

Voy a ser sincero, nunca me disgustó reírme de lo homosexual, de lo gay, porque creo que cuando se acude a la risa podemos quitarle el tabú a lo gay, digamos hacerlo “normal”, creo que por eso me río con algunos chistes que solo pueden representar la ignorancia de la mayor cantidad de seres vivientes, de sus prejuicios, de sus falsos saberes.

Sergio Urrego; Foto: Archivo

Sin embargo, lo que me impulsó a escribir estas líneas no fue únicamente la rabia, ni el orgullo, fue más bien la angustia, el miedo, porque no deseo para mí ni para los míos estar en un mundo lleno de tonterías. Y la razón y la pasión, porque creo firmemente que mis sentimientos no son ni enfermos ni pecaminosos sino que, como diría Sergio Urrego, mi sexualidad no es mi pecado, es mi propio paraíso.

Para quedar claros, lo molesto no es que usted, señor homofóbico, le diga gay a alguien que le atraiga o ame a una persona de su mismo sexo, porque al fin y al cabo eso es lo que es, no hay problema, el problema lo crea usted cuando utiliza esos términos de forma peyorativa, es decir, si usted desde su odio le dice a alguien gay o una serie de insultos para herirlo, para causarle un daño en su estima.

El centro del problema es entonces convertir las palabras en navajas cortantes. Ese malestar que usted siente, ese desagrado por los que no sienten igual que usted es su problema, resuélvalo, vaya al psicólogo, controle sus ansiedades, haga yoga, escriba un libro, pero en definitiva entienda que lo diferente no es el problema, el problema es no aceptar al mundo tal cual es; entienda que hay gente de pelo rojo, hay gente bajita, hay gente con crespos, hay múltiples creencias, y convivimos con siete mil millones de formas distintas.

Pablo y Ramón celebran la diversidad

Reírnos no está mal, hacer chistes sobre los otros es algo que todos hemos hecho, pero mídase, sepa cuando el chiste es transgresor y se convierte en arma que apuñala, que intoxica, que no construye porque no hace reír, sino que se convierte en veneno, en destrucción para los otros.

Ojalá en algún momento paremos con la bobada y dejemos de criticar y señalar la diferencia porque al fin y al cabo todos somos diferentes, entonces si todos somos diferentes, ¿qué es lo que usted tiene que andar viendo -y juzgando- de la vida del otro?

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Cuando ver porno gay era una odisea

Pablo escribió este texto en uno de los ejercicios del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. La consigna había sido: “Compartir con los compañeros algo que nunca habías contado”. Pablo tiene 37 años y recordó cómo fue la primera vez en la que vio una película gay porno, hace más de 20 años, época pre cibernética, pre Internet. Imaginemos aquellos tiempos que parecen tan lejanos. Hoy casi cualquier persona tiene acceso a la web y eso ayuda a que, por ejemplo, los adolescentes gay puedan asumirse como tales investigando su deseo más sencilla y tempranamente. Incluso sin salir de sus casas. Pero en los 90, y antes menos todavía, no era nada fácil.

Les comparto este relato que Pablo envió para que leamos todos en Boquitas pintadas.

“Barbita”

Por Pablo

Estaba en casa con mi familia, hace poco más de 20 años. El día estaba bastante feo, llovía y hacía mucho frío. Después de almorzar, decidimos ir al video club a alquilar algunas pelis.

Como siempre, ya en el local, mi mamá se instaló en la sección de películas románticas o de historias verídicas (aburridas para mí en ese momento), mi papá en la de acción o comedia (las películas de acción no me disgustaban tanto porque los actores casi siempre estaban buenos, y las comedias me gustan), mi hermana y hermano más chicos (como 10 años menores que yo) estaban eligiendo una de dibujos animados, y yo buscaba de suspenso y terror.

Pero ese día en el video club descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta. Entre zombies y vampiros, monstruos y hombres lobo, decidiendo con cuál de ellos pasar la noche, siento de pronto a lo lejos la risa de mi papá, esa risa pícara que lo deschavaba cuando se estaba mandando una de las suyas, y a mi vieja la noto sonrojada y escucho que le dice con una voz susurrante y vergonzosa que era un pelotudo. Y es ahí cuando descubro mi gran hallazgo, la fila de arriba de todo era la de las películas porno, que enriquecía mi vista deseosa de todo aquello que observaba, pero a la vez incómoda ya que tenía que mantener la vista hacia arriba, y esto hacía que las demás personas que estaban ahí se dieran cuenta de lo que estaba mirando.

Entre miraditas rápidas, que eran como flashes, porque los nervios y la vergüenza me invadían creándome el fantasma que los demás podían descubrir mis deseos ocultos, de pronto lo veo a él, increíblemente bello, con su pelo castaño, claro y brillante, una barba prolijamente cortada, sus ojos azules que te invitaban a mirarlo y sus dientes blancos que se asomaban a través de una sonrisa que vencía toda resistencia de no quererlo, de no desearlo. Y otra vez mi viejo interrumpiendo el momento, pero esta vez en forma directa preguntándome si ya había elegido una película; quería pagar y que nos fuéramos.

Ese día comencé a convencerme que tenía que ver esa película, en la que estaba ese hombre increíble que había poseído mi mente. El tema era que tenía muchas dificultades para hacerlo, como por ejemplo, que tenía que estar solo en mi casa, mis viejos no se tenían que enterar jamás, y lo más difícil era cómo iba a hacer para alquilar una película para adultos, teniendo 14 años.

Una semana después, mi mamá me dice que una de mis tías nos había invitado a comer a su casa el sábado, obviamente le dije que no iba a ir, no sólo por el hecho de aprovechar el momento, sino también porque las reuniones familiares no eran de mi agrado; mi mamá, sabiendo esto, no me insistió.

Fueron dos días de planear el encuentro con “barbita”, pensé de todo, todo malísimo y peligroso, como por ejemplo: falsificar una nota firmada por mi viejo dándome permiso para llevar esa película, o disfrazarme para parecer mayor, y hasta se me ocurrió sobornar al señor del video club pagándole el alquiler de la película a un valor mucho más elevado, pero por suerte rápidamente desistí de estas ideas.

Ya casi resignado a que no iba a poder hacer nada, de pronto se me ocurrió el plan “perfecto”, que era: aprovechar la promoción de 3 películas por $10 y poner el número de cualquier película de terror o suspenso (género que siempre llevaba) en la de “barbita” y que el número de “barbita” sea el de la película de terror o suspenso que supuestamente quería llevar y, si el señor del video club me decía que no podía alquilarme esa película porque era condicionada, le mencionaba las tres películas que quería ver y le mostraba de dónde había sacado ese número y todo pasaba a hacer un error de él.

Llegó el sábado y mis viejos con mis hermanitos se fueron. A la media hora de su partida yo voy hasta el video club. Por suerte cuando llego no había mucha gente y el señor del local estaba distraído hablando con alguien. Era el momento perfecto, me acerco hasta “barbita” y saco su número rápidamente, de la misma forma agarro el número de una película de terror y la pongo en el lugar del número de la película de “barbita”, me tomo mi tiempo para elegir las otras dos películas y también para desacelerar mi corazón que parecía que iba a explotar por los nervios que tenía. Ya más tranquilo y juntando valor, tomo aire y me acerco al mostrador y le doy al señor los tres números de las películas elegidas, el señor agarra los números y va hacia atrás a buscar las pelis; casi inmediatamente vuelve con las 3 cajas negras y las pone en una bolsa, le pago y anota en su hoja mi número de socio, los números de las películas y que las dejé pagas, nos saludamos y salgo rápidamente hacia mi casa.

Ya estando en casa, pongo la peli, la cual vi varias veces ese día, en ella había hombres bellos por todos lados que se tocaban, besaban, chupaban y demás cosas, pero lo mejor fue cuando apareció “barbita”… Verlo entero, con su cuerpo delgado y delicadamente marcado, tocándose, mirando y sonriendo provocativamente, en realidad, provocando a otro pero, para mí, en ese momento, me estaba provocando sólo a mí: me llamaba, me invitaba a pasar un momento maravilloso, y así fue.

Más tarde, ya sabiendo que mis viejos estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están dentro de mi placard, dejando solamente las otras dos películas para ver.

El lunes temprano antes de ir a clases, voy a devolver las películas, llego al video club, se las entrego al señor que lo atiende, nos saludamos y me dirijo hacia la escuela.

Así finaliza la historia de cómo alquilé mi primera película porno gay.

 

Este miércoles 4 de marzo a las 20 se inicia la doceava temporada de este grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485.

Para conocer más sobre Alejandro Viedma

 

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¿Donar sangre? Vos no, por homosexual

No es la primera vez que  Tomás  Vio escribe en Boquitas pintadas. Ya contó hace unos meses que tiene 26 años, que es licenciado en Comunicación Social y que trabaja en el área de Relaciones Externas de una empresa importante en la ciudad de Buenos Aires. Tampoco es la primera vez que hablamos de este tema: la discriminación legitimada en formularios que se utilizan para la donación de sangre en la Ciudad de Buenos Aires.

Traemos nuevamente el tema, que ya denunciamos en 2011, porque pese a que se aprobó en la legislatura la modificación del formulario que se exige completar a los donantes de sangre y que se aplica en los hospitales públicos (no se deben pedir datos respecto a la identidad de género, vida personal y sexual o cualquier información que resulte discriminatoria), esto no siempre se cumple. Estos tiempos siguen recordando aquella denuncia de Facundo García, activista por el Partido Socialista. 

Tomás, esta vez, cuenta su historia de discriminación por este tema. Seguramente muchos se sentirán tocados por la misma realidad. Es una paradoja que, por un lado, se incentive la donación de sangre y, por otro, se discrimine a quienes quieren donar. Sin hacer foco en la protección a la hora de tener relaciones sexuales, se focaliza en con quién se tuvo relaciones, así es que las homosexuales son prohibitivas para donar.

Pedro Robledo, coordinador del área de Diversidad e Inclusión de la Fundación Pensar de PRO, escribió a Boquitas pintadas para aclarar que desde esta oficina “trabajan arduamente con el Ministerio de Salud para generar los nuevos formularios que están disponibles en hospitales públicos como indica la ley y como se menciona en la nota”. Esta ley fue aprobada en la legislatura por unanimidad. Agregó que el caso del Hospital Alemán está fuera del alcance del gobierno porteño ya que se trata de un centro de salud privado. “Los formularios nuevos están a disposición de todos los centros que quieran adoptarlos, pero la ley únicamente alcanza a los hospitales públicos”, sostuvo.

Vos no por puto

Por Tomás Vio

Hoy fui al Hospital Alemán para donarle sangre a una compañera del trabajo que necesitaba una transfusión luego de haber perdido más de 3 litros por un derrame. Antes de ir llamé al hospital, saqué turno y me leyeron algunas de las especificaciones para poder donar. Tenía que ir sin haber desayunado lácteos, ser mayor de 18 años, tener el DNI y no haber tenido hepatitis, chagas, sífilis, paludismo o brucelosis. Por suerte, no tuve ninguna de esas enfermedades, tengo 26 años, DNI al día y siempre desayuno un café sin leche.

Sabiendo que cumplía con todo, a las 10 de la mañana me presenté en el Alemán. Cuando llegué me dieron un extenso formulario que debía completar antes de que el médico me extrajera la sangre. En la primera página había un recuadro que ocupaba la mitad de la hoja titulado “Motivos para abstenerse de donar sangre”. Entre los que se encontraban: haberse hecho tatuajes u acupuntura con agujas no descartables, ser consumidor de drogas prohibidas, tener relaciones sexuales a cambio de dinero, haber tenido relaciones sexuales con personas que tengan o puedan tener Sida o haber tenido relaciones sexuales (hombre con hombre) en el último año.

El formulario que leyó Tomás antes de ir a donar

Luego de esta advertencia, había que responder 43 preguntas, todas relacionadas con cuestiones de salud a excepción de 3, una general, otra específica para hombres y otra específica para mujeres: “¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?”, “Para hombres: ¿Tuvo usted relaciones sexuales con otro hombre en los últimos 12 meses?” y “Para mujeres: ¿En los últimos 12 meses, tuvo relaciones sexuales con un hombre que a su vez tuvo relaciones sexuales con otro hombre?”

Yo respondí a todas con la verdad. Cuando llegó mi turno, la médica me preguntó si tenía alguna duda con el cuestionario. Le conté que a raíz de una trombosis tuve que tomar anticoagulantes durante un año, me dijo que eso no era problema. También le conté que en los últimos 12 meses había tenido relaciones con otro hombre pero que él no estaba infectado con VIH y que yo tampoco. Me respondió que por prevención, yo no puedo donar sangre pero que agradecía mi sinceridad.

Las preguntas que discriminan a quienes tienen relaciones homosexuales

Le dije que no comprendía el rechazo, a lo que me respondió que los homosexuales tienen más posibilidades de contagiarse VIH y Hepatitis que el resto de las personas, como dándome a entender que los cuerpos de gays y heterosexuales son distintos. También me dijo que existe lo que se llama período ventana, período de 12 meses en el cual el virus puede no detectarse, y que es necesario estar seguro que, durante ese tiempo, uno no estuvo en riesgo de contraer HIV. Me reconoció que el período ventana es el mismo para cualquier persona, sin importar su orientación sexual. Entonces, le pregunté, ¿por qué se les permite donar a heterosexuales que hayan tenido sexo con personas desconocidas o de las que no estuvieran seguras de su estado de salud? Y me respondió que la primera pregunta (¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?) era para detectar esos casos. Ante esta respuesta, le dije que entonces no eran necesarias las otras dos preguntas, que con esa sola alcanzaba. No hace falta una para gays y otra para heterosexuales. También le dije que hay muchas personas que no van a contestar a todas las preguntas con la verdad, por ejemplo, haber pagado por sexo, por lo tanto, la buena fe no alcanza, sería muy irresponsable de parte del hospital confiar sólo en un cuestionario. Más allá de las respuestas, todas las muestras de sangre que se donan deben ser analizadas cuidadosamente.

Cuando salí del hospital me puse a investigar un poco, según el último informe del Ministerio de Salud de la Nación, existen 110.000 personas en la Argentina con VIH/Sida.  En el caso de los varones, “el 48,5% se infectó durante una práctica heterosexual y el 39,1% lo hizo en una relación con una persona del mismo sexo”, mientras que del total de las mujeres, “el 89,6% se infectó durante una práctica heterosexual”.

Es necesario desmitificar. La orientación sexual de una persona no la condena a ninguna enfermedad, en todo caso, es la falta de información y de protección la que la pone en riesgo. El 90% de los hombres y el 88% de las mujeres con el virus se infectaron luego de una relación sexual sin protección.

No me opongo para nada a que se tomen todo tipo de recaudos a la hora de donar sangre. Lo que sí critico es la estigmatización y la humillación de la persona. Cuando llegué al trabajo, todos mis compañeros contaron que al igual que yo, habían ido a donar sangre. Cuando me preguntaron a mí tuve que contarles que no me lo permitieron y cuando me preguntaron los motivos les tuve que decir que fue por el simple hecho de ser gay.

 

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Presentan una guía de salud trans y reclaman la reglamentación de la ley

“Tenemos la mejor ley de identidad de género, pero nos falta mucho como sociedad para dejar de mirar qué tienen las personas entre las piernas para relacionarnos”, resume el activista trans de la organización de la sociedad civil Capicüa Alan Otto Prieto. “Qué le hace pensar a un medicx que sabe lo que es una persona trans ‘completa’ o ‘incompleta”, se pregunta.

En un aporte a la discusión sobre la atención médica de las personas trans, este viernes 17 se presenta una “guía de salud trans”, un trabajo que se articuló con lo académico para llegar a este sólido documento de investigación que hoy empezará a circular como material de consulta. Está dirigida, en especial, a los agentes de salud, pero también será útil a los comunicadores y al público en general.

“La armamos porque sentimos que la información es poder y que sólo unxs pocxs de nuestra comunidad estaban manejando la discusión por el acceso a la salud trans y lo hacían con una mirada que sólo reconocía la necesidad del tratamiento hormonal y las cirugías”, comenta Alan. Y agrega que estas instancias son parte del proceso, pero enfatiza en que la ley tiene un espíritu mucho más amplio, por eso habla de “Salud Integral”.

El grupo redactor de esta guía son militantes de Capicüa y el grupo revisor es una diversidad de personas que transita los equipos de salud, activistas, investigadorxs, academicxs, abogadxs, entre otrxs.

Sobre el proceso de búsqueda y armado de esta guía, cuenta Alan: “Primero armamos un documento base con todos los capítulos que pensamos debería tener y luego enviamos una carta de compromiso de participar como revisxr y un tiempo para que nos envíen sus aportes, modificaciones, discusiones, etc.  Luego sistematizamos, discutimos y fuimos agregando los aportes que compartimos ideológicamente”. Señala que todo el material que se fue generando estará disponible en la página web de Capicüa, para que queden todas las posturas visibilizadas y que sirva para seguir discutiendo e intercambiando ideas.

Sin reglamentación no hay salud integral

Alan señala que, más allá de que en la Argentina se haya aprobado una de las leyes más progresistas del mundo en materia de identidad de género, hay un vacío debido a la falta de reglamentación de la ley. “En esa instancia debería establecerse cómo se aplicará la ley en su parte sanitaria”, precisa Alan. No es una cuestión menor. Y sugiere: “Es fundamental que esta reglamentación sea conjuntamente entre el Estado, las organizaciones y activistas, de lo contrarío seguiremos desconociendo los saberes de la comunidad trans y nuestras propias necesidades”.

Alan Otto Prieto, coordinador de Capicüa

La guía es un material que además de informar, también apunta a educar y concientizar sobre la realidad de las personas trans, un tema sobre el que recién empieza a hablarse y que para gran parte de la sociedad aún es observado desde preconceptos e ignorancia.

La palabra del dios médico

“Tenemos la mejor ley de identidad, pero nos falta mucho como sociedad para dejar de mirar qué tienen las personas entre las piernas para relacionarnos. Qué le hace pensar a un medicx que sabe lo que es una persona trans ‘completa’ o ‘incompleta”, dice. “Nos seguimos encontrando con médicxs que piden certificados psicológicos, excusándose de que una cirugía es complicada entonces la persona tiene que poder trabajar sus ansiedades, deseos, etc. Esto además de ilegal es mentiroso, porque cientos de personas que se operan de distintas cosas jamás fueron obligadas a transitar por un psicologx”.

El sistema está pensado para varones con pene y mujeres con vagina. A partir de la ley de identidad de género esa norma se modifica y con ella, se plantean cambios en los más diversos órdenes. Por ejemplo, un varón trans va al ginecólogo y es obligación que lo atiendan sin tener que contarle a medio hospital/clínica/obra social/prepaga cuál es su genitalidad. La guía plantea numerosas situaciones similares a ésta y propone capacitaciones en todos los ámbitos para que la ley de identidad de género sea un hecho más allá de que entró en vigencia hace más de dos años.

El equipo de activistas de Capicüa, felices tras la publicación de esta guía de consulta

Para concluir, Alan, feliz de tener el material en sus manos, dice: “La impresión y circulación de esta guía es un triunfo de la comunidad trans. En ella hemos volcado en palabras experiencias, ideas y sentimientos. Es un paso más en larga lucha que venimos dando por el reconocimiento y respeto de los derechos de la comunidad trans”. Y agrega: “Somos una generación que no se olvida de aquellxs compañerxs que dejaron de lado sus vidas para ir ganando espacios hasta alcanzar una ley nacional de identidad de género que no patologiza ni judicializa nuestras identidades, como sucede en otros lugares del mundo. No obstante, aún queda mucho por recorrer hacia el efectivo goce de la ciudadanía para la comunidad trans y es, en este sentido, que juntx a activistas, profesionales y organizaciones hemos concebido esta guía”.

El lanzamiento de la guía

En el mes internacional por la despatologización de las identidades trans, el colectivo de jóvenes LGTBQ Capicüa presenta la última edición de la Guía de Salud Trans, un material que propone una actualización del paradigma de los derechos humanos en el campo de la salud. Habrá una mesa-debate que contará con las exposiciones de la Diputada Nacional (MC) y actual coordinadora del Programa Nacional de Articulación Estratégica, Cecilia Merchán, la presidenta de Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual y fundadora de la cooperativa-escuela “Nadia Echazú”, Lohana Berkins, representantes del campo de la medicina nucleados en PH – Producción Horizontal e integrantes de Capicüa. El acto tendrá lugar el 17 de octubre a las 17.30 en el Auditorio de la Jefatura de Gabinete (Diagonal Sur 782, esquina Piedras).

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“La cultura gay argentina es aún represiva”, dice Rodrigo Cañete

Rodrigo Cañete, ni alias ni un apodo contracultural, sino el nombre de un exsubsecretario de Cultura de la Nación en 2002. Un ser polémico. Hace más de un año, el ambiente del arte local fue sacudido por la aparición de un blog en la web: Love Art Not People, escrito por Cañete.

Escribe Daniel Gigena para Boquitas pintadas que el blog combina clases de historia del arte, críticas de muestras y de personajes del establishment cultural (de directores de museos a curadores, de artistas consagrados a la hija pintora de Marcelo Tinelli) y nuevas variaciones sobre el arte de injuriar.

Luego de ese cargo fugaz (“Yo era el segundo en una Secretaría excluyentemente peronista, con Ruben Stella a la cabeza. Fue horrible y me demostró el gran problema de la división entre peronistas y antiperonistas”), Cañete se instaló en Londres, donde hizo un doctorado en Historia del Arte en el Courtauld Institute of Arte. Con una tesis sobre Diego Velázquez ganó el premio de la Asociación de Historiadores del Arte de Gran Bretaña. Sin privarse de nada, también fue asesor de arte del CEO de Morgan Stanley, Wal-Mart y Coca-Cola. En la actualidad, escribe una historia del arte argentino de los últimos veinte años que será publicada el año próximo y un libro sobre las pinturas mitológicas que se publicará también en 2014 en Estados Unidos.

Al blog sumó hace unos meses La Hora de la Pastela, un curso de historia del arte por YouTube. “La intención –dice- es formar un público de arte no erudito sino con el ojo abierto a lo que pasa frente de ellos. Es por esto que no es cronológico sino temático: lo gay, lo hermafrodita, el plagio, la copia, etc. Los argentinos no tienen ninguna formación en historia del arte en la escuela ni en los medios y cuando la tienen es o bien formalista, o bien materialista. Ambos modos de aproximarse al arte cierran el debate en lugar de abrirlo”.

El mano a mano entre Gigena y Cañete:

- ¿Cuándo surgió el blog y por qué decidiste hacerlo?

- El blog comenzó cuando tuve lo que podríamos llamar mi holocausto de la mediana edad en donde hubo separación, adicciones, depresión y rehabilitación. Comenzó como un modo de catarsis personal que me reconectaba con el mundo hablando con un lector imaginario que después se fue haciendo más y más real y masivo. En esos comienzos era en inglés. Sin embargo, desde la Argentina comenzaron a leerme y yo empecé a escribir más sobre la realidad del arte y la politica cultural argentinas y de golpe terminé escribiendo un blog en castellano y otro en inglés que es muy leído en Estados Unidos y en Inglaterra. Escribo aproximadamente cuatro artículos por día y participo en el foro que se ha venido armando en ambos blogs.

LANP es un proyecto serio que tiene que ver con la generación de las condiciones para que se puedan crear espectadores de arte a la altura de la gran tradición cultural argentina. Yo me había desconectado con la realidad de mi país al instalarme en Londres. Ese es un proceso natural en el que uno necesita desarraigarse para reconstruirse a sí mismo en el nuevo país. Una vez terminado ese proceso, se vuelve a mirar al lugar de origen y no me gustó nada lo que vi: las inseguridades y los miedos habían bajado los estándares de la crítica y de la producción artística a un nivel que, creo, es históricamente el más bajo. Las instituciones culturales están casi en ruinas. A partir de allí fue identificar causas, actores y actuar. Al principio fue duro, muchos creían que no existía; otros, que estaba loco o drogado. Sin embargo, muchos me alentaron y creo que hoy, al menos yo, puedo ver que en un grupo de gente la mirada se hizo más clara. Mis lectores me asombran con su inteligencia y conocimiento. Love Art Not People es un foro increíble.

- ¿Por qué creés que despertó tanto interés en la Argentina?

- Creo que el momento en donde el blog despertó particular interés fue con la serie de los “Putos”, donde hice una suerte de catalogación sociológica, mitad en serio mitad paródica (que, por cierto, en algún momento, retomaré), sobre los gays argentinos. Luego se volvió masivo cuando le dediqué dos semanas a una genealogía de la crítica del arte en la Argentina durante la dictadura y la transición democrática, que nos permitió a los lectores y a mí entender el porqué de la falta de buena crítica visual. A partir de allí fui ganándome la confianza de mis lectores poniendo en práctica mi cruzada contra lo que yo llamo “la mafia del amor”, que no es más que el tráfico de influencias que carcome desde adentro la excelencia en el mundo del arte (y en todos los ámbitos). Creo que lo que está demostrando el blog es que el mundo del arte es un micromundo en el que las prácticas de la corrupción se juegan de manera análoga a las del mundo de la política o los medios de comunicación, por ejemplo.

Muchachos; Foto de Facebook

- ¿Recibiste críticas por tus opiniones sobre gays, lesbianas y trans, y sobre los derechos humanos? ¿Qué posición tenés frente a eso?

- La verdad que no, más bien todo lo contrario. Recibí muchos comentarios de gays en el clóset que me contactaban porque había expresado algo que sentían pero no podían siquiera articular en forma de pensamiento.  Por eso pienso que la cultura gay argentina es aún represiva y como toda represión, empieza por dentro.  Lo que sí recibo a veces son insultos anónimos y siempre vienen con dos apelativos: “drogadicto” y “sedoso”. Todo dicho.

- ¿Cómo construís esa “figura de autor” irreverente, ácida, sutil, maliciosa y zarpada?

- Con un nivel de disciplina que no deja de sorprenderme a mí mismo. El blog es un foro que yo comparo con el stand-up comedy. Funciona sólo si existe esa sinergia y ese ritmo que definen al humor. Desde ya uso el humor para hacer tolerable muchas verdades que se dicen y que pintan un panorama que, de otro modo, parecería desolador y no lo es. La acidez es la combinación de la inteligencia, la seriedad y el humor. Lo zarpado de mis intervenciones en el blog tiene que ver con los intereses que se tocan y con los temas y lo que vos llamas “malicia” tiene que ver con que es un discurso que no enuncia exclamaciones tipo ‘”¡genio!’ o “¡divina!” para el cual ya ni se necesitan incluir verbos. Yo creo que hay gente que, desde que Facebook existe, se olvidó de cómo conjugar verbos. En síntesis, el blog se ha transformado en un foro transgeneracional de gente inteligente que ama el arte y al país. Eso no es poco.

- ¿Qué pasa con tus “enemigos” señalados? ¿Tuviste problemas o todo se reduce a una cuestión verbal o tecnológica (denuncias por abuso, bloqueos informáticos, hackers, tuits)?

- El proyecto del blog es generar un espacio para pensar nuestra realidad cultural sin miedo ni clientelismo de ningún tipo. En el marco del blog yo entiendo la amistad como igualdad en el reconocimiento de la virtud del otro. Esto, desde ya, es opuesto a ese discurso que se legitima a través del amiguismo o lo que yo llamo “la mafia del amor”, que no es otra cosa que la naturalización de la corrupción a nivel de la vida cotidiana malentendida como “apoyo afectivo”, “luz y sol” y “lazos de amistad”. No para de sorprenderme cómo en la Argentina ese nivel disimulado del “tráfico de influencias” hizo metástasis y tomó todo el cuerpo social. En la Argentina, una crítica equivale a una declaración de guerra. Eso es infantil.

Tuve amenazas a mí y a mi familia. Hubo un pedido formal de suspensión del blog por cuestiones de copyright pero en cuanto lo aclaré, me dieron la razón a mí. Legalmente estoy asesorado y tené en cuenta que me rijo por la ley inglesa que, en materia de libertad de expresión, es muy amplia.

Ser puto es muy difícil

- Explicame la distinción que hacés entre gay y puto, que aparece con frecuencia en el blog

- Yo me defino como un homosexual (me enamoro y tengo sexo con hombres) pero no gay (no participo necesariamente de las prácticas que caracterizan dicha cultura). La palabra “puto” se refiere al gay vernáculo, que a mí me parece mucho más cariñosa que la palabra “gay” que está muy cargada de ese hedonismo consumista (desde el nivel sexual hasta el de la sectorialización del turismo, por ejemplo) que termina en la construcción de guetos. De más está decir que odio los guetos.

- ¿Cómo es tu experiencia homosexual en Londres?

- Elegí Londres como mi hogar hace casi diez años. Creo que Londres es un lugar al que un gran número de homosexuales vienen a poder ser felices con todo lo que los diferentes tipos de mercados tienen para ofrecer. Hay tolerancia, diversión, falta de prejuicio y, sobre todo, juventud. Al principio yo me sentía como un niño en una juguetería pero un año después de mi llegada mi papá murió, mi mamá se deprimió por quedar sola (soy hijo único) y necesité recrear un hogar lejos de mi hogar.

Conocí a mi pareja de ocho años hasta que me tocó deprimirme a mí y él no estuvo a la altura de las circunstancias por diferencias culturales (cuya importancia había minimizado), por sus propias imposibilidades y por mis propias fallas. Me lancé a completar esa parte de mí que sentí que faltaba en el sexo (que en Londres es fácil e ilimitado) y en las paraanfetaminas (crystal meth). Así di vueltas en ese submundo de drogas, sexo, inseguridades, dolor y soledad que caracteriza gran parte de la cultura gay en las grandes ciudades.

Esa droga, en particular, está destruyendo a la comunidad homosexual en Europa y en Estados Unidos. Hay un submundo de enfermedad, violencia, desarraigo y depresión que el Estado y los sistemas de salud pública se niegan a ver y es una bomba de tiempo. La relación entre droga, enfermedades de transmisión sexual, culpa por no darle nietos a mamá y homosexualidad está generando un cóctel de depresión y autodestrucción que está diezmando (mucho mas que el VIH) a los gays en esos centros mundiales. Es un tema que me preocupa y mucho.

Creo que la diferencia entre Inglaterra y la Argentina tiene que ver con los niveles de apertura y real tolerancia. En la Argentina, la aceptación de la homosexualidad es relativa. Por un lado, se dice que ser gay es aceptado pero, en realidad, hay muchos sectores para los que ser gay equivale a ser débil o disfuncional. Los modos en los que lo gay se proyecta en los medios es prueba de esto. El homosexual aparece como un ser o patético o trágico.

Para muestra vale un botón. Me refiero a aquel almuerzo de Mirtha Legrand con Roberto Piazza en el que le pregunta si un padre adoptivo homosexual tendría inclinación “natural” a abusar de su hijo adoptivo por el simple hecho de ser varones. No hay mucha diferencia entre eso e incitar a la violencia. Luego, tenemos la cuestión del sida y los modos de educar en los que se carga al sexo de tanto y tan perjudicial que uno vive aterrado a todo. Si pensás la vida de un gay en la Argentina (y hablo de mi caso), uno vive la mitad de la vida negándose a sí mismo, luego cuando uno se da cuenta de que es distinto, se oculta de sus seres queridos y finalmente cuando uno sale del clóset se encuentra con una sociedad que le dice que en cualquier momento se puede morir y que, además, es portador de muerte. Es muy difícil vivir así.

 

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“Los gays somos sadomasoquistas por naturaleza”

José escribe desde Chile, allí nació, en Santiago, hace 22 años. Cuenta que desde que lee este blog piensa en contar su historia, que refleja una gran experiencia pese a ser tan joven. “Quiero contarles lo que pasa en mi mente y en mi vida. Ojalá pueda ayudar a otras personas que estén pasando lo mismo”, dice, cuando se presenta.

En su relato surge una apreciación común entre varios otros de los publicados en Boquitas pintadas: la necesidad de vivir en una pose heterosexual para ser aceptado por su grupo de pares. “Tenía amigos, pero en realidad era una mentira; siempre actué diferente para ellos, ya sea para caerles bien o encajar en el grupo”, dice.

Primero fue esa necesidad de “encajar” entre sus amigos; cuando salió del clóset, quizá por culpa, baja autoestima, o quién sabe, se sintió sin derecho a exponer frontalmente sus sentimientos. “Soporté todo a cambio de un te quiero”, reconoce, ahora. Sobre el final, en este relato que es un recorrido reflexivo de su vida, concluye: “Los gays somos sadomasoquistas por naturaleza”.

Comparto su historia, luego conversamos.

Soportar y soportar a cambio de un “te quiero”,

Por José

Tengo 22 años, estudio cuarto año de Arquitectura, grupo social “estable”, dos parejas heterosexuales, dos homosexuales. ¿Por qué escribo esto? Para empezar vivo solo, estudio en otra ciudad (lejos de la familia), tengo una buena situación económica y, sin embargo, soy un desgraciado del amor.

Hasta los 15 creía que era heterosexual o, al menos, bisexual, que estaba confundido del mundo y que esto cambiaría paulatinamente. ¿El resultado? Perder la virginidad con una mujer que no me gustaba y sentirme obligado a tener una erección, tener mi primer beso casi obligándome a hacerlo; o sea, en pocas palabras, no me sentía bien haciendo eso. Tenía amigos, pero en realidad era una mentira, siempre actué diferente para ellos, ya sea para caerles bien o encajar en el grupo.

Al entrar a la universidad, el primer semestre tuve novia; ella, alemana de ojos verdes, los mismos gustos, guapa y divertida; qué puedo decir, la mujer perfecta, excepto por una cosa: yo era gay. La relación empezó bien, pero no pudo seguir; me sentía fatal porque sabía que la engañaba, no la quería realmente. Todo esto me llevó a darme cuenta de algo: “No estoy haciendo las cosas como realmente deberían ser”. Empecé a sentirme solo y con ganas de tener a alguien en mis brazos y poder decirle honestamente “te amo”.

Esa persona no llegó hasta terminar el primer año de la Facu. Buscaba en un chat gay y ¡lotería! lo encontré. El 29 años (para entonces yo tenía 20); abiertamente gay (cosa que no me gustaba para entonces), cuerpo normal y guapo. Empezamos a hablar y después, a salir. Todo muy bien, excepto por una cosa: él era “abiertamente gay” y yo me sentía incómodo con sus amigos; su mundo no me gustaba para nada y es entonces que me di cuenta de algo: parece un estereotipo, pero parecía que todos los gays eran iguales, algo superficiales, calientes a más no poder y muy lanzados.

Mural callejero; Foto: Alejandro Viedma

En el fondo sabía que el chico con el que salía era exactamente igual, sólo que me tapé los ojos con una banda (era la primera vez que me enamoraba). El resultado de caminar ciego fue terminar cornudo (me engañó con casi todos sus amigos). Lo peor de todo es que nunca terminó conmigo, simplemente un día se le ocurrió dejar de hablarme. Tardé más de un año en recuperarme, con altas y bajas, pude salir adelante. Luego, en vísperas de Navidad, se conectó al chat, empezó a hablarme y me dijo: Lo siento José, tengo VIH, por eso no puedo estar contigo. Lo primero que me apareció fue susto, luego angustia y pena.

En el fondo sabía que no tenía VIH. Al día siguiente me hice la prueba; resultado, negativo. Pero aún así me dio mucha lástima por ese hombre. Después al cabo de un año me dio igual, hasta pensé que se lo merecía. Simplemente dejé al hombre lejos de mi vida, a veces mantengo contacto con él (ahora sale con un veterinario y está feliz).

El hombre ¿perfecto?

Un día, sin buscarlo, encontré a esa persona que tanto quería: mi actual pareja; él 38 años (supuestamente), diseñador (yo estudiando arquitectura, un plus), le gustaba la música clásica, hacer ejercicio y era muy gracioso. ¡Genial! Empezamos a hablar y a conocernos; él entonces me dijo que era gay, pero que su familia no lo sabía y no tenía por qué saberlo; trabajaba en diseño de interiores y de mobiliario. Todo perfecto. Al finalizar el mes de conocernos, me propuso ser su novio. ¡Qué alegría! Era demasiado para ser cierto y lo era. Era demasiado perfecto para ser verdad.

Cartel callejero en Brasil; Foto: Alejandro Viedma

Pasó el tiempo, los dos enamorados, pero había algo que no cuadraba: llamadas a la oficina de alguien que trataba demasiado bien, no tenía Facebook y, a veces, me cortaba cuando hablábamos por teléfono. Como ya tenía la anterior experiencia, sabía que algo no estaba bien. Un día llamé a la oficina, hablé con él y todo bien, hasta que llegó la secretaria. Le decía: “No te darán el sueldo completo”; él estaba furioso y empezó a decirle: “Mi esposa está esperando el sueldo, este es tu trabajado, ¿qué le voy a decir a mi familia?”.

El no sabía que tenía el teléfono encendido, me vino un dolor en el pecho terrible. Corté la llamada, imaginé todo tipo de excusa a lo que acababa de oír y seguí como si nada hubiera pasado (patético de mi parte, pero estaba enamorado). Un día me dijo: “José, debo viajar donde está mi familia”. Ok. Hablamos por skype y vi que llevaba un anillo de casado. “Es de mi padre, falleció hace un año, lo tengo de recuerdo”. Ok, eso es creíble, pero aún así me sentía mal. Empezamos a pelear y le dije: “Dime toda la verdad, Ernesto. Me estás ocultando cosas, lo sé”. “Te las diré mañana, te sentirás mejor”.

Síntesis de la charla: “Estoy casado, tengo dos hijas casi de tu edad, tengo 49 y te amo”. Sigo con él. En fin, escribí esto porque quiero que las personas se sientan bien consigo mismas, no depender de alguien para ser feliz, aceptarse tal cual son. Ese es mi error, siento que mi vida no es nada sin ese alguien. Soportar y soportar todo el abuso a cambio de un simple “te quiero”. No vale la pena, pero así somos: sadomasoquistas por naturaleza.

¿Te sentís identificado con su experiencia?

 

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“La comunidad gay es la herida por la que entró el VIH”

Como se conmemora el día internacional de la lucha contra el Sida me acerqué a conversar con Carlos Mendes, autor de Sida y poder (ed. Madreselva), un libro editado en 2004 y reeditado recientemente.

Como dice el periodista y escritor Gustavo Pecoraro, quien prologó el libro, “en días en que se usa bastante vergonzosamente la palabra Sida: volvamos a cuidar las palabras”.

La entrevista a Mendes está publicada en La Nacion y aquí en el blog comparto una versión extendida de esta conversación con quien investiga el tema del VIH –Sida desde los 80, cuando se desconocía absolutamente todo de este virus. “Pertenezco a la comunidad gay, que es la primera que se ve comprometida brutalmente en los años 80, cuando comienza a aparecer algo que nadie comprende, que los médicos trataban de explicar y que después sabremos que lo que se decía sobre el VIH era un mamarracho”, cuestiona.  Ahora la situación es otra y los problemas también son otros: “Como se convive con el virus sin problema los pacientes están más invisibilizados aún por el Estado”.

 

Carlos Mendes; foto gentileza Gustavo Pecoraro

-¿Por qué surge el interés por estudiar el tema del Sida?

- Es un único interés: comprender. Empiezo a elucubrar las ideas que después se consignan en este libro en las épocas en las que no se conocía absolutamente nada sobre este tema. Científicamente hablando se sabía muy poco y en los grupos de reflexión como Nexo nos juntábamos para tratar de pensar.

Pertenezco a la comunidad gay, que es la primera que se ve comprometida brutalmente en los años 80, cuando empieza a aparecer algo que nadie comprende, que los médicos trataban de explicar y después sabremos que lo que se decía sobre el VIH era un mamarracho.

-¿Por qué históricamente se vincula el VIH con la comunidad homosexual?

-Está directamente vinculado. El Sida existía en África antes pero el mundo lo ve hasta que aparece en la comunidad homosexual del primer mundo: EEUU y Europa central. Son los gays los primeros que aparecen afectados por el VIH y eso visibiliza la infección en el mundo.

-¿Allí hay un signo del poder de los países centrales?

-Por supuesto. Cuando llega al primer mundo el poder se involucra porque son ciudadanos que están beneficiados con derechos, tienen derecho a reclamar, a hacerse ver, hacerse oír.

-¿Cómo se vivieron esos primeros tiempos en la Argentina?

-Era como en el resto del mundo. Los primeros casos eran realmente muy tristes, porque la gente estaba totalmente abandonada. Se les decía que no estuviera en contacto con mucha gente porque podía contagiarse enfermedades y, al mismo tiempo, señalaban que era terriblemente contagioso entonces los demás se alejaban de él. Así quedaban aislados. Había un abandono de los afectos. Las personas que más daño te pueden hacer son aquellas a las que más querés. Eso sucedía: padres que abandonaban a sus hijos, parejas que abandonaban a sus compañeros, eso era lo cotidiano.

-¿Por ese abandono se sumó a convocar a otras personas que estuvieran pasando por lo mismo?

-Mi intención fue buscar gente que tuviera ganas de pensar, lo cual era una tarea titánica y casi imposible. Queríamos buscar un ‘para qué’. Para qué nos enfermamos.

- En el libro cuenta que llegaron a descubrir el para qué: ¿Qué síntesis hace?

-Las cosas no suceden por casualidad, suceden por causalidad. Si uno se pone a pensar racionalmente, libre de prejuicios, por qué suceden las cosas entiende la concatenación que lleva a que sucedan. Entonces, no hay solo un para qué, no se puede decir que la infección del VIH es para tal cosa. El para qué es personal, individual, cada uno lo encuentra.

-¿Para qué sirve encontrar ese ‘para qué’?

-El empoderamiento de una persona viene del conocimiento, cuanto más conozco yo, más poder tengo, cuanto menos tengo que recurrir a los otros para que respondan mis dudas, más poder tengo. Si no conozco absolutamente nada, si sólo caigo en la queja cotidiana habitual de por qué a mí, qué hice yo para merecer esto -como dice Almodóvar- no se llega a comprender nada. Si uno empieza a pensar que si sucedió es porque hubo una serie de causas que lo hicieron posible y empieza a revisar esas causas libre de queja encuentra las causas que lo hicieron posible, encuentra el descuido, el desamor, la falta de autoestima, la exposición.

Carlos Mendes en la radio con el periodista Gustavo Pecoraro; Foto Diego Stickar

-Señala en el libro que una vez que aparece un tratamiento como el actual, que permite a alguien vivir con el virus, adormece al Estado, que se ocupa menos de la prevención: ¿en qué lo observa?

-Claro, ese es el recurso del poder en la cultura: incide con sus recursos enormes. La industria farmacéutica, con sus retrovirales, permite que la infección no progrese y no pase a ser enfermo de Sida. Entonces la persona puede hacer una vida normal. Se empieza a decir que el Sida se cura, entre comillas. En este contexto, no se hace nada por conocer las causas y por avanzar en prevención; tampoco se promocionan espacios de autoayuda y reflexión. A eso si no lo hace el Estado no lo hace nadie.

Si buscamos la etimología de ‘curar’ vemos que significa ‘cuidar’. No hay que curar la enfermedad sino al enfermo, la clave está en cuidar a la persona. Los retrovirales no hacen nada más y nada menos que detener el VIH en el individuo, pero del resto se tiene que ocupar el individuo. Falta una asistencia real de las personas con VIH.

-¿Por qué considera importante hablar de las causas?

-Hay un capítulo del libro que habla de la herida de la comunidad. Individualmente el virus ingresa a la persona a través de lastimaduras en la piel, mucosas o semi mucosas; si estas están íntegras el virus no puede pasar. Entonces, necesita la herida individual. Del mismo modo, la pandemia del Sida necesitó la herida comunitaria para poder ser epidemia. ¿Cuál es la herida comunitaria de este virus? Un sector de la sociedad disminuido, desvalorizado, minusválido, sin poder. Esa es la comunidad gay. El virus entró por esa herida.

 

“Un sector de la sociedad disminuido, desvalorizado, minusválido, sin poder es la comunidad gay. El virus entró por esa herida. Recién ahora, con la ley de matrimonio igualitario, estamos empezando a comprender que un homosexual es un ser humano”.

 

-¿Por qué dice que a la sociedad le resulta muy ajena la muerte de otro, más si es gay?

- Porque la comunidad recién ahora está empezando a comprender que un homosexual es parte de su prójimo, que es un vecino, un tío, un padre o madre, a veces. Es alguien como uno. Recién ahora, con la ley de matrimonio igualitario, estamos empezando a comprender que un homosexual es un prójimo, un ser humano. ¿Antes? Repasemos la historia. En algunos países siguen siendo lapidados.

-¿El algo habrán hecho sigue aplicando?

-Por supuesto. Es una enfermedad de transmisión sexual y el sexo está tradicionalmente ligado al pecado y a la promiscuidad. El que es gozoso sexualmente es el libertino, esa es una idea muy judeo-cristiana. Si gozó, que se joda, más o menos así.

Portada del libro

-¿Cómo explica que la persona infectada deba negar el VIH?

-Hablo de una negación como un mecanismo psicológico de defensa. ¿Qué es lo que negamos? Mandatos culturales. Cuando el mandato de alguien con VIH es que sos un apestado, contaminante, infeccioso, que no mereces lugar en el mundo, etc. lo primero que hay que hacer es negar eso, simplemente para no ser aniquilado. En ese sentido la negación es útil y necesaria. Eso tiene que dar lugar al proceso de empoderamiento, de fortalecimiento de la persona.

-¿En ese sentido se convierten en agentes contraculturales?

-Exacto. El agente sería un contra-héroe. El contracultural es visto como el loquito que no encaja en el carril que te fija el poder. Eso es muy necesario muchas veces para salir del maltrato, sobre todo cuando te viene de sectores muy cercanos. Es muy difícil liberarte del maltrato de los que mas te quieren, porque mientras te maltratan algo te están dando, por lo menos es de alguna manera visto.

-¿Ese maltrato se da por falta de información, por miedo?

-La ignorancia es una forma acabada de la maldad. Hoy en día, con todos los recursos que tenemos, producir ignorancia es producir maldad en el sentido de que el ignorante por su propia ignorancia obra equivocadamente y, a la vez, al obrar así hace daño.

Además de la ignorancia de conocimientos hay un problema de afectos. Hay gente que no terminó el primario pero que nunca se le ocurrió discriminar a nadie porque afectivamente goza de una salud envidiable. Hay gente que afectivamente es sana y otra que no, que no ha permitido que la esencia se exprese. Porque si la esencia se expresa no busca otra cosa que satisfacer sus afectos y dar afecto a los demás.

Carlos Mendes en la presentación de su libro; foto: Gastón Malgieri

-Es un estudioso de Spinoza: ¿Para que le es útil este filósofo?

-Es un hallazgo maravilloso. Llego a través de Deleuze. Encuentro alguien que es un alma gemela, que vivió hace 400 años. A mi me sirve, investigo sobre él, comprendo cosas gracias a él. La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma. ¿Cuál es la virtud? Ser feliz. Es el poeta de la alegría. Mientras estés alegre: no te estas equivocando.

-Decía en el libro que el Sida viene a subvertir el orden patriarcal, ¿podría explayarse?

-La homosexualidad subvierte el orden patriarcal. Este establece que el sexo se hace entre varón y mujer. Si el placer se logra entre personas del mismo sexo se está subvirtiendo ese orden, el mandato machista. El gran quid de la cuestión es el machismo, el patriarcado. Seguimos en esas estructuras y muy lentamente vamos horadándolas como se pueda pero seguimos allí. El varón sigue reinando. Cuando digo varón digo el producto cultural llamado varón, porque muchos no encajamos. El varón es una criatura muy fallida. Si fuera eficaz, sabio, eficiente otro sería el mundo.

 

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¿Existen cuerpxs equivocadxs?

Foto: Ary Kaplan Nakamura

¿Es posible que haya cuerpos equivocados? Situados por fuera de las posturas heteronormativas, fuera del binarismo hombre – mujer, los autores del libro Cuerpxs equivocadxs, el médico Adrián Helien y la periodista Alba Piotto, invitan a una mirada aguda y sensible a la vez acerca del universo transexual.

Parten de la base que no existen las “esencias” de la masculinidad o feminidad, sino prácticas que determinan unas y otras. En este sentido, y tal como citan en el libro, los géneros femenino y masculino no son naturales o biológicos sino una construcción social; el paso siguiente sobre el que avanzan es preguntarse si la identidad es un concepto cerrado y fijo o, más bien, el ejercicio de una búsqueda a partir de nuestras propias transformaciones.

Los invito a este diálogo entre los autores y Boquitas pintadas.

Foto: Ary Kaplan Nakamura

- ¿Cómo surge el libro?

Helien: – Surge de una experiencia de trabajo en la atención de las personas transexuales en un hospital público: concretamente, el Hospital Durand de Buenos Aires. La conexión con Alba se dio a partir de una nota que ella intentaba hacer para un medio gráfico masivo sobre este servicio, nota que finalmente nunca salió. De esa nota frustrada surge la investigación posterior de tres años de trabajo juntos, que resultan finalmente “Cuerpxs equivocadxs”.

Piotto: – El libro tiene la pretenciosa virtud de estar entre un material de divulgación científica y un ensayo sobre el ser, la identidad, el “quién soy” a partir del concepto “trans”. Diríamos, que esto es, precisamente, el pulso que lleva adelante la escritura. Su nombre es definición, provocación y pregunta al mismo tiempo. Las personas transexuales son aquellas que se autoperciben estar “en un cuerpo equivocado”, durante toda su vida, desde su más temprana infancia. En el relato de la construcción de su identidad de género dirán, casi sin excepciones, aunque las hay, que recuerdan haberlo sentido desde que tenían alrededor de los 6, 8 años, aunque existen casos en que esa percepción -la de pertenecer al género opuesto- empieza mucho antes. De modo que, el título recoge la esencia misma de la transexualidad como definición; y, a su vez, es una provocación que pretende disparar una pregunta incómoda: ¿Es posible que haya cuerpos equivocados?

Por supuesto, que esta pregunta la hacemos ex profeso. Situados por fuera de las posturas heteronormativas, fuera del binarismo que determina según el sexo biológico, para poder entrar en una mirada más enriquecedora en la mirada se asume en que no existen las “esencias” de la masculinidad o feminidad  sino prácticas que determinan unas y otras.

- ¿Por qué estudiar el universo trans?

Helien: – La transexualidad es uno de los temas más confusos fuera y dentro del ambiente científico. Desde ese contexto intentamos dar una mirada que aclare de qué se trata tomando distintos aspectos. Para eso tenemos que adentrarnos en el tema de la diversidad sexual, tomando como referencia las personas que no entran en el binario de género, varón – mujer.

A partir del trabajo del hospital, iniciado en 2005, me doy cuenta que no existía ningún tipo de atención para personas trans. Aun sin hacer difusión, concurrían al hospital Durand cientos de personas trans desde todas las provincias y países vecinos. Era un tema negado por el sistema de salud, tanto público como privado.

Piotto: – Si bien la transexualidad es una minoría dentro de la diversidad, es la menos visible y, por lo tanto, sobre la cual se ejercen varias violencias. La primera de todas: negarles su identidad (aclaración: la entrevista fue realizada unos días antes de que se aprobara la ley de identidad de género). Son NN sociales, personas que luchan durante toda su vida por “ser”, en una sociedad que estigmatiza y segrega, desde la escuela misma, como primer espacio de socialización; personas que no tienen acceso a una cobertura de salud que los acompañe en sus deseos y transformaciones (salvo excepciones, como el hospital Durand), y por supuesto, difícilmente se les abran las puertas del mercado laboral, a pesar que muchos tienen títulos universitarios o son profesionales. La ley de identidad de género viene a poner en pie de igualdad a todas las personas sea cual fuere su identidad asumida.

Foto: Javier Fuentes & Nicolás Fernández fuentes2fernandez — con Martín Tincho Peretti Scioli

- ¿Qué metodología de investigación siguieron?

Piotto: -Realmente se llegó a una sinergia entre la parte científica aportada por Adrián y una investigación periodística (archivo, lectura, referencias de otros países) y aportes desde las ciencias sociales. Nos planteamos qué queríamos comunicar y cómo queríamos hacerlo y, a partir de allí, fuimos elaborando, repensando, resignificando conceptos, volver a leer autores y los que actualmente están elaborando material sobre transgéneros. Y qué dice la ciencia sobre el tema, qué hipótesis o teorías son las que aproximan una respuesta a esto que, por ahora, la medicina y la psiquiatría lo siguen planteando como un trastorno de la identidad: esto es, una patología. Ahora, en cuanto patología, ¿debe curarse? Con Adrián asumimos la postura que recomiendan las instancias más importantes a nivel mundial respecto de personas trans: no patologizarlas por asumir una identidad de género diferente a su sexo biológico.

- ¿Cuáles son las conclusiones centrales a las que llegaron?

Piotto: -En lo personal, luego de tres años de trabajar en este libro, tengo la alegría de que muchas cosas que hemos planteado tuvieron su correlato en ciertos momentos importantes a nivel social. Por ejemplo, mencionamos que debería plantearse como “violencia de género”, aquella que es ejercida hacia las personas trans porque era una violencia hacia su identidad de género; y esto ya forma parte de un agravante, dentro de las contempladas en el femicidio que el Congreso sancionó hace unas semanas. Y por otro lado, es muy importante el capítulo destinado a la construcción del relato: cómo las personas trans van integrando en un todo sus vidas, para integrarse y resignificar los hechos vividos.

Y lo hicimos a partir del testimonio de Alma, una persona que realmente hizo a lo largo de su vida un esfuerzo sobrehumano por superar, integrar y resignificar instantes muy potentes de su historia. Desde anotarse en una escuelita de fútbol cuando era chicx para “aprender a ser varón”; casi obligarse a tener novia para no ser el escarnio de su pueblo, el rarito, el puto; tener hijos con parejas heterosexuales para legitimar ante la sociedad el varón que no sentía ser. Y tener instantes de absoluta libertad cuando podía vestirse con ropas femeninas… Y todo sin saber qué era lo que le pasaba. Ahora, es Alma, aunque para sus hijos (ella misma lo dice) siempre será “pá”. Pero puede interactuar con ellos de esta forma, siendo Alma. Y todo ese esfuerzo por ser, día a día, segundo a segundo, no es gratuito. Si uno pudiera arrimarse aunque sea un poquito a esa búsqueda no sé si saldríamos indemnes.

 

Entrevista en video a los autores en Ñ digital

- ¿Qué aporta el libro?

Helien: – Es una invitación a suspender las certidumbres, a hacernos preguntas y a cuestionar algunos dogmas como el binario de sexo. Queremos dar una mirada abarcativa sobre la transexualidad, lo que nos lleva a la comprensión de la diversidad y luego el viaje más profundo: a una mirada sobre la identidad. Esa pregunta que sólo cada persona puede contestar: ¿Quién soy?

El aporte está dado sobre una investigación seria sobre qué sabe la ciencia, qué antecedentes históricos existen. Tratamos de dar una imagen alternativa a la que dan los medios masivos con un aporte desde la vida real de las personas, la propia narrativa trans contada por personas trans. Sus historias de vida, narraciones, poemas.

Creo que aporta tanto al lector ávido de conocimento, como al docente que necesita un enfoque actualizadoy también al profesional que busca una respuesta a su accionar diario dentro de la salud de las personas y la diversidad sexual.

- ¿Cómo resultó hacer el libro y verlo terminado?

Hellien: El libro superó nuestras espectativas y tiene vida propia. Estamos atravesadxs y no somos lxs mimxs. Lo que no quiere decir que no nos sigamos haciendo preguntas. Muy por el contrario aspiramos a seguir haciéndonos interrogantes y que el lector también se los haga, pero por sobre todas las cosas que pueda abrir la mirada a la diversidad sexual, como un enfoque enriquecedor para todxs, aportando a la construcción de una sociedad más integrada sin distinción de identidad alguna.

- ¿Cuáles son las principales materias pendientes para con las personas trans?

Piotto: – Las deudas están en la sociedad misma. En la desinformación y la falta de una educación sexual y de la diversidad en las escuelas. Y también en los agentes de salud, que son los primeros a quienes los padres de un chiquitx trans recurren cuando ven que su hijx está expresando algo para lo cual no está preparado. De todas maneras, nuestra sociedad ha dado pasos muy importantes.

 

¿Qué te parece esta mirada?

 

Bonus track

Los convido con este video que complementa la nota porque ayuda a pensar en la cuestión de la narrativa de las infancias trans. Los lic. Alejandro Viedma y Graciela Balestra, de la ONG Puerta Abierta, hablan sobre “Tammy”, una niña que hoy tiene 11 años y nació biológicamente como varón, vive en los Estados Unidos y fue adoptada por dos madres lesbianas. (El video es de América24, de octubre de 2011, previo a la aprobación de la ley de identidad de género)

 

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“Los gays desarrollamos anticuerpos para resistir”

Foto: Alejandro Viedma

La salida del clóset, ese “armatoste pesado e imaginario, ese corsé mental”, es un momento crucial en la vida de una persona homosexual. Alberto Leonelli, un lector de Boquitas Pintadas, retoma este tema para contar su experiencia personal. Va más allá del coraje que tuvo que encontrar para asumir su homosexualidad; avanza en los “anticuerpos” que tuvo que desarrollar en este proceso difícil de plantarse ante los demás y decir: “Soy este”.

El mismo explica en este texto que elaboró para nosotros: “Lxs integrantes que pertenecemos a un determinado grupo minoritario hemos desarrollado los anticuerpos suficientes como para hacer frente a semejante desventaja y, a su vez, contraatacar resistiendo y resiliendo. Somos, si se me permite la licencia, una especie de cucarachas humanas”.

Alberto Leonelli, quien pidió ser mencionado con su nombre y apellido, asiste al grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la ONG Puerta Abierta. También quiso destacar que en el presente texto utiliza la “x” como una forma de abarcar todas las identidades, sin especificar género.

 

¡Aguante la Resiliencia !

por Alberto Leonelli*

 

Resiliencia.

1. f . Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

Resistencia. (Del Latin. resistentĭa).

1. f . Acción y efecto de resistir o resistirse.

2. f . Capacidad para resistir.

3. f . Conjunto de las personas que, clandestinamente de ordinario, se oponen con violencia a los invasores de un territorio o a una dictadura.

4. f . En el psicoanálisis, oposición del paciente a reconocer sus impulsos o motivaciones inconscientes.

 

Hablando sobre aspectos de mi vida en una sesión de terapia, mi analista (que siempre tiene en su galera de conceptos, la palabra adecuada en el momento justo) me habló de la “resiliencia”. Yo la corregí, pensando que me había querido decir “resistencia”. Entonces me explicó el concepto claramente, hace casi una década. En ese momento, estábamos hablando del valor, el coraje, es decir, los huevos/ovarios que hay que tener para finalmente salir del clóset, cerrar la puerta, y ver cómo ese armatoste pesado e imaginario, ese corsé mental se desvanece como por arte de magia al pronunciar las maravillosas y habilitantes palabras: ¡Estoy vivo y soy igual a lxs demás seres humanos!

Tres años atrás, las vicisitudes de la vida, me hicieron atravesar varias situaciones límite en forma casi simultánea: separación de mi ex-pareja, muerte de mi padre y mudanza. No solo pude sobrevivir a semejantes obstáculos con decoro y altivez, sino que también pude acompañar a mis seres queridos y contenerlos. Me re-descubrí como una persona fuerte, algo totalmente impensado en mi, ya que de acuerdo a los usos y costumbres familiares y al estigma socio-cultural de un pueblo chico de provincia, yo tendría que haber sido asistido, atendido, contenido, por ser una persona “débil”…

El atravesar “solo” semejante territorio inexplorado y hostil, me fue posible por haber contado con una adecuada contención psicológica y afectiva: amigxs, terapeutas, familiares, grupo de reflexión coordinado por Alejandro Viedma, conocidxs, trabajo, estudio y mascota…mi adorada gata Nina. Mi naciente resiliencia no habría sido la misma, si ella no hubiera estado conmigo para “acompañarme”.

Quiero ser cuidadoso y aclarar que no me considero un súper-hombre inmune a las situaciones extremas de la vida presente y futura. Ni deseo confundir el resultado de tales circunstancias con un cierto rasgo innato de egoísmo/narcisismo.

No creo estar hablando de algo novedoso, ya que muchxs investigadorxs han estudiado el comportamiento del ser humano en situaciones límite. Lxs humanxs, en general, tenemos esta capacidad genética o de donde provenga, de no solo resistir y sobrevivir sino de “resilir”.

Pero creo fervorosamente que lxs integrantes que pertenecemos a un determinado grupo minoritario (sea racial, político, religioso o sexual) hemos desarrollado los anticuerpos suficientes como para hacer frente a semejante desventaja y a su vez, contraatacar resistiendo y resiliendo. Somos, si se me permite la licencia, una especie de “Cucarachas Humanas”. Porque no solo tenemos que atravesar las circustancias ordinarias de la vida como cualquier persona, sino que lo hacemos desde nuestra más tierna infancia, perseguidos de una retahíla de insultos y actos de violencia social e institucional. Estos abarcan desde los vocablos como puto, maricón/a, torta/tortillera, trolo, mariquita, mariposón, chupapija, trava, culoroto, flojo, débil, inútil, inservible, no apto, etc., etc., etc. hasta las tocadas de culo, manteadas callejeras y escolares, abusos familiares y policiales, persecución, destierro, violación y muerte.

Desde la sanción y promulgación de la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010, las personas que pertenecemos al gran colectivo GLBTIQ, tenemos una razón histórica y legal, para poder empezar a dejar definitivamente la categoría de resistentes luchadorxs y pasar a ser resilientes militantes/activistas. No hablo solamente de la capacidad de sobreponernos con flexibilidad a situaciones personales y colectivas límite, sino de imprimir un sesgo positivo y esperanzador a toda nuestra lucha y paso por esta vida y ayudar/re-educar/resemantizar/concientizar a las actuales y futuras generaciones de que al fin y el cabo, somos todxs iguales, con los mismos defectos y virtudes y con los mismos derechos y obligaciones. ¡A resistir resiliendo, a resilir resistiendo!

 

*Licenciado en Artes Dramáticas (IUNA) y Profesor de Inglés.

albertoleonelli@gmail.com

 

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Las personas trans, sin derecho a la salud

Se les niega el derecho a la salud. Como consecuencia, la mayoría de las personas trans (travestis, transexuales y transgénero), se automedica y la mitad se somete a intervenciones corporales fuera del ámbito médico, es decir, recibe implante de siliconas industriales, aceites, vaselina, etc. informalmente y con complicaciones en la mayoría de los casos.

Con este informe de situación en su poder, el médico psiquiatra y sexólogo Adrián Helien, coordinador de Grupo de Atención a Personas Transexuales en el Hospital Durand decidió organizar las primeras jornadas de diversidad sexual para el 5 de noviembre próximo. La intención es que los profesionales de la salud tomen en cuenta esta realidad y empiecen a incluir a estos pacientes históricamente ignorados por el sistema de salud en la Argentina.

En una entrevista con Boquitas pintadas, Helien, uno de los especialistas con más experiencia en tema (el Hospital Durand es el único lugar en el país con atención integral a personas trans), adelanta una de las presentaciones de las jornadas, la referida al abordaje integral de la salud de las personas transexuales; detalla las cifras de la exclusión que afectan a este sector de la población; habla de la necesidad de un plan integral por medio de una ley nacional, entre otras cuestiones.

-¿Cuál es la situación de las personas trans desde el punto de vista de la salud?

-Es compleja porque no hay una ley de identidad de género que de cuenta de la situación legal y que incluya dentro del sistema de salud a las personas transexuales. En todo el país hay un solo lugar público que las atiende en forma integral, que es el Grupo de Atención a Personas Transexuales del Hospital Durand. También se hacen cirugías en el Hospital Gutiérrez de La Plata. Es muy poca oferta para la demanda de salud trans de todo el territorio.

-¿Qué consecuencias trae esta falta?

-Muchas personas al no tener acceso al sistema “oficial” de salud buscan solución a su problemática por fuera (en Internet, con otras personas trans, etc.). Esto tiene sus costos. El 60 % de las personas que concurrieron al Hospital Durand se había auto medicado con hormonas y el 45 % se había sometido a intervenciones corporales fuera del ámbito médico con complicaciones en la mayoría de los casos y riesgos para su salud, todas estas, situaciones evitables si hubiese existido una atención médica adecuada.

-¿Cómo es el sistema legal? ¿Se permiten operaciones de cambio de sexo?

-Existen leyes que prohíben las reasignaciones quirúrgicas. Explícitamente la ley 17732 de ejercicio de la medicina en su artículo 19 prohíbe las cirugías genitales en la Argentina. Con lo cual, sólo se accede a una cirugía así vía judicial, previo diagnóstico de transexualidad, según el Manual de Psiquiatría DSM IV. Así, un tema vinculado a la salud y a los derechos humanos queda sometido a un juicio, con todo lo que implica (proceso judicial, tiempos de espera, pericias judiciales, exámenes médicos, etc.). Lo más lamentable es que mientras tanto la persona transexual no tiene documento que la represente y esto le trae enormes consecuencias en su salud y en su vida cotidiana.

-¿Cuál es el promedio de vida de una persona trans en la Argentina?

-No hay estadísticas en la Argentina. Pero según mi experiencia la calidad de vida se encuentra seriamente comprometida al no poder, desde el vamos, vivir con reconocimiento de su verdadera identidad, al tener dificultades en la integración social, problemas en su vida íntima y poco o nulo acceso dentro del sistema de salud. En la Argentina faltan estudios e investigación que nos ayuden a los profesionales a tener más evidencias para dar mejor atención.

-¿Como debería ser un abordaje integral de la salud de personas transexuales?

-Corresponde que, una vez confirmada la situación de transexualidad, un equipo interdisciplinario especializado acompañe el proceso de reasignación genérica. El equipo primero aclara dudas, informa y trata de evitar posibles complicaciones psicofísicas. Existe un derecho inalienable de las personas a decidir sobre su cuerpo y su identidad, pero con la máxima responsabilidad, es decir, luego de recibir toda la información y asumiendo las consecuencias de sus actos. Luego, si corresponde, cambiamos el cuerpo a lo que la persona siente y considera su sexo verdadero.

Hay que aclarar que, según las concepciones más actuales, la persona transexual  lo es antes y aun sin operarse los genitales, ya que no todos llegan a hacerlo. También hay que remarcar que es un tema de salud en forma integral, no sólo de hormonas y cirugía.

-Existe un proyecto de ley en la Argentina que propone garantizar el acceso a la salud a personas travestis y transexuales y que el Estado garantice las operaciones de cambio de sexo y los procesos hormonales: ¿Cómo lo ve?

-Es necesario. Hoy las personas trans no tienen un reconocimiento formal dentro del sistema jurídico médico legal. Hay que solucionarlo y, luego, garantizar el acceso igualitario al sistema de salud como a cualquier persona y con derechos plenos.

-Se avanza en la ley de identidad de género en el Congreso: ¿cree que sería una oportunidad para debatir sobre la salud de quienes quieren adecuar su cuerpo a su verdadera identidad?

-De eso se trata. La persona transexual lucha por su derecho a la identidad y a la vez por su derecho a la salud. Ambos factores son convergentes y tienen que ser atendidos a la vez. Lo que sucede es que el tema de la identidad es poco entendido y conocido, por eso es objeto de controversias. Pero la salida es atender a las personas y sus necesidades reales, eliminando prejuicios, discriminación, con un enfoque más científico y más humano.

El proyecto de ley de atención sanitaria

El secretario de Diversidad Sexual del Partido Socialista de la Ciudad de Buenos Aires, Facundo García, uno de los impulsores de este proyecto de ley de atención sanitaria integral conversa con Boquitas pintadas y se explaya en los alcances, las motivaciones de esta iniciativa. La autoría del proyecto es la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Tras. En términos formales, fue presentado por Roy Cortina (Partido Socialista), Juliana Di Tullio (PJ-FPV), Maria Luisa Storani (UCR) y Laura Alonso (PRO), entre otros diputados, lo cual muestra el amplio consenso que existe entre los principales bloques del Congreso.

-¿En qué consiste este proyecto?

-La ley de atención sanitaria integral apunta a procurar el acceso a la salud a travestis y transexuales y, en particular, para que el Estado garantice las operaciones de cambio de sexo y los procesos hormonales. Implica un cambio en el paradigma de salud porque hoy las personas trans para el discurso de la medicina son personas enfermas, padecen una patología. Lo que logramos con esta Ley es el respeto y reconocimiento a la construcción de la identidad de género en los ámbitos de salud como un derecho. Es un concepto de salud más integral.

-¿Qué los motivó a enfocarse en la salud de las personas trans?

-En nuestro país, hablar de la población travesti y trans es hablar de las ciudadanas con menos derechos de nuestra comunidad. Son miles de personas en estas condiciones. El promedio de vida en la Argentina no supera los 35 años y, por otro lado, por la falta de respeto a este derecho que es la identidad (el 90% debe recurrir al trabajo sexual para poder sobrevivir, acceder a su manutención). Por otro lado, hay otro montón de derechos vulnerados: a la educación, a la salud, a la vivienda digna a los cuales esta población no accede. Por eso estamos trabajando tan fuertemente en estas dos iniciativas que ponen un piso para empezar a construir ciudadanía.

¿Creés que es una ley necesaria?