“Jamás es bueno reprimir los deseos”, dice Bárbara, una mujer transgénero

Bárbara Di Rocco es una mujer transgénero de 25 años. Nació en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. Desde pequeña descubrió que le encantaba escribir sobre su vida en un diario que su abuela le había obsequiado. Pasaba horas relatando en aquellas páginas lo que iba sucediendo en su vida. En 2013 comenzó a contar una historia inspirada en la suya: pasar de un cuerpo a otro había dejado sus secuelas y quiso plasmarlas en una historia que todos pudieran comprender.

“Hay cosas que una no puede borrar ni olvidar y antes de transformar el dolor en odio decidí cubrir las heridas y creer en el perdón como un arma sanadora. Así fue como mi vida terminó de florecer”, cuenta en la página en la que presenta Atigrado, un libro de cuentos para niños.

Una imagen del libro Atigrado

“A veces las expectativas de los padres no concuerdan con los planes que tienen sus hijos, es ahí donde se genera un quiebre y la opción correcta es aceptar lo que los propios hijos sienten y anhelan. Jamás es bueno reprimir los deseos, tanto propios como ajenos”, agrega.

En esta conversación con Boquitas pintadas, la autora comenta por qué escribió Atigrado, qué deseos la inspiran, qué experiencias atravesó y atraviesa desde que se asumió una persona trans.

- ¿De qué trata Atigrado?

- Es una ficción que trata de un personaje animado que quiere generar un cambio en su vida y le ocurren cosas que él jamás hubiera imaginado.  Me inspiré en muchas historias reales que enfrentamos las personas del colectivo lgbt al salir del famoso clóset que nos imponen.

- ¿Cómo es escribir para niños?

- Es muy reconfortante, ya se lo leí a muchos chicos y les resultó muy entretenido. Pude presentarlo en la feria del libro frente a muchos chicos y les encantó. Con toda su inocencia me preguntaban por qué al personaje del libro lo echaban de su propia casa. Y es algo que todavía yo me lo pregunto.  Nos bautizan, nos hacen tomar la comunión, nos festejan los cumpleaños y cuando querés acordarte por haberte convertido en trans, terminás pasando Navidad sola en una terraza. Era necesario para mí darle un mensaje de apoyo a algunos chicos: que cualquiera sea su adversidad, la venzan. Jamás leí un libro coherente en mi infancia, todo era ser una princesa boluda esperando un príncipe rico para vivir felices comiendo perdices. Quizás si en mi infancia hubiera tenido un libro así hubiera sido muy inspirador.

- ¿Cómo circula el libro? ¿Dónde se puede conseguir?

La autora, Bárbara Di Rocco

- Empecé vendiéndolo por mi cuenta a amigos, por facebook a conocidos y gente que realmente le gustó la historia y la quería compartir. Hoy lo vendo por medio de la página web donde lo piden y les llega por correo, también en algunas librerías donde lo ofrecí yo misma.

- ¿Cómo conseguiste una editorial para publicarlo? ¿o es una publicación independiente?

- ¡Uf! Lo mande a miles de editoriales, me consiguieron hasta una entrevista con editorial Planeta, pero todos decían lo mismo, ”lo leemos y te llamamos”. Ya me daba mucha bronca ver cómo quizás un libro de chimentos lo publicaban a los dos días y a mí me archivaban en el fondo de un cajón que seguro dice escritores amateurs. Así que decidí juntar el dinero suficiente para poder editarlo, pagar un dibujante, elegir el mejor papel para que sea un cuento bonito y los colores te atrapen.

- ¿Tiene que ver tu experiencia personal con el libro?

- Absolutamente, la mía y la de muchas. En mi caso mi relación con mi familia no era buena: todo explotó cuando llevé a mis primeros amigos gays a mi casa y en una ciudad chica como es San Nicolás de los Arroyos los puteríos vuelan. A mi casa llegaban todo tipo de comentarios…Que nos veían en la calle parados en las esquinas, que hacíamos fiestas promiscuas, que nos acostábamos con cualquiera y con eso mil cosas más.

Con mi papá nos llevábamos a los gritos hasta que un día abro la puerta de mi pieza y había un cartel que decía, ”EL VIERNES TE VAS”.

A todo esto era martes. Esa misma noche agarré la gillete, me depilé completa, base, delineador planchita y salí a la calle. Junté en ese entonces unos 300 pesos. Así hice hasta el viernes en que agarré mis bolsos y me fui.

Llegué a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante. No conseguía un laburo decente así que me animé a ir sola y sin conocer a  nadie a los bosques de Palermo.

En el libro a mi personaje le pasa lo mismo. Está iniciando un cambio y su propio padre lo echa de su casa y con mucho coraje recorre un camino que lo lleva a lo que es hoy su destino.

- ¿Cuál es tu postura respecto de los niños y la transexualidad? ¿Cómo se acompaña ese proceso desde pequeños?

- Yo creo que todo se tiene que hablar, hay que romper el tabú con la transexualidad. Es simplemente pasar de un rótulo a otro, no es que sos un futuro asesino o un psicópata: sos simplemente una persona que quiere cambiar su apariencia y que la respeten como tal. Por eso la gente se nos burla tanto. ”Que tenemos barba”, ”que parecemos tipos”, ”que tenemos voz de macho”, ”que nunca seremos mamá, sino papá”.

Porque en nuestro momento no se nos escuchó y, si hubiésemos empezado el cambio antes de la pubertad, todo sería diferente.

Los padres se asustan y les imponen el miedo cuando ven a sus hijos jugando con muñecas. Quieren que seas el goleador del grupo, el que tiene más novias del salón, el más machito del colegio. Y no tiene por qué ser así.

- ¿Te parece importante que los niños, sean o no trans, lean este tipo de literatura?

- Claro, el mensaje es para cualquier chico que quiera un cambio, para que cumpla con lo que anhela. Así sea un chico que quiere ser chef en vez de militar como su padre, una nena que pueda ser bailarina en vez de abogada como lo es toda su familia, lo que sea. Es importante escuchar a los chicos en lo que quieren y no frustrarlos imponiéndoles las cosas.

Es por eso que vemos tanta gente grande frustrada, infeliz y hasta malvada, porque en el fondo no se aman, no se sienten felices con lo que son porque nunca los dejaron ser y por eso no quieren ver felices a los demás.

- ¿A qué te dedicás? ¿Soñás con vivir de la literatura?

- Siempre hice de todo, diseño de indumentaria, diseño gráfico, desde que tengo 14 años que se ganarme mi platita y guardarla para mis gustos. Lo que más me deja ganancia hoy en día es la prostitución: me voy 10 días a determinada provincia, publico en Internet algunas fotos semi desnuda con mi número de teléfono y los clientes caen solos. Pero además de eso tengo mi línea de remeras estampadas y las vendo en algunos locales.

Vivir de la literatura me encantaría, ojala se dé. Escribo desde hace años y siempre que la gente leía lo que escribía me felicitaban. Me gusta escribir sobre sentimientos que nos atraviesan por vivir en una sociedad que muchas veces te juzga sin conocerte.

- ¿Algún proyecto en el que estés trabajando?

- Hoy estoy apostando todo a mi librito, cada vez que me dan un entrevista me siento feliz al ir y hablar y saber que quizás a una persona que me haya escuchado le haya cambiado un poco la forma de pensar. Me hace saber que cumplí mi objetivo. Hay mucho odio y poca tolerancia. Es lo único que busca mi libro, aceptación.

 

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Macky Corbalán, la poeta libertaria

Ayer, domingo 14 de septiembre de 2014, a la madrugada en un hospital de la ciudad de Neuquén murió la poeta y activista Macky Corbalán. Había nacido en Cutral Có, en 1963. A ese pueblo le dedicó uno de sus más hermosos poemas: “Tuvo río solo por un día. Arrastró/ casas, perros y/ gente por kilómetros,/ durante un marzo hecho/ enteramente/ de agua”.

En esta nota para Boquitas pintadas, el periodista Daniel Gigena la recuerda.

Macky Corbalán: “La poesía decide por mí”

Por Daniel Gigena

Macky Corbalán, la poeta libertaria

Alejandro Méndez, poeta y amigo de Macky, comenta a propósito de la relevancia del territorio en su obra: “Podría decirse que su poesía, más que visual, es tributaria del sonido, pero no de un sonido cualquiera, sino de aquel que reverbera en esa caja musical  llamada desierto. Cutral Có, Neuquén, que en mapuche significa ‘agua de fuego’, marca el origen; allí donde existió un río sólo por un día, aunque pudiera desmentirlo la geografía, el mito poético lo afirma”.

Más tarde, desde el final de los años noventa, en la vida de Macky Corbalán confluirían plenamente los mitos que la poesía crea, la lucha por la igualdad de derechos para mujeres y lesbianas y su participación en diversas acciones sociales en defensa del medio ambiente (afectado sobre todo por la expansión del negocio petrolero y la desertificación causado por el monocultivo de soja). Además de poeta, fue periodista y asistente social.

En una entrevista con otros tres poetas patagónicos (Luciana Mellado, Mónica Baeza y Jorge Maldonado), declaró: “No hay ninguna decisión de mi vida que no pase por la poesía. Ella decide y, de alguna manera, me lo hace saber. Cuento una anécdota a manera de ejemplo. Tiempo atrás, estuve un par de años sin trabajo, pasándola muy mal (mi edad coincide con la generación que sufrió la flexibilización laboral de Menem, caí justo en esa época aciaga). Trabajaba en diarios y me despidieron.  Entonces, hice de todo: vendí libros por las calles, cobraba cuotas de los planes de autos, atendía en una panadería medio tiempo. Cuando estaba en esa panadería trabajando, empecé a escribir cartas de solicitud laboral con muchos destinos y me enteré de que había una posibilidad de rendir en el Poder Judicial. Tenía mi título de trabajadora social y me presenté junto a un centenar de personas. Rendí una serie de pruebas y me fue muy bien, aunque yo tenía mis dudas. Finalmente gané uno de los puestos concursados; recuerdo que después estuve todo un mes huyéndole al oficial de justicia que me iba a notificar del trabajo. En todo ese tiempo me empezó a acosar la idea de que si ingresaba en una estructura tan cerrada, eso iba a afectar mi poesía. Yo no tenía un trabajo fijo, no tenía obra social, no tenía nada, hasta que un día me mandaron con un policía la notificación, y me notifiqué que no, que no lo iba a aceptar. Hoy en día estaría ganando un sueldo muy bueno, pero estoy segura de que yo no sería la misma si hubiera aceptado ese trabajo. Y esa decisión la toma la poesía, no yo”.

Esa anécdota, además de cifrar el carácter libertario de Corbalán, cede conscientemente al lenguaje poético el control de una existencia afectada por la desigualdad y en lucha contra las injusticias, década a década (siempre hay nuevas además de las de siempre), del presente.

Macky Corbalán también formó parte del grupo de lesbianas feministas Fugitivas del Desierto. Allí también, como con la escritura y la poesía (y la amistad, ese factor imprescindible de la actividad poética), asociada con la lucha política y las acciones callejeras, buscaba “mayor libertad en la vida”.

“¿Quién se acerca

desde el vibrante labio del horizonte,

protegido por una cegadora luz blanca?

 

Quisiera creer que todos lo ven,

y lo esperan. (Pero ¿por qué lo pienso

en masculino? ¿Acaso mi mente puede leer

lo que se acerca y cuando esto es poderoso

lo imagina hombre?)

Miro a los costados,

nadie parece compartir mi digresión,

esta ansiedad, el aire de temor.

 

Se mueve detenido por la lejanía.

 

Aquí, en este lugar de la espera,

todo sigue igual: casas y tumbas se

chupan a los seres con igual codicia;

la piel se enciende en los sueños,

los sueños se acaban cuando empieza el día,

el día termina apenas abiertos los ojos.”

Macky Corbalán, poeta

 

En este fragmento de un poema de Inferno, de 1999, se entrecruzan el paisaje, el ansia vital, el desafío a las jerarquías y la denuncia convertida en canto. “Si pienso en Macky, inevitablemente llegan sus poemas, su aura luminosa, el aliento de Como mil flores o las cadencias de una Conversación. Puro ímpetu y una irreverencia libertaria capaz de unir grandes palabras y detalles nimios de lo cotidiano”, comenta la poeta Andi Nachon horas después de conocer la noticia de la muerte de Macky Corbalán, que provocó sendos homenajes en las redes sociales (lo que, de paso, informa del atraso de los medios gráficos en la difusión de poesía nacional y extranjera). “Obsesiva en sus lecturas, tenía el don de saltar de las recetas vegetarianas a una charla profunda sobre las cartas de  Tsvetáieva y luego contar los juegos de una de sus perritas. Atolondrada siempre, siempre atenta y, sobre todo, especialmente, una de las personas más abiertamente cariñosas que conocí.  ‘Más que la religión, el amor  es materia de fe’, proclama uno de sus poemas. Y así debemos pensar en ella, en su compromiso con la escritura, en su voz siempre alerta a aquello que es preciso decir.”

Desde hace tiempo, los poemas de Corbalán se pueden leer gratuitamente en la Red en el blog Pasajera de Arena. Allí los lectores podrán encontrar resonancias indemnes, sentidos como herramientas renovadas, plegarias laicas. Sandra Escobar Ginés, otra poeta y amiga, sintetiza así el legado que la lectura de sus poemas prometen: “Nos enseñó que lo efímero puede ser, además, luminoso. Comprometida con la poesía, la libertad para todos y todas, y el dolor de los otros, hizo de sus palabras un verdadero arte y tomó parte de la vida a puro sentir-la. Nos queda su letra, nos quedan sus pensamientos, nos queda el amor que nos dio, porque además era sumamente generosa”.

Cuentos a la crema, Poemas al agua y Escritos granizados…Tres de un par imperfecto

Tres de un par imperfecto, el libro de Diego Tedeschi Loisa, gira en torno al número tres. Son tres libros. Son 33 cuentos. Son 15 alter egos. Son 9 secciones en los poemas. Su gesta es puramente independiente y sus libros, que aún aguardan fecha de presentación en sociedad, se publicaron en Editorial Bubok.

Promete ser una celebración ese día. Diego cuenta que espera que puedan estar lxs 15 modelos de las tres tapas –entre ellxs lx artistx Susy Shock, lx músicx Karen Bennet, el actor Marco Gianoli, la activista Lohana Berkins, varios jugadores de Los Dogos y un jugador de Gapef-, el ilustrador Rubén Gauna, los fotógrafos de las tapas Javier Fuentes y Nicolás Fernández, lxs fotógrafos que me retrataron en las tres contratapas: Luis Madril, Candela Krup y Dante Pell y Cristian Almirón que me vistió a través de Trapos Facciosos. Jésica Benel que supervisó el diseño final de las tapas en un momento crítico. Lxs autorxs de los personajes de los escritos: Vida Morant, Neyda Pitt, Julio Lago, Sergio Maulen, Carlos Mendes, Alejandra Cernadas, Enrique Tagliafico, Silvina Mestre y Carlos Vitelleschi, artista y hermano de Oscar Vitelleschi. Y las musas que lo inspiraron.

“Lo que importa es que esto ya no es más mío. Es de quien se anime a leerlos. Y esa es la celebración. Mi celebración”, dice Diego en esta entrevista con Boquitas pintadas.

- ¿Me podés contar cómo surgen este libro que son tres?

- Para mediados de 2009 estaba pasando poemas garabateados de mis pasadas vidas y tenía ganas de escribir un libro de esa poesía, casi sin retoques. Pero en noviembre de 2009 una musa inspiradora, más precisamente un estro, me obnubiló con su luz y comencé a vivenciar una historia que un amigo, el Dr. Daniel Antuni, me empujó a escribir. Esa inspiradora historia siguió su curso casi todo el verano de 2010 y me dio una energía plena para construir otros relatos. Así que me planteé escribir unos cuantos cuentos más y rescatar un cuento que siempre me había gustado, Isósceles, publicado en los años ’90 en la revista NX, periodismo gay para todos.

En ese instante se dieron dos cosas: por un lado, no podía dejar de construir historias. Todos los días aparecía algo, una inspiración, una idea de alguien, y así, ese libro de poemas con algunos cuentos se fue transformando en un libro de poemas y otro de cuentos; por el otro lado, al bucear en la colección de revistas Nexo y NX, de las que formé parte durante un largo período, me empujaron a mirar muchos de las ficciones publicadas allí por parte de mis queridxs compañerxs y amigxs.

Siempre con Gustavo Pecoraro -con quien construimos muchos momentos históricos- Deportistas Argentinos Gays (donde está el equipo de Los Dogos), el programa de radio El Vahído y las Jornadas Homenaje Carlos Jauregui, por citar tres instantes de construcción LGTBIQP…Z- decíamos que había que rescatar la Memoria. Y ante la magia que los textos ficcionales provocaban en mí es que quise rescatar esos alter ego de mis queridxs compas, sumando mis propios alter egos y nuevos alter egos de gente maravillosa que conocí en los últimos años y repensé la propuesta en tres libros, en una quijotada que solo era una posibilidad de sueño.

- ¿Cómo decidiste el nombre?

- Siempre hablaba de que estaba construyendo dos libros. Y, de repente, llegó el tercero. Entonces, ese par imperfecto de textos tenía que copular con ese monstruito que venía carreteando a partir del tipeo -el preciso pasaje del papel a la pc- para dar forma a un tres de un par imperfecto. Fue sencillo asociarlo al gran álbum de King Crimson, “Three of a perfect pair”, pues la música está presente en los tres libros como un aroma más, y eso lo facilitó todo. Claro que decidimos, con la editora general Neyda Pitt -que colabora con su alter ego en el tercer libro- que cada libro tenía que tener un título personalizado. Y como la fuente de luz inspiradora fue un heladero que dio el tono ideal al cuento que se titula vainilla y frutilla, pensé y  pensé y pensé que tenía que despertar todo desde ahí, desde el matiz de una heladería; de hecho las tapas iban a estar relacionadas con una heladería. Hay bocetos de ello. En resumen: Cuentos a la crema, Poemas al agua y Escritos granizados son los títulos que engalanan tres de un par imperfecto.

- ¿Qué te inspira la idea del par imperfecto?

- En mi vida, MG y yo somos un par imperfecto. Cuando estoy con un amigo o una amiga charlando, tenemos nuestro momento de par imperfecto. Soy muy perfeccionista, será por eso que estudio la carrera de corrector, y por eso me fascina la imperfección. El par imperfecto es un momento soñado con alguien que amo –familiar cercano, amigx, compa o pareja-. Mi par imperfecto sos vos ahora preguntando. El par imperfecto fuimos Vida Morant y yo conduciendo El Vahído, fuimos Neyda y yo deconstruyendo todos los textos para darles el toque esencial, fuimos el heladero y yo inspirando la historia y lo es cada instante que despierta un color secundario entre dos primarios transformando la tela en algo distinto. La diferencia. Eso es mi par imperfecto, la diferencia. Ser ambxs diferentes.

- ¿Qué sentís al publicar? 

- Escribo desde siempre. Antes de dedicarme al periodismo y de estudiar cine y de emprender la carrera de corrector, siempre escribí. En la primaria participé en algunos diarios escolares como entrevistador de un reportero y de un automovilista. Tendría alrededor de 8 o 9 años. Siempre me gustó. Fue un camino de exteriorización. Y Cuando vi esos reportajes publicados me sentí muy feliz. Así que seguí escribiendo para mí, en cuadernos, primero, y en papeles sueltos o servilletas o lo que fuera en donde pudiera, después. Hasta que tuve la oportunidad de ingresar en La Nación para colaborar en deportes. Ello me llevó, sin que hubiera una conexión aparente, al Grupo Nexo, y comencé a publicar en la revista. Sentía que podía construir desde mi construcción, desde lo vivencial, y si llegaba una carta que decía algo, sea negativo o positivo, ya valía todo. Parafraseando a Charly García, el tiempo pasó entre experiencias periodísticas con NX y políticas con Carlos Jáuregui en Gays DC, y ello me empujó, de a poquito, cada día más, a lo social, que es donde me siento más cómodo en cuanto a lo periodístico. Y con las ficciones empecé a darme cuenta, mucho más con la poesía o una novela que estoy construyendo, que podía construirme más y construir. Por eso me interesa hacerlo, porque no puedo escribir solo para mí, más allá de que sea bueno, aceptado o no lo que escriba.

- ¿Las relaciones LGBT te inspiran? ¿Te parece importante hablar de esta temática? ¿Por qué?

- No pienso jamás en eso. Escribo. La historia me lleva. Hay un cuento que había empezado una noche de cervezas por un desamor, y me colgué a escribir. Y tres o cuatro años después lo veo. La historia era de un flaco que dejaría su pueblo porque el tren ya no pasaría más por allí. Y era solo el principio. De repente, lo di vuelta, ya era una joven a quien llamé Lohana, por mi amiga Lohana Berkins. Y la subí al tren y la hice toparse con otra joven, Doris, por la querida Doris Night. Y se dio una historia muy particular en el momento que la luna le da un beso a una montaña. En cambio hay cuentos como vainilla y frutilla, Isósceles, Té con leche y Nerina que son directamente de temática LGTBIPQ…Z. Pero hay otros que no anuncian una orientación sexual; queda todo servido a la imaginación/construcción de quien se anime a leer. Y hay historia que no son LGTBIPQ…Z, porque no lo ameritaban. Considero que visibilizar la orientación sexual es una actitud política. Lo sentí desde que comencé a dar mis primeros pasos de visibilidad y claro que con Jauregui, el Grupo Nexo, las Berkins, Echazú, Correa y Braudacco, Fuskova, Ferreyra, Cigliutti, Rachid, Morant, Pecoraro, Talavera, Shock, Bennett, Los Dogos, Sardá, Lorenzano, Chela, Freda y lxs múltiples de referentes que han edificado mi camino era imposible no asumir una visibilidad absoluta.

Sin embargo, aunque creo que hay que hablar de esto, también siento que en muchos textos no debo hacerlo. Cada cual tendrá su propia aventura y cada cual podrá construir su propia historia, ya sea con un poema, un cuento o un relato. Sí siento que es necesario escribir sobre lo que soy, lo que siento, lo que me rodea, lo que padecen muchas personas por ser diferentes, especialmente las lesbianas y las trans, que me han arropado siempre con su sabiduría, su fortaleza y su desbordante presencia. Por eso siento que es necesario escribir sobre la sexualidad, sobre la orientación sexual, aunque por cuestiones de respeto me aventuré con muy pocos relatos en cuanto a lesbianas y trans, por lo menos de manera directa.

- ¿Qué te interesa leer? ¿Qué géneros, autores?

- Especialmente leo ficción, política y mucho, pero mucho de rock. Biografías de música es lo que más me fascina, porque soy un fana de la música y desde que abro los ojos hasta que los cierro hay música en mi vida.

De mis clásicos rescato a Umberto Eco con El nombre de la rosa o Ray Bradbury con Crónicas marcianas. Me gusta mucho Jorge Luis Borges, Alma  Maritano y Julio Cortázar. Cuentos sobre plumas de Woody Allen y El día que Nietzche lloró, de Irvin Yalom. Los textos de Oscar Vitelleschi en NX, que rescato en uno de los libros, con tres de sus alter egos. Leo mucho lo que me atrapa, más allá del nombre. Marco Denevi es un gran narrador. De lo más actual, me ha fascinado Rosa Prepuceo, de Alejandro Modarelli, Historia y pasión de Horacio González y José Pablo Feinmann y dos textos del querido Ernesto Meccia: La cuestión gay y Los últimos homosexuales, y Pollera pantalón de Paula Jiménez España. De lo musical: el libro del sonido de Los Beatles de su ingeniero Geoff Emerick, las autobiografías de Keith Richards, Andrew Loog-Oldham, Paul McCartney y Ron Wood.

 

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“Cuando dije que era homosexual me mandaron al psiquiatra”

Flores sobre el orín, una obra de Alejandro Modarelli, a quien entrevistamos en Boquitas pintadas, es una pieza que condensa lo que ocurre en una sociedad en una época que es pasado y que al mismo tiempo retorna para no olvidarla.

Como la definió Modarelli, el autor de la obra, Flores sobre el orín son capullos que nacen sobre la roña de un baño público de estación ferroviaria”. En esa conversación este escritor habló de cómo surgió esta obra que es “el Eros porteño de las minorías sexuales y los disidentes sexuales, bajo las botas militares, que confunde en su peregrinar entre urinarios y carnavales secretos, lágrimas y placer”.

Ahora, Alejandro Viedma comparte con los lectores de este blog su comentario crítico sobre la obra.

“Nosotros no podemos enamorarnos (mucho)”

Por Alejandro Viedma 

Sábado de un julio porteño que finaliza con mucho frío. Son las 23.15 hs y el hall del teatro Payró se va llenando. Quince minutos después ese público bajará las escaleras para cubrir cada una de las sillas de la sala.

Arriba del escenario los actores personifican a (lo que hoy se denomina) chicas trans que interactúan con la platea, dando la bienvenida a lo que será casi una hora y media de función.

En el aire empiezan a deambular polos opuestos sin –en apariencia y al comienzo- acuerdos, esas posiciones marcadamente extremistas que hacen que los binomios socioculturalmente compartidos existan para subrayar y ampliar las distancias entre esas dos caras de la misma moneda: moralidad/inmoralidad; homosexual/heterosexual; lo bueno/lo malo; limpieza/mugre; edictos/ilegalidad; flor/excremento; goce/prohibición; despacho/tetera; etc., etc. También se deslizan muchos prejuicios a través de frases hechas y se contextúa todo en un momento histórico y político en el cual no existía el concepto de gay y sí el de homosexual, desde la patología, en los manuales de psiquiatría (“Cuando dije que era homosexual me mandaron al psiquiatra”, declara uno de los protagonistas) y desde lo que era sancionado por los edictos policiales.

El cartel de promoción de la obra

En la escenografía se erige bien visible y con eficaz efecto un baño público, o lo que muchas veces es nombrado como tetera. La obra gira en torno a ese espacio en donde se tienen necesidades básicas: físicas, sexuales, monetarias, de comunicación en general y en particular se multiplican las corporales y simbólicas, ya que allí se tiene sexo y se habla, se socializa, se muestra y se esconde. Como complemento, una pantalla difunde algunos videos para viajar hasta aquel período de nuestra Nación.

Un policía convive con su mujer embarazada con la cual hace mucho no tiene relaciones sexuales. Dicha señora marca muy bien una postura típica de gran parte de la Argentina de fines de los 70s, ese país del mundial y de Videla, el “no te metás”, en donde convenía hacerse el tonto, mirar hacia otro lado, sabiendo no sabiéndolo para no reconocer y sí negar ciertas cuestiones y situaciones, convirtiéndose en un chivo expiatorio de lo que se gelificó en cierta complicidad.

El hombre que encarna la ley es quien más se sale de ella casi todo el tiempo, incluso sus instintos desbordan lo que luego ya no puede controlar, ese deseo que tanto le costaba aceptar en los otros y en él. Así, lo que incipientemente se pintaba como un mundo de blanco o negro rápidamente quien trabaja para “moralidad” termina siendo el más “inmoral” para los códigos que definían la moralina de antaño.

Además, se muestra cómo ayudaba la “chapa”, de hecho, ser parte de la fuerza policial significaba más de un privilegio/”derecho” o le daba una mano también al que caía detenido al ser “hijo de” o “sobrino de” ya que un apellido (de un militar, por ej.) podía salvar o le brindaba un sostén para la supervivencia del que se quedaba aquí, muchos siendo artistas o peluqueros, del que no se exiliaba o lo exiliaban.

Este personaje y otros que también hacen de policías se manejan dentro de la doble vida, con violencia, con mentiras, con hipocresía y con pasión, con esa calentura velada por un billete o por prendas femeninas, a modo de desmentir la pulsión homosexual, ¿o para que algo actúe como dique de contención de un inminente e incontenible gran amor?

La muerte ronda en las horas posteriores al único beso, ese acercamiento amoroso dado entre el poli pasado a disponibilidad y Lissette, la reina de las teteras y ahora ya una persona travestida para prostituirse. Acto amoroso sentenciado con la frase sobre la cual ambos concuerdan: “Nosotros NO nos podemos enamorar”.

Es para destacar las referencias importantes que circulan sobre las tablas, como por ejemplo, los nombres de Héctor Anabitarte, Michel Foucault, Néstor Perlongher, Raffaella Carrá. Esta última traía alegría, en la vida y en la obra, entre tanto sufrimiento y también códigos compartidos, algo que estaba en el aire, pues sin ser muy explícito lo que ella cantaba, se entendía como guiño gregario.

Considero que uno de los mensajes de la obra es rememorar el lugar al que estaban destinados los homosexuales varones del siglo pasado y era -en el mejor de los casos y aguantando todo tipo de abusos tales como golpes, insultos, robos, detenciones, violaciones- que sólo podían tener sexo en la clandestinidad, en los márgenes, en la ilegalidad lejos de la posibilidad del amor. Tal vez por eso sobresale la genitalidad y lo fálico que se conjugan con la adrenalina y el morbo carnal justamente en el espacio prohibido y más exponencialmente riesgoso, más fértil para las vejaciones. Y subrayo varones homo porque de ese grupo determinado habla la obra, la cual no hace referencia alguna a las lesbianas de antaño, lo cual se relaciona con el tema redundante dentro del mundo lésbico, su histórica invisibilización.

Otro punto es la deconstrucción de los mitos y la estandarización de roles fijos, porque por ejemplo el que se presenta como “loca”, “marica” o “pasiva” (términos utilizados para menospreciar) termina penetrando al macho. Entonces, me resultó interesante que lo que en un inicio se encuentra enmarcado dentro de polaridades bien marcadas, valga la redundancia, después, literalmente, se da vuelta.

Para finalizar, me parece bueno que se muestre y no se olvide lo que transcurrieron los homosexuales de esas décadas como un ejercicio de reflexión y memoria para valorar cómo se llegó hasta hoy, rescatando de aquel pasado vidas y discursos de resistencia, en un ámbito en donde eran parte de lo que había que limpiar, excusándose en procedimientos autoritarios.

Tal vez me hubiese gustado que ahondaran un poco más en temas tan serios, problemáticos (el exilio, la muerte de un padre, entre otros) y por momentos un tanto banalizados, sin iluminar los efectos traumáticos, o tal vez, por justamente ser tan dolorosos, fueron tamizados por humoradas con risas medidas de los espectadores como respuesta.

Por otro lado, es remarcable que los que llevan adelante este emprendimiento artístico hayan armado una cooperativa y que los actores personifiquen más de un rol, algo que tiene más que ver con nuestra actualidad: la diversidad, la versatilidad y el formar parte de algo comunitario.

Flores sobre el orín, de Alejandro Modarelli, puede verse todos los sábados a las 23,30 en el teatro Payró 

 

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Sergio Olguín: “Hay un desprecio de sectores sociales dominantes con respecto al cuerpo femenino”

La novela Las extranjeras (Ed. Suma de Letras), de Sergio Olguín, está inspirada en las turistas francesas asesinadas en el norte argentino. El policial, que Olguín convierte en una crónica de viaje con pinceladas homoeróticas, es también la excusa para hablar sobre “el desprecio de ciertos sectores sociales dominantes con respecto al cuerpo femenino, en primer lugar, y con respecto a cualquiera que esté por debajo de su condición social”.
 
Olguín, en diálogo con Boquitas pintadas, se refiere a la historia de abusos de las familias tradicionales argentinas que, considera, va a acompañada con una actitud despreciativa sobre el cuerpo femenino. “Hay un vínculo -no siempre visible en un primer momento- entre los femicidios, los casos de trata, el maltrato a las mujeres y los abusos de la clase dominante sobre los trabajadores”, sostiene este autor, jefe de redacción de la revista cultural Lamujerdemivida.

Esta novela es el regreso de Verónica Rosenthal, una periodista seductora y arriesgada que el autor ya había presentado en su novela La fragilidad de los cuerpos (2012). Su trayectoria como escritor se inició en 1998 con el libro de cuentos Las griegas; en 2002 apareció su primera novela, Lanús. Luego vinieron otras como Filo (2003), El equipo de los sueños (2004) y Springfield (2007). Escribió un libro infantil Cómo cocinar un plato volador (2011) y ahora, según adelanta, está escribiendo una novela para chicos de diez años. “Al menos por unas semanas, nada de escenas de sexo”, bromea.

- ¿De qué dirías que trata Las extranjeras?
- Es la historia de una investigación alrededor de dos femicidios cometidos en el norte argentino. Es también la historia de un duelo, el que hace Verónica Rosenthal por la muerte de sus dos amigas.

- Justo salió el fallo de las turistas francesas asesinadas en 2011: a uno le remite inmediatamente a tu novela: ¿Cómo se nutre la ficción con la realidad?
-El caso de las turistas francesas fue el disparador de mi historia. No quise hacer una crónica sino una novela, por lo que cambié nombres, nacionalidades, lugares y circunstancias. Y así y todo queda una historia que es muy similar a la de las chicas francesas, porque muchos femicidios cometidos en el noroeste argentino se parecen. Uno puede cambiar lo superficial pero en el fondo siempre está la misma historia y los mismos responsables. Y la misma impunidad.
-Sobre la relación entre Verónica, Frida y Petra: ¿Cómo la definirías? ¿Qué mirada le das desde la orientación sexual?
-Son personas que tuvieron la suerte de conocerse y coincidir, no sólo en un viaje sino en una forma de entender la vida. A veces sucede que los vínculos forjados en un encuentro casual se convierten en una relación más fuerte que la que podemos construir con otra gente que conocemos desde hace años. A eso hay que sumarle la atracción física de Frida y Verónica. 

-¿Qué podrías contarme de la breve relación amorosa entre ambas?
-Es intensa, física y afectiva. Para Verónica, que jamás había tenido una historia homosexual, resulta movilizador por el cambio de su objeto de deseo. Pero no hay en ella una tensión alrededor de eso. Se deja llevar por su calentura y disfruta con Frida como lo había hecho con varones. Lo paradójico (o no) es que los problemas empiezan después, cuando se da cuenta de que no se trata sólo de satisfacer su deseo sino de algo más. Verónica descubre que hay algo más con Frida, algo que no puede manejar. No le importa que sea una mujer. No pasan por ahí sus dudas o miedos. Lo que a ella le preocupa es entrar en una relación que no puede controlar (justo ella que intenta controlar todo). Y hace lo que hace la mayoría en estos casos: huye. Mejo dicho, intenta huir.

-¿Qué le suma al libro la presencia de vínculos amorosos homosexuales?
-Mis novelas suelen tener una cuota bastante alta de escenas de sexo (también hay una cuota alta de otras cuestiones, pero en general me preguntan por estas escenas). Como autor era un desafío describir con la misma precisión que utilizo en encuentros heteros la relación física de dos chicas. Pero, bueno… también escribí Springfield, una novela que transcurre en Estados Unidos y jamás estuve ahí. Usé mi imaginación y el asesoramiento de una amiga que conoce bien la materia.

-¿Te sentís más libre de incluir amores lésbicos u homosexuales desde que está en vigencia la ley de matrimonio igualitario y desde que la sociedad ha discutido estos temas?
-Para nada. Una ley no cambia nada a la hora de escribir una ficción. Pero sí es cierto que Verónica es una persona de estos tiempos y puede sentirse libre para encarar una relación lésbica sin plantearse muchas cuestiones. Un personaje así hace veinte años hubiera sido más difícil de concebir.

Sergio Olguín; Foto de Alejandra López


-¿Hay intención de mostrar que cuando a un periodista lo mueve la pasión cumple con una gran labor profesional?
-Temo que una respuesta positiva lleve a que los editores acosen sexualmente a sus redactores con la escusa de que dejarse llevar por la pasión te permite hacer una nota mejor.  Pero obviamente la pasión siempre es un gran motor en cualquier oficio o profesión.

-¿El libro trata de dar cuenta de lo poco que vale el cuerpo de la mujer en sitios machistas del interior gobernada por el autoritarismo estatal/empresarial?
-Más bien habla del desprecio de ciertos sectores sociales dominantes con respecto al cuerpo femenino, en primer lugar, y con respecto a cualquiera que esté por debajo de su condición social. Hay una historia de abusos de las familias tradicionales argentinas (de indígenas, de obreros, de poblaciones enteras) que va a acompañada con una actitud despreciativa sobre el cuerpo femenino. Hay un vínculo -no siempre visible en un primer momento- entre los femicidios, los casos de trata, el maltrato a las mujeres y los abusos de la clase dominante sobre los trabajadores. 

-¿Cómo se vincula este libro con La fragilidad de los cuerpos?
-Es el segundo libro protagonizado por Verónica Rosenthal, una periodista que investiga hasta las últimas consecuencias, incluso poniendo en riesgo su vida. Su entorno afectivo y profesional en las dos novelas es el mismo. Las historias son independientes. Creo que muchos que leen Las extranjeras después van a leer La fragilidad de los cuerpos para conocer más de la familia de Verónica, de sus amigas y de su histérica relación con Federico.

-¿En qué proyecto estás trabajando?
-Estoy escribiendo una novela para chicos de diez años. Al menos por unas semanas, nada de escenas de sexo. Compenso con muertos vivos, mascotas mutantes (cuerpos de rata, alas de paloma, cabeza de chihuahua) y una china que rechina cada vez que habla. Es decir, me estoy divirtiendo.

Ana y Lucrecia, “una historia de amor muy espacial” escrita para chicxs

“Desde entonces, Lucrecia, todas las noches, miraba las estrellas tratando de averiguar el misterio de la extraña huida de su amor. –¿Dónde estará? –pensaba Lucrecia– ¿Dónde?–. Y miraba el cielo buscando imaginarla como la primera vez que la había visto, algunos años atrás. Lucrecia había llevado su vieja Citroneta amarilla a arreglar al taller, y allí estaba Ana. Vestía unos pantalones verdes y una musculosa blanca, y con un pequeño destornillador ajustaba algunos tornillos sueltos de su bicicleta colorada. Se miraron a los ojos y sus corazones comenzaron a latir tan rápido que, a partir de ese día, salieron a pasear todos los domingos de sol. Y los de lluvia también. A veces en la Citroneta amarilla y otras en la bici colorada…” (final del capítulo 6)

María Laura Sabino escribió una novela de “aventura, amor y humor” para chicos y chicas. Cuenta varias historias de “amores espaciales” que se cruzan durante la trama: la bruja Luneta es la malvada de este relato, que intenta separar con sus hechizos a las estrellólogas (Lucrecia y Ana). Al final, el amor triunfa gracias al encuentro de todos los personajes.

Sabino, en esta entrevista con Boquitas pintadas, cuenta que se dispuso a escribir esta ficción porque considera que “la literatura infantil siempre responde a un único modelo”. Por este motivo cree que es necesario contar que hay otras historias de amor, de las cuales casi no se habla. “Apuesto a las chicas y a los chicos, a que construyan una sociedad más respetuosa de la diversidad sexual”, propone.

- ¿Cómo surge Una historia de amor muy espacial?

- Hace tiempo que estaba con ganas de escribir un cuento infantil. Cuando escribo los personajes van acercándose de a poco y yo me dejo llevar por ellos. Primero aparecieron don Ubaldo y el Pícaro Duende; luego, Lucrecia y Ana, los perros y por último, la malvada bruja Luneta. No tenía la idea previa de escribir sobre diversidad sexual, pero Ana y Lucrecia llegaron a esta historia juntas, unidas por el amor. Y me gusto que sea así, por eso me relacioné con ellas, las conocí y escribí su historia.

- ¿Por qué decidiste escribirla?

- Aunque no tenía la idea tan clara, sí venía pensando que la literatura infantil siempre responde a un único modelo. Y es necesario contar que hay otras historias de amor, de las cuales casi no se habla. Apuesto a las chicas y a los chicos, a que construyan una sociedad más respetuosa de la diversidad sexual.

- ¿De qué dirías que trata?

- Es una novela de aventura, de amor y de humor. Cuenta varias historias de amores espaciales que se cruzan durante la trama. La bruja Luneta es la malvada de éste relato, que intenta separar con sus hechizos a las estrellólogas (Lucrecia y Ana) por una venganza. Al final, el amor va a triunfar –quería un final feliz– gracias al encuentro de todos los personajes que juntos y trabajando en equipo, podrán resolver el enigma.

- ¿Cómo surge el contacto con la ilustradora? ¿Cómo trabajaron juntas?

- Conocí a Andrea Toledo por medio de las chicas de la editorial. Nos juntamos por primera vez en un café y fue un intercambio hermoso de experiencias, ideas, sueños. Unos meses después me reuní con Andrea en la editorial y me encontré por primera vez con sus dibujos. Algo había mirado por Internet, pero ver el trabajo casi terminado fue maravilloso. Estoy muy agradecida por sus ilustraciones.

- ¿Qué rol creés que tiene la literatura infantil en temas de diversidad sexual?

- ¡Importantísimo! Los libros son formadores. Las historias que se escuchan y leen en la infancia son de un valor incalculable. Sabemos que brindan la posibilidad de que los niños y las niñas se identifiquen con los personajes.

- ¿Qué ocurre si siempre les estamos brindamos el mismo modelo cuando no todos somos iguales?

- Las mentes de los niños son libres. Las descripciones de lo que pasa en el mundo real son naturales para ellos. La idea de un libro como Una historia de amor muy espacial es justamente mantener esa frescura para que cada vez más vivamos en un mundo que respete la diversidad.

- ¿Qué devolución tuvieron?

- A los pequeños lectores les intrigan muchas cosas de la historia, ninguna de esas intrigas tienen que ver con la sexualidad de Ana y Lucrecia, sino más bien con la aventura de los personajes y el amor a salvo de las maldades de la Bruja Luneta.

- ¿Algún proyecto en camino?

- Ahora estoy escribiendo otro libro infantil, esta vez, una serie de cuentos. Los protagonistas son niñas, niños y adultos mayores. Hablan de la importancia y la riqueza de los vínculos entre dos generaciones. También son historias de humor y de amor. ¡Parece que sigo en esa línea!

 

Dónde conseguir el libro: A través de La Mariposa y La Iguana o en varias librerías de Corrientes, entre ellas: La Hernández, Antígona. Pueden encontrar el listado de las librerías en el blog de la editorial 

 

 

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Poemas que surgen de contemplar a dos pibes del mismo sexo

El escritor Facundo Soto vuelve a dar qué hablar. Esta vez, con su libro de poemas: Electricidad.

Nos compramos pantalones. Caminamos por un shoping hasta que/cerró y nos dejó adentro. Leímos revistas. Le cambiamos la rueda al/auto y nos encajamos. Nos embarramos. Nos corrimos como/astronautas para mearnos. Nos resbalamos. Nos caímos. Nos/abrazamos en el barro. Nos dijimos que éramos sapos. Nos/escupimos. Dejamos de vernos. Nos escribimos mails. Nos dijimos/que no nos íbamos a ver más, y acá estamos, pensando que uno se/va a morir primero que el otro. Y acá estamos, pensando en quién/se va a morir primero. Te toco. Me tocas. Nos damos electricidad. (Fragmento de Electricidad)

Cucurto y Facundo Soto comparten la alegría de Electricidad, el libro recién editado por Vox

Facundo cuenta a Boquitas pintadas que Electricidad está compuesto por cinco poemarios: Electricidad, Entrar al sol, Qué hacés campeón, Chucherías baratas y Fuegos artificiales. “Son poemas que escribí en estos dos últimos años. Me encantaría sacar un libro así cada dos años, porque todavía siento que me representan. Son textos frescos, narrativos y tienden a resaltar la belleza de las cosas, de las relaciones, y de los chicos lindos (sobre todo en Qué hacés campeón)”, dice.

Comenta que si bien hay de todo un poco -hay un poema al  papá y otro a las cucarachas- la mayoría de los poemas están hilvanados por la contemplación a los pibes y a las relaciones que se establecen entre chicos de igual género con muchas cosas en común, como el fútbol, la cerveza, andar en bici bajo el sol. “Son muy luminosos”, apunta.

“Este collar de poemas me permite contar, decir, narrar algo breve y, por lo menos a mí, no sólo disfrutar de una linda imagen o situación, sino que también me dejan pensando en algo; espero que ese efecto también lo tengan lxs otrxs lectores”, dice.

La portada de Electricidad

-¿Por qué decidiste editar con Vox?

- [Washington] Cucurto viaja seguido a Bahía Blanca, lugar donde vive el editor de Vox, y le habló de mis poemas. Recibí un mail de Gustavo López diciéndome que le habían gustado mucho los poemas que le leyó Cucurto (Microondas, 2011, Cartonerita solar) y que le pasara otros, nuevos. Estoy súper contento de publicar en Vox, porque es una editorial de poesía que amalgama distintas artes, donde los libros suelen venir con grabados, y un arte de tapa impresionante; Electricidad tiene la tapa dorada con efectos celestes, basado en una obra del artista plástico Gastón Olmos. Hace 20 años que funciona Vox, y muy bien; creo que es la editorial más prestigiosa e importante de la Argentina, en cuanto a poesía. Su catálogo tiene a casi todos los poetas que me gustan.


¡Escriban! ¡Escriban! La poesía puede ser cualquier cosa

Texto de introducción a Electricidad, de Facundo Soto

Por Cucurto

Facundo Soto vino a destruir todo lo que construimos con cucharitas de juguete. Ese lugar preciado, serio, responsable, ese lugar que podía ser el espacio de la política, del rock, del nacionalismo, del peronismo y de la desacralización vallejiana y nerudiana, esa “cosa llamada poesía” que podía ser un mundo para anteponerle al mundo y darle sentido a nuestras vidas, de pronto comenzó a cambiar…

Eso tan cerebral que practicaba Girri manteniendo interesantes relaciones con la Embajada estadounidense. Tampoco se parece a las parodias laborghinianas, ni al espantapájaros de Girondo.

Hoy nos reímos con esa metáfora. En este mundo de Monsanto no vamos a ningún lado con un espantapájaros.

Ya no leemos a Wallace Stevens.

Y Jhon Asbhery es una rareza, una especie de invento creado en los laboratorios de los talleres de escritura creativa de las universidades yanquis.

¡Y los cuatro cuartetos de Eloit, ahora sí, con justicia, están condenados al polvo! ¡Ni cien años de academia anglosajona pudieron sostenerlo! ¡Internet lo acabó en menos de una década!

Los poetas de esta época que aspiran a algo parecido deberían fijarse.

Cada época tiene sus manifestaciones.

Por lo tanto, esta es la época de los escritores como Facundo Soto, un cuarentón juvenil que escribe como un adolescente. Usa gorrita, lector voraz, solitario y solidario. Además quien conoce a Facundo Soto (Facu para los amigos) no puede evitar caer en las redes de su inspiración. Leanlo. Leer a Facu significa ponerse a escribir al instante.

Facu es un auténtico atolondrado, escribe todo el tiempo, hace las cosas rápido y bien. Se le ocurren ideas todo el tiempo y al rato ya está tratando de concretarlas. No tiene una actitud lagrimosa o quejosa como la mayoría de los escritores que creen que son genios y que el mundo les debe muchos dólares por no reconocerles su talento. ¡Sotretas, mentecatos, zoquetes, analfas, mequetrefes, biorsi, shiomes, perejiles!

Facundo Soto nos da una enseñanza letal, le da a la poesía el espacio que se merece. Ni una vida, ni una hora. Lo justo. Facundo Soto tiene el tremendo poder de volver poesía a cada todo.

Una anécdota: Incluso una vez le mandé varios poemas y él los dio vuelta e hizo todos poemas nuevos con los mismos versos. ¡Qué manera de jugar!

El drama está disimulado.

¿La poesía será algo así? No es una poesía dramática la que Facu nos muestra en Electricidad – el libro que estamos presentando en cuestión-, sino todo lo contrario, el autor parece decirnos escriban, escriban, poesía puede ser cualquier cosa, lo que se les ocurra, a todo terreno.

Hay reflexiones sobre las golosinas, descripciones infinitas sobre cosas hechas.

Electricidad comienza así:

“Tomamos agua, coca cola y vinos de distintas épocas y colores. Hablamos de hacer uno azul, y escribimos. Nos leímos. Nos escuchamos. Nos peleamos con las almohadas hasta deshacer la cama. Nos pasamos los chicles de la boca. Miramos la lluvia y preparamos sopa. Miramos la tele. Conocimos  alcaparras. Nos calentamos los pies. Discutimos la ley del copy right. Nos peleamos. Nos amigamos haciendo zapallo en almíbar. Nos quedamos dormidos oyendo los grillos. Soñamos con irnos a Marruecos y terminamos en Entre Ríos.”

La poesía de este siglo está destinada a mezclarse con otros lenguajes, con otros mails, con otros mensajitos de textos, con literatura de los libros, con viejas ideas políticas, pero ya casi poca. Las cosas dichas como son y lo más importante: no perder mucho tiempo que hay cosas más importantes para hacer.

La poesía ha cambiado, ya no es como la estudiamos, como la leímos, como la admiramos. Sin embargo, en el campo poético todavía se sostienen viejas ideas, relacionadas con la forma, con el método, con el trabajo y el esfuerzo, como decía Carlos Fuentes “la necesidad inexpugnable de abrir un interrogante y a la tarde encontrarle su respuesta. Esa es la idea de la tradición, ir cerrando etapas.

Facundo Soto nos dice con su obra, con sus poemas, sus cuentos, sus mensajitos de textos, sus relatos o ideas anotadas en el blackberry que la literatura también puede ser otra cosa, que tiene otros tiempos y otras inquietudes.

De esto, precisamente, del riesgo de lo efímero, nos hablan este racimo de poemas buenísimos.

 

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“Anita y sus dos mamás”, un cuento infantil para pensar las familias diversas

“Anita y sus dos mamás” cuenta la vida cotidiana de una nena de unos 6 años llamada Anita, su mamá Eva y su mamá Mimi, que está embarazada esperando el segundo hijo de esta familia. La editorial Molinos de Viento lanzó este libro –que no sólo es para chicos sino también para sus padres, familiares y amigos. Cuenta mediante un relato simple la dinámica diaria en las familias homoparentales, que para sorpresa de muchos no difieren del resto de las familias, cualquiera sea su conformación.

En diálogo con Boquitas pintadas, el editor de Molinos de Viento, Darío Fernández, cuenta que ya tienen tres títulos disponibles para pensar temas vinculados a diversidad sexual desde la infancia. El interés surgió a partir de su experiencia personal: hace tres años con su marido tomaron la decisión de ser padres y cuando empezaron a andar en ese camino repararon en la falta de material bibliográfico infantil que tratara la temática.

Fernández cuenta todo el recorrido de esta editorial cuyos libros ya pueden encontrarse en el sitio web de la editorial.

- ¿Cómo surge la editorial?

- Editorial Molinos de Viento surge a partir de la necesidad de tener material con temática de familias homoparentales en español. Hace unos 3 años, mi marido y yo tomamos la decisión de ser padres y agrandar nuestra familia. Comenzamos a averiguar las distintas alternativas y nos encontramos con un grupo fantástico en la Fundación Foro, conformado por varias parejas y algunas personas solteras LGTB con un mismo objetivo: “ser padres”. Luego de varios años analizando las diferentes posibilidades algunos lograron su objetivo de ser padres y otros están en el proceso.

En este grupo se discutieron muchísimas cosas a cerca de la posibilidad de ser padres y madres LGTB, desde cómo se nombran los intervinientes en los procesos de subrogación de vientre, a como nos llamarían nuestros hijos. En medio de todo ese análisis acerca de nuestra realidad y la de nuestros futuros hijos nos dimos cuenta de que no había material bibliográfico infantil en la Argentina que tratara la temática. Sólo se conseguían algunas cosas traídas de España y el resto era todo material en inglés.

Este proceso de ser padres trae consigo algunos momentos muy angustiantes y estresantes, por lo que uno busca descomprimir la situación de diferentes maneras. Al ser yo diseñador gráfico, la mas práctica para mi fue comenzar a escribir e ilustrar.

- ¿Cuáles son los primeros títulos que editaron?

- Un tema que se había tratado en el grupo todo el tiempo fue, ¿qué cosas estarían bien en nuestras familias y cuáles no?. Esto me llevó a pensar en cómo les enseñaría a nuestros hijos qué cosas están bien o mal en general. Habíamos visto que en inglés había algunos autores que trataban el tema, pero no podíamos encontrar nada en español. De estas preguntas y de esta necesidad nació “Hay muchas cosas que están bien”, un libro no sólo para niños de familias homoparentales sino contra el bullying. Es un libro de integración, que permite contarles a los niños que todos somos individuos con diferentes características y capacidades y es eso lo que nos hace únicos y valiosos. Es un libro muy colorido que nos muestra distintos tipos de familia, chicos de distintas razas, con anteojos, entre otras muchas situaciones más.

Luego surgió “Anita y sus dos mamás”, que cuenta la vida cotidiana de una nena de unos 6 años llamada Anita, su mamá Eva y su mamá Mimi, que está embarazada esperando el segundo hijo de esta familia. Este libro no sólo es para niños sino también para sus padres, familiares y amigos. Nos cuenta mediante un relato simple la dinámica diaria en las familias homoparentales, que para sorpresa de muchos no difieren del resto de las familias, cualquiera sea su conformación.

Después llegó: “¿Cómo llegué a este mundo? Libro para chicos que llegaron a este mundo por subrogación”. Surgió de manera muy rápida y sorpresiva. Con mi marido estamos llevando a cabo un proceso de subrogación de vientre, que inclusive a nosotros nos costó comprender en que consistía. Luego de estar un año explicándoles a familiares y amigos de qué se trataba, sentí la necesidad de escribir de manera sintética cuál es el proceso que atraviesan las familias homoparentales que pasan por esta experiencia.

Un día en casa estábamos con el grupo de futuros padres, ya a esta altura amigos y compañeros en este fantástico viaje a la paternidad, hablando del tema de que no se encontraban libros infantiles con temática LGTB en español. En ese momento comenté con mucho pudor que había escrito e ilustrado algunos libros e insistieron en que se los mostrara. Cuando los vieron todos coincidieron en que era lo que ellos estaban buscando.

Luego de varios meses de insistencia por su parte, decidimos publicarlos, tarea que en un principio nos pareció algo sencillo, pero claro no lo era: debíamos primero chequear el material con profesionales de la salud reproductiva y psicológica para no incurrir en errores que pudiera confundir a los niños. Había que crear una editorial, consultar con un abogado para hacer las inscripciones correspondientes en el Instituto de la Propiedad Intelectual, en la Cámara Argentina del Libro, registrar la marca, elegir la imprenta, entre otra cantidad de cosas. Era un poco volver a repetir lo vivido hasta ahora en nuestro proceso a la paternidad pero reflejado en este caso en libros que finalmente el pasado 6 de noviembre salieron a la luz.

- ¿Qué otros títulos tienen en agenda?

- En este momento hay en preparación dos títulos más, que cuenten las realidades de los distintos tipos de familias y no sólo homosexuales, con la participación de otros autores. La idea es que Molinos de Viento crezca y podamos editar a más autores e invitar a ilustradores a sumarse a este proyecto que nos entusiasma tanto.

- ¿Por que el nombre de la editorial?

- El nombre Molinos de Viento surgió naturalmente; el camino a la paternidad en las personas homosexuales es un recorrido con muchos escollos no sólo biológicos sino sociales, al igual que para El Quijote, nos parecerían gigantes contra los que tendríamos que luchar, hasta que comprendimos que sólo son obstáculos, pruebas a superar. Por otra parte el molino de viento es un elemento cinético, generador de energía, la energía que generan los hijos, la energía que mueve al mundo.

- ¿Cuándo hicieron el lanzamiento?

- El 9 de noviembre pasado hicimos la presentación en la XXII Marcha del Orgullo LGBTIQ 2013 de Buenos Aires, donde justamente este año la consigna era “Educación sexual igualitaria, libre y laica”. Realmente nos sorprendimos con la buena repercusión y el interés que despertaron los libros en el stand que generosamente nos ofrecieron y compartieron con nosotros Arturo Lodetti, del programa Latitud Gay de Radio Sentidos y Ariel Nuñez, de la Guía Turística “Gay Travel Map”.

Por el stand pasaron muchas maestras y personas relacionadas con la educación que nos contaron que hoy en día se están presentando casos de familias homoparentales en las escuelas y que estos libros les serían muy útiles para trabajar con los chicos.

- ¿Por qué es importante hablar de estos temas desde la literatura?

- Nos parece importante desmitificar la connotación de oscuridad y perversión que se le ha dado a la homosexualidad durante siglos. La gente tiene muchas fantasías negativas acerca de dos hombres o dos mujeres con hijos, fantasías que carecen de sustento. Hoy día hay muchos estudios acerca de familias homoparentales y afortunadamente ninguna responde a estos estereotipos negativos que aún persisten en algunos sectores de la sociedad.

Los dueños de Molinos de Viento rodeados de amigos en el stan de la última marcha de Orgullo en Buenos Aires

Cuando terminamos los libros nos encontramos con una gran sorpresa: no eran libros sólo para niños sino también para adultos. “Hay muchas cosas que están bien” es un libro que nos muestra que está bien ser uno mismo, que aceptarse tal cual uno es nos acerca a aceptar a los otros con sus diferencias. “¿Cómo llegué a este mundo?” le cuenta a los adultos de manera simple como es el complejo proceso de la subrogación de vientres, y despeja la idea de “comercio” como eje central de esta práctica cada día mas común no sólo en parejas homosexuales sino también en parejas heterosexuales con problemas de fertilidad, muestra que tanto los padres como la donante y la subrogante transitan un camino de amor para concretar esa familia tan deseada. Finalmente “Anita y sus dos mamás” despejan fantasías y nos muestra que toda familia tiene una rutina diaria como cualquier otra.

- ¿Cómo creés que evoluciona el tema de la conciencia social respecto de las familias diversas acá en la Argentina?

- Creo que la Ley de Matrimonio Igualitario abrió una puerta para que mucha gente salga del clóset, con sus amigos, compañeros de trabajo y familiares. Esto le mostró a una parte de la sociedad que los homosexuales somos personas comunes y corrientes, que estudiamos, trabajamos, hacemos deportes, tenemos familias y amigos, y que hoy el marco legal reconoce nuestras propias familias.

La experiencia con respecto a la paternidad en nuestro entorno ha sido muy positiva. Por supuesto que aún queda mucha gente que no se permite pensar a la familia de una manera no binaria. Es un proceso, nos han criado con la idea de que una familia siempre fue papá, mamá e hijos, pero históricamente se sabe que la familia con ese formato tiene sólo unos siglos, de hecho estadísticamente sólo el 30% de las familias en la Argentina responde a esa estructura.

Pienso que se ha evolucionado mucho en muy poco tiempo, pero aún falta para que las familias homoparentales sean aceptadas en su totalidad. Ese tiempo estará dado por lo que le lleve a la gente entender que somos familias como cualquier otra.

 

Dónde conseguir los libros: Hay varios puntos de venta: para conocerlos pueden ingresar al sitio web de la editorial. También, mediante la página de Facebook: Editorial Molinos de viento.

 

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“Me crié escuchando que el VIH era la enfermedad de los desviados”

El periodista y escritor Martín Araujo tiene 34 años. En el último tiempo, personas muy cercanas a él fueron diagnosticadas de VIH. Preocupado por su salud, a fines de 2012 fue a hacerse un testeo; se comprometió a que si el resultado era negativo iba a involucrarse de algún modo con un tema que considera silenciado. Decidió sumarse al programa provincial contra el VIH que se desarrolla en el Hospital Rawson en la ciudad de Córdoba, donde vive desde que se fue de Buenos Aires. “El día que fui a buscar el resultado de mis análisis hablé con una de las personas que trabaja en el programa y así empezó todo”, cuenta Araujo a Boquitas pintadas. Allí coordina un taller literario con personas seropositivas.

“Me crié, como muchxs, escuchando discursos en los que el VIH aparecía como la nueva lepra, la enfermedad de los desviados, una patología maldita. Los años han modificado algunas cosas, por ejemplo, el virus dejó de ser patrimonio de la comunidad gay y pasó a afectar la vida de la población heterosexual, especialmente de las mujeres; dejó de ser una condena a muerte inmediata para convertirse en una enfermedad crónica que permite una calidad de vida notable”, enumera. Sin embargo, considera que estos cambios no lograron que socialmente cambie la mirada sobre las personas que viven con VIH.

“Sigue existiendo una mirada fuertemente discriminatoria. Tengo la sospecha de que, a los ojos de la sociedad, no es lo mismo un paciente con diabetes que uno con VIH. Y creo que esto tiene que ver con la desinformación aunque también con una mirada bastante hipócrita sobre las prácticas sexuales”, señala.

En esta entrevista, este joven autor del poemario “Cantata”, alguien que participó de antologías y trabajos grupales como ensayista, narrador y poeta, también habla de su trabajo como coordinador de un literario en una biblioteca popular y otro en la biblioteca de Derechos Humanos de Familiares de Desaparecidos de Córdoba; así como del su vínculo con la literatura y hasta se refiere a cómo fue su salida del clóset. Como todo en él, tuvo que ver con el amor.

Martín Araujo, periodista, escritor

- ¿Qué talleres literarios estás coordinando?

- En 2011 empezamos a dar un taller en la Biblioteca Popular María Saleme (en la Casa de los Trabajadores de Córdoba) con la poeta Elena Anníbali. Actualmente sigo en ese espacio, aunque solo. A esa actividad sumé este año otras dos experiencias de taller intensas. Por un lado, en el programa provincial contra el VIH en el Hospital Rawson y, por otro, en la Biblioteca de Derechos Humanos de Familiares de Desaparecidos de Córdoba.

En este momento, en Córdoba, asistimos a la megacausa por La Perla (un campo de concentración que funcionaba camino a Villa Carlos Paz), situación que genera un microclima particular. Las audiencias son públicas y, para quienes hemos podido escuchar algún testimonio, es realmente estremecedor. Trabajar sobre ideas como la memoria, la justicia, la verdad, e intentar desarrollar alguna acción en el plano de la escritura es una tarea compleja. Hacerlo con personas implicadas directamente por la pérdida de algún ser querido en el contexto de la última dictadura, o de haber pasado por la cárcel en esos años, es un reto real. Un desafío que me está enseñando mucho.

- ¿Cómo surgió la idea del taller de personas viviendo con VIH? ¿Cómo se trabaja ahí?

- La idea de este taller venía dándome vueltas en la cabeza desde hacía largo tiempo. A finales del año pasado formalicé la propuesta en el programa provincial de lucha contra el VIH que funciona en el Hospital Rawson y en marzo arrancamos. El proyecto terminó de darse como efecto de varias cuestiones personales. Por una parte, yo trabajé hace varios años cerca de una ONG, en Buenos Aires, en prevención y ayuda a personas viviendo con el virus. En el último tiempo, también, personas muy cercanas a mí fueron diagnosticadas positivamente. A fines del 2012, concurrí a hacerme un testeo preocupado por mi salud. Me prometí entonces que si el resultado era negativo iba a concretar este proyecto. El día que fui a buscar el resultado de mis análisis hablé con una de las personas que trabaja en el programa y así empezó todo. Esa promesa, que en última instancia pudo ser una estupidez, me ayudó a concretar algo que no deseaba que quedase en el cajón de las intenciones.

Me crié, como muchxs, escuchando discursos donde el VIH aparecía como la nueva lepra, la enfermedad de los desviados, una patología maldita. Los años han modificado algunas cosas, por ejemplo, el virus dejó de ser patrimonio de la comunidad gay y pasó a afectar la vida de la población heterosexual, especialmente de las mujeres; dejó de ser una condena a muerte inmediata para convertirse en una enfermedad crónica que permite una calidad de vida notable. Estos cambios, entre otros, no lograron aún, a mi entender, que socialmente cambie la mirada sobre las personas que viven con VIH. Sigue existiendo una mirada fuertemente discriminatoria. Tengo la sospecha de que, a los ojos de la sociedad, no es lo mismo un paciente con diabetes que uno con VIH. Y creo que esto tiene que ver con la desinformación aunque también con una mirada bastante hipócrita sobre las prácticas sexuales. La pregunta sobre el contagio siempre parece una nube que sobrevuela la cabeza de las personas que viven con VIH.

- ¿Qué cuentan los chicos en las narraciones?

- Eso mismo cuentan: que cuando cuentan de la condición serológica esto suele venir asociado a la pregunta inmediata de cómo se produjo el contagio, como si ese matiz fuera importante. O como si incluso hubiera grados de estigmatización posibles según la forma de contagio, algo ridículo. Y supongo que eso entronca con fantasmas sociales en torno a la sexualidad, donde la elección de objeto, de género, las praxis, la vergüenza, la hipocresía y la ignorancia se mezclan hasta dar un combo jodido. Creo que de ahí viene el miedo y finalmente la segregación, el señalamiento. Digo, yo mismo, sin ir más lejos, entiendo que soy negativo más por cuestiones de azar que por el cuidado de mí mismo. Lo digo con pesar pero no puedo dejar de reconocerlo. Y de reflexionar sobre ello. Incluso, me animo a decir que la mayoría de nosotrxs podría, en este sentido, ser positivx.

- ¿Qué significa que al taller lo coordine alguien que no tiene el virus?

- Que al taller lo coordine una persona que no es positiva también permite articular y tensar varias cuestiones. Más allá de cierto gesto de integración, me interesa saltar, en la medida de lo posible, una supuesta barrera entre positivos y negativos. Porque las personas que viven con VIH también corren, por momentos, el peligro de encerrarse en un ghetto y en la idea de que no pueden ser verdaderamente comprendidos por alguien que no posee su misma condición.

En otro orden de cosas, también me gusta pensar que esta experiencia se suma a otras que merecen mi admiración como el trabajo realizado por otros escritores con talleres en penales, barrios marginales, instituciones mentales, etc. Me interesa pensar este espacio en relación a esos proyectos. Y en cuanto al trabajo, es bastante abierto, la idea de fondo siempre está asociada a escrituras creativas. Empezamos con una lectura, o con alguna charla, con algún concepto o con alguna anécdota. Y eso dispara una consigna o una propuesta. Arrancamos con textos fuertemente yoicos (autobiografías, diarios, historias de vida, cartas, etc.) y ahora vamos hacia lugares más comunitarios y también más ficcionales.

- ¿Por qué decidiste volcarte a la literatura?

- Desde muy chico supe que quería escribir. Escribía canciones, escribía cuentitos, guiones de historietas. Agarraba los playmobiles y armaba estructuras narrativas densas para jugar. Siempre disfruté de leer y de escuchar historias. Y de contarlas a mis amigxs. Y, por otra parte, el goce con la música de las palabras. Nunca tuve muchas dudas sobre la cuestión “vocacional”. El tema más bien siempre fue cómo combinar la pasión por los libros y la escritura con cuestiones prácticas del tipo pagar el alquiler, el morfi, etc. Eso no lo tengo tan resuelto pero acá estamos, aún.

De hecho, si me pongo a enumerar, en mi vida he trabajado de cosas muy diversas para ganarme el pan(o tratar de hacerlo): desde repartidor de pan a creativo publicitario; tuve un kiosco en una escuela del conurbano y también atendí reclamos telefónicos en un call center cordobés; edité NX, una revista de periodismo gay, y ejercí de acompañante terapéutico de personas con ELA (esclerosis lateral amiotrófica); di clases de lengua en una escuela de San Antonio de Padua, por ejemplo, y en Ramos Mejía atendí un ciber enorme; trabajé de corrector de estilo y también de instalador de aire acondicionados Split; me pagaron por hacer rejas y también por tocar música.

- ¿Hasta cuándo viviste en Buenos Aires? ¿Por qué decidiste mudarte a Córdoba?

- Me mudé a Córdoba al terminar de cursar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UBA. Había perdido una oportunidad de trabajo importante, necesitaba tomar distancia de ciertos afectos y también de la furia porteña. Y además de toda esta serie de cuestiones racionales estaba la cuestión amorosa, que fue decisiva, porque estaba muy enamorado de una persona que vivía en Córdoba. Vale resaltar igualmente que es una hermosa ciudad para vivir: tiene agite cultural, diversidad, miles de estudiantes, montañas y ríos al alcance de la mano, tiene humor, noche, belleza, desmesura y, por momentos, una cierta paz.

Martín Araujo, en Capilla del Monte, Córdoba

- ¿Tuvo algo que ver con tu salida del clóset? ¿Me contás cómo fue ese proceso?

- Mi salida del clóset tuvo también que ver con el amor, el disparador fue el mismo, pero eso sucedió varios años antes de irme a Córdoba. Mi proceso fue tan complejo como el de cualquiera, un trayecto largo hasta aceptar mi deseo. Supongo que no fue sencillo tampoco para mi familia pero hemos podido sobrevivir al asunto y nos llevamos tan bien como puede llevarse un hijo con sus padres.

- ¿Qué tipo de literatura te interesa más? ¿Qué preferís leer y qué inclinaciones tenés en tu escritura?

- Me interesa la imaginación, los libros que buscan su camino particular, las apuestas y la franqueza. Me encanta la ciencia ficción aunque también me copo con un libro de crónicas. Soy un lector bastante anárquico. Me interesa especialmente la poesía. Y en cuanto a mi propia escritura hago lo que puedo: diarios, poemas, recetas de cocina, narrativa breve, crítica cultural. Estoy terminando mi primera novela, tengo un par de libritos de poesía sin editar. Adoro escribir y si la fiaca no vence a la curiosidad: allá vamos, siempre.

- ¿Cómo escritor sentís una responsabilidad social especial?

- Trato de que la escritura nazca de las pasiones. Y muchas veces eso se conecta con algo que va más allá de mí y que es histórico o político o comunitario. Trato de ser coherente. Y también entiendo que este oficio puede tener un poco más de eco que otros, pero no soy un canal de denuncias específicas. Puedo contar o aportar algo a una sensibilidad particular, no sé realmente si mucho más. Hay momentos en que es necesario correrse de cierto imperativo de responsabilidad social para que eso no se vuelva una trampa y te coma o te pierda.

- ¿Te interesa la literatura sobre temas de diversidad sexual?

- Me interesa la diversidad. Todas las diversidades no sólo la sexual. A veces el abuso de ciertas categorías como “literatura gay” o cosas así me cansa un poco. Me parece que facilitan el ingreso a un nicho de mercado más que aportarme algo sobre la obra. Más allá de esas clasificaciones, considero que hay textos sobre sexualidades no heterosexuales muy buenos en nuestro país. Y que mucha de esa literatura es previa a la sanción de la ley. En todo caso la ley pudo favorecer la visibilidad de nuevos textos o autores y eso, por supuesto, es algo para celebrar.

Tres poemas de Martín Araujo

víaméxico

no dejé de comprarte

cada mañana

rosas

ni te negué besos

ni buenas noches

con afán de canario

de país en país

hasta dar al norte

nieves de libertad

jurando síes

infinitos de arroz

por un pergamino

dos muñecos de frac

rasando las vegas

con la cara y la emoción

de una película

dejohncasavettes

*

puertopollensa

como dos gaviotas

arrojadas

sobre este llano

se abrazan en el pasto de la noche

lejos del foco de la plaza mayor

y la confitería

acá en la ruta orillada

a espaldas del silo

a minutos del sol

abrazadas como gaviotas

blancas de luna en la playa pampa

donde nadie las ve

o solo yo que es lo mismo

solo con mi anteojo

mirándolas desde hace horas

separarse del mundo como semillas

como dos alas

saben que las miro

y no les importa:

las veo vestirse en el primer rayo

desenlazar los dedos

el hueso de la lengua

y volcarse a esa ola

plana de sal y pasto

afuera de la ruta

volviendo a la ciudad

*

Penada seguramente por la ley…

penada seguramente por la ley

reñida con las buenas costumbres

y moralmente condenable

así es la tarea que desarrollamos

en la zona más húmeda de la casa

apenas arriba del rasero

apenas debajo de las ventanas

un trabajo de voluntad y volutas

una acción hecha de tiempo y espacio

contrariando acuerdos contratos

atentando contra la salud

cada quieta jornada

con un silencio matinal

 

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“Ser homosexual es sólo un detalle en mi vida”

El dramaturgo, actor y director de teatro Martín Marcou publicó su libro de poemas: Puto Crudo (Editorial Textos intrusos). Dividido en años, a modo de capítulos, el autor presenta este “gran poema cronometrado” en el que “aparece la búsqueda como premisa central”, para usar palabras suyas.

¿Si su poesía es abiertamente homosexual? Marcou, en diálogo con Boquitas pintadas, responde: “Nunca que escribo pienso mis trabajos desde lo homosexual. Lo hago desde mi humanidad. Ser homosexual es sólo un detalle más en mi vida, entre otras cuestiones que terminan siendo para mi mucho más jugosas y relevantes”.

Te invito a esta entrevista con el autor y te convido, también, a que conozcas su libro de poemas.

- ¿Cómo surge Puto Crudo?

- Comencé a garabatear poesía en mi adolescencia. Escribía cosas muy cursis y bastante malas. Sin embargo no decliné en mi intento y seguí investigando sobre el género. Creo que la poesía en mi surge para acompañar momentos. El libro se materializa porque escribí los poemas que lo conforman durante varios años, con el deseo de que algún día llegara el momento de publicarlos. Puto Crudo es la estampa dolorosa, pero también bien alegre, de un tiempo, un signo de época.

Martín Marcou, actor, dramaturgo, director de teatro; también, poeta

- ¿Qué cambia en tu poesía el paso del tiempo?

- Wenceslao Maldonado, que es escritor y que además moderó la presentación del libro, lo denominó como un gran poema cronometrado y esa es una apreciación interesante. Hay en la elección de la división por años una valoración del paso del tiempo en el que aparece la búsqueda como premisa esencial. A veces, cuando lo releo, encuentro que todos los poemas están unidos por un hilo imaginario que es indivisible, como si durante una etapa de mi vida hubiese sentido las cosas de determinada forma y a eso lo hubiese plasmado para dejar documentada la vivencia. El libro son mis visiones acerca de las cosas que experimenté en esos años. Puto Crudo son estados de mi mente.

- ¿Es una poesía abiertamente homosexual?

- Nunca que escribo, sea dramaturgia, novelas, cuentos o en este caso poesía, pienso mis trabajos desde lo homosexual. Lo hago desde mi humanidad. Yo soy mis poemas. La forma en la que llega a los demás y las interpretaciones que se hacen de mi trabajo me interesa como parte de una construcción. Pero no me desvela. Ser homosexual es sólo un detalle más en mi vida, entre otras cuestiones que terminan siendo para mi mucho más jugosas y relevantes.

- ¿Por qué te decidiste por esa editorial?

- Textos Intrusos se interesó por mi trabajo y no me puso ningún tipo de trabas o resistencias para editar. Trabajé muy cómodo. Por otro lado me gustó mucho el formato del libro que me propusieron, me resultó práctico y, al mismo tiempo, estético. Es muy probable que edite un libro con textos teatrales de mi autoría con ellos y, además, mi primera novela.

Tapa del libro Puto crudo (textos intrusos)

- ¿Alguien leyó tus textos? ¿Qué devoluciones te fueron haciendo?

- La corrección del libro estuvo a cargo del escritor Osvaldo Sabino, que además lo prologó. El libro antes de ser impreso fue leído por algunas personas, no muchas, pero tuve en general buenos comentarios.

- ¿Qué te permite decir la poesía?

- Me permite decir mucho con economía de palabras. Es todo un desafío para mí descifrar el modo en el que puedo encontrarme con una idea que represente sensaciones. Es un espacio que, con el tiempo, se ha vuelto necesario. Lo rescato y valoro cada día más. Me entretiene escribir poesía, hay algo en la síntesis de las cosas que me permite madurar decisiones que son en sí mis propias apuestas.

- ¿Qué diferencias encontrás entre tus obras de teatro y tu poesía?

- La poesía me resulta evocativa, es un lugar en el que digo con más mesura, hay un sentido de levedad que se activa, hay otra relación con el silencio, mi interioridad se manifiesta de otro modo y entro en diálogo con la naturaleza de las palabras de una manera más sutil. En el teatro hay otro tipo de arrojo; soy más desprolijo, más caótico, expongo preguntas de un modo más intempestivo.

- ¿En qué te inspirás para escribir?

- En la gente y en las relaciones que voy gestando. En el espíritu de las sensaciones que me atraviesan, en los temas que me interpelan. En mis alegrías y en mis dolores. En el tiempo y en las ideas acerca de muchas cosas que me desvelan, siempre son temas universales.

- ¿Tenés ya otro libro en camino?

- Estoy escribiendo mi segundo libro de poemas y estoy corrigiendo dos novelas que pienso publicar el año que viene: Fracasar y La proximidad de las ventanas.

 

Resumen

Todo

La vida que termina en cualquier momento

Las cosas que entraron en nuestro mundo

Todo por un tiempo lo hice en tu nombre

¿Dónde andarás ahora con los recuerdos?

Lo sé

Lo supe de antemano

Y ahora que no estás

Aunque nunca me comprendas

Yo fui todo lo que quise ser

 

 

Puto Crudo se consigue en:

• Otra lluvia: Bulnes 640, Almagro. contacto@otralluvia.com.ar

Paradigma: Maure 1786; 4777-2746

• Santiago Arcos: Puán 467; 4432-3107. Frente a la Faultad de Filosofía y Letras, UBA

La Libre: Bolívar 646 San Telmo; 4343-5328

• Mendel Libros: Paraguay 5163, entre Humboldt y Fitz Roy; 2063-2944. librosmendel@gmail.com

• O por mail a martinmarcou@hotmail.com

 

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