Fotocopia, un libro de relatos apto para padres e hijos (gays y no gays)

Acaba de salir Fotocopia, la nueva novela de Facu Soto, por Paisanita Editora. Carrera prolífica la de Soto, con 20 libros en apenas 6 años de producción literaria. Esta vez se trata de un texto que reúne dos diálogos, en un total de 139 páginas, que pueden ser leídos por padres, hijos, gay y no gay, porque la trama trabajaba el tema de las relaciones, la no aceptación de los padres por parte de los hijos, la vida artística de ellos, lo que se puede dejar de lado y lo que no, entre otros tópicos. Sin excesos, superponiendo en forma ordenada, los intentos del padre por solidificar una relación que no es aceptada por parte de su hija, estos personajes nos hablan de la comunicación y de lo que hay detrás de lo que no se ve (el padre del protagonista y la mamá de la nena, que aparece tan ausente como presente, de manera elíptica).

Con un estilo pop, a lo Manuel Puig, el narrador desaparece de la literatura para darle lugar a los verdaderos protagonistas de esta historia, tan real como conmovedora.

Este es un diálogo de Boquitas pintadas con el autor.  

- ¿Qué leías en el momento de escribir el libro?

- Aunque no lo creas, tengo muy separada mi vida literaria de la vida familiar o personal, por decirlo de alguna manera… Hay gente que se cree todo lo que escribo y está bien. Pero en la medida en que uno escribe ya es ficción. Estaba leyendo, en realidad releyendo, unos de mis libros favoritos La traición de Rita Hayward. También, Heroína de Tomasz Piatek, los cuentos de Mariana Enríquez, Dani Umpi, no sé, las escribí hace un par de años, más no me acuerdo.

- ¿Qué cosas creés que tenés de Puig o al menos se ponen en evidencia en este libro?

- Bueno, me gusta Puig  no sé, tenemos eso  de describir lo contemporáneo, una prosa bastante de pop (salvando las distancias de lo magistral que es Puig y mi obra). Me encanta el ambiente que crea. Las palabras que usa… Nos diferenciamos, quizás, en que él retrata a la perfección el universo femenino. Yo no lo conozco tanto y me angustia bastante. Entonces, en vez de focalizarme en una ama de casa que cose al crochet me focalizo en chicos que juegan al fútbol o en un desarrollador de software o en un chico que lava el auto los domingos en la vereda de su casa, que es el universo que conozco y el que me interesa.

- ¿De qué habla Fotocopia?

- Este libro son dos diálogos, el de una nena y el papá gay. La nena no acepta al freeky de su papá y el papá hace lo posible para recuperar su amor, pero tampoco deja su vida por eso; porque en algún punto no pierde el equilibrio, o sí; no se sabe. Los diálogos del papá, a medida que avanza el libro, son cada vez más largos y los de la nena van desapareciendo hasta que queda una solo línea… Después el papá le dice, no importa, te acepto como sos, acepto como se dieron las cosas. Quiero que sepas, como dice Charly, que si te sentís mal o sola, yo voy a estar pensando en vos… En Fotocopia hay un giro, en el medio del libro, donde se deshace el nudo y se entiende por qué el libro se llama así, y ahí el protagonista entiende, de alguna manera, por qué su hija se comporta de esa manera… Los hijos somos los síntomas, los emergentes de los errores de nuestros padres… Digamos que mira para atrás y se da cuenta de que él tiene algo que ver en ese rechazo… Ve su relación con su propio padre y algo se esclarece. Eso, es muy psicoanalítico, muy Puig… Lo que no comparto con Puig es el ambiente de pueblo, de los chismes que circulan e invaden la atmósfera del pueblo. Mis personajes son súper urbanos…

Facundo Soto

- En Fotocopia los diálogos funcionan como algo orgánico. No hay otra cosa más que diálogos…

- La mirada microscópica… Sí, yo en una época quería escribir un libro pensando que cada capítulo fuera la parte del cuerpo de una persona. Describir el perfil de la cara en el capítulo uno que correspondía a la cara, etc. Pero era una locura hacer eso, y deseché la idea porque no se entendía nada. Influenciado un poco por La traición de Rita Hayward, tengo la primera edición, la de Jorge Álvarez Editores, a quien pude entrevistar para Soy. Me acuerdo que yo estaba re contento cuando lo iba a ver al geriátrico. Decía, no puede ser que esté hablando con el hombre que descubrió a Puig, a Spinetta, a Charly, que publicó a Piglia, a Viñas… El tipo pedía cocaína para dar notas o los puteaba a los periodistas pero conmigo fue buena onda. Le llevé mi último libro mío y croissants…  En primer plano está la oralidad, pero escrita; esos juegos me gustan. En los diálogos se puede leer la forma que cada uno tiene de escuchar. O sea que no es algo copiado tal cual de la realidad, porque la voz de la nena está pasada, filtrada, transformada, interpretada, recortada, por el autor. Por eso el arte no es copia fidedigna de la realidad. No es una foto. En este caso sería una fotocopia. En Fotocopia, encadeno los acontecimientos para llegar a un final. Mientras tanto hay pequeños juegos que un lector avispado los descubre, y es ahí donde se produce ese insight que tanto me gusta, como lector y como escritor. Me gusta producir efectos en el lector. Ese efecto de sorpresa me parece genial, porque cuando a mí me pasa como lector me encanta.

- ¿Y en el caso de Fotocopia?

- En el caso de Fotocopia en la primera parte hablo de Lucy y, en la segunda, de Lucía. En la primera del desencuentro y en la segunda de aceptar las cosas después de haber descubierto el nudo, la fotocopia, la no aceptación del padre, por parte del padre; y ahí se lee que la historia se repite. En la segunda parte hay más diálogo sobre la nueva relación del papá, que deja las puertas abiertas para que la nena, devenida adolescente, vuelva cuando quiera, las puertas siempre van a estar abiertas, le dice; aunque sabe que la está perdiendo o ya la perdió. Es un texto sobre la pérdida, la falta; pero no desde la nostalgia, el lamento, sino desde la aceptación. Creo que la aceptación es una de las claves para vivir en paz y buscar la felicidad, que, en definitiva, es lo que persiguen estos dos personajes, cada uno por su lado.

 

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Alejandro Modarelli, sobre su libro La noche del mundo: “Nace de un trauma gozoso”

La noche del mundo, de Alejandro Modarelli, “nace de un trauma gozoso”, dice su autor. “La experiencia del coma inducido puede resultar más poderosa que una ficción”, dice. Y así comienza este diálogo con Boquitas pintadas acerca de este libro de crónicas que ya inició su recorrido por la Argentina y que hoy se presenta en Chile.

Alejandro Modarelli

-¿Por qué escribir La noche del mundo?

-La noche del mundo nace de un trauma gozoso, un neumotórax en vuelo entre Bogotá y Buenos Aires. Dejó una herida pulmonar que se convirtió en la vía regia para irme a otros mundos posibles de visita, incluso de visita sexual. No la pasé tan mal. La experiencia del coma inducido puede resultar más poderosa que una ficción. Cada vez que me despertaba, mientras hacían el intento de desconectarme de una máquina de respiración asistida, le pedía a mi hermana Constanza que recordase lo que le iba contando de esa noche del mundo. Me gustaría que la lectura del libro funcionara un poco, al menos, como La ventana de los sueños, de Fogwill. Si todo se abre con el descenso a un infierno, se cierra más adelante con la resurrección de la carne en Egipto, un país que a lo largo de estos años es la manera que encontré de nombrar el deseo. Obviamente, porque ahí los excesos lípidos son bienvenidos y ya ves lo gordo que estoy; creo que es así en todo el mundo árabe, donde no ha triunfado el modelo del maricón, el gay asimilado a una estética y un modo de vida celebrados y confortables, en el que no encajo. Podrías pensar que escribo desde el resentimiento, y tendrías razón. Pero el resentimiento también es un prisma provocador y fuente de inspiración.

-¿Por qué elegiste el registro de crónica?

-La crónica me permite darle un orden supuesto a una mente como la mía que se dispara para cualquier loma o cualquier pozo. Supongo que además se corresponde con la experiencia de la época, lo fragmentario, el cruce, la frontera. Me encuentro cómodo en la crónica, me divierto incluso inventando al pie de página una batalla permanente entre autor y editor. Alguien me dijo: pero cómo permitís que el editor te menosprecie de esa manera…y es que ese editor en realidad es un vigía interior que pone de resalto mis dudas, mi esquizofrenia. Claro que la crónica urbana como yo la concibo nada tiene que ver con ¨tomar el pulso a la ciudad”, como dice el lugar común, sino más bien con tomarla de la bragueta. La ciudad se ofrece de un modo o de otro bajo la forma de un eros. Y hay que dar testimonio de ese eros. Incluso cuando pareciera que no corresponde. Si vamos a hacernos los desentendidos con el sexo, nos quedaremos siempre encerrados en los barrios más solemnes.

-¿Cómo trabajás  el lenguaje para que los textos combinen un estilo erótico, pasional, onírico, irónico?

-El estilo emerge de un cruce de influencias, creo, que no es consciente de sí mismo. Se va estabilizando y, a la vez, opone resistencia. Por otra parte, es la manera que uno encuentra de habitar el lenguaje del mismo modo que uno vive, cree o quisiera vivir. Soy trágico y soy cómico, una zorra y un monje budista, en cierta forma todos lo somos. Alcanza con un cambio de posición frente a las cosas y aparece sobre las ruinas la ironía, y bajo el calzoncillo la tanga; sobre un mundo que desaparece, interno, externo, qué otra cosa mejor que ponerse a bailar sobre el volcán. En mi escritura, el trabajo es sobre los materiales y de modo obsesivo sobre el lenguaje. Los destellos que pudieran emerger son consecuencia de la lectura de autores barrocos maricones. Que caminan por el desfiladero de lo cursi, sin nunca caerse.

Portada de La noche del mundo

-¿Hay una intención de homenaje a personajes como Lemebel, Perlongher, Chavela?

-Imaginate que una sección del libro se llama Necrofilias, que no son necrológicas, sino textos apasionados sobre personajes inmensos que tuvieron sobre mí tremenda influencia. Por lo revoltosos, por inadecuados, por vivir su sexualidad con libertad en épocas en que había que bancarse el insulto cotidiano, pasar el trapo por el piso de las comisarías o callarse incluso cuando el propio cuerpo gritaba lo que eras. Para quien busca un lugar en ese sitio de desborde, de inadaptación al régimen estético y bancarizado que triunfa, no está nada mal dejarse llevar por esas biografías, hacerlas de alguna manera parte de uno, y celebrarlas con esa intensa liturgia con que en México, por ejemplo, se celebra y se conversa con los muertos amados.

-¿Hay cierta melancolía de tu parte por los espacios de la homosexualidad perdidos? (estoy pensando en los cines xxx, por ejemplo?

-Hay toda una generación que añora la política amorosa de las calles. Esa economía desarrollista del deseo: en todas partes, en la ciudad, se levantaban fábricas de sexualidad. Bajo los puentes, en los cines porno, en los baños de estaciones ferroviarias. Esa aventura era rica en posibilidades de reconocimiento propio y del otro. Las cosas no se descifraban de antemano, con esa sobrecodificación de los objetos sexuales pretendidos. Hoy las aplicaciones de Internet para encuentros sexuales plantean un malentendido: una foto que es un simulacro de un simulacro. Si en la calle alguien posa de algo, puede que te mienta pero a la vez te seduce, pone el cuerpo animado y la voz en un contexto. Ya sabemos que es un simulacro, pero bien logrado. En las aplicaciones o en la cam hay un efecto de descreimiento de antemano. Si dice tal edad, hay que sumarle diez años; si dice morrudo, es que es gordo. Si se le ve el pito, la toma seguro que es desde una posición que lo aumenta de tamaño. Quizá sea eso lo que hace tan complejo el levante ahora. Como si fuese imposible, por falta de fe, encontrar lo buscado, en un paraje desierto y a la vez superpoblado. En ese sentido, y dadas las condiciones de la mercancía que pongo en juego, no me queda sino el recurso de la melancolía y el resentimiento creativo. En un universo erótico donde todos se reclaman divinos, nadie quiere ser el primero en enamorarse porque cree que pierde la competencia olímpica.

-En el libro se lee un tono de rebeldía: ¿contra qué te rebelás en estos relatos?

-Me revelo, entonces, contra un modelo gltbi que se globalizó y del que, extrañamente, todos dicen sentirse afuera. Extrañamente debería leerse como extraña-miente. No les creo. Si hay algo que hemos visto estos últimos años es que más fuerte que la fraternidad en la identidad sexual o de género, es la clase. Yo quisiera que la homosexualidad tuviese algo más interesante que ofrecer que el wedding planner, el crucero gay, Chueca, el peluquero de mascotas, un espacio refrigerado en los centros culturales o dos estantes de estudios de género o literatura de pequeños amores homosexuales en las librerías cancheras. Creo que es posible que quede algo todavía revolucionario en la homosexualidad, que interpele a la sociedad y ponga el cuerpo adelante de lo establecido, como sabemos hacer las locas. La fertilización asistida de lesbianas, por ejemplo, interpela todo el andamiaje de las políticas tradicionales sobre la reproducción. La verdad travesti, al provenir en su mayoría de la periferia, es un don que no puede ser del todo fagocitado por la compasión democrática liberal.

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“Ser puto es subversivo”, opina el escritor Luis Negrón

Luis Negrón estuvo en Buenos Aires presentando la flamante edición de Mundo cruel (Páprika Editorial) con un caluroso recibimiento y reconocimiento al autor, ganador del Lambda Literary Award 2014 for Gay Fiction. El libro de cuentos recorre el mundo gay desde una mirada no gay y a la vez bien intransigente, cruda y marginal, que deja una sensación seca, angustiante, produciendo placer por el entramado de las historias y la prosa al mejor estilo Carver o Dani Umpi.

Luis Negrón, en entrevista para Boquitas pintadas; foto de Facundo Soto

En esta entrevista con Facundo R. Soto, para Boquitas pintadas, Negrón habla de su libro, que ya está recorriendo el mundo. Dice: “Yo  creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea”. Y agrega: “Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero cómo se ríen, cómo lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias”.

-¿Te sentís parte del movimiento gay-queer, después de haber ganado este premio?

-Lo que me molesta es la forma en que la mercadean, tapas de libros con chicos lindos, musculosos, desnudos. En Guadalajara, una editorial gay, acaba de publicar una novela brasilera del siglo XVIII y ponen un chico en calzoncillo.

-¿Y por qué pensás que pasa eso? Yo tengo una hipótesis…

-Dicen que si no hay un hombre desnudo en la tapa, la gente gay no lo compra… Es lo mismo que los que piensan que, para vender una motocicleta hay que poner a una chica en traje de baño. Identificar un libro para que se vea que es de temática gay no me molesta, incluso estoy muy pendiente de buscar esa familia extensa que uno tiene. Es buscar, un poquito, reafirmar, que somos similares y que vivimos las mismas situaciones. No hablo por un grupo pero obviamente pertenezco. No soy la voz de una comunidad…

-Marco Berger decía que ahora no quería hacer una película gay para no quedar pegado a ser un director de cine gay: ¿Cómo es en tu caso?

-Pues, que te etiqueten está bien. ¿Cómo no te van a poner una etiqueta de portorriqueño o caribeño? Que te etiqueten está bien. Que digan que sos lumpen, o lo que sea; una más está bien… Y si me invitan a un Congreso gay y me pagan, mejor. Mira esta tapa, bien creativo. El que está buscando algo gay, ahí lo encuentra… (Hace referencia a la edición de Páprika con ilustración de María Luque).

-Es más abarcativa…

-Claro, lo pone en un universo más grande, que pertenece a un todo. Esa dualidad que logran acá me gusta…

-¿Cómo trabajaste los cuentos que tienen, a mi criterio, una estructura firme?

-Cada historia la pienso mucho. Algunos son más espontáneos como el de Por Guayama, que tenía una idea poco clara pero… Tú te sientas a la mesa con pocas cosas pero a la hora de escribir se van multiplicando… Es como sentarte a tomar un café pero terminas cenando. Uno también es el primer lector y editor. Cada cuento manda, exige una trayectoria, cuan vicioso puede ser o cuan ambicioso puede ser. No diría que tengo una técnica, pero sí que sean honestos y evitar la trampa. Lo que sobra lo saco.

-¿Qué es lo que pensás? ¿La historia u otra cosa, la forma por ejemplo?

-Oye, pienso mucho lo que escribo. La atmósfera y el sonido, que es lo más importante para mí. Cómo suena un cuento. Cuando tengo el tono me siento con toda la confianza para escribir, porque es lo que necesito. El tono para mí es todo, ya estoy a salvo. Lo demás es disciplina y oficio. Muchas veces me senté a escribir y fracasé, porque todavía no sabía cómo sonaba esa voz. Cuando tenés una idea de una canción, tú tienes algo, pero es la música la que te ayuda a formar la letra. Después le pones la coreografía, la ropa, la música, pero para hacer la letra necesitas la música; para mí. Yo soy un escritor muy de sonido, me gustan las palabras por cómo suenan.

-¿Escribís poesía?

-No, no, pero leo mucho. Acá conseguí un libro de Jaime Gil de Biedma, que andaba buscando desde hace tiempo… Es un poeta esencial, que cuando lo leas vas a saber porque. Es alguien que te habla muy de cerca…

-El libro tiene más o menos la misma atmósfera, que en parte tiene que ver con el tono, o van por la misma línea, de lo crudo, descarnado… ¿Lo pensas así?

- Bueno, hay coincidencias como el escenario, el barrio donde se da que no importa donde es pero es reconocible. Es algo que yo tengo muy presente cuando escribo, es muy orgánico. No lo describo con detalles porque pienso que no hace falta. La esperanza es que eso se traduzca de otra forma, no directamente como lo haces. Sí, si es un barrio grande o pequeño. En el cuento Botella todo transcurre muy rápido,  porque pasa en el barrio de San Juan, donde todo es muy veloz. San Juan es una ciudad que tu recorres bien rápido, porque en tres horas cruzas la isla completa, sábelo, de este a oeste; no nos podemos perder. La frontera del barrio es una imagen importante que yo quería que se permeara en el cuento; yo no sé si esto se transluce… Escribir es pensar mucho, ¿no? No es una cosa así, azarosa…

-A pesar de haber ganado el premio tenés que seguir trabajando, ¿no? Y trabajas de librero en Puerto Rico, ¿no? Bueno, cuando elegís un libro para leer, ¿en qué te fijas? ¿Qué buscas, qué esperas de un libro, como lector?

-Bueno, estoy muy pendiente de los títulos. El primer párrafo. A la gente que tiene dudas, para llevarse un libro, le digo que se siente por ahí y que empiece a leerlo; y si lo agarra que se lo lleve. El primer párrafo tiene que convencerte, la oferta. La entrada a una novela o a un libro de relato es como el lobby, tú sabes que ahí está la información que te lleva, a veces directamente a la habitación.

- Que te lleve a algún lugar…

-Un libro es un compromiso. A veces a largo plazo. Y tenemos cada vez menos tiempo… Hoy, con Maxi [Papandrea], hemos hablado mucho de libros y me mencionó uno, de César Aira, Un episodio en la vida del pintor viajero, y me fascinó…

-Además veníamos para acá y por Salguero vemos caminando a Aira con una bolsita del MALBA. Volvamos a lo que te atrapa de un libro: los títulos

-Los títulos y el primer párrafo son los que me atrapan. Es una buena pregunta que no se contesta de una sola forma. Es como que te digan, qué te gusta de un hombre. Si dices alto, rubio, es mentira, porque siempre hay algo más. Es algo instintivo cuando lo agarro y me lo llevo. Yo soy librero, pero también tengo mi librero. Es como los médicos, ellos no se atienden a sí mismos, tienen su médico… Como librero uno sueña con leer algo primero…

-Como un editor…

-Claro… Es chévere descubrir un libro que va a dejar marcado a la gente, que no lo va a olvidar fácil, eso es lo lindo. Me gusta Luis Chávez, un poeta que ahora acaban de publicar la novela Salvapantalla. Me fascina, él como poeta.

-¿Si tuvieras que recomendarme un libro, a mí y a la gente que lee Boquitas pintadas, qué nos recomendarías?

-¿Leíste a la chilena Nona Fernández? Tiene un libro que te lleva, que te hace… Vas siguiendo, feliz, a un carnaval, y te está llevando a un lugar que… vas a salir igual.

-Ya me lo vendiste…

-Eso se agradece. O Federico Falco, que estoy fascinado… Cómo escribe con esas abundancias… El cagón es cagón, la lluvia es un diluvio… Con pocos elementos te transforma todo. Su forma de escribir es exótica. Que me lleven a otros lugares, que no sabes y la honestidad.

-¿Cómo se desarrolla en tu país la movida de las marchas LGBITQ?

-Pasa de todo. El Festival de Cine Queer de San Juan es el más exitoso de todo el mundo, es donde hacen más plata. Es que lo ve todo el mundo. Y dan películas buenas. Para mucha gente son porno. Judicialmente hay matrimonio igualitario. Adopción de niños. Está a punto de resolverse los estudiantes de escuela pública para que usen el uniforme con el que se sientan más cómodo, con el género con el cual se identifiquen. Un niño que nació varón puede ir con falda; eso ya no lo pueden prohibir porque la ley lo protege. Pero eso no quiere decir que pase. Una cosa es la ley y otra es San Juan, que es la Capital y otra cosa es el resto del país. Todavía está el Medio Evo y la Capital, como pasa también en Estados Unidos. Mirá Francia que todo el mundo pensaba que era pro gay y cuando estaban con el asunto del matrimonio igualitario salieron millones de personas en contra…

-Es que todavía hay mucha gente cristiana, o sea dogmática, que no se cuestiona nada…

-Sí, sí. Siempre hay que convivir porque, por más que estén los espacios hay que conquistarlos permanentemente, porque están las dos cosas; siempre. Hay cierta comodidad. Tú ves una parejita de la mano, en algunas áreas, pero eso no asegura nada. Están estudiando los crímenes de sodomía, en Puerto Rico, en el siglo XVIII, y encontró una historia de una loquita, negro él, que una vecina lo acusa de sodomía con un soldado español. Le preguntan si es verdad y él dice, después de Dios a quién más amo es a él. Tú empiezas a mirar y dices, lo que faltaba es escribir sobre eso, pero eso siempre ha estado ahí. La fuerza de eso se siente, aunque haya sido tres siglos atrás. Yo no sé si con tanta legislación nos atrevemos a decir eso, si tiene esa importancia o no hacía falta… Ser puto es subversivo… ¿Tu eres gay? Yo no, porque no tengo ropa para serlo. Soy puto de barrio. Ser puto es subversivo…

-¿Aportó algo Mundo cruel a tu país, en tu comunidad? 

-Yo  creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea. Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero como se ríen, como lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias…

-Es una puerta de entrada…

No presento al gay que todo el mundo quiere ver, el de los escaparates, o al viejo bondadoso, buey. Esto resulta incómodo porque es honesto. Por eso estoy contento.

-Bueno, acá hay muchos consumidores de Osos y otras prácticas que rompen con heternormativo impregnado en la cultura gay…

-Bien. Hace poco que estoy aquí y ya me enamoré de esta ciudad que es preciosa.

-¿A qué publico te dirigís o cuál es tu ideal de lectores? Dani Umpi me decía que son las mujeres solteras, viejas y gordas…

-La esperanza es que encuentres un lector que quiera participar, porque Mundo cruel no te lo da todo. Tiene que ser un lector que pueda llenar los espacios en blanco, que no se detenga en las palabras que tendría que tener y no tiene. Que me acompañe.

-¿Qué sea gay?

-No, no, no necesariamente… ¿Tú como escritor piensas en eso?

-Bueno, a veces, algunos libros, sí. Porque me di cuenta que faltaba contar algunos temas o situaciones que vivimos y que está bueno leerlo o verlo en una peli, para identificarse

-Hace poco un muchacho de Perú me dijo que lo describí a él. Y otro de San Juan que él ha sido todos los personajes del libro a lo largo de su vida. Una maestra de un pueblito que tiene un muchacho autista en su salón les asignó el libro, y uno que casi no puede comunicarse conectó con Mundo cruel. Son cositas con las que uno dice Woow. Me gustan las historias, me gusta contar historias… Me encanta sentarme en una barra y hablar con gente desconocida. En la guagua, el colectivo, me entero de un montón de cosas; mi mamá me regañaba porque decía que para mí todo el mundo es bueno y que era amigo de todo el mundo. Yo soy así, le abro mi casa para todo el mundo.

-Aunque el mundo sea cruel…

-Aunque el mundo sea cruel…

 

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Josue Marcos Belmonte, “Ioshua”, el último poeta punk

El escritor y periodista Facundo Soto comparte con los lectores de Boquitas pintadas esta entrevista a Josue Marcos Belmonte, conocido como “Ioshua”, el último poeta punk. Ioshua, poeta gay del conurbano, falleció en junio pasado. Esta conversación inédita es un homenaje a él.

Sólo contra todos

Por Facundo R. Soto

La última vez que Ioshua leyó en público, se apoyó en un bastón. Era el poeta del conurbano profundo y gay, performer, fanzinero, músico, periodista, punk, cumbiero, hardcore, artista plástico, libertario: Josue Marcos Belmonte murió en la casa que alquilaba en Mariano Acosta, partido de Merlo, al oeste del conurbano bonaerense. Tenía 37 años y convivía con el virus de vih.

Ioshua leyendo uno de sus textos

Jueves 3 de mayo 2012, Centro Cultural Pachamama

Cuando arreglé con Ioshua para pasar por el Centro Cultural Pachamama, donde estaba viviendo porque otra vez se había quedado en la calle, me dijo que se iba a bañar ya que a la noche iban a pasar a saludarlo, y además le comprarían Malincho su último libro; lxs compradores eran lxs escritores Paula Brecciaroli, Gaby Luzzi, y Bruno Szister. Le pregunté cuánto tiempo hacía que no se bañaba, y me dijo que mucho; y que no se acordaba. Al día siguiente fui con Bruno para entrevistarlo. Me sorprendí al ver a Ioshua. No era el que yo había conocido en las FLIAS (ferias de libros independientes), el que hacía lecturas tratando de acaparar el centro de la atención con la provocación constante y el buen humor.

La primera vez que lo vi fue cuando leyó junto a Pablo Perez y Mariano Blatt en Casa Brandon, donde presentaban la plaqueta de Proveedora de droga que acababa de publicar Germán Weissi como editor. Recitó un poema que decía “Pija. Dame pija. Quiero pija. Merca. Pija y merca. Merca y pija”, y pronunciaba las palabras como si desprendiera odio de su interior. Pero cuando terminaba su show-performático, se reía y desprendía buena onda para todo el mundo.

Nació en el ’82 en Haedo, provincia de Buenos Aires. Tiene muchos libros publicados, entre ellos “Es la noche que brilla en tus ojos” (Eloísa Cartonera), “Para los pibes” (Plaqueta de Belleza y Felicidad), “Pija, birra y faso” (Ed. Milena Caserola), “En la noche” (Ed. Wacho de la calle), “Loma Hermosa” (Ed. Nulu Bonsai), “Cumbiagai” (Ed. Chapita), “El libro negro” – tapa y contratapa absolutamente negra- (Ed. Milena Caserola), “A quién me ame” –  escrito 100%  a mano, con birome, e ilustraciones-  (Edición limitada de autor), “Malincho” (Ed. Wacho de la calle), fue co editor de la Revista Ají, entre otros multi actividades que emprendía en su vida, bardeada por la creatividad y el arte. Esta vez, a Bruno, a Gaby y a mí, nos abrió la puerta como si fuese un anciano que no podía más con su vida.

Se agarraba la cintura y no podía caminar. Tenía pelo, mucho, y en remolino, Ioshua siempre andaba pelado; ahora también tenía barba. Lo único que mantenía eran sus pantalones de gimnasia y las zapatillas onda tractor, pero estaba extremadamente flaco. Cuando hablaba, con la cadencia prolongada, casi cantando, prolongando las letras,  se le deslizaban las palabras, y en algunos momentos se enojaba; se ponía duro, apretando los dientes. No estaba drogado, sino medicado. Había ido al Hospital de clínicas por un fuerte dolor en la columna, que desde hacía varias semanas no lo dejaba tranquilo.

“Dolor, siento un fuerte dolor, en todo el cuerpo. Un dolor fuerte, Facu. ¿Vos me entendés, no?”, decía y me repetía.

El nuevo libro se llama Malincho, es diferente a lo que escribí antes, porque esta vez los protagonistas son homosexuales adultos. Todo lo que escribí desde el 2005, cuando empecé, eran muchachitos de 17 años hasta 23, porque esos wachines eran yo, en realidad. Entre esos excesos, yo soy un hombre adulto de casi 40 años, entonces escribo desde ese lado. Ya no estoy en la calle, ya no estoy en la marginalidad.  Eso se refleja en mi libro.

-¿Por qué decís que no estás más en la marginalidad?

-Porque no estoy más en la marginalidad, hombre. Porque no fumo paco, no tomo cocaína, no tomo alcohol, porque no estoy durmiendo en la vereda ni comiendo de la basura.

-¿Hiciste eso?

-Hice eso porque me ha tocado hacerlo. ¿Qué culpa tenía yo de estar solo en la vida? No tenía ninguna culpa.

-¿En qué etapa fue eso?

-Desde que era chico hasta los veinte y algo…

-¿Y de ahí surgió algún libro?

-No, imaginate si iba a estar pensando en un libro cuando tenía una desnutrición fatal, una vida excesiva donde vivía alcoholizado, drogado, perdido. ¿Imaginate si iba a pensar en un libro? Apenas pensaba en estar vivo, y ni siquiera sabía lo que eso significaba. Era como un animal que continua y continua, por instinto o impulso. No sé… Lo que sí hacía era escribir. Yo escribía. Escribía y escribía, y escribía y escribía y escribía…

-¿Tenés guardadas esas cosas?

-No. Nada de eso sobrevivió. Está en Pija, birra y faso. Ahí sí, se rescataron algunas cosas; pero…  no hay ningún manuscrito original de la época. Hay cuadernos, que son los que yo hacía circular en mi origen.

-¿Qué fue lo que te hizo empezar a escribir con el objetivo de publicar?

-Que la gente respondió. Yo, cuando empecé a escribir con más voluntad, fue porque había respuesta de lo que hacía. Fui una vez a Belleza y felicidad con estos manuscritos que yo hacía, con unas hojas de poemas, nada más. Yo se los doy, se los regalo a la chica, le digo “Hola, tomá”. No se los doy para que los ponga a la venta. Laura Las Heras. Me manda un correo y me dice “Che, se vendieron”. “¿Cómo que se vendieron?”. “Sí, los puse en la exhibición de la galería y se vendieron. ¿Tenés más?, me dice. “Sí, claro”, le dije; pero era mentira. Entonces empecé a escribir, escribir, escribir. Hacer más, más y más libritos; para ella. Y ahí se empezó a vender y a vender y a vender. Y eso empezó a circular, a circular, a circular. Y nadie me conocía. Nadie me conocía a mí. Sólo los que compraban ese fanzine en Belleza y felicidad. Un día, por esos azares, me invitan a leer a la casa de la poesía (ahí en Bulnes y no sé cuanto). No sé por qué azar, pero caí ahí. Yo me imagino la imagen que habré dado, porque era un tipo semi linyera, totalmente destruido. Cuando estaba llegando escuché que decían, no dejen entrar a los chorros ni a la gente de la calle. Y yo era uno de los que leía, ese día. Y… bueno, era un público muy poético-literario. Arranco leve. En un momento digo cosas como “bla bla bla, te amo wachín”, y fue como prender pólvora. Todo el mundo quedó azorado. ¿Qué está diciendo este pibe? Mi poesía decía, “wachín, merca, birra, calle- y siempre la palabra amor en el medio, yo te amo wachín- vamos a rompernos todo, tengo dos bolsas”. Era entre violento y romántico. Los desconcertó. Esa fue mi primera lectura, en agosto del 2005. Cuando termino se me acercan un montón de personas queriendo saber quién era yo, de dónde venía, porqué escribía así, qué soy. Yo no tenía respuestas. Hoy no las tengo, tampoco. Bueno, después me empezaron a llamar de lecturas… Empecé a buscar lo que yo quería hacer en vivo. Me importaba el escenario y una lectura, que buscaba algo, yo quería dar un show. Ese año…

En ese momento entró una persona del centro cultural, estaban preparando una lectura en la sala principal, donde también iba a tocar una banda con instrumentos de vientos. Se escuchaba la trompeta de fondo. El chico nos pidió las banquetas. Bruno dijo que él se tenía que ir (estaba con editora de Paisanita Editorial: Gaby Luzzi).

-              ¿Te puedo comprar tres?- le dice Bruno a Ioshua.

-                Si, si, si. No, no no.

-              ¿Viste que yo te dije que teníamos que cenar?

-              Sí, pero yo al final, no podía…

-              Porque en la esquina hay una rotisería bárbara, que por $17 te dan una de mozzarella fantástica. Yo hoy me compré empanadas de jamón y queso riquísimas. Riquísimas.

-              Ojalá. Otro día- dijo Gaby.

-              Sí. Si yo estoy acá. Yo vivo acá.

-              Che, ¿y celu todavía no tenés?- le preguntó Bruno.

-              Mmm. No.

-              Arriba, en el entrepiso había uno.

-              Claro, ése es el que tengo que arreglar. Hoy averigüé y el más barato me sale 150.

-              Y 150 es barato- dijo Bruno

-              Es barato pero bué…

-              ¿Y el Facebook lo ves seguido?- le preguntó Bruno.

-              Todo el tiempo. Vengan cuando quieran, y a cualquier hora. Porque yo estoy acá. Estoy muy solo y aburrido.

-              ¿Vos Facu te quedás, no?

-              Sí, sigo entrevistándolo.

-              Chau, nos vemos en la próxima, en cualquier situación. Cuidate mucho- dijo Ioshua.

-¿Dónde habíamos quedado, después de lo de Belleza y felicidad?

-Sí. Lo de Belleza fue muy fugaz. No fue una etapa es que yo pertenecía a ese lugar. Ellos vendían mis fanzines y nada más. No teníamos otro tipo de vínculo. Yo en ésa época estaba en un grupo anarquista donde aprendí todo. Lo que es la independencia, el “hazlo tu mismo”, a ver el sistema comercial del arte desde otro lugar. Aprendí muchísimo de ellos y hoy lo implemento. Es esto de editar mis propios libros con mi esfuerzo. Hacer los flyers, y todo eso, es propio de la educación anarquista-punk que aprendí con esta gente.

-¿Y qué valor tiene hacerlo todo por vos mismo, sin interactuar con otra gente?

-Y, que no tenés que pelear con nadie, nadie te roba nadie. Sos vos con quién se interesa por tu obra. No tenés que ceder ningún porcentaje a nadie. Ni sonreírle a nadie. Haces las cosas tal las queres, y decís las cosas tal como querés. Y después a ver qué pasa, si hay interés de las personas. Si hay devolución de todo eso. Lo que aprendí, también, es a no buscar la fama o popularidad. A abandonar eso. Si llega, llega, pero no es una búsqueda que uno debe tener.

-¿Qué buscas con tu escritura?

-¿Qué busco? Yo no busco nada en particular. Dejo que todo ocurra y nada más. Trato de disfrutar lo bueno que viene de todo eso. Pero yo, artísticamente, no tengo ninguna búsqueda. Todas mis búsquedas son personales. Están bastante lejos de algo tan mundano como el arte o la cultura…

-¿Y personalmente qué buscas?

-Y, estoy preocupado por mi salud, por mi actualidad. Hoy tuve médico. Tengo un problema en la columna, y aquí estamos, con tomas de sangre, tomas de sangre; que de aquí, de allá. Me preocupa más eso… que la popularidad o el reconocimiento que pueda tener.

-¿Te preocupa tener algo malo?

-Más allá de eso… A mí me modificó la vida todo esto. Perdí todo el vigor… todo el ánimo. No puedo caminar… (Tengo corrimiento en tres vértebras). Me trastornó enteramente el cuerpo. Me trastornó todo el cuerpo. No es que está acotado a la espalda. Son dolores musculares en el lado derecho, donde no tengo nada, pero los dolores se trasladan, y son terribles. Terribles… Hoy venía en la calle… Y decí que estaba cerca de la plaza del Hospital de Clínicas, que hay mucho sol. Llegué como pude a un escalón y me senté ahí, y empecé hacerme masajes.

-¿Te atienden bien en el Hospital de Clínicas? ¿Cobertura social no tenés?

-No, yo me atiendo en el Hospital Álvarez. Ahora voy a empezar, mañana, si puedo, en el Clínicas. Ahora estoy tomando calmantes, pero sólo para evitar el síntoma… Hoy llegué re mal de la calle. Ahora estoy bien porque me calenté en la salamandra. Yo necesito tener el cuerpo caliente. Si tengo el cuerpo caliente estoy bien. Sino, siento frío y empieza mi dolor, mi dolor, mi dolor, mi dolor. Por eso vivo cerca del fueguito, o de un radiador y me quedo al lado… Uso mucho abrigo, pero es por eso. Se me enfría un poco el cuerpo y la paso terriblemente mal.

-¿Y el libro que ibas hacer para niños?

-Ahí está. Yo escribo mucho, en general… Hay cosas que quedan como en el medio, después las retomo. Eran cuentos infantiles, pero también para adultos, como los de Lewis Carroll.

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Los reyes de la primavera, la primera novela gay para chicos

Osvaldo Osorio tiene muchos títulos para exhibir y una vasta experiencia en educación con pequeños. Es licenciado y Profesor en Ciencias de la Educación (UBA) y Master en Aprendizaje y Psicología Cognitiva (Flacso/Universidad Autónoma de Madrid). Trabajó durante dieciséis años como maestro de grado y en la actualidad se desempeño como Profesor de Prácticas y Residencias en tres escuelas normales de la Ciudad de Buenos Aires. Visita escuelas y está en contacto con niños y niñas en edad escolar en forma permanente y tiene a su cargo la formación de futuros maestros y maestras.

Tiene publicado un libro, que costeó por sus propios medios La Tetera  (Editorial Dunken). La novela estuvo entre los diez finalistas del “Primer Certamen de Novela Joven. Fundación Aerolíneas Argentina”. También tiene otras novelas escritas, aunque no publicadas.

Esta vez, Osorio se dispone a publicar “Los reyes de la primavera”, una novela gay para chicos. “Entiendo que en nuestro país no se ha publicado ninguna novela gay para chicos y chicas. He leído textos publicados en el exterior, pero en esos casos los personajes no son reales, con problemas que les pasan a niños y niñas de acá”, dice en diálogo con Boquitas pintadas. Aclara que con “problemas” no se refiere a lo gay, sino a problemas con el estudio, con las relaciones entre pares, con los juegos, las rivalidades, las competencias, los chismes, etc.

“Mi intención era llenar el vacío existente y que la historia pudiera llegar a niños y niñas como tantas otras historias de amor que leen, y que disfruten, se emocionen, que genere debate”, dice.

La novela trata el amor entre dos niños desde la naturalidad, y no desde el conflicto de “qué me pasa que me enamoré de un chico”, “que tal o cual persona es gay”. La historia transcurre en la escuela que está ubicada frente al Parque Rivadavia en Caballito.

En este post de Boquitas pintadas adelantamos el primer capítulo de este libro, aún inédito. Osorio cuenta  que está en búsqueda de un editor que se interese por su idea. En ese camino es que se la presentó al Subsecretario de Equidad y Calidad Educativa, Lic. Gabriel Brenner. También se contactó con la Directora del Plan Nacional de Lectura para ver si se avanzaba en la publicación, pero aún no se concretó la iniciativa. El libro, por este motivo, no está disponible para su lectura.

Capítulo 1

La ciudad de Buenos Aires tiene un barrio que se llama Caballito. Caballito tiene un parque que se llama Rivadavia. Frente al parque hay una avenida que también se llama Rivadavia y cruzando la avenida hay una escuela que se llama Primera Junta. En la Escuela Primera Junta hay un sexto que se llama “C”. Y en sexto, como en otros sextos, hay alumnos que usan sus nombres y otros que prefieren que los llamen por otros nombres.

En sexto “C” de la Escuela Primera Junta del barrio de Caballito de la ciudad de Buenos Aires, todos saben que Leandro sale con Dennís, que Lola sale con Mariano, que Tomás gusta de Marianela, que a Soledad le gustaría salir con Leandro, que Clara está muerta por Cristóbal y que a Cristóbal le gusta Tatiana y que algunos no gustan aún de nadie. Pero lo que nadie sabe, ni siquiera el propio Pancho, salvo Romina, es que Pancho gusta de Thiago. Pero ¿cómo es que Pancho no sabe lo que Romina sabe? O mejor dicho ¿cómo Romina sabe que Pancho gusta de Thiago si Pancho no sabe que gusta de Thiago? Fácil: porque se le nota.

—¡¿Qué?! ¿Qué a mí me gusta Thiago? ¡Vos estás loca!

—Claro que sí.

—A ver, decime por qué…

—Porque se te nota y punto —y cuando Romina dice “punto” es punto, y es cuando se calla y no dice nada más y a Pancho, que la conoce, se le quedan montones de cosas por decir pero no dice nada porque por más que diga algo va a ser como si no dijera nada y eso lo hace poner rojo de la bronca, como si las palabras que quedan apiñadas en su garganta le cortaran la respiración.

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Las memorias de Paco Jamandreu, modisto y amigo de Eva Perón

Francisco Paco Jaumandreu fue un conocido diseñador de moda y actor argentino. Fue conocido, también, como amigo personal de Eva Perón. Jamandreu comenzó su amistad con Evita antes que ella conociera al futuro presidente Juan Domingo Perón. Llegaron a ser amigos, confidentes. Su amistad con Eva Perón fue reflejada en una película en la que Jamadreu admitía ante Eva su homosexualidad y le decía: “Ser puto en la Argentina es como ser pobre”.

Hace pocos días la editorial cordobesa Caballo Negro reeditó un libro sobre este personaje: La cabeza contra el suelo, memorias. El periodista Daniel Gigena escribió, para Boquitas pintadas, un comentario del libro.

 

Foto: Caballo Negro

Verdadero rescate para la historia de la homosexualidad en la Argentina, sin contar el aporte que representa como documento sobre la vida pública y privada en el país durante el siglo XX, la reedición de La cabeza contra el suelo, las memorias de Paco Jamandreu (1925-1995), publicadas por primera vez en 1975, acerca a los lectores un texto único e inclasificable, que excede el marco de la autobiografía y se vuelve permeable a diversos registros. El periodismo de espectáculos, los apuntes etnográficos sobre la vida en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde Jamandreu vivió con sus padres hasta los dieciséis años; la novela de formación a la manera de una loca David Copperfield; el retablo lorquiano integrado por tías, abuelas y nueras; la diatriba, el chisme de la comedia ligera y el alegato político componen una obra cuyo interés parece aumentar con los años, sobre todo luego de la conquista, inimaginable para muchos, de derechos civiles. Justamente la potencia de la imaginación, alimentada en el horario de la siesta o durante las noches de los sábados, cuando los hermanos salían y él permanecía  en la casona familiar con la radio y las revistas imaginando modelos para Amelia Bence, las hermanas Legrand y Mecha Ortiz, se impone como una acción que conjuga la creación y la reivindicación de su figura.

Dibujante desde la niñez, Jamandreu viaja en tren a la capital porteña con una carpeta de diseños para triunfar entre actrices, vedettes y productores cinematográficos (él se ocuparía del vestuario de varios films, entre ellos El misterioso tío Silas, Marihuana y Lujuria tropical, con su amiga Isabel Sarli). De pensión en pensión, sueña con llevarse a toda la tribu familiar del pueblo a un piso en Buenos Aires, sueña con ser famoso, con ser famoso y despótico, con amar y ser amado: “En el comienzo de una vida a la que quería cobrarle, o a la que yo me creía con derecho a cobrarle todo”, escribe sobre su veloz ascenso en la industria de la moda y el espectáculo, a la que él aportó misterio, frivolidad y encanto. El modo de saldar esa deuda con la vida (que había incluido “una adolescencia de soledad, de rechazo”, de dolor y de “miedo al grito de burla desde los autos”, entre otros fantasmas que se encarnaban con facilidad en ese entonces) adoptará formas proteicas, cambiantes, no siempre amables.

Paco Jaumandreu; Foto: Wikipedia

“Yo siempre he sido el terror de los modistos argentinos. Hay una cuestión que es evidente: no soy un comerciante, ni seré nunca un buen comerciante. Yo trabajo sobre el dibujo… mi ropa, linda o fea, buena o mala –yo no discuto el gusto, ni la calidad– siempre ha sido creada por mí”. Manifiesto sobre la soberanía artística emparentada con la tranquilidad que presta la definición en cualquier aspecto de la vida (“Yo creo que mi moral no es dudosa en absoluto: yo siempre dije que era homosexual y eso no tiene nada de inmoral”), La cabeza contra el suelo hilvana episodios de juventud con las experiencias del modisto consagrado por la fama.

Luego de la extraordinaria primera parte del libro, donde Jamandreu recuerda su infancia y sus años de adolescencia, sus inicios en la prensa gráfica en medios como El Hogar o Mundo Argentino (¡qué importante sería recuperar esos textos también!), en programas de radio y en el diseño de modas para cine y teatro, la “Faraona”, como lo había apodado su hermano Jorge, conoce a la mujer que signaría su vida y su trabajo. “El llamado de Eva Duarte, a hora tan temprana, me pareció una insolencia.” Así se inicia una de las amistades con mayor gracia en las grisáceas páginas de la historia de la amistad en la Argentina. Eva Perón y Paco Jamandreu, dos lenguas afiladas en el canto de la hipocresía de la buena sociedad, parecen reproducir por momentos un guión desopilante de Copi:

Otro día llegué a probarle a las 20.

–¡Pero, che! Te estoy esperando desde las seis de la tarde. ¿Dónde te metiste? Hablé a tu casa y allí no sabían nada.

–Vengo de lo de Zully Moreno. A propósito, Zully le manda sus saludos.

–¡Que se los meta en el culo! –fue su respuesta delante de todos.

El sello cordobés Caballo Negro presenta una nueva edición con un texto introductorio de Mariano López Seoane, que descubre en las memorias de Jamandreu ecos de una escritura barroca latinoamericana (“… oímos a Lamborghini, a Perlongher, a Noy, incluso a Marosa di Giorgio”), el cultivo de una lengua lujosa, que ama el repertorio de nombres propios, casi siempre de divas clientas o de enemigos jurados, y el repaso de éxitos personales en simultáneo con un collar de arbitrariedades hilarantes: “no tengo ninguna simpatía por las azafatas”; “el pobre contrabandista, que era un hombre muy bien…”; “la gente en todo el mundo confunde la homosexualidad con la mariconería”, “yo creo que el Fondo Nacional de las Artes nunca auspició nada que sirviera para nada”.

La serie de desencuentros amorosos, que Jamandreu relata con distancia y malicia, lo define: “Ese amor desgraciado me dejó profundas huellas y maravillosas enseñanzas. Por un lado me humanizó. Por el otro, me hizo querer aún más mi trabajo”. O: “Le pagué con la misma moneda: por cada disgusto que me dio me acosté con uno de sus amigos. Me dio muchos y tenía muchos amigos”. Pero también: “Oíme, pichón: yo he amado mucho. Me han amado mucho y voy a amar mucho todavía”.

“Es un libro de culto, del que habíamos escuchado hablar pero no conocíamos”, comenta el editor Alejo Carbonell, “inconseguible hasta ahora. Es una biografía riquísima, contradictoria, exuberante, cuyo resultado es una descripción aguda de cuarenta años de cultura argentina.” La cabeza contra el suelo –enigmático título que parece aludir a la vergüenza y la derrota, pero también al erotismo y el arrebato espiritual– integra la Colección de la Buena Memoria y recupera un testimonio tan vibrante como irreverente de un glamoroso pasado común.

 

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El Teatro queer, de Wilde a Muscari

Alberto Leonelli es Licenciado en  Actuación y su conocimiento y amor por el teatro sumado a su identidad como “sujeto lgbtiq”, como se define, están medularmente conectados con la trama del libro que acaba de publicar: El teatro queer, de Wilde a Muscari.

Alberto Leonelli, en la presentación de su libro

En este diálogo con Boquitas pintadas, Alberto, además de referirse al desarrollo del libro, que apunta a rescatar los últimos cien años de la dramaturgia occidental europea,  norteamericana y latinoamericana a través de sus más importantes representantes glbtiq, habla del gran escritor chileno Pedro Lemebel, que murió hace pocos días. “Pedro aportó integralmente, cruzando diferentes lenguajes artísticos: la performance, el teatro, la poesía, la literatura  y la militancia a una cultura queer auténticamente latina y sudaca. Fue una maravillosa espina viva clavada en la conciencia y en la vida de la retrógrada sociedad chilena”, dice. “Su principal talento fue ser él mismo y permitirnos compartirlo”.

- ¿Hay una cultura queer? ¿Qué la define?

- Me parece que la sumatoria y aportes de l@s que nos precedieron en el campo de las artes, la filosofía y la militancia queer y la apertura y conocimiento de diferentes manifestaciones culturales periféricas visibilizan corrientes contra-culturales diversas que podrían englobarse en el término “cultura queer”. Hay obras de teatro y autor@s queer, hay cine, literatura, filosofía y  música queer, hay expresiones visuales y performáticas, hay deportes y políticas queer.

- ¿Qué es el teatro Queer? (teatro de otredades)

-¡La respuesta está en el libro! ja ja…En realidad no lo sé con certeza…simplemente me arriesgo a definir libremente teatro queer  como aquellas obras de teatro relacionadas con la temática glbtiq (gay, lésbico, bisexual, trans, intersex y queer) en sus historias y personajes, publicadas principalmente en la segunda mitad del siglo XX y las primeras de XXI en occidente y escritas por autor@s glbtiq.

- ¿Por qué plasmarlo en un libro?

- El libro es el resultado al que arribé después de trabajar cinco años con mi tesina de graduación en la Licenciatura en Actuación del I.U.N.A. (ahora llamada Universidad Nacional de las Artes) de Buenos Aires y mi necesidad de dar a conocerlo y difundirlo porque no encontré material publicado en nuestro país y que versara sobre la temática en cuestión.

- ¿Qué recorte temporal hacés para este análisis?

- Traté de enfocarme brevemente en los últimos 100/110 años de la dramaturgia occidental europea,  norteamericana y latinoamericana a través de sus más importantes representantes glbtiq.

- ¿Cómo es el contrapunto Wilde / Muscari?

- Tomo emblemáticamente a Oscar Wilde como punto de partida, no porque haya sido un escritor “queer” abiertamente en sus obras, sino por su alocada vida pública y privada queer y su final trágico relacionado con su orientación sexual y a Muscari, como el representante argentino y latinoamericano de una literatura dramática queer contemporánea abierta y sin tapujos.

Alejandro Viedma lee un texto sobre el libro de Leonelli; a su lado, Miguel Ángel Diani (dramaturgo y actual presidente de Argentores) y María Rosa Figari (docente UNA y UNTREF, investigadora)

- En el libro se habla del teatro queer en Europa, EE.UU, América latina: ¿Qué diferencias fundamentales hay en esos distintos territorios?

- Independientemente de las idiosincrasias de cada cultura, l@s autor@s glbtiq siempre se han tenido que enfrentar a una glbtiq-fobia institucionalizada, sean en sistemas liberales-capitalistas o en sociedades socialistas/comunistas…Hay obviamente un tratamiento diferente de los personajes a medida que el movimiento glbtiq se hizo más visible en las sociedades occidentales heteronormativas y por supuesto, la paulatina, aunque no definitiva, ruptura del estereotipo teatral de “La loca-mariquita-peluquera” muy abundante en nuestra cultura patriarcal latina.

- Hace poco se marchó Lemebel: ¿Qué podrías decirnos de su aporte en el teatro queer?¿cuál fue su principal talento?

- ¡Qué pena infinita! Tuve la fortuna de verlo dos veces en los últimos años en Buenos Aires “performando” sus poemas…Pedro aportó integralmente, cruzando diferentes lenguajes artísticos: la performance, el teatro, la poesía, la literatura,  y la militancia, a una cultura queer auténticamente latina y sudaca. Fue una maravillosa espina viva clavada en la conciencia y en la vida de la retrógrada sociedad chilena. Su principal talento fue ser él mismo y permitirnos compartirlo.

- En la Argentina: ¿Nos mencionás los principales exponentes y qué creés que tuvo de particular esta manifestación en nuestro país? 

- Creo que el principal exponente fue y es Copi, quien vivió y escribió prácticamente toda su revulsiva obra auto-exilado en Francia. ¡El Cachafaz de Copi debería enseñarse en los colegios secundarios a la par que el Martín Fierro de Hernández o  El matadero de Echeverría! Imposible no mencionar a Manuel Puig y su emblemática El Beso de la mujer araña o la explosión performática-parateatral pos-dictadura de artistas tan transgresores como Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, entre otrxs. También quisiera destacar el aporte de la artista argentina radicada en México Liliana Felipe. Y obviamente, el emblema de la dramaturgia queer contemporánea argentina es José María Muscari. Sus obras, personajes, historias y cruce de estéticas lo posicionan como un referente incuestionable.

- ¿Por qué elegís el uso de la @ en lugar de los tradicionales masculino y femenino que propone el lenguaje aprobado por la Real Academia?

- Porque me parece que es un símbolo más abarcador, respetuoso, provocador e incluyente, sin necesidad de referirse a la tan esquemática y encorsetada clasificación de géneros de la lengua castellana.

- ¿Por qué el uso de palabras como desviados, degenerado, anómalo, tan negativamente instalados en el imaginario de mucha gente? ¿Qué intentas hacer al usarlo en sentido positivo? 

-Me emocioné, indigné y divertí mucho escribiendo el material y sabía en concreto qué quería lograr con la resignificación de ciertos vocablos. El idioma castellano es heteronormativo y me parece que hay que romperlo para recrearlo y enriquecerlo con nuevas palabras-boomerang. La riqueza y la variedad de un idioma también está en los pliegues, en los contornos, en los intersticios, en los agujeros semánticos del sistema heterocapitalista.

 

Dónde comprarlo: El libro se encuentra disponible en Librerías Antígona y Hernández de Capital Federal y para consulta en las Bibliotecas de Argentores de todo el país. También se pueden contactar conmigo (para adquirirlo o no) por Facebook a Alberto Leonelli o a la página El teatro queer de Wilde a Muscari.

 

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El olor de tu remera, relatos y poemas trash para leer este verano

Facundo Soto o Porno Soto, como eligió firmar en su último libro: El olor de tu remera. Este prolífico autor volvió a publicar bajo la editorial Eloísa Cartonera. Esta vez deleita con poemas y ensayos “superautobiográficos”, según él mismo lo define.

Soto cuenta a Boquitas pintadas que el libro surgió porque su amigo Cucurto le propuso publicar a través de su sello Eloísa Cartonera. “Yo había hecho de antólogo para Vivan los putos y al toque me pidió que hiciera otra antología. Ahí convoqué a los escritores que me gustan y armé el libro que acaba de salir. Se llama Fetiche y quedó buenísimo”, dice.  En un principio era doble, pero ahora metieron los dos tomos en uno. “Lo copado es que son re baratos”.

El dibujo que abre El olor de tu remera

Entonces, empieza a enumerar que seleccionó un texto de Adrián Melo que le gusta; está  Mariana Enriquez y hasta Pedro Lemebel, que se copó con el proyecto y envió un texto. También está Gabriela Cabezón Cámara, Laura Ramos, Susy Sock, Marianito Blatt, Peter Pank, entre otros.

“Al toque me pidió un libro mío, que me encantó dárselo para que lo armara Cucurto. Como tengo confianza me gustó entregarle el material. Era un libro de 15 ó 20 cuentos, para que él eligiera algunos”, comenta Soto. Ése fue el comienzo de El olor de tu remera., el último libro suyo que recomendamos desde Boquitas. “Cucu había leído Plastilina, un libro mío que es una rareza, difícil de conseguir, yo digo que es mi libro fantasma. Y  de ahí sacó uno o dos textos”, cuenta.

“Como él es re queer y no cree en los géneros, le gusta hacer cambalaches, mezcolanzas, deformar, entonces no hizo un libro de relatos, sino de relatos y poemas al final. Y me encantó cómo quedó. Le hizo ilustraciones y todo”.

La portada de Vivan los putos, con edición y prólogo de Soto

Ahora las pinturas de Cucurto están exhibidas en un festival en Portugal, también participa de una muestra en una galería donde Soto tiene su Laboratorio de Literatura Gay Queer. Después de esto van a viajar a un museo de Rosario. “O sea, todo un halago que él ilustre el libro”, dice Soto, admirador de este proyecto literario cooperativo.

La primera ilustración se llama Soto Porno y es la que abre el libro. Cuenta él que el libro no tiene sólo situaciones sexuales sino que hay climas muy tiernos. Por ejemplo, de un chico que conoce a otro bajo la lluvia, el día que apareció la supuesta nube de mercurio en Puerto Madero y fue caótico. Hay una fantasía del protagonista con el chico que lo cubre con el paraguas y este lo lleva a un descampado de zona norte donde parece que va a pasar algo, envueltos en una nube de neblina; sin embargo saca una notebook y le dice que ahí está el alma de todas las personas muertas y el protagonista habla con su padre muerto. “Después hay poemas que son medio inconseguibles, que habían salido como plaquetas en Proveedora de drogas, hace un par de años”, agrega.

Los invito a leer dos de los textos del libro

 

En invierno me cuesta salir de la cama

Estoy calentito ahí, envuelto entre las sábanas y frazadas como si fuese un canelón; me cuesta salir de la cama. Pienso que a la noche voy a volver a un lugar parecido, a la cama de mi novio, para ver los últimos capítulos de Six Feet Under, y me pongo contento. Estamos identificados con los personajes de la serie: uno es un policía negro, y el otro un sepulturero rubio. De a ratos uno es el negro y el otro el blanco. Después cambiamos, según nos convenga la situación. Nos decimos cosas a través de ellos. El café está oscuro. Lo revuelvo. Mientras los granos de café me explotan en la boca pienso que mi cafetera no es express, como la de mi novio. Me lavo los dientes y salgo. Cuando estoy cerrando la puerta vuelvo para asegurarme que apagué la tele. El informativo repite las mismas noticias de la noche, sin ninguna investigación ni desarrollo. Camino por el pasillo de mi casa. Paso al lado de Stan, el grafiti de South Park, que hice con aerosol, y me río. Mi hija se enoja cuando hablo con ellos. Dice que estoy loco. Yo le digo que ellos son mis amigos.

En el subte intento leer Mármol, de César Aira. Tiene una tapa cool, pero el texto no me engancha. Me distraigo mirando a los chicos que viajan parados. Me gusta contemplarlos y desearlos. Los imagino desnudos. Cuando estoy por bajar, una mujer me empuja y quedo atrás de un chico. Se me para la pija al toque, y él se la calza en el culo, haciendo un movimiento mínimo. Después se reclina un poco para atrás y siento su culo duro como una piedra y su agujero otra vez buscando mi verga.

Al mediodía, mientras como arroz con calamares, escribo sobre Divine, la actriz fetiche de John Waters. Me acuerdo que estuve en la puerta de su casa, en Maryland, Estados Unidos, cuando viajé con el equipo de fútbol. Me saqué una foto debajo de su árbol. Escribo y corrijo el artículo para el diario, aunque, probablemente, nunca salga publicado. El actor es una mujer, pero descubro que de joven era un hombre flaco y masculino. Después, cuando se hizo travesti se volvió obesa. Al  final de la película Pink Flammingos, Divine come caca de perro. Googleo y aparece una película sobre su vida. La veo. Hablan del trauma que le dejó hacer comer caca recién cagada por un perrito.

En mi trabajo entrevisto gente. A algunos los escucho; a otros los miro como si los escuchara, pero pienso en otra cosa. Se me ocurren ideas para escribir. Imagino sus vidas. Algunos chicos me gustan, otros me aburren. Postergo llamar a Francisco y decirle que, como renunció a su trabajo no corre el aumento que le habíamos anunciado. También postergo la reunión con mi jefe para pedirle unos días libres.

El día se me pasa volando, pensando en lo que voy a hacer después. Cuando estoy en la cama, tapado hasta el cuello, con el café al lado y medio chocolate Shot en la mano (la otra mitad está en la boca de mi novio), prendo la tele. Meto el DVD de Six Feet Under, y otra vez nuestras vidas parecen tener sentido.

 

Los pibes feos son los más lindos

Me gustan que tengan cara de malos. Y si huelen mal,

Mejor. Uno adentro del otro. Dos mundos girando.

Rotando sobre su eje. Los dos para el mismo lado.

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Los días felices de Juan y su pareja Fabián

El periodista Daniel Gigena propone esta reseña sobre Morón, el último libro de poemas de Juan Fernando García. Recorre algunos de sus versos, les toma el puso. También se explaya en el proyecto Muchos Días Felices, que Juan creó junto con su pareja Fabián. Los invito a conocer esta original propuesta, un convite a poetas, artistas, narradores, cantantes, diseñadores, dibujantes, actrices y filósofos para que cuenten un día feliz en sus vidas.

Morón, un libro de poemas

Por Daniel Gigena

Juan Fernando García y Fabián Muggieri

“Busca destellos/ en canciones conocidas/ versos infames/ lugares comunes/ insistencias de rimas consonantes/ y si fuera posible algo romántico/ seguro lo repetiría.” La primera estrofa del poema “Bajo la ducha”, de Juan Fernando García (Necochea, 1969), define por aproximación los procedimientos de Morón, su nuevo libro. Morón también es el nombre del perro que vive con Juan y su pareja, Fabián Muggieri, quien estuvo a cargo del hermoso diseño de libro, con fotos en blanco y negro de la mascota filtradas por diferentes matices. A ambos, a Fabián y a Morón, está dedicado el cuarto libro del poeta y colaborador en medios gráficos y virtuales con notas sobre literatura.

La escritura de JFG, hecha de impresiones, de sensaciones, de reflexiones cautas sobre la vida próxima, se completa casi siempre con un movimiento (figurado o no) hacia lo alto: “Los distintos momentos/ del azul y del naranja/ en el atardecer/ imprimen –en esa insistencia aguada–/ melancólicas briznas/ sobre frutos estallados en el césped:/ danza entre velos de telarañas/ fragancia desmayada del pinar”. En ese fragmento del gran poema inaugural “Es el río que vuelve”, las huellas dejadas por el perro circundan un escenario, el de las islas del delta, de donde proviene el huésped manso, sociable, que se deja cautivar por las calles de Colegiales y “la trama de sus ramas”. Como en Flush o King, dos célebres novelas inglesas protagonizadas por perros (una de Virginia Woolf y la otra de John Berger), la vida entra en la literatura desde la perspectiva de una mascota.

Se perfila en Morón, además, la intimidad de una historia conyugal, la del autor y su pareja, por completo integrada a la que el libro cuenta, a través de paseos (el lector imagina una salida por cada día de la semana, ya que en el libro hay siete), visitas al Botánico, vacaciones y lecturas. En “Festejo”, con el trasfondo de las fiestas de fin de año, se lee: “Y allí dijimos: nunca pensé/ que bailaría con vos/ estas canciones”. En “Escena de la vida doméstica”: “Bajamos las persianas/ para ser un poco más íntimos,/ no descubrirnos en ese cruce de miradas/ que nos delatarían”. O en “Los placeres y los días”: “Dejo lo que estoy leyendo,/ apunto en fotologs familiares/ comentarios sobre flores y comidas;/ un artista de mi generación alaba/ al capitalismo”. Morón permite, mediante una entonación gentil y sonriente, una lectura del modo en que el universo cotidiano se conecta, día a día, con el de los demás, igualmente insular, incluso remoto: “Que en una luz vengan/ o que las traiga un sueño”. Ese y otros deseos se cumplen en la lectura del libro.

 

Más y más días felices

Juan Fernando García y Fabián Muggieri han creado hace años un proyecto denominado Muchos Días Felices, en el que poetas, artistas, narradores, cantantes, diseñadores, dibujantes, actrices y filósofos contaban un día feliz en sus vidas. Diseñado por Muggieri, el sitio web transmite un sentimiento cálido, apacible y casi universal (consuela imaginar que hasta la criatura más desamparada del mundo tuvo al menos un día feliz) mediante textos breves y fotografías de reuniones con amigos, salidas con hijos, bodas, siestas con mascotas, paisajes, recitales de rock y arcoíris. Morón es el primer título de ese proyecto volcado al papel, donde la imagen y los textos se encuentran en un soporte –el del libro impreso– que tanta felicidad trae todavía al mundo.

Morón empezó, como casi todo lo que escribo, sin forma. Creo que aparecieron algunos poemas de la vida doméstica, amorosa, y de repente se coló el perro. Un animal que rescatamos en el arroyo Marchini, en Tigre, y que entró a nuestra vida, con todo el agradecimiento y la fidelidad que un perro rescatado te regala –comenta JFG–. Y ahí, entre esos poemas, se me impusieron los paseos, que yo vivía como escenas diferentes cada día, en medio de un barrio muy verde, como es Colegiales. Alternaba los poemas amorosos, con esos paseos, como series distintas, tal vez. Cuando el libro empezó a tomar forma, pensé en esas estancias que podía alternar, donde sólo hablo de Morón.” Testimonio discreto de las formas que el amor adopta, y del amor como novedad creativa, Morón es un libro para hablar de la dicha y de la felicidad cotidiana.

 

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Relatos de viajes de dos mujeres enamoradas

Esta vez, la escritora y periodista Paula Jiménez España, nos deleita con Paisaje alrededor (Editorial Bajo la luna), un libro de poemas inspirados en los viajes que hizo en su vida, algunos de ellos, en compañía de la mujer que amaba.

Su libro tiene un epígrafe de Proust, en el que cuenta cómo se vio compelido a escribir luego de ver durante varios días seguidos dos campanarios al volver a su casa. Para librarse del peso de esos campanarios, dice. Por eso escribe.

Paula Jiménez España, en una lectura; Foto de Facebook

Jiménez España comenta a Boquitas pintadas: “Yo escribo por lo mismo, para librarme de un peso. Y además con los viajes pasa algo intransmisible, más del orden de lo poético que de lo concreto. En los viajes vamos al encuentro de una metáfora, de un aprendizaje, de una sanación. Igual que con la poesía”.

Ella cuenta que en este caso eligió la poesía. Es cuentista, también. “Para mí la poesía es lo más natural o primario, lo que me surge ni bien agarro un papel; al menos la mayoría de las veces es así. Y porque con la poesía llegó a decir en modo sintético lo que con la narrativa me llevaría mucho más”.

Paisaje alrededor, este libro que presenta esta noche en Casa Brandon, tiene momentos lésbicos. “Lo que tiene de lésbico este libro no es una mirada en particular, sino el relato de una serie de viajes en compañía de un amor, que en mi caso es una mujer”, dice “Lo cual no es poco desde el punto de vista de la visibilidad: la poesía de mujeres lesbianas le escabulle, por lo general, a visibilizar el género”.

Según Jiménez España, la poesía está llena poemas de amor de una mujer a otra, pero no siempre nos enteramos de esto. Ella lo vivió así: “Se usa el neutro, muchas veces, o se recurre a recursos evasivos. Hay mucho qué decir sobre esto, preguntarnos por qué esto sucede más entre las poetas lesbianas que entre los gays. Ojo, que menciono esto es porque yo misma estuve en el clóset de modo consciente a la hora de escribir hace años”.

Según cuenta Jiménez España, ahora disfruta y trata de desplegar una poesía que va evidenciando particularidades per se. “El amor es el mismo en cualquier tipo de relaciones y no lo es. En cuanto a la poesía, no es el tema lo que la diferencia sino un cierto sentimiento de ruptura y disidencia que pone a todxs lxs disconformes de un mismo lado, seas lesbiana o no lo seas”, dice. “Es una actitud política aunque estés hablando de mariposas o pajaritos”.

Paula Jiménez España; Foto de Facebook

Punta norte

(incluido en el libro Paisaje alrededor)

 

Sopa de quinoa, arroz, frijoles, una ensalada verde, pescado.

La mesa está servida

y tres desconocidos se sientan con nosotras.

Solo aquí podemos conseguir un plato de comida, igual que ellos

que participan de nuestra intimidad. No estamos solas,

ni siquiera este día

en un hotel en el confín del mundo.

Pero a la mañana siguiente un sol radiante

sale como un dios de las entrañas del Titicaca

y todo sigue igual que en los mejores tiempos.

Te quiero, digo, te quiero como si fueras mía

como si me hubiera metido a navegar en tu sangre

para desembarcar en esta cama

frente a un agua planchada y brillante

cada día, como el hielo.

 

Paisaje alrededor se presenta este jueves 20 en Casa Brandon a las 20 horas

¡Nos vemos ahí!

 

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