Claudia Pía Baudracco: se presentó un documental sobre la activista trans

El 27 de marzo, en el Salón Raúl Alfonsín de la Legislatura porteña, se presentó Si te viera tu madre… Huellas de una leona, el documental de Andrés Rubiño sobre la activista por la igualdad y el acceso a todos los derechos para las persona trans (travestis, transexuales, transgéneros) Claudia Pía Braudacco (La Carlota, 1970 – Buenos Aires, 2012).
El periodista Daniel Gigena estuvo allí y lo cuenta para Boquitas pintadas.
“Victimizadas de modo gravísimo”, según sentenció la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la población de personas trans en la Argentina es una de las más desfavorecidas: registra una alta tasa de mortalidad, se halla marginada del mercado laboral y padece condiciones de vida y de salud nefastas. 
En junio de 1993, junto con María Belén Correa, Claudia Pía fundó la Asociación de Travestis de Argentina que, años después, en 2001, cambió su nombre a ATTA (Asociación Travestis, Transexuales de Argentina) y luego, con el agregado en la sigla de las personas transgéneros, se denominó ATTTA. Desde esa agrupación, Claudia luchó por la derogación de los Códigos de Faltas y Contravencionales, que criminalizaban la homosexualidad y el travestismo en varias provincias argentinas; hoy, esos artículos han sido eliminados por completo gracias a una lucha colectiva de la que ella constituye un emblema. 
Víctima de la represión y el hostigamiento policial, encarcelada por una causa por drogas orquestada por Gendarmería Nacional (de la que fue absuelta luego de cuatro años), pionera del activismo trans, Claudia contribuyó a fortalecer la demanda por la ley de identidad de género cuando, en 2010, exigió un DNI acorde con su nombre y sin que ello implicara el sometimiento a pericias físicas y psiquiátricas consideradas denigrantes.
Todos recuerdan, y en el documental de Rubiño ése es uno de los momentos más emotivos, su intervención en el debate en Comisiones en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional. Su causa personal, sin embargo, quedó pendiente de resolución en un juzgado federal y Claudia murió, el 18 de marzo de 2012, a los cuarenta y dos años, sin obtener el DNI con su propio nombre. Por ese motivo, la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura porteña, presidida por la diputada María Rachid, la Mesa Nacional por la Igualdad, ATTTA y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) lograron que en 2012 la fecha de la muerte de Claudia se instituyera como “Día de la Promoción de los Derechos de las Personas Trans”.

Documentar y homenajear una lucha
El documental de Rubiño, que contó con el apoyo de la historiadora María Marta Aversa, quien actualmente trabaja en una biografía de Claudia Pía Baudracco, y la colaboración de la amiga y militante trans Patricia Rasmussen, reconstruye la vida de la reconocida activista. En Si te viera tu madre… Huellas de una leona, ambas siguen los rastros de Claudia por el interior del país (de San Juan a Córdoba, de Chubut a Jujuy, de Santiago del Estero a Salta), adonde Claudia viajaba para organizar a las comunidades trans en temas de identidad de género, salud, compromiso social y protección ante los abusos de poder por parte de la policía y de las agencias judiciales.
La figura de esa “leona” que fue Claudia es abordada mediante testimonios directos de sus familiares, de sus amigas, de sus compañeras y compañeros de militancia como Patricia, Claudia Castro o María Belén Correa. “Era una militante que te estimulaba”, comenta entre lágrimas Claudia Castro, vicepresidenta de la FALGBT, y recuerda el efecto persuasivo de la intervención de Claudia cuando se discutía la ley de identidad de género en el Congreso Nacional o cuando se discutían consignas para las marchas del orgullo porteñas.
“Compañera en la calle, en el calabozo, en su casa”, la define Aversa. Claudia Pía terminó el secundario en la cárcel e incluso allí organizó a sus compañeras detenidas para exigir mejores condiciones de vida. Representante de una generación de travestis perseguidas por la policía y discriminadas por el Estado argentino, Claudia Pía declaró: “Hoy digo que con tanta represión, con tanta tortura, igualmente volvería a nacer trans porque así soy feliz”. Si te viera tu madre… Huellas de una leona registra, a partir de la figura irremplazable de Claudia Pía Baudracco, el nacimiento de una época de igualdad jurídica impensable pocos años atrás en la Argentina. Hoy, cuando diversas asociaciones luchan para que esa igualdad jurídica se transforme en una igualdad real, su gesta de militante debe ser recordada con respeto, gratitud y reconocimiento.

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30 años de democracia y 10 conquistas de la comunidad gay y trans

La Comunidad Homosexual Argentina (CHA), una organización sin fines de lucro dedicada a defender los derechos de minorías sexuales, a 30 años de la democracia repasa las conquistas obtenidas en cuestiones vinculadas a la igualdad de derechos.

Raúl Alfonsín, en las elecciones de la vuelta a la democracia; foto: archivo LA NACION

El presidente de la CHA, César Cigliutti, señala: “Esta fecha nos ayuda a poner en perspectiva toda nuestra lucha que iniciamos en la CHA luego de la última dictadura militar. Por eso, enviamos la información de nuestras principales conquistas que produjeron, cada una de ellas, un cambio social y cultural”. Hace más de 29 años que esta organización trabaja por la inclusión. Y agrega: “Es reconfortante conocer nuestra historia y tener memoria para saber cuánto costó y cómo llegamos a esta actualidad. Quedan sin enunciar muchas acciones y luchas, pero con el criterio de seleccionar las más trascendentes, seguirán estando en nuestra ilustre historia”.

La CHA entiende que en este día de celebración para la democracia argentina, es apropiado recordar con orgullo su lema, la guía de sus acciones y compromiso por los derechos humanos: “En el origen de nuestra lucha está el deseo de todas las libertades”.

Las 10 principales conquistas de la comunidad gay, lésbica, travesti, transexual, bisexual e intersexual (GLTTBI) en la democracia

Una de las postales del libro Rostros de un triunfo; foto: Fuentes2Fernández

1- Creación de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y Personería Jurídica de la CHA

16/04/1984: En la discoteca Contramano, se realiza la primera asamblea que funda y da nombre a la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), y que contó con la participación de unas ciento cincuenta personas. En esta asamblea también se estableció como objetivo primario y de emergencia luchar contra la represión y los edictos policiales heredados de la dictadura militar.

La CHA fue la única organización LGBTTI en la Argentina durante los primeros 8 años de democracia.

20/03/1992: Se otorga la personería jurídica a la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) después de años de lucha y luego de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazara la inscripción en la Inspección general de Justicia (IGJ). Es el primer precedente legal en Argentina en la conquista de los derechos de la comunidad GLTTBI.

2- Marcha del Orgullo Gay Lésbico Travesti, Transexual, Bisexual, Intersexual, Bisexual y Queer:

02/07/1992: Con la convocatoria de Carlos Jáuregui y César Cigliutti, por primera vez en la Argentina se realiza la “Marcha del Orgullo Gay-Lesbiano”. Desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso de la Nación 300 personas marchan en esta oportunidad. Impresionante cobertura de los medios de comunicación.

Las Marchas del Orgullo se realizan todos los años y siempre fue creciendo su convocatoria. La última marcha superó a las 100.000 personas.

3- Constitución de la Ciudad de Buenos Aires

01/10/1996: La Convención Constituyente de la Ciudad de Buenos Aires aprueba la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. Es la primera vez en Argentina que se pronuncia en contra de la discriminación por Orientación Sexual.  “El Artículo 11.- Todas las personas tienen idéntica dignidad y son iguales ante la ley. Se reconoce y garantiza el derecho a ser diferente, no admitiéndose discriminaciones que tiendan a la segregación por razones o con pretexto de raza, etnia, género, orientación sexual, edad, religión, ideología, opinión, nacionalidad, caracteres físicos, condición psicofísica, social, económica o cualquier circunstancia que implique distinción, exclusión, restricción o menoscabo. La Ciudad promueve la remoción de los obstáculos de cualquier orden que, limitando de hecho la igualdad y la libertad, impidan el pleno desarrollo de la persona y la efectiva participación en la vida política, económica o social de la comunidad. “

4- Ley de Unión Civil:

12/12/2002: La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprueba la Ley de Unión Civil (Ley Nº 1004). Es el primer antecedente y el primer reconocimiento de las parejas de gays y lesbianas en Latinoamérica y el Caribe. Promulgada el 17 de enero de 2003 por el Decreto N° 63. El proyecto fue presentado por la CHA en la Legislatura de la Ciudad de Bs.As. el 28 de agosto de 2001. El 18 de julio de 2003 se realiza la primera Unión Civil cuando César Cigliutti (Presidente de la CHA) y Marcelo Suntheim (Secretario de la CHA) inauguran el Registro de Uniones Civiles. Es el primer antecedente del Matrimonio Igualitario.

5- Ley de Educación Sexual Integral:

04/10/2006: El Senado aprueba la Ley Nacional de Educación Sexual Integral N° 26150 y establece la creación del Programa Nacional de Educación Sexual Integral en el ámbito del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. La ley fue aprobada por 54 votos contra 1.

6- Pensión por fallecimiento:

18/08/2008: ANSeS aprueba la Resolución 671/2008 (por las reiteradas presentaciones de la CHA) que reconoce la pensión por fallecimiento a las parejas del mismo sexo. Es la primera vez en Argentina que el estado reconoce a nivel nacional a las parejas homosexuales. “Artículo 1º — Declárese a los convivientes del mismo sexo incluidos en los alcances del artículo 53 de la Ley Nº 24.241, como parientes con derecho a la pensión por fallecimiento del jubilado, del beneficiario de retiro por invalidez o del afiliado en actividad del Régimen Previsional Público o del Régimen de Capitalización, que acrediten derecho a percibir el componente público.”

Javier Fuentes registra la media sanción en Senadores; el fotógrafo que lo retrató es su pareja, Nicolás Fernández: Foto: Fuentes2Fernández

7- Ley de Matrimonio Igualitario (Ley N° 26.618):

15/07/2010 Se aprueba en la Argentina la Ley de Matrimonio Igualitario, en la Cámara del Senado con 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones. Argentina es el primer país en Latinoamérica y el Caribe y el 15ª en el mundo que otorga este derecho a las parejas del mismo sexo.

8- Ley de Identidad de Género (Ley N° 26.743):

09/05/2012: La Cámara de Senadores de la Nación aprueba la Ley de Identidad de Género (con 55 votos a favor). Permite la rectificación registral sin obligación de acreditar intervención quirúrgica ni terapias hormonales u otro tratamiento psicológico o médico. La CHA presentó el proyecto que fue usado de base para la ley.

9- Ley de Reproducción Humana Asistida (Ley N° 26.862, Fertilización Asistida)

05/06/2013: La Cámara de Diputados de la Nación aprueba la Ley de Reproducción Humana Asistida (Fertilización Asistida) por 204 votos afirmativos y 10 abstenciones,  garantizando el acceso universal a los procedimientos y técnicas de reproducción, La CHA presentó la inclusión de las parejas del mismo sexo en el proyecto.

10- Ley de Identidad de Género para una niña de 6 años (Luana):

09/10/2013: Luana (“Lulú”) recibe su DNI con su identidad de Género. Por la acción de la CHA, es el primer caso en el mundo, por la edad de Luana (seis años), que una persona transexual tiene su documento con su verdadera identidad de género sin judicializar el trámite.

30 años de democracia: especial de LA NACION

 

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Vida Morant: “A veces las personas trans causamos una risa burlona”

El Cuerpo, el género, el transgénero, el deseo: ¿Quién es capaz de agregar un punto final a la palabra feminidad?, se pregunta Vida Morant, la autora de Vacías, el misterio de lo femenino. En la segunda temporada de esta obra que reflexiona sobre la irrevocable soberanía de la identidad, la directora de Vacías le dice a Boquitas pintadas: “Este año incorporamos un recurso muy fuerte que es el del espejo, ese es el corazón de la obra. Tomamos espejos, miramos a la cara al público, que está iluminado. La obra viene a contar esto: que la duda existencial acerca de qué ser, cómo apropiarse del deseo propio, cómo vivirlo sin vergüenza ni culpa, sentimientos que persiguen tanto a las femineidades, le ocurre a cualquiera”.

Eso siente uno: apropiarse de verdad del deseo propio es un desafío para todos y todas.

Vida Morant (Ana María, en la obra) comparte escenario con Checha Kadener (como Virginia) y Paula Díaz Martina (como Lucía, que tiene el desafío de ponerse en la piel de una identidad trans). Actrices que se entienden con sólo mirarse.

- Lucía es un personaje ahora más central este año, y se la ve más seria, ¿puede ser?

- Su personaje tiene esta coraza que es muy propia de las identidades trans, que han tenido que sostenerse por fuera firmes, fuertes, austeras en lo afectivo para defenderse. La otra opción, también muy presente en las identidades trans, podría ser todo lo contrario: un personaje absolutamente extrovertido, con el humor a flor de piel que a todo le pone humor y entonces parece que no termina comprometiéndose emocionalmente con nada. Ambas cosas son esto: una reticencia al compromiso emocional, porque son tan frágiles…Desde ahí intentamos construirlo con María Paula, sobre todo en esta versión de la obra.

- ¿Por qué transformaron la puesta?

- Sentí esa necesidad…En realidad la obra sigue hablando de la femineidad, del género y cuando digo género estoy pensando en lo transgénero. Lo que siempre quise evitar el año pasado es hacer una obra pedagógica, que viniera a enseñar, a desplegar conceptos, algo educativo tipo Paka-Paka (se ríe). Con esa intención me abstuve de desplegar un poco más.

Este año no hacemos una obra explicativa, pero sí clarificamos más algunas cosas. Y lo trans para mi este año es el eje de la obra. El personaje creció muchísimo. El año pasado al eje lo sostenía más el personaje de Ana María, que estaba más presente en la trama. Que se iba, no se iba, la excusa por la que estaban ahí y la excusa por la cual se iba. Y me pareció que eso no nos podía pasar a nosotras que somos una compañía de trabajo particular, que nos proponemos ser responsables como comunicadoras sociales y estamos abordando una temática que es muy compleja y muy sensible…en algo que para nosotras tampoco tiene respuestas: nosotros no venimos a contar cómo se hace para ser mujer o qué es la femineidad.

- El año pasado usaban más la palabra mujer, ahora está más lo femenino…

- Sí, porque empezamos a despegar la femineidad de la palabra, del concepto de mujer y, al mismo tiempo, necesitamos ampliar la palabra mujer. Si abordamos lo trans y pensamos en lo trans esa palabrita es un gran paraguas que nos incluye a muchas expresiones de género. Pero hay cierta reticencia todavía por la connotación histórica que tiene la palabra mujer, que está empezando a cambiar.

La mujer está empezando a ocupar otros espacios su voz empieza a tener otro poder. Pero por otro lado existe la ley de cupo para la mujer. Si estuviera tan instaurado no habría necesidad de una ley que habilite cierto número de mujeres en un parlamento político. No es lo mismo que años atrás pero aún falta.

La decisión de ampliar la temática trans al reflexionar en la obra sobre la femineidad para mi es inherente a la temática misma. Es un desafío también porque desde el feminismo muchas veces lo trans fue excluido. Tengo una frase fortísima que está presente en la idiosincrasia de la obra y es que no todo feminismo es feminista. ¿Con eso qué quiero decir? Que todavía, para una concepción del feminismo, está ligado a la apoteótica vagina, al ser mujer desde lo biológico.

La obra viene a contar que el sentirse mujer o expresarse mujer es un patrimonio de la femineidad y que la femineidad es un recorrido único irrepetible de cada persona. Es un recorrido en la construcción identitaria.

- ¿Qué devolución te hizo la actriz que encarna a Lucía?

- Ella me quiere matar desde el primer momento, desde que le enchufé el personaje el año pasado [se ríe]. Me quiere matar porque para ella fue un gran desafío: tuvimos que hacer un trabajo de mesa en cuanto a contarle cuestiones de lo trans, de la femineidad en sí misma, desde lo psicológico -porque hacemos un recorrido que tiene mucha influencia desde lo psicológico. Pero ella está agradecida porque pudo comprender cuestiones de la vida que no alcanzaba a ver porque no formaban parte de su interactuar cotidiano, inclusive siendo muy amiga mía. Porque yo tampoco soy representativa de todas las identidades de género. Empezar a desplegar esto, a compartir información fue un enriquecimiento de todas.

- ¿En qué está presente lo psicoanalítico?

- El psicoanálisis es uno de los primeros que vino a dar cuenta de que la sexualidad y la construcción identitaria del género no está ligada a la genitalidad. Es decir, no necesariamente. Y que también la construcción identitaria es algo que se hace desde el lenguaje y el lenguaje, las burlas, las vueltas que le hacemos al lenguaje en la obra, también está impregnada de esta cuestión del psicoanálisis.

- Freud habla del misterio de lo femenino…

- Claro, el psicoanálisis es el primero que intenta responder ante la pregunta de qué es una mujer y dice que no hay respuesta en relación a eso, que es un interrogante que se sostiene y nosotras venimos a completar eso en la obra diciendo que el interrogante se sostiene pero que la única respuesta es que no hay una única respuesta al modo que espera la ciencia. Sí tiene una respuesta en la apropiación irrevocable del deseo de cada persona.

- ¿Por qué pusieron a jugar el humor de modo tan fuerte?

- No todas las funciones resultan iguales. Hay momentos en los que la gente se ríe y nosotras no nos proponemos ahí hacer reír, no estamos proponiendo construir un hecho cómico ahí sino que la gente tiene esa reacción porque a veces le resulta intolerable o demasiado fuerte.

El momento en que más se aprecia eso es el de ronda rondita. Hay funciones donde no se mueve una mosca y otros en que es muy intenso pero la gente responde con risa. A veces, para el actor difícil eso. Nosotras nos sostenemos con lo que nos está pasando en ese momento, que no es gracioso. A lo mejor puede causar gracia al otro, como le puedo causar gracia yo a una persona en el subte. Nosotras causamos risa. A veces es una risa de burla.

- ¿Qué significan los espejos que aparecen en la obra?

- Este año incorporamos ese recurso del espejo, que es muy fuerte. Eso este año sentimos que es el corazón de la obra. Tomamos unos espejos, miramos a la cara al público, lo iluminamos, la gente es parte de eso. La obra viene a contar esto: que la duda existencial acerca de qué ser, cómo apropiarse del deseo propio, cómo vivirlo sin vergüenza ni culpa, sentimientos que persiguen tanto a las femineidades, le ocurre a cualquiera”.

Podés ver Vacías los sábados a las 22,45 en el teatro La Ranchería (México 1152)

 

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“Nosotros tenemos las leyes, pero muchos gays aún se esconden”

El cine de respeto a la diversidad sexual llegó mucho antes que las leyes y es el modo de arraigar culturalmente algunas conquistas. Así lo entendieron en Tel Aviv, considerada la capital cultural israelí, que organizó este año la Primera Conferencia Lgbt Internacional del Festival de Cine.

La Argentina, referente de la igualdad Lgbt, no podría estar ausente. El Lic. Alejandro Viedma, psicoanalista coordinador del grupo de varones gays en la ONG Puerta Abierta, uno de los asesores de este blog, fue convocado a participar de esa iniciativa que contó con charlas de diferentes especialistas del mundo. “Más que a dar cátedra fui a aprender y a empaparme un poco de lo que sucede allá”, cuenta Viedma luego de esa vivencia que lo tuvo en Israel durante diez días. En esta entrevista con Boquitas pintadas repasa su experiencia y sus impresiones.

- ¿Por qué viajaste a Israel?

- Fui invitado a dar dos charlas en la segunda semana de junio. Estoy muy contento y agradecido ya que esto significa un gran logro en mi profesión y más que nada por el enriquecimiento personal que trajo. Una de mis participaciones fue en la Primera Conferencia Lgbt Internacional del Festival de Cine de Tel Aviv. Me convocó Manrique Altavista, Agregado Cultural de la Embajada Argentina.

-¿Cómo fue participar en medio de un festival de cine?

- Las charlas acompañaron la promoción del cine Lgbt en Israel y estaban focalizadas en lo socio político. En el caso de mi conferencia, que no fue una actividad aislada, sino paralela a otras charlas durante la semana, hablé sobre la comunidad gay y trans en la Argentina. Los cambios sociales que tuvieron lugar, sobre todo en el último lustro, y los impactos psicológicos positivos en el país en general y en el colectivo Lgbt en particular”.

Rescato el buen trabajo de Altavista que, a través de su contacto con el director del festival, Yair Hochner, logró que en la cinemateca hubiese un segmento especial dedicado a cinco producciones argentinas. Además, él fue quien hizo una breve introducción -muy aplaudida por la platea- en la proyección del documental Putos Peronistas.

El Lic. Alejandro Viedma, en una exposición de arte en el Centro LGBT de Tel Aviv; Foto: Gentileza Alejandro Viedma

Respecto a la conferencia que di estuvo muy bien, también por la organización y ayuda de Manrique, incluso por la cuestión del idioma, ya que fue todo en inglés, y por la gran participación del público, súper interesado en la realidad argentina. Los aplausos que se llevó la proyección del documental Putos Peronistas también fue una demostración de esto.

Yo había empezado mi disertación contando sobre los últimos diez años de mi trabajo en Buenos Aires, sobre la conquista de las leyes, principalmente la de Matrimonio Igualitario y la de Identidad de Género, y también por lo que falta conquistar. No tardó en llegar el feedback con la platea, lo que yo llamo “el pogo discursivo” o “el agite simbólico”, que siempre para mí es lo más interesante.

Noté un público informado acerca de la historia argentina y no todo se limitó a la cuestión de la diversidad. Por ejemplo, dos personas en dos días distintos preguntaron acerca de los desaparecidos en la última dictadura militar. “¿Qué pasó con las personas desaparecidas en la Argentina?”, indagó una persona del público al final de mi conferencia.

La sala central donde se proyectaban las películas y donde se realizaban las conferencias; Foto: Alejandro Viedma

- ¿Conociste el centro LGBT? ¿Cómo funciona?

- Sí, en Tel Aviv hay un centro Lgbt de tres pisos, al fondo del parque Gan Meir. Mi conferencia se realizó ahí, en ese amplio y bello Centro, algo que en la Argentina no tenemos. Son instalaciones muy cómodas, con dos barcitos, muchas salas, un microcine, un hall con murales de arte, una escalera con una galería de fotos de familias homoparentales, familias diversas.

Esa semana también se hacía el testeo de VIH de manera gratuita. Es un lugar moderno y luminoso en donde se llevan a cabo muchas actividades grupales.

- ¿Qué otras películas viste en el festival?

- Fuimos a la apertura y el recinto estuvo colmado. Vimos la proyección de una película Israelí muy interesante sobre un muchacho que descubre su costado homosexual mientras estaba de novio y conviviendo con una mujer. Esto hacía que conviviese con un conflicto interno, en secreto y sintiéndose perseguido, ahogado, torturado. El film se llama Snails in the rain.

- ¿Qué es lo que más te llamó la atención de Tel Aviv?

- Lo primero fue la visibilidad, principalmente de los varones gay. Me encontré con una ciudad embanderada por los colores diversos del arco iris, banderas que estaban integradas a las avenidas, las calles, los semáforos, los postes de luz, los locales comerciales, los balcones, al arte callejero, a los shoppings, porque era “la semana gay”. La marcha fue la apertura, el viernes 7 de junio, que, según leí en los medios locales, fue multitudinaria.

Pero, por otro lado, allá no tienen leyes tan de avanzada como las nuestras. Paradójico, ya que aquí no se vive la visibilidad que allá sí, sobre todo supongo que por lo coyuntural de esos días. Nosotros tenemos las leyes, pero en general la gente se esconde más.

La sede del festival internacional de cine Lgbt en Tel Aviv; Foto: Alejandro Viedma

También me sorprendió ver lo común que es allí que los varones hetero, papás, estén solos con sus hijos. Se los ve con los cochecitos y son muy cariñosos con sus niños, los llevan a pasear o a la playa, los cambian, les dan su mamadera y demuestran mucho afecto. Yo me preguntaba dónde estaban las mujeres. Es común que se demuestren cariño entre varones también y tal vez, hipotetizaba, eso haga que no sea una rareza ver a parejas gay de la mano, o por lo menos yo no noté ninguna mirada descalificadora ni agresión verbal de los demás hacia esas manifestaciones de amor al mismo sexo.

Con los que pude hablar allá, me decían: “Esto no es Jerusalén”. Tuve la suerte de estar dos veces en Jerusalén y tampoco allí ví a nadie horrorizado observando a parejas gays de la mano; todos paseaban por ese sitio histórico y religioso donde hay lugar para la diversidad en general: de culturas, lenguas, religiones, nacionalidades, etc.

Uno puede ver que emerge allí un interjuego entre lo tradicional, lo regional y, por otro lado, el turismo, la globalización, la posmodernidad.

La sede del festival; Tel Aviv; Foto: Alejandro Viedma

- ¿Cómo es la situación legal para los gays en Israel?

- Lo que pude averiguar es que en Israel no hay matrimonio igualitario, sí algunas uniones civiles; solamente se pueden casar a través de la religión, obviamente hombre y mujer. Así y todo hay varias personas influyentes en esa sociedad que se están visibilizando y luchan por los derechos, como por ejemplo, un político o un rabino ortodoxo que construyó una familia homoparental con su pareja varón y una hijita. Me quedé con muchas preguntas y reflexiones sobre muchas cuestiones, más que con respuestas taxativas.

- ¿Pudiste conocer algo más de aquella zona?

- Sí, fuimos a Palestina, al Mar Muerto –el área más baja del mundo-, y ciudades como Tybeh o Ramallah, que me encantaron.  La situación de la zona es algo dificultosa, pude palpar de cerca los conflictos socio políticos de esos países. O sea que hay ítems sociales, culturales, económicos, históricos, humanos que van más allá de la sexualidad, pero que la atraviesan y viceversa. Incluso para los que les interese, la película The Bubble, la Burbuja, describe la relación amorosa y los obstáculos que conlleva esa situación entre un palestino y un israelí.

- ¿Qué te dejó esta experiencia?

- Que fui feliz viviendo esta experiencia, pero también estuve así en la previa y después porque me sentí apoyado, felicitado y acompañado en este periplo. Es decir, antes de viajar, ni bien iba comentando lo que se venía, esta invitación, fui recibiendo muestras de cariño y alegría de parte de los que me rodean, sobre todo desde mis afectos más cercanos: la familia, mis amigos… y también desde lo institucional, lo laboral, desde “las cabezas” de Puerta Abierta, Graciela y Silvina, los asistentes a los grupos de reflexión que coordinamos ahí y mis pacientes, a quienes les parecía importante ese hecho. Así que este recorrido también ameritó despedidas, bienvenidas, encuentros, abrazos, buenos augurios y cálidas recepciones, todas situaciones que también construyen salud, porque lo que rodeó al viaje incluyó charlar, escuchar, responder inquietudes y plantearme yo más interrogantes para seguir pensando en la diversidad autóctona, foránea y global, pero básicamente humana.

 

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“Todas las obras sociales deberían cubrir la cirugía de adecuación de sexo”

Martín Luna lucha con la fuerza imparable de los jóvenes de 20 años, pero contagiado de la certeza de los activistas trans que son antiguos en esta pelea. Su cruzada, esta vez, tuvo éxito. Después de meses de reclamar ante su obra social, logró que aceptara practicarle la mastectomía subcutánea bilateral, la operación que espera desde que se asumió como una persona trans.

Este joven, que estudia guitarra clásica en el conservatorio de Córdoba, hace dos años que habló con su familia para contarle lo que ya sabían, que él estaba incómodo en un cuerpo de mujer que no lo representaba: desde que tiene memoria se recuerda como varón. “Mi mamá lo fue aceptando porque desde chiquito actuaba como un varón, jugaba con chicos; luego, en la adolescencia, fue un sufrimiento terrible por el desarrollo del cuerpo y tuvimos grandes peleas”, recuerda. De a poco lo fueron aceptando. Martín fue uno de los primeros varones trans en tener su DNI con el nombre que usa desde hace años.

Un grupo de compañerxs trans posan en el Senado de la Nación; foto: gentileza ATTTA trans masculinos

El periplo por la cirugía

Como es cordobés le practicaron la cirugía en el Sanatorio Allende, de la capital. Martín le cuenta a Boquitas pintadas que la pelea no sólo fue contra la obra social MET Córdoba SA, sino que también debió lidiar con la Superintendencia de Servicios de Salud, organismo que depende del gobierno nacional, hasta que dieron el sí. “En principio, cuando pedí la operación a la obra social, la rechazaron pese a existir una ley que me avala”, contrasta Martín. “Me dijeron que esa operación no estaba dentro del plan. Lo consideraban una cirugía estética”.

La ley de identidad de género a la que se refiere Martín ya estaba en plena vigencia. En el texto se menciona. “(…) a fin de garantizar el goce de su salud integral, acceder a intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo, incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida, sin necesidad de requerir autorización judicial o administrativa”. Aclara, además, que “todas las prestaciones de salud contempladas en el presente artículo quedan incluidas en el Plan Médico Obligatorio”. 

A partir de esta respuesta es que él se acercó a la sede de Superintendencia en Córdoba. Allí también recibió, en principio, una negativa. El argumento que utilizó este organismo que depende del ministerio de Salud es que tenía “disforia de género”, lo que definieron como una “patología”, que debía “tratarse con un psiquiatra”. La ley de identidad de género destierra por completo esta denominación y se refiere a la “identidad de género autopercibida”. Además, explicita que en ningún caso será requisito realizar tratamiento psicológico o médico”.

Según cuenta, ante estas respuestas él envió una carta documento con sus fundamentos. Allí les recordó los alcances de la ley. “Lo que les decía era que quería hacer valer mis derechos. La ley avala la cirugía y los tratamientos hormonales”, dice. Tardaron tres meses en habilitar la operación. “Iba todas las semanas a recordarles el caso”. Luego lo llamaron con la cirugía aprobada.

Foto: facebook Attta Red Nacional

Martín relata su caso y dice que le consta que no es el único que se encontró con estas trabas en el cumplimiento efectivo de la ley de identidad de género. “Ahora estoy feliz, me atendieron muy bien”, reconoce. Sabe que sólo alzando la voz del activismo se logrará la plena instrumentación de la ley en todo el país. “Todas las obras sociales deberían cubrir la cirugía de cambio de sexo”, reclama.

El se prepara para la próxima operación, de reasignación genital. “La necesito, pero no me quiero apurar. Sé que los médicos no están totalmente capacitados. Prefiero esperar, no jugar con fuego”, dice. “En el mismo hospital me recomiendan que no lo haga ahora”.

El respaldo de una organización trans

Martín reconoce que se sintió acompañado en el proceso que terminó, felizmente, en su operación. Consultado por Boquitas pintadas, Gian Rosales, uno de los fundadores del área trans masculinos de la Asociación de Travestis, transexuales y transgénero (ATTTA), señala: “Desde que Martín nos contó la situación y nos pidió nuestra intervención intentamos alentarlo y le decíamos que, por supuesto, no bajara los brazos. Sabíamos que, por más respuestas negativas que nos pudieran dar, a partir de la Ley de Identidad de Género podemos ver esa puerta abierta para alcanzar todos los derechos que hasta hoy nos habían sido negados”.

Y agrega: “Al recibir la respuesta negativa de la obra social y luego de la superintendencia de salud entendimos que se trataba de una respuesta desde la desinformación. Por eso fue que las acciones de ATTTA y Flavia Massenzio (abogada de ATTTA y la FALGBT) fueron informar sobre la vigencia de la Ley de identidad de Género N° 26.743 y pedir que se reevalúe la respuesta por parte de la Superintendencia”.

Rosales considera que “lograr que una obra social cubriera una cirugía que hasta el día de hoy solo se hacían de manera privada con un costo altísimo o esperando una larga lista de espera en el único hospital donde se realizan las mastectomías fue nada más y nada menos que la respuesta a tanta lucha de parte de las organizaciones sociales”.

Concluye: “Pero el trabajo sigue, es necesario conseguir que todas las obras sociales y los hospitales públicos cubran las cirugías y tratamientos hormonales, porque no podemos depender de 1 o 2 hospitales públicos en toda la Argentina ni de la decisión del departamento de legales de las obras sociales para acceder a una salud integral, tenemos una ley que nos ampara, es nuestro derecho”.

Diego Watkins sub coordinador de ATTTA Trans masculinos, Marcela Romero presidenta de ATTTA y Gian Rosales, coordinador, fueron recibidos en el Congreso de la Nación

 

La respuesta de Superintendencia en noviembre de 2012

“…la práctica de mastectomía subcutánea bilateral no es de cobertura  obligatoria para los agentes del seguro de salud o las entidades de medicina prepaga, como tratamiento en la disforia de género por no existir en la actualidad  legislación vigente que así lo determine… ”

Le sugieren lo siguiente: “…los pacientes que presentan disforia de género pueden presentar aislamiento social, angustia emocional, baja autoestima, depresión y ansiedad por lo que su tratamiento debe encuadrarse en el área de salud mental…”

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribime a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. Te espero! Gracias!

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Una chica trans egresada de la UBA lucha por una educación inclusiva

Paula Polo es la productora general del Festival DESTRAVARTE, el encuentro de arte trans que se realiza desde mañana y por cuarto año consecutivo en la Ciudad de Buenos Aires.

Ella, una chica trans de 35 años, licenciada en Administración de Empresas de la UBA, es la encargada de coordinar este festival que propone obras de teatro, de pintura, fotográficas y de diseño, así como charlas sobre temas vinculados con la diversidad sexual. Este año, el eje vertebrador es “Educación para la inclusión”, un tema por el que Paula lucha porque padeció a lo largo de toda su vida.

“Lo peor fue desde el colegio secundario, cuando me empecé a desarrollar sexualmente”, recuerda. En esos años ella hizo lo imposible por ocultar su identidad sexual femenina, algo que naturalmente vivió desde pequeña. “Como no tenía grupo de amigos me aferré al estudio, incluso en los recreos aprovechaba para hacer tareas. No me hablaba casi con nadie, salvo cuando me pedían algún apunte o las tareas hechas porque era la más estudiosa del curso”.

Paula Polo; Foto: Facebook

Eso le sirvió a Paula para formarse no sólo en las asignaturas del secundario sino para comprender más acerca de sí, de su lugar en el mundo y para tratar de entender el rechazo de los demás. “Siempre supe que iba a seguir estudiando, que esa sería mi herramienta de lucha. Primero pensé en medicina pero luego me decidí por mi otra pasión, la economía, los números”, dice. Según le cuenta a Boquitas pintadas, aunque a veces le resultó difícil enfrentar momentos de discriminación, sobre todo de algunos docentes, siempre supo que no iba a claudicar.

La principal dificultad se dio a partir del tercer año, alrededor de los 20, cuando las hormonas empezaron a dar cuenta de su cuerpo femenino.

Pero se recibió y empezó a ejercer. Su primer empleo fue en una empresa de comercio exterior. Ahora trabaja en una editorial con sede en EE.UU. Allí es la coordinadora de las traducciones –estudió inglés y francés en paralelo a su carrera universitaria-.

Paula se siente una privilegiada. Tuvo fuerzas, resistió, pudo estudiar y recibirse. Pero trabaja para cambiar el destino de sus compañeras en situaciones de precariedad. Su compromiso con ellas la llevó a vincularse con DESTRAVARTE, un espacio para mostrar que las personas trans tienen mucho arte para mostrar y un lugar en el que también se ponen en mesa de discusión temas como el de la educación.

Foto: Gentileza DESTRAVARTE

“La educación es un derecho de todos y las personas trans están privadas en general”, dice. Y también habla de otra educación pendiente, la de la ciudadanía: “Hay que educar desde niños para la inclusión. De lo contrario, las leyes y el gobierno nacional marcan el rumbo inclusivo pero la sociedad está muy lejos de incluirnos como ciudadanas con plenos derechos”.

El festival, en detalle

Desde mañana martes 11 y por cuatro días se realizará en el Centro Cultural Caras y Caretas, Venezuela 370, la cuarta edición del Festival DESTRAVARTE, con dirección general del actor y director Mosquito Sancineto.

Dice su director: “Basamos nuestro evento en los siguientes pilares: el respeto, la tolerancia, el valor y la apertura hacia lo diverso, pensando en la igualdad y el reconocimiento en todas sus manifestaciones”.

Considera que éste es un tiempo de festejos. “Luego de varios años de luchas mancomunadas, intensas y aguerridas por parte de activistas y militantes hemos logrado para el colectivo trans una norma de vanguardia: la tan ansiada Ley de Identidad de género, que reconoce el derecho de toda persona a solicitar la rectificación de su nombre y sexo registral de manera gratuita. Esta esperada ley permite el acceso integral a la salud de todo el colectivo, brinda incluso la posibilidad de realizarse una intervención quirúrgica de reasignación de sexo en los hospitales públicos.”

En este punto hay aún materias pendientes: una de las prioritarias es que exista una reglamentación para que las obras sociales cubran el tratamiento de adecuación sexual de las personas trans. Los hospitales públicos no dan abasto, tienen listas de espera que superan los tres años.

Los organizadores

- Idea y Dirección General: Mosquito Sancineto

- Producción General: Paula Polo

- Producción Musical y Poesía: Mosquito Sancineto y Paula Polo

- Fotografía: Fernando Giani

- Mesas de debate: Alba Rueda, Delfina Bianco y Valeria Licciardi (Moda y Desfile), Osvaldo Sabino (teatro)

- Asistencia General: Julián Bonardi y Martín Marcou

 

¡No te lo pierdas!

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“Ya no necesitamos marchar con máscaras”

Martín Dutelli, un asiduo colaborador de Boquitas Pintadas, también se suma a la serie de crónicas con sus impresiones de la última marcha del Orgullo. El, quien participa del grupo de reflexión de varones gays que coordina el lic. Alejandro Viedma en Puerta Abierta, recuerda los tiempos en los que la marcha era una vergüenza para él. Cuánto camino anduvo Martín desde aquellas primeras marchas en las que él “mirando de reojo desde la vereda haciéndose el desentendido”.

El mismo reconoce: “¡Cuánto hemos logrado! Ahora yo camino junto con mis pares, dispares e impares por el asfalto bailando, marchando, cantando, abrazando la bandera y a mis amigos y compañeros besando al de al lado y acariciando lo áspero”.

 

Dejamos de ser una minoría no escuchada

por Martín Dutelli

 

Martín Dutelli posa con dos compañeros en la marcha; foto: Alejandro Viedma

Como todos los años para estas fechas, y desde 1992, se celebra en Buenos Aires la marcha del orgullo LGBTIQ.  Cada año se suma más y más gente, se multiplican las familias diversas, los niños presentes, la gente heterosexual apoyando. Esta vez se triplicó la cantidad de personas: 200.000 fuimos el sábado, según los organizadores.

El número no es menor, le dan dimensión a una celebración que ya es importante para la sociedad en su conjunto. Porque lo que se festeja no es sólo el orgullo de ser y estar, sino también la conquista de los derechos y los espacios que vamos ganando año tras año y, este tipo de encuentros, hace que la gente abra más la cabeza y se vuelva menos utópico el hecho de que somos muchos más que dos, porque ahora podemos respirar el mismo aire de todos.

Yo creo que históricamente es la etapa más evolutiva de la sociedad. Si bien se siguen suscitando situaciones de poca tolerancia ya dejamos de ser una minoría no escuchada. Nuestro grito llegó hasta el cielo, se abrieron las compuertas de los claustros. Y no le quitamos espacios a nadie (como en varias oportunidades mencionó nuestra presidenta), todo se fue gestando, nuevos y fundamentales avances.

Esta hermosa marcha, colorida, con gente que parece salida de la película Cool world (mundo tranquilo, fresco, sereno), nos permite salir del escaparate y hacernos ver.

Recuerdo las primeras marchas, cuando la poca gente caminaba con máscaras, y yo mirando de reojo desde la vereda, haciéndome el desentendido. ¡Cuánto hemos logrado! Ahora yo camino junto con mis pares, dispares e impares por el asfalto bailando, marchando, cantando, abrazando la bandera y a mis amigos y compañeros, estando todos bien alegres. Besando al de al lado y “acariciando lo áspero”.

Es la primera vez que me quedo hasta casi el final, cuando cerró Celeste Carballo (la Cecé, para sus fans), de las mejores de nuestras artistas y una de las más importantes precursoras de todo esto, la adelantada, porque cuando nadie decía nada, ella tenía los ovarios de salir por tv contando su historia de amor con otra mujer. Hace ya casi 25 años esta pionera nos ayudó a abrirnos camino al andar. Como canta Susy Shock de Carballo: “Y si yo puedo abrir un camino, voy a hacerlo, voy a hacerlo…”.

 

Celeste Carballo en el cierre de la marcha de Orgullo en Buenos Aires; foto: Facebook Javos

 

Yo creo que Celeste está más allá de todo. Como dice Gasalla: “Ya fue y volvió, y se volvió a ir y vino nuevamente”. Todos cantando “Yo no te pido que me bajes una estrella azul, solo te pido que mi espacio llenes con tu luz” (de Pablo Milanés), fue muy grosso. O que diga en Para salir de Devoto: “Hay que salir de la cárcel, pero no de esa famosa de mi barrio, sino de la que está en nuestras cabezas, en nuestra mente”. Claps for her!

El final vino con fuegos artificiales y el himno cantado por Sandra Mihanovich y todos los presentes, “Soy lo que soy”.

El mundo tendría que ser una muestra del amor que se viene generando, de generación en generación, tendría que volverse a escribir la historia desde acá, como decía CeCe: “Biblia, loco, biblia”. Un nuevo testamento. El hombre nuevo que ya no es heterosexual u homosexual o bisexual, sino que es el hombre sexual/sexuado/amoroso. Todos, todas, todxs, tod@s.

Para que sigamos generando en el mundo más maneras de amarnos.

Martín

 

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“Mis pacientes no se dan cuenta de que soy trans”, dice la odontóloga Julieta Ocampo

Julieta Ocampo escribió a Boquitas pintadas para contar su historia. Le interesa alentar a otras compañeras trans a que sigan su vocación y se animen a estudiar lo que sientan, lo que les de placer. Sin importar los mandatos.

“Podría haber estudiado peluquería o diseño de moda”, dice. “Pero me gustaba todo lo que tuviera que ver con medicina y me animé a la carrera de Odontología. Fui la primera egresada de mi facultad en la Universidad Nacional de Córdoba”.

Julieta tiene 29 años y es sanjuanina. Para estudiar la carrera que le gustaba de chica se fue a vivir a la ciudad de Córdoba. Allí estudió Odontología y hace dos años que ejerce: abrió un consultorio con una compañera de la facultad. “Ahora me siento feliz”, dice.

Julieta Ocampo, en su consultorio; Foto Facebook

Los comienzos no fueron fáciles. “Me vine de San Juan no sólo porque allá no podía estudiar lo que quería sino porque tampoco podía ser lo que yo siempre sentí que era, una mujer”, cuenta. La sociedad sanjuanina y su familia en particular, comenta, le resultaban muy conservadoras. “Quedarme iba a ser un problema. Lo mejor para todos es que yo me fuera”, dice.

En 2003, cuando llegó a Córdoba, asumió públicamente su identidad de género, la que había mantenido oculta para no “avergonzar” a sus padres. Si bien desde chica siempre usó el pelo largo, se maquillaba, se vistió con ropas “ni de hombre ni de mujer” y se reconocía “muy afeminado”, no usaba nombre ni ropa de mujer. Era más bien una persona “intermedia, ambigua”, dice Julieta.

Luego de años en esa situación sintió que en una nueva ciudad y lejos del control de sus padres podría liberarse. “Cuando me vine decidí que no me importaba nada. No iba a suspender más mi felicidad por miedo a que se pusieran mal por mí. Nunca había podido ser feliz”, reconoce. Habla de las dificultades que siempre había tenido para integrarse, para conseguir un trabajo, para estudiar.

“Mis padres al principio no querían saber nada. Me decían que no tenían problemas de que fuera gay, pero travesti ya era mucho. Se te van a reír, me decían”, cuenta Julieta, que llegó a un “acuerdo” con ellos. No la querían ver vestida de mujer entonces cuando viajara a San Juan tenía que ir como varón. “Me disfrazaba de varón cuando iba. Eso duró dos años hasta que lo fueron aceptando. Después me hice las lolas y fue indisimulable”, dice.

Julieta, en sus vacaciones en la playa; Foto Facebook

Una carrera complicada

Cursar en la universidad tampoco fue sencillo. Como había decidido no ocultar más su identidad, desde el primer día fue vestida como mujer y se presentó como Julieta aunque su DNI dijera otra cosa.

“No existía la ley de identidad de género y era complicado. Las personas trans estamos asociadas a la prostitución, a la droga, a la noche. Remar contra eso con profesores y compañeros no fue fácil. Tuve que aguantar discursos de profesores homofóbicos. Después de escuchar algunos de esos monólogos me daban ganas de dejar todo”, recuerda Julieta.  “Había uno en particular que en su clase decía que éramos degenerados. Ponía a Dios en el pizarrón”.

Ella recuerda que sólo tres de los más de cincuenta profesores la nombraban Julieta. La gran mayoría sólo la registraba si ella respondía al llamado de su nombre de varón, el que figuraba en el DNI. Recién hace un mes Julieta pudo tener su documento de mujer.

Reconoce que al principio eso la afectó mucho. “Me pegaba mucho lo que me decían. Pero decidí que no me tenía que importar lo que opinara un extraño”. Así siguió cada año hasta que se recibió de odontóloga.

Ahora, aunque sabe que faltan gestos de verdadera integración, en lo personal se sabe en una etapa diferente. “Cuando con una compañera decidimos poner el consultorio pensé que iban a venir en su mayoría personas trans, que iban a tener más preconceptos”, dice. Pero no fue así. Calcula que sólo el 10% son travestis. “Tenemos pacientes como en cualquier consultorio del centro de Córdoba. La mayoría de mis pacientes no se dan cuenta de que soy trans”.

Julieta en su consultorio; Foto: Gnetileza Julieta Ocampo

 

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“Disfruto de tener un pene y un par de tetas”

Diana Sacayán está eufórica. El día que recibe a Boquitas pintadas en su oficina de Inadi donde trabaja como asesora, los legisladores acababan de darle media sanción al proyecto de ley de identidad de género. Ella se define como travesti, descendiente de diaguitas, habitante de Laferrere, militante por los derechos de todos.

“Somos más complejos que lo que señala nuestra identidad sexual, nos atraviesan otras cuestiones”, dice. Y señala que poder explicar esto es el mayor desafío que el colectivo trans enfrenta a una sociedad que no las comprende. Reconoce que no es sencilla la reflexión que propone, porque exige romper con categorías históricas que las excluyen, pero considera que es una lucha impostergable por más ciudadanía e igualdad.

 

Diana cuenta de los avances que reconoce en este tiempo. “Hace muy poco, el Estado nos encarcelaba por ser travestis y ahora se aprueba una ley para incluirnos”, contrasta, y se detiene a relatar los cinco años que estuvo encarcelada en distintos momentos de su vida sólo por vestirse con ropas de mujer, habla de la expulsión de su hogar a los 15 años, de la condena a prostituirse, de sus marcas físicas y psíquicas por trabajar en la calle.

Cuando hablamos del momento en que se asumió travesti, lo primero que aclara es: “No me siento en un cuerpo equivocado. Este es el mejor cuerpo que me pudo haber tocado: disfruto de tener un pene y un par de tetas. No tengo ningún problema con mi cuerpo, los que lo tienen son otros, aquellos quienes desean nuestros cuerpos. ¡Mirá que hipocresía!”.

Foto: Gentileza Diana Sacayán

- ¿Cómo viviste la media sanción del proyecto de ley de identidad de género?

- Me siento sumamente orgullosa de nuestro movimiento, porque logró que se discuta este proyecto que representa los intereses y necesidades de nuestro colectivo. Avanzamos mucho: el Estado que hace muy poco encarcelaba a personas travestis hoy da este medio dictamen.

- ¿Fuiste víctima de ese Estado represivo?

- Sí, yo fui víctima de los códigos contravencionales, fui presa por pelear por esos códigos. Sufrí persecución, encarcelamiento. Si me pongo a contar los días que estuve detenida sumaría más de 5 años. Simplemente por ser travesti. Esta va a ser una ley bisagra para poder acceder a nuestros derechos, pero necesitamos también que el Estado reconozca que ha incurrido en violación de derechos humanos de personas travestis y transexuales.

- ¿Cómo eran tus detenciones?

-No son tiempos muy lejanos, hace muy poco. Nosotras éramos detenidas con los códigos contravencionales que eran usados, incluso en democracia, para  encarcelarnos porque un artículo decía que toda aquella persona que lleve una vestimenta no acorde a su sexo será detenida y sancionada con días de arresto que podían variar de 30 a 90 días, más una multa que era del 20% del haber mensual de la persona que te había hecho el acta para que quedes detenida.

- Contame de tu vida: ¿Cómo fue asumirte travesti?

- El proceso no fue desarrollado en un contexto de amor, fue un proceso atravesado por la violencia. El primer gesto de manifestación de mi identidad fue repudiado por mi familia. Me tuve que ir de mi casa y con otras compañeras travestis de mayor edad tuve que salir a ejercer la prostitución para sostenerme a los 15 años como un adulto. Las travestis no vivimos la infancia ni la adolescencia como lo viven otros niños, no está ese tiempo tranquilo de transitar la secundaria. Siempre tenés que pensar cómo sustentar tu propia vida.

- ¿Te pudiste reconciliar con tu familia?

- Sí, con mi madre. Ella me pudo acompañar en los últimos años. Conseguí su apoyo con el tiempo y nos reconciliamos.

- ¿La ley ayudará a que sea más fácil el apoyo en las familias de otras chicas?

-No va a producir transformaciones culturales inmediatamente, pero viene a cubrir un vacío legal. Nosotras no éramos considerados sujetos de derecho. Cuando se apruebe sí, pero es un  trabajo de hormiga que tenemos que seguir realizando. Hay algunos cambios, muchas chicas trans ya tienen el acompañamiento de sus padres.

Foto: Gentileza Diana Sacayán

- ¿Como cambió tu situación?

- No hace muchos años que trabajo fuera de la prostitución, pero me llevó 8 años desde que decidí salir hasta que pude concretar ese deseo. La prostitución ha dejado marcas imborrables en mi cuerpo y en mi memoria psíquica y es fuerte poder salir de ese contexto de exclusión y violencia, poder analizarla y poder cambiarla.

Cuando ingresé a militar en el movimiento de diversidad sexual en Laferrere, en el partido de La Matanza, donde la realidad es otra, ahí pude darme cuenta de lo importante que era cambiar mi realidad para poder cambiar la realidad de otras compañeras.

Y desde la militancia fui convocada de la dirección de Cultura del Gobierno de Buenos Aires y trabajé 3 años en la coordinación del programa de inclusión de travestis y transexuales. Después estuve 6 meses sin trabajo, en una situación desesperante, era el miedo de tener que volver a la prostitución. Tenés que vivirlo para saber! Cuando asumió la intervención del Inadi me llamaron para esta nueva gestión, porque entienden que nos necesitaban para gestionar, para dar ideas.

- ¿Cómo se sale a buscar un trabajo?

- Yo soy atrevida, dada con la gente, no tengo vergüenza y voy al frente, pero es una situación complicada salir a buscar un trabajo siendo trans. Es una situación hostil porque desde el que te atiende hasta el gerente te suelen mirar para burlarse, a muchas compañeras les ha pasado. Esperamos que la sociedad tome conciencia y que quienes deben emplearnos se fijen en nuestras capacidades, no en la cáscara. Tenemos mucho para aportar pero hasta ahora no nos dieron la oportunidad para hacerlo.

Foto: Gentileza Diana Sacayán

- Algunas voces críticas al proyecto de ley de identidad piden que exista un análisis psicológico para asegurarse de que realmente el cambio de sexo sea a conciencia, ¿qué respondés a eso?

- Hablo por el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género y como persona que sufrió la criminalización. Nuestro planteo es que no vamos a permitir que ningún especialista nos diga quienes nosotras sentimos ser. Es una aberración. ¿Quién puede negar que nosotras somos quienes somos? Si existimos. ¿Por qué para demostrar eso tenemos que pasar por un proceso de psiquiatrización o de medicalización? Yo creo que eso no puede ocurrir porque hay experiencias en otros países donde está sucediendo y no es bueno. A las personas heterosexuales nadie las observa con psiquiatras excepto que tengan alguna patología que así lo indique, pero no para decirle: ‘usted es o no heterosexual’.

- ¿Conocés casos de personas que se hayan operado y no se sientan bien?

- No, habrá algún caso pero no lo conozco. La persona que vive el travestismo, la transexualidad lo vive porque lo siente, porque hay signos, es un deseo, una necesidad, una construcción de años. Tomar una situación de arrepentimiento no me parece. Conozco muchísimas personas y esto no pasa. La ley no tiene que establecer más que el reconocimiento de la identidad travesti, transexual y transgénero y el acceso a la salud pública.

- ¿Cuándo te empezaste a sentir en un cuerpo equivocado?

-Lo primero para aclarar es que yo no me siento en un cuerpo equivocado. Este es el mejor cuerpo que me pudo haber tocado: disfruto de tener un pene y un par de tetas. No tengo ningún problema con mi cuerpo, los que lo tienen son otros, aquellos quienes desean nuestros cuerpos. ¡Mirá qué hipocresía, ¿no?!, porque los mismos que consumen sexo con travestis, esos mismos señores nos señalan con el dedo y dicen que no hay que otorgarnos derechos. Como sociedad deberíamos empezar a hacer una autocrítica de ese maltrato.

 

¿Qué opinás de la ley de identidad de género?

Más que un gol de Maradona

 

En la Argentina las instituciones están en movimiento: hay parejas casándose en todo el territorio (3500 se casaron en estos meses); Diputados dio dictamen favorable para tratar el proyecto de identidad de género (posibilitará a las personas trans la modificación de su identidad legal y a realizarse cambios en sus cuerpos a partir de cirugías si así lo desean); se trabaja para modificar la ley de educación sexual y sumar en la currícula de las escuelas de todo el país a la orientación sexual y a la diversidad; se avanza en la despenalización del aborto para todos los casos en los que una mujer no desee tener un hijo o una hija…

En todos estos temas pensaba el sociólogo Martín Boy hace unos días cuando transcurría la XX Marcha de Orgullo en Buenos Aires. Entonces, ese día, Martín se acordó de una crónica que había escrito a propósito de su vivencia más significativa desde que tiene memoria, el “gol de Maradona”: la noche de la aprobación del matrimonio igualitario. La recuperó de aquel cajón en que había quedado guardada y la envió a Boquitas pintadas con el temor de que pudiera resultar extemporánea. Por el contrario, rememorar aquella noche es repasar lo que falta y es invitar a todo América latina a imitar la actitud argentina, una sociedad cada vez más igualitaria.

 

Matrimonio Igualitario: una realidad en la Argentina,

Por Lic. Martín Boy

 

La madrugada del 14 de julio de 2010 se convirtió en un día inolvidable, en uno de esos hitos históricos en la democracia argentina: el Código Civil de la Constitución Nacional fue modificado y a partir de ese momento todas las personas podrían casarse y adoptar si así lo quisieran. El 15 de julio, un día después, la mayoría de la población residente en Argentina se despertaba con los mismos derechos, pero otros grupos comenzaban a poder planear su vida con las mismas oportunidades que las personas heterosexuales.

En tiempos donde el matrimonio parece experimentar un proceso de auto-demolición, ¿Quién quiere casarse? ¿Por qué apostar a instituciones socioculturales que parecen estar ancladas en el pasado? Una posible respuesta es que lo que estuvo en juego el 14 de julio no fue solamente la posibilidad de casarse y adoptar, sino más bien poner en práctica el derecho a la igualdad que la misma Constitución garantiza. Por otro lado, fue una batalla de orden simbólico en el cual instituciones como la Iglesia Católica y sus aliados apelaron a cualquier tipo de argumentos y prácticas para perpetuar al matrimonio a la heterosexualidad y a la reproducción biológica. Lo que estas alianzas nunca entendieron es que el matrimonio es una institución laica que como tal está sujeta a modificaciones a lo largo de la historia, como cualquier otra.

A los opositores al matrimonio igualitario se les explicó varias veces que en su momento estaban prohibidos los casamientos interraciales, los casamientos entre personas de diferentes religiones y los casamientos entre hombres gays o mujeres lesbianas. Y que todas estas prohibiciones fueron cayendo salvo la última, que era el único grupo que aún no podía contraer matrimonio si así lo quisiese. A pesar de toda esta argumentación sociológica y hasta histórica, la Iglesia Católica y quienes votaron en contra plantearon que la institución del matrimonio está anclada en la posibilidad de la reproducción, en la complementariedad de los sexos contrarios, en la voluntad de Dios (muy a pesar de que el matrimonio es una institución laica desde finales del Siglo XIX, cuando se logró arrebatarle a la Iglesia Católica el monopolio sobre el registro de los casamientos).

Foto: Soledad Aznarez, archivo

 

La madrugada del 14 de julio con dos grados de temperatura, miles de personas estaban en la Plaza de los Dos Congresos esperando la votación final, ese SI o ese NO que podría cambiar la historia, que podría ser recordado como el día que triunfamos o el día que lo intentamos y que la ilusión fue linda mientras duró. El Senado argentino primero debía votar si rechazaba la media sanción que se había aprobado en la Cámara de Diputados. Eso no sucedió y quienes estábamos en la plaza agarrados de las manos comenzamos a saltar. Era el primer triunfo. Un minuto después, se votaría el sí al matrimonio igualitario o su rechazo. El presidente del Senado invitó a los senadores a pronunciarse pulsando el botón de sus escritorios. En la plaza estábamos escuchando en vivo el audio de la transmisión y ya todos estábamos mirando el piso, abrazados, tomados de las manos. Parecía que Maradona iba a patear un penal que definiría si Argentina se consagraba campeón mundial por tercera vez en su historia.

Adrenalina. Rareza. Temor. Incertidumbre que había estado presente desde la tarde, momento en el que miles de personas se habían acercado a la plaza para apoyar la causa y seguir un debate que duró más de doce horas. Miedo a que todo siga igual, bronca al pensar que un NO ratificaría todos los discursos homofóbicos que habíamos escuchado en las semanas previas y que se verían más fortalecidos que nunca. Ganas también de que todos los nervios de las semanas previas a la sanción se terminen y podamos empezar a planificar o pensar en otras cosas, preocuparnos por otros temas. El audio de la carpa blanca que había sido instalada llegaba un segundo antes y de repente, quienes estábamos a la intemperie escuchamos un grito: Maradona había hecho el gol. Nos miramos con rareza hasta que el audio, nuestro audio, lo confirmó. Argentina había aprobado la modificación del Código Civil, Argentina había aprobado el matrimonio igualitario, Argentina tendía la carpeta roja a los putos, las tortas y las travas que habían sido relegados históricamente. Argentina se convertía así en el décimo país en el mundo en el que los casamientos entre hombres, entre mujeres, entre personas trans y heterosexuales o entre trans y lesbianas o lo que fuera estaba permitido. El matrimonio igualitario ya era un hecho, un penal convertido.

Foto: Soledad Aznarez, archivo

¿Qué sucedió en la plaza? Lo inolvidable. Todos saltando, felices, llorando. Personalmente había acompañado todo el proceso de debate de diferentes formas y nunca creí en la institución del matrimonio como tal, pero entendí recién en ese momento cuál era la magnitud de lo que se estaba discutiendo. Ver a uno de los chicos que conocí en esa plaza, en esas largas y frías horas, largándose a llorar como un niño, a llanto suelto, me hizo entender un poco más. En cuanto los saltos pararon, los abrazos ya se habían soltado para liberar el cuerpo, le pregunté mientras todos cantaban si lloraba porque tenía con quién casarse. Y me dijo: no, pero es el sueño mío desde que era niño. Y yo sabía que en algún momento iba a poder concretarlo. Ese momento había llegado y la vida cotidiana de miles de personas comenzaba a cambiar. Asumirse gay ya dejaba de implicar un duelo ante la familia que no iba a poder formar, los hijos que no iba a poder tener. Asumirse como gay ya no implicaba vestirse de luto.

Y pasadas las cuatro de la mañana, las miles de personas que todavía estábamos en la plaza, tomamos la Avenida Callao cantando, bailando, abrazándonos, yendo al Obelisco, el lugar donde los porteños vamos a festejar los triunfos en los mundiales. Fueron 10 cuadras de alegría, las personas asomándose por los balcones saludando, felicitando, contentos. Todos contentos. Los coches que pasaban por el único carril habilitado por la cantidad de personas que estábamos caminando tocaban sus bocinas solidarizándose, festejando lo conquistado. La avenida Corrientes, famosa por sus teatros y librerías y por ser la columna vertebral de la ciudad de Buenos Aires, una noche que podría ser como cualquiera, se vio tomada por gays, lesbianas, bisexuales, trans y simpatizantes de la causa.

Llegamos al Obelisco. La gente empezó a correr alrededor de ese monumento fálico, más fálico que nunca esa noche, para luego entre todos agarrarnos de las manos y hacer un abrazo simbólico, cortando el tránsito de la Av. 9 de julio. Luego de eso, espontáneamente, nos pusimos a cantar el Himno Nacional Argentino. Los putos, las tortas, las travas, las maricas, las come sables, los trolos, los desviados, los anormales, los patológicos, los subversivos, los inmorales entre otras posibles denominaciones entrábamos en la historia grande de la democracia argentina. Y entrábamos por la puerta grande, con los mismos derechos y con los mismos nombres.

Las repercusiones de esa helada noche de invierno no tardaron en llegar. Pero por suerte a nivel regional. Países vecinos como Chile y otros no tan lejanos como Perú comenzaron a presentar proyectos de unión civil o de matrimonio igualitario en los Parlamentos locales. Argentina y el Distrito Federal en México son los únicos lugares de América Latina donde cualquier persona que lo desee puede contraer matrimonio y acceder a todos los derechos que se derivan de este. Pero son mucho más que eso, son el ejemplo de que se puede, de que es el momento para comenzar a meterse entre las grietas de los discursos y prácticas hegemónicos.

Lograr meterse por esos espacios será un trabajo arduo, tendrá más o menos resistencias, se sufrirá más o menos las agresiones en el cuerpo, pero es un paso que hay que animarse a dar. Sobre todo porque ya a nivel regional estamos empezando a ganar los primeros partidos. Y el verdadero penal definitivo será convertido cuando ya no quede ni un solo país en América Latina sin gozar de toda esta batería de derechos, de poder ejercer la igualdad ante la ley.

 

¿Sentís que la Argentina lidera estas conquistas?