“Me crié escuchando que el VIH era la enfermedad de los desviados”

El periodista y escritor Martín Araujo tiene 34 años. En el último tiempo, personas muy cercanas a él fueron diagnosticadas de VIH. Preocupado por su salud, a fines de 2012 fue a hacerse un testeo; se comprometió a que si el resultado era negativo iba a involucrarse de algún modo con un tema que considera silenciado. Decidió sumarse al programa provincial contra el VIH que se desarrolla en el Hospital Rawson en la ciudad de Córdoba, donde vive desde que se fue de Buenos Aires. “El día que fui a buscar el resultado de mis análisis hablé con una de las personas que trabaja en el programa y así empezó todo”, cuenta Araujo a Boquitas pintadas. Allí coordina un taller literario con personas seropositivas.

“Me crié, como muchxs, escuchando discursos en los que el VIH aparecía como la nueva lepra, la enfermedad de los desviados, una patología maldita. Los años han modificado algunas cosas, por ejemplo, el virus dejó de ser patrimonio de la comunidad gay y pasó a afectar la vida de la población heterosexual, especialmente de las mujeres; dejó de ser una condena a muerte inmediata para convertirse en una enfermedad crónica que permite una calidad de vida notable”, enumera. Sin embargo, considera que estos cambios no lograron que socialmente cambie la mirada sobre las personas que viven con VIH.

“Sigue existiendo una mirada fuertemente discriminatoria. Tengo la sospecha de que, a los ojos de la sociedad, no es lo mismo un paciente con diabetes que uno con VIH. Y creo que esto tiene que ver con la desinformación aunque también con una mirada bastante hipócrita sobre las prácticas sexuales”, señala.

En esta entrevista, este joven autor del poemario “Cantata”, alguien que participó de antologías y trabajos grupales como ensayista, narrador y poeta, también habla de su trabajo como coordinador de un literario en una biblioteca popular y otro en la biblioteca de Derechos Humanos de Familiares de Desaparecidos de Córdoba; así como del su vínculo con la literatura y hasta se refiere a cómo fue su salida del clóset. Como todo en él, tuvo que ver con el amor.

Martín Araujo, periodista, escritor

- ¿Qué talleres literarios estás coordinando?

- En 2011 empezamos a dar un taller en la Biblioteca Popular María Saleme (en la Casa de los Trabajadores de Córdoba) con la poeta Elena Anníbali. Actualmente sigo en ese espacio, aunque solo. A esa actividad sumé este año otras dos experiencias de taller intensas. Por un lado, en el programa provincial contra el VIH en el Hospital Rawson y, por otro, en la Biblioteca de Derechos Humanos de Familiares de Desaparecidos de Córdoba.

En este momento, en Córdoba, asistimos a la megacausa por La Perla (un campo de concentración que funcionaba camino a Villa Carlos Paz), situación que genera un microclima particular. Las audiencias son públicas y, para quienes hemos podido escuchar algún testimonio, es realmente estremecedor. Trabajar sobre ideas como la memoria, la justicia, la verdad, e intentar desarrollar alguna acción en el plano de la escritura es una tarea compleja. Hacerlo con personas implicadas directamente por la pérdida de algún ser querido en el contexto de la última dictadura, o de haber pasado por la cárcel en esos años, es un reto real. Un desafío que me está enseñando mucho.

- ¿Cómo surgió la idea del taller de personas viviendo con VIH? ¿Cómo se trabaja ahí?

- La idea de este taller venía dándome vueltas en la cabeza desde hacía largo tiempo. A finales del año pasado formalicé la propuesta en el programa provincial de lucha contra el VIH que funciona en el Hospital Rawson y en marzo arrancamos. El proyecto terminó de darse como efecto de varias cuestiones personales. Por una parte, yo trabajé hace varios años cerca de una ONG, en Buenos Aires, en prevención y ayuda a personas viviendo con el virus. En el último tiempo, también, personas muy cercanas a mí fueron diagnosticadas positivamente. A fines del 2012, concurrí a hacerme un testeo preocupado por mi salud. Me prometí entonces que si el resultado era negativo iba a concretar este proyecto. El día que fui a buscar el resultado de mis análisis hablé con una de las personas que trabaja en el programa y así empezó todo. Esa promesa, que en última instancia pudo ser una estupidez, me ayudó a concretar algo que no deseaba que quedase en el cajón de las intenciones.

Me crié, como muchxs, escuchando discursos donde el VIH aparecía como la nueva lepra, la enfermedad de los desviados, una patología maldita. Los años han modificado algunas cosas, por ejemplo, el virus dejó de ser patrimonio de la comunidad gay y pasó a afectar la vida de la población heterosexual, especialmente de las mujeres; dejó de ser una condena a muerte inmediata para convertirse en una enfermedad crónica que permite una calidad de vida notable. Estos cambios, entre otros, no lograron aún, a mi entender, que socialmente cambie la mirada sobre las personas que viven con VIH. Sigue existiendo una mirada fuertemente discriminatoria. Tengo la sospecha de que, a los ojos de la sociedad, no es lo mismo un paciente con diabetes que uno con VIH. Y creo que esto tiene que ver con la desinformación aunque también con una mirada bastante hipócrita sobre las prácticas sexuales. La pregunta sobre el contagio siempre parece una nube que sobrevuela la cabeza de las personas que viven con VIH.

- ¿Qué cuentan los chicos en las narraciones?

- Eso mismo cuentan: que cuando cuentan de la condición serológica esto suele venir asociado a la pregunta inmediata de cómo se produjo el contagio, como si ese matiz fuera importante. O como si incluso hubiera grados de estigmatización posibles según la forma de contagio, algo ridículo. Y supongo que eso entronca con fantasmas sociales en torno a la sexualidad, donde la elección de objeto, de género, las praxis, la vergüenza, la hipocresía y la ignorancia se mezclan hasta dar un combo jodido. Creo que de ahí viene el miedo y finalmente la segregación, el señalamiento. Digo, yo mismo, sin ir más lejos, entiendo que soy negativo más por cuestiones de azar que por el cuidado de mí mismo. Lo digo con pesar pero no puedo dejar de reconocerlo. Y de reflexionar sobre ello. Incluso, me animo a decir que la mayoría de nosotrxs podría, en este sentido, ser positivx.

- ¿Qué significa que al taller lo coordine alguien que no tiene el virus?

- Que al taller lo coordine una persona que no es positiva también permite articular y tensar varias cuestiones. Más allá de cierto gesto de integración, me interesa saltar, en la medida de lo posible, una supuesta barrera entre positivos y negativos. Porque las personas que viven con VIH también corren, por momentos, el peligro de encerrarse en un ghetto y en la idea de que no pueden ser verdaderamente comprendidos por alguien que no posee su misma condición.

En otro orden de cosas, también me gusta pensar que esta experiencia se suma a otras que merecen mi admiración como el trabajo realizado por otros escritores con talleres en penales, barrios marginales, instituciones mentales, etc. Me interesa pensar este espacio en relación a esos proyectos. Y en cuanto al trabajo, es bastante abierto, la idea de fondo siempre está asociada a escrituras creativas. Empezamos con una lectura, o con alguna charla, con algún concepto o con alguna anécdota. Y eso dispara una consigna o una propuesta. Arrancamos con textos fuertemente yoicos (autobiografías, diarios, historias de vida, cartas, etc.) y ahora vamos hacia lugares más comunitarios y también más ficcionales.

- ¿Por qué decidiste volcarte a la literatura?

- Desde muy chico supe que quería escribir. Escribía canciones, escribía cuentitos, guiones de historietas. Agarraba los playmobiles y armaba estructuras narrativas densas para jugar. Siempre disfruté de leer y de escuchar historias. Y de contarlas a mis amigxs. Y, por otra parte, el goce con la música de las palabras. Nunca tuve muchas dudas sobre la cuestión “vocacional”. El tema más bien siempre fue cómo combinar la pasión por los libros y la escritura con cuestiones prácticas del tipo pagar el alquiler, el morfi, etc. Eso no lo tengo tan resuelto pero acá estamos, aún.

De hecho, si me pongo a enumerar, en mi vida he trabajado de cosas muy diversas para ganarme el pan(o tratar de hacerlo): desde repartidor de pan a creativo publicitario; tuve un kiosco en una escuela del conurbano y también atendí reclamos telefónicos en un call center cordobés; edité NX, una revista de periodismo gay, y ejercí de acompañante terapéutico de personas con ELA (esclerosis lateral amiotrófica); di clases de lengua en una escuela de San Antonio de Padua, por ejemplo, y en Ramos Mejía atendí un ciber enorme; trabajé de corrector de estilo y también de instalador de aire acondicionados Split; me pagaron por hacer rejas y también por tocar música.

- ¿Hasta cuándo viviste en Buenos Aires? ¿Por qué decidiste mudarte a Córdoba?

- Me mudé a Córdoba al terminar de cursar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UBA. Había perdido una oportunidad de trabajo importante, necesitaba tomar distancia de ciertos afectos y también de la furia porteña. Y además de toda esta serie de cuestiones racionales estaba la cuestión amorosa, que fue decisiva, porque estaba muy enamorado de una persona que vivía en Córdoba. Vale resaltar igualmente que es una hermosa ciudad para vivir: tiene agite cultural, diversidad, miles de estudiantes, montañas y ríos al alcance de la mano, tiene humor, noche, belleza, desmesura y, por momentos, una cierta paz.

Martín Araujo, en Capilla del Monte, Córdoba

- ¿Tuvo algo que ver con tu salida del clóset? ¿Me contás cómo fue ese proceso?

- Mi salida del clóset tuvo también que ver con el amor, el disparador fue el mismo, pero eso sucedió varios años antes de irme a Córdoba. Mi proceso fue tan complejo como el de cualquiera, un trayecto largo hasta aceptar mi deseo. Supongo que no fue sencillo tampoco para mi familia pero hemos podido sobrevivir al asunto y nos llevamos tan bien como puede llevarse un hijo con sus padres.

- ¿Qué tipo de literatura te interesa más? ¿Qué preferís leer y qué inclinaciones tenés en tu escritura?

- Me interesa la imaginación, los libros que buscan su camino particular, las apuestas y la franqueza. Me encanta la ciencia ficción aunque también me copo con un libro de crónicas. Soy un lector bastante anárquico. Me interesa especialmente la poesía. Y en cuanto a mi propia escritura hago lo que puedo: diarios, poemas, recetas de cocina, narrativa breve, crítica cultural. Estoy terminando mi primera novela, tengo un par de libritos de poesía sin editar. Adoro escribir y si la fiaca no vence a la curiosidad: allá vamos, siempre.

- ¿Cómo escritor sentís una responsabilidad social especial?

- Trato de que la escritura nazca de las pasiones. Y muchas veces eso se conecta con algo que va más allá de mí y que es histórico o político o comunitario. Trato de ser coherente. Y también entiendo que este oficio puede tener un poco más de eco que otros, pero no soy un canal de denuncias específicas. Puedo contar o aportar algo a una sensibilidad particular, no sé realmente si mucho más. Hay momentos en que es necesario correrse de cierto imperativo de responsabilidad social para que eso no se vuelva una trampa y te coma o te pierda.

- ¿Te interesa la literatura sobre temas de diversidad sexual?

- Me interesa la diversidad. Todas las diversidades no sólo la sexual. A veces el abuso de ciertas categorías como “literatura gay” o cosas así me cansa un poco. Me parece que facilitan el ingreso a un nicho de mercado más que aportarme algo sobre la obra. Más allá de esas clasificaciones, considero que hay textos sobre sexualidades no heterosexuales muy buenos en nuestro país. Y que mucha de esa literatura es previa a la sanción de la ley. En todo caso la ley pudo favorecer la visibilidad de nuevos textos o autores y eso, por supuesto, es algo para celebrar.

Tres poemas de Martín Araujo

víaméxico

no dejé de comprarte

cada mañana

rosas

ni te negué besos

ni buenas noches

con afán de canario

de país en país

hasta dar al norte

nieves de libertad

jurando síes

infinitos de arroz

por un pergamino

dos muñecos de frac

rasando las vegas

con la cara y la emoción

de una película

dejohncasavettes

*

puertopollensa

como dos gaviotas

arrojadas

sobre este llano

se abrazan en el pasto de la noche

lejos del foco de la plaza mayor

y la confitería

acá en la ruta orillada

a espaldas del silo

a minutos del sol

abrazadas como gaviotas

blancas de luna en la playa pampa

donde nadie las ve

o solo yo que es lo mismo

solo con mi anteojo

mirándolas desde hace horas

separarse del mundo como semillas

como dos alas

saben que las miro

y no les importa:

las veo vestirse en el primer rayo

desenlazar los dedos

el hueso de la lengua

y volcarse a esa ola

plana de sal y pasto

afuera de la ruta

volviendo a la ciudad

*

Penada seguramente por la ley…

penada seguramente por la ley

reñida con las buenas costumbres

y moralmente condenable

así es la tarea que desarrollamos

en la zona más húmeda de la casa

apenas arriba del rasero

apenas debajo de las ventanas

un trabajo de voluntad y volutas

una acción hecha de tiempo y espacio

contrariando acuerdos contratos

atentando contra la salud

cada quieta jornada

con un silencio matinal

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribime a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Hombres en celo, o una forma particular de querer

El autor y director de teatro Martín Marcou es un militante y activista a favor de los derechos de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersex y queer (Lgtbiq) desde el arte. Hace pocos días recibió una mención especial de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), la Federación Argentina LGTB  y del sitio Sentido G por su labor artística. Entre sus últimas obras se cuentan Desmesura Vaginal, Rancho Blanco, Tortita de Manteca, Lame Vulva, Quiero pasar una tarde con Franco, Brillosa y Pitón Bebé (esta es la nota que publicamos en este blog).

Marcou, que además es docente a nivel particular, en institutos privados y en cárceles, la semana próxima estrena su nueva obra: Hombres en celo. Conversa con Boquitas pintadas sobre la intención de esta nueva apuesta, qué lo inspiró y reflexiona sobre el amor y las formas particulares del querer en tiempos de hiperconectividad. También se aborda el tema del VIH, en un intento por quitarle dramatismo a ciertas cuestiones desde el humor crudo. “Hombres en Celo hace referencia a un modo particular de querer. Es una toma de posición sobre el amor”, dice. “No creo en amar tibiamente, ni a medias. Me gusta vivir cada uno de los sentimientos que experimento desde las vísceras, los buenos y los malos. Soy muy animal para querer”.

 

El Mordisco - Spot para la obra Hombres en Celo de Martín Marcou- from Hombres en Celo on Vimeo.

 

-¿De qué se trata Hombres en celo?

-Hombres en Celo cuenta la historia de cuatro amigos que los sábados van a bailar a un antro gay friendly que se llama Sonajero. Los viernes, el día previo a esa salida, suelen reunirse en la casa de uno de ellos para hablar de lo que vivieron el fin de semana anterior. Ocurre que en la última semana han sucedido algunas cosas en la vida de los personajes, se aproximan cambios y este fin de semana no se parecerá a ningún otro de los que vivieron antes.

-¿Por qué escribiste esta obra?

-Lo hice pensando en lo que sucede con la idea del amor y de los miedos en estos tiempos. ¿Idealizamos esa construcción? A veces siento que todos queremos a todos, pero que en realidad, nadie quiere a nadie. Resulta que ahora que todo va tan rápido, suele pasar que no querés estar más con una persona, pero cuando la dejaste, necesitás seguir conservando su presencia como si fuera un objeto. Siempre se quiere tener o estar con alguien. ¿Quién se anima a apostar y a construir en la era de la inmediatez? ¿Qué pasa con esa necesidad de quererlo todo y no cuidar lo que se tiene? ¿Cómo opera el deseo y las tentaciones en las relaciones? ¿Qué es querer y cómo se quiere en estos tiempos atravesados por la hiper – conectividad?.  En la obra uno de los personajes se muda después de separarse de su pareja, otro se va de viaje, uno declara su homosexualidad y otro, su condición de portador de VIH positivo.

 

Giroteadores - Spot para la obra HOMBRES en CELO de Martín Marcou - from Hombres en Celo on Vimeo.

-¿Por qué elegiste sumar el tema del VIH?

-Siempre que escribo mis obras, hablo sobre temáticas que me interesan en particular, no estigmatizo, ni demonizo ningún tema. Sólo me hago preguntas sobre lo que me inquieta, me seduce, me moviliza. Me gusta abordar cuestiones que me son aledañas, que me acercan a realidades que me modifican. Me parece que es sustancial visibilizar de un modo natural tópicos que aún cuestan tratar. Hay que poner en relieve manifestaciones reales, porque creo que  es el único modo de perder un poco el miedo.

-¿Creés que se sigue estigmatizando a la comunidad LGBT como “grupo de riesgo”?

-El VIH/Sida lamentablemente sigue siendo una enfermedad social. En la obra hay una pelea con ciertos discursos instaurados que a mi entender ya no están vigentes, lugares comunes y frases que lo único que hacen es colaborar con la ignorancia. El VIH/Sida dejó de ser hace tiempo una enfermedad de los gays, para convertirse en una epidemia masiva que se ha cobrado millones de víctimas de cualquier orientación sexual y que se sigue combatiendo con campañas de prevención que, a veces, no son del todo efectivas, pero que son necesarias. La obra intenta ser un ejercicio que combate contra ciertos prejuicios que aún se arrastran en el tiempo. Me interesa quitarle dramatismo a cuestiones vinculadas con el tema y lo hago desde el humor crudo. Me gusta resignificar discursos añejos, actualizarlos.

-¿Por qué ese título para la obra?

-Hombres en Celo es genérico  ya que en la obra también actúan mujeres. Hace referencia a un modo particular de querer. Es una toma de posición sobre el amor. No creo en amar tibiamente, ni a medias. Me gusta vivir cada uno de los sentimientos que experimento desde las vísceras, los buenos y los malos. Soy muy animal para querer. Si río lo hago con todo lo que soy, lo mismo si me toca sufrir. No le esquivo el bulto a las sensaciones. Estos personajes son excesivos, pero no lineales, creen en algo y apuestan por eso. Son lo que hacen.

 

Una Enfermera para tu Enfermedad - Spot para la obra HOMBRES en CELO de Martín Marcou - from Hombres en Celo on Vimeo.

-¿Cómo fue el proceso de escritura?

-El proceso de escritura de mis obras siempre se termina de completar con los ensayos, con lo que cada actor pone de sí y a partir de mi relación con el espacio. Nunca estoy conforme, siempre quito o agrego cosas. Creo en la dramaturgia de ensayos, creo en lo que cada ensayo en sí te aporta, que siempre es un espacio para ajustar lo que se va configurando. Investigué sobre el tema, leí, pero básicamente trabajo desde la intuición.

-¿Quiénes son los actores? ¿Convocás a tus elencos siempre personas homosexuales?

-En este proyecto sólo trabajo con dos personas con las que trabajé anteriormente, el resto son personas con las que trabajo por primera vez. Algunos son gays y otros no. Hay gente con distintas orientaciones sexuales en el elenco porque cuando convoco a un actor u actriz para una obra nunca les pregunto cuál es su orientación sexual ya que son convocados para actuar, no me interesa en lo absoluto con quiénes se acuestan. Pienso que un actor homosexual puede hacer de heterosexual y viceversa y ambos pueden hacer la mayoría de los personajes que se propongan hacer.  Lo que me interesa es que entiendan qué necesito, que sean buenas personas y que se diviertan con el proyecto, básicamente que la pasemos bien.

 

Hombres en celo estrena el jueves 15 de este mes; habrá tres únicas funciones. Reestrena el año próximo. Teatro LA CLAC, Avenida de Mayo 1158, Ciudad de Buenos Aires.

 

- “No hay que hacer un circo de lo gay”, decía hace unos meses el dramaturgo Martín Marcou. Mirá la entrevista y el video

 

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!