Facundo Soto publicó el libro El Club de la Paja

El título del libro no busca metáforas: El Club de la Paja. Facundo Soto, Facu, como prefiere que lo llamen, se dedicó a investigar el mundo de quienes gozan sin contacto físico, penetración, ni relaciones gay. “Sólo les gusta la paja. La paja entre amigos o desconocidos”, descubrió Facu. Primero escribió un artículo periodístico y, luego, un libro. Así de inspirador le resultó el asunto.

La colega María Ibarra conversó con el autor. Aquí, esa conversación que comparte con los lectores de Boquitas pintadas.

Facu Soto; foto de Juan Manuel de Brito

 

-¿Qué te llevó a escribir El Club de la Paja?

-Me llevó esta nota. Investigando para el Soy de Página 12, donde hago colaboraciones desde hace 6 años, me encontré con un montón de site pajeros, donde a los chabones no les gusta el contacto físico, la penetración ni las relaciones gay; sólo les gusta la paja. La paja entre amigos o desconocidos. Gozan de estar pajeándose al lado de otro macho. Y hay variables. A algunos les gusta pajearse solos y a otros hacerse una paja cruzada. Es todo un mundo. Suben videos. Hace cuestionarios donde cuentan encuentros… Y también se encuentran en casas, para pajearse. Hay tantas variables de la sexualidad como personas. Pasa que… la gente no anda, generalmente, contando sus intimidades por ahí…

-¿Sabés de algún libro que hable de estos temas? De ser así, ¿lo leíste?

-Sí, el comienzo de Pulsión, de Esteban Castroman narra un grupo de chicos, creo que riojanos, que pajean en círculo. Después, la novela, va para otro lado; pero eso está. En realidad no es tan loco. Un montón de amigos y conocidos héteros me cuentan que cuando eran adolescentes se juntaban para pajearse, y algunos todavía lo siguen haciendo. Fue muy divertido el proceso de investigación para la nota, porque (todavía conservo los mails) me mandaban Abrazos pajeros. Querido periodista pajero… Era algo así como la bati cueva del bati servicio, pero en versión paja. Uno me dijo que estaban organizando para hacer La marcha del Orgullo Pajero. El hombre, con voz de trueno, me decía: Si está la marcha del orgullo de los putos, de los faloperos… ¿por qué no la marcha del orgullo pajero?

-¿Quién fue la primera persona en leerlo y por qué?

-Un domingo, comiendo en casa, estaba Ariel (Bermani), Gaby (Luzzi), Tenshi (Virargo), después del asado entramos al living a tomar un café. Hablando de todo un poco salió el tema de la nouvelle, que ya se la había dado a Tenshi para que la ilustrara, de manera libre; porque yo re confío en ella, y la re admiro, es parte de mí, de mi obra, de mi vida. Sé que si hago algo y ella tiene tiempo y ganas, se la paso, nos juntamos a tomar un té y hacemos algo juntos. Me encanta tener proyectos con la gente que quiero y admiro. Me encanta eso. No me gusta trabajar solo. Me gusta entregarme ciegamente a las ideas del otro, aunque no las entienda o no las comparta; igualmente digo que sí, porque confío en la persona. Y después veo los resultados y digo, qué buena decisión haber confiado en el otro. El otro sabe. El otro hace las cosas bien, y con amor… Igual, en el caso de Tenshi, lo que me propone es re loco porque es justamente lo que yo tenía en la cabeza.

-¿Cuál es tu personaje favorito del libro?

-La escena donde Patricio se encuentra con su papá, y dan vueltas cíclicas en el kayak, en el Tigre. Cada vez que leo esa parte siento un montón de cosas. Siento una corriente de menta fría… Veo un cielo gris. Ese aroma al río, del Tigre…

-¿Te gustaría ver una película de la novela?

-Sí, me parece que es re cinematográfica. De hecho, si bien tiene un hilo lógico-racional que atraviesa la nouvelle, está escrita en imágenes…. Me gustaría que la dirigiese Hitchcock, porque podría hacer algo bueno, en serio. Y que la protagonizara Kurt Cobain.

-¿Qué leías y qué música escuchabas mientras escribías El Club de La paja?

-Intenté leer los policiales que los escritores reconocidos dicen que están buenos, pero, la verdad, no me pasa nada con Chandler, Hammer, y los escritores de elite, los de moda como los posta del policial. Me gusta Patricia Highsmith. ¿Qué leía? La verdad es que no me acuerdo, porque fue en el 2012… Dejame que piense un cacho…

-¿La considerás una novela policial, de suspenso erótica?

-Queda bien decir que no tengo idea, que yo simplemente escribo, que es función de los críticos encasillar la obra. Que la obra es libre. Pero, la verdad es que la considero de género gay-queer. Es decir que rompe con lo hetero- normativo- patriarcal; por múltiples razones. Conscientemente de mi parte, porque escribo un libro que me gustaría comprar y leer y disfrutar. Y tiene aires, o la estructura de un policial, sin policías, sin armas, pero con sangre. Con mucha vitalidad y virilidad… Tiene suspenso, claro. Y erotismo creo que tienen casi todas las palabras que elijo, porque busco eso, que tenga sangre, libido, clorofila la sangre. Me gusta más lo porno que lo erótico, sé que queda mal decirlo, que se supone que el erotismo es más intelectual, más sutil, que lo que falta es lo que uno se imagina y lo excita; pero no. Lo explícito. Lo concreto es lo que me gusta a mí, y creo que tiene que ver con los tiempos que corren… Con Twitter, con la Play, con todo…

Portada del libro de Facu Soto

-¿Hay alguna oferta para editarla en el extranjero, en otro idioma?

-Ninguna. Hace un tiempo estaban avanzando con Juego de chicos- Crónicas de fútbol gay para traducirla al francés, con una editorial re linda, que saca los libros ilustrados, a color; me reuní una vez con la editora en un bar del centro, pero no prospero. Carita triste jajaja. No, ninguna. Y no creo que la tenga… Publico en editoriales independientes, pequeñas. Ahora va a salir Fotocopia por Paisanita Editora, otra nouvelle hecha sin narración, solo dos diálogos. Que uno se va imponiendo en extensión sobre el otro. Pero, bueno, no me quiero ir por las ramas… Esa va a tener más distribución porque va a estar en los shoping y en librerías. Esta salió por Eloísa cartonera y se consigue en La carto: Venezuela 3892, en el barrio de Boedo, o en el puesto de diarios, donde venden los libros cartoneros, en Av. Corrientes y Montevideo. Después la agitan llevándola a ferias independientes. Es otro circuito, que me encanta. Por ejemplo, cuando salió El olor de tu remera, también por Eloísa Catonera, me escribió un chico de Catamarca, que estaba leyendo el libro en el colectivo y que el libro lo había ayudado a tomar la decisión de perder el miedo a decir que era gay cuando se lo preguntaban. Después me decía cosas hermosas, que tenía el libro en la mesita de luz y que lo amaba, etc. Otra vez, alguien desde Paraguay me escribía felicitándome por el libro. Quiero decir, con Eloísa llego a gente que, creo, de otro modo no llegaría; porque creo que es gente que, quizás, no iría a la librería a pedir ese libro…

-¿Cuál sería el idioma en el que más te gustaría verla traducida y por qué?

-Pornográfico 100%. Me gustaría que se hiciera una peli porno 100%.

-¿Qué estás escribiendo ahora?

-¿Lo digo? Bueno, tres libros a la vez. Uno el directriz. Y dos más colaterales. Y por corregir otro que es viejo, pero que tiene 140 páginas y seguramente va a terminar teniendo el doble. Poesía siempre. Notas para el diario. Terminé uno, hace poco, que me gusta mucho… Preparando clases sobre Poesía gay y de los 90s que vamos a dar con Gaby Luzzi, María Gómez y Cucurto en la Universidad de Avellaneda.

-¿Cuántas horas por día le dedicás a la escritura?

-It’s depends. Escribo cuando tengo una idea o algo que no quiero dejar escapar. Algo que me parece que tiene algo luminoso adentro. Algo que me sorprende, y que puede llegar a sorprender al lector y a darle un lugar. Que le puede disparar o encender algo; sino no. Entonces escribo en el celu, en el subte, escribo en el pasto tomando una limonada, escribo en casa a la noche mientras leo o miro una peli… Hay días que no escribo nada. Otros que un par de horas. Si no siento esa cosa en la panza, no escribo. Tiene que haber libido, en mi caso, para escribir. También me gusta el laburo de edición. De ver el texto estirado, en la mesa, recortar, pegar. Eso, tipo collage me encanta. Lo que no me gusta es la corrección obsesiva. Una vez, los editores de Conejos, me mandaban una versión tras otra para corregir. Sacar la palabra pija que la habían contado y aparecía más de 150 veces. Corregía. Corregía y corregía hasta que me broté y tiré la notebook por la ventana. Posta. Los conejos quedaron anonadados después de eso… Fue al antecedente a lo que hice en el Matienzo.

Facu Soto; foto de Juan Manuel de Brito

-¿Qué es lo que más te gusta hacer cuando no estás escribiendo?

-No me gusta estar solo. Sufro. Me desintegro. Necesito a alguien que sostenga mi imagen porque sino me desintegro. Cuando no escribo trabajo, porque soy un fucking proletario, juego al fútbol. Voy al gimnasio. Tengo una vida simple. No me gusta el sexo sin amor. Me gusta lo otro…

 

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Sin comentarios

“La cultura gay argentina es aún represiva”, dice Rodrigo Cañete

Rodrigo Cañete, ni alias ni un apodo contracultural, sino el nombre de un exsubsecretario de Cultura de la Nación en 2002. Un ser polémico. Hace más de un año, el ambiente del arte local fue sacudido por la aparición de un blog en la web: Love Art Not People, escrito por Cañete.

Escribe Daniel Gigena para Boquitas pintadas que el blog combina clases de historia del arte, críticas de muestras y de personajes del establishment cultural (de directores de museos a curadores, de artistas consagrados a la hija pintora de Marcelo Tinelli) y nuevas variaciones sobre el arte de injuriar.

Luego de ese cargo fugaz (“Yo era el segundo en una Secretaría excluyentemente peronista, con Ruben Stella a la cabeza. Fue horrible y me demostró el gran problema de la división entre peronistas y antiperonistas”), Cañete se instaló en Londres, donde hizo un doctorado en Historia del Arte en el Courtauld Institute of Arte. Con una tesis sobre Diego Velázquez ganó el premio de la Asociación de Historiadores del Arte de Gran Bretaña. Sin privarse de nada, también fue asesor de arte del CEO de Morgan Stanley, Wal-Mart y Coca-Cola. En la actualidad, escribe una historia del arte argentino de los últimos veinte años que será publicada el año próximo y un libro sobre las pinturas mitológicas que se publicará también en 2014 en Estados Unidos.

Al blog sumó hace unos meses La Hora de la Pastela, un curso de historia del arte por YouTube. “La intención –dice- es formar un público de arte no erudito sino con el ojo abierto a lo que pasa frente de ellos. Es por esto que no es cronológico sino temático: lo gay, lo hermafrodita, el plagio, la copia, etc. Los argentinos no tienen ninguna formación en historia del arte en la escuela ni en los medios y cuando la tienen es o bien formalista, o bien materialista. Ambos modos de aproximarse al arte cierran el debate en lugar de abrirlo”.

El mano a mano entre Gigena y Cañete:

- ¿Cuándo surgió el blog y por qué decidiste hacerlo?

- El blog comenzó cuando tuve lo que podríamos llamar mi holocausto de la mediana edad en donde hubo separación, adicciones, depresión y rehabilitación. Comenzó como un modo de catarsis personal que me reconectaba con el mundo hablando con un lector imaginario que después se fue haciendo más y más real y masivo. En esos comienzos era en inglés. Sin embargo, desde la Argentina comenzaron a leerme y yo empecé a escribir más sobre la realidad del arte y la politica cultural argentinas y de golpe terminé escribiendo un blog en castellano y otro en inglés que es muy leído en Estados Unidos y en Inglaterra. Escribo aproximadamente cuatro artículos por día y participo en el foro que se ha venido armando en ambos blogs.

LANP es un proyecto serio que tiene que ver con la generación de las condiciones para que se puedan crear espectadores de arte a la altura de la gran tradición cultural argentina. Yo me había desconectado con la realidad de mi país al instalarme en Londres. Ese es un proceso natural en el que uno necesita desarraigarse para reconstruirse a sí mismo en el nuevo país. Una vez terminado ese proceso, se vuelve a mirar al lugar de origen y no me gustó nada lo que vi: las inseguridades y los miedos habían bajado los estándares de la crítica y de la producción artística a un nivel que, creo, es históricamente el más bajo. Las instituciones culturales están casi en ruinas. A partir de allí fue identificar causas, actores y actuar. Al principio fue duro, muchos creían que no existía; otros, que estaba loco o drogado. Sin embargo, muchos me alentaron y creo que hoy, al menos yo, puedo ver que en un grupo de gente la mirada se hizo más clara. Mis lectores me asombran con su inteligencia y conocimiento. Love Art Not People es un foro increíble.

- ¿Por qué creés que despertó tanto interés en la Argentina?

- Creo que el momento en donde el blog despertó particular interés fue con la serie de los “Putos”, donde hice una suerte de catalogación sociológica, mitad en serio mitad paródica (que, por cierto, en algún momento, retomaré), sobre los gays argentinos. Luego se volvió masivo cuando le dediqué dos semanas a una genealogía de la crítica del arte en la Argentina durante la dictadura y la transición democrática, que nos permitió a los lectores y a mí entender el porqué de la falta de buena crítica visual. A partir de allí fui ganándome la confianza de mis lectores poniendo en práctica mi cruzada contra lo que yo llamo “la mafia del amor”, que no es más que el tráfico de influencias que carcome desde adentro la excelencia en el mundo del arte (y en todos los ámbitos). Creo que lo que está demostrando el blog es que el mundo del arte es un micromundo en el que las prácticas de la corrupción se juegan de manera análoga a las del mundo de la política o los medios de comunicación, por ejemplo.

Muchachos; Foto de Facebook

- ¿Recibiste críticas por tus opiniones sobre gays, lesbianas y trans, y sobre los derechos humanos? ¿Qué posición tenés frente a eso?

- La verdad que no, más bien todo lo contrario. Recibí muchos comentarios de gays en el clóset que me contactaban porque había expresado algo que sentían pero no podían siquiera articular en forma de pensamiento.  Por eso pienso que la cultura gay argentina es aún represiva y como toda represión, empieza por dentro.  Lo que sí recibo a veces son insultos anónimos y siempre vienen con dos apelativos: “drogadicto” y “sedoso”. Todo dicho.

- ¿Cómo construís esa “figura de autor” irreverente, ácida, sutil, maliciosa y zarpada?

- Con un nivel de disciplina que no deja de sorprenderme a mí mismo. El blog es un foro que yo comparo con el stand-up comedy. Funciona sólo si existe esa sinergia y ese ritmo que definen al humor. Desde ya uso el humor para hacer tolerable muchas verdades que se dicen y que pintan un panorama que, de otro modo, parecería desolador y no lo es. La acidez es la combinación de la inteligencia, la seriedad y el humor. Lo zarpado de mis intervenciones en el blog tiene que ver con los intereses que se tocan y con los temas y lo que vos llamas “malicia” tiene que ver con que es un discurso que no enuncia exclamaciones tipo ‘”¡genio!’ o “¡divina!” para el cual ya ni se necesitan incluir verbos. Yo creo que hay gente que, desde que Facebook existe, se olvidó de cómo conjugar verbos. En síntesis, el blog se ha transformado en un foro transgeneracional de gente inteligente que ama el arte y al país. Eso no es poco.

- ¿Qué pasa con tus “enemigos” señalados? ¿Tuviste problemas o todo se reduce a una cuestión verbal o tecnológica (denuncias por abuso, bloqueos informáticos, hackers, tuits)?

- El proyecto del blog es generar un espacio para pensar nuestra realidad cultural sin miedo ni clientelismo de ningún tipo. En el marco del blog yo entiendo la amistad como igualdad en el reconocimiento de la virtud del otro. Esto, desde ya, es opuesto a ese discurso que se legitima a través del amiguismo o lo que yo llamo “la mafia del amor”, que no es otra cosa que la naturalización de la corrupción a nivel de la vida cotidiana malentendida como “apoyo afectivo”, “luz y sol” y “lazos de amistad”. No para de sorprenderme cómo en la Argentina ese nivel disimulado del “tráfico de influencias” hizo metástasis y tomó todo el cuerpo social. En la Argentina, una crítica equivale a una declaración de guerra. Eso es infantil.

Tuve amenazas a mí y a mi familia. Hubo un pedido formal de suspensión del blog por cuestiones de copyright pero en cuanto lo aclaré, me dieron la razón a mí. Legalmente estoy asesorado y tené en cuenta que me rijo por la ley inglesa que, en materia de libertad de expresión, es muy amplia.

Ser puto es muy difícil

- Explicame la distinción que hacés entre gay y puto, que aparece con frecuencia en el blog

- Yo me defino como un homosexual (me enamoro y tengo sexo con hombres) pero no gay (no participo necesariamente de las prácticas que caracterizan dicha cultura). La palabra “puto” se refiere al gay vernáculo, que a mí me parece mucho más cariñosa que la palabra “gay” que está muy cargada de ese hedonismo consumista (desde el nivel sexual hasta el de la sectorialización del turismo, por ejemplo) que termina en la construcción de guetos. De más está decir que odio los guetos.

- ¿Cómo es tu experiencia homosexual en Londres?

- Elegí Londres como mi hogar hace casi diez años. Creo que Londres es un lugar al que un gran número de homosexuales vienen a poder ser felices con todo lo que los diferentes tipos de mercados tienen para ofrecer. Hay tolerancia, diversión, falta de prejuicio y, sobre todo, juventud. Al principio yo me sentía como un niño en una juguetería pero un año después de mi llegada mi papá murió, mi mamá se deprimió por quedar sola (soy hijo único) y necesité recrear un hogar lejos de mi hogar.

Conocí a mi pareja de ocho años hasta que me tocó deprimirme a mí y él no estuvo a la altura de las circunstancias por diferencias culturales (cuya importancia había minimizado), por sus propias imposibilidades y por mis propias fallas. Me lancé a completar esa parte de mí que sentí que faltaba en el sexo (que en Londres es fácil e ilimitado) y en las paraanfetaminas (crystal meth). Así di vueltas en ese submundo de drogas, sexo, inseguridades, dolor y soledad que caracteriza gran parte de la cultura gay en las grandes ciudades.

Esa droga, en particular, está destruyendo a la comunidad homosexual en Europa y en Estados Unidos. Hay un submundo de enfermedad, violencia, desarraigo y depresión que el Estado y los sistemas de salud pública se niegan a ver y es una bomba de tiempo. La relación entre droga, enfermedades de transmisión sexual, culpa por no darle nietos a mamá y homosexualidad está generando un cóctel de depresión y autodestrucción que está diezmando (mucho mas que el VIH) a los gays en esos centros mundiales. Es un tema que me preocupa y mucho.

Creo que la diferencia entre Inglaterra y la Argentina tiene que ver con los niveles de apertura y real tolerancia. En la Argentina, la aceptación de la homosexualidad es relativa. Por un lado, se dice que ser gay es aceptado pero, en realidad, hay muchos sectores para los que ser gay equivale a ser débil o disfuncional. Los modos en los que lo gay se proyecta en los medios es prueba de esto. El homosexual aparece como un ser o patético o trágico.

Para muestra vale un botón. Me refiero a aquel almuerzo de Mirtha Legrand con Roberto Piazza en el que le pregunta si un padre adoptivo homosexual tendría inclinación “natural” a abusar de su hijo adoptivo por el simple hecho de ser varones. No hay mucha diferencia entre eso e incitar a la violencia. Luego, tenemos la cuestión del sida y los modos de educar en los que se carga al sexo de tanto y tan perjudicial que uno vive aterrado a todo. Si pensás la vida de un gay en la Argentina (y hablo de mi caso), uno vive la mitad de la vida negándose a sí mismo, luego cuando uno se da cuenta de que es distinto, se oculta de sus seres queridos y finalmente cuando uno sale del clóset se encuentra con una sociedad que le dice que en cualquier momento se puede morir y que, además, es portador de muerte. Es muy difícil vivir así.

 

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“Soy homosexual y tengo fe”

“Soy homosexual  y tengo fe. Por el escaso tiempo que llevo en el blog hay un aspecto que siempre me ha resultado confuso. La utilización de la fe para agredir a unos y otros”, dice Príncipe de Viana, un joven de Pamplona, España, que ya es parte de esta comunidad de Boquitas pintadas. Y narra la historia de su vida vinculada a la religión católica.

En un momento reflexiona: “Mi fe y el Dios que trataban de venderme nunca fue el mío. A mi Dios le gusta la diversidad, a mi Dios le gustan las buenas personas sean de la raza que sean y de la religión que practiquen, mi Dios es el Dios compasivo, el Dios que escucha y acepta, el Dios del amor”.

“A mi Dios le gusta la diversidad”

Por Príncipe de Viana

De niño fui educado en la religión cristiana, a los seis años ya sentía que era diferente, que la gente me miraba de manera distinta por mi manera de comportarme y expresarme pero no fue hasta los ocho que supe lo que era ser homosexual y hasta los diez  lo que aquello supondría para mí el resto de mi vida.

Mi confusión es un proceso por el que pasamos muchos homosexuales, una buena educación y un entorno familiar aceptable mitigan esa aceptación adolescente, ya que no sólo los adolescentes homosexuales tenemos dudas y miedos a la hora de afrontar nuestra iniciación sexual. No fue mi caso ya que en mi familia hablar de sexo era “tabú”.

La confusión y el temor me abatían, todo el mundo sin excepción utilizaba la expresión “maricón” y eso es lo que oí durante toda mi adolescencia y parte de mi juventud, ser homosexual era lo peor de lo peor.

Mi fe se tambaleaba, ¿por qué Dios me había hecho así?, ¿era un castigo?, ¿por qué las personas que se consideraban buenos cristianos me despreciaban e insultaban por haber nacido gay? No sólo por mi condición de homosexual, pero quizás sí en parte, me convertí en alguien (y sigo siéndolo) que cuestiona las verdades absolutas, por lo tanto fui una piedra en el zapato de mi profesora de religión.

“Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza”:  ¿Y dónde encajamos los homosexuales? ¿Somos hombres? ¿Somos mujeres? ¿Somos ángeles?.

“Sólo aquel que nazca dos veces (bautismo) entrará en el Reino de mi Padre” ¿Y los que nacieron antes? ¿Y las tribus de otros continentes todavía por descubrir? ¿Y las personas de buen corazón que practican otras religiones?.

“Jesús bendijo el sacramento del matrimonio al acudir a las Bodas de Canaan y transformar el agua en vino” ¿Y por eso es un sacramento? ¿El matrimonio es obligatorio? ¿Por qué los homosexuales no pueden casarse ante Dios?

Admiraba mi entusiasmo pero sólo podía responderme “que era una cuestión de fe”.

Al cumplir los trece fui a un instituto de religiosas, no es que fuera mi elección me hubiese gustado estudiar jardinería o puericultura pero lo hubieran considerado demasiado gay, de manera que para no cargarme con más “sambenitos” a esa edad, y dado que una prima mía estaba allí y podía heredar sus libros y compartir el transporte para ahorrar un dinero a la familia, no me importó hacerlo.

En España las instituciones religiosas comenzaban a volverse más laicas, era por un cambio de la sociedad y una obligación del Estado para percibir ayudas y subvenciones, pero yo tuve la fortuna de tener algunas profesoras que eran monjas y comprender mejor la postura de la Iglesia.

Creo que en toda su carrera la monja que impartía las clases de religión jamás se había topado con alguien como yo.Me temo que me convertí en su verdadera prueba de fe pues los tres años que pasé en el instituto no había día que no cuestionara algo de lo que dijese:

“Israel era el pueblo elegido por Dios” ¿Y los otros? ¿Acaso no los creó él?.

“La iglesia siempre está del lado de los justos y necesitados” ¿Y sus guerras santas? ¿Y la expulsión de los judíos? ¿Y las riquezas del Vaticano que paliarían el hambre?.

“El matrimonio es un sacramento que jamás debe romperse, lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre” ¿Y la mujer que es maltratada? ¿Y si te es infiel? ¿Y si ya no lo amas?.

Al irme pidió un traslado, supongo que sintió impotencia al no conseguir convencerme y mis argumentos la atormentaban (y el que le hiciera un corte de manga el último día, pues mis calificaciones eran más bajas de las que me correspondían por nuestras discrepancias). Aquello le haría darse cuenta de que la sociedad ya no le temíamos y buscó refugio en un lugar donde nadie cuestionara su “única” fe.

De manera que mi fe y el Dios que trataban de venderme nunca fue el mío. A mi Dios le gusta la diversidad, a mi Dios le gustan las buenas personas sean de la raza que sean y de la religión que practiquen, mi Dios es el Dios compasivo, el Dios que escucha y acepta, el Dios del amor.

Afortunadamente la Iglesia Católica comienza a cuestionarse estos temas, empieza a darse cuenta de que imponer una verdad absoluta a algo tan personal como lo es la fe no consigue más que alejar a las personas de ella.

Algunos sacerdotes apoyan la causa homosexual, conscientes de la realidad de sus fieles instan a la utilización del preservativo como prevención de enfermedades de transmisión sexual, cuestionan la utilización de sus ingresos en gastos superfluos y lujosos y abren sus puertas a una fe más tolerante, menos estricta.

Creo en un Iglesia que se renueve en este siglo, que acepte la realidad social y sea más permisiva a la hora de afrontar la creencia de las personas. Soy homosexual y tengo fe.

 

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Poemas que surgen de contemplar a dos pibes del mismo sexo

El escritor Facundo Soto vuelve a dar qué hablar. Esta vez, con su libro de poemas: Electricidad.

Nos compramos pantalones. Caminamos por un shoping hasta que/cerró y nos dejó adentro. Leímos revistas. Le cambiamos la rueda al/auto y nos encajamos. Nos embarramos. Nos corrimos como/astronautas para mearnos. Nos resbalamos. Nos caímos. Nos/abrazamos en el barro. Nos dijimos que éramos sapos. Nos/escupimos. Dejamos de vernos. Nos escribimos mails. Nos dijimos/que no nos íbamos a ver más, y acá estamos, pensando que uno se/va a morir primero que el otro. Y acá estamos, pensando en quién/se va a morir primero. Te toco. Me tocas. Nos damos electricidad. (Fragmento de Electricidad)

Cucurto y Facundo Soto comparten la alegría de Electricidad, el libro recién editado por Vox

Facundo cuenta a Boquitas pintadas que Electricidad está compuesto por cinco poemarios: Electricidad, Entrar al sol, Qué hacés campeón, Chucherías baratas y Fuegos artificiales. “Son poemas que escribí en estos dos últimos años. Me encantaría sacar un libro así cada dos años, porque todavía siento que me representan. Son textos frescos, narrativos y tienden a resaltar la belleza de las cosas, de las relaciones, y de los chicos lindos (sobre todo en Qué hacés campeón)”, dice.

Comenta que si bien hay de todo un poco -hay un poema al  papá y otro a las cucarachas- la mayoría de los poemas están hilvanados por la contemplación a los pibes y a las relaciones que se establecen entre chicos de igual género con muchas cosas en común, como el fútbol, la cerveza, andar en bici bajo el sol. “Son muy luminosos”, apunta.

“Este collar de poemas me permite contar, decir, narrar algo breve y, por lo menos a mí, no sólo disfrutar de una linda imagen o situación, sino que también me dejan pensando en algo; espero que ese efecto también lo tengan lxs otrxs lectores”, dice.

La portada de Electricidad

-¿Por qué decidiste editar con Vox?

- [Washington] Cucurto viaja seguido a Bahía Blanca, lugar donde vive el editor de Vox, y le habló de mis poemas. Recibí un mail de Gustavo López diciéndome que le habían gustado mucho los poemas que le leyó Cucurto (Microondas, 2011, Cartonerita solar) y que le pasara otros, nuevos. Estoy súper contento de publicar en Vox, porque es una editorial de poesía que amalgama distintas artes, donde los libros suelen venir con grabados, y un arte de tapa impresionante; Electricidad tiene la tapa dorada con efectos celestes, basado en una obra del artista plástico Gastón Olmos. Hace 20 años que funciona Vox, y muy bien; creo que es la editorial más prestigiosa e importante de la Argentina, en cuanto a poesía. Su catálogo tiene a casi todos los poetas que me gustan.


¡Escriban! ¡Escriban! La poesía puede ser cualquier cosa

Texto de introducción a Electricidad, de Facundo Soto

Por Cucurto

Facundo Soto vino a destruir todo lo que construimos con cucharitas de juguete. Ese lugar preciado, serio, responsable, ese lugar que podía ser el espacio de la política, del rock, del nacionalismo, del peronismo y de la desacralización vallejiana y nerudiana, esa “cosa llamada poesía” que podía ser un mundo para anteponerle al mundo y darle sentido a nuestras vidas, de pronto comenzó a cambiar…

Eso tan cerebral que practicaba Girri manteniendo interesantes relaciones con la Embajada estadounidense. Tampoco se parece a las parodias laborghinianas, ni al espantapájaros de Girondo.

Hoy nos reímos con esa metáfora. En este mundo de Monsanto no vamos a ningún lado con un espantapájaros.

Ya no leemos a Wallace Stevens.

Y Jhon Asbhery es una rareza, una especie de invento creado en los laboratorios de los talleres de escritura creativa de las universidades yanquis.

¡Y los cuatro cuartetos de Eloit, ahora sí, con justicia, están condenados al polvo! ¡Ni cien años de academia anglosajona pudieron sostenerlo! ¡Internet lo acabó en menos de una década!

Los poetas de esta época que aspiran a algo parecido deberían fijarse.

Cada época tiene sus manifestaciones.

Por lo tanto, esta es la época de los escritores como Facundo Soto, un cuarentón juvenil que escribe como un adolescente. Usa gorrita, lector voraz, solitario y solidario. Además quien conoce a Facundo Soto (Facu para los amigos) no puede evitar caer en las redes de su inspiración. Leanlo. Leer a Facu significa ponerse a escribir al instante.

Facu es un auténtico atolondrado, escribe todo el tiempo, hace las cosas rápido y bien. Se le ocurren ideas todo el tiempo y al rato ya está tratando de concretarlas. No tiene una actitud lagrimosa o quejosa como la mayoría de los escritores que creen que son genios y que el mundo les debe muchos dólares por no reconocerles su talento. ¡Sotretas, mentecatos, zoquetes, analfas, mequetrefes, biorsi, shiomes, perejiles!

Facundo Soto nos da una enseñanza letal, le da a la poesía el espacio que se merece. Ni una vida, ni una hora. Lo justo. Facundo Soto tiene el tremendo poder de volver poesía a cada todo.

Una anécdota: Incluso una vez le mandé varios poemas y él los dio vuelta e hizo todos poemas nuevos con los mismos versos. ¡Qué manera de jugar!

El drama está disimulado.

¿La poesía será algo así? No es una poesía dramática la que Facu nos muestra en Electricidad – el libro que estamos presentando en cuestión-, sino todo lo contrario, el autor parece decirnos escriban, escriban, poesía puede ser cualquier cosa, lo que se les ocurra, a todo terreno.

Hay reflexiones sobre las golosinas, descripciones infinitas sobre cosas hechas.

Electricidad comienza así:

“Tomamos agua, coca cola y vinos de distintas épocas y colores. Hablamos de hacer uno azul, y escribimos. Nos leímos. Nos escuchamos. Nos peleamos con las almohadas hasta deshacer la cama. Nos pasamos los chicles de la boca. Miramos la lluvia y preparamos sopa. Miramos la tele. Conocimos  alcaparras. Nos calentamos los pies. Discutimos la ley del copy right. Nos peleamos. Nos amigamos haciendo zapallo en almíbar. Nos quedamos dormidos oyendo los grillos. Soñamos con irnos a Marruecos y terminamos en Entre Ríos.”

La poesía de este siglo está destinada a mezclarse con otros lenguajes, con otros mails, con otros mensajitos de textos, con literatura de los libros, con viejas ideas políticas, pero ya casi poca. Las cosas dichas como son y lo más importante: no perder mucho tiempo que hay cosas más importantes para hacer.

La poesía ha cambiado, ya no es como la estudiamos, como la leímos, como la admiramos. Sin embargo, en el campo poético todavía se sostienen viejas ideas, relacionadas con la forma, con el método, con el trabajo y el esfuerzo, como decía Carlos Fuentes “la necesidad inexpugnable de abrir un interrogante y a la tarde encontrarle su respuesta. Esa es la idea de la tradición, ir cerrando etapas.

Facundo Soto nos dice con su obra, con sus poemas, sus cuentos, sus mensajitos de textos, sus relatos o ideas anotadas en el blackberry que la literatura también puede ser otra cosa, que tiene otros tiempos y otras inquietudes.

De esto, precisamente, del riesgo de lo efímero, nos hablan este racimo de poemas buenísimos.

 

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“De chica en chica” busca ser una película con la ayuda de sus fans

En un proyecto similar al que contábamos acá hace un tiempo con Plan V, De Chica en Chica quiere convertirse en película con ayuda de sus fans. La iniciativa de esta producción española surgió después de seis años de éxito de la serie online Chica busca chica. Ahora, después de siete años de entonces, se reencontró el equipo creativo para encarar el sueño de la película.

La película, que se llamará De Chica en Chica, busca el apoyo de aquel público que la siguió para sacar adelante el proyecto. Como muchas producciones independientes eligen el sistema del crowdfunding. Así, todos quienes quieran, de cualquier país del mundo, pueden convertirse en co-productores.

Los actores de esta comedia son Celia Freijeiro, Sandra Collantes, Cristina Pons, María Ballesteros, María Botto, Alexandra Jimenez, Diego Martín, Miguel Angel Muñoz, Gorka Otxoa, Eulalia Ramón, Estefanía de los Santos, Adriana Torrebejano y dirigida por Sonia Sebastián.

(Aquí un adelanto de la película)

Desde España, vía e-mail, la directora creativa de Pocapena Producciones, a cargo de la realización de la película, Sonia Sebastián, cuenta detalles de esta iniciativa.

- ¿De qué trata la película que proyectan?

- Estamos intentando recaudar financiación para poder rodar la película y poder hacerla de forma independiente. De Chica en Chica trata sobre  la vuelta de Nines a Madrid después de nueve años fuera en busca de Carmen, una heterosexual de la que siempre estuvo enamorada. Pero Nines elige el peor momento para hacerlo. Al presentarse de improviso en casa de Carmen Nines interrumpe la “I Fiesta de la Regla” en honor de Candela, la hija de Mónica y mujer a la que abandonó embarazada el día que iban a casarse.

Y no sólo eso…también está Sofía porfavor, la editora de comics a la que dejó con una estafa laboral importante. Y Javier, el ex de Carmen, con el que Nines siempre compitió, y su mujer embarazadísima de treinta y siete semanas. Y Fran, el amigo gay con mentalidad de hétero y su novia Linda, una travesti espectacular. Y Marta, que por fin ha conseguido a Rai, la neopunk de sus sueños justo el día en el que recibe la inesperada visita de su madre.

- ¿Cómo surge la intención de pasar del formato web al cine?

- Teníamos una historia estupenda que necesitábamos contarla y además veíamos que rodar una película sería mucho más factible ya que no se depende tanto de cadenas de televisión. De esta forma la podríamos estrenar tanto en cines como por Internet. Pero claro, para esto necesitamos al público y las aportaciones que hagan en Internet a través de la página de crowdfunding. Necesitamos la ayuda de la gente para poder hacerla. En España no se ha hecho aún ninguna película de temática LGTB donde casi todas las protagonistas sean chicas. Creo que es necesario hacerlo.

- ¿Por qué te parece importante contar historias de ficción con fuerte presencia de diversidad sexual?

- Creo que es necesario contar estas historias para conseguir una normalización en el pensamiento de la gente. En nuestra historia se presenta a una familia que tiene los mismos problemas que cualquier familia y lo único que los diferencia es su orientación sexual, pero esto no cambia un ápice de la historia. Necesitamos visibilidad y creo que a través de una comedia tan loca como esta se puede conseguir. Tenemos un elenco increíble de actores e incluso ahora se nos ha unido Jane Badler, la famosa Diana de la serie V.

- ¿Cuánto necesitan recaudar?

- Necesitamos 184.000 euros para hacerla realidad. Hemos abierto el proyecto en una plataforma de crowdfunding que consiste en que la gente pueda donar a través de Internet desde 5 euros para llegar a la cantidad pedida. Si no se consigue el dinero no se quitará de la cuenta, es decir, que la gente sólo aporta si el proyecto sale adelante.

- ¿Qué puntos encontrás en común entre España y la Argentina en materia de diversidad?

- En la Argentina al igual que en España se está luchando mucho por los derechos de la comunidad LGTB. Son países con una mentalidad mucho más avanzada que los demás y deben establecer lazos de unión para un apoyo y un camino común en esto.

 

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Buenos Aires tiene su teatro para la diversidad: ¡que empiece la función!

Será el primer teatro para la diversidad en la Argentina. El viernes próximo abre sus puertas en el barrio de San Cristóbal Puerta Abierta Teatro. Lo presentan así: “Es un lugar donde podamos expresar a través del arte la reivindicación de los derechos humanos de todas las personas de cualquier orientación sexual sin que esta sea causa de discriminación, donde quienes lo deseen puedan empezar a desarrollar actividades artísticas aunque nunca antes lo hayan realizado”.

La psicóloga Graciela Balestra, una de las gestoras de este proyecto junto con su compañera Silvina Tealdi, anticipa: “Este espacio le hará mucho bien a mucha gente ya que el arte y, en especial, la actuación es sumamente terapéutica e integradora”.

Así luce la fachada del nuevo teatro de Puerta Abierta

La ONG Puerta Abierta fue fundada en 1999; desde entonces trabaja por los derechos LGBT, desde lo político, social, cultural, psicológico, jurídico y médico. Más de 3000 personas han participado de sus actividades: desde allí se trabaja dando charlas, talleres, presentaciones en congresos, trabajando activamente para las leyes de Matrimonio igualitario e Identidad de género, asesorando a legisladores, entre otras cosas.

Como parte de este proceso, en 2009 la ONG creó el primer Centro de Jubilados y Pensionados lésbico gay de la Argentina y de Latinoamérica, llamado Puerta Abierta a la Diversidad. Allí se abrió un espacio para que los adultos mayores LGBT tuvieran un lugar de pertenencia en donde poder expresarse y mostrarse libremente tal como son, sin miedo a la discriminación y donde pudieran crear una red para poder ayudar a otros de manera concreta y visible. La intención es que esa visibilización propicie una sociedad cada vez más respetuosa de las diferencias.

“La realidad es que hoy aún es necesario que existan espacios así, ya que la sociedad todavía no está preparada para aceptar que todos somos diferentes entre nosotros -diferencias dadas por tener cada ser humano una singularidad y subjetividad única e irrepetible- y que todas las  personas tienen los mismos derechos”, explica Balestra. “Los adultos mayores LGBT sienten que no tienen lugar en la comunidad, que cada día se consolida más el arquetipo de la juventud como estado ideal, franja etárea sobrevalorada, impactando en los adultos mayores negativamente por lo cual ellos se consideran doblemente discriminados por no encajar en los estándares sociales actuales”.

Silvina Tealdi (izq.) y Graciela Balestra, gestoras de este proyecto de arte integrador

A eso apunta Puerta Abierta, un sitio que integra más allá de las edades, de la orientación sexual, de los intereses de cada uno. Por eso es que muchas personas se fueron sumando en estos años y pudieron sentirse parte de algo, ser tenidas en cuenta, valoradas, queridas por lo que son.

A partir del deseo y la energía de esas personas es que justamente se logró armar una sala de teatro. Para que exista un nuevo modo de expresión en la comunidad de Puerta. “Para poder expresar a través del arte la lucha contra la discriminación y la reivindicación de los derechos de las personas LGBT”, sostiene Balestra.

La continuidad de este proyecto, ahora a través del arte con un teatro abierto a la comunidad, es una posibilidad de que muchos más adultos se integren y acerquen a sus pares, cualquiera sea su orientación sexual.

“En Puerta abierta todo el mundo es bienvenido”, dice Balestra, e invita a la inauguración. Será este viernes 6 a las 19.30 en Alberti 1052, Ciudad de Buenos Aires. Para más información: puertaabierta2010@yahoo.com.ar; o al 1544709852  /  1567114263

 

Bonus track para conocer más de Puerta Abierta: Graciela Balestra, directora de Puerta Abierta, y Alejandro Viedma, coordinador del grupo de reflexión de varones gays, hablan sobre el área terapéutica y los espacios de reflexión para lesbianas y gays, en el programa de GTelevisionAr.

“Llevo 32 años intentando reencontrarme con la mujer de mi vida”, dice Mirtha

Mirtha Del Valle es una salteña que ya está próxima a la jubilación. Por un desencanto amoroso con una mujer que conoció en Río de Janeiro se fue a vivir a Estados Unidos. “Lele fue la única persona que marcó a fuego mi corazón”, dice en uno de los mails que envía a Boquitas pintadas. Quiere contar su historia de amor, que vivió cuando la Argentina atravesaba la peor dictadura. Recién ahora ella puede asumirse abiertamente lesbiana y quiere reencontrarse con Lele.

La alegría y el amor en Río de Janeiro

Por Mirtha del Valle

Río de Janeiro, la ciudad donde Mirtha conoció a Lele; Foto: archivo La Nacion

Tenía 28 años y nunca había estado con una mujer. Sabía que me gustaban, pero en aquella época, con una dictadura tan atroz, no era tan fácil salir del clóset. Así que un verano crucé la frontera y fui a parar a Río de Janeiro. No lo podía creer: ¡cuánta libertad!. Veía a mujeres caminando de la mano por la calle, besándose en la playa. Me di cuenta de cuánta represión había en mi país y de cuántos preconceptos estúpidos había en la familia. Allá viví el día y la noche.

Día a día saboreaba la libertad de poder ser yo misma. Conocía gente a diario, pero no me quedaba con nadie. Me acostumbré a que me llamaran “gringa”. Así fue hasta que una noche en una boat que se llamaba “media media” conocí a quien creo que es el verdadero amor de mi vida. A partir de esa noche no nos separamos por casi un año. Me quedé en Río y nos juntamos, decíamos que “para siempre”. Pero el diablo metió la cola: tuve que regresar a mi casa por cuestiones de familia; la salud de mi abuela y la de mi madre. Nos despedimos llorando a gritos, yo con la promesa de que regresaría pronto. Pero no fue posible: la dictadura militar, luego la guerra de Malvinas impidieron que saliera del país. Nos escribíamos a diario y nos hablábamos por teléfono. Cada carta de ella era un mar de lágrimas mío.

El tiempo pasó y cuando pude salir del país, juntando moneda a moneda para el viaje y los regalos, no fui recibida. No quiso verme. Apenas llegué a Río fui a Niterói, la pequeña ciudad donde vivíamos. Allí fui directo al edificio que compartíamos juntas y ya no vivía allí. Pero los del lobby me reconocieron y me dijeron que el hermano de ella estaba de visita en algún departamento. Así que me quedé a esperarlo. Cuando salió me reconoció inmediatamente. Vino, me abrazó y me preguntó si buscaba a Lele. Le dije que sí, que quería verla. Me dio una tarjeta de ella con el número de teléfono. Mientras me contó que él se había casado y que tenía un niño de dos años. Habían pasado tres años desde mi partida.

Mirtha Del Valle, foto Facebook

Cuando llamé me atendió la madre, una mujer buena, trabajadora, viuda. Me dijo que Lele estaba trabajando, que fuera a la casa, que no me quedara tarde en la calle porque era peligroso. Yo no fui porque primero quería hablar con Lele….mis sentimientos hacia ella no habían cambiado, pero cómo saber si ella aún sentía lo mismo. Nuestra comunicación se cortó, algunas cartas llegaban abiertas, otras no llegaban o tardaban meses y ya no era tan fácil llamar por teléfono. A mi me salía muy caro, aparte que había que quedarse sentada horas y horas esperando a que la telefónica te comunique.

Por eso acordé con la mamá que llamaría a la noche para darle la sorpresa. Sin saber que la sorpresa me la daría ella a mí. Así lo hice y justo atendió ella, pero no pareció estar feliz, al contrario. Apenas un breve saludo y dos palabras más. No tengo dinero, yo no puedo….y la comunicación se cortó. Nunca supe si por falta de cospeles o porque ella me cortó.

Al día siguiente volví a llamar y me atendió la mamá. Se mostró muy apenada porque Lele no quiso verme y me dijo que fuera a buscarla a su trabajo para vernos y tomar algo, pero yo nunca fui. Me quedaba en lugares comunes, conocidos por ella y por mí con la esperanza de que decidiera buscarme. Eso no ocurrió.

Yo regresé con el corazón roto. Todos los siguientes veranos iba a Río con la esperanza de encontrarla. Así hasta que viajé a USA en busca de un mejor porvenir. Pero nunca la olvidé, siempre la busqué. Me pasaba noches enteras en los chat en portugués con la esperanza de que alguien la conociera. La buscaba en Facebook, en páginas blancas, amarillas, rosas y nada. Así llevo 32 años intentando encontrarla.

Llevo un largo tiempo peleando duro con una mala enfermedad. El año pasado tuve que hacer un testamento. Trabajé duro en este país por 20 años para tener lo que hoy tengo y no quiero que se pierda porque no tengo herederos. Siempre me dije que ella fue una de las pocas personas que verdaderamente me amó y sólo a ella le dejaría lo poquito que conseguí en mi largo peregrinar.

El 4 de febrero, día mundial del cáncer, puse su nombre por milésima vez en el Facebook y apareció su página, con su foto actual. Fue el día más feliz que tuve en los últimos tiempos. Inmediatamente le envié un mensaje, pero parece que no visita muy seguido la página. Aún no respondió. Pero esta vez no se me escapa.

Me alegró muchísimo saber que está viva y que sigue viviendo en Niterói, el lugar que yo elegí para mi retiro. En dos años más me jubilo y no me quiero quedar más acá. En USA la gente vive muy sola, la amistad no existe, el amor al prójimo no es muy frecuente, no encontré solidaridad, sólo egoísmo, vínculos por interés y discriminación por distintos motivos. Aquí vivo sola con mi perro y no le doy bola a nadie. Me cambiaron el corazón.

Siento que Lele es la única que me supo entender y querer bien.

Mirtha

 

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Tras la condena al “lobby gay”, un ex sacerdote homosexual le escribió una carta al papa Francisco

Vivió la condena homosexual desde adentro de la Iglesia. Andrés Gioeni era sacerdote cuando empezó a sentir una “pulsión homosexual” y lo comentó con personas de su confianza dentro de su Diócesis en Mendoza. “Hablé con sacerdotes amigos. Me decían que lo iba a superar, otros me invitaban a vivir una doble vida”, cuenta. Prefirió renunciar al sacerdocio. Se vino a Buenos Aires con una mochila a empezar de nuevo, para que nadie lo asociara a su tarea como sacerdote. “Superado ese estigma pude formar mi pareja, con quien estoy hace diez años”, dice. Se dedica al teatro, su gran pasión.

Durante estos días en los que el papa Francisco visitó Brasil, ocasión en la que el Pontífice condenó el “lobby gay”, Gioeni decidió escribirle una carta. “Le escribí porque creo que es un atisbo de esperanza en la respuesta que dio sobre no juzgar a los gays. Hay mucho por renovar en la Iglesia, todo lo que tiene que ver con la teología moral sexual”, dice. Se refiere al uso de preservativos, de los métodos anticonceptivos en general y, también, a la homosexualidad. “Es importante que se dejen de usar textos bíblicos como contrarios a la homosexualidad, como el de Sodoma y Gomorra, que leído desde ciertos teólogos se plantea bien que la interpretación que se daba entonces no es la que le dan hoy, que Jesús nunca condenó la homosexualidad”.

Andrés Gioeni; foto Facebook

- ¿Esos teólogos que lo planean así no tienen lugar dentro de la Iglesia?

- Existe en la Iglesia una dialéctica fuerte y tienen que ir creciendo las posiciones de quienes tienen otras miradas. Pero se encuentran con autoridades muy conservadoras de mucho peso.

- ¿Qué opinás de la condena del Papa al lobby gay? ¿Se hubieran conseguido leyes sin ese activismo?

- Esa expresión dio lugar a muchas interpretaciones. Me pregunto si para él todo proselitismo gay es dañino, porque es claro que sin militancia no se hubiera avanzado en el respeto a los derechos de los homosexuales. Hay países en los que se condena la homosexualidad con pena de muerte, no es menor. Una apertura de la Iglesia sería un paso importante para cambiar la política condenatoria de estos países.

Su historia personal

Andrés Gioeni; foto Facebook

- ¿Cómo fue tu ingreso a la Iglesia?

- Tuve una cercanía de joven con la Iglesia como misionero en Mendoza. Decidí ingresar al Seminario cuando terminé el secundario, a los 18 años. En sexto año, con los retiros vocacionales me incliné por quedarme en la Diósesis de Mendoza. Cursé los ocho años de estudio y me ordené diácono primero y sacerdote después. Estuve en San martín, luego en Mendoza capital. Dos años y medio ejercí en total.

- ¿Por qué dejaste el sacerdocio?

- Durante el Seminario nunca me planeé la homosexualidad. Pensé que el celibato era para mi. Además, yo era bastante homofóbico incluso; supongo que era por mis cuestiones internas sin resolver. Luego cuando ingresé al mundo real, porque el Seminario es como un Tupper, y salí con tareas pastorales me di cuenta de que no había ninguna contención emocional. Empecé a sentir pulsiones homosexuales y tuve mucho miedo. Pensé que era algo transitorio.

- ¿Pudiste hablar con alguien de la Iglesia de lo que te pasaba?

- Hablé con sacerdotes amigos.  Me decían que lo iba a superar, otros me invitaban a vivir una doble vida. Decidí cortar. Me voy, le dije al Obispo, sin más razones.

- ¿Qué pasó después?

- Me vine a Buenos Aires con una mochila. Tenía necesidad de tomar distancia. Acá en el anonimato de la gran ciudad me redescubrí. Pero mi salida fue bastante caótica, escandalosa en la ciudad de Mendoza. Por eso quiero que el Papa intervenga para que no haya más salidas así, caóticas, traumáticas. No hay nada malo en descubrirse homosexual, es liberador y no debería haber condena por eso. Sumaría mucho a la humanidad que la Iglesia dejara de estigmatizar.

- ¿Seguís siendo creyente?

- No, diría que soy agnóstico creyente. Creo en un Dios, en una energía que empuja a tu favor, pero no creo más en el Dios de la Iglesia católica.

 

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Claudia Castrosin, “La Fulana” con 15 años de militancia por los derechos de las lesbianas

Claudia Castrosin era una chica de 20 años cuando les dijo a sus padres que era lesbiana. Era a fines de los 90, en La Plata. Su mamá le habló así: “Esta es una casa decente y acá se va a vivir como yo digo”. Entonces, le dio las llaves de su casa y se fue. Sabía que en la organización La Fulana, de la que había sentido nombrar, encontraría un espacio de contención. Hacia allá fue. Se alojó junto a otras chicas, también lesbianas y echadas de sus hogares, en una vieja casona.

Ese refugio, por el que pasaron una multitud de mujeres, se cerró, pero Claudia siguió su activismo en La Fulana y hoy es una de las principales referentes. La organización cumple 15 años en septiembre próximo. “Recuerdo que no sabíamos nada de género y en María Rachid fue clave en acercarnos materiales que terminaron de formarnos”, dice, quien hoy es vice presidenta de la Federación Argentina Lgbt en la Argentina.

Fue una de las principales activistas a favor de la ley de matrimonio igualitario; tanto fue así que junto a su pareja de entonces, María Rachid, fueron las primeras en presentar un recurso de amparo para casarse en Buenos Aires. Luego vinieron otros, todos con resolución positiva. Al final, llegó la ley. También trabajó por la ley de identidad de género, la ley de sangre y derogación de edictos policiales. Este año está activa en la ley antidiscriminatoria y apoyando la ley del aborto seguro. Sobre este último punto,  cuestiona: “Me gustaría preguntarle a Cristina qué piensa del aborto”.

Claudia Castrosin junto a María Rachid, antes de la ley matrimonio igualitario

- ¿Qué es La Fulana?

- La Fulana es un espacio de articulación lésbica, es un espacio de lesbianas y mujeres bisexuales. En un principio La Fulana estaba formado por dos espacios políticos de acción lésbica: uno se llamaba Musas de papel, que tenía que ver con poesía y acciones culturales en general; y Amenaza lésbica, que era un espacio de activismo combativo, de tomar las calles y hacer visibilidad lésbica. Llegó un momento que había mucha necesidad de las mujeres de vivir en ese espacio porque eran echadas de sus casas. Entonces, se pensó en un espacio más amplio. Ahí jugó un rol muy importante María Rachid, que diagramó un espacio que funcionara como un centro comunitario. Eso estuvo desde mediados de los 90 hasta 2005. Era una casa grande en la calle Venezuela. Yo llegué en el 99 como una más echada de la casa de mis padres en La Plata; recién había salido del armario. Yo conocía La Fulana, la había escuchado nombrar. Me fui sabiendo que contaba con ese lugar.

- Era todo más oculto, ¿no? ¿Esto explica esas expulsiones?

- Sí, había otra lectura social de la homosexualidad. En ese punto, hay un paréntesis que yo entendí con la militancia, con los años de activismo y me amigué con mi familia, con cosas que pasaron en ese momento. Soy hija única, mi viejo, que era mi mejor amigo, me dejó de hablar, no pudo transmitirme de ninguna manera qué le molestaba. Yo tenía 20 años. Mi mamá lo que me dijo fue: ‘Esta es una casa decente y acá se va a vivir como yo digo’. Entonces, le di las llaves de mi casa y me fui. Pero me fui segura del espacio de contención de La Fulana. Sabía que ahí recibían a las chicas. Estuve como seis meses sin hablarme con ellos. Era un lugar muy necesario, a muchas les pasó lo mismo.

- ¿Cuántas chicas se llegaron a alojar ahí?

- Cuando llegué éramos ocho. Como máximo fuimos 20. Era un sistema comunitario muy lindo para vivir. En ese sistema de hacernos responsables de todo fue una gran experiencia. Además, teníamos en claro que había que agarrarse de algo: María nos acercó al feminismo, a las lecturas sobre eso y estuvo re bueno. Además fueron todas experiencias de salida del armario que fuimos viviendo juntas. Fue un gran aprendizaje.

Claudia Castrosin, en una jornada de activismo contra el crimen de Natalia “Pepa” Gaitán

- ¿Qué pudiste ver en relación con tus padres?

- Entendí en todo ese tiempo que yo no tenía herramientas para plantearle lo que me pasaba. Yo no sabía qué me pasaba a mi, entonces menos le iba a poder contestar. Entonces lo primero que hice fue decirles: ‘Listo, te doy las llaves’, sin resolver nada. Después entendí que los viejos no tienen la culpa. Es un sistema que hace que así sea. A mis padres nunca les dijeron que había un porcentaje de probabilidades de que tuvieran tengan una hija lesbiana, estaban preparados para la heteronormatividad. Está el miedo, el desconocimiento, el ‘no vas a tener hijos’, el que ‘nunca vas a ser feliz’. Con el tiempo se dieron cuenta de que nada de eso pasó, me casé y hasta soy mamá.

- ¿Cómo fue la vuelta con ellos?

- Después de esos meses nos acercamos. Fui con mi compañera de ese momento, que era María Rachid, y fue entender que yo estaba enamorada de una mujer, que no había mucho más. Por entonces, no había mucha visibilidad de mujeres lesbianas.

- ¿Cómo ves hoy el tema de la visibilidad?

- Hay un poco más de visibilidad, el tema es que sigue siendo un movimiento muy marginal.  Por eso es importante haber instaurado un día de visibilidad, el 7 de marzo.

Jornadas de visibilidad lésbica en Buenos Aires

- ¿Cómo fue cambiando La Fulana en su militancia?

- Lo que fue sucediendo es que las que participamos y nos responsabilizábamos del espacio nos dimos cuenta de que había cuestiones que se nos escapaban, que había personas que necesitaban más que un albergue. También estaba el tema de que eran personas sin recursos económicos y era complicado. La manera de trabajo comunitaria que habíamos armado era que las personas que no trabajaran colaboraban con el espacio, lo limpiaban, lo cuidaban, hacían de comer para las demás. Las que trabajaban aportaban para el alquiler, para el teléfono, la comida, lo básico. Lo que sucedió es que la dueña del lugar no quería alquilarnos más porque quería vivir ahí. Eso nos sirvió para cortar con el espacio comunitario, porque era difícil sostenerlo para nosotras mismas. Nos mudamos a otro espacio y ahí establecimos que no íbamos a alojar a nadie, que iba a ser un espacio político de reuniones. Además hicimos un bar. La militancia a veces es muy agotadora y muy aburrida. No tiene que ser así, porque termina cansándote fácilmente. Para mi la militancia va atrás de una sonrisa.

- ¿Cuándo surgió la revista?

- La revista salió un año y algo, fueron 16 números. Salió en el 2000 y cayó en 2001, cuando se cayó todo. Se autofinanciaba, con la publicidad y fue imposible. El papel era oro. Fue un proyecto maravilloso: la primera revista de visibilización lésbica de tirada masiva en América latina, que se vendía en los kioscos.

- ¿Hoy La Fulana qué espacios conserva?

- El espacio se llama de encuentro y reflexión y somos mujeres que nos encontramos semanalmente, los viernes, a conversar de diferentes temas: el trabajo, la familia, lo que planteen las compañeras. Es un grupo abierto, seremos unas 40 mujeres. Es súper relajado. Hace 15 años que estamos y mantenemos esa dinámica de conversar. Los viernes de 20.30 a 22.30 en Callao y Rivadavia. Esa es la pata principal.

La otra es la del activismo, como los proyectos de ley que presentamos en los distintos espacios políticos. Tenemos la gran oportunidad de que María Rachid sea legisladora (FpV) en la ciudad de Buenos Aires; pero trabajamos siempre buscando la transversalidad. Como organización no pertenecemos a un partido, hay compañeras del Socialismo, del Frente para la Victoria, independientes, anarquista.

- ¿Hay alguien del PRO?

- Del PRO, no. Pero si viniera hay que ver algunos puntos y vamos para adelante. Por ejemplo, Pedro Robledo nos decía que quiere pedirle a Mauricio Macri una casa de refugio para personas trans. Mirá si no lo vamos a apoyar.

Claudia junto a su pareja Flavia Massenzio y su hija; una postal de la actualidad

- ¿En qué temas están trabajando desde el activismo?

- Nuestros grandes temas eran, en este orden, matrimonio igualitario, identidad de género, ley antidiscriminatoria, ley de sangre y derogación de edictos policiales. De eso sólo nos queda ley antidiscriminatoria y modificación de la ley de sangre, que se consiguió en la ciudad pero no a nivel nacional. Van a salir este año.

- ¿El aborto es un tema para este año?

- El aborto es un tema, sí. Nosotras no lo laburamos directamente, pero acompañamos.  Lo que veo es que con el aborto falta unidad del discurso, hay muchas diferencias. Tenemos que generar las condiciones, como con matrimonio igualitario, para que la sociedad esté preparada. Con el matrimonio igualitario, antes de que se aprobara, hacía cuatro años que las organizaciones sólo hablábamos de eso.

- ¿Creés que tendrían el acompañamiento de Cristina Kirchner?

- Es una incógnita. Muchos dicen que Cristina está en contra. No lo sé. Me encantaría preguntarle qué piensa del aborto.

 

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“Nosotros tenemos las leyes, pero muchos gays aún se esconden”

El cine de respeto a la diversidad sexual llegó mucho antes que las leyes y es el modo de arraigar culturalmente algunas conquistas. Así lo entendieron en Tel Aviv, considerada la capital cultural israelí, que organizó este año la Primera Conferencia Lgbt Internacional del Festival de Cine.

La Argentina, referente de la igualdad Lgbt, no podría estar ausente. El Lic. Alejandro Viedma, psicoanalista coordinador del grupo de varones gays en la ONG Puerta Abierta, uno de los asesores de este blog, fue convocado a participar de esa iniciativa que contó con charlas de diferentes especialistas del mundo. “Más que a dar cátedra fui a aprender y a empaparme un poco de lo que sucede allá”, cuenta Viedma luego de esa vivencia que lo tuvo en Israel durante diez días. En esta entrevista con Boquitas pintadas repasa su experiencia y sus impresiones.

- ¿Por qué viajaste a Israel?

- Fui invitado a dar dos charlas en la segunda semana de junio. Estoy muy contento y agradecido ya que esto significa un gran logro en mi profesión y más que nada por el enriquecimiento personal que trajo. Una de mis participaciones fue en la Primera Conferencia Lgbt Internacional del Festival de Cine de Tel Aviv. Me convocó Manrique Altavista, Agregado Cultural de la Embajada Argentina.

-¿Cómo fue participar en medio de un festival de cine?

- Las charlas acompañaron la promoción del cine Lgbt en Israel y estaban focalizadas en lo socio político. En el caso de mi conferencia, que no fue una actividad aislada, sino paralela a otras charlas durante la semana, hablé sobre la comunidad gay y trans en la Argentina. Los cambios sociales que tuvieron lugar, sobre todo en el último lustro, y los impactos psicológicos positivos en el país en general y en el colectivo Lgbt en particular”.

Rescato el buen trabajo de Altavista que, a través de su contacto con el director del festival, Yair Hochner, logró que en la cinemateca hubiese un segmento especial dedicado a cinco producciones argentinas. Además, él fue quien hizo una breve introducción -muy aplaudida por la platea- en la proyección del documental Putos Peronistas.

El Lic. Alejandro Viedma, en una exposición de arte en el Centro LGBT de Tel Aviv; Foto: Gentileza Alejandro Viedma

Respecto a la conferencia que di estuvo muy bien, también por la organización y ayuda de Manrique, incluso por la cuestión del idioma, ya que fue todo en inglés, y por la gran participación del público, súper interesado en la realidad argentina. Los aplausos que se llevó la proyección del documental Putos Peronistas también fue una demostración de esto.

Yo había empezado mi disertación contando sobre los últimos diez años de mi trabajo en Buenos Aires, sobre la conquista de las leyes, principalmente la de Matrimonio Igualitario y la de Identidad de Género, y también por lo que falta conquistar. No tardó en llegar el feedback con la platea, lo que yo llamo “el pogo discursivo” o “el agite simbólico”, que siempre para mí es lo más interesante.

Noté un público informado acerca de la historia argentina y no todo se limitó a la cuestión de la diversidad. Por ejemplo, dos personas en dos días distintos preguntaron acerca de los desaparecidos en la última dictadura militar. “¿Qué pasó con las personas desaparecidas en la Argentina?”, indagó una persona del público al final de mi conferencia.

La sala central donde se proyectaban las películas y donde se realizaban las conferencias; Foto: Alejandro Viedma

- ¿Conociste el centro LGBT? ¿Cómo funciona?

- Sí, en Tel Aviv hay un centro Lgbt de tres pisos, al fondo del parque Gan Meir. Mi conferencia se realizó ahí, en ese amplio y bello Centro, algo que en la Argentina no tenemos. Son instalaciones muy cómodas, con dos barcitos, muchas salas, un microcine, un hall con murales de arte, una escalera con una galería de fotos de familias homoparentales, familias diversas.

Esa semana también se hacía el testeo de VIH de manera gratuita. Es un lugar moderno y luminoso en donde se llevan a cabo muchas actividades grupales.

- ¿Qué otras películas viste en el festival?

- Fuimos a la apertura y el recinto estuvo colmado. Vimos la proyección de una película Israelí muy interesante sobre un muchacho que descubre su costado homosexual mientras estaba de novio y conviviendo con una mujer. Esto hacía que conviviese con un conflicto interno, en secreto y sintiéndose perseguido, ahogado, torturado. El film se llama Snails in the rain.

- ¿Qué es lo que más te llamó la atención de Tel Aviv?

- Lo primero fue la visibilidad, principalmente de los varones gay. Me encontré con una ciudad embanderada por los colores diversos del arco iris, banderas que estaban integradas a las avenidas, las calles, los semáforos, los postes de luz, los locales comerciales, los balcones, al arte callejero, a los shoppings, porque era “la semana gay”. La marcha fue la apertura, el viernes 7 de junio, que, según leí en los medios locales, fue multitudinaria.

Pero, por otro lado, allá no tienen leyes tan de avanzada como las nuestras. Paradójico, ya que aquí no se vive la visibilidad que allá sí, sobre todo supongo que por lo coyuntural de esos días. Nosotros tenemos las leyes, pero en general la gente se esconde más.

La sede del festival internacional de cine Lgbt en Tel Aviv; Foto: Alejandro Viedma

También me sorprendió ver lo común que es allí que los varones hetero, papás, estén solos con sus hijos. Se los ve con los cochecitos y son muy cariñosos con sus niños, los llevan a pasear o a la playa, los cambian, les dan su mamadera y demuestran mucho afecto. Yo me preguntaba dónde estaban las mujeres. Es común que se demuestren cariño entre varones también y tal vez, hipotetizaba, eso haga que no sea una rareza ver a parejas gay de la mano, o por lo menos yo no noté ninguna mirada descalificadora ni agresión verbal de los demás hacia esas manifestaciones de amor al mismo sexo.

Con los que pude hablar allá, me decían: “Esto no es Jerusalén”. Tuve la suerte de estar dos veces en Jerusalén y tampoco allí ví a nadie horrorizado observando a parejas gays de la mano; todos paseaban por ese sitio histórico y religioso donde hay lugar para la diversidad en general: de culturas, lenguas, religiones, nacionalidades, etc.

Uno puede ver que emerge allí un interjuego entre lo tradicional, lo regional y, por otro lado, el turismo, la globalización, la posmodernidad.

La sede del festival; Tel Aviv; Foto: Alejandro Viedma

- ¿Cómo es la situación legal para los gays en Israel?

- Lo que pude averiguar es que en Israel no hay matrimonio igualitario, sí algunas uniones civiles; solamente se pueden casar a través de la religión, obviamente hombre y mujer. Así y todo hay varias personas influyentes en esa sociedad que se están visibilizando y luchan por los derechos, como por ejemplo, un político o un rabino ortodoxo que construyó una familia homoparental con su pareja varón y una hijita. Me quedé con muchas preguntas y reflexiones sobre muchas cuestiones, más que con respuestas taxativas.

- ¿Pudiste conocer algo más de aquella zona?

- Sí, fuimos a Palestina, al Mar Muerto –el área más baja del mundo-, y ciudades como Tybeh o Ramallah, que me encantaron.  La situación de la zona es algo dificultosa, pude palpar de cerca los conflictos socio políticos de esos países. O sea que hay ítems sociales, culturales, económicos, históricos, humanos que van más allá de la sexualidad, pero que la atraviesan y viceversa. Incluso para los que les interese, la película The Bubble, la Burbuja, describe la relación amorosa y los obstáculos que conlleva esa situación entre un palestino y un israelí.

- ¿Qué te dejó esta experiencia?

- Que fui feliz viviendo esta experiencia, pero también estuve así en la previa y después porque me sentí apoyado, felicitado y acompañado en este periplo. Es decir, antes de viajar, ni bien iba comentando lo que se venía, esta invitación, fui recibiendo muestras de cariño y alegría de parte de los que me rodean, sobre todo desde mis afectos más cercanos: la familia, mis amigos… y también desde lo institucional, lo laboral, desde “las cabezas” de Puerta Abierta, Graciela y Silvina, los asistentes a los grupos de reflexión que coordinamos ahí y mis pacientes, a quienes les parecía importante ese hecho. Así que este recorrido también ameritó despedidas, bienvenidas, encuentros, abrazos, buenos augurios y cálidas recepciones, todas situaciones que también construyen salud, porque lo que rodeó al viaje incluyó charlar, escuchar, responder inquietudes y plantearme yo más interrogantes para seguir pensando en la diversidad autóctona, foránea y global, pero básicamente humana.

 

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