La luz de un cigarrillo, una obra sobre inmigración e identidad sexual

En una conversación con Boquitas Pintadas, el dramaturgo Daniel Teveles habla de La luz de un cigarrillo, la obra que dirige y puede verse por estos días en Buenos Aires. Va los sábados a las 20:30 en La Mueca, Cabrera 4255.

Daniel Teveles director de La luz de un cigarrillo; foto: prensa

-¿Por qué decidiste adaptar esta obra? ¿Qué encontraste de atractivo?

-La luz de un cigarrillo, de Marco Antonio Rodríguez, es una obra costumbrista, cursi como estética y pasionalmente latina. El texto me atrapó porque está excelentemente escrito. El autor, de origen dominicano y nacido en Nueva York, sabe y conoce muy bien la historia de estos inmigrantes. Es un texto increíble y brillante, donde el costumbrismo está insertado de tal manera, en un contexto totalmente diferente y entra en conflicto con fuerza, molesta, incomoda al espectador y eso lo hace rico como estructura dramática.

La obra habla sobre la inmigración, las raíces y la identidad. Estos temas me movilizan y están muy adentro mío (soy nieto de inmigrantes), encierran cierto misterio y preguntas. De eso no se hablaba. Era oscuro y sufriente. La guerra y adaptación al nuevo mundo. Sin embargo, esos recuerdos de mis ancestros eran contradictorios. Ellos añoraban muy a pesar de todo su tierra natal. Y esto es lo que les pasa a los personajes de esta obra. También me interesó esa construcción subjetiva, como concepto de identidad cambiante. Estos emigrantes buscan un exitismo, donde priva lo material, deslumbrados por el “carro”, las marcas que etiquetan, las luces de neón. Donde no hay un techo, más allá de las necesidades básicas que son reales y concretas y emigran. El concepto de nacionalidad… ¿Qué soy: Dominicano o Norteamericano? Es una construcción subjetiva, que no es pura. La masculinidad como construcción subjetiva, tampoco lo es. Como cada uno se ve a sí mismo. Y ese dinamismo cambiante, donde nada es puro en sí mismo, “contaminante “, es atractivo.

Un maestro mío, en Dirección teatral, decía que es muy difícil dirigir historias donde los personajes estén ligados a nuestra propia historia, que el Director necesita poner distancia. Y, si bien hay cierta verdad en el asunto, esto no es absoluto. La elección de un texto siempre está condicionada a cuestiones propias en algún punto. En mi casa estaba la idea de que los hombres no deben llorar, el debut sexual era un examen, el fútbol y los autos eran los pilares de lo masculino. Y a mí no hay algo que me aburra más que el fútbol. Todo era una mariconeada si salías de los preconceptos culturales pautados. El deporte nos hacía hombres fuertes, los profesores de educación física llevaban la masculinidad como sinónimo de ser un buen deportista. Eran fascistas en su concepción y, aunque suene vengativo, lo padecí. Pertenezco a una generación de cambio, bisagra. No existe cuestión más visceral que las raíces y como uno se ve por dentro…él ¿quién soy?

¿El quién soy yo? está ligado a nuestro ser más íntimo. Siempre estamos en la búsqueda de lo que somos, como los personajes. Cambiantes. ¿No es eso muy humano?. Se es misógino de una manera similar a la que se es racista. Yo como judío entendí el concepto de homofobia. Me identifiqué con esa problemática y el protagonista como minoría.

Soy médico y una vez me llega una consulta de un padre que me cuenta sobre su hijo. Y me queja de que no sólo es judío si no homosexual. No entra dentro de los parámetros sociales al 100 %. Doble minoría. La lucha será doble en la búsqueda de generar y buscar nichos de libertad. Acá, además se incorpora la dura contradicción de lo dogmático, de la religión, homosexualidad y pecado.

Los conflictos de esta obra tienen que ver con los deseos opuestos intensos, de choque entre Luz (que encarna la actriz Gaby Barrios) y Julio Cesar (Orlando Alfonso).

Los personajes son ambiguos, contradictorios y divertidos, porque son opuestos. Tienen energía por demás. Los ensayos también fueron agotadores por ese motivo. Me gustan las transiciones cortas en las emociones, porque revelan una auténtica pasión irracional. Ritmo en la sangre. Merengues, boleros, palo dominicano, matizan los altibajos de los personajes. Bailan merengue aunque se les caiga el mundo. Y eso es un diamante en bruto para trabajar en dirección.

Está hablada en un acento dominicano y eso fue un gran desafío para mí, especialmente por lo exótico. Buscaba que suene orgánico, natural, no impostado. Fue una decisión difícil, pero interesante de encarar. Tuve que trabajar desde dos lugares al mismo tiempo, la emoción y el acento local. Conté con dos asesores de acento dominicano y costumbres. Y eso hace que las imágenes teatrales sean frescos de una aldea dominicana, en un contexto puramente gringo.

-¿Por qué la adaptación del texto de Marco Antonio Rodríguez?

-El texto es intenso y visceral. Como director requiero libertad, no puedo trabajar un texto de otra forma. La adaptación es necesaria cuando concibo un proyecto teatral, porque necesito, además, resaltar los aspectos del texto que quiero contar, recrearlo, de acuerdo a mi propia mirada, concepción estética y dar lugar a las imágenes integrales que aparecen en mi imaginario, en mi interior. Y además es importante considerar que está destinado a un público argentino, diferente, personal. No es el espectador de Estados Unidos u otros países de Latinoamérica, hay muchas cuestiones que nos son propias.

Marco Antonio, el autor, nos mostró como un público exigente, en una entrevista. Yo diría distinto.

Le agradezco al autor infinitamente, porque me permitió esos cambios. El estuvo para el estreno y su aceptación, me alivio en sobremanera, de esta, mi versión personal de La Luz de un Cigarrillo. Lo hizo explícito en un reportaje televisivo en Nueva York. Traté de no apartarme de lo que el autor quiso contar. Hay un personaje nuevo, como el espíritu de sincretismo, de la tierra o, de la curación, del vudú, que no está en el texto original. Realismo mágico, una inserción cultural afro latina, de profunda raíces dentro de otro contexto muy opuesto. Eso me gusta. Mezcla de culturas en permanente construcción e intercambio. Es un espíritu de resolución (Raga Hernández) que cura y sana el conflicto y traen la impronta de las raíces, como en un espejo, donde los personajes se miran. La orientación sexual de Julio César (que interpreta el actor Orlando Alfonso, hijo de Luz), me llevó a cambios de mi mirada. Ellos me llevan a una visión de adulto en el personaje, fuera de las inhibiciones y mirada de su madre. Se despide, no como un niño que adolece. El busca y trata desesperadamente buscar su libertad, y ser aceptado como tal, en un lugar o un espacio, que no le sea hostil y no lo asfixie. La alusión de Trujillo en esta versión, que hace su madre, frente a determinadas cuestiones, encajan muy bien con su personalidad. Ella hará lo que puede y modificara su postura, en 48 horas que dura el encuentro con su hijo, y lo hará a su manera. Los personajes necesitan un tempo dramático y procesar sus emociones de acuerdo a lo que son. Aunque deseemos lo contrario. Ellos son de una determinada manera y esto no se modifican totalmente, menos en ese corto tiempo. Por eso, he recortado textos, agregando otros para agilizar la puesta .

Acentuar la problemática de los inmigrantes, fue una búsqueda constante, porque la temática es de gran actualidad, Textos como…, háganme la fila, dice un coterráneo en el consulado, que daba más miedo que el cónsul, ¿Hablan inglés? …un culo cagao del mismo barrio, en la obtención de la visa “gringa”, .son alusiones que acentúan el dramatismo…. Porque recurren a actos de supervivencia contraria a la ética y en una desesperada necesidad de pertenecer, desvalorizando su propia cultura, su lengua. Nunca, además, los inmigrantes, se terminan de ir del lugar de origen. No somos de allá dice Luz, ni de acá tampoco dice Divina (hermana de Luz y tía de Julio Cesar que encarna Mirna Doldan)…….. Los sueños se realizan cuando uno vuelve…… Porque recién en generaciones posteriores, serán ciudadanos de primera, con todos sus derechos.. ¿Qué buscan Luz y Divina, esas hermanas, cuando emigraron a ese mundo que les es hostil?

Bienestar, una vida mejor, pero solo está en su imaginario. Luz está sobreadaptada y por su estructura psíquica, en contradicción permanente. Porque fueron muchas las pérdidas. Luz se queja de que el sistema la explota. El no pertenecer, le genera rechazo. Luz dice, acá apenas me ven, se queja de su destino…. Sin embargo, quiere la Green Card, como un divino tesoro. Divina esta en ese mundo que ella eligió, hasta cierto punto. Es honesta y mas autentica, lo vive de forma menos hipócrita, más libre, sin olvidar sus raíces, los olores de su pueblo, sin tanta culpa. Por todo esto necesite recrear texto para mostrarlo y recortar otros, con poesía que ayude a las acciones.

-¿Qué concepción de familia se pone en juego en la obra?

-Hay tres núcleos o modelos de familia en el texto. Lo que está en discusión es el modelo tradicional: dos mujeres, dos hombres, como nuevos modelos de la modernidad.

1 Luz, madre soltera

2 Divina, un núcleo familiar tradicional, pero divorciada.

3 Julio César con Russel, su pareja gay hombre. Y Maggie gay mujer.

-¿Qué momento de la obra rescatás como más memorable desde tu punta de vista y por qué?

-La obra tiene escenas de mucha belleza y sensualidad. Son imágenes que me conmueven La aceptación de Luz cuando su hijo se va y lo hace de la manera que ella mejor puede hacerlo. Julio César se sorprende y da una imagen de felicidad en su rostro, con acciones, sin palabras. Difiere de la original. Es de extrema ternura. Salió de mi imaginario y la he visto desde su gestación, no obstante, me produce piel de gallina, cada vez que la veo. Pero verla en el afuera, es sublime. La escena del espíritu y las miradas de conciliación madre e hijo, de la “curación” del conflicto y el retorno a las raíces, son de un humanismo increíble. La escena del baile casi edípica de Divina con Julio César en La Lupe y otra con la vecina, después de un tensa pelea.

-¿Cómo contarías lo que trata la obra?

-Luz, una campesina dominicana inmigrante en Nueva York, espera en casa a su hijo Julio César quién regresa de Dallas después de 5 años, para asistir al velorio de su padre.

Julio César es homosexual, decidió ser actor en contra de la voluntad de su madre y necesita desesperadamente aclarar su pasado, su origen. Luz es profundamente machista, reniega de su país, de su familia. y nada de lo que deseó para su hijo se ha cumplido .

En medio de esta compleja relación madre – hijo, aparece Divina, hermana de Luz. Una mujer orgullosa de ser dominicana, amante de la música, la comida y los hombres. Divina perdió a su hijo Albertico en un accidente aéreo y vació ese amor de madre en su sobrino.

Durante dos noches, esta familia intenta reencontrarse con un pasado que está lleno de secretos, prejuicios y dolor por la pérdida de la patria y los amores. Una testigo del conflicto familiar es su vecina y compañera de soledad, la cubana Lydia (Lucía de Vita) que aporta notable sensualidad a las escenas.

-¿Cómo se trama la homofobia, el machismo y la inmigración?

-Bolita, judío o ruso de mierda, puto de mierda, se la come, judío usurero, me salió machito, el vago, es un nerd, etc. son palabras que están en el inconciente colectivo. Siglos de oscurantismo religioso, hipocresía y prejuicios están en los humanos, todos estamos etiquetados…Los ideales de lo que es ser Hombre en el imaginario de esta madre, tan conservadora, son inobjetables para ella, contiene estrictos juicios de valor. La religión y la diversidad no se define claramente. La Iglesia católica no se juega en forma clara. Luz idolatra al Papa y pesa…Y años de historia familiar condicionaron su ideas. Su único hijo no entra dentro de sus cánones. Luz es un personaje muy solitario, no tiene a nadie pero tampoco termina de aceptar a su único hijo.

La protagonista es un personaje muy complejo. Ella llegó a Estados Unidos buscando un futuro mejor, pero nunca terminó de adaptarse e integrarse a la sociedad. Por un lado, critica su Dominicana natal, no la quiere volver ver pero aún cocina sus sabores, escucha su música, baila sus ritmos. Se siente desilusionada en su vida, no termina de pertenecer a ningún lugar, tiene su greencard, sus varios trabajos pero sabe que no es Americana. No es de aquí, no es de allá.

Julio César y Luz son dos personajes que no terminan de encajar, de pertenecer. El hijo no entra en los ideales de su madre y le oculta su verdadera persona, no comparte su vida con ella. La madre quiere participar en la vida de su hijo, pero ella misma se ha puesto las barreras en su relación con su hijo. La obra muestra la relación de estos dos personajes que buscan aceptación, ya sea de una madre, de una hermana, de un hijo o de uno mismo de la sociedad.

Toda fobia implican miedo, pero la homofobia involucra odio, miedo e ignorancia. Los miedos, los prejuicios, existen, es parte de la condición humana .La cuestión está en la medida y tomar conciencia de ello, entonces podemos llegar a modificar y producir los cambios y y desprendernos de los lastres.Dudo que esto se modifique en su totalidad. América se construyo de inmigrantes e indígenas. Tememos al diferente, por nuestra propia seguridad. Miles de voces se alzan en busca de cambios sociales, ese es el camino. El matrimonio igualitario legal es en parte por ello. Pero esto no alcanza, porque los prejuicios están y lo peor es cuando no lo están abiertamente, adoptan diferentes formas, como la censura , ignorando y descalificando al diferente.

Pero si hay algo que nos salva es el amor, esa construcción tan maravillosa que tenemos para llegar a poder aceptar las diferencias, como lo hace Luz, al final, en esta historia de familia “normal y corriente”.

 

Sin comentarios

“Las mujeres son mucho más sinceras que los hombres”

La extraviada se presenta como una obra, para tomar palabras del poeta y dramaturgo Víctor Hugo, en la que lo sublime es una combinación de lo bello y lo grotesco. La historia se resume así: en un viejo teatro estatal se ensaya la ópera La Traviata. Mientras que en el escenario se oye la sublime música de Giusseppe Verdi, en los talleres de vestuario dos mujeres vestuaristas se enfrentan por un amor y un puesto de trabajo. Suenan, durante toda la obra, arias en vivo de la maravillosa ópera.

¿Qué llevó al director, Alejandro Viola, a contar esta historia que se ocupa de lo que transcurre detrás de un escenario, que indaga en lo que permanece oculto al espectador? ¿Qué mirada sobre el género introduce? “Las mujeres nos arrasan a los hombres en cuanto a todo, inteligencia fundamentalmente. Y también creo que son mucho más sinceras en lo que les pasa: en los sentimientos, en lo que piensan y manifiestan, en sus relaciones. Los hombres muchas veces vivimos en la comodidad que nos dio precisamente el género masculino”, expresa en este diálogo con Boquitas pintadas.

Actrices, en plena acción; foto Prensa Duche&Zarate

-¿Cómo surge la idea de La extraviada?

-Quería escribir una comedia, casi costumbrista. Y una vez hice una obra en un teatro oficial que tardó como dos años en estrenarse ya que siempre surgía algún conflicto sindical que paralizaba al personal. Paritarias, contratados de años que querían pasar con justicia a planta permanente, aumentos de sueldos, nombramientos que nunca llegaban, escalafones. Dentro del elenco surgían diferentes voces: estábamos los que nos solidarizábamos con el tema y sugeríamos esperar y también estaban los que decían “hagámosla igual, sin nada, para que todos entiendan que el teatro está por encima de todos estos conflictos tan terrenales”. Por supuesto que nada se hizo hasta que se resolvió el conflicto sindical. Los actores muchas veces sentimos que el sólo hecho de haber elegido esta profesión ya nos ubica en un lugar elevado espiritualmente y eso nos hace lindar con lo bizarro. Claro que tal vez es una manera loable de tratar de escapar de la mediocridad y acercarnos en realidad a la sabiduría de los maestros que nos inspiraron, como por ejemplo, Verdi.

Esa mezcla de lo bizarro con lo elevado del arte me resulta cómico y angustiante a la vez. No puedo explicarlo demasiado. Y sobre esa base escribí La extraviada.

-¿Qué tiene de particular el detrás de escena en el teatro, que te interesó develarlo?

-Alguien me dijo que le gustó mucho la obra porque no siempre se muestra el verdadero estómago del teatro. Me gustó la definición. Siento que a diferencia de otros ámbitos, en el teatro (o el cine), el público disfruta, se conmueve o se desilusiona luego de ver una obra terminada sin necesidad de plantearse cómo fue el proceso hasta llegar al estreno. Pero adentro todo es minucioso y, muchas veces, intenso desde todo punto de vista. Quise jugar casi con ese torbellino: grandes egos, envidias, gente muy divertida y solidaria, competencias, amores prohibidos, autores, actores, diseñadores de vestuarios que ganaron muchos premios, escenógrafos que sienten que sus realizaciones son lo más importante de una obra.

-¿Cómo está presente la cuestión de género en la obra?  

-En La extraviada hay dos protagonistas que representan a mujeres comunes, trabajadoras, cotidianas, que luchan por mantener a sus familias, que viajan cada día apretadas en los medios de transporte, aplastadas por una rutina y una falta de reconocimiento casi degradantes. Sin embargo, son fuertes, sienten carnalmente, en medio del remolino se enamoran y se ilusionan aunque el galán que les toca sea el más mediocre. Acá no importa el hombre, en este caso es un pusilánime representado maravillosamente por Roberto Romano, que no tiene la capacidad de darse cuenta de que con los sentimientos no se juega. Y las dos lo permiten, porque tal vez lo elevado en ellas está en el amor.

-¿Qué mirada propone la obra sobre lo femenino?

-Las mujeres nos arrasan a los hombres en cuanto a todo, inteligencia fundamentalmente. Y también creo que son mucho más sinceras en lo que les pasa: en los sentimientos, en lo que piensan y manifiestan, en sus relaciones. Los hombres muchas veces vivimos en la comodidad que nos dio precisamente el género masculino. Y estoy convencido de que las mujeres tienen un umbral más alto que nosotros en cuanto al dolor. Pero claro, hombres y mujeres no estamos ajenos a los intersticios de la locura y, a veces, como en La extraviada, en un segundo las cosas se van de las manos. Nos puede pasar a cualquiera.

Alicia Muxo, en escena; foto Prensa Duche&Zarate

-Hay un modisto gay: ¿no sentís que este personaje viene a reforzar un cliché social? ¿Cuál es tu intención con esta inclusión?

-El cliché social no ha sido el mostrar al gay amanerado sino mostrarlo perverso, resentido, vengativo, mediocre, casi despreciable. En la obra no estamos tratando de descifrar si ese personaje, Marcelo, tiene tal o cual elección sexual. Está clara. Lo que me interesaba era que fuese el personaje que representara la ilusión, que fuera el lazo con La traviata, que tomara carnadura en él esa verdadera magia del teatro: la de soñar. El es el único que escucha la música de Verdi, el que sueña con llegar a una París nevada como si fuese el paraíso, es el que tiene humor, el que no deja que el maltrato diario le quite lo que siente por el teatro. Creo que es el único que tiene claro, en medio de lo grotesco, lo elevado del arte. Y ahí hay mucho de lo que yo quiero que me pase día a día.

-¿Cómo lograste trabajar La traviata, de modo de ensamblarla en medio de la historia detrás de bambalinas?

-Es una ópera que me apasiona. Es realmente el comienzo de lo que sería la ópera moderna. Partamos de que su traducción podría ser La extraviada, La perdida o sencillamente La puta. La historia es de avanzada en el género: una prostituta de alto lujo, desbordante de amantes/clientes que se enamora de un hombre de clase media y que lo debe abandonar en medio de la pasión a pedido del padre de él, pues su familia está siendo señalada y condenada a la miseria por esta rebeldía del joven. Mientras tanto la tuberculosis va apoderándose de la protagonista, Violeta, hasta llevarla a la muerte. Está todo: la ilusión, el amor, el sexo, el desprecio, el lujo, la pobreza, una sociedad que juzga, la muerte.

Y yo sentía que en mi obra también estaban todos esos temas y que cualquiera de las protagonistas, Olga o Zulema, podían ser miradas de esa manera y por qué no, ellas mismas sentirse “las perdidas” por ese hombre, el jefe de escenario. Son mujeres que van al frente como la protagonista de La traviata. Las tres se juegan el todo por el todo. En medio de eso, las arias le cantan a la historia de amor de Rodolfo y Olga, o le dicen “Addío del passato” cuando las cosas se ponen más difíciles, o son parte de la conciencia de la protagonista como si ella misma gritara “Amami, Alfredo, quant`io t`amo…” o recuerdan París con la poesía que imagina Marcelo.

-La obra crea una atmósfera de música, tragedia y comicidad: ¿Por qué consideraste importante incluir el humor en esta propuesta?

-Desde hace más de 25 años dirijo el grupo Los amados, la banda que combina música latinoamericana con una puesta muy teatral. Allí el humor tiene el mismo peso que la excelencia musical. Es un tema que me interesa en la vida. Y como ya dije, mi idea era escribir una comedia. Pero mi concepto de comedia tiene que ver con que muchas veces lo trágico se entrecruza con lo patético y lo bizarro, llegando a un grotesco que nos hace reír. Los lectores de esta nota sabrán a qué me refiero.

 

Ficha técnica:

Para Viola, el elenco es lo que enaltece la obra. Ellos son Alicia Muxo, María Rosa Frega, Roberto Romano, Ariel Gangemi, Alejandra Ríos y Verónica Díaz Benavente (cantante lírica). Piano en off: Santiago Rosso.

Dramaturgia y Dirección: Alejandro Viola.

Domingos a las 17. Teatro Payró – San Martín 766 (Retiro) – Ciudad de Buenos Aires.

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Kilombo Queer, cinco veladas diversas

El actor y director de teatro Martín Marcou propone el ciclo Kilombo Queer, cinco veladas diversas. El capítulo 1 será Kilombo trans. Habrá teatro + performance + cumbia + barra + fiesta. Esto será el sábado 18 de julio a las 23 en el Espacio Tole Tole.

El artista cuenta que se trata de un ciclo que irá de julio a noviembre de este 2015.  La Producción general, artística y dirección es de Martin Marcou (Director Teatral); Charlee Espinosa  es actor  y performer, coordinador general del ciclo.

La propuesta es un ejercicio estilístico que tiene como objeto mostrar la evidencia de fragmentos de vidas devenidos en cuerpos performáticos. Trabaja sobre la actuación del momento, lo efímero, con el aquí y ahora. La idea es personificar conceptos como lo camp, lo bizarro, lo kitsch, lo trash y todo el amplio espectro que construyen singulares dentro del mundo de lo Queer.

Martín Marcou, foto, gentileza Marcou

La idea aspira a construir relatos del momento, que no funcionen como reportes, sino que a través de las presencias corporales de los protagonistas de cada velada, el público pueda agenciarse en las expresiones vivas de una experiencia única e irrepetible.

Luego del primero vendrán otros capítulos con las siguientes temáticas: Kilombo Torteril, Kilombo Bi, Kilombo Gay, Kilombo con mostras. El primero es con cumbia; el segundo, con rock; el tercero, con pop; el cuarto, música electrónica y el quinto, rejunte musical. Es decir, cada Kilombo viene acompañado por un género y en cada noche habrá performances, poesía, acústicos e intervenciones en el espacio.

Al Espacio Tole Tole Teatro, en Pasteur 683, lo lleva adelante el director teatral Martín Marcou y Gonzalo Pérez, ligado a las Artes Audiovisuales, director del documental próximo a estrenar “Se puso lindo Tres Lagos”, sobre la primera chica trans de la provincia de Santa Cruz en realizarse una cirugía de re asignación de sexo.

Tole Tole es un lugar multidisciplinario que alberga expresiones diversas. Funciona como una usina de experiencias donde confluyen las artes escénicas, la fotografía y las artes plásticas. Es interesante de conocer.

La intención del espacio es difundir la obra, tanto de creadores nóveles como de artistas de trayectoria, privilegiando la calidad en la búsqueda, en el lenguaje y en el contenido.

El espacio cuenta con una sala teatral para 40 espectadores, una Galería de Arte, que todos los meses sube una muestra vinculada con la fotografía o pintura. Durante 2014 se inauguraron 9 muestras. Tiene además una sala de ensayos para dictado de talleres y un Almacén de Vestuario que cuenta con más de 300 prendas para alquiler o venta. Este espacio es llevado adelante junto a Graciana Buldrini.

En este momento en el teatro, cada sábado a las 21, se presenta Reparto a domicilio, una obra de teatro donde la muerte canta.

Martin Marcou, el director, dice que la obra trata sobre lo indefensos que estamos frente a la realidad de la vida. Las malas pasadas que en un instante nos puede jugar la existencia. La muerte está presente y aparece de improviso, los que la desconocen le temen y los que la han conocido bailan casi sin sentimiento, como niños.

“Rodeado de muerte, de amenazas y a solas con mi cabeza calvario, mi cabeza infierno, entre la maleza, con poca visión, con la mirada rota, extraviada, castigada, llena de agua, pude escribir esta obra de teatro para salvaguardar el momento. Si me caigo me levanto y sigo en el camino hasta que se acabe la ruta. He aprendido a crear belleza del dolor. Sólo muere aquel que ha vivido.”

 

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Un mundo de sexualidad reprimida

En una casa de clase media devenida en cuarto hospitalario con vista al andén de una estación de tren, conviven una madre (Maiamar Abrodos) y su hijo (Emiliano Figueredo) recientemente trasplantados de riñón. Ambos se encuentran maltrechos, miserables, insomnes y son custodiados por una enfermera nocturna nueva (Jorgelina Vera). La enfermera descubrirá el extraño vínculo de amor y odio que comparten el hijo y la madre, a la vez que percibirá lo que sucede frente a la ventana, en el baño de la estación de trenes.

Es ese otro mundo, que sólo puede ser espiado, aquel baño de la estación de trenes que se percibe a través de la ventana, es donde los cuerpos de extraños comulgan, se conectan, se retuercen al aire libre y a la vista de quien quiera mirar. Será esta tensión entre lo interno y lo externo, entre el impulso y lo reprimido, lo que llevará a una decisión extrema a la enfermera y desencadenará en tragedia.

Este es el argumento de Las guardianas, una obra de Hernán Costa que dirige Pablo D’Elía, que se estrena este jueves 7 de mayo. En esta conversación con Boquitas pintadas, D’Elía cuenta por qué le interesó abordar la obra, cómo fue la búsqueda de los actores y qué significa la inclusión de una actriz trans en la puesta, si es que esto es algo particular para él.

Los actores en escena

-¿Por qué le interesó la obra de Costa?

-Me interesó la obra de Hernán Costa porque ambienta un mundo de sexualidad reprimida, de deseo sofocante, enfermedad, locura, desparpajo y la disfuncionalidad de una madre e hijo transplantados que, ante la visita de una enfermera nocturna nueva, intentan seducirla e introducirla al voyeurismo.

-¿A qué refiere el título?

-A los guardias de la estación de tren de enfrente, donde los cuerpos comulgan teniendo relaciones sexuales en el andén. Las guardianas son, de alguna manera, la enfermera y la madre, atentas al espectáculo.

-¿Cómo fue la búsqueda de los actores?

-En el caso de Emiliano Figueredo y Maiamar Abrodos los conocía previamente por haber trabajado con ellos y siempre había tenido ganas de hacer algo en conjunto por su energía y talento. Cuando leí la obra no me imaginé otros actores como madre e hijo. En cuanto a Jorgelina Vera había visto su trabajo en La viuda de Rafael con Maiamar Abrodos y la química de ellas me encantaba, tuvimos una reunión donde hablamos de la propuesta y coordinamos los primeros ensayos. Trabajar con ella por primera vez fue un muy lindo encuentro. Los tres son grandes actores, que proponen y laburan a la par.

-¿Por qué sumó a una actriz trans en la obra?

-No pienso en las actrices o actores como trans o no. Llamé a una actriz para trabajar el rol de madre. Creo que no debería haber distinción de géneros.

-Está en el papel de mujer: ¿Lo hizo adrede, como un modo de militancia?

-Está en el papel de mujer porque es una mujer. La elección fue a partir de su despliegue actoral. No hay nada en el trabajo que hacemos que tenga que ver con la identidad sexual. Es una actriz interpretando un papel.

-¿Nota en el teatro la inclusión de actrices y actores trans? ¿En qué papeles los ve?

-Lamentablemente, creo que todavía hay mucho prejuicio. Creo que si uno como director trabaja lo que el material propone, la hipótesis que extrae del texto, con el actor o actriz que elija para el personaje que convoque, el género debería quedar por detrás, cuestiones personales de la vida de cada uno. Si el trabajo actoral es sólido, nadie debería preguntarse nada por fuera de lo que sucede en el hecho teatral.

 

Estrena este jueves 7 de mayo en La Casona Iluminada, Corrientes 1979 / Tel 4953 4232. Va todos los jueves a las 23. ¡La recomendamos!

 

Ficha técnica: escenografía: Las Guardianas / Vestuario: Traipi / Iluminación y asistencia de dirección: Marcos Ribas / Fotografía: Lau Castro / Diseño Gráfico: Guadalupe Padilla / Prensa: Duche & Zárate

 

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Qué es ser tolerantes

¿Una persona tolerante? ¿Qué significa tolerar a otro? ¿Aguantarlo? ¿Soportarlo pese a ser distinto que uno? En algunas de estas preguntas hace pie el lic. Alejandro Viedma al elaborar esta crítica de la obra Un judío común y corriente, que protagoniza Gerardo Romano en el Maipo Kabaret. Viedma se ocupa de encontrar los puntos de contacto entre las emociones de un judío alemán que reside en Alemania y alguien -también común y corriente- de la comunidad gay.

La obra es excelente. Desde este espacio la recomendamos.

¿Una persona tolerante?

Por Lic. Alejandro Viedma

Lo primero que pensé cuando leí el título de esta obra que protagoniza Gerardo Romano fue: seguramente se tratará de alguien nada común, de un hombre muy especial. En cierto modo es así y por otro lado no lo es.

También me pregunté qué pertinencia tendría la presente reseña en un blog que aborda y celebra la diversidad sexual.

Vamos por partes. Este unipersonal relata lo que desencadena una invitación de parte de un profesor para que un judío alemán que reside en Alemania de una charla a sus alumnos. El dilema nace porque esos alumnos, después de estudiar el nazismo, desean conocer a un judío, cuestión que a éste le genera una revisión de varios tópicos personales y sociales, psicológicos e histórico-político-culturales.

Lo que comanda, lo que le invade al convocado es el estado de un notable enojo, una bronca que permite, en cierto sentido, descargar algo de lo que la población judía ha sufrido y ante lo cual en el pasado no pudo rebelarse ni revelarse. Es por ello que el protagonista describe cómo y por qué tuvo que construirse un caparazón para recubrir una piel sensible, lo que por otra parte lo hizo más fuerte, por y ante la discriminación sufrida.

Y aquí empiezan las coincidencias dadas en el interior de una colectividad específica, puntos comunes y corrientes que comparte con cualquier otra comunidad convertida en minoría estigmatizada, perseguida, excluida, vulnerada.

Es entonces cuando una persona homosexual podría fácilmente sentirse identificado con tal contenido, que anima a sentimientos convergentemente similares, un dolor y una ira que se disparan y actualizan cuando se tiene que dar cuenta de algo inenarrable, inentendible y, por ende, inexplicable, intransmisible y por eso sigue operando con marcas contundentes y hasta mortíferas.

Lo que más cuestiona y lo enerva al expositor es la supuesta o falsa tolerancia, subrayando su rechazo a la acepción del término que refiere a la asimetría, a tener que aguantar al otro en su diferencia. Un homosexual –para volver a la analogía- también sabe de qué se trata esa tolerancia que algunos promueven.

Y al personaje de Romano también lo ofusca el rótulo que se le coloca; como si, por el sólo hecho de ser judío debiera someterse a observaciones y estudios cual animalito o especie en extinción. Como si, haciendo una comparación con lo gay, la “condición” de homosexual definiera toda la singularidad de un sujeto, como si esa etiqueta justificara el tratamiento y la forma de vincularse con una rareza.

El texto es la vedette de la puesta, es potente, fuerte, desde donde danzan frases como: “Reglas que atan y atrasan”; “Ocultar en el clóset”; “No encajar, no querer ser”; “Una nueva religión es necesaria y urgente, ya que todas ellas fracasaron; son homofóbicas y misóginas”.

Cabe destacar que el protagonista se mueve en el escenario como si estuviera en su casa (en un tramo hasta canta y toca el piano), deambula las tablas cómoda y eficazmente, de hecho la escenografía recrea el interior de un hogar.

En síntesis, Romano es un gran y completo actor y parece “encajar” perfectamente en el libreto, factores que se conjugan para dar luz a un monólogo efectivo, crudo en lo dramático aunque con toques de humor, compacto y que en realidad a lo que invita es a reflexionar y conmoverse.

La obra va de miércoles a viernes a las 20 y los sábados a las 21 en Maipo Kabaret

 

Ficha técnica: Autor: Charles Lewinsky / Versión en español: Lázaro Droznes / Dirección: Manuel González Gil / Música: Martín Bianchedi / Prensa en Facebook: duchezarate

 

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Los reyes de la primavera, la primera novela gay para chicos

Osvaldo Osorio tiene muchos títulos para exhibir y una vasta experiencia en educación con pequeños. Es licenciado y Profesor en Ciencias de la Educación (UBA) y Master en Aprendizaje y Psicología Cognitiva (Flacso/Universidad Autónoma de Madrid). Trabajó durante dieciséis años como maestro de grado y en la actualidad se desempeño como Profesor de Prácticas y Residencias en tres escuelas normales de la Ciudad de Buenos Aires. Visita escuelas y está en contacto con niños y niñas en edad escolar en forma permanente y tiene a su cargo la formación de futuros maestros y maestras.

Tiene publicado un libro, que costeó por sus propios medios La Tetera  (Editorial Dunken). La novela estuvo entre los diez finalistas del “Primer Certamen de Novela Joven. Fundación Aerolíneas Argentina”. También tiene otras novelas escritas, aunque no publicadas.

Esta vez, Osorio se dispone a publicar “Los reyes de la primavera”, una novela gay para chicos. “Entiendo que en nuestro país no se ha publicado ninguna novela gay para chicos y chicas. He leído textos publicados en el exterior, pero en esos casos los personajes no son reales, con problemas que les pasan a niños y niñas de acá”, dice en diálogo con Boquitas pintadas. Aclara que con “problemas” no se refiere a lo gay, sino a problemas con el estudio, con las relaciones entre pares, con los juegos, las rivalidades, las competencias, los chismes, etc.

“Mi intención era llenar el vacío existente y que la historia pudiera llegar a niños y niñas como tantas otras historias de amor que leen, y que disfruten, se emocionen, que genere debate”, dice.

La novela trata el amor entre dos niños desde la naturalidad, y no desde el conflicto de “qué me pasa que me enamoré de un chico”, “que tal o cual persona es gay”. La historia transcurre en la escuela que está ubicada frente al Parque Rivadavia en Caballito.

En este post de Boquitas pintadas adelantamos el primer capítulo de este libro, aún inédito. Osorio cuenta  que está en búsqueda de un editor que se interese por su idea. En ese camino es que se la presentó al Subsecretario de Equidad y Calidad Educativa, Lic. Gabriel Brenner. También se contactó con la Directora del Plan Nacional de Lectura para ver si se avanzaba en la publicación, pero aún no se concretó la iniciativa. El libro, por este motivo, no está disponible para su lectura.

Capítulo 1

La ciudad de Buenos Aires tiene un barrio que se llama Caballito. Caballito tiene un parque que se llama Rivadavia. Frente al parque hay una avenida que también se llama Rivadavia y cruzando la avenida hay una escuela que se llama Primera Junta. En la Escuela Primera Junta hay un sexto que se llama “C”. Y en sexto, como en otros sextos, hay alumnos que usan sus nombres y otros que prefieren que los llamen por otros nombres.

En sexto “C” de la Escuela Primera Junta del barrio de Caballito de la ciudad de Buenos Aires, todos saben que Leandro sale con Dennís, que Lola sale con Mariano, que Tomás gusta de Marianela, que a Soledad le gustaría salir con Leandro, que Clara está muerta por Cristóbal y que a Cristóbal le gusta Tatiana y que algunos no gustan aún de nadie. Pero lo que nadie sabe, ni siquiera el propio Pancho, salvo Romina, es que Pancho gusta de Thiago. Pero ¿cómo es que Pancho no sabe lo que Romina sabe? O mejor dicho ¿cómo Romina sabe que Pancho gusta de Thiago si Pancho no sabe que gusta de Thiago? Fácil: porque se le nota.

—¡¿Qué?! ¿Qué a mí me gusta Thiago? ¡Vos estás loca!

—Claro que sí.

—A ver, decime por qué…

—Porque se te nota y punto —y cuando Romina dice “punto” es punto, y es cuando se calla y no dice nada más y a Pancho, que la conoce, se le quedan montones de cosas por decir pero no dice nada porque por más que diga algo va a ser como si no dijera nada y eso lo hace poner rojo de la bronca, como si las palabras que quedan apiñadas en su garganta le cortaran la respiración.

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El olor de tu remera, relatos y poemas trash para leer este verano

Facundo Soto o Porno Soto, como eligió firmar en su último libro: El olor de tu remera. Este prolífico autor volvió a publicar bajo la editorial Eloísa Cartonera. Esta vez deleita con poemas y ensayos “superautobiográficos”, según él mismo lo define.

Soto cuenta a Boquitas pintadas que el libro surgió porque su amigo Cucurto le propuso publicar a través de su sello Eloísa Cartonera. “Yo había hecho de antólogo para Vivan los putos y al toque me pidió que hiciera otra antología. Ahí convoqué a los escritores que me gustan y armé el libro que acaba de salir. Se llama Fetiche y quedó buenísimo”, dice.  En un principio era doble, pero ahora metieron los dos tomos en uno. “Lo copado es que son re baratos”.

El dibujo que abre El olor de tu remera

Entonces, empieza a enumerar que seleccionó un texto de Adrián Melo que le gusta; está  Mariana Enriquez y hasta Pedro Lemebel, que se copó con el proyecto y envió un texto. También está Gabriela Cabezón Cámara, Laura Ramos, Susy Sock, Marianito Blatt, Peter Pank, entre otros.

“Al toque me pidió un libro mío, que me encantó dárselo para que lo armara Cucurto. Como tengo confianza me gustó entregarle el material. Era un libro de 15 ó 20 cuentos, para que él eligiera algunos”, comenta Soto. Ése fue el comienzo de El olor de tu remera., el último libro suyo que recomendamos desde Boquitas. “Cucu había leído Plastilina, un libro mío que es una rareza, difícil de conseguir, yo digo que es mi libro fantasma. Y  de ahí sacó uno o dos textos”, cuenta.

“Como él es re queer y no cree en los géneros, le gusta hacer cambalaches, mezcolanzas, deformar, entonces no hizo un libro de relatos, sino de relatos y poemas al final. Y me encantó cómo quedó. Le hizo ilustraciones y todo”.

La portada de Vivan los putos, con edición y prólogo de Soto

Ahora las pinturas de Cucurto están exhibidas en un festival en Portugal, también participa de una muestra en una galería donde Soto tiene su Laboratorio de Literatura Gay Queer. Después de esto van a viajar a un museo de Rosario. “O sea, todo un halago que él ilustre el libro”, dice Soto, admirador de este proyecto literario cooperativo.

La primera ilustración se llama Soto Porno y es la que abre el libro. Cuenta él que el libro no tiene sólo situaciones sexuales sino que hay climas muy tiernos. Por ejemplo, de un chico que conoce a otro bajo la lluvia, el día que apareció la supuesta nube de mercurio en Puerto Madero y fue caótico. Hay una fantasía del protagonista con el chico que lo cubre con el paraguas y este lo lleva a un descampado de zona norte donde parece que va a pasar algo, envueltos en una nube de neblina; sin embargo saca una notebook y le dice que ahí está el alma de todas las personas muertas y el protagonista habla con su padre muerto. “Después hay poemas que son medio inconseguibles, que habían salido como plaquetas en Proveedora de drogas, hace un par de años”, agrega.

Los invito a leer dos de los textos del libro

 

En invierno me cuesta salir de la cama

Estoy calentito ahí, envuelto entre las sábanas y frazadas como si fuese un canelón; me cuesta salir de la cama. Pienso que a la noche voy a volver a un lugar parecido, a la cama de mi novio, para ver los últimos capítulos de Six Feet Under, y me pongo contento. Estamos identificados con los personajes de la serie: uno es un policía negro, y el otro un sepulturero rubio. De a ratos uno es el negro y el otro el blanco. Después cambiamos, según nos convenga la situación. Nos decimos cosas a través de ellos. El café está oscuro. Lo revuelvo. Mientras los granos de café me explotan en la boca pienso que mi cafetera no es express, como la de mi novio. Me lavo los dientes y salgo. Cuando estoy cerrando la puerta vuelvo para asegurarme que apagué la tele. El informativo repite las mismas noticias de la noche, sin ninguna investigación ni desarrollo. Camino por el pasillo de mi casa. Paso al lado de Stan, el grafiti de South Park, que hice con aerosol, y me río. Mi hija se enoja cuando hablo con ellos. Dice que estoy loco. Yo le digo que ellos son mis amigos.

En el subte intento leer Mármol, de César Aira. Tiene una tapa cool, pero el texto no me engancha. Me distraigo mirando a los chicos que viajan parados. Me gusta contemplarlos y desearlos. Los imagino desnudos. Cuando estoy por bajar, una mujer me empuja y quedo atrás de un chico. Se me para la pija al toque, y él se la calza en el culo, haciendo un movimiento mínimo. Después se reclina un poco para atrás y siento su culo duro como una piedra y su agujero otra vez buscando mi verga.

Al mediodía, mientras como arroz con calamares, escribo sobre Divine, la actriz fetiche de John Waters. Me acuerdo que estuve en la puerta de su casa, en Maryland, Estados Unidos, cuando viajé con el equipo de fútbol. Me saqué una foto debajo de su árbol. Escribo y corrijo el artículo para el diario, aunque, probablemente, nunca salga publicado. El actor es una mujer, pero descubro que de joven era un hombre flaco y masculino. Después, cuando se hizo travesti se volvió obesa. Al  final de la película Pink Flammingos, Divine come caca de perro. Googleo y aparece una película sobre su vida. La veo. Hablan del trauma que le dejó hacer comer caca recién cagada por un perrito.

En mi trabajo entrevisto gente. A algunos los escucho; a otros los miro como si los escuchara, pero pienso en otra cosa. Se me ocurren ideas para escribir. Imagino sus vidas. Algunos chicos me gustan, otros me aburren. Postergo llamar a Francisco y decirle que, como renunció a su trabajo no corre el aumento que le habíamos anunciado. También postergo la reunión con mi jefe para pedirle unos días libres.

El día se me pasa volando, pensando en lo que voy a hacer después. Cuando estoy en la cama, tapado hasta el cuello, con el café al lado y medio chocolate Shot en la mano (la otra mitad está en la boca de mi novio), prendo la tele. Meto el DVD de Six Feet Under, y otra vez nuestras vidas parecen tener sentido.

 

Los pibes feos son los más lindos

Me gustan que tengan cara de malos. Y si huelen mal,

Mejor. Uno adentro del otro. Dos mundos girando.

Rotando sobre su eje. Los dos para el mismo lado.

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La Barby fue Lady Dómina sobre las tablas: se animó a una comedia de época

La Barby, de quien ya hemos hablado en este blog, se animó al teatro. Así el actor Leonardo Veterale, que desde hace años encarna este personaje que lo hizo famoso en la tv, ahora protagonizó un papel nuevo para esa mujer que creó.

En una entrevista con Boquitas pintadas este actor gay hablaba de su vida con y sin su caracterización de mujer, decía que ese personaje de La Barby le permitía “ser otra persona, liberarse. Cuando uno se pone detrás de una careta o de un disfraz siempre tiende a ser otra persona, a liberarse más, a sacar todo lo que está guardado”.

Ahora La Barby tuvo un nuevo trabajo sobre las tablas: fue Lady Dómina. El desafío que enfrentó fue protagonizar una comedia de época escrita y dirigida por Paul Caballero. La obra narra las desventuras de una marquesa del Siglo XVIII que se encuentra en la ruina, apegada a sus pergaminos y vestidos que evocan una época de esplendor que ya no existe. Sigfrido, su mayordomo (Juan Palacios), durante años le ha ocultado la difícil situación económica. Cuando la mentira cae y la marquesa descubre que sus fantasías de opulencia son sólo una ilusión, urde un plan para despojar de dinero al joven Francis III (Jose María Bourdillón), hijo millonario de un pirata inglés, antiguo amante de la marquesa.

La obra también es una metáfora del ocaso del poder aferrado a un relato delirante que se sostiene con megalomanías y apariencias y un pueblo sumiso y sometido que alimenta la fantasía de un pasado que está a punto de fracturarse para no volver jamás.

Veterale o La Barby, en esta charla con Boquitas pintadas habla del momento que vive, de sus emociones, de cómo creció como actor.

- ¿Qué sentiste al ser convocado para la obra Lady Dómina?

- Sentí una alegría enorme, acompañada de un gran miedo y ansiedad lógica, porque ¡hacía mil años que no hacía teatro!

- ¿Qué me podés decir de tu personaje?

- Mi personaje es maravilloso.  Paul Caballero, el autor y director de la obra, lo escribió especialmente para mí. Es muy distinto al personaje de La Barby. Es una marquesa que cree vivir una vida muy diferente a su realidad. Ella tiene casi todos los matices de personalidad que se te ocurran de un ser humano, lo que la hace un personaje súper disfrutable y divertido.

- ¿Cómo te sentís en la obra?

- Súper bien y a gusto. Como diría el viejo refrán: “Como pez en el agua”. Hay muy buena onda con mis compañeros, podemos decir que la obra ya es un éxito en lo que respecta a la relación grupal. Me acompañan en el elenco Juan Palacios, José María Bourdillon y Hernán Felipe, además de todo el equipo que hay detrás para que todo salga perfecto.

- ¿Qué conceptos centrales maneja la obra?

- Básicamente se refiere a las relaciones de poder, egos, envidias. La obra describe los comportamientos humanos más intrincados que se dan en ciertos ámbitos donde lo más importante es el dinero, la imágen y el mantener un determinado estándar de vida a toda costa.

El elenco de la obra

- ¿Imaginaste alguna vez que La Barby crecería tanto?

- Sé que crecí mucho y llevo mucho camino recorrido también. Siempre tuve clara cual era mi meta e hice siempre lo que me divertía. ¡Pero todavía me falta mucho! Sé que voy a tener muchas más alegrías en mi trabajo.

- ¿Te gustaría actuar como varón también?

- ¡Siiii, me encantaría! Sería una meta más en mi vida y espero que se cumpla pronto.

- ¿Sentís que La Barby tiene su vida propia?

- Sí, La Barby tiene una vida propia que es muy diferente a mi vida personal, obviamente.

- ¿Cómo manejás los egos de uno y otro?

- Ese es un tema difícil, porque es lo único que se mezcla entre los dos. Tengo que inventarle un ego a La Barby, ¡porque Leo Veterale lo tiene de normal para abajo!

Así se despide Veterale, siempre con una palabra graciosa, su gran talento.

 

La obra fue durante seis semanas los jueves desde el 13 de noviembre en el Teatro Porteño (Corrientes 1630). Este jueves es la última función del año, pero la obra se repone en enero todos los sábados.

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Relatos de viajes de dos mujeres enamoradas

Esta vez, la escritora y periodista Paula Jiménez España, nos deleita con Paisaje alrededor (Editorial Bajo la luna), un libro de poemas inspirados en los viajes que hizo en su vida, algunos de ellos, en compañía de la mujer que amaba.

Su libro tiene un epígrafe de Proust, en el que cuenta cómo se vio compelido a escribir luego de ver durante varios días seguidos dos campanarios al volver a su casa. Para librarse del peso de esos campanarios, dice. Por eso escribe.

Paula Jiménez España, en una lectura; Foto de Facebook

Jiménez España comenta a Boquitas pintadas: “Yo escribo por lo mismo, para librarme de un peso. Y además con los viajes pasa algo intransmisible, más del orden de lo poético que de lo concreto. En los viajes vamos al encuentro de una metáfora, de un aprendizaje, de una sanación. Igual que con la poesía”.

Ella cuenta que en este caso eligió la poesía. Es cuentista, también. “Para mí la poesía es lo más natural o primario, lo que me surge ni bien agarro un papel; al menos la mayoría de las veces es así. Y porque con la poesía llegó a decir en modo sintético lo que con la narrativa me llevaría mucho más”.

Paisaje alrededor, este libro que presenta esta noche en Casa Brandon, tiene momentos lésbicos. “Lo que tiene de lésbico este libro no es una mirada en particular, sino el relato de una serie de viajes en compañía de un amor, que en mi caso es una mujer”, dice “Lo cual no es poco desde el punto de vista de la visibilidad: la poesía de mujeres lesbianas le escabulle, por lo general, a visibilizar el género”.

Según Jiménez España, la poesía está llena poemas de amor de una mujer a otra, pero no siempre nos enteramos de esto. Ella lo vivió así: “Se usa el neutro, muchas veces, o se recurre a recursos evasivos. Hay mucho qué decir sobre esto, preguntarnos por qué esto sucede más entre las poetas lesbianas que entre los gays. Ojo, que menciono esto es porque yo misma estuve en el clóset de modo consciente a la hora de escribir hace años”.

Según cuenta Jiménez España, ahora disfruta y trata de desplegar una poesía que va evidenciando particularidades per se. “El amor es el mismo en cualquier tipo de relaciones y no lo es. En cuanto a la poesía, no es el tema lo que la diferencia sino un cierto sentimiento de ruptura y disidencia que pone a todxs lxs disconformes de un mismo lado, seas lesbiana o no lo seas”, dice. “Es una actitud política aunque estés hablando de mariposas o pajaritos”.

Paula Jiménez España; Foto de Facebook

Punta norte

(incluido en el libro Paisaje alrededor)

 

Sopa de quinoa, arroz, frijoles, una ensalada verde, pescado.

La mesa está servida

y tres desconocidos se sientan con nosotras.

Solo aquí podemos conseguir un plato de comida, igual que ellos

que participan de nuestra intimidad. No estamos solas,

ni siquiera este día

en un hotel en el confín del mundo.

Pero a la mañana siguiente un sol radiante

sale como un dios de las entrañas del Titicaca

y todo sigue igual que en los mejores tiempos.

Te quiero, digo, te quiero como si fueras mía

como si me hubiera metido a navegar en tu sangre

para desembarcar en esta cama

frente a un agua planchada y brillante

cada día, como el hielo.

 

Paisaje alrededor se presenta este jueves 20 en Casa Brandon a las 20 horas

¡Nos vemos ahí!

 

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Qué tan distinto fue ser gay en los 60 y en los 90

Lucas Santa Ana plantea, como en un juego de espejos, dos historias de amor gay en dos épocas distintas, los 60 y los 90. En la obra Saudade que dirige se va haciendo una contraposición de cómo eran las épocas en relación a la homosexualidad y las dificultades de salir del clóset en uno y otro tiempo. Y se habla, más que nada, de la búsqueda y la construcción de la propia identidad a partir de la ausencia y del recuerdo.

La obra empieza en el año 1994, cuando Germán regresa a la casa de su infancia, un sitio que estuvo cerrado por treinta años. El reencuentro con Sergio, un vecino a que conoció de chico, despierta los recuerdos de lo sucedido cuando se mudó allí con sus papás, que venían huyendo de la dictadura en Brasil. Fue un encuentro, muchos recuerdos: aparecieron el amor, la libertad, saudade, el abandono y el rencor.

Germán y el reencuentro con Sergio, 30 años después

Los invito a este diálogo de Boquitas pintadas con Santa Ana

- ¿Cómo surge la idea de esta obra, de Saudade?

- Saudade nace a partir de dos imágenes: un joven regresa a su casa que estuvo cerrada por mucho tiempo y los recuerdos del pasado se le hacen presentes, la segunda imagen son todos los personajes del presente y del pasado viendo una misma fotografía proyectada en una pared. A partir de ahí, fuimos descubriendo junto a Francisco Ortiz, mi co-autor, las historias que vivieron esos personajes.

Sabíamos que queríamos trabajar sobre el amor y las rupturas, y las relaciones de los padres e hijos. Y teníamos una necesidad muy fuerte de mirar al pasado para poder valorar el presente y las luchas ganadas en materia LGBTIQ [Lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y queer].

- ¿Si tuvieras que decir de qué trata, qué dirías?

- En relación a lo temático, la obra trata del recuerdo y lo que hacemos con él. Trata de hacer memoria y el dolor que eso puede traer, pero la libertad que también otorga. Los recuerdos como posibilidad de liberación. También es una búsqueda de la identidad: saber de dónde venimos para construirnos como personas.

La historia podría resumirse así, Germán llega en el año 94 a la casa de su infancia que estuvo cerrada por mucho tiempo y se encuentra allí con Sergio, un antiguo vecino y amigo de vacaciones que es el actual cuidador de la casa. Ambos huérfanos de padre, Sergio obliga a Germán a recordar lo que sucedió allí treinta años atrás, cuando los padres de Germán llegaron huyendo de la dictadura de Brasil y conocen a los padres de Sergio. En la obra hay dos historias de amor, una entre Germán y Sergio, y una que se da en la clandestinidad en los años 60 entre los padres de los dos jóvenes.

- ¿Por qué eligieron contar la realidad de los padres y los hijos varones como en espejo?

- La obra tiene una estructura especular para poder contar la comparación de las dos épocas. Queríamos mostrar cómo se vivía la libertad en relación a la sexualidad. También queríamos jugar con la idea de lo que como niños tomamos de nuestros padres, y queda “dormido” en nuestro inconsciente hasta que aflora en otro momento de la vida.

Si bien los padres y lo hijos viven dos historias de amor, los conflictos de cada una son tratados de manera totalmente distinta. En los 60, el amor entre hombres era visto como una aberración, una perversión, por eso debía ser oculto. En los 90, después de varias luchas, (aquí se cuenta una de las primeras Marchas del Orgullo, la del 94) la vida para el colectivo LGBT empezaba a ser más libre. Salir del closet era doloroso, pero con el tiempo, más aceptado. Las primeras luchas fueron por visibilizar la cuestión y los pedidos de igualdad.

Un espectador me preguntó una vez si sabía de constelaciones familiares, porque la obra tenía mucho de ello. Lo que como hijos tendemos a repetir de las historias de nuestros padres. La repetición en la sexualidad de los personajes fue una elección para poder contar las problemáticas de la época más que para hablar de una teoría de orientación sexual hereditaria o imitativa.

- ¿Qué le aporta la fuerte presencia de Brasil en la obra?

- Brasil tiene un doble juego dentro de la obra, para algunos personajes es el lugar ideal, aquello que se perdió o aquello que se anhela. Para otros es el lugar temido y del que se debe escapar. Por otro lado, el conflicto tomado para los años 60, la dictadura del año 64, refuerza la idea de una historia con prohibiciones. La Argentina estaba al borde de una dictadura. Un diálogo de la obra entre el hijo de 8 años y su madre es para mí una clara expresión de esta doble interpretación:

Germán: Fue por mi culpa que no pescamos nada.

Elvira: No, querido, es el país, ya lo oíste a tu padre.

Germán: Entonces ¿por qué no volvemos a Brasil?

Elvira: Porque acá estamos mejor. Andá, seguí con tu dictado.

Onde anda o meu amor, Roberto Carlos, un artista con fuerte presencia en la obra

- ¿Cuál fue la intención de plantear la cuestión política como parte de la obra?

- La estructura de melodrama clásico cuenta por lo general una historia de amor al mismo tiempo que el mundo está en guerra. Queríamos aprovechar el contexto de la dictadura para poder armar esa estructura para la historia del pasado. A la vez, queríamos también hacer memoria sobre una de las dictaduras que no se suele recordar, que fue la anterior a los años de plomo. La Argentina en el 64 está en los albores de lo que será la dictadura del año 65.

Por otra parte, también queríamos hacer memoria sobre las primeras Marchas del Orgullo para revalorizar los logros que a lo largo de los años se fueron consiguiendo gracias a la lucha que inició con unos pocos, y que hoy son miles cada noviembre cuando la gente vuelve a marchar desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso pidiendo por más igualdad en la diversidad.

Funciones: domingos a las 17.30; en El Estepario Teatro, Medrano 484

 

Aprovecho a recordarles que este sábado 15 desde las 14 en la Plaza de Mayo se convoca a la XXIII Marcha del Orgullo LGBTIQ de Buenos Aires 

 

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