“Mis marcas del bullying homofóbico y cómo salí adelante”

Este es el relato en primera persona de Alejandro Viedma que, en un texto sincero y sin victimizaciones, narra los episodios de bullying que lo acompañaron en su niñez y adolescencia. Fueron momentos que vivió con angustia y casi en soledad. “Tachaba cada día que pasaba y era un aliciente ver que faltaba menos para terminar las clases”, escribe en este texto rememorativo. El recorrido se extiende, también, hacia la adultez: Alejandro es Licenciado en Psicología por la UBA y, un ejemplo, de cómo salió adelante pese a todo.

La vida de Alejandro, según sus propias palabras 

Infancia:

Alejandro, abanderado de séptimo grado

Desde muy chico sentí que no formaba parte de lo que hacían y les gustaba a mis compañeritos varones. Mis intereses se diferenciaban cada vez más de los de ellos a partir de quinto grado, o sea, a mis diez años. Y no hablo de sexualidad, porque en esa época no tenía ni idea de lo que era el sexo. Pero sentía que no encajaba, que no pertenecía al grupo de pibes que se constituía por los que les gustaba jugar al fútbol o empezaban a admirar a ídolos que nunca fueron los míos, como Maradona o Soda Stereo, o denigraban al que parecía el más débil… Como empecé a juntarme más con mis compañeras, comenzaron las cargadas con palabras como “marica” o “nena”. Eso se fue acrecentando en sexto y séptimo grado y, al unísono, iba escuchando en la tele, en la misa a la que asistía los domingos, en el barrio, que ser homosexual estaba mal, que era pecado, que era sinónimo de ser enfermo, algo contranatural, con lo cual fui incorporando que yo era diferente y con algo a corregir.

Recuerdo que a los once varios de mis compañeros, los mismos que ya habían dejado de elegirme para jugar y habían dejado de invitarme a sus cumpleaños (algo horrible para mí), me esperaron en el aula luego de educación física donde empezaron con cánticos agresivos. No aguanté y me puse a llorar, me veía tan en desventaja frente a ellos, como con el pudor de quedarme desnudo públicamente y aún más humillado por mis lágrimas que fueron la descarga de tiempo acumulado de tensión.

A mediados de los ochenta tampoco había comprensión y por ende contención en las familias y uno se sentía muy solo. En paralelo siempre fui un alumno destacado, tal vez inconscientemente, me exigía mucho como para compensar lo que suponía que no iba a agradar a los demás: tenía las mejores notas porque eso no me costaba y me gustaba que mis padres estuvieran conformes con ese aspecto mío.

Adolescencia:

Lo peor fue a partir de la mitad del secundario -encima hice un comercial técnico en administración de empresas, es decir, que estuve seis años en aquel colegio-. Me acuerdo que en quinto año empecé a tachar los días que pasaban, se ve que ya me gustaban las agendas, así que quizás era como un aliciente ver que en el calendario faltaba menos para que terminaran las clases. Eso hacía menos insoportable todo: la mitad de mis compañeros había dejado de saludarme un año antes y, si bien nunca ejercieron violencia física sobre mí, sí fue muy fuerte para mí la simbólica, verbal, psicológica con referencias homofóbicas. Y eso no fue menos duro porque, aunque no lo hicieran mirándome a los ojos, las burlas, los insultos, los grafitis en las paredes dirigidos a mi nombre, las notas que me dejaban en mi carpeta me lastimaban mucho, yo sentía mucha vergüenza, miedo y así me fui encerrando cada vez más. Por suerte tenía tres amigas en mi división, no sé qué hubiera pasado sin ellas, con quienes al menos podía hablar… En sexto la situación lejos de mejorar empeoró, porque llegó el viaje de egresados a Bariloche y para mí fue una tortura en lugar de vivir una semana de diversión, porque dos de mis compañeros fueron por más, les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era “re puto”, así que cuando me enteré me sentí tan expuesto, observado, evitado y mirado con sorna que lo único que quería era irme, estar en mi casa. Nunca me sentí tan aliviado como cuando terminé esa etapa.

Sentimientos/emociones rememorando esa etapa

Hoy no tengo rencor ni enojo con nadie. Hasta puedo comprender por qué la gente discriminaba: en los ’80s y ’90s estábamos en un contexto donde nos maleducaron respecto a lo que ahora se denomina diversidad sexual, sin leyes igualitarias, sin cuidarse de lo políticamente incorrecto, siendo parte de manuales de desórdenes mentales, así que no culpo a nadie aunque lo haya vivido con dolor. Pero, obviamente, no quisiera retroceder el tiempo para nada, por eso creo que hoy y mañana siempre es mejor, lo peor ya pasó.

No obstante, no olvido. En una de mis sesiones de terapia le decía a mi analista: “Recuerdo haber leído en Freud que de la guerra volvían más traumatizados los que regresaban ilesos que los que salían heridos o incluso habiendo perdido partes de su cuerpo… Los sueños eran más repetitivos en los que no tuvieron marcas corporales… Así que a veces la palabra que injuria lastima más que un látigo o una bala”. Y él me respondió: “Es que los oídos no tienen párpados, están sobreexpuestos, sin protección”, y me recordó una frase de Oscar Masotta: “No matar la palabra, no dejarse matar por ella”, es decir que no hay que quedarse callado ni permitir que la palabra que degrada provoque tanto daño. Quizá por eso es que pude hacer una transformación en positivo con esa parte de mi historia: sin habérmelo propuesto, empecé a trabajar escuchando a mis pacientes y a los integrantes de los grupos de reflexión para varones gay que coordino, brindándoles un espacio para que puedan historizar(se) a través de su discurso y sus recuerdos.

Lo que me ayudó a sobrellevar la secundaria

Empezar a conectarme con mis gustos, ir descubriéndome como gran oyente de música, por ejemplo. Y no solo me iban deslumbrando ciertas voces o melodías, sino que transcribía letras de canciones del rock nacional en un cuaderno, de artistas que hoy todavía admiro, como Charly, Celeste, Fito. En esa época además estudiaba Dibujo y Pintura y quizá la sublimación a través del arte también hizo que expresara cosas que no podía decir con palabras. Por otro lado, la gimnasia me gustó siempre. También empecé a estudiar inglés y con los años causalmente leí autores increíbles como Patricia Highsmith, Susan Sontag, Hermann Hesse. En paralelo iba investigando mi orientación sexual y mi identidad con lo que obtenía de información en revistas con artículos o entrevistas a referentes o miraba películas de temática gay. Después vinieron los recitales, los primeros boliches en donde me di cuenta de que no era el único “bicho raro”, que tenía pares, gente a la que le pasaba o sentía lo mismo que yo.

Facultad:

En 1993 me surgieron sentimientos que no había experimentado antes: entusiasmo por ir a cursar y la libertad de no estar presionado por tener que disimular algo. Y el plus de haber elegido yo la carrera que iba a seguir. No por casualidad en el CBC de Psicología pude tener mi primer gran amigo varón. Empecé a disfrutar de ir a leer al buffet de Ciudad Universitaria mientras me tomaba un café y observaba el río a través de esos ventanales enormes…

Yo no tenía idea de que me iba a dedicar a las diversidades sexuales. Se fue dando paulatinamente. Recuerdo que en cuarto año de aquel secundario tuve la materia Psicología y me encantó, así que de todo lugar negativo u oscuro, uno puede llevarse algo bueno.

Luego de más de quince años de haberme recibido, creo que es difícil atender a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans si uno no ha sufrido esa u otra discriminación en carne propia. Creo que para abordar las diversidades sexuales hay que saber de los subtemas que conforman ese universo y, lamentablemente en el campo del psicoanálisis, aún falta apertura y actualización.

Algo para agregar:

Hoy estoy preparado para contar cosas que nunca hice públicas, cuestiones de mi vida, y lo hago porque tal vez mis palabras ayuden a alguien. Desde mi sinceridad y empatía con el otro y lejos de la victimización o de pararme en un lugar de ejemplo, no quiero ser ejemplo de nada ni quejarme de lo que viví, aunque tal vez aporte mi granito de arena para que idealmente nadie más transcurra lo que a mí me hirió tanto. En ese sentido sí quiero dejarles un mensaje a los adultos que ocupan cargos de mucha responsabilidad, a los docentes, a los profesionales de la salud, a los padres: les pido que no tengan una mirada indolente, insensible frente al sufrimiento de niños, niñas y adolescentes en general y, sobre todo al de los LGBT; es de suma importancia que estén atentos porque cuando te lastiman paulatinamente te vas cerrando, aislando y, cuanto menos un pibe hable y socialice, más problemas tendrá en su vida ya que su autoestima va decayendo.

En general un chico que no se percibe o no se va perfilando como heterosexual cree que no tiene un lugar porque está más en soledad y en silencio que otra persona de cualquier otra “minoría” discriminada, se va metiendo en el placard porque advierte que no puede compartir con su familia lo que siente y cómo está siendo violentado, agredido, y eso no sucede con por ejemplo niños o adolescentes judíos, afrodescendientes, de países limítrofes porque comparten la misma característica que sus padres, quienes pueden ayudarlos porque los entienden, contienen y defienden. Por tales motivos, la tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes LGBT es mayor comparada con la de adolescentes y jóvenes heterosexuales.

En la actualidad todos los adultos somos responsables. No puede justificarse más la discriminación o la complicidad por ignorancia. En 2016 tenemos mucha información, leyes que protegen, despatologización y si alguien no sabe también es responsable por no informarse, que la falta de datos e ideas no camufle la maldad y la impunidad de herir al otro, cosas feas que lastimosamente todavía habitan en nosotros, los humanos.

 

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La Argentina, en el foro mundial LGBTI

El 2 de octubre pasado unas cuarenta y cinco personas se reunían en las afueras de una tranquila ciudad al norte de Tailandia para el primero de una serie de encuentros que se extendieron por cinco días. Lxs allí reunidxs venían de más de 30 países: se incluyó un grupo de la región de América Latina y el Caribe; la Argentina estuvo  presente. En esta crónica, uno de los participantes por argentina, el militante Mariano Ruiz, cuenta a Boquitas pintadas que reflexionaron sobre sus visiones de la comunidad LGBTI en la región, la importancia del foro para las batallas que libran en sus países y sus visiones sobre el significado de “familia”. Mariano Ruiz es director de comunicaciones para la Región de América Latina y el Caribe del Comité para el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOT por sus siglas en inglés).

Algunos de los participantes, entre los que se encuentra el argentino Mariano Ruiz, al foro global LGBT

 Los rostros de la inclusión

por Mariano Ruiz

 

Era un grupo diverso. Parlamentarixs y activistas, diplomáticxs y académicxs, cineastas y emprendedores. Eran por sobre todas las cosas, seres humanos forjando batallas a contra reloj para conquistar espacios y derechos. Batallas que en algunos casos les pueden costar la vida, el destierro, el odio. Pero nunca descarrilarlos de una apasionante dedicación a construir espacios de inclusión en un mundo que no pocas veces les es adverso.

En cinco días, personas transgénero, cisgénero, no-binarixs, génerofluidxs, no-conformistas o intersexo de las comunidades lésbica, gay, bisexuales, queer, pansexual y hetero, forjaron una dinámica de trabajo y un ambiente de confianza que son cruciales para el evento. A puertas cerradas, tocaron con honestidad, crudeza y creatividad temas que abarcan lo político, artístico, legal y personal. Conversaron sobre sus actividades profesionales, experiencias formativas y sus ideas para cambiar lo que debe ser cambiado y erradicar formas de discriminación o exclusión en base a identidad de genero y orientación sexual a escala planetaria.

Este evento es el 4to Salzburg Global LGBT Forum (Foro Mundial LGBT de Salzburgo, en inglés), un formato que inició en 2013 y que forma parte de Salzburg Global Seminar, una institución sin fines de lucro fundada en 1947. Esta organización tiene como objetivo ser un catalizador para el debate y la búsqueda de soluciones a temas críticos mundiales en áreas como educación, salud, ambiente, economía, gobernabilidad y procesos de paz. La organización trata de enlazar a talentos e innovadores para repensar las interacciones, los retos comunes y el funcionamiento de instituciones publicas, entes privados o sociedades.

Para el Dr. Klaus Mueller, fundador y director del Salzburg Global LGBT Forum, la razón que lo motivó a crear este formato y unir en un mismo techo a un grupo tan diverso de líderes se basa en una simple idea: “Las instituciones no interactúan con otras instituciones. Somos los seres humanos quienes nos comunicamos unos con otros. El foro busca construir una comunidad global de compañerismo y confianza para ayudar a que los derechos humanos de la comunidad LGBT avance”.

El foro hasta ahora se realizó en Salzburgo, Austria y Berlín, Alemania. La cuarta edición tuvo lugar en Chiang Rai, Tailandia para su primera reunión con un enfoque regional en Asia y sus sub-regiones; y con un tema principal: la diversidad de las familias. Mueller explica que el tema de la diversidad de las estructuras y formatos de las familias tiene una importancia gigantesca. “Todos venimos de familias que no estaban preparadas para nosotros. Escuchamos frecuentemente sobre algo que llaman “valores familiares tradicionales”. Pero la exclusión no es un valor. La exclusión es un ataque a la fibra de nuestras experiencias de vida y a la misma idea de lo que es la familia. El núcleo familiar es sinónimo de igualdad, respeto y protección; Salzburg Global LGBT Forum celebra y promueve familias inclusivas, sean éstas en las que nacimos o las que escogimos” –  nos explica Mueller.

El United Nations Development Program (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, conocido por sus siglas en inglés UNDP) ha sido un aliado y patrocinador crucial para traer esta edición del foro a Asia. Desde inicios del 2014, UNDP esta implementando el programa Being LGBTI in Asia (Ser LGBTI en Asia, en inglés), una iniciativa regional que busca afrontar temas como la desigualdad, la violencia, y la discriminación en base a orientación sexual, identidad de género o estatus intersexual; promueve además el acceso universal a los servicios sociales y de salud. Es una cooperación entre gobiernos, la sociedad civil, instituciones regionales de Asia y otros actores que buscan avanzar en la inclusión y protección de la comunidad LGBTI. El programa reconoce que las comunidades LGBTI son excluidas a niveles extremos y confrontan múltiples formas de estigma y discriminación. La prioridad medular del programa es “promover la participación cívica y política de las comunidades LGBTI, porque la misma es crucial para avanzar en la solución de las desigualdades y discriminaciones existentes” en palabras de Edmund Settle, consultor de políticas públicas del UNDP para la región del Asia-Pacífico.

Esta es la primera ocasión en que Salzburg Global LGBT Forum y UNDP colaboran. Con esta cooperación, “demostramos como dos actores globales  pueden apalancar sus prioridades y recursos para que los estados, los defensores de derechos humanos y la sociedad civil de diferentes regiones puedan acelerar conquistas en la inclusión de las comunidades LGBTI” – recalca Settle.

Aunque el acento en este foro fue la región asiática, lxs participantes (provenientes de más de 30 países) incluyó un grupo de la región de América Latina y el Caribe. La Argentina, Jamaica, México y Venezuela fueron los países  presentes en este foro. Pudimos compartir varios minutos con lxs participantes de Latinoamérica y el Caribe. Reflexionaron sobre sus visiones de la comunidad LGBTI en la región, la importancia del foro para las batallas que libran en sus países y sus visiones sobre el significado de “familia”.

Una participante de honor es la venezolana Tamara Adrián, abogada, activista y actual parlamentaria de la Asamblea Nacional de Venezuela. Tamara es desde enero de 2016 la primera diputada transgénero electa por voto popular en la historia del país caribeño. La Argentina estuvo representada por Mariano Ruiz, activista y director de comunicaciones para la Región de América Latina y el Caribe del Comité para el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOT por sus siglas en inglés). También acudieron la jamaiquina Angeline Jackson, directora ejecutiva y co-fundadora de la organización Quality of CitizenshipJamaica (Calidad Ciudadana Jamaica, en inglés) y el mexicano Enrique Torre Molina, Director de Campañas de la organización All Out.

-¿Cómo ven en este momento la situación de las poblaciones LGBTI en nuestra región?, indaga Iván, el moderador

-Tamara: Con relación a los derechos de la población LGBTI, América Latina y el Caribe es un continente con grandísimas diferencias desde el punto de vista social, cultural, educativo y legal. Encontramos situaciones tan diferentes como la penalización de las relaciones entre personas del mismo sexo y, en general, el sexo no-reproductivo, en varios países del Caribe y en Guyana y Surinam, por un lado. La existencia de derechos iguales al matrimonio, al reconocimiento de la identidad de género y la protección contra la discriminación, en algunos países emblemáticos, como Argentina, Uruguay, Colombia y México, y en una menor medida, Brasil, Chile y Bolivia. Y la total invisibilidad jurídica, social, cultural y educativa de las poblaciones LGBTI en Perú, Paraguay, Venezuela y casi toda América Central.

-Iván: ¿El caso argentino es, en algunos aspectos, punto de referencia. ¿Qué factor creés que ayudó a consolidar logros?

-Mariano: La Argentina ha avanzado mucho en los últimos años en relación a los derechos humanos de las personas LGBT con la aprobación de leyes tales como Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género, la Ley de Reproducción Humana asistida sin discriminación entre otras políticas públicas que son ejemplo para nuestra región y el mundo. Esto no hubiera sido posible sin el trabajo incansable de activistas y organizaciones tales como la Federación Argentina LGBT o la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de Argentina (ATTTA) entre otras. Sin embargo todavía tenemos mucho por hacer para transformar la igualdad legal a la igualdad real.

-Iván: ¿Cómo está la situación de la aceptación de las familias diversas?

-Enrique: En este momento, el tema de la familia está al centro de los debates nacionales en México. Ha sido una coincidencia buenísima que ése sea uno de los temas principales del foro este año también. Los grupos extremistas y los opositores al reconocimiento de derechos LGBT en varias regiones se han aferrado a hablar de nosotros como una amenaza a la familia y a los valores familiares, cuando en realidad la única amenaza a las familias es precisamente la exclusión, la homofobia, el rechazo a las personas LGBT.

-Iván: Más allá de las coincidencias, ¿cómo ayuda el foro en las luchas que están dando dentro de sus países o a la región en general?

-Tamara: Salzburg Global LGBT Forum es una oportunidad única para mostrar las diferencias y semejanzas entre diferentes regiones del mundo. Así, puede haber más situaciones mucho más simétricas entre Venezuela, Paraguay, Perú o América Central, con relación a muchos países asiáticos o africanos, que las que hay entre esos países y el resto de los países de la región.

Esta situación es bastante clara en algunos contextos internacionales. Así, por ejemplo, el Grupo Latinoamericano (GRULAC) del Consejo de Derechos Humanos constituido por Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y México ha estado sumamente activo en la promoción de resoluciones e iniciativas en el marco de la ONU, para la protección de los derechos de la población LGBTI. En tanto que la actitud de Venezuela ha sido mucho más afín a la de los países islámicos, africanos o asiáticos más reticentes a este tema.

El foro da la oportunidad de comprender estas afinidades y antagonismos desde un punto de vista multicultural y global. Entender estas dinámicas es un instrumento determinante para la toma de acciones adecuadas para lograr los cambios legales y sociales necesarios en ambientes locales totalmente opuestos a la igualdad, y en los que los extremismos religiosos toman la delantera para atacar cualquier avance desde el punto de vista legal, social, cultural o educativo, como un ataque a los “valores culturales tradicionales” y a “la familia”.

-Mariano: Concuerdo con Tamara. El foro es una excelente oportunidad para compartir las lecciones aprendidas en nuestro país y también conocer las realidades de otros países del mundo en un ámbito que reúne a activistas, defensores de derechos humanos, artistas, religiosos, académicos, directores de cine, representantes de gobierno y organismos internacionales. En comparación con otros foros y reuniones sobre la temática es muy importante destacar la fuerte presencia de jóvenes, considerados el futuro de nuestra población en la lucha por la igualdad a futuro. Por mas distantes que sean los países en los que vivimos, nuestras realidades son muy parecidas y nuestros desafíos son los mismos, que es hacer de nuestro mundo un lugar mejor para todas las personas LGBT.

-Iván: Y más allá de las visiones nacionales, ¿hay puntos comunes entre las comunidades LGBTI a nivel mundial?

-Enrique: Estoy participando en el foro porque me interesa aumentar mis relaciones con defensores de derechos LGBT de todo el mundo. Como parte de mi trabajo como Gerente de Campañas en All Out, es clave conocer a las personas que están impulsando cambios sociales y políticos en distintos países, conocer sus retos y entender de qué manera abordan los problemas en contextos culturales diferentes al mío. Y ha sido increíble confirmar que sí existe una comunidad LGBT global, y que tenemos más cosas en común de las que uno pensaría – y también, tenemos que enfrentar obstáculos y discursos anti-LGBT muy similares alrededor del mundo.

-Angeline: Éste es mi segundo año participando en el foro.  A pesar del trabajo y las largas horas que se requieren antes, durante y después del foro, tengo la convicción y la sensación de que venir aquí me renueva los ánimos y la motivación para regresar a Jamaica y continuar otro año que en muchas veces no es nada fácil.

La diversidad de quienes nos reunimos aquí y las relaciones que he desarrollado en los foros es única. Además logro compilar informaciones y ejemplos de cómo puedo innovar y adaptar métodos de trabajo a mi propio contexto.

Muchas conferencias LGBTI tienden a tener participantes de países “occidentales” y del “norte global” y aunque aprendo mucho de ellxs, sus experiencias en muchos casos no reflejan o no pueden compararse con mi contexto en Jamaica. El foro me ha dado una oportunidad única de conocer, intercambiar y aprender de personas del “sur global”. Algo crucial para el método del foro es la cantidad de participantes. No somos mas de cincuenta personas, y esto crea un ambiente profesional e intimo. Podemos comunicarnos, conocernos, y compartir con una honestidad y una sensibilidad única.

Este cuarto encuentro del Salzburg Global LGBT Forum concluyó el 7 de octubre de 2016. Los eventos incluyeron mesas de trabajo, presentaciones, muestras cinematográficas, conversatorios íntimos y sesiones de lluvia de ideas. Las conclusiones y el reporte final de este evento será publicado en las próximas semanas. Para más información sobre el foro, las sesiones previas e información sobre miembros, actividades y documentación relacionadas con esta iniciativa, visita este sitio web.

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Qué es ser tolerantes

¿Una persona tolerante? ¿Qué significa tolerar a otro? ¿Aguantarlo? ¿Soportarlo pese a ser distinto que uno? En algunas de estas preguntas hace pie el lic. Alejandro Viedma al elaborar esta crítica de la obra Un judío común y corriente, que protagoniza Gerardo Romano en el Maipo Kabaret. Viedma se ocupa de encontrar los puntos de contacto entre las emociones de un judío alemán que reside en Alemania y alguien -también común y corriente- de la comunidad gay.

La obra es excelente. Desde este espacio la recomendamos.

¿Una persona tolerante?

Por Lic. Alejandro Viedma

Lo primero que pensé cuando leí el título de esta obra que protagoniza Gerardo Romano fue: seguramente se tratará de alguien nada común, de un hombre muy especial. En cierto modo es así y por otro lado no lo es.

También me pregunté qué pertinencia tendría la presente reseña en un blog que aborda y celebra la diversidad sexual.

Vamos por partes. Este unipersonal relata lo que desencadena una invitación de parte de un profesor para que un judío alemán que reside en Alemania de una charla a sus alumnos. El dilema nace porque esos alumnos, después de estudiar el nazismo, desean conocer a un judío, cuestión que a éste le genera una revisión de varios tópicos personales y sociales, psicológicos e histórico-político-culturales.

Lo que comanda, lo que le invade al convocado es el estado de un notable enojo, una bronca que permite, en cierto sentido, descargar algo de lo que la población judía ha sufrido y ante lo cual en el pasado no pudo rebelarse ni revelarse. Es por ello que el protagonista describe cómo y por qué tuvo que construirse un caparazón para recubrir una piel sensible, lo que por otra parte lo hizo más fuerte, por y ante la discriminación sufrida.

Y aquí empiezan las coincidencias dadas en el interior de una colectividad específica, puntos comunes y corrientes que comparte con cualquier otra comunidad convertida en minoría estigmatizada, perseguida, excluida, vulnerada.

Es entonces cuando una persona homosexual podría fácilmente sentirse identificado con tal contenido, que anima a sentimientos convergentemente similares, un dolor y una ira que se disparan y actualizan cuando se tiene que dar cuenta de algo inenarrable, inentendible y, por ende, inexplicable, intransmisible y por eso sigue operando con marcas contundentes y hasta mortíferas.

Lo que más cuestiona y lo enerva al expositor es la supuesta o falsa tolerancia, subrayando su rechazo a la acepción del término que refiere a la asimetría, a tener que aguantar al otro en su diferencia. Un homosexual –para volver a la analogía- también sabe de qué se trata esa tolerancia que algunos promueven.

Y al personaje de Romano también lo ofusca el rótulo que se le coloca; como si, por el sólo hecho de ser judío debiera someterse a observaciones y estudios cual animalito o especie en extinción. Como si, haciendo una comparación con lo gay, la “condición” de homosexual definiera toda la singularidad de un sujeto, como si esa etiqueta justificara el tratamiento y la forma de vincularse con una rareza.

El texto es la vedette de la puesta, es potente, fuerte, desde donde danzan frases como: “Reglas que atan y atrasan”; “Ocultar en el clóset”; “No encajar, no querer ser”; “Una nueva religión es necesaria y urgente, ya que todas ellas fracasaron; son homofóbicas y misóginas”.

Cabe destacar que el protagonista se mueve en el escenario como si estuviera en su casa (en un tramo hasta canta y toca el piano), deambula las tablas cómoda y eficazmente, de hecho la escenografía recrea el interior de un hogar.

En síntesis, Romano es un gran y completo actor y parece “encajar” perfectamente en el libreto, factores que se conjugan para dar luz a un monólogo efectivo, crudo en lo dramático aunque con toques de humor, compacto y que en realidad a lo que invita es a reflexionar y conmoverse.

La obra va de miércoles a viernes a las 20 y los sábados a las 21 en Maipo Kabaret

 

Ficha técnica: Autor: Charles Lewinsky / Versión en español: Lázaro Droznes / Dirección: Manuel González Gil / Música: Martín Bianchedi / Prensa en Facebook: duchezarate

 

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¿Donar sangre? Vos no, por homosexual

No es la primera vez que  Tomás  Vio escribe en Boquitas pintadas. Ya contó hace unos meses que tiene 26 años, que es licenciado en Comunicación Social y que trabaja en el área de Relaciones Externas de una empresa importante en la ciudad de Buenos Aires. Tampoco es la primera vez que hablamos de este tema: la discriminación legitimada en formularios que se utilizan para la donación de sangre en la Ciudad de Buenos Aires.

Traemos nuevamente el tema, que ya denunciamos en 2011, porque pese a que se aprobó en la legislatura la modificación del formulario que se exige completar a los donantes de sangre y que se aplica en los hospitales públicos (no se deben pedir datos respecto a la identidad de género, vida personal y sexual o cualquier información que resulte discriminatoria), esto no siempre se cumple. Estos tiempos siguen recordando aquella denuncia de Facundo García, activista por el Partido Socialista. 

Tomás, esta vez, cuenta su historia de discriminación por este tema. Seguramente muchos se sentirán tocados por la misma realidad. Es una paradoja que, por un lado, se incentive la donación de sangre y, por otro, se discrimine a quienes quieren donar. Sin hacer foco en la protección a la hora de tener relaciones sexuales, se focaliza en con quién se tuvo relaciones, así es que las homosexuales son prohibitivas para donar.

Pedro Robledo, coordinador del área de Diversidad e Inclusión de la Fundación Pensar de PRO, escribió a Boquitas pintadas para aclarar que desde esta oficina “trabajan arduamente con el Ministerio de Salud para generar los nuevos formularios que están disponibles en hospitales públicos como indica la ley y como se menciona en la nota”. Esta ley fue aprobada en la legislatura por unanimidad. Agregó que el caso del Hospital Alemán está fuera del alcance del gobierno porteño ya que se trata de un centro de salud privado. “Los formularios nuevos están a disposición de todos los centros que quieran adoptarlos, pero la ley únicamente alcanza a los hospitales públicos”, sostuvo.

Vos no por puto

Por Tomás Vio

Hoy fui al Hospital Alemán para donarle sangre a una compañera del trabajo que necesitaba una transfusión luego de haber perdido más de 3 litros por un derrame. Antes de ir llamé al hospital, saqué turno y me leyeron algunas de las especificaciones para poder donar. Tenía que ir sin haber desayunado lácteos, ser mayor de 18 años, tener el DNI y no haber tenido hepatitis, chagas, sífilis, paludismo o brucelosis. Por suerte, no tuve ninguna de esas enfermedades, tengo 26 años, DNI al día y siempre desayuno un café sin leche.

Sabiendo que cumplía con todo, a las 10 de la mañana me presenté en el Alemán. Cuando llegué me dieron un extenso formulario que debía completar antes de que el médico me extrajera la sangre. En la primera página había un recuadro que ocupaba la mitad de la hoja titulado “Motivos para abstenerse de donar sangre”. Entre los que se encontraban: haberse hecho tatuajes u acupuntura con agujas no descartables, ser consumidor de drogas prohibidas, tener relaciones sexuales a cambio de dinero, haber tenido relaciones sexuales con personas que tengan o puedan tener Sida o haber tenido relaciones sexuales (hombre con hombre) en el último año.

El formulario que leyó Tomás antes de ir a donar

Luego de esta advertencia, había que responder 43 preguntas, todas relacionadas con cuestiones de salud a excepción de 3, una general, otra específica para hombres y otra específica para mujeres: “¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?”, “Para hombres: ¿Tuvo usted relaciones sexuales con otro hombre en los últimos 12 meses?” y “Para mujeres: ¿En los últimos 12 meses, tuvo relaciones sexuales con un hombre que a su vez tuvo relaciones sexuales con otro hombre?”

Yo respondí a todas con la verdad. Cuando llegó mi turno, la médica me preguntó si tenía alguna duda con el cuestionario. Le conté que a raíz de una trombosis tuve que tomar anticoagulantes durante un año, me dijo que eso no era problema. También le conté que en los últimos 12 meses había tenido relaciones con otro hombre pero que él no estaba infectado con VIH y que yo tampoco. Me respondió que por prevención, yo no puedo donar sangre pero que agradecía mi sinceridad.

Las preguntas que discriminan a quienes tienen relaciones homosexuales

Le dije que no comprendía el rechazo, a lo que me respondió que los homosexuales tienen más posibilidades de contagiarse VIH y Hepatitis que el resto de las personas, como dándome a entender que los cuerpos de gays y heterosexuales son distintos. También me dijo que existe lo que se llama período ventana, período de 12 meses en el cual el virus puede no detectarse, y que es necesario estar seguro que, durante ese tiempo, uno no estuvo en riesgo de contraer HIV. Me reconoció que el período ventana es el mismo para cualquier persona, sin importar su orientación sexual. Entonces, le pregunté, ¿por qué se les permite donar a heterosexuales que hayan tenido sexo con personas desconocidas o de las que no estuvieran seguras de su estado de salud? Y me respondió que la primera pregunta (¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?) era para detectar esos casos. Ante esta respuesta, le dije que entonces no eran necesarias las otras dos preguntas, que con esa sola alcanzaba. No hace falta una para gays y otra para heterosexuales. También le dije que hay muchas personas que no van a contestar a todas las preguntas con la verdad, por ejemplo, haber pagado por sexo, por lo tanto, la buena fe no alcanza, sería muy irresponsable de parte del hospital confiar sólo en un cuestionario. Más allá de las respuestas, todas las muestras de sangre que se donan deben ser analizadas cuidadosamente.

Cuando salí del hospital me puse a investigar un poco, según el último informe del Ministerio de Salud de la Nación, existen 110.000 personas en la Argentina con VIH/Sida.  En el caso de los varones, “el 48,5% se infectó durante una práctica heterosexual y el 39,1% lo hizo en una relación con una persona del mismo sexo”, mientras que del total de las mujeres, “el 89,6% se infectó durante una práctica heterosexual”.

Es necesario desmitificar. La orientación sexual de una persona no la condena a ninguna enfermedad, en todo caso, es la falta de información y de protección la que la pone en riesgo. El 90% de los hombres y el 88% de las mujeres con el virus se infectaron luego de una relación sexual sin protección.

No me opongo para nada a que se tomen todo tipo de recaudos a la hora de donar sangre. Lo que sí critico es la estigmatización y la humillación de la persona. Cuando llegué al trabajo, todos mis compañeros contaron que al igual que yo, habían ido a donar sangre. Cuando me preguntaron a mí tuve que contarles que no me lo permitieron y cuando me preguntaron los motivos les tuve que decir que fue por el simple hecho de ser gay.

 

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El “Che” de los gays despide a Hugo Chávez

El chileno Víctor Hugo Robles es un activista por la diversidad sexual conocido como el “Che” de los gays. “Si el Che estuviera vivo sería homosexual”, es una de sus frases de provocación por las que más se lo conoce. Dice que su postura es revolucionaria y que toma este personaje histórico de la izquierda para mostrar que las luchas actuales por el respeto a la diversidad sexual deben estar articuladas con otras peleas sociales.

“Apuntamos a que el movimiento se cruce con otras luchas, estudiantiles, por ejemplo. Esta es una militancia por una verdadera integración de los excluidos, nosotros y tantos otros del sistema chileno. Hay que trabajar juntos por esa integración”, explica Robles en diálogo con Boquitas pintadas.

Hace apenas unos días que murió el presidente de Venezuela Hugo Chávez y el “Che” de los gays lo menciona como otro revolucionario. Enseguida recuerda el encuentro que tuvo con Chávez en noviembre de 2007, cuando el comandante visitó la Universidad ARCIS para conversar con académicos, estudiantes y militantes de causas políticas y sociales de Chile.

El encuentro en Chile entre el ex presidente de Venezuela Hugo Chávez y el “Che” de los gays; noviembre de 2007

“Me dijo: ‘Yo estoy por la libertad sexual”, cuenta este activista gay. Para él fue un momento inolvidable. Lo recuerda así: “Ahí, sorteando rejas y estricta seguridad de bronceados escoltas presidenciales, saludé a Hugo Chávez aconteciendo una histórica, pequeña, pero significativa conversación con el indómito líder de la revolución bolivariana. La conmoción internacional no era menor en ese minuto, la prensa había arribado inquisitiva buscando sus reacciones frente a la inédita controversia con Juan Carlos de Borbón, Rey de España, durante la polémica Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado de Santiago de Chile de la era Bachelet”.

Y sigue este militante, que también es periodista: “En pleno ‘jaque al Rey’, ahí estaba yo, esperándolo con mi boina estrellada a lo Che Guevara para hacerle saber cuánto valoraba su incansable lucha antiimperialista y también para entregarle un libertario saludo de los homosexuales, lesbianas y travestis antifascistas de Chile que, desafiantes, deseaban “muerte al Rey”. Según cuenta, el comandante retrocedió asustado frente a sus palabras y luego señaló que deseaba “larga vida para los pueblos”.

Pero Robles fue por más: “No conforme con sus diplomáticas palabras insistí en la muerte de las monarquías del mundo afirmando que mis expresiones no eran sólo deseos propios, sino de muchos, incluyendo al del “Che” de los Gays”. Fue entonces cuando Hugo Chávez sonrió frente a la loca metáfora revolucionaria de un contemporáneo “Che” Guevara homosexual.

Más allá de la anécdota con Chávez, este “Che” afeminado -como él mismo se define- dice que lo suyo es la provocación, porque los homosexuales vinieron a “romper con las normas”. Señala que su país está muy lejos de la Argentina en conquistas por igualdad de derechos.

“En la agenda más tradicional del movimiento homosexual está la pelea en el campo legislativo. Aún no existe ni la legalidad de la unión civil, mucho menos ley de matrimonio igualitario. “La sociedad chilena es muy conservadora, patriarcal, de derecha, pinochetista. La Iglesia también está muy presente y eso complica la ampliación de derechos”, reflexiona. Dice que millones de personas viven en pareja en su país, aunque sin derechos reconocidos por el Estado.

Robles, el “Che” de los gays, se manifiesta crítico a esas búsquedas de legalidad porque cree que el movimiento de liberación sexual debería preguntarse qué hay más allá de una ley. “Una legislación no reduce la discriminación, no integra a los excluidos”, dice. Su apuesta es por un activismo desde la cultura. “Sólo desde el arte podremos escribir nuestra propia historia. Hay que tomar las calles, generar eventos culturales para plantear una agenda de diversidad sexual alternativa, provocadora, subversiva”, propone. “Estamos para romper con la norma”.

Foto: gentileza Víctor Hugo Robles

 

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“La comunidad gay es la herida por la que entró el VIH”

Como se conmemora el día internacional de la lucha contra el Sida me acerqué a conversar con Carlos Mendes, autor de Sida y poder (ed. Madreselva), un libro editado en 2004 y reeditado recientemente.

Como dice el periodista y escritor Gustavo Pecoraro, quien prologó el libro, “en días en que se usa bastante vergonzosamente la palabra Sida: volvamos a cuidar las palabras”.

La entrevista a Mendes está publicada en La Nacion y aquí en el blog comparto una versión extendida de esta conversación con quien investiga el tema del VIH –Sida desde los 80, cuando se desconocía absolutamente todo de este virus. “Pertenezco a la comunidad gay, que es la primera que se ve comprometida brutalmente en los años 80, cuando comienza a aparecer algo que nadie comprende, que los médicos trataban de explicar y que después sabremos que lo que se decía sobre el VIH era un mamarracho”, cuestiona.  Ahora la situación es otra y los problemas también son otros: “Como se convive con el virus sin problema los pacientes están más invisibilizados aún por el Estado”.

 

Carlos Mendes; foto gentileza Gustavo Pecoraro

-¿Por qué surge el interés por estudiar el tema del Sida?

- Es un único interés: comprender. Empiezo a elucubrar las ideas que después se consignan en este libro en las épocas en las que no se conocía absolutamente nada sobre este tema. Científicamente hablando se sabía muy poco y en los grupos de reflexión como Nexo nos juntábamos para tratar de pensar.

Pertenezco a la comunidad gay, que es la primera que se ve comprometida brutalmente en los años 80, cuando empieza a aparecer algo que nadie comprende, que los médicos trataban de explicar y después sabremos que lo que se decía sobre el VIH era un mamarracho.

-¿Por qué históricamente se vincula el VIH con la comunidad homosexual?

-Está directamente vinculado. El Sida existía en África antes pero el mundo lo ve hasta que aparece en la comunidad homosexual del primer mundo: EEUU y Europa central. Son los gays los primeros que aparecen afectados por el VIH y eso visibiliza la infección en el mundo.

-¿Allí hay un signo del poder de los países centrales?

-Por supuesto. Cuando llega al primer mundo el poder se involucra porque son ciudadanos que están beneficiados con derechos, tienen derecho a reclamar, a hacerse ver, hacerse oír.

-¿Cómo se vivieron esos primeros tiempos en la Argentina?

-Era como en el resto del mundo. Los primeros casos eran realmente muy tristes, porque la gente estaba totalmente abandonada. Se les decía que no estuviera en contacto con mucha gente porque podía contagiarse enfermedades y, al mismo tiempo, señalaban que era terriblemente contagioso entonces los demás se alejaban de él. Así quedaban aislados. Había un abandono de los afectos. Las personas que más daño te pueden hacer son aquellas a las que más querés. Eso sucedía: padres que abandonaban a sus hijos, parejas que abandonaban a sus compañeros, eso era lo cotidiano.

-¿Por ese abandono se sumó a convocar a otras personas que estuvieran pasando por lo mismo?

-Mi intención fue buscar gente que tuviera ganas de pensar, lo cual era una tarea titánica y casi imposible. Queríamos buscar un ‘para qué’. Para qué nos enfermamos.

- En el libro cuenta que llegaron a descubrir el para qué: ¿Qué síntesis hace?

-Las cosas no suceden por casualidad, suceden por causalidad. Si uno se pone a pensar racionalmente, libre de prejuicios, por qué suceden las cosas entiende la concatenación que lleva a que sucedan. Entonces, no hay solo un para qué, no se puede decir que la infección del VIH es para tal cosa. El para qué es personal, individual, cada uno lo encuentra.

-¿Para qué sirve encontrar ese ‘para qué’?

-El empoderamiento de una persona viene del conocimiento, cuanto más conozco yo, más poder tengo, cuanto menos tengo que recurrir a los otros para que respondan mis dudas, más poder tengo. Si no conozco absolutamente nada, si sólo caigo en la queja cotidiana habitual de por qué a mí, qué hice yo para merecer esto -como dice Almodóvar- no se llega a comprender nada. Si uno empieza a pensar que si sucedió es porque hubo una serie de causas que lo hicieron posible y empieza a revisar esas causas libre de queja encuentra las causas que lo hicieron posible, encuentra el descuido, el desamor, la falta de autoestima, la exposición.

Carlos Mendes en la radio con el periodista Gustavo Pecoraro; Foto Diego Stickar

-Señala en el libro que una vez que aparece un tratamiento como el actual, que permite a alguien vivir con el virus, adormece al Estado, que se ocupa menos de la prevención: ¿en qué lo observa?

-Claro, ese es el recurso del poder en la cultura: incide con sus recursos enormes. La industria farmacéutica, con sus retrovirales, permite que la infección no progrese y no pase a ser enfermo de Sida. Entonces la persona puede hacer una vida normal. Se empieza a decir que el Sida se cura, entre comillas. En este contexto, no se hace nada por conocer las causas y por avanzar en prevención; tampoco se promocionan espacios de autoayuda y reflexión. A eso si no lo hace el Estado no lo hace nadie.

Si buscamos la etimología de ‘curar’ vemos que significa ‘cuidar’. No hay que curar la enfermedad sino al enfermo, la clave está en cuidar a la persona. Los retrovirales no hacen nada más y nada menos que detener el VIH en el individuo, pero del resto se tiene que ocupar el individuo. Falta una asistencia real de las personas con VIH.

-¿Por qué considera importante hablar de las causas?

-Hay un capítulo del libro que habla de la herida de la comunidad. Individualmente el virus ingresa a la persona a través de lastimaduras en la piel, mucosas o semi mucosas; si estas están íntegras el virus no puede pasar. Entonces, necesita la herida individual. Del mismo modo, la pandemia del Sida necesitó la herida comunitaria para poder ser epidemia. ¿Cuál es la herida comunitaria de este virus? Un sector de la sociedad disminuido, desvalorizado, minusválido, sin poder. Esa es la comunidad gay. El virus entró por esa herida.

 

“Un sector de la sociedad disminuido, desvalorizado, minusválido, sin poder es la comunidad gay. El virus entró por esa herida. Recién ahora, con la ley de matrimonio igualitario, estamos empezando a comprender que un homosexual es un ser humano”.

 

-¿Por qué dice que a la sociedad le resulta muy ajena la muerte de otro, más si es gay?

- Porque la comunidad recién ahora está empezando a comprender que un homosexual es parte de su prójimo, que es un vecino, un tío, un padre o madre, a veces. Es alguien como uno. Recién ahora, con la ley de matrimonio igualitario, estamos empezando a comprender que un homosexual es un prójimo, un ser humano. ¿Antes? Repasemos la historia. En algunos países siguen siendo lapidados.

-¿El algo habrán hecho sigue aplicando?

-Por supuesto. Es una enfermedad de transmisión sexual y el sexo está tradicionalmente ligado al pecado y a la promiscuidad. El que es gozoso sexualmente es el libertino, esa es una idea muy judeo-cristiana. Si gozó, que se joda, más o menos así.

Portada del libro

-¿Cómo explica que la persona infectada deba negar el VIH?

-Hablo de una negación como un mecanismo psicológico de defensa. ¿Qué es lo que negamos? Mandatos culturales. Cuando el mandato de alguien con VIH es que sos un apestado, contaminante, infeccioso, que no mereces lugar en el mundo, etc. lo primero que hay que hacer es negar eso, simplemente para no ser aniquilado. En ese sentido la negación es útil y necesaria. Eso tiene que dar lugar al proceso de empoderamiento, de fortalecimiento de la persona.

-¿En ese sentido se convierten en agentes contraculturales?

-Exacto. El agente sería un contra-héroe. El contracultural es visto como el loquito que no encaja en el carril que te fija el poder. Eso es muy necesario muchas veces para salir del maltrato, sobre todo cuando te viene de sectores muy cercanos. Es muy difícil liberarte del maltrato de los que mas te quieren, porque mientras te maltratan algo te están dando, por lo menos es de alguna manera visto.

-¿Ese maltrato se da por falta de información, por miedo?

-La ignorancia es una forma acabada de la maldad. Hoy en día, con todos los recursos que tenemos, producir ignorancia es producir maldad en el sentido de que el ignorante por su propia ignorancia obra equivocadamente y, a la vez, al obrar así hace daño.

Además de la ignorancia de conocimientos hay un problema de afectos. Hay gente que no terminó el primario pero que nunca se le ocurrió discriminar a nadie porque afectivamente goza de una salud envidiable. Hay gente que afectivamente es sana y otra que no, que no ha permitido que la esencia se exprese. Porque si la esencia se expresa no busca otra cosa que satisfacer sus afectos y dar afecto a los demás.

Carlos Mendes en la presentación de su libro; foto: Gastón Malgieri

-Es un estudioso de Spinoza: ¿Para que le es útil este filósofo?

-Es un hallazgo maravilloso. Llego a través de Deleuze. Encuentro alguien que es un alma gemela, que vivió hace 400 años. A mi me sirve, investigo sobre él, comprendo cosas gracias a él. La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma. ¿Cuál es la virtud? Ser feliz. Es el poeta de la alegría. Mientras estés alegre: no te estas equivocando.

-Decía en el libro que el Sida viene a subvertir el orden patriarcal, ¿podría explayarse?

-La homosexualidad subvierte el orden patriarcal. Este establece que el sexo se hace entre varón y mujer. Si el placer se logra entre personas del mismo sexo se está subvirtiendo ese orden, el mandato machista. El gran quid de la cuestión es el machismo, el patriarcado. Seguimos en esas estructuras y muy lentamente vamos horadándolas como se pueda pero seguimos allí. El varón sigue reinando. Cuando digo varón digo el producto cultural llamado varón, porque muchos no encajamos. El varón es una criatura muy fallida. Si fuera eficaz, sabio, eficiente otro sería el mundo.

 

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“Por accidente, casi muero de asfixia dentro de un placard”

Foto: Gastón Malgieri

Dos cuestiones movilizaron a Alberto a escribir a Boquitas pintadas: la discusión planteada en este blog cuando Martín Dutelli propuso la posibilidad de que “suave” reemplace la palabra “gay” para resignificarla socialmente; y, por otro lado, la charla organizada por Puerta Abierta y Sigla contra la discriminación y la homofobia en mayo pasado. Ambas cuestiones generaron en Alberto una necesidad: la de procurar poner en claro el poder que las palabras tienen en nuestras vidas.

“Muchos vocablos esconden vericuetos que, usados con cierta intencionalidad, encierran en su significado un significante que, a veces, va en dirección inversa a sus efectos, que pueden llegar a ser devastadores”, dice Alberto. Habla, aún sin brindar detalles, de cómo salió del placard, una experiencia que transitó durante años.

“La salida del clóset es una parte de nuestras vidas que deja marcas, pero en sí es una experiencia liberadora que hace reencontrarnos con nosotros mismos, a la vez que ese mundo nuevo expande su horizonte y empieza a encontrar pares en grupos de reflexión como los que hallé en el barrio de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, en Puerta Abierta, bajo la coordinación del Lic. Alejandro Viedma, uno puede comunicarse, expresar y compartir estas vivencias que suelen ser comunes a muchos.

Cuenta Alberto que hace un tiempo, en su casa familiar, “por accidente, casi muere de asfixia dentro de un placard”. Lo trae a colación, también, como una metáfora de su vida. “La acuciante y tortuosa salida para sobrevivir me hizo recapacitar en cuánto estaba dejando de lado ese ser que soy por el que los demás decían que debía ser”. Los condicionamientos externos en esos discursos le resultaban decisivos a él.

Comparto lo que escribió para Boquitas pintadas

 

El poder de las palabras en la elección por la diversidad

Por Alberto

 

Foto: Gastón Malgieri

Es muy común el compartir una misma historia en que la orientación sexual no es acorde a los cánones (pre)establecidos por un orden mayor al que nada se le pudo discutir a lo largo de siglos.

Según las circunstancias de cada uno, atravesábamos una soledad amarga en la que sentíamos que éramos el ojo de la tormenta sin conocer que en el interior de much@s sucedía lo mismo, en especial, durante la adolescencia en los ‘70 y principios de los ‘80, cuando la comunicación aún tenía un tinte militar autoritaria. Ni qué hablar de familias conservadoras o inmersas además en sociedades del interior religiosamente enclaustradas en la misa de 7 de cada domingo llevando lo impiadoso del caso hasta los ‘90.

Recuerdo haber aprendido la palabra “elegir” en 1983 con el regreso de la Democracia, palabra que hablaba de libertad aunque no obstante escondía una complejidad severa de cierta dureza.

Al ir a las urnas esa libertad se manifestaba en una responsabilidad que condicionaría los años cívicos siguientes por lo cual ese elegir ritualizaba una especie de felicidad al comprobar que al correr del tiempo se habría acertado, o una culpa interna de haber errado el orden político.

Eran tiempos de cambios en que el tema de la sexualidad rompió con más fuerza los límites del “de eso no se habla”. Fue cuando reaparece la palabra “elección”, en un curso erróneo, que la convirtió en siniestra, y que trazaba un futuro tenebroso si no se amaba según lo establecido como bien visto desde el “deber ser”.

Foto: Gastón Malgieri

En sí la elección sexual es un tema que jamás entendí, porque la lógica supuesta en el acto eleccionario se mezclaba con el ámbito emocional y de ahí el disturbio interno de no saber quién me gobernaría.

La elección supone esfuerzo de decisión bajo la mirada social o la libertad individual y, en la gran cantidad de los casos, el esfuerzo se torna una odisea culposa de reglas de “domesticación” de diversa índole que deja a quien sea atónito frente a cualquier urna.

¿Qué intereses o desconocimientos traía aparejado el uso de la palabra elección de marcado yugo ordenador?

Muchos eligieron caminos que los dejó encadenados a clósets que, estimo, con el paso del tiempo se volvieron mundos de opresivas tinieblas; otros acertaron por la propia pasión y desarrollaron una vida sincera en su interior que respetó a su plenitud en diversa medida. Otros, intentábamos o creíamos ser libres en la tortuosa dualidad de la lógica y la pasión con la esclavizante carga de la palabra elección, con un respiro a medias de una puerta entreabierta de un ropero de incómodas condiciones del ser y no ser.

Los tiempos pasaron y las tendencias en las consideraciones científicas cada vez más aclaran que la orientación sexual no se elige desde la voluntad consciente sino que se sigue como a la aguja de una brújula interior que indica el camino para alcanzar la plenitud como ser maduro individual.

Sumado a esto, la creciente aceptación por la palabra diversidad hace que la elección no suponga estar de uno u otro lado sino en el de “uno mismo” para formar parte de un mundo social pluralista, diverso y por ende más justo para tod@s, donde cada cual exprese su subjetividad, lubricando así las bisagras del clóset para encontrar una puerta abierta para la construcción de uno mismo.

Foto: Gastón Malgieri

En mi caso particular, este fue el largo peregrinaje en una constelación de miradas socialmente correctas, y por qué no decir hipócritas y homofóbicas, un sinfín de terapias correctivas (tema que da para una extensa nota) que sólo hicieron que perdiera tiempo y dinero, o hasta la búsqueda de respuestas religiosas a la sombra de un Dios según la interpretación del cura de turno.

¿Es qué era yo el hijo, sobrino, primo minusválido creído automarginado pero sí realmente marginado por no ser como la “regla-moral-animal” de macho si lo que sólo era un ser humano como todos los demás? ¿Las incontables terapias direccionadas a lo “científico y socialmente aceptable” que sólo me confundían la relación lógica-emotiva convertidas en un laberinto sin salida en el que el tiempo se perdía (and “time is money”) a la vez de sentirme espiritualmente como “excomulgado” por un Dios que me creó así?

Fue hasta que encontré la contención terapéutica idónea que, a través de la maduración de mi ser interior, y apoyando mi autoestima en un proceso sin presiones, pude redescubrirme y así encontrar mis pasadizos interiores. Así pude llegar a la salida de ese clóset llamado “Alberto” para salir a la vida siendo expresiva y externamente “Alberto”.

Había llegado, por fin, el verdadero acto eleccionario en el cual opté por redescubrirme en mi propio mundo y, por fin, entender que cada uno puede asumir ser libre e individual, tan individual como su propia forma de amar, tan diversa como el mundo mismo.

 

¿Cómo viviste vos tu salida del clóset?

 

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Se plantó ante un directorio de Wall Street y dijo: “Soy gay”

 

Archivo EFE

Liliana Nealon nació en la Argentina pero emigró a Estados Unidos a los 13 años. Allí hizo carrera en el mundo de las finanzas -tiene 35 años de experiencia en el mercado de divisas internacional- y llegó a altos puestos en varias instituciones financieras y bancarias. En una de las multinacionales de Wall Street para las que trabajó, conoció a John, un joven que se convirtió en su mano derecha. Guardó el secreto de su homosexualidad durante años. Ella, como única confidente, lo instaba a salir del clóset una y otra vez. Un día llegó el momento en que John no pudo más con su secreto, se plantó frente al directorio de ejecutivos y dijo: “Yo soy gay y hace treinta años que lo estoy escondiendo. Y hoy, frente al Presidente y al grupo ejecutivo, quiero decir que “ya no más”.

Liliana no puede olvidarse de aquellos hombres trajeados y boquiabiertos. Dice que lo recordará siempre. Hasta ahora guardó esta historia para sí, pero cuando se enteró de Boquitas pintadas por intermedio de un amigo –casi un hijo, dice- quiso compartirla con nosotros. Me cuenta, en un mail desde EE.UU: “Esta historia siempre me gustó porque habla del coraje de un hombre, un gran hombre. Y habla, también, de la discriminación que se esconde detrás de chistes e insultos que no permiten nunca conocer a las grandes personas, como John. Además, tengo gran compasión por lo que se considera ‘la minoría silenciosa’ y por lo triste que debe ser tener que esconder quién sos por temor a reprimendas”.

Esta es la historia enviada por Liliana, quien, además de dedicarse a las finanzas es licenciada en Literatura Francesa y ama escribir.

 

Boquitas abiertas,

Por Liliana

 

Se llamaba John. Lo conocí cuando era ejecutiva en una multinacional en Wall Street. Me habían pedido que tomara el mando del “Diversity Team” cargado con investigar, educar y solucionar problemas de racismo, prejuicios y mal trato de la gente. Reuní un grupo de personas que sentían pasión por este tema, y que estaban dispuestos a hacer horas de más para cambiar las cosas.

John se convirtió en mi mano derecha. Tenía unos 55 años, delgado, buen mozo, elegante. Un día durante el almuerzo, me contó lo difícil que era ser una minoría en ese ambiente. Me sorprendió con esas palabras, porque yo, aislada como todas las mujeres en Wall Street, y sufriendo de ataques machistas todos los días, no veía cómo un hombre blanco podía tener problemas.

“Hace 25 años que estoy en pareja con la misma persona. Nos amamos y hemos sido fieles por todo este tiempo, sin embargo, yo no puedo hablar de ésto con mis compañeros, mis jefes, o mis amigos. Soy gay, y a pesar de que eso es toda mi vida, no lo puedo compartir con nadie”, me dijo con ojos llenos de lágrimas.

Me quedé muda ante esta declaración tan simple y sin embargo tan llena de coraje y de melancolía. No me podía imaginar lo que sería no poder decir que soy mujer, cristiana, madre. No poder decir lo que soy. Nos hicimos amigos, disfrutando mucho de la libertad que sentíamos en nuestra amistad, yo, mujer latinoamericana, él, hombre gay en el ropero. Yo lo impulsaba a declararse, a salir del closet. Siempre me contestaba lo mismo, que eso sería un suicidio laboral, que aunque no le dijeran nada en su cara, igual lo iba a pagar caro. “Somos la minoría silenciosa”, me decía John, “y queremos, no, necesitamos permanecer así.”

Me contaba momentos en reuniones de ejecutivos, en clubes, en almuerzos o cenas con clientes, donde los otros tenían la costumbre de contar chistes de gays, de usar palabras -que no quiero repetir acá- para describirlos, y que John tenía que tragarse y ser partícipe, o dejar de ser uno de los “boys”. “Eso es una gran hipocresía, John”, le decía yo, que había ganado y perdido muchas batallas para mí y para otras minorías en Wall Street.

Foto: Archivo AFP

Un día, llegó un momento clave para el Diverisity Team: teníamos que presentar al Presidente del Banco y al resto de los Ejecutivos, todos varones, los resultados de nuestras encuestas, las conclusiones, y nuestras recomendaciones. Había dividido a mi equipo para que cada persona tuviera la chance de presentar. John sería el primero en hablar. La sala de reuniones estaba llena: ejecutivos, compañeros y todo el Diveristy Team.

John miró sus notas, sus manos temblaban. Me pareció raro que estuviera tan nervioso, habiéndose preparado tanto. Su frente se veía brillante, transpirada. No levantaba sus ojos de la mesa.

Después de un silencio que pareció eterno, John se puso de pie, y empezó la presentación con una voz alta, firme y segura, y con palabras que nunca olvidaré expresó: “Yo soy gay, y hace treinta años que lo estoy escondiendo. Y hoy, frente al Presidente y al grupo ejecutivo, quiero decir que “ya no más”. Tampoco olvidaré las bocas abiertas de los otros hombres, que nunca habían sospechado esto.

No sé si ese momento fue un triunfo para John o para el Diversity Team. No sé si cambió algo en su trato con los otros.

Sólo sé que en ese momento tuve el honor de conocer a un gran hombre.

Lili

 

Para leer algunos textos de Liliana, entrá a este sitio donde publica cuentos

 

¿Qué te deja esta historia?

 

 

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“No me llames Gay, llámame Suave”

 

Museo Gabriela Mistral de Santiago de Chile, muestra de Alberto Montt y Francisco Javier Olea

Foto: Alejandro Viedma; Museo Gabriela Mistral de Santiago de Chile, muestra de Alberto Montt y Francisco Javier Olea

Martín Dutelli, un asiduo lector de Boquitas pintadas, se anima a lanzar una propuesta que va más allá de una disquisición lingüística: ¿Por qué no reemplazar la palabra Gay por Suave para referirse a los homosexuales? “A muchos, no nos gustan las palabras gay, puto, homosexual, trolo, loca, bala, balín. Suave define lo que somos”, dice en este escrito -producto de una anécdota personal que vivenció- elaborado para este blog.

Su sugerencia me pareció interesante para abrir una discusión en varias direcciones. ¿Te sentís incómodo con el término gay? ¿Lo cambiarías? ¿Suave es una palabra que te identifica?

Los dejo con el texto. Espero sus comentarios.

Un mundo Suave,

por Martín Dutelli

 

Foto: Alejandro Viedma

Una vez estaba cenando con unos amigos, ambos norteamericanos, madre e hijo, y haciendo alusión a la palabra gay, empezó un dilema. Ellos me decían que no podían usar la palabra gay con su verdadero significado porque el actual significado es homosexual, cuando en principio la palabra gay significa alegre, feliz, contento. Ellos decían: “Yo quiero decir que estoy gay, I am gay, pero de contento, y no puedo decirlo porque se confunde con gay de homosexual”; “quiero recuperar mi palabra”.

“Bueno -dije yo-, podría ser suaveeeeeeeeeee”.

“¿Suave? Qué buena palabra”, dijo Lili. “Esa es la palabra que tiene que salir de tu paladar para hablar de alguien que es homosexual, esa persona es ¡suave!”, agregó.

“Sí, suave como el terciopelo azul”, dije yo, y continué: “Tenemos que patentar la palabra de ahora en más”, levantando la copa: “Soy Suave”.

En ese mismo momento Lili dijo: “Voy a mandarles un mail a mis amigos de New York, Billy y Bob, para contarles que no son más gays sino Suaves, que en inglés se pronunciaría sueivs, jaja”.

Dicho y hecho. Lili les mandó el mail diciéndole a  sus amigos que Martín (este soy yo, casi como otro hijo para Lili) había descubierto una nueva palabra casi por accidente, para decir Gay y así recuperar la palabra para su significado original. Ella redactó: “Ahora los de habla española tienen una palabra menos, es decir, rectifico que el mejor significado de la palabra Suave es el mismo significado que tenía la palabra Gay hasta ahora. Ahora Gay vuelve a ser feliz, contento, y Suave es la anterior Gay, o sea homosexual”.

¡¿Qué mejor palabra para hablar del homosexual?! Muchos nos quejamos de que no tenemos una buena palabra para hablar de nuestra sexualidad. A muchos no nos gustan las palabras Gay, puto, homosexual, trolo, loca, bala, balín.

Lo que tiene la palabra Suave es que define como somos, el Suave es una persona hermosa por donde se la mire, ¿a quién no le gusta suavecito, suavecito?

Suave, porque el afecto es suave. Suave porque las caricias son suaves. Suave porque muchos no se consideran gays u homosexuales.

***

Al rato recibimos noticias de los amigos de Lili que decían que aprueban la palabra Suave para hablar de Gay: “Sueiv like blue velvet”.

Terminando la madrugada, John Peter, el hijo de Lili, nos ofrece café y nos interpela: “Lo prefieren strong o sua…” y nos reímos todos.

Lo que quiero aclarar es que no tomo la suavidad como debilidad, ya que “Lo cortés no quita lo valiente”.

Suave es un sentimiento de claridad. Es una palabra que encierra todo lo que abre. Suave es todo aquel que está en paz. Porque la palabra suave no es agresiva. Todo lo contrario, Suave es el amor. Y se necesita mucho valor para ser Suave y aceptarse como tal.

Aclaro que todo esto es una teoría personal. Solo llega a ser verdad para los que nos gusta esta nueva revelación, si es que se puede llamar así.

No intento cambiar el mundo con esto, simplemente quiero cambiar mi mundo, que a partir de ahora es Suave como el terciopelo azul.

Personalmente no me gustan las etiquetas, a pesar de que a veces las necesitamos. Y si las vamos a usar, por lo menos que sean rótulos positivos. Por eso para ser Suave, hay que vestir de etiqueta.

¿Qué término te define mejor?

 

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Yohana: “Yo fundé una pastoral de travestis en la villa”

Foto: Guadalupe Aizaga

Yohana Lencina tiene 45 años y acaba de estrenar su nuevo DNI en la mesa de entrada del diario, donde viene a contar su historia de vida desde que empezó a sentirse incómoda en su cuerpo de varón, cuando aún iba al colegio primario y se llamaba Luis, hasta hoy, cuando por fin consiguió ser legalmente ella.

Recién retiró su documento y está feliz. Cuida como oro el sobre del Registro Nacional de las Personas. Lo saca de la cartera para mostrarlo, le encanta la idea de fotografiarse con su DNI, su cédula y su nueva partida de nacimiento, papeles que nunca soñó que iba a tener. “Es como nacer de nuevo”, dice. “A partir de ahora empieza el trabajo de cambiar las facturas de impuestos y servicios de mi casa. No me quejo, es un tramiterío tedioso que esperé toda la vida poder hacer”.

Yohana parece una de esas personas que no se cansan nunca, que siempre están activas. Ella cuenta que en su lucha de años fue fundamental su fe en Dios: la religión católica le permitió no claudicar en su vida. Aunque también conoció las dificultades puertas adentro de la iglesia, sobre todo cuando empezó a vestirse con ropas de mujer. En alguna oportunidad, algún sacerdote le pidió que se retirara de la misa, también recuerda los tres años que le hicieron “repetir” la preparación a la Comunión. “Me decían que no podía tomarla porque tenía que hacer sí o sí el retiro espiritual y no sabían si mandarme con varones o mujeres”, relata.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Ella menciona al, por entonces, obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, y está agradecida porque le permitió tomar la Comunión y Confirmarse, también. “A los veintipico me dieron ganas de tomar la Confirmación; entonces me acerco al padre Jorge, de la villa La Cava, donde yo vivía. El me dijo que lo tenía que autorizar el obispo y hablamos con Casaretto. Nos recibió a los dos. Me dijo que como ya había estudiado y me veía tan decidida no tenía que hacer el curso, pero quise hacerlo igual y fui un año con todos los jóvenes”, relata Yohana. En diciembre de 1998 se confirmó. No se olvida más de esa fecha.

Muestra una foto de ella entonces: su pelo negro hasta la cintura peinado con una trenza cocida, sus palazos, sus tacos altos.

La historia recién empezaba. Luego de ese paso, junto al sacerdote de La Cava, el barrio donde ella vivió desde los 4 a los 28 años, Yohana organizó una pastoral de travestis.  “El padre nos mostró que nosotras también somos hijas de Dios, necesitamos de él, de  rezar, de pedir perdón. En los encuentros el padre nos daba charlas, conversábamos sobre esos temas, sobre nuestros derechos. Muchas se engancharon y pudieron tomar la Comunión y luego confirmarse”, cuenta, quien después armó con otras compañeras de militancia la asociación Liga y Unión de la Comunidad Homosexual Argentina (LUCHA) para seguir trabajando por la integración real de las personas trans.

Sabe que falta mucho, pero se aferra a un refrán como si fuera la biblia misma. “La fe mueve montañas”, dice. Ella es pura fe.

 

Les dejo la carta que Yohana escribió para que el Estado la reconozca con su verdadera identidad. Es la síntesis de su vida, según ella misma. Su infancia, su condena familiar, la violencia escolar, las detenciones de la policía, su miedo al servicio militar, sus trabajos, su militancia….

 

Foto: Guadalupe Aizaga

Carta de Yohana al Estado

 

Mi nombre es Yohana Lencina , DNI 18284912, nací en La Plata el 15 de julio del año 1967. Mi madre es Aurora Lencina; después de 34 años conocí a mi padre,  cuyo nombre es Juan Carlos Luna. Soy la mayor de dos hermanos: Fernando y Guillermo Castro.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Mi historia difícil comienza desde mi niñez, más precisamente a los 5 años; en esa etapa empezaba en San Isidro la escuela primaria y ya encontraba atracción por aquellos que eran mis compañeritos. Mi forma de relacionarme tanto con mis compañeros como con mis maestras era diferente a la que ellos esperaban o estaban acostumbrados; entonces, a raíz de eso, mi madre no estaba conforme con la escuela y recurre al cambio de institución. Como nada cambiaba, así pasé por tres escuelas más.

En este momento, mi corazón recuerda que, cuando cursaba 5º grado, mi maestra “Julia” me quiere llamar la atención entonces pide una reunión personal con mi madre. Grabada está en mi memoria lo que la docente le dijo a mi madre. Entre otras palabras, recuerdo algo que parecía un versito: “Su hijo se comporta como un  mariposón, me canso de llamarle la a atención”. Sin querer, y sin saberlo, a los 10 años era discriminado por aquella que nos hablaba de respeto.

Toda esta situación, inconcientemente me llevó a ocultar lo que realmente sentía, por miedo a la reacción de la gente que quería. Tanta fue la presión que sentía que recurrí a analizarme con un profesional durante 3 años.  Me sentía invadida, lloraba todo el tiempo. Sentía que me pedían que fuera alguien que no era, no podía inventar lo que ellos pedían. Pero aún así,  hasta 6º grado, con gran esfuerzo, oculté mi condición. Pero era inevitable que no se dieran cuenta. Mi madre era la que no podía ver en mí lo que yo realmente era. “No hay ciego  peor que el que no quiere ver”.

Mi primaria culminó con la expulsión por mi comportamiento que, para aquella sociedad, era “una vergüenza”. Como era casi fin de año me incorporaron nuevamente y así pude terminar mi primaria en 1981 en la escuela Nº 11, en San Isidro.

La adolescencia

Ya a los 15 años mi madre fue asimilando de a poco lo que mi cuerpo y mi corazón necesitaban.

El segundo camino, el más difícil, fue empezar el secundario. Debo confesar que en ese período viví lo más humillante, ya que la discriminación no fue indirecta sino directa hacia mi persona. Lo más normal, por ejemplo, era que ir al baño fuera un suplicio. Tuvieron que juntarse los profesores cuando dije que no quería ir al baño de hombres, ya que mis compañeros se burlaban cada vez que iba. Recuerdo que pedía permiso para salir en horario de clases. Un profesor una vez me lo negó, yo le expliqué a qué se debía y él me dijo “y vos qué sos?”, “yo soy una mujer”, le dije, “yo veo a un hombre”, me contestó. Resolvieron, finalmente, autorizarme ir al bañe durante el horario de clases.

Foto: Gentileza Yohana Lencina

Decidí pasarme al horario nocturno a ver si me sentía mejor. Un día en que me agredieron a la salida tirándome piedras, decidí abandonar los estudios.

Ya a los 16 años, a escondidas de mi madre, con la excusa de ir a cumpleaños me reunía con  Karina. Con ella compartíamos alegres tardes con vestidos, pinturas y perfumes. ¡Todavía las recuerdo! En esas pocas horas era feliz.

A los 17 me recuerdo enamorada y tuve mi primer novio; su nombre era Jorge y con él estuve 5 años. Con este amor aprendí a ser una mujer feliz, contenida; mis primeros besos se los dí a él.

El miedo al servicio militar

Este amor fue superado por lo amargo del año 1985 en el que el servicio militar era obligatorio y quedaba al azar  por sorteo si formabas parte de ellos o no.  Me encontré una tarde en mi casa mirando por el noticiero el famoso sorteo. Los números rodaban y mi corazón latía suplicando no formar parte del servicio.

Pero mis suplicas fueron en vano: debía presentarme al día siguiente en San Martín, en donde me hicieron la revisación médica. Pensé que, por mi condición sexual, no iba a tener que hacerlo. Pero pensé mal: salí apto A (a todo servicio).

Mi desesperación fue invadida por la impotencia. Me imaginaba dentro del campo de batalla y, si antes dije que mi secundaria fue un calvario, no dudé ni dudo de  que el servicio iba a ser muchísimo peor. Me imaginé ultrajada, burlada y no estaba en condiciones de soportarlo. Hice todos los trámites para no hacer el servicio militar, necesité caminar mucho, llenarme de paciencia, pero lo conseguí.

Me di cuenta de que si pude con eso podía  luchar por mi condición. La sociedad tenía que aceptarme tal cual era. Las tardes de vestidos, pinturas y perfumes ya  no eran a escondidas. Salía a los corsos como vedette.

A partir de los 18 años comenzó a hostigarme la policía, por el sólo hecho de verme en la calle me detenía. Recuerdo el día en que me detuvieron por 1 semana al volver de la carnicería con medio kilo de carne. Debo haber sido detenida más de 30 veces, todas con una duración de, por lo menos, una semana. Recién cuando se derogó el Código Contravencional se acabaron estos problemas.

Ganarse la vida

Trabajé en un restaurante como  ayudanta de cocina durante muchos años. A los 23  me quedé sin trabajo ahí y, al tiempo, me ofrecieron trabajar como puntera política en la villa donde vivía; lo acepté y empezó así mi experiencia en la ayuda social.

Foto: Guadalupe Aizaga

Allí me encontraba muy cómoda trabajando, ayudando a gente de mi misma condición o no en San Isidro; pero también ahí tuve el desagrado de ser víctima de discriminación y burla de la propia directora al enterarse de mi condición, a tal punto que me echó del establecimiento.

Gracias a la ayuda de muchas personas y a mi lucha armé una asociación llamada “LUCHA” (Liga, Unión, Comunidad Homosexual Argentina) donde se daba apoyo a las compañeras discriminadas por la sociedad.

Necesito que mi DNI refleje mi identidad. Retomé hace 2 años el secundario y quiero que en el título figure mi nombre. Esporádicamente viajo al exterior y resulta agobiante que en las Oficinas de Migraciones tenga que dar explicaciones sobre algo que resulta de mi intimidad, de hecho, suspendí mis viajes.

No tengo tarjetas de crédito, ni de débito, no utilizo cuentas bancarias, ni pido préstamos. Evito toda situación de trámites, ya que cada uno de estos resulta humillante. Nunca escrituré mi casa por falta de la documentación acorde a mi identidad.

Estoy cansada de no poder hacer las cosas como quisiera. Esto resulta limitante para mis proyectos y para mi vida en general. Por todo esto requiero de forma urgente un Documente Nacional de Identidad donde figure yo.

Yohana Lencina

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