“Vos estás enfermo”, le dijo el sacerdote a Gonzalo cuando supo que era gay

 

Gonzalo es un joven con fe. Desde pequeño creyó en Dios y cuando tuvo edad empezó a dar un curso de Confirmación en la parroquia de su barrio en el Gran Buenos Aires. Allí conoció a Lucas, de quien se hizo muy amigo. Hasta entonces, nunca había sentido atracción por otra persona de su mismo sexo. Lucas fue quien le dijo a él que le gustaban los chicos y ahí le instaló la duda; luego, por culpa, su amigo decidió hablar con el sacerdote de la iglesia esto que le pasaba. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”, fue lo que le dijo el cura y que le trasladó a Gonzalo.

Desde ese momento, cuenta Gonzalo a Boquitas pintadas, a él se lo relegó de su rol de coordinador. “Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad”, dice. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. En este relato, Gonzalo cuenta acerca de su vida y de cómo vivió esta situación.

La vida de Gonzalo

Foto: Alejandro Viedma

Amoroso mural. Foto: Alejandro Viedma

Mi historia arranca en el seno de una familia común en la zona norte del Gran Buenos Aires. Hijo único con dos padres muy presentes y cariñosos que decidieron incorporarme a su familia con mucho amor, ya que mi madre no podía quedar embarazada. Fui adoptado por ellos en 1992, año en que nací.

Mi infancia transcurrió sin muchos sobresaltos. Fui al jardín, al colegio y jugué al fútbol como cualquier pibe de esa edad; me embarré todas las veces que fui a lo de mis amigos.

A los 12 años, falleció mi padre. Un hombre de profundas convicciones y con una loable predilección y entrega por su mujer y su hijo. Ese fue el primer sacudón, la primera vez que la vida no me fue presentada con un tamiz de por medio. Estaba vivo yo, pero no me lo creía. Estaba vivo.

Pasados ya varios años, la vida volvía otra vez a su curso normal. El colegio era una actividad placentera. Buenas notas y muchos amigos. Detrás de todas mis sonrisas y mis logros estaba mi madre. Luchadora, que lucha y no se cansa. De luchar no se cansa ni se cansó. Con tres trabajos encima, la sonrisa que siempre portaba y contagiaba era más, podía mucho más. Sublime canto a la vida cada día que ella despertaba y salía a trabajar con tanto amor.

Terminado el colegio, empecé a estudiar y decidí empezar a dar un curso de confirmación en una parroquia. Coordiné mi primer grupo y fue un gran ejemplo de fe para mí y un gran salto cualitativo de fe en mi vida. Al segundo grupo lo empecé con más confianza, pero éste me sorprendería después de cierto tiempo. A mitad del curso de este grupo, mi madre entró en coma por un cáncer. Mis tíos y amigos salieron en mi auxilio inmediatamente. Pero fue alguien particular quien me sorprendió. Uno de los chicos del grupo me insistía con mensajes de esperanza, de confianza en Dios. Así fue que leí sus mensajes una y mil veces. Mañana iba a haber otro mensaje y pasado otro, y el calendario iba a estar completo. Al cabo de un tiempo el chico (al que voy a llamar “Lucas”) decidió pedirme si yo quería ser su padrino de confirmación, una suerte de guía en la fe y acompañante en el camino. Lo dudé. Lo pensé. Lo acepté. Empezamos una relación de amigos en la que había mucho en común. La fe, el mismo sueño de carrera, el entorno social y de amistades. Lo que nunca pensamos fue que en ese montón de cosas en común, se sumaría la sexualidad.

“Lucas, ¿qué onda con las chicas vos?”, fue mi pregunta luego de meses de relación de muy buenos amigos. Amigos que se veían todos los días y se hablaban a toda hora. Amigos.

“No sé, no me entiendo”, fue la respuesta de Lucas entre lágrimas. El de 16, yo de 20.

“¿Sos gay?” “Sí, creo que sí”. Entre tantas lágrimas de Lucas no reparé en pensar más que en esto que él me estaba contando. “Nunca me vas a entender”, fueron sus palabras. Me dolió. Yo sí lo entendía.

Pasaron varias semanas de confusión. Yo nunca supe si contarle o no, si aceptarlo o no. Llegó el día: “No quiero seguir más con mi vida. Este sufrimiento es insoportable”. “Lucas yo sí te entiendo”. Su cara de sorpresa quedó impregnada en mi memoria. Era así. Casi que podríamos decir que Dios nos puso a cada uno en el camino del otro. Que lo puso en mi camino y que me puso en el suyo. La relación cambió. Decidimos encararlo como dos personas que se quieren. No le pusimos títulos, no creíamos en las formalidades. Creíamos en el amor por sobre todas las cosas. Yo creía (yo creo) en el amor por sobre todas las cosas.

Mural callejero. Foto: Alejandro Viedma

 

Transcurridos unos meses, Lucas empezó a dudar de ciertas cosas y fue así que un día decidió hablar con un sacerdote a modo de consulta respecto de qué hacer con la relación, de qué hacer conmigo. La consulta parecía como si uno llamara a un fumigador o a un médico para deshacerse de algún mal. Y así fue. Tomó el discurso del sacerdote y lo hizo propio. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”. Nunca más hablamos bien. Nunca más volvió el a dirigirme la palabra. Este sacerdote también me mandó a curarme y me pidió que este tema no se tocara más. Me aguanté las lágrimas por días que eran infinitos. Seguí trabajando en esa parroquia.

Pasado un año y medio desde aquel episodio y siguiendo yo adentro de la parroquia, me cerraron la puerta a seguir como coordinador de confirmación. Yo que ya había asumido mi condición y lo decía públicamente, no podía seguir, pero Lucas que no lo admitía y lo mantenía en secreto (con pleno conocimiento del sacerdote), iba a entrar en mi reemplazo. Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. La equivalencia usada por el sacerdote: gay = abusador.

Reclamé mi lugar pero no me lo dieron. Dos meses después falleció mi madre. “Luchá por eso. Creé en vos y en Dios. Nunca dejes de luchar”, me dijo mi madre. Nunca dejó de luchar ella. A eso lo aprendí de ella.

Me pusieron en lugares mucho menos visibles “al público”. En la oscuridad operamos los gays en la parroquia.

Esta es un poco mi historia. Creo en la lucha por el amor. En que Dios ama a todos como son y nos crea para amar y ser amados. Para darnos al prójimo y entregarnos a las causas nobles. Quizás la pregunta sea: ¿es el amor una causa noble hoy en día? ¿O es otro bien de mercado? “Solo el amor convierte en milagro el barro”.

 

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  • Lucas

    HAY QUE APLAUDIRLO, FELICITARLO, QUIERE UN MONUMENTO??? QUE AVISE.

  • Pili

    que HORROR social

  • Juan Palotes

    el país se incendia y nos ocupamos de semejante pavada???? Ahh bueee

    • Sol

      Este blog no es para ver “incendios” del pais, te equivocaste de lugar. El pavo sos vos.

  • Valeria

    ¿”El país se incendia” y nos ocupamos de venir a decir que es una pavada el dolor de alguien (Gonzalo), la represión de otro (Lucas) y la hipocresía de muchos más (quienes lo pusieron en lugares menos visibles en la iglesia)? Je.
    No creo que se trate de monumentos ni de aplausos, sino de compartir para crecer, de escuchar para construir, de entender para hacer del mundo un lugar mejor. Cuando no nos importa el dolor del otro estamos haciendo mierda el mundo. Los relatos, además de sus efectos terapéuticos para quien los escribe, pueden ser de gran potencia formativa para quienes los leen y reflexionan en torno a ellos. Celebro el lugar que se les da en este blog a estas pequeñas historias que son lo más trascendental de la vida de mucha gente.

    • Lucia Iturralde

      pobrecita

  • Virasoro Juan

    La posición de l Iglesia católica frente a la sexualidad siempre es pecaminosa y dentro de parámetros muy estrictos. Olvidarse de la religión si querés vivir tu sexualidad sin culpa. Magnificas las ilustraciones

  • Abril

    Hermoso texto, muy bien relatado. Hay autoconocimiento y sinceridad. Me hace un poco de ruido el papel de “Lucas”, como una especie de traición?! Creo que no hay nada más elevado y sublime por que luchar que el Amor, a quien sea. Y estoy convencida que Dios es mucho más amplio de mente que la mayoría de los hombres. Tampoco quisiera culpar al tal sacerdote, opina desde lo que se le ha enseñado y no todos tienen la flexibilidad necesaria para repensar las cosas. A veces no es que no se quiera, realmente no pueden. Mucho ánimo y paz para vos.

  • Mauro

    ¿Todavía sigue dando vueltas por acá este blog al pedddo?

    • manu

      das pena

  • http://yo-soy-el-arquitecto-de-mi-destino.blogspot.com.ar/ Lucky Luciano

    Suena a ‘verso’. Parece ‘ficción’ mal manejada. Si no es fición, lo que estuvo mal manejada fue la secuencia. Me parece que Gonzalo por los 20 años que tiene o tenía, manejó mal toda la situación. Pero bueno, es comprensible, solamente desde el punto de vista de un chico gay todavía en el closet, inmaduro, sin experiencia gay y dedicándose a las ‘cosas’ de dios, cóctel fatal si lo hay. Besos!

  • http://hablemosincoherencias.blogspot.com.ar/ Mia L.

    Me gusta mucho cuando se publican historias personales… Me hacen pensar sobre las realidades particulares de cada uno, creo que estamos muy acostumbrados a hablar en términos generales y nos olvidamos que cada persona es un mundo.

    Pregunta a Gonzalo, si quiere contestar? seguís trabajando en esa parroquia? Puedo preguntar por que seguías? Sin ánimos de ofender, en serio me intriga mucho este tipo de casos, por que querías pertenecer a algo que te dio la espalda abiertamente?

  • http://hablemosincoherencias.blogspot.com.ar/ Mia L.

    eso no es del todo cierto…por eso me parece importante que se compartan historias personales. Que haya algún cura de barrio que entienda que la cerradez de la iglesia como ente no tiene ningún sentido no quiere decir que todos “los curas jovenes” entiendan.
    Me parece un poco fuerte que digas que manifestaste ser gay todas las veces que tomaste el sacramento de la confesión…por que?
    Y me imagino que no te dijeron “esta bien hijo, ser gay está bien”…y ya que sigan diciéndote que ser gay esta mal desde algún punto de vista (por más que no te manden al infierno o te sigan hablando, muy amable de su parte) me parece horroroso.

    • javier-san luis

      Pablo, yo tampoco voy con carteles de neón dando cuenta de que soy gay…. pero el que desea llevar el cartel encendido….. que lo lleve…. es la decisión de cada uno….

  • Javier-San Luis

    Coincido en que me gusta el relato de estas historias personales, y ver cómo cada uno ha ido armando su historia…
    En el caso de Gonzalo me vienen a la mente varios pensamientos..
    Uno ya lo han dicho… independientemente de tu orientación sexual… la relación docente-alumno “no debe” pasar a una relación de pareja / de amor…. y si esto sucede, lo ideal es cortar la relación original de docente-alumno…
    Por otro lado, hay curas y hay curas…..Algunos incluso “entendiéndote”…. igual NO te van a querer como docente / encargado de un grupo…. Tal vez no piensen que podés abusar de los nenes… simplemente que en su esquema de pensamiento un gay que ejerce su sexualidad NO puede estar dentro de la iglesia católica.
    Técnicamente los únicos Homosexuales que tienen permitido recibir los sacramentos y todo esto, son los homosexuales célibes / y los que reprimen su sexualidad y ejercen una sexualidad contraria a sus deseos pero de acuerdo a “su naturaleza…”
    Y por último, por tu relato impresionas como un tipo seguro de tus sentimientos, con una buena autoestima…. no necesitás estar cerca de gente que no te valora….
    Cuidate…, en la medida que lo puedas hacer, no permanezcas en un ambiente que te haga sentir mal como persona ni te respete tal cual vos sos…
    Todos tenemos un inmenso valor personal, que nosotros debemos respetar y exigir que lo respeten…
    Abrazo y a seguir peléandola en el día a día