Ser gay y ocultarse bajo un pseudónimo

 

“Usar pseudónimos para ocultarse”. Así define su situación Luciano, alias Caco, en una carta que comparte con Boquitas pintadas luego del relato de Facundo García, en el que él narraba los momentos en los que usaba su segundo nombre para poder ser anónimo, invisible, “farsante”.

Luciano cuenta que es de Concordia, Entre Ríos, donde vivió hasta apenas cumplidos los 18, cuando se vino a la Ciudad de Buenos Aires a estudiar Arquitectura. Cuando leyó la historia de Facundo se sintió identificado: “Creo que muchos de los que vivimos o viven en el interior del país, todavía hoy padecen este tipo de experiencias de tener una “doble vida” (una familiar y de afectos, y otra gay) ya que a pesar de que se ha avanzado muchísimo en la apertura de mentes socialmente hablando, no siempre ello llega en tiempo y forma a toda la gente de pueblos o ciudades chicas del interior en donde ser normalmente hétero y conservadoramente “normal” (vaya a saber qué es eso) es norma del día. Y ser diferente o llamar la atención es algo que todavía no está del todo permitido”.

Una foto de Alejandro Viedma; Salta, Argentina

Comparto con ustedes la carta de Luciano:

Leí la nota de Facundo en Boquitas Pintadas. Quería decirte que lo admiro porque aunque pasé algo parecido me llevó muchísimo tiempo (debuté a los 22 años, casi 23) y acá en Capital Federal, habiendo nacido y vivido casi toda mi vida en el interior, con todo lo que ello conlleva. Vos entendés.

Tener padres educados e instruidos en grandes colegios conservadores no lo hacía más fácil. Tener una enorme familia en pueblos muy chicos del interior, menos.

Así que, aunque mi despertar “gay” fue algo tardío, según mis más frescos recuerdos fue dentro de lo que se puede decir, “feliz”.

Hasta los 16 años pensaba sexualmente en mujeres y “admiraba” a hombres… pero sin connotación sexual hacia estos últimos. No, al menos, hasta los 17 en que cada vez más esa “admiración” pasó a ser “adoración” y terminó siendo “atracción”.

De todos modos, mi vida personal y círculos de amigos estaba muy mezclado (eran pocos, pero MUY buenos: mitad mujeres y mitad hombres) y con la cabeza abierta (aún hoy en día).

Y yo, como buen “tapado” y con una confusión mental y sexual que pocos saben entender, me encerré y me dediqué a estudiar y entrenar en natación que era lo que mejor hacía entonces.

Pasó algún tiempo ya en Capital Federal y concurriendo a la Facultad de Arquitectura que la realidad y algunos compañeros/as me fueron abriendo la cabeza (sin ellos saberlo) en todo sentido.

¿Por qué digo eso? Porque aún siendo “gay tapado” del interior me di cuenta tiempo después que, incluso yo, discriminaba a los putos abiertos y salidos del clóset. No los insultaba, pero les “huía” si pasaba cerca, no me sentía parte de “ese grupo” de gente que sabía lo que quería en la vida (y yo no), pero sobre todo porque tenían amigos y afectos cerca MUY a pesar de ser abiertamente gays (algo que me daba terror perder si yo me abría y salía del clóset).

Arte callejero en Salta; foto de Alejandro Viedma

Pero poco a poco desde que empecé a frecuentar alguna Disco en Capital Federal (con un miedo terrorífico, ¡lo admito!), empecé a conocer gente. Gente de todo tipo. Macanuda, abierta, simpática y divertida…pero también de los otros: las locas malas que sacan provecho del naif e inocente que de pedo sabe cómo se llama.

Todavía conservo muy buenos amigos y recuerdos después de 22 años de haber tomado la iniciativa de ir a un bar gay por primera vez gracias a un “novio” que terminó siendo mi primer amor y que aún hoy recuerdo como un hombre con todas las letras.

Honesto, gentil, divertido, muy hombre y con una capacidad para entenderme como pocos. Y aunque hoy ya no está entre los vivos, yo lo siento muy cerca.

Porque fue gracias a él que aprendí que debía disfrutar la vida sin miedo, sin tapujos, pero sin lastimar a nadie, sin mentir por deporte y, sobre todo, sin tratar de sacar ventaja de nada ni de nadie. No abundan de ese tipo de hombres. Ni gays, ni héteros. Lo sé. Y agradezco a Dios y a la vida que me haya puesto en mi camino a ese hombre (aunque aclaro, soy medio camicace, así que el que lo siguió por medio Caballito mientras paseaba perros, era yo…) porque me enseñó mucho.

Claro que la vida da muchas vueltas. Demasiadas. Y terminé tiempo después enganchándome con un gil del que me enamoré (o al menos eso creí) y con el que estuve un muy, muy largo tiempo.

Volviendo al tema de tu nota de hoy, todo viene a rememorar que incluso HOY un par de amigos de entonces y que aún conservo muy cerca, me siguen llamando por mi “sobrenombre” de entonces.

Creo que muchos de los que vivimos o viven en el interior del país, todavía HOY viven este tipo de experiencias de tener una “doble vida” (una familiar y de afectos, y otra gay) ya que a pesar de que se ha avanzado muchísimo en la apertura de mentes socialmente hablando, no siempre ello llega en tiempo y forma a toda la gente de pueblos o ciudades chicas del interior en dónde ser normalmente hétero y conservadoramente “normal” (vaya a saber que es eso¿?) es norma del día… y ser diferente, gay, o llamar la atención es algo que todavía NO está del todo permitido.

En honor a ellos, y por todo lo que hemos sufrido ese terrible sentimiento de aislamiento afectivo, creo que hay que expandir culturalmente la apertura de mentes y aprovechar Internet para ello.

Acuérdense que a fines de los años ’80, de casualidad había teléfonos de línea (fijos). Nada de celulares, ni bipers, ni Internet. Si no aprovechamos esta fabulosa herramienta que es la conectividad que la web, los celulares y las redes sociales nos dan HOY en día para mejorar esto, entonces hemos desaprovechado una enorme oportunidad de salvar literalmente a más de un chico del suicidio social y personal.

Todos debemos ponernos a pensar en esto. Porque nos guste o no, todos somos parte de una misma sociedad. Y la convivencia afectiva dentro de esa sociedad, depende de absolutamente TODOS nosotros.

Gracias por el espacio en dónde podemos compartir nuestros presos pensamientos.

Un abrazote

Luciano (alias Caco)

 

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  • Firulacio

    “CAMICASE”?

  • mary jo

    “Todos debemos ponernos a pensar en esto”— discúlpame pero no tengo porqué hacerlo, es tu vida, hacete cargo.

    • Mariano

      Supongo que para responder asi no debés tener ni hijos, ni hermanos, ni primos, ni parientes, ni amigos, ni amigas…porque salvo que no quieras hacerte cargo de nada, algún gay ya existe en tu círculo y simplemente no lo sabés. Suerte, y a no escupir para arriba!

  • javier

    hola luciano, me encantó tu nota… y creo que gran parte de los gays que hemos vivido tapados en ciudades pequeñas te comprendemos muy bien…. Coincido en que el “vivir una doble vida” provoca mucha angustia y es difícil sostener… así como el temor / terror que uno tiene en un primer momento ante “las locas / las plumas”…. como marcando distancia…..
    Es como si uno dijera… soy puto… pero tampoco tanto….. jajajaja, creo que ahí la homofobia propia nos juega una mala pasada… y debemos aprender que somos todos iguales…. más allá de gay, hétero, más machazo o más loca… somos personas comunes, con lo que nos gusta y lo que nos hace sentir bien…
    Y también como vos decís… te encontrás con mil tipos de distintos de personas.. pero bueno, de eso se trata la vida….
    somos diferentes… y está bueno saber con quienes uno se siente bien y a gusto…
    abrazo enorme
    javier

  • vdema
  • Eduardo Maldonado Padilla

    Primero, es Ernesto. jajaja y segundo, ya hizo una nota para boquitas!