“Recuerdo que a los 3 años me encantaba escuchar Chiquitita, de Abba”

 

Libertad, la primera palabra del título elegido por Ed, bien podría considerarse una abstracción y al mismo tiempo un objetivo real para su vida, meta casi del todo lograda gracias a su recorrido personal, ya que implica la idea de que no hay retorno, que la libertad es un camino de ida…

Ed hoy tiene 39 años y nos envía un texto que escribió para que lo compartamos con los lectores de Boquitas pintadas. Desde el año pasado integra el grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. Desde entonces, tiene deseos de contar su experiencia de vida.

Este hombre escribe con sinceridad, desde el corazón, como suele decirse.
Arma este racconto de su vida describiendo la re-presión = mucha presión = muchaS presioneS que tuvo que sortear, y contextualiza sus represiones en paralelo con recortes histórico-político-económicos de la Argentina, ilustrando dichas sombras con el acompañamiento de determinadas canciones y ciertos juegos que dieron luz a despertares, esos que animaron a un deseo que hoy intenta plasmarse en una real y completa (auto)aceptación, en el placer, la salud, el orgullo, el compañerismo y el amor.

“Libertad: mi largo y sinuoso camino”

Por Ed

Represión a la vuelta de tu casa, decía aquel tema de Los Violadores de principios de los ochenta. Represión que imperaba por estas tierras desde principios de 1976. Apenas unos días antes del inicio del caos, se me dio por llegar al mundo. Quizás la situación de extrema oscuridad de ese momento haya influido de alguna manera en cómo, poco a poco, empecé a percibir la realidad. La nacional y la propia.

A lo largo de mi vida me resultó muy duro poder encontrarme cómodo con mi sexualidad. Por mucho tiempo hice oídos sordos a los pequeños indicios que iba notando respecto de mí y a la impresión de ser distinto de la mayoría de los mortales. Hice lo que pude a cada momento. Fue un duro y largo proceso el que tomó desandar el camino.

 

De pequeño solía escuchar música en soledad, algo que no ha cambiado demasiado. La dictadura censuró a grandes artistas. Durante años, por represión interna, yo también elaboré mi propia “lista negra” de melodías favoritas de mi primera infancia. A los demás, a mí mismo, solía decir que el primer disco que había escuchado era “Off the wall”, de Michael Jackson. Sin embargo, la verdad es que mis acercamientos iniciales a la música vinieron de la mano del disco simple de Abba, “Chiquitita”, que pasaba una y otra vez en el combinado de mi abuela cuando tenía 3 años. O las pegadizas canciones de Raffaella Carrá, que me hacían bailar cuando volvía del jardín de infantes. Son momentos de los cuales sentí vergüenza por mucho tiempo. Ahora, por fin, puedo reconocerlos con una mirada más amable.

 Con mis amigos jugaba a “policías y ladrones”,y era malo para los deportes. En casa, tenía un muñeco de la pantera rosa. Me costaba entender por qué, siendo macho, tenía ese color. Algo inconsciente me provocaba la tentación de travestirlo, pero ahí estaban mi madre y mi abuela para sugerirme que mejor no, que era un “pantero”, y estos no usaban pelo largo ni vestido. Ellas cubrieron el rol de mi padre, desaparecido por propia gana, y se encargaron de transmitirme lo que se podía y lo que no se podía hacer. Lo que estaba bien y lo que estaba mal. Lo que correspondía a un varón y a una mujer. Y yo me lo tomé en serio, muy en serio.

La Argentina vivía una guerra absurda que dolía en el sur, y yo empezaba primer grado. Ese nuevo ámbito, sumado a la fuerte influencia que por ese entonces tenía a través de la fe católica, y el hecho de ser producto de la crianza en una ciudad del interior bajo la atenta mirada de quienes condenaban a las madres solteras, paulatinamente me fueron dejando una impronta muy fuerte respecto del deber de cumplir con las expectativas que los demás tenían puestas en mí, como ser el mejor alumno, hacer lo que se debía y no lo que realmente quería. Represión de la que empezaba a ser consciente.

A fines de 1983 se empezaban a respirar aires más libres en el país. Sin embargo, tanto para Argentina como para mí, la verdadera liberación no llegaría de un día para el otro. Por esa época descubrí a Sandra Mihanovich. Su voz aterciopelada e irreverente fue determinante en mi vida. Sin saber muy bien por qué, escucharla me hizo sentir feliz, liberado. Al oír sus temas, sentía que podía hacer (y ser) cualquier cosa que me propusiera, aunque sea por 3 minutos.

Video de Sandra Liberock

“La represión no se banca/ Por eso yo la quiero combatir/ Si vas dejando que te anulen/ Terminarás dejando de existir/ Libertad, libertad, yo te busco/ Donde quieras que estás.”

En 1984, pude ver en mi televisor Philco blanco y negro el videoclip del tema “Smalltown boy” de Bronski Beat. La canción cuenta la historia de un joven oriundo de un pueblo inglés, quien debe irse de su casa al no ser aceptado por su familia a causa de ser “diferente”. Alguien me dijo que el cantante y protagonista del videoclip, Jimmy Somerville, era “gay”, término que jamás había escuchado. Le pregunté a mi madre qué significaba esa palabra. Me dijo que era muy chico para preguntar esas cosas. Yo tenía 8 años,y decidí hacerle caso. Reprimí la curiosa sensación de empatía que me provocaba el video.

 El temor y la represión empezaban a adueñarse de mis actos. Preferí hacer lo que correspondía: mirar el comercial de Hitachi con Adriana Brodsky en tanga.

A los 11, mientras Alfonsín lidiaba con rebeliones militares, yo estaba secretamente enamorado de mi amiga Ce. Un día, llegué a su casa y me atendió su padre, en slip. Recuerdo perfectamente la incómoda sensación que experimenté. Fue mi primera erección, algo que me dio mucha vergüenza, un leve dejo de gozo, y la certeza de que eso que sentía estaba mal, muy mal.

Ese mismo año hubo un hecho que marcó mi vida: en la escuela, la maestra me acusó injustamente de haber tirado un borrador, pero fue tan enfática en su reprimenda que me hizo llorar. Me sentí muy humillado por mostrarme de esa manera delante de ella y del resto de mis compañeros, que empezaron a llamarme “maricón”. Enjugué mis lágrimas, y me prometí solemnemente que jamás en la vida volvería a llorar. Recién hace poco tiempo he podido reconectarme con la aliviadora sensación de llorar.

Tenía 13 años, en tiempos de hiperinflación, cuando decidí que iba a reprimir todo aquello que me impidiera ser como los demás. Empecé a escuchar rock, a mirar chicas, a acercarme e incluso a salir o tener alguna forma de experiencia sexual con alguna. Sin embargo, percibía que algo no terminaba de satisfacerme. Tuve una fantasía recurrente: en ella iba a estudiar a la casa de Jota, mi compañero de segundo año, pero terminábamos masturbándonos y besándonos. Algo que nunca se concretó. Había indicios de que él sentía algo, que quería experimentar, pero jamás me permití avanzar.

Tanto empeño en ser “normal” tuvo sus consecuencias. Lentamente, me fui volviendo agorafóbico.

A los 17 años empecé mi primera y fallida experiencia en terapia. No estaba listo para aceptarme tal como era.

En 1996 vine a vivir a Buenos Aires, cuando aún existía la escenografía de cartón pintado de la convertibilidad, que lentamente comenzaba a descascararse. Empecé a estudiar en un taller de teatro. Hice algunos amigos. Poco a poco me di cuenta que sentía una enorme atracción por el ayudante del profesor de actuación. Fue la primera vez que tuve conciencia de sentir algo parecido al amor, junto a la atracción sexual, hacia alguien de mi propio género. Eso me angustió mucho. Recuerdo una noche estar desvelado, pensando en él. En la radio sonaba el tema “Don’t bring me down” de E.L.O., y aún me acuerdo de cómo, de modo muy claro, casi revelador, en mi cabeza apareció un pensamiento directo, sin filtros que decía: “Sos gay”. No pude soportarlo. Fue la primera vez que tuve un ataque de pánico.

Por esa época, empecé una nueva terapia. Cuando llegamos al punto donde yo sentía la barrera a superar, esa imposibilidad de poder vencer mi represión, mis miedos e inseguridades, y poder aceptar aquello que en ese momento era inadmisible, dejé la terapia. Cuán importante hubiese sido poder atravesar esa pared en ese momento, pero entiendo que realmente no estaba listo, todavía tenía que encontrarme con mi esencia, aceptarme, y eso tomaría un poco más de tiempo.

 

Me sentía muy triste, me costaba estar con chicas y, a la vez, sentía que estaba mal descubrirme atraído hacia otros hombres. Por esas cosas de la vida, consciente o inconscientemente, tal vez para estirar mi confusión, me enamoré perdidamente de Ve, una chica luminosa, la cual no sentía lo mismo por mí. Me rompió el corazón. Pero el sufrimiento por la no concreción fue suficiente para tranquilizarme y hacerme sentir que yo aún tenía “solución”, que no estaba perdido, condenado a ser un infeliz fuera de la norma.

A los 28 años, mientras Kirchner llevaba apenas unos pocos meses al frente de la primera magistratura, yo enfrentaba como podía mis desafíos, y la represión devino en severos ataques de pánico. Tan fuerte fue la sensación y el miedo a perder el control, que incluso pasé por una muy breve internación. Ahí pude hablar de mi sexualidad por primera vez con profesionales. Tuve una suerte de “epifanía”: sentí que era bisexual, y esa etiqueta me ayudó mucho a, muy lentamente y con muchas dificultades, ir aceptándome como podía. Existen bisexuales, claro está. Es sólo que yo no era uno de ellos… De todos modos, hasta ese momento, no había tenido ningún tipo de acercamiento concreto y real con un hombre.

A los 30, empecé una nueva terapia, que continúa hasta el día de hoy. A diferencia de las anteriores, en este espacio pude hacer un gran trabajo de autoconocimiento y autoaceptación, hecho que ha resultado muy fructífero y revelador. Pasé de sentir que la posibilidad de estar física o emocionalmente con otro varón era sencillamente inconcebible, a animarme a lo inimaginable. Eran tiempos de la primera mujer elegida por votación popular al frente del gobierno nacional, la crisis del campo, y la flamante Ley de medios. Y eran también tiempos de chat. Chat que ayudó mucho a ir animándome a hablar con otros hombres hasta que, por fin a los 33 años, estuve por primera vez frente a frente con otro varón. Todo sucedía en el ámbito de lo privado, yo no hablaba con nadie sobre esas experiencias, excepto con mi psicólogo. Era como si no pasaran. Si no lo verbalizaba ni exteriorizaba, eso no sucedía. Pero sí sucedía. Ya no tenía contacto de ningún tipo con mujeres, aunque sentirme bisexual me alivianaba la carga que en ese entonces sentía. Y la culpa.

La Argentina estaba a la vanguardia de las naciones que otorgaban legítimos derechos antes impensados, como el matrimonio igualitario, en tanto que yo, por entonces, no era capaz de siquiera pronunciar la palabra “gay” y, mucho menos, de asumirme como tal. Las consecuencias de tanto tiempo de represión habían dejado su rastro.

Todo cambió a mis 38, cuando conocí a Efe. Sin proponérmelo, de pronto me encontré enamorado. El era masculino, pero a la vez algo afeminado y con perfil muy alto. Muy diferente al tipo de hombres que hasta ese entonces me habían atraído. Pero me voló la cabeza. Besarlo era como sentir que estaba en casa. Siempre que fuera en la intimidad. Él quería que pudiéramos hacernos demostraciones de amor en público, que le presentara a mis afectos, que lo hiciera parte de mi vida.

De poco valió que yo fuera sincero con él, que le contara que no estaba listo para abrirme. No estoy orgulloso de cómo me comporté con él, pero hoy puedo ver que realmente no me acompañó ni comprendió en el duro proceso de aceptación que estaba experimentando. Poco a poco nuestra relación se fue llenando de discusiones e intolerancia mutua, y fue la excusa perfecta para que yo decidiera terminar la relación. Por él pude, por fin, recuperar mi capacidad de llorar a moco tendido. Sólo con el paso del tiempo pude asumir que lo amé como nunca antes amé a nadie. Que me cambió la vida. Que significó mi primera relación de pareja en serio. Y eso aceleró en mí un proceso de aceptación cabal de mi persona. Pude entender, finalmente, que no soy heterosexual ni bisexual, sino que soy gay, y que eso no tiene nada de malo, por el contrario. Poco a poco pude abrirme con buena parte de mi entorno, y entender que mis temores previos respecto de no ser aceptado, de ser dejado de lado si sabían lo que sentía, eran completamente infundados. Al día de hoy, nadie que me quiera me ha rechazado.

Aceptar mi sexualidad me llevó a repensar muchas cosas. Me di cuenta deque no tenía amigos gays, que no tenía una red de contención para hablar de ciertos tema que, por muy buena predisposición que tuvieran, mis afectos heterosexuales no entendían a fondo lo que yo sentía, y siento.

Fue ahí que, afortunadamente, apareció en mi vida el Grupo de Reflexión de Varones Gays que coordina el Lic. Alejandro Viedma. Alejandro no sólo escucha, contiene y orienta con toda la experiencia y la sabiduría de años de trabajo y especialización en temática LGBT, sino que, esencialmente, es una gran persona, con inquietudes artísticas y talentos varios. Este grupo es un ámbito donde podemos hablar con pares de temas que nos involucran, donde la red de contención grupal permite sentirse valioso, ávido de vivir la vida con ganas, de comprender, de ser abierto y compasivo con uno mismo y con los demás. Espero cada miércoles con enormes ansias para ir a nuestra reunión.

Parafraseando a un compañero del grupo, yo todavía sigo saliendo del clóset, luchando contra los resquicios de mi propia homofobia internalizada, viendo que en ciertos ámbitos aún me es difícil mostrarme tal como soy, como por ejemplo, a nivel laboral. No obstante, no quiero forzar nada, sé que poco a poco se irá naturalizando, como lo he logrado en otros espacios.

A los treinta y nueve, por fin, me decidí a vivir realmente mi vida lo mejor que pueda. He sentido que el tema de la “avanzada” edad en que finalmente asumí que me gustan los hombres y que empecé a vivenciarlo en la práctica, en general me ha dejado la impresión de sentirme “el peor de todos”. Sin embargo, a través de la experiencia y el paso del tiempo, he conocido a hombres que han asumido su condición sexual a edades más tardías y en contextos mucho más arduos que en mi caso. Es increíble cómo uno es capaz de ampliar su visión del mundo, relajarse, dejar el látigo a un lado, a medida que conoce más historias de vida ricas.

Quisiera que Efe hubiese podido darme la oportunidad de demostrarle que ahora estoy en condiciones de amar libremente a otro hombre. No pudo ser con él, pero no pierdo las esperanzas de encontrar a alguien con quien podamos construir una relación de pareja duradera y feliz. Me lo debo.

Los años duros de la represión por fin van dando paso a tiempos de mayor libertad. Tengo mucho por hacer. No quiero perderme ni un minuto de todo aquello que la vida (me) traiga. Sandra tenía razón: Soy lo que soy, mi creación y mi destino. Y a mucha honra!

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  • Ale

    Muy bueno, realmente excelente post. Me atrapan estas notas en donde se brinda un testimonio en primera persona, donde la frase “lo que sentía” se repite sin aburrir o cansar.

    Hay una amplia variedad de temas en estos párrafos, por consiguiente recomiendo leerlo hasta el final, puesto que el título no refleja todo lo que viene a posteriori.

    • Ed

      Gracias por el comentario, Ale. Si este humilde texto en este excelente blog sirven para ayudar a alguien que pasa por algo similar, bienvenido sea! Saludos.

  • javier

    “Poco a poco pude abrirme con buena parte de mi entorno, y entender que mis temores previos respecto de no ser aceptado, de ser dejado de lado si sabían lo que sentía, eran completamente infundados. Al día de hoy, nadie que me quiera me ha rechazado.” esta oración es “reveladora”, al decir de ed, y da fuerza para los que aun están adentro del placard, alivia y da esperanzas de que “todo estará bien” o al menos, mejor que ayer y hoy. gracias mil.

    • Ed

      Gracias por tus palabras, Javier. Ojalá sirva de algo. Como este blog, entre unas cuantas cosas, me ayudaron a replantearme algunas cuestiones. Saludos.

  • Anabella

    A pesar de mis 25 años me siento identificada con Ed en muchos de los pasajes q describió. Lo felicito por contar su historia. Saludos

    • Ed

      Gracias por tus palabras, Anabella. Te mando un abrazo.

    • Ed

      Gracias por tus conceptos, Anabella! Un abrazo.

  • keki

    no se por q, pero me dejo con la sensacion de q es bi, aunque tiende mas a los hombres

  • Dani_R

    Excelente y sensible relato, muy buena semblanza de los tiempos personales y públicos. Una historia individual con la cual muchos se sentirán muy identificados (me incluyo, a pesar de la diferencia de años… yo en el ’78 ya tenía 15).

    • Ed

      Gracias por tus generosas palabras para con el texto, Dani_R. Afortunadamente, hoy en día todo es bastante más fácil para las nuevas generaciones en términos de naturalizar su vida, su sexualidad y su ser. Saludos.

    • Ed

      Agradezco tus elogiosas palabras, Dani_R. Tantas veces me siento identificado con las historias de mucha gente, de distintas edades. Ayuda tratar de tener una mejor perspectiva y ver que, definitivamente, lo que le pasa a uno, le ha pasado y le pasa a tantas personas. Saludos!

  • Luis Montero

    Mas o menos somos contemporáneos con Ed, yo en el 78 tenía 6 añitos y al Mundial lo escuché en un vieja radio Philco.

    Por suerte mi “salida del armario” no fue tan tardía y fue, como no podía ser de otra manera, Sandra Mihanovich con su genial versión de “Soy lo que soy” quien me ayudó a explicárselo a mi vieja hace mas de 20 años. Cuando pude contar con su apoyo, lo demás fue saliendo solo. Primero mis hermanos y amigos y de a poco compañeros de facultad y laborales. Llegando al día de hoy, ya casado y feliz, en el que poco me importa lo que opinan los demás.

    Hace poco, desgraciadamente tuve que pasar dos semanas (de nuevo) con mi marido internado. Estando en la clínica, me fui al pasillo a descansar para salir de la habitación un rato y me topé con una señora que había ingresado a su suegro el mismo día que yo con otra dolencia. Y me preguntó: a quién tenés internado aquí?. Como era un poco mayor, dudé en decirle “a mi marido” pero lo hice. Luego de una pequeña sorpresa reflejada en sus ojos, me sonrió y me dijo sinceramente tomándome un mano: espero que se mejore pronto! Y se me llenó el alma.

    Cada uno tiene realidad diferentes, y para algunos será mas fácil o más difícil que para otros. Lo importante es que encuentren el momento y el coraje para enfrentarse con quien haya que hacerlo sabiendo que al final, no importa el resultado, lo único que importa es ser feliz siendo lo que uno es.

    https://www.youtube.com/watch?v=5NfgfC8D8QE

    Abrazo sincero para todos aquellos que andan transitando ese pesado y pensado momento de animarse a salir del armario.

    • Ed

      Agradezco tu comentario, Luis, Definitivamente, lo importante es ser feliz siendo uno mismo. Saludos!

    • Javier – San Luis

      Luis, te mando un abrazo enorme, sos un capo y tus comentarios tienen el tono justo y claro que creo que está bueno tener
      Espero que tu marido esté mejor; y realmente qué lindo cuando se da la libertar de expresar como vos lo hiciste, que estabas cuidando a tu marido, y la respuesta de la gente es de amor y comprensión
      abrazo grande

  • Jorge alberto sosa Ruveda

    Tu homosexualidad es más politico-económica que de gusto!

  • Kristian

    Hermoso y revelador relato me sentí totalmente identificado pese a que salí del clóset de manera distinta emocionante me lleno los ojos de lagrimas, me costo mucho formar mi vida asumirme como gay recién hoy me siento orgulloso de lo que soy , estoy felizmente casado y espero una hija en septimbre ! Las cosas a veces tienen su tiempo pero si uno trabaja sobre uno finalmente todo se pone en su lugar

    • Ed

      Gracias por escribir y compartir tu historia, Kristian. Abrazo, y los mejores para la llegada de tu hija.

  • Pedrito

    a los 3 años a mi me gustaba escuchar un tango,, saben porque???porque el tango.. el tango es macho

  • Gaston

    Me sentí muy identificado con tu relato … que genial. Ciertamente la palabra libertad es para mi la mas importante. Aceptarse a uno mismo es un ejercicio permanente de libertad. Ojala puedas encontrar lo que estas buscando! Ojala todos podamos! Un abrazo desde Uruguay!

    • Ed

      Gracias, Gastón! Ojalá, para todos! Y abrazo a mi querido Uruguay, país muy caro a mis afectos!

  • Aldo

    A esa edad jugaba con mis hermanas, todas mayores, a “la casita” y no por eso me hice gay…la homosexualidad no se produce porque te guste un tema musical.

    • Claudio

      Aldo eso no es lo que está diciendo este chico, nada que ver. Claramente habla de sus inclinaciones a los 3 años, cosa totalmente posible, por lo menos desde mi experiencia, mi primer recuerdo fue a los 6; ya a los 10 cuando mi primo de 14 me buscaba jamás me resistí, ni cuando el era mayor de edad y yo un adolescente. Qué lindos recuerdos! Gay se nace, no se hace, desde mi humilde punto de vista.

      • marcos

        a los 3 años se puede tener cualquier tipo de inclinaciones, pero creer que una ocurrencia a esa edad ya es como una decision tomada a los 30 años de vida me parece una ridiculez. Nadie dejeria que un niño de 3 años le maneje la vida no?. porque?. porque no esta capacitado, lo mismo pasa con esto…ideas, inclinaciones, fantasias, etc, etc, etc estan a la orden del dia a esa edad…pero son eso, fantasias. No creo que gay se nazca, se decide seguir esa inclinacion y nada mas.

  • Luis Montero

    Que bueno sería que para argumentar tu inteligente comentario, menciones dónde dice Ed que “la musica que tu mamá te ponía a los 5 años te hace gay”… digo, para enriquecer el debate…

  • superchanito .

    Si este Blog dejara publicar los comentarios que les conviene, no publicaría pavadas como la tuya, en dónde denigrás experiencias muy duras de alguien del interior del país tratando de asumirse. Alguien que fue censurado por su entorno familiar, de amistades y social en general. Salta a la vista que tu realidad, parece ser la única válida. Desde cuándo? Te estás equivocando y muy feo. Porque las vivencias de Ed, son moneda común para muchos que hemos vivido nuestra infancia en el interior y soportado los eufemismos y caretajes de esa sociedad ciega y en extremo machista.
    Es, además, muy inmaduro e infantil creer que por escuchar música de ABBA uno termina siendo gay! En dónde dice eso? Sólo cuenta ese detalle como una experiencia que el escritor describe como conexión a una falta de identidad sexual marcada a una temprana edad. No que por el hecho de haber escuchado esa música haya sido determinante…
    El “nivel académico” de contar una experiencia de vida? Qué fumaste? Desde cuándo hay que tener un título universitario para lograr asumirse hétero u homosexual y contarlo en un Blog?
    Para terminar, hay que tener mucho coraje para contar su experiencia de vida, sobre todo cuando se ha salido del closet y ponerse a tiro de que gente que, sin la más mínima coherencia o sentido común, te juzgue…!
    Si querés entretenimiento barato, mirá Tinelli…
    Este Blog es para cosas mucho más interesantes que ese tipo de pavadas.
    Y si no te gusta lo que se publica? Adiviná, sos libre de NO leerlo…

  • Claudio

    Que poco entendiste de nada Juanita, segui tu camino y no pierdas el tiempo por acá

  • Claudio

    Una pena que hayas tenido tantos conflictos, por lo menos no te casaste y tuviste hijos como varios que conozco y luego salieron del closet desaforados para hacer las cosas que no se atrevian a los 25. Yo tengo 51, viví en La Matanza 20 años perseguido como el peor trolo del mundo; las vueltas de la vida quieren que hoy vuelva a vivir a mi propia casa, de la mano de mi esposo y escuchando ABBA y todo lo que me da la gana a todo volumen. Una vez el vecino de al lado me dijo a mi, con 14 años, que si tenía un hijo como yo lo echaba de su casa, a esa edad me dediqué a ignorarlo por completo, no a temerle ni mucho menos. Cuando hoy por la puerta de uno de los idiotas que me molestaba, que a veces lo veo sentado en la puerta de su casa mirando los autos pasar, le toco bocina, y estoy loco por pasar caminando de la mano de mi esposo paseando la perra con cara desafiante. La vida hay que tratar de disfrutarla porque es una sola, suerte entonces de ahora en mas.

    • Ed

      Tal cual, Claudio. La vida es una sola. Y hay que aprender a vivir para uno ante todo. Quienes no lo entiendan así… es problema de ellos, no nuestro. Gracias por tu comentario. Abrazo!

  • Claudio

    ABBA fue un trauma para mí hasta bien de grande, siempre fue catalogada como música para chicas o maricones. Hasta que Bono los reivindicó en un homenaje histórico. Por suerte, como la historia contada acá, todo va cambiando para mejor.

  • Javier – San Luis

    hola Ed, si estuviéramos viéndonos en persona… te daría un abrazo enorme… fuerte, fuerte, de oso…..
    me encantó la nota… tengo 51, también de un pueblo del interior, familia católica, etc, etc….. y mi experiencia en tantos aspectos ha sido tan similar a la tuya y a la de tantos de nosotros
    Es muy duro y emocionante cómo transmitís toda esa homofobia que tenías dentro, que tanto te condicionó y tanto te costó superar…
    Muchas veces nos pasa que con ese primer gran amor…. nos encuentra a uno de los dos a mitad de este trayecto…. y no se logra dar…
    Pero tené paciencia… estando vos bien… todo es más fácil…
    Estando vos en paz con vos mismo… ya vas a encontrar alguien con quien compartir esta vida hermosa…
    Abrazo gigante!!!
    (Yo alucinaba con el tema de Puerto Pollensa….. me imaginaba la cara de susto del señor que las veía besándose…. jajaja)

    • Ed

      Gracias por los que decis, querido Javier. Veo que hay tantas historias similares que la verdad, espero que las nuevas generaciones sufran menos, o cero, en comparación con lo que tantos hemos sufrido por condiciones externas, o cuestiones propias respecto de la lectura de la realidad. Lo importante es eso: ser feliz, independientemente de tu género y/u orientación sexual. Un abrazo.